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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

7 de febrero de 2010

La casa

"Las casas del campo, son casi siempre iguales. Piso de tierra, paredes de bahareque. ¿sabes cómo se hace el bahareque? Primero se abre un hueco en la tierra y allí se echa bastante barro mojado, se le añade mucha paja cortada en pequeños trozos y se meten unos cuantos hombres en el hoyo para pisar el barro hasta que esté bien mezclado. Previamente se hace una armazon con palos y verada., para las paredes. El barro se lanza hasta rellenar los espacios de la armazón. El bahareque es muy fresco, es ideal para el clima del llano.
El techo es de Casupo, una hoja larga que se va colocando superpuesta a manera de tejas y se va amarrando con mecatillo. Esas hojas se secan y quedan tostadas por el sol, es un techo totalmente impermeable y fresco.
Las casas del campo tenían una troja (especie de mezzanina), que se hacía con la intencion de protegerse de las crecidas de los rios y se usaba exclusivamente para dormir, sobre esteras. Se subía  por una escalera de palo y cuando toda la familia estaba arriba, se retiraba la misma para quedar protegidos.
En la parte de abajo, estaba el fogón , que permanece siempre prendido, en la noche se apartan los leños, pero se deja la brasa. A veces no se consigue leña seca y hay que usarla verde, que ademas de picar en los ojos, ahuyenta la plaga.
Las necesidades fisiológicas se hacían en el monte.
No habia luz eléctrica. El campesino se levantaba a las 4 de la mañana y montaba la olla de café y a las 7 de la noche se iba a dormir. En las  horas de oscuridad se alumbraban  con mechurrios de cera de abeja.
Esos mechurrios son efectivos, aunque echan mucho humo. Para hacerlos se agarra un trapo de cualquier tamaño y se embadurna con la cera de abeja caliente; después se enrolla como una vela y se deja secar. Eso es todo. Si el trapo es largo, se puede colocar el rollo en forma de espiral, para ir jalando un poco a medida que se consume.