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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

22 de marzo de 2011

El Trio Básico del Llanero

Este hermoso pasaje o mejor dicho descripción del llanero de antaño, realmente me ha encantado. Y como en las lecturas me ha llegado mucha información sobre cómo eran las cosas en el siglo antepasado, consideré conveniente abrir una nueva etiqueta llamada El Llano y Llanero de Ayer, en la cual reubicaremos varios de los artículos publicados hasta la fecha que rememoran o muestran las costumbres mas ancestrales. De hecho, en algunos aspectos, por ejemplo en el vestido, ese llanero de ayer no se parece en nada al del siglo pasado.
Iniciaremos pues, este nuevo tema con la descripción del Trio Básico del Llanero, tal cual fue escrito por Bolívar Coronado en su obra El Llanero y que constituye una mezcla de  rudeza y romanticismo:

"  La amada, o la querida, o la esposa, el caballo y la guitarra: he aquí los, dioses del llanero. He aquí los compañeros en la soledad de los palmares.
Para él no hay pesadumbres cuando están estos elementos en torno suyo. Es el trípode maravilloso sobre que descansa la lámpara, todos fervores de su espíritu.
En estas tres cosas, y con ellas otras no menos nobles que las aderezan, pone el habitador de las pampas de mi país una extremada delicadeza.
Cada uno de sus detalles es una ciencia, es un arte de consumado artífice, creador de elegancias, maestro de consumadas plásticas.
Cuando el llanero llega, a los dieciocho años, ya adiestrado por su padre en la ruda faena de la llanura, piensa, ante todo, en emanciparse de la patria potestad de los que le dieron el ser. Es como el aguilucho después que ensaya el vuelo del nido al picacho inmediato. Siente la nostalgia de su hembra y del nido suyo, tejido a esfuerzo de alas y garras, con salvajes breñas.
Y entonces busca la novia, y al encontrarla, siente la necesidad del caballo propio y de la guitarra, para cantar al son de ella los fogosos octosílabos, cuyas estrechas estrofas son como la gris celdilla donde va la abeja de oro arada y fiera de la rebeldía.

La guitarra del llanero es pequeña y rústica, con cuatro cuerdas forjadas por su mano con tripas de recental. Los trastes, en número de dieciocho, van incrustados en el cuello del instrumento y fuertemente adheridos con gomas resinosas extraídas del árbol del paraguatán. Estos trastes son de piel de toro, que, sometidos a la acción del sol durante quince o veinte días, llegan a adquirir tal solidez, que lastiman los dedos no habituados a oprimirlos.

La soga o rejo de enlazar es también una obra de arte. Mide dieciséis o dieciocho brazas de largo.   

El llanero escoge la piel que le ha de servir para, confeccionarla, ha de ser piel de res vieja, vaca o toro, pero de pelo cárdeno(amoratado), que, según su experiencia, es la que ofrece mayor solidez y elasticidad.

Desollada la res, extiende la piel y la prensa por medio de unas estacas; luego, con una afilada cuchilla saca un círculo del tamaño de una moneda grande en todo el centro, de la piel, y de ahí en adelante va cortando de modo de sacar una correa de una pulgada de ancho. Cuando el corte llega a las extremidades de la piel, ya tiene la cantidad de trozos apetecidos.

Esta larga correa es retorcida cuidadosamente, y tendida tensamente al sol hasta que se seque. Como después de esta operación la soga queda en extremo tiesa y áspera, el llanero la suaviza untándola de grasa. Ata la punta a la cola del caballo y da a correr con ella, arrastrándola por los medanales durante dos o tres horas, y así la pone en las mejores condiciones de elasticidad.

Los arneses del llanero son sumamente sencillos y muy sólidos: todos son de piel cruda como la soga. A la grupa dos pequeños lazos de rejo, que llama tientos, para atar el chinchorro o hamaca, que lleva embolsada en una alforja de lienzo. En esos tientos van también asegurados el rollo de soga, un cuerno de toro que le sirve, de copa para tomar agua o aguardiente. Este cuerno va decorado con artificios y primores ejecutados por él en horas de siesta o de descanso, valiendo de cincel o buril la punta del cuchillo de cintura o la lanza. Estos primores consisten en arabescos imitando palmeras, flores o retratos de seres queridos. En los tientos va también la guitarra y una bolsa de piel de becerro con el bastimento.

En la parte delantera de la silla van las cañoneras, o sean dos pequeñas y angostas alforjas donde guarda el llanero sus hilazas, cera, lezna, aguja y demás enseres de hacer guarnición; sobre estas alforjas va arrollada la cobija o poncho, con que se protege de las lluvias, o de las agresiones de los insectos cuando duerme a campo raso.

En las cañoneras de la silla pone la novia macizos de rosas sabaneras, u hojas de plantas perfumadas "para que él se acuerde de ella cuando ande por allá lejos". Y en esas alforjas se colocan muchas veces también mensajes de amor en garrapateada letra cuando los novios son de cierta clase, amos o mayordomos, o circunstancias especiales han contribuido a que el tercio de la pampa y la amada hayan sido criados en casa de "gente grande” de la ciudad o del pueblo.

A veces el llanero llega a un hato donde vive la que él está "ojeando”: desciende del potro, lo ata a las bardas de la corralada y entra a hablar con los dueños patrones, o bien, a decirles alguna "recomienda”.
Puede que se esté adentro bastante rato, media hora, una hora.
Cuando sale, al ir a tomar las bridas, siente un estremecimiento de alegría: la dicha, ilumina, sus pupilas. ¿Qué pasa? Es que ha encontrado que las crines de su potro han sido trenzadas y adornadas con redes coloridas y flores perfumadas. Durante su ausencia, manos invisibles de hada traviesa, han llegado a acariciar las crines y el cuello soberbio del moro o el alazán.
El llanero vuela la pierna al corcel y se aleja, sintiendo que su alma va como las crines de aquél: adornada con cintas y rosas de amor.
Arrima el enmohecido acicate a los ijares para que la bestia se dé prisa, y se aleja, se aleja, perseguido por unos ojos negros y tristes".

La importancia de este "trio" para el llanero: mujer, guitarra y caballo, queda igualmente reflejado en esta copla de Don Germán Fleitas Beroes:
Yo soy un hombre feliz
-aunque no tengo un centavo-
con mi guitarra , mis hijos,
mi mujer y mi caballo.

Como comentario adicional, que ya colocamos en otra entrada, cuando leí este relato entendí el motivo por el cual nuestra Alma Llanera dice: "para ornar las rubias crines, del potro de mi amador"
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