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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

3 de septiembre de 2010

Dios no de da cacho a burro

Esta graciosa expresión, es clara en su contenido, es algo así como pedirle peras al olmo. Generalmente se aplica cuando una persona no aprovecha alguna ventaja que para otro es muy clara, encierra sutilmente una descalificación.

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