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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

30 de mayo de 2017

Volvió la Musa

Hace varios meses no escribía en este amado espacio. Nuevas responsabilidades  tuvieron mi prioridad, pero nunca dejé  de pensar en la necesidad de retomar el hilo de mis escritos  y más aún en nuestra actual Venezuela convulsionada, donde hace falta tanto amor.
Revisando los libros que me acompañaron en mi aventura mexicana, encontré una biografía de Orlando Araujo, escrita por Carmen Mannarino, la amorosa profesora que dedicó su pluma a informar a los jóvenes sobre muchos de nuestros valores literarios. 
Pues bien, empecé a leerla.... en varias oportunidades se humedecieron mis ojos como cuando escucho  un joropo o algún amigo me envía una foto de mi llano. Ví en esas líneas el sentimiento de un hombre enamorado de su suelo patrio, de sus montañas y luego de su llano, todo junto en la maravillosa geografía de Barinas. Ví esa remembranza que siempre lo llevó a escribir sobre sus recuerdos, en forma de poemas, cuentos o historias, casi siempre hiladas por los mismos personajes que representaban en realidad su vida, y así, identificándome con su sentir y en cierto modo culpándome del abandono de Vivencias Llaneras del Abuelo,  sentí en mi corazón los versos de otro de nuestros maravillosos poetas, Francisco Lazo Martí:
" Es tiempo de que vuelvas...
Tu alma –pobre alondra—se desvive
por el beso de amor de aquella lumbre
deleite de sus alas. Desde lejos
la nostalgia te acecha. Tu camino
se borrará de súbito en su sombra...
Y voz doliente de las horas tristes,
y del mal vivir oculto dardo,
el recuerdo que arraiga y nunca muere,
el recuerdo que hiere,
hará sangrar tu corazón, 
¡Oh Bardo!"

Y decidí  volver a estas páginas, con la inspiración que me produjo leer la vida de Orlando Araujo, con la inspiración de saber que a pesar de todo lo malo que nos ocurre como país, nuestra cultura sigue allí y los que estamos fuera tenemos la obligación de mantener los lazos de amor para que siempre exista una conexión con el pasado que sirva de soporte para construir el futuro.

Y en agradecimiento  a Orlando Araujo, empezaré escribiendo algo más sobre él, sobre su pueblo y sobre su estado. Durante esta semana se haran las primeras publicaciones que marcan  una nueva etapa de Vivencias Llaneras del Abuelo.
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