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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

28 de octubre de 2018

¿Matar al Centauro que Llevamos Dentro?


Revisando varios escritos que nos envió  Don Argenis Méndez Echenique, me llamó especialmente la atención el que compartimos a continuación, pues a pesar de que está datado en 1977, es totalmente vigente. El tema es la necesidad de despertar precisamente a ese centauro dormido que es el llanero apureño, para que vuelva a correr por la sabana con toda su fuerza y gallardía, levantando a su pueblo de la apatía en que se ha sumido.  San Fernando de Apure fue una ciudad progresista, importante desde el punto de vista comercial,  cultural y económico entre otros. El estado Apure como tal brilló en un pasado con la luz de su historia y su cultura. Es la cuna de muchos poetas, escritores y hombres de letras. Muchas historias se han perdido o permanecen empolvadas en el recuerdo o en libros antiguos. Apure debe renacer con el ímpetu de los centauros independentistas, con la fuerza de la historia forjada por ellos y por  sus siguientes generaciones. Tiempos de Transhumancia les comparte este reflexivo escrito del Cronista de San Fernando de Apure, Prof . Argenis Méndez Echenique

¿DEBEMOS REALMENTE MATAR EL CENTAURO QUE LLEVAMOS POR DENTRO?
Por Argenis Méndez Echenique
      
 Aun cuando hay quienes opinan que ya está todo dicho sobre la vida del maestro Gallegos, y que debemos velar única y exclusivamente por el cumplimiento de sus ideales, yo particularmente opino que hay que seguir escudriñándolo para conocerlo e interpretarlo correctamente. Así que en una reciente releída de la novela Doña Bárbara encontramos que el autor hace el planteamiento de “matar al centauro” que todos los llaneros llevamos por dentro; matar a la bestia, al salvaje, al ser inculto que los llaneros (y todos los humanos en general) presentamos como si fuese una segunda naturaleza: El centauro es la barbarie y, por consiguiente, hay que acabar con el”. La barbarie es Doña Barbara, es Pernalete, es Balbino Paiva, pero también lo es, o lo fue, el indómito centauro de la epopeya patria, de cuando se luchaba contra la opresión imperial española. Ese centauro ya no tiene cabida en el mundo de hoy, donde aspiramos impere la justicia, el orden y la solidaridad en todas sus manifestaciones.
      
 Esa barbarie ciega y destructora es la que hace que Lorenzo Barquero, hombre débil y dominado por las pasiones más oscuras, sea tragado por el tremedal, después de “oír la llamada del centauro”, o de la llanura que es lo mismo. Solamente bastó que su madre lo llamase para que acudiese a vengar al padre asesinado cuando lo vemos abandonar el brillante provenir que le ofrecía la sociedad citadina donde estaba cómodamente engarzado; esa sociedad que representa la civilización, el progreso, lo noble, lo bueno. Pero Lorenzo Barquero cae y se convierte en un ex – hombre, en una piltrafa humana. La barbarie vence a la civilización.
           
Ahora analicemos a Santos Luzardo, que representa lo justo, lo bello, lo culto, lo ciudadano. Inmediatamente caemos en cuenta que él tampoco supo matar al centauro como pretendía, porque éste permaneció adormecido, agazapado, en su sub-conciente. Llegó un momento en que Santos Luzardo también tuvo que darle rienda suelta a sus pasiones y enfrentarse, resolver en mano, al “Brujeador”, representante de todo que era la barbarie, el caciquismo, el latifundio, la superstición y todo lo que significa atraso cultural: “al atropello, con el atropello. Esa  es la ley de esta Tierra”. Si el tiro que mató al “Brujeador” fue de Santos Luzardo o fue de “Pajarote” es lo de menos, puesto que la intención era la misma: ¡Matarlo!
        
Esto hace pensar que Santos Luzardo lo que había hecho hasta ese momento era domeñar al centauro que llevaba por dentro. Eso de matar al centauro no es tarea fácil;  yo diría que imposible, porque sería matarnos a nosotros mismos. Ya lo dije antes: el centauro es nuestra segunda naturaleza; es nuestro otro yo (“Homo Humini Lupus”: el hombre es un lobo para el hombre). En todo caso, lo que podemos hacer es domarlo, moldearlo, hacer que nos obedezca mediante la educación y canalizar así sus bríos para lograr provecho loable de sus naturales ímpetus.
      
Esa tarea de domesticar al centauro está pendiente todavía en Apure, en Venezuela, en Latinoamérica, en el mundo entero, como  lo demuestran las injusticias de todos los días que conocemos a través de los medios de comunicación de masas o directamente en contacto con nuestros medios sociales y políticos. Pero creo que para la gente de Apure es más urgente que para más nadie, porque aquí todavía se vive casi exclusivamente de las glorias pasadas ganadas por el centauro valiente e invencible de la epopeya independentista. Ese mitológico ente, brillante y audaz fue nuestra salvación en aquél momento. Pero en los tiempos venideros ha permanecido marginado e inculto, transitando por los caminos del olvido. Haciendo necesario el conquistar nuevos laureles, que sean producto del trabajo creador de un centauro diferente, un centauro letrado, intelectual, científico, conocedor de sus propios valores e idiosincrasia; un centauro estudioso y analítico de su propio devenir histórico, de su propio destino, que sepa de donde viene, donde está parado y hacia donde debe encaminar sus pasos para alcanzar sus verdaderas redenciones socio – económicas y culturales.

26 de octubre de 2018

Usos del Guaritoto


 Les compartimos algo más del Guaritoto, planta muy irritante en la piel pero muy útil como medicina.  Colocamos la opinión de dos estudiosos de las plantas que tenemos el honor de conocer: Francisco Castillo Serrano y Freddy Páez

GUARITOTO
 Jatropha urens L

Crónicas de Apure
Francisco Castillo Serrano
 
Esta planta también conocida como: pringamosa, mala mujer u ortiga, entre otros, se da muy fácilmente y llega a confundirse con el monte, nace y retoña en los lugares más inhóspitos y extraños, tanto en un potrero, un jardín, como en la grieta de una pared, es una planta odiosa para el llanero por sus características irritantes al solo contacto con la piel, en sus hojas y tallo posee pelos o pedúnculos repletos de ácido fórmico que al menor roce crean irritación e inflamación en el lugar de toque. No obstante sus raíces con alto contenido de taninos astringente se utiliza contra la diarrea y úlceras gastroduodenales, se han utilizado sus hojas por su acción antidiabética, por ser muy buen vasocontrictor es eficaz en la heridas y hemorragias, los indígenas la utilizaban, macerada la planta y en bebedizo, para expulsar los cálculos renales.
Para eliminar los pulgones y mabita de las otras plantas se usa para fumigar como insecticida biológico.
Así que este humilde arbusto llanero y muy extendido en sur América, que veíamos con desdén y cuidado por su naturaleza y condición irritante, no es sino un portento de beneficios para la salud ocultos detrás de aquel ramaje de escozor."


  La flora del Bajo Apure, en el Diario de un Llanero
Freddy Páez
 


Arbusto o hierba, originario de América tropical, y común en casi todo el país, es temido por la mayoría de las personas, por los pelos urticantes que presenta esta planta. Torrealba (5-288) la menciona en este aspecto.
 
 



Catire, Catira, bosquejos sobre su origen

Para cerrar con las publicaciones de esta semana, Tiempos de Transhumancia recurre a su buen amigo baquiano Omar Carrero Araque, quien siempre nos nutre con sus escritos llenos de precisión, historia y venezolanidad. En esta oportunidad, tomamos de su perfil facebook Picas Forestales un tema relacionado con  la palabra "catira" o "catire" tan usados en nuestro lar para designar personas rubias o cosas de color amarillo. 


El Catire Páez, el Catire Florentino o el Catire Carpio son nombres muy comunes en el habla popular de nosotros los venezolanos, sobre todo cuando nos adentramos en la historia patria, en la poesía popular o en la música venezolana, respectivamente.
A un nivel menos popular se sitúan los nombres de las novelas “La Catira” y “Catire”, de Camilo José Cela y de Alvaro Parra, respectivamente.
En todos los casos nos estamos adentrando en el sentido que se le da al término Catire o Catira en Venezuela: Una persona de piel blanco-rojiza, de ojos claros y cabello rubio.
Al parecer este calificativo es exclusivo de Venezuela pues en otros países, a estas personas, para distinguirlas entre tantas “sangres” que se muestran en la América latina, se les llama Monos (Colombia); Güeros (México); Chocos (Bolivia) o Gringos (Argentina).
Para el término Catire no se tiene claro su origen. Si nos atenemos al Diccionario de la Real Academia el término Catire tiene un origen cumanagoto, ahora cuestionado porque no hay respuesta para la pregunta ¿a quién aplicaban ese término sí estos indígenas nunca habían visto a una persona de estas características?
Otra propuesta apunta hacia una extinta raza de caballos árabes llamados Catires, comerciados por Negreros españoles y portugueses que también vendían a los Negros como si fueran caballos Catires, aplicándoles las mismas técnicas para comprobar su calidad (revisándoles la dentadura y las patas).
Se cree que palabra Catire fue la primera que aprendieron los esclavos y con ella distinguían a sus captores blancos. Aquí surge la pregunta ¿Por qué este vocablo recaló sólo en Venezuela y no en otras partes a las que también llegaron estos cautivos?
En otros diccionarios se dice que el vocablo Catire proviene de la lengua francesa y que tiene relación con una planta llamada “Cataira” (Nepeta cataira) conocida por los españoles como Hierba de Gato o Gatera, cuyos exudados tienen un olor muy parecido al de las gatas en rijo o celo, un hecho que las hace muy visitadas por los mininos.
La relación de los términos Cataire y Catire podría darse por el hecho de que en Venezuela se le llama “Gato” a las personas de ojos verdosos o amarillentos.
Por último se señala que la palabra Catire se ha hecho sinónimo de amarillo: El Catire tiene pilas nuevas (un sol muy brillante) – La tarde está catira (de tonos amarillentos) – La catira está bien fría (la cerveza) – A correr que viene la catira (Los carros- patrulla de la policía que en tiempo pasado eran de color amarillo).

Consultas en:
Catire - Alexis Márquez Rodríguez. webarticulista.net.free.fr/catire.html
Origen de algunos vocablos venezolanos La pausa que refresca - bitacoramedica.com
Epa Catire cómo es la cosa? https://comoeslacosa.wordpress.com/2009/05/12/epa-catire/


ENTRADAS RELACIONADAS: LA CATIRA MARMOLEÑA


 

21 de octubre de 2018

Andrés Eloy Blanco en Apure

Hoy por distintas vías nos llegó información interesante sobre Andrés Eloy Blanco y su relación con el estado Apure. Tiempos de Transhumancia les comparte otra crónica de Francisco Castillo Serrano


 CRÓNICA DE APURE
No. 447
Por: Francisco Castillo Serrano. 



Andrés Eloy Blanco Meaño (Cumaná 1897-México 1955), escritor y político venezolano, conocido como: "El poeta del pueblo", hasta los 40 años su vida estuvo marcada por la oposición a los regímenes dictatoriales y la represión, ya a los 8 años vivió en Margarita donde su familia había sido confinada por el gobierno de Castro, en 1910 se mudaron a Caracas donde estudio Derecho en la UCV y en 1918, a los 21 años, ya estaba preso en "La Rotunda" por ordenes de Gómez. Posteriormente fue confinado en: Timotes, Valera y Apure.
 
En San Fernando se desempeñó como abogado exitoso llegando a ser el defensor de los derechos de Doña Pancha Vázquez, mujer adinerada y de porte varonil, que serviría a Gallegos como prototipo para su "Doña Bárbara".


Andrés Eloy se compenetró con Apure y Apure con el poeta, hizo una intensa vida cultural y social que lo llevó el 13 de agosto de 1920 a iniciarse de Masón en la Respetable Logia "Candor No. 27" de esta ciudad junto al Br. Miguel Lorenzo Muñoz, estuvieron presentes en esa importante ceremonia, entre otros, los también masones: Dr. Verracochea Briceño, Dr. Diego Eugenio Chacón, Ramón Araujo, Rafael Mayora, Leonte Olivo, Dr. Rafael Pérez Flores, Luís Lleras Codazzi, Eduardo Hernández C., Manuel María Mendible, Ramón Fernández, José Faoro, Blas Papaterra, Pedro María Gamboa, Juan Luís Ochoa, Francisco Pildaín, Mateo Sarli y como dato curioso el general Vincencio Pérez Soto, Presidente del Estado (1915-21) y quien hacía de carcelero de Andrés Eloy en su confinamiento apureño, con quien se dice hizo buena amistad el poeta por su vasta cultura personal y su perfecta ejecución del violin.
Fuente: Archivo de la Logia "Candor" No. 27. Acta extraordinaria No. 31. Del año 1920. San Fernando de Apure.

Doña Bárbara y Andrés Eloy


Nuestro apreciado y muy respetado amigo, Argenis Méndez Echenique, Cronista de San Fernando de Apure, nos envía su más reciente ponencia presentada en el marco del encuentro de Cronistas e Historiadores de Venezuela realizado en Calabozo en Septiembre 2018. Vivencias Llaneras del Abuelo se complace en compartirles a través de su nueva etapa Tiempos de Transhumancia, la referida ponencia, llena de historia y personajes que entre la realidad y la leyenda, adornan la historia de Apure.

CON ANDRÉS ELOY Y DOÑA BÁRBARA VAMOS EN EL BONGO DE LA PORFÍA

Argenis Méndez Echenique
Biruaca, Julio de 2018
armendezeche@gmail.com
                                                                                                                                     Cel 04144783318 


MARÍA DE JESUS VÁSQUEZ, SOBRINA DE DOÑA PANCHA VÁSQUEZ,
CON EL MAESTRO DON RÓMULO GALLEGOS
(Elorza, 19 de marzo de 1964)
ARCHIVO MENDEZ ECHENIQUE
Se tiene entendido y como hecho cierto, el que nuestro eximio novelista Don Rómulo Gallegos tomó los personajes de sus obras literarias de la vida real, moldeándolos magistralmente para representar la Venezuela de su época. En el caso concreto de las novelas referidas al Llano venezolano, se dice que el Dr. Juan Crisóstomo Payara, uno de los personajes entrales de Cantaclaro tuvo su encarnación en el Dr. Roberto Vargas, el famoso y atrabiliario “”Tuerto Vargas”, que se conoció aquí en Apure por sus levantamientos y correrías contra la tiranía gomecista. Así mismo, se dice que el personaje principal de la inmortal Doña Bárbara tiene su basamento real en la vida y actuación de una señora dueña de hatos altoapureños, en los primeros años del siglo XX, y de la cual el fabulador tuvo noticias cuando vino por primera vez a estos lares en 1927. Esta señora era FRANCISCA VÁSQUEZ DE CARRILLO, más conocida como “Doña Pancha Vásquez”. Uno de los principales informantes del Maestro Gallegos fue Andrés Eloy Blanco, que en su pasantía apureña la conoció de cerca por haberla asistido en asuntos jurídicos, como lo asentó el poeta en uno de sus escritos.

    
Bien, en el presente ensayo nos vamos a referir a los herederos materiales de esta señora y a su relación con Andrés Eloy, donde además actúan otros personajes bastante conocidos por la gente de Apure. Aquí se evidencia la íntima relación que existe entre la realidad y la ficción.

     
 Resulta que Doña Pancha  le adeudaba a Andrés Eloy la cantidad de Dos Mil Ochocientos Bolívares por honorarios  profesionales (recuérdese que el poeta era abogado). Así consta en documento asentado el 10 de Junio de 1921 en el Juzgado de Bruzual, capital del Distrito Muñoz. Allí se establece que la deuda debía ser cancelada en un plazo de ocho meses improrrogables, a partir de aquella misma fecha, pagando un interés  a la rata de 1%  mensual. Doña Pancha ponía como respaldo a su deuda sus bienes habidos y por haber y en especial sus bienes pecuarios que poseía en el Distrito Muñoz; es decir,  el hato “Mata de Totumo Lemero”. Los gastos originados por este contrato y los de cancelación y cobranza judicial o extrajudicial, si los hubiere,  como en efecto los hubo, correrían por su cuenta. Este hato lo había heredado Pancha Vásquez de su padre, quien a su vez lo había comprado a Juan Manuel Acosta en 1866 y éste al general Antonio Batalla en 1864, que con anterioridad lo había adquirido de Basilio Lemus, heredero de Gregorio Lemus y Bárbara Matea Blanco. De allí el apelativo de “Lemero”.

       
 Doña Pancha, aún cuando estaba llena de una montaraz malicia, no sabía leer ni escribir, por lo que pidió a un señor de su plena confianza llamado José Antonio Páez, nativo de Calabozo,  presunto nieto del Centauro Llanero de ese mismo nombre, y con quien ella hacía vida marital, que firme el documento en su nombre, lo que así queda asentado en el mismo al ser presentado en el Juzgado de Bruzual para su registro, actuando como su asistente jurídico el abogado Manuel Vargas Rivas. De tal hecho son testigos los señores Carlos J. Hernández y Francisco Montero, vecinos de la misma población.

       
 Este homónimo del general Páez, quien también se titulaba  “general”, se decía hijo de Ramón Páez, uno de los vástagos del homérico prócer independentista,  quien se habría residenciado en Calabozo luego de trasladar los restos mortales de su ilustre padre desde Nueva York a Caracas (aquí, en esta ciudad llanera, Calabozo, habría fallecido Ramón Páez, octogenario, a finales del siglo XIX).      

      
Posiblemente todo lo dicho  sea cierto, pues este nuevo personaje,  el José Antonio Páez II, figura entre los  invitados especiales a los actos conmemorativos del Centenario de la Batalla de El Yagual (8 de Octubre de 1916), momento en que el general Vincencio Pérez Soto, Presidente del Estado Apure, inauguró un monumento alusivo a este heroico hecho de armas, hoy conocido como “El Brazo de Páez      

        
Volviendo a Pancha Vásquez tenemos que transcurre el tiempo y Doña Bárbara se olvida del compromiso contraido con Andrés Eloy. En el año de 1922 la sorprende la muerte en el Hato “La Trinidad de Arauca”, en jurisdicción del Municipio Rincón Hondo, Distrito Muñoz, cuando viajaba en bongo por el río Arauca rumbo a San Fernando a someterse a un chequeo médico. Allí quedaron sus restos, bajo la custodia de otro gran cultor de la naturaleza llanera: el poeta José Natalio Estrada Torres, el del “Cristo de la Sabana”. 

Había nacido nacido Doña Pancha el 27 de Abril de 1878, en Elorza (según Partida de Nacimiento N° 5, asentada el día 29 de Abril de 1878, siendo Primera Autoridad Civil el Coronel Balbino Ramón Primera); bautizada por un sacerdote adscrito al Vicariato Apostólico de Santa Bárbara de Arauca, donde reposa el original de su Fe de Bautismo, debido a que esta zona del Alto Apure fue atendida por esa entidad eclesiástica por muchos años (hasta la quinta década del pasado siglo). De allí que algunos autores hayan señalado el posible origen colombiano de Pancha Vásquez.

7 de octubre de 2018

El Ánima del Bandolero

Nuestro amigo Hugo Arana Páez destaca por su dedicación en el estudio de las tradiciones apureñas, las cuales adereza siempre con humor. Tiene predilección por los cuentos fantasmales. Su trabajo de inestimable valor es parte del acervo cultural del estado Apure. Tiempos de Transhumancia les ofrece uno de sus cuentos fantasmales:

 
El Ánima del Bandolero
Hugo Arana Páez HARPA
San Fernando 20 de agosto de 2018

A finales del siglo XIX, en una lluviosa madrugada de invierno, el joven camaguanense, José Antonio Fleitas, rumbo a su casa, transitaba a pie por una solitaria calle de Camaguán, cuando observó que en la Esquina La Osoriera, tres individuos atacaban a golpes y patadas a un indefenso joven, quien inmisericorde, recibía un fuerte castigo de sus agresores. José Antonio, que era un hombre amante de la justicia, no podía aceptar el ventajismo de aquellos cayaperos. Enfurecido, se abalanzó contra los atacantes; a uno lo derribó de una trompada en la nariz, a otro de un fuerte codazo le fracturó la quijada y al tercero lo derribó de una patada en los testículos, dejándolo privado en la calzada. Al observar a los tres matones tirados en el suelo; presuroso se dirigió adonde se hallaba tendida la víctima, quien inútilmente trataba de levantarse. Como pudo, José Antonio, lo ayudó a ponerse de pie. El agredido era un joven de rostro aindiado de unos veinte años de edad a quien jamás había visto.
-¿Cómo te llamas?
Le preguntó el agredido a su inesperado salvador
-¿yo?
-¡Sí usted!
-José Antonio Fleitas
Respondió el osado José Antonio.
-¿Y tú?
-¿Yo? Juan Nicolás Ochoa
Contestó la aporreada víctima.
-¿Valecito, pero tú no eres de por aquí, porque ya te hubiera reconocido?
Preguntó José Antonio
-¡Yo soy de Calabozo camarita y vine a vé un ganao!
Atinó a responderle el maltrecho Juan Nicolás, quien agradecido le expresó a su benefactor.
-Sepa, amigo que como usted me salvó la vida, yo también estaré dispuesto, en todo momento a protegerlo de cualquier peligro.
Mientras Juan Nicolás hablaba, José Antonio, buscaba con la mirada a los agresores, quienes huían despavoridos. Al voltearse, para ayudar a subir a su cabalgadura a Juan Nicolás, se percató que misteriosamente se había esfumado.
Ante la extraña visión y en medio de la solitaria calle, donde apenas, una suave brisa movía las ramas de un viejo tamarindo que de la tapia de una vieja casona salían por la barda; el solitario y temeroso andante, reanudó el camino rumbo a su vivienda, donde ansiosa lo esperaba su familia.
Transcurrieron los días y una lúgubre noche, cuando José Antonio Fleitas, iba rumbo a su casa, de improviso le salieron al paso cuatro forajidos, quienes cuchillos en mano lo conminaron a que les entregara sus pertenencias. Sorprendido, el asustado muchacho quedó impedido de defenderse; cuando extrañamente apareció un jinete, quien con la intención de salvarlo de la agresión y llevarlo sano y salvo a su vivienda, embistió con su cabalgadura al galope, arrollando a los agresores, a la vez que invitaba a montar en la grupa al atemorizado José Antonio.
Con los dos jóvenes encima, la bestia se desplazaba veloz por las solicitarías calles de Camaguan, rumbo a la casa de José Antonio Fleitas, ubicada en la Esquina de Pancho Hurtado. Al llegar a la vivienda, José Antonio se apeó del animal, mientras que su inesperado salvador le decía.
-Bueno amigo, hasta aquí te trajo el río.
-¡Gracias, muchas gracias, amigo!
Atinó a responderle José Antonio a su oportuno benefactor, quien en la penumbra de la noche y con el miedo de compañero, no se había percatado que su bienhechor era Juan Nicolás Ochoa, a quien hacía meses atrás él había salvado del ataque de tres malhechores.
Sorprendido por la extraña coincidencia de encontrarse de nuevo con Juan Nicolás, José Antonio, agradecido lo invitó a entrar a la casona donde se tomarían un café cerrero. En su caballo, Juan Nicolás, sonriente esperaba a que la familia abriera el portón de la ancestral vivienda.
-¡Mamá! ¡Carmelita! Abran la puerta y salgan para que conozcan a mi amigo, Juan Nicolás Ochoa, quien acaba de salvarme la vida! Apúrense, vengan pa´ que lo conozcan y sepan lo que me ha ocurrido esta noche.
A esas altas horas de la madrugada, las mujeres se despertaron y ante los alaridos del muchacho, amodorradas se levantaron y nerviosas abrieron la puerta; cuando extrañadas observaron al eufórico José Antonio, profiriendo entusiasmado.
-¡Vean, conozcan a Juan Nicolás Ochoa! ¡Él me acaba de salvar la vida! ¿Qué pasa por qué no saludan a Juan Nicolás? ¿Por qué se quedan ahí paradas como unas muertas? ¿Qué pasa es que ni siquiera saludan a mi amigo? ¡Él va a pensar que ustedes son unas mal educadas, no jile con ustedes!
-¡Hijo!
Le respondió la madre
-¡Aquí no hay más nadie que tú! ¡Mira como está de sola la calle! ¿No será que estás rascado?
-¡No mamá, que va! ¡Yo no estoy ningún rascado! ¿Acaso no ven que él está detrás de mí montado en su caballo? ¡Lo que pasa es que ustedes todavía están dormidas! ¡Estrújense los ojos pa´ que lo vean! ¡Abran los ojos carajo!
Carmelita, su mujer, corroboró la opinión de la anciana
-¡Mi amor!, tu mamá tiene razón, aquí no hay más nadie que tú y nosotras. ¿No será que estás viendo visiones?
-¿Qué visiones del carajo? ¿Van a estar creyendo en esas pendejadas?
Esta vez, las mujeres no hicieron más comentarios y ante el silencio de ellas, el hombre se volteó para solicitarle al jinete que se apeara del caballo y les narrara lo acontecido. Cuando sorprendido se percata que el acompañante otra vez se había esfumado misteriosamente. Temeroso el muchacho, las conmina a entrar presurosas a la morada, donde el hombre pasó la madrugada tratando de convencerlas que realmente él había conocido a su misterioso salvador. Lamentablemente no le creyeron y al escuchar el canto solitario de un gallo, anunciando la alborada, las señoras atinaron a expresarle.
-José Antonio, vamos a dejar de hablar pendejadas y vamos a aprovechar las pocas horas que nos quedan para dormir un ratico.
Años más tarde, un viejo camaguanense, le refirió a José Antonio, que su extraño benefactor, no era otro que un zambo nacido en la Misión de arriba de la población de Calabozo, conocido como Juan Nicolás Ochoa, apodado Guardajumo, quien en el año 1800, fue condenado en la Villa de todos los santos de Calabozo a morir en la horca. Guardajumo era un joven asaltante de caminos, que en épocas de la Colonia tenía perreados a los comerciantes como a José Tomás Boves, El Taita y a los hateros de los llanos centrales.
-¡Bueno Don! Y si Guardajumo era un malhechor ¿Por qué me salvó la vida?
-¡Guá, muy sencillo de responderte esa pregunta hijo! Ocurre que el hombre era una especie de Robín Hood, porque refieren mis bisabuelos que él y que robaba a los ricos para darles a los pobres y fueron los hateros y los terratenientes, dueños de grandes extensiones de tierra y amos de esclavos, quienes regaron la versión que él era un salteador de caminos, es decir un bandolero; por cierto, ellos fueron los que crearon el refrán Ese tercio es más malo que Guardajumo, queriendo significar que el individuo en cuestión era peor que Mandinga. Lo cierto, es que Guardajumo no era malo, porque como dice el aforismo Ladrón que roba ladrón, tiene cien años de perdón y por eso es que el señor lo mandó al Purgatorio, para que expiara sus culpas, dejara de andar penando y finalmente pudiera entrar a la gloria.
-¡Gracias viejo! ¡Muchas gracias!
-De nada joven, de nada.
Desde entonces, José Antonio Fleitas, le pedía a su misterioso protector, Juan Nicolás Ochoa Guardajumo, lo ayudara a superar cualquier situación de riesgo y así le ocurrió en muchos peligros que le tocó afrontar. Desde esa noche, José Antonio, dejó de andar en malos pasos, parrandeando detrás de esas muchachas malas que hacen cosas buenas, muy buenas por cierto y por si acaso, se hizo devoto de las ánimas benditas, tanto es así, que en un rincón de uno de los aposentos de la casona, cada sábado le encendía una vela a su misterioso amigo Guardajumo.
A finales del siglo XIX, en una lluviosa madrugada de invierno, el joven camaguanense, José Antonio Fleitas, rumbo a su casa, transitaba a pie por una solitaria calle de Camaguán, cuando observó que en la Esquina La Osoriera, tres individuos atacaban a golpes y patadas a un indefenso joven, quien inmisericorde, recibía un fuerte castigo de sus agresores. José Antonio, que era un hombre amante de la justicia, no podía aceptar el ventajismo de aquellos cayaperos. Enfurecido, se abalanzó contra los atacantes; a uno lo derribó de una trompada en la nariz, a otro de un fuerte codazo le fracturó la quijada y al tercero lo derribó de una patada en los testículos, dejándolo privado en la calzada. Al observar a los tres matones tirados en el suelo; presuroso se dirigió adonde se hallaba tendida la víctima, quien inútilmente trataba de levantarse. Como pudo, José Antonio, lo ayudó a ponerse de pie. El agredido era un joven de rostro aindiado de unos veinte años de edad a quien jamás había visto.

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