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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

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7 de octubre de 2018

El Ánima del Bandolero

Nuestro amigo Hugo Arana Páez destaca por su dedicación en el estudio de las tradiciones apureñas, las cuales adereza siempre con humor. Tiene predilección por los cuentos fantasmales. Su trabajo de inestimable valor es parte del acervo cultural del estado Apure. Tiempos de Transhumancia les ofrece uno de sus cuentos fantasmales:

 
El Ánima del Bandolero
Hugo Arana Páez HARPA
San Fernando 20 de agosto de 2018

A finales del siglo XIX, en una lluviosa madrugada de invierno, el joven camaguanense, José Antonio Fleitas, rumbo a su casa, transitaba a pie por una solitaria calle de Camaguán, cuando observó que en la Esquina La Osoriera, tres individuos atacaban a golpes y patadas a un indefenso joven, quien inmisericorde, recibía un fuerte castigo de sus agresores. José Antonio, que era un hombre amante de la justicia, no podía aceptar el ventajismo de aquellos cayaperos. Enfurecido, se abalanzó contra los atacantes; a uno lo derribó de una trompada en la nariz, a otro de un fuerte codazo le fracturó la quijada y al tercero lo derribó de una patada en los testículos, dejándolo privado en la calzada. Al observar a los tres matones tirados en el suelo; presuroso se dirigió adonde se hallaba tendida la víctima, quien inútilmente trataba de levantarse. Como pudo, José Antonio, lo ayudó a ponerse de pie. El agredido era un joven de rostro aindiado de unos veinte años de edad a quien jamás había visto.
-¿Cómo te llamas?
Le preguntó el agredido a su inesperado salvador
-¿yo?
-¡Sí usted!
-José Antonio Fleitas
Respondió el osado José Antonio.
-¿Y tú?
-¿Yo? Juan Nicolás Ochoa
Contestó la aporreada víctima.
-¿Valecito, pero tú no eres de por aquí, porque ya te hubiera reconocido?
Preguntó José Antonio
-¡Yo soy de Calabozo camarita y vine a vé un ganao!
Atinó a responderle el maltrecho Juan Nicolás, quien agradecido le expresó a su benefactor.
-Sepa, amigo que como usted me salvó la vida, yo también estaré dispuesto, en todo momento a protegerlo de cualquier peligro.
Mientras Juan Nicolás hablaba, José Antonio, buscaba con la mirada a los agresores, quienes huían despavoridos. Al voltearse, para ayudar a subir a su cabalgadura a Juan Nicolás, se percató que misteriosamente se había esfumado.
Ante la extraña visión y en medio de la solitaria calle, donde apenas, una suave brisa movía las ramas de un viejo tamarindo que de la tapia de una vieja casona salían por la barda; el solitario y temeroso andante, reanudó el camino rumbo a su vivienda, donde ansiosa lo esperaba su familia.
Transcurrieron los días y una lúgubre noche, cuando José Antonio Fleitas, iba rumbo a su casa, de improviso le salieron al paso cuatro forajidos, quienes cuchillos en mano lo conminaron a que les entregara sus pertenencias. Sorprendido, el asustado muchacho quedó impedido de defenderse; cuando extrañamente apareció un jinete, quien con la intención de salvarlo de la agresión y llevarlo sano y salvo a su vivienda, embistió con su cabalgadura al galope, arrollando a los agresores, a la vez que invitaba a montar en la grupa al atemorizado José Antonio.
Con los dos jóvenes encima, la bestia se desplazaba veloz por las solicitarías calles de Camaguan, rumbo a la casa de José Antonio Fleitas, ubicada en la Esquina de Pancho Hurtado. Al llegar a la vivienda, José Antonio se apeó del animal, mientras que su inesperado salvador le decía.
-Bueno amigo, hasta aquí te trajo el río.
-¡Gracias, muchas gracias, amigo!
Atinó a responderle José Antonio a su oportuno benefactor, quien en la penumbra de la noche y con el miedo de compañero, no se había percatado que su bienhechor era Juan Nicolás Ochoa, a quien hacía meses atrás él había salvado del ataque de tres malhechores.
Sorprendido por la extraña coincidencia de encontrarse de nuevo con Juan Nicolás, José Antonio, agradecido lo invitó a entrar a la casona donde se tomarían un café cerrero. En su caballo, Juan Nicolás, sonriente esperaba a que la familia abriera el portón de la ancestral vivienda.
-¡Mamá! ¡Carmelita! Abran la puerta y salgan para que conozcan a mi amigo, Juan Nicolás Ochoa, quien acaba de salvarme la vida! Apúrense, vengan pa´ que lo conozcan y sepan lo que me ha ocurrido esta noche.
A esas altas horas de la madrugada, las mujeres se despertaron y ante los alaridos del muchacho, amodorradas se levantaron y nerviosas abrieron la puerta; cuando extrañadas observaron al eufórico José Antonio, profiriendo entusiasmado.
-¡Vean, conozcan a Juan Nicolás Ochoa! ¡Él me acaba de salvar la vida! ¿Qué pasa por qué no saludan a Juan Nicolás? ¿Por qué se quedan ahí paradas como unas muertas? ¿Qué pasa es que ni siquiera saludan a mi amigo? ¡Él va a pensar que ustedes son unas mal educadas, no jile con ustedes!
-¡Hijo!
Le respondió la madre
-¡Aquí no hay más nadie que tú! ¡Mira como está de sola la calle! ¿No será que estás rascado?
-¡No mamá, que va! ¡Yo no estoy ningún rascado! ¿Acaso no ven que él está detrás de mí montado en su caballo? ¡Lo que pasa es que ustedes todavía están dormidas! ¡Estrújense los ojos pa´ que lo vean! ¡Abran los ojos carajo!
Carmelita, su mujer, corroboró la opinión de la anciana
-¡Mi amor!, tu mamá tiene razón, aquí no hay más nadie que tú y nosotras. ¿No será que estás viendo visiones?
-¿Qué visiones del carajo? ¿Van a estar creyendo en esas pendejadas?
Esta vez, las mujeres no hicieron más comentarios y ante el silencio de ellas, el hombre se volteó para solicitarle al jinete que se apeara del caballo y les narrara lo acontecido. Cuando sorprendido se percata que el acompañante otra vez se había esfumado misteriosamente. Temeroso el muchacho, las conmina a entrar presurosas a la morada, donde el hombre pasó la madrugada tratando de convencerlas que realmente él había conocido a su misterioso salvador. Lamentablemente no le creyeron y al escuchar el canto solitario de un gallo, anunciando la alborada, las señoras atinaron a expresarle.
-José Antonio, vamos a dejar de hablar pendejadas y vamos a aprovechar las pocas horas que nos quedan para dormir un ratico.
Años más tarde, un viejo camaguanense, le refirió a José Antonio, que su extraño benefactor, no era otro que un zambo nacido en la Misión de arriba de la población de Calabozo, conocido como Juan Nicolás Ochoa, apodado Guardajumo, quien en el año 1800, fue condenado en la Villa de todos los santos de Calabozo a morir en la horca. Guardajumo era un joven asaltante de caminos, que en épocas de la Colonia tenía perreados a los comerciantes como a José Tomás Boves, El Taita y a los hateros de los llanos centrales.
-¡Bueno Don! Y si Guardajumo era un malhechor ¿Por qué me salvó la vida?
-¡Guá, muy sencillo de responderte esa pregunta hijo! Ocurre que el hombre era una especie de Robín Hood, porque refieren mis bisabuelos que él y que robaba a los ricos para darles a los pobres y fueron los hateros y los terratenientes, dueños de grandes extensiones de tierra y amos de esclavos, quienes regaron la versión que él era un salteador de caminos, es decir un bandolero; por cierto, ellos fueron los que crearon el refrán Ese tercio es más malo que Guardajumo, queriendo significar que el individuo en cuestión era peor que Mandinga. Lo cierto, es que Guardajumo no era malo, porque como dice el aforismo Ladrón que roba ladrón, tiene cien años de perdón y por eso es que el señor lo mandó al Purgatorio, para que expiara sus culpas, dejara de andar penando y finalmente pudiera entrar a la gloria.
-¡Gracias viejo! ¡Muchas gracias!
-De nada joven, de nada.
Desde entonces, José Antonio Fleitas, le pedía a su misterioso protector, Juan Nicolás Ochoa Guardajumo, lo ayudara a superar cualquier situación de riesgo y así le ocurrió en muchos peligros que le tocó afrontar. Desde esa noche, José Antonio, dejó de andar en malos pasos, parrandeando detrás de esas muchachas malas que hacen cosas buenas, muy buenas por cierto y por si acaso, se hizo devoto de las ánimas benditas, tanto es así, que en un rincón de uno de los aposentos de la casona, cada sábado le encendía una vela a su misterioso amigo Guardajumo.
A finales del siglo XIX, en una lluviosa madrugada de invierno, el joven camaguanense, José Antonio Fleitas, rumbo a su casa, transitaba a pie por una solitaria calle de Camaguán, cuando observó que en la Esquina La Osoriera, tres individuos atacaban a golpes y patadas a un indefenso joven, quien inmisericorde, recibía un fuerte castigo de sus agresores. José Antonio, que era un hombre amante de la justicia, no podía aceptar el ventajismo de aquellos cayaperos. Enfurecido, se abalanzó contra los atacantes; a uno lo derribó de una trompada en la nariz, a otro de un fuerte codazo le fracturó la quijada y al tercero lo derribó de una patada en los testículos, dejándolo privado en la calzada. Al observar a los tres matones tirados en el suelo; presuroso se dirigió adonde se hallaba tendida la víctima, quien inútilmente trataba de levantarse. Como pudo, José Antonio, lo ayudó a ponerse de pie. El agredido era un joven de rostro aindiado de unos veinte años de edad a quien jamás había visto.

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11 de mayo de 2016

Mayo, mes de espantos

 "Era el mes de mayo, mes de espantos y de aparecidos, época de lluvia, cuando la sabana se viste de flores y el terronal se remoja. Llano en mayo con sus noches oscuras y caminos llenos de agua"

El mes de mayo siempre se ha relacionado en el Llano con la aparición de espantos. No significa ésto que sólo aparezcan en este mes, sino que se acentúa su presencia con la llegada de las lluvias. Pareciera que la llanura anegada, el cielo oscuro relampagueante y las "noches de fieros chubascos", son muy propicias para su aparición.

Indiscutiblemente después del Diablo cantador, el mas resaltante de los espantos es el Silbón, que aunque dicen que no pasa al estado Apure porque  el río le  moja el saco de huesos que siempre lleva consigo, igualmente se le nombra por esas tierras.

Sin embargo hay otros fantasmas muy famosos como la Sayona, la Llorona y la Bola de Fuego, que son conocidos a nivel nacional e incluso internacional, especialmente las dos primeras que tienen su representación en distintos países.

Pero además de estos espantos  tan conocidos,  en cada rincón llanero, en cada pueblo, hay algún ánima, espanto, aparecido o aparato que forma parte del folclore de ese lugar.

En esta materia, la profesora Carmen Montero, hace una clasificación interesante en su libro Mitos y Leyendas del estado Portuguesa. Colocaremos el enlace en aquellos que hemos  mencionado anteriormente en estas páginas.

.- Los que adquieren forma humana: Son los que se  oyen y se ven y tienen características pavorosas como ojos de fuego, dientes largos y afilados, cuerpos esqueléticos. Se pueden citar entre ellos: El Silbón de Guanarito, El Ahorcado de Turén, El Amo del Agua de Chabasquén, El Hachador de Ospino, El diablo, la Sayona, la Llorona, el Cazador, entre otros.

.- Los que adquieren forma animal: La Cochina Parida de Píritu, que se convierte en bandada de zamuros o manada de monos. La Culeca de Mesa de Cavaca, El Venado de Piedra de Agua Blanca, La Burra Maniada de Papelón, La Culebra Gigante de la Represa de San Rafael de Onoto, El Tigrito de Píritu.

.- Los que se manifiestan con luces y resplandores: como la Bola de Fuego y luces que indican tesoros o entierros.

.- Los que se anuncian con ruidos: como El Carretón de Acarigua, El Encadenado de Píritu, y los silbidos de las animas.

Además de estas clasificaciones de acuerdo a la forma en que se manifiestan, hay una terminología que identifica el tipo de espanto. Tomaremos como fuente para esta clasificación parte de la recopilación hecha por Isaias Medina López y Duglas Moreno, del libro El Llano en Voces: Antología de la narrativa fantasmal cojedeña y de otras soledades. El diccionario completo de espantos y aparecidos, lo publicaremos en otra entrada.

 Ánimas: Pobladores del más allá que invocan los llaneros en procura de bienestar. Práctica de la etnia indígena   Pumé (Montiel Acosta,1995). Los favores que provee el ánima deben pagarse con el cumplimiento cabal de lo que se haya ofrecido a cambio; dado que el llanero es hombre que muere por su palabra, no es de extrañar que cualquier desobediencia con dichos espíritus se pague con la vida.   

Aparatos: Fantasmas y Misterios que siendo “nacionales” tienen diversas versiones según cada comunidad o región del país, como las interpretaciones de las leyendas de Juan Machete, El Burro del Buracal, Federico y Mandinga y la Historia de la Sayona (José Alí Nieves y José Jiménez “el Pollo de Orichuna”); La Silbona (Carrao de Palmarito); El Espanto del Troncón (Francisco Montoya); El Hachador perdido y El Muerto de Las Tres Matas (Hipólito Arrieta);  La Muerta de Las Galeras del Pao (Dámaso Figueredo y Winston Leal) (....).

Aparecidos: En el año 896 el papa  Bonifacio VI, ordena que se “exorcicen y eliminen las apariciones malignas del camino", pero el anti papa Bonifacio VII en mayo ( mes de los espantos y aparecidos) de 978, les elimina el carácter de "malditos" y los salva al declararlos "almas en pena", a quienes se les puede rezar y hasta pedir favores. Los llaneros, pese a tener tanto espacio  disponible, entierran o dejan recordatorios de sus muertos en los caminos, facilitando la residencia de los aparecidos; ésta práctica se hizo nacional e incluso internacional con las marchas de los llaneros durante la Guerra de Independencia, las otras guerras civiles y los legendarios arreos de ganado. Estas marcas y aparecidos del camino sirven de compañía y hasta de prueba de fe.

Celaje: Combinación arbirtraria de "celeridad"  e "imagen". Señal, presagio, manifestado en sombras o en una luz. Dada su velocidad casi imperceptible se dificulta su interpretación. Puede significar el fin de un agobio o un desenlace fatal. Si el celaje pasa con ruido seco y veloz el asunto es de gravedad. Los animeros dicen que si el celaje  además de ruido viene con una brisita fría, es que a uno lo va a agarrar la "pelona"; viene segura la muerte.

Entierros: Botija repleta de morocotas y joyas enterrada en sabana abierta o en una casa, a quien éste le toque se le aparece una luz azul señalándole la ubicación del botín. en ocasiones un muerto indica el lugar del entierro, pero hay que ofrecerle rezos.
Espanto: de espantar. Derivación latina de expavere (temor) y de pavere (pavor) . de pavor provienen: pávido ( miedoso): imávido ( sin miedo a nada); pava (mal asunto); pavoso (de mal presagio); payar (cantar con valentía) y payador (cantador valiente) como lo fue Santos Vega, el gaucho argentino (...)

3 de mayo de 2016

Dámaso Delgado escribe sobre El Silbón

Hoy 3 de mayo, según la leyenda, Juan Hilario se encontró con el Silbón, por lo que compartimos nuevamente  la percepción de Don Dámaso Delgado sobre la famosa grabación de esta leyenda.

Tomado del Blog de Dámaso Delgado
Publicada originalmente el 15/11/11
Este es el llano... Abierto..., inmenso...! Horizonte extendido por caminos polvorientos... Tierra generosa, donde la leyenda es copla y donde la copla es sabana!
 Portuguesa, Barinas, Cojedes, Guárico, Apure forman nuestro inmenso llano con sus sabanas inmensas y pajonales abiertos, con sus arrieros de versos, con baquianos de la conversa...

..."Salud, amigo ¿pa' onde va poray...?

Siempre llano...! Con su pregunta escueta a veces tímida, a veces bravía, retadora, andariega... Y sobre ese llano, el llanero, con la voluntad por delante y la copla pasitrotera espigándole en el alma para adornar el camino, la jornada: "Allí mismo...", "más allá..."

Y el corrío se hace presente en los bailes... Y la leyenda va polvoreando caminos... Camino largo..., trocha honda..., terronal reseco... Siempre llano...! Y por ahí anda, de boca en boca, con su característica escalofríante:
- "Epa, compañero, pero eso fue cierto...?
- "Sí, compa, ciertico!; dicen que nació en Guanarito, o en Bijae...; lo cierto es que en Portuguesa y Barinas se ha criao..., y Cojedes lo ha visto pasá..."
Llano inmenso..., de pecho abierto y corazón sencillo, que nunca termina de decir lo que lleva por dentro...
Por eso he querido recoger en este álbum a una de las más ricas y genuinas leyendas de los llanos portugueseños y barineses, como lo es ésta de El Silbón.
Me he dado a esta tarea, seguro que es mismo pueblo llanero - que es también mi pueblo - sabrá sentirse plenamente identificado con el contenido de esta obra, que no es otra cosa que un pedazo de él mismo, impregnado de su propio sentir, costumbres y creencias.
El Silbón es un espanto de sabana, que persigue y "asombra" a las mujeres solas y a las que están en estado de gravidez - cuentan que hasta las asesina, para descansar en el alma inocente de sus criaturas - pero, mas perticularmente, el Silbón persigue y selecciona a aquellos hombres parranderos que tienen por costumbre abandonar a sus mujeres para marcharse a bailes y parrandas, regresando a sus hogares a altas horas de la noche, o al día siguiente... Esto podría parecer una contradicción: pero es así como lo pinta la creencia popular.
No se sabe exactamente el origen de El Silbón; unos dicen que nació en Guanarito, otros que en Bijao, otros, que más allá... Con respecto a lo genuino de su leyenda, el pueblo comenta que es el ánima en pena de un hijo que mató a su padre para comerle la azadura y que, maldecido por la madre, fue condenado a vagar eternamente sin descanso por parajes y caminos solitarios.
El notable periodista y doctor en derecho Rafael R. Gavidia, hombre constantemente preocupado por el estudio de nuestro Folklore y taltento, inquieto por remover y rescatar estos valores escondidos en los cimientos de nuestro pueblo (a él debo importantes datos que me fueron sumamente útiles para la elaboración de esta obra), con relación al Silbón, ha logrado recopilar, ente otras cosas, lo siguiente: "No atraviesa el río Apure, porque el agua le da por la cintura y se le moja la mochila de huesos"..., lo que revela claramente que según el dicho popular éste es un espanto exclusivo de las llanuras de Portuguesa, Barinas y Cojedes...
Cuentan que, en las noches oscuras, cuando el relámpago ilumina la extensidad de la sabana y los aguaceros arrecian inclementes, por todo lo ancho del llano, se siente llegar hasta el alero de los ranchos y deja caer la mochila de huesos sobre el suelo, para acampar allí los aguaceros.. Y cuando cesa la lluvia, lo oyen que levanta el saco de huesos - su eterno cargamento - y, dejando escuchar su escalofriante silbido, se aleja..., camina largo..., noche oscura, trocha sin rumbo.
Así es el llano..., surco abierto poblado de leyenda, donde aquel "más allí..." o "más allá..." va siempre acompañando del enigma: "tenga cuidado...., allá alante..., al pasar aquella mata..."
Tierra hermosa, donde el "cuatro", la soga, la novia y la copla forman parte del alma misma - supersticiosa o no- del hombre que allí se forma y por allá muere, "como todas las cosas de la sabana".

Escrito por: Don Dámaso Delgado


Para finalizar, les comparto el corrío del Silbón.

12 de enero de 2016

Mas Leyendas sobre el diablo cantador

Es realmente interesante ver como en  distintos países se han escrito leyendas relacionadas con cantos de Porfía en los que el Diablo, en rol retador, pretende derrotar al cantador de más fama del lugar. En algunos casos, el Diablo triunfa como se ve en Cantaclaro, y en otros, la mayoría, es vencido por el contrincante aunque éste último, no siempre sale ileso.

Además de las leyendas  mencionadas por el Profesor Carrero en la entrada anterior, tales como "La Carnavalización del Diablo", de origen chileno y  "Francisco El Hombre" de la cultura colombiana, y Florentino, Nepomuceno Guerrero y Nicanor, venezolanas; podemos mencionar al muy famoso gaucho Santos Vega, payador de las pampas que también se enfrentó al “maligno” representado por un personaje llamado Juan Sin Ropa y resultando vencido. Esta historia, ha sido llevada al cine y teatro y varios poetas se han inspirado en ella.  Se dice que Santos Vega existió, era oriundo de la provincia de Buenos Aires, y  vivió alrededor de 1830.

En nuestra Venezuela tenemos también a Federico y Mandinga, escrito por José Jimenez, el Pollo de Orichuna, en la cual Federico y Florentino eran amigos y habían contrapunteado juntos, pero Mandinga  quería  llevarse a uno de los dos. Federico también venció al Diablo, pero después lo encontraron, como a Florentino Lovera, medio muerto y "asombrao" para el resto de su vida.

Florentino Coronado deja la leyenda a su espalda:

"A Florentino se lo llevó el Diablo"

En el caso de Francisco el Hombre, no hubo un desafío directo, sino que "alguien" respondía la música que Francisco interpretaba con su acordeón mientras hacía una travesía. En este caso Francisco venció al recitar el Credo al revés, como único recurso que tuvo a la mano. El Diablo en este caso, sencillamente desapareció sin daño para Francisco.

El Diablo cantador tiene en cada leyenda un aspecto diferente,  lo cual es perfectamente entendible en su condición de "diablo". Florentino se enfrenta a un "indio de grave postura", Federico a un indio Guahibo, Germán Fleitas Beroes en su Majada, pinta un "negro dientes de oro con la lengua colorá", Florentino Lovera y Nepomuceno, cantan con un hombrecito al principio insignificante, tal como Juan Sin Ropa, el retador de Santos Vega.

Santos Vega es vencido :
Ni aún cenizas en el suelo
de Santos Vega quedaron
y los años dispersaron 
los testigos de aquel duelo
pero un viejo y noble abuelo
así el cuento terminó:
-Y si cantando murió 
aquel que vivió cantando
fue, decía suspirando
porque el Diablo lo venció

En la mayoría de las versiones, el Diablo es un cantor a la altura de los copleros, pero en el caso de Santos Vega, la voz, presuntamente muy hermosa, superaba la del payador .

En fin, cada leyenda tiene  una imagen de cada personaje y un final diferente. 

Para Arvelo Torrealba:
En compases de silencio

Negro bongo que echa a andar

¡Salud, señores! El alba

Bebiendo en el paso real

Para Fleitas Beroes:
"Con el perfil de la luna
se volvió una llamará
era el Diablo compañeros
esa es la pura verdá"

Para Gallegos, a pesar que presenta la imagen del Diablo en forma difusa, plantea una escena antes del encuentro final, donde  la alborada hace que se retire:

 "Se oye un alarido espantoso, de rabia y de quemadura de brasa viva en la carne, ruedan por el suelo las maracas y en el rincón, junto al arpa, donde estaba el catador ( sic), se desvanece en el aire una humareda de azufre .Y la concurrencia exclama:-¡Ten cuidado Cantaclaro! Era el Diablo y se ha ido porque escuchó el canto del gallo que anuncia la hora en que empezó la Pasión del Señor; pero ya volverá a buscarte en cuanto los sayones apeen a Jesucristo de la Cruz!


 Para El Pollo de Orichuna y Federico:
 
No volveras a cantar
ni serviras para nada
me miraras en tus sueños
y donde quiera que vayas
sueña con el retador 
de la oscura madrugada
el que te dio la paliza
el hombre de las uñas largas
Para Nepomuceno Guerrero, luego de mencionar "la magnificat", desaparece en medio de una humareda, dejando impregnado el lugar, con un fuerte olor a azufre..... 



5 de enero de 2016

Leyendas sobre la presencia del Diablo en los Cantos a Porfía. Omar Carrero A.

Las Leyendas relacionadas con la Porfía entre "cualquier" Florentino y el Diablo, siempre han sido de sumo interés para mí. Y digo "cualquier Florentino" porque nada más en Venezuela, hay varias historias creadas sobre esa historia, donde el cantador tiene otros nombres. Este tema apasionante lo he compartido en muchas oportunidades con el profesor Omar Carrero Araque, amigo de mi altísima estima, muy docto en materia llanera como ya nuestros lectores conocen. 

En esta oportunidad copio una de las entradas relacionadas con este tema, publicada en su Blog, Picas Forestales:

LAS LEYENDAS SOBRE LA PRESENCIA DEL DIABLO EN LOS CANTOS A PORFÍA 
Omar Carrero Araque 
Baquiano 2014 

Las leyendas en las que El Diablo asume la figura de hombre para enfrentar verso a verso a cantadores populares que hayan adquirido renombre de invencibles en el canto a porfía o contrapunteo, parecen tener su origen en las fiestas paganas medievales. Con estas fiestas se intentaba, entre otras cosas, anular el temor al Diablo que las religiones promovían a fin reprimir las orgías. En este acontecer el pueblo “hizo hombre” al Diablo para poder combatirlo y tener posibilidad de vencerlo en el plano humano, con armas religiosas o paganas tales como rezos, letanías o conjuros. 

Numerosas leyendas de este género están esparcidas por los pueblos americanos. Entre estas vale citar la leyenda de “La Carnavalización del Diablo” que muestra como el propio Dios enfrenta al Diablo y lo derrota en un contrapunteo, decretando así el fin del Demonio, tal como lo apuntó el poeta Daniel Meneses, en 1896:  
“Al fin el último día 
se acabará tu castigo 
 y así te vendrás conmigo 
a gozar de la alegría. 
Estando en mi compañía 
disfrutarás del placer 
cesará tu padecer 
y vas a ser muy feliz 
 cuando a mi reino tú entrés 
 no serás más Lucifer”. 

 En otra historia se presenta un trance parecido pero esta vez en Colombia en donde el Diablo se le aparece a un personaje-emblema del canto vallenato, en la costa caribeña: Francisco El Hombre. Se cuenta que una noche en que Francisco regresaba a su casa tocando el acordeón, e improvisando coplas para distraerse en el camino, se dio cuenta que alguien que lo seguía sin mostrarse, le respondía magistralmente cada copla. También se dio cuenta que el desconocido le estaba ganado “la piqueria”. En ese trance, un relámpago le permitió ver que el juglar desconocido era el mismísimo Diablo, entendiendo entonces que ese duelo sería definitivo para su existencia por lo que en un esfuerzo superior sacó lo mejor de su melodía y cantó el Credo al revés, en coplas que el Diablo no pudo responder, huyendo despavorido. Francisco El Hombre es uno de los personajes de Cien años de soledad en donde se le presenta como «un anciano trotamundos de casi doscientos años que pasaba con frecuencia por Macondo divulgando las canciones compuestas por él mismo». 

Ya en Venezuela, las leyendas más conocidas de los enfrentamientos del Hombre con el Diablo las encontramos en la serranía coriana, en los valles de Aragua o en los llanos. Para la tierra falconiana, Luis Arturo Domínguez en una recopilación de leyendas escrita en 1983, menciona el encuentro que sostuvo Nepomuceno Guerrero con el Diablo. Nepomuceno era invencible entre los cantadores de Polo para lo cual estaba dotado de gran capacidad improvisadora. Después de haber vencido a cuanto cantador se le enfrentaba señaló arrogantemente que ni siquiera el Diablo podría ganarle: 

“Malhaya el diablo saliera 
a ver como se arremacha 
un cantador de carretera 
luna tan clara, caracha”. 

 Entonces un hombre de pequeña estatura que calzaba alpargatas, le responde fuertemente: 

 “Yo vengo con la esperanza 
de cantar con vos, Guerrero 
ya mío te considero 
si me cantás con tardanza”.

Al darse cuenta que el hombrecito tenía una memoria clara, mejor improvisación y una voz cada vez más grave, comienza a presentir del origen sobrenatural de su rival, quien se revela en una copla atemorizante: 

“Yo solo vine a buscarte 
con mi sombrero bolero
– y vine para buscarte 
Nepomuceno Guerrero”.

El aludido ante semejante perspectiva entra en pánico pero en una suprema inspiración suelta una copla que surte el efecto de una plegaria: 

“Yo solo salí a coger 
 un gran dolor de cabeza 
 Amigo, si es Lucifer 
¡Magníficat y es grandeza! (3). 

Ante la mención de La Magnificat, el cántico y oración católica reconocida como la sinopsis de las enseñanzas de María, el hombrecito huye intimidado. Un día después de este encuentro, hallaron en Médano Blanco el cuerpo de Nepomuceno en condiciones cercanas al desfallecimiento, justamente un día Viernes Santo, cuando según la tradición Mandinga anda suelto por el mundo. 

También en Villa de Cura se conoce la leyenda de Nicanor y El Diablo, en la cual se presenta a Nicanor como un esclavo de buen porte, discreto y “leído” que un Domingo de Gloria fue visitado por un hombre extraño, de color blanco y vestido de rojo paño, quien lo reta a probar su conocida habilidad en el canto y la improvisación. Nicanor no rehúye el reto pasando toda la noche en un “te digo y me dices” hasta que a punto del amanecer, habiéndose Nicanor dado cuenta del misterioso origen de su rival, describe en coplas la pasión de Cristo y sus oraciones en el Huerto de Los Olivos con lo que pone en huida al rival. La versión musicalizada de esta leyenda anónima fue grabada primeramente por Mario Suárez y tiempo después, por Raquel Castaños. 

Por último se presenta la más conocida de estas leyendas difundida a lo largo y ancho de la tierra llana venezolana-colombiana, gracias a la versificación del poeta Arvelo Torrealba, quien en más de un millar de versos, crea en 1940 la primera versión de la más grande obra laudatoria de la poesía llanera: Florentino y El Diablo, un poema que relata la porfía entre el coplero araucano y el maligno, en Santa Inés de Barinas, aunque la leyenda popular ubica a este singular duelo en el Paso Real de Arauca. 

La primera noticia documentada de esta leyenda se tiene en un discurso pronunciado por José Eustaquio Machado el 11 de mayo de 1924 en la Academia Nacional de la Historia al momento de su incorporación como Individuo de Número, en cuyo oratoria, este escritor menciona a una porfía escenificada por un bardo rustico de nombre Florentino y El Maligno. 

Un poco más tarde, el 26 de noviembre de 1925 aparece en Fantoches una versión firmada por Manuel Mirabal Ponce, cuya información coincide con la de Machado, en la cual, Florentino con dos coplas pone en fuga al Diablo. Los orígenes de esta leyenda según Julio García Díaz periodista de Fantoches (que escribía bajo el pseudónimo de Ño Águedo) los sitúa en un duro contrapunteo que sostuvo un coplero cazorleño de nombre Florentino Lovera con un personaje desconocido. 

Allí cuenta que en 1900 cuando él apenas contaba con 10 años de edad, le oyó este relato a una anciana de Camaguán. Ño Aguedo al recordar la versión de la anciana hace mención a “dos grandes bosques de alcornoque” que ubica, “uno en la parte alta y otro en la parte de bajíos, o del río”, este último llamado “alcornocal del río o del Frío”. Aquí debe señalarse que los nombres Alcornocal y El Frío ya aparecen registrados en 1571, en los mapas del cosmógrafo Juan López de Velasco (1535 – 1598) hechos públicos en 1787. En estos mapas estos dos nombres se repiten en dos lugares diferentes; unos hacia los lados de Mantecal y Elorza (el Alcornocal del Frío?) y los otros, hacia Cazorla (el Alcornocal de abajo?). Los mapas actuales sólo registran a El Frío, entre Mantecal y El Samán de Apure y, El Frie, a unos 15 kilómetros al oeste de Cazorla. 

También vale acotar que la ausencia del Alcornoque en los bajíos confirmada por la revisión de información fitogeográfica y por observaciones de campo efectuadas en Cazorla, Guayabal, San Bartolo, Garcita y Paso Aguaro lleva a pensar que el topónimo, antes que por la presencia de estos árboles, se debió más bien a un acto de “trasplante toponímico” impulsado por la añoranza de los conquistadores por sus lares, tal como ocurrió con Guadarrama y Cazorla. 

Se sabe que en España hay tres sitios con el nombre de Alcornocal, uno de ellos precisamente en la Sierra de Guadarrama. Ante estas consideraciones se presume que el relato de Ño Águedo se inclina más hacia el campo de la inventiva. 

La leyenda de Florentino ya había sido magistralmente escrita por Don Rómulo Gallegos en Cantaclaro (1934), tal vez la obra suya más consustanciada con el llano y a la llanería. Llama la atención la discrepancia entre los autores para señalar el desenlace de la contienda, pues mientras que la versión popular cuenta que Florentino quedó mudo después de su encuentro con el Diablo; Arvelo Torrealba, Machado y Mirabal, lo muestran victorioso, pero Gallegos tal vez acercándose más a la leyenda sabanera, señala que “a Florentino se lo llevó el Diablo”. 

Esta obra fue musicalizada y grabada inicialmente por Don José Romero Bello y El Carrao de Palmarito y, más tarde por César Bernal y Alexis Unda. Para finalizar se copian parte de las versiones de Machado y Mirabal .

El Diablo 
Zamuros de la barrosa, 
Del alcornocal del Frio 
Señores, les pido albricias 
Pues ya Florentino es mío 

Florentino 
Zamuros de la barrosa 
Del alcornocal de abajo 
Miren ahora, señores, 
Al diablo pasá trabajos 
(Machado) 

Florentino 
Llaneros del Alto Llano, 
Llaneros del Llano Abajo, 
Ahora mirarán, hermanos, 
Al Diablo pasá trabajo 
Válgame la virgen pura, 
Santísima Trinidá. 
El Santo Niño de Atoche, 
San Pedro de Bogotá 
(Mirabal)


 La Piqueria es el duelo cantado entre dos o más personas, en el cual las armas de los contrincantes no son otra cosa que la inteligencia y su natural disposición para desafiar y responder en cuartetas o décima.