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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

9 de febrero de 2016

Martes de Carnaval- DIARIO DE UN LLANERO

Publicada originalmente el 21/02/2012

Cuaderno N° 16

Día martes:
"A las cuatro empezó el paseo; a las cinco el torbellín de agua como el día anterior, que duró hasta las ocho. A las nueve en punto se fueron reuniendo las comparsas en el parque Los Matapalos. La primera en llegar, fueron los cabeza de auyama, la que venía dirigiendo Don Carlos delgado. Seguidamente venían los cabeza de burro, dirigida por Don Lino Esqueda; los cabeza de Diablo, también llegaron dirigida por don Lino Pascual. Por último llegaron los cabeza de vaca, que era dirigida por don Bonifacio González. Los primeros en bailar una danza fueron los cabeza de auyama; luego los cabeza de burro ejecutaron una mazurca; después los cabeza de diablo bailaron una chipola, donde Eduardo y Gabriel recogieron unos huevos de gallina del suelo sin quebrarlos con escobillas distintas en zapateos (…) las vacas ejecutaron un valse; después desfiló la comparsa de mujeres y hombres a caballo. Esto fue lo más bello del carnaval. Ahí descollan los colores más finos, los caballos más vistosos con faldones de telas caras y finas, tanto en las personas como en sus cabalgaduras. Las lindas plumas de garza, de chusmita, las caras plumas importadas de avestruz, las lucían caballos y jinetes. Las plumas de color de guacamayo, loro , etc., las llevaban los que iban disfrazados de indios caciques que representaban varias tribus ya desaparecidas Todo era bello, esplendoroso. Las cenefas entorchadas y plateadas en los faldones y vestidos, eran abundantes... tanto los hombres como las damas cabalgaban bastante bien. Daba gusto verlos cabalgando y como jugaban con mucha destreza y lujo., con flores, papelitos y serpentinas."

"El jefe de ésta y director a la vez, fue don Antonio José Torrealba. Después entraron al parque tres vestidos de burriquitas. Los disfraces estaban tan bien hechos que parecían burras auténticas: sus pescuezos y cola; lo primero era hecho de madera de almendrón y casabote, ambos son sumamente livianos. El restante del cuerpo eran dos o tres aros de bejuco y una enorme falda de distintos colores; un guitarrero tocaba y un maraquero era todo lo que necesitaban los de la burriquita. El guitarrero tocaba los joropos más estrambóticos acompañado del maraquero; luego el de la burriquita salía a bailar y a cantar. Lo más gracioso de todos los bailadores de burriquita es verlos que, cuando andan bailando, se ponen a remedar el fingido animal, frenándolos y halándolos para los lados, al mismo tiempo que dan la vuelta valseando”

Cuenta Antonio José Torrealba, que las tres burriquitas estaban concursando y salió premiado, don Juan Vicente Aponte, por su canto a los de a caballo. Cada mujer tenía puesta una flor distinta y respondía al nombre de dicha flor, por lo que este caballero dedicó unas quintillas con el nombre de la flor de la muchacha de su preferencia.

El premio del disfraz más raro, le tocó a la niña María de Jesús Santaella, que se presentó con un disfraz de mariposa acompañando a una niñita de don Gregorio Loreto y Fernanda Solórzano. La niñita también era otra mariposa, con sus distintos y múltiples colores; todos sus cambiantes eran lentejuelas de escamas de coporo."

"El segundo le tocó a Pedro Domingo Solórzano. Se presentó con un sencillo disfraz de oso ruso de Siberia, hecho su pelaje con fibra blanca de macanilla, de curujujul y cocuiza. El tercero fue una niña pobre que se consiguió en el monte un tronco de almendrón seco, estaba hueco, tenía varios ramos truncos, ella tanteó metiéndose en el hueco del palo, vio que podía caminar adentro con algo de facilidad. Cargó con dicho tronco, lo acabó de arreglar en la casa, de ahí improvisó su disfraz, el que le puso por nombre de la colmena. El día de los premios apareció metida en su árbol; ella compuso su árbol que cuando llegó nadie sabía quién era, pues no se veía por ninguna parte. (…) Cuando entró en la fila de los disfraces raros, empezó a tocar una guitarrita que daba el mismo sonido de una colmena cuando hace ruido en las noches calurosas”

Después de todos estos trabajos, que comieron, todo el mundo se preparó para la corrida de toros. Esta era la clausura de la fiesta. Cada uno de los que fue a tomar parte en la corrida fue a organizarse lo mejor que pudo. Agamenón se ciñó su disfraz de banderillero, un sombrero de alas rectas con una gruesa mota de estambre del color de la bandera de su patria grande. Su lindo y soberbio caballo no llevaba brida, un bozal de plata y tapaojo, con relucientes chapas del mismo metal y un lindo penacho de plumas de avestruz en medio de las orejas, lo hacían ver más elegante de lo que él era. Su jinete no contaba con otro equilibrio que sus piernas. Su hermano con su traje de hombre beodo; Rafaelito con si disfraz de garzón; Loreto el de gabán Pionío. Por fin llego la hora del toreo. La raza española que predomina en nuestra raza ibero-americana, hace que todos los venezolanos seamos más o menos tauríferos. Toros y riñas de gallos definen nuestros atavismos"

 
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8 de febrero de 2016

Lunes de Carnaval - DIARIO DE UN LLANERO

Publicada originalmente  el 21/02/2012

Cuaderno N° 16

“Día Lunes. A las cinco de la mañana, salió Don Agustín con la comparsa Santarriteña y se escondieron en la orilla del rio en unas matas de mangle. Allí el que iba llegando, iba quedando totalmente mojado: viejas buscadoras de agua, hombres con barriles, muchachas, muchachos, todos los que llegaban, eran víctimas de los ensotados en aquel lugar, que eran Don Antonio, Jacinto, Olegario, Juancho, Evaristo y su hermano. En los merecures del barrio, estaban Don Carlos, Don Lino Es queda, Rafaelito, Loreto, Ramón Peña, Felix Vera, Valentín Pelón y Encarnación Corona. En el otro extremo, Don Adolfo Vera, Don Nepomuceno, Ño Miguel Tirado, Manuel Ascanio, Ramón Emilio, Manuel Vera, etc. En el centro del pueblo, rompieron el juego Don Alejandro y Juan Vicente Aponte, acompañados de todo el populacho."

 "A las nueve de la mañana, no había un ser viviente que no estuviera mojado. A las diez, cesó el juego todo por completo. A las once, se reunieron sus habitantes del pueblo, debajo de los octogenarios y corpulentos matapalos a comerse dos reses asadas y varios cerdos. Ahí se jugó, después d el a comida, con papelillo y serpentinas, hasta que llegó la hora de colear toros. Ahí quedaron todos los hombres llaneros lucidísimos en la coleada de los cornudos rumiante. Coleaban de todas maneras; al natural, por debajo de las piernas, güeseado, que es zumbarse de arriba del caballo al suelo y dar la coleada y derribar al novillo. Después vinieron los cambios de caballo en veloz carrera; en estas suertes, salieron sobresalientes, por mas adiestramiento, los santarriteños; los buronenses en la coleada a pié, como buenos corredores. Las damas más distinguidas como coleadoras fueron María Josefa y Carmela guzmán; María Lina y Nicanor Esqueda; Chipola y María de Jesús Farfán” (…). En la noche, se vieron desfilar como en la anterior noche, los disfraces mas raros y las danzas más costosas y zapateos distintos"

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6 de febrero de 2016

La Esencia del Llanero en Tres Canciones

 Publicada originalmente el 25/09/2013
Cuando hablamos de ese llanero auténtico, el de antes y muchos de los de ahora, de ese que tiene raíces profundas en su identidad, de ese que no ha sido influenciado por otras nacionalidades, aquel que siente que su corazon se hincha al ver su sabana, aquel que no teme y que posee esa mezcla de malicia, picardía e ingenuidad, que es parrandero y enamorado, que compite, fantasea y es del tamaño del compromiso que se le presenta, de aquel que perfectamene describió Don Rómulo Gallegos en Doña Bárbara: 

"Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" 

Cuando hablamos de ese llanero, pensamos en las tres canciones que colocamos a continuación interpretadas por el Catire Carpio, las dos primeras en golpe de San Rafael y la tercera en Periquera.


EL AUTÉNTICO LLANERO
Señores aquí esta un llanero
Auténtico de verdad 
Hombre de soga y caballo
 De pelo e guama y mascá 
Que siempre le canta al llano 
Sus letras improvisás 
Que lleva siempre su música 
Donde quiera que va 
Sin requiebres en la voz 
Tampoco sin disfrazá 
Sin importarle un comino
 A quien pueda disgustá 

Soy auténtico llanero 
Cual corral en madrugá 
Soy la tonada del llano 
Soy la tonada llanera 
Que cantan para ordeñá 
Cuando revienta la espuma 
En totuma pa tomá 
Soy corral en vaquerías 
Soy novillo pa jerrá 
 Soy brío de caballo bueno 
Que tienen para coleá 
Y soy pitío del padrote 
Para calmá la maná 

Soy aquel que zapateo 
Debajo de una enramá 
Y me sonríen las parejas 
Cuando las voy a sacá 
Soy agua de los jagüeyes 
Luna para enamorá 
Soy lo amargo del tabaco 
 Y cascabel enrollá 

Soy el bramar del becerro 
Cuando lo van a enrejá 
También sudor de las bestias 
Que vienen de sabaneá 
 Mi canto tiene el olor 
De palma recien floriá 
A flores de araguaney 
Huele a tierra llovizná 
A manirote maduro 
A mango para chupá 
Tiene el olor del chimó 
Al meterse una bolá 

A café recien colao 
A canoa para quesiá 
A mastranto sabanero 
Huele a albahaca morá 

Huele a silla chocontana
Cuando la van a estrená 
A sabanas en entrás de agua 
 A roza para sembrá
A cundeamor madurito 
A laguna y a cañá 
Y en mi canto lo rebelde 
El cariño y la humildá 
Y la amistad campesina 
De los que nacen allá 
Este auténtico llanero 
Aquí les vengo a dejá 



LlANERO VETERANO 

 Hijo de tierra bravía 
Soy llanero veterano 
Soy el que voy a los bailes 
Y no llego preguntando 
Bueno de cantá un joropo 
Y jineteo un caballo 
No se me va un cachalero 
Con una soga en la mano 

 Vestido del liqui liqui 
No hay llanero disfrazado
 Me le enfrento a los peligros 
Que se encuentran en el llano 
Soy fresco como la flor 
Y no le temo al verano 
Donde  usted menos lo crea 
Yo le enlazo un orejano 

A un novillo corredor 
Aquella tarde en mi llano 
Recuerdo que lo tumbé 
Con un jalón a dos manos 
No me cae un lazo al suelo 
Cuando le salgo al rebaño 
Cuando yo canto un corrío 
Lo hago con entusiasmo

 Un decoro de alegria 
Van pronunciando mis labios 
Recordando a mis amigos
 A colegas y paisanos 
Al señor Rafael Landa 
Por aquí le estoy mirando 
Por su cariño sincero 
Va mi saludo de hermano




LLANERO DE PURA CEPA

Yo soy nacido en el llano 
Y en la sabana fui criao 
Bregando como los buenos 
Para ganarme el bocao 
Pero yo nunca me quejo 
De los trabajos pasaos 
En grandes hatos llaneros 
Mi nombre es bien recordao 

 Amansador de caballos 
Que ninguno otro ha montao 
Ordeñador en quesera 
Soy arreador de ganao 
No es que me la doy de bueno
 Sino es que fama me han dao
 Con una soga en la mano
 Dificulto tú a mi lao. 

 Y si es pa´ atravesá un caño 
No me hace que esté botao 
Porque soy de los llaneros 
Que saben nadar paraos 
Zapateador de joropos 
Cantador medio pelao 
Compositor de corrios 
Cuando estoy enamorao 

A veces medio embustero 
Guabinoso y resabiao 
Costumbre de los llaneros 
Paisanos de Juan Parao 
Soy chinchorrero de alante 
Y también pecho arponeao 
Y con la luna clarita 
No se me ha ido venao 

Mi palabra es documento 
Con hechos ya comprobaos 
Me gustan las cosas claras 
Yo no cargo entaparaos 
Y en un patio de bolas 
Arrimo y bocho clavao 
Amigo del ajiley, de los gallos y los daos

 Amigo soy de los hombres
 Que su amistad me han brindao 
En una manga de toros 
A mas de un cacho he quebrao 
A veces soy malicioso 
Por cosas que me han pasao 
Algunas por picaflor 
Otras por guapo y malcriao 

Alegre conversador 
de cachos bien coloraos 
De muertos y aparecíos 
Que en noches me han asombrao 
Y si algunos tienen dudas 
de lo que aquí he relatao 
Pregunten por mí en el llano 
 Donde mi fama ha quedao
INTERPRETE RELACIONADO: CATIRE CARPIO; HOMENAJE AL CATIRE CARPIO

El Apureño y su Identidad

Entrada publicada originalmente el 23/10/2011
El cronista de san Fernando de Apure, Argenis Méndez Echenique, en un artículo denominado APUREÑIDAD, IDENTIDAD E IDIOSINCRASIA LLANERA, publicado en el libro APURE, EN CUERPO Y ALMA, hace un interesante análisis sobre la identidad nacional del llanero y queremos transcribir algunos párrafos, por parecernos de gran interés para este Blog.

La nómada población llanera estaba constituida por pequeños grupos que transitaban por el inmenso territorio, pero, como todo grupo humano, poseía una cultura propia, con elementos fundamentales como la lengua, religión y costumbres y se relacionaban de distintas maneras (comercio de trueque, incursiones de caza, pesca, recolección, saqueo y captura de mujeres y niños, en algunos casos). Estos elementos comunes es lo que origina el término Identidad. En este caso, nuestra Amerindia estaba representada en el llano y especialmente en el Apure por Otomacos, yaruros (pumé), guahibos, cuivas (jiwi), achaguas (arawacos), chiricoas, tumebos, salivas, taparitas y guamonteyes, entre otros.

Luego, la presencia europea agregaría otro elemento étnico, que sería el blanco, con sus salpicaduras de negritud esclava o fugitiva. El resultado final sería el acrisolado mestizaje que conformaría el llanero apureño.

Los primeros centros urbanos organizados a la manera española se conformaron con población indígena, por los misioneros religiosos capuchinos andaluces, aportadores de nuevos elementos culturales, como instrumentos de cuerda, cantos y romanceros populares de sus tierras de origen, que amalgamados con los talentos nativos forjaron el joropo, la tonada el contrapunteo, ayudando a mitigar la soledad y la fatiga de la faena diaria del llanero apureño en un horizonte preñado de infinitud,

Según Pérez Cruzatti, los paradigmas llaneros, si es que puede hablarse en tales términos, "se manifiestan en su forma de pensar, de sentir y de expresarse, pues este ente tiene una cosmovisión muy particular". Esos rasgos ejercen una influencia determinante en su conducta, aun cuando muchos de los propios valores han sido escamoteados mediante la transculturación y el bombardeo de estereotipos pertenecientes a culturas ajenas a la nuestra, que son mal asimilados por nuestra gente, menoscabando su autenticidad llanera.

Algunos de los aspectos generales arraigados en el alma del llanero son:
• Concepto muy especial de Dios. Es un Dios humanizado, con el que se puede dialogar y compartir . “ Dios y Hombre”, “Con Dios y la Virgen” son expresiones comunes en la boca del llanero. (Yo añadiría la de los bongueros ¿Con quién vamos? Vamos con Dios, o con el “viejito”)
• Amplio concepto de libertad individual, territorial, de espíritu y pensamientos, libertad de acción.
• Concepto de patria. La patria chica y la patria grande. Patria chica, la llanura; patria grande, Venezuela
• La familia y el parentesco. El compadrazgo
• La amistad y lealtad al amigo
• Hospitalidad
• EL valor personal, coraje y resolución ( la autoestima)
• La generosidad y amplitud, derivadas tantas veces en la abnegación
• El trabajo creador
• El compromiso de la palabra empeñada
• El romance y la fantasía en el alma del llanero, expresados a través de la copla y la música
• La llanura global: un mundo propio de horizontes abiertos
• Intemporalidad. “El llanero no tiene prisa”
• Simbiosis con la naturaleza, sin romper el equilibrio ecológico
• Sobrio estilo de vida

“Algunos estudiosos del tema llanero hablan de un proceso recesivo. De una crisis de valores e identidades, generada fundamentalmente por la tecnología moderna y la economía capitalista neoliberal.

En parte es verdad, hay que reconocerlo. El llano de hoy es diferente. El Apure de caballo, toro y soga es cosa de leyenda. La sabana ya no es libre, la limita la cuerda de alambre, símbolo de la propiedad privada. El toro ya no pita en el paradero, como diría Lazo Martí, ni hay rodeos ni retozos de “hatajos de bestias” como antaño, pues el ganado ha sido sustituido por el manso y calmo cebú Brahman de la India, que es pastoreado ahora hasta en bicicleta, acabando con ancestrales tradiciones llaneras. El caballo va siendo desplazado de las faenas vaqueras y ha quedado solo para ser exhibido en las fiestas de toros coleados en los pueblos”

“La integridad de un pueblo está en peligro cuando ha perdido el hilo de sus tradiciones y costumbres, el culto activo a sus héroes y santos y el amor de sus dioses tutelares, sean éstos buenos o malos”, en opinión de Matthyas Lossada

Ahora existe otro llano que no es el de Pajarote, el de Calzadilla Valdés, el de Antonio José Torrealba, el de Juan Bruno Espinoza, el de Sánchez Olivo, el de Alberto Arvelo, el de Germán Fleitas Beroes, José León Tapia, Ruiz Guevara, Adolfo Rodríguez o Don Felipe Martínez Veloz

A este llano en transformación también hay que construirle un rostro humano que nos hable de nosotros mismos, de nuestra historia, del amor a las tradiciones propias, de las creencias y costumbres de nuestros ancestros. Por lo que debemos recrear nuestras leyendas, un nuevo reto de Florentino con el Diablo, una nueva búsqueda de Mayalito a su amigo Carrao, un nuevo Silbón que siga recorriendo las sabanas espantando a los desprevenidos viajeros, una sayona que continúe asustando a los trasnochadores. La luz eléctrica no debe acabar con nuestros fantasmas ¿Qué pasaría si matáramos al centauro que todos los llaneros llevamos dentro?

Pero con sentida añoranza, el llanero viejo ve que todo ese apego a lo tradicional y que caracteriza su mundo va quedando en el rincón del olvido. Solo se conserva ese acervo patrimonial en la memoria, en el famoso baúl de los recuerdos y en las interpretaciones de nuestros copleros.

La Identidad llanera, la identidad venezolana, la identidad latinoamericana, no se pierde nunca, sino que se transforma y sigue nuevos canales para manifestarse. La esencia sigue persistiendo y hay que seguir alimentándola."

31 de enero de 2016

Cuatro Llanos - Omar Carrero Araque

 Compartimos la mas reciente publicación del Profesor Omar Carrero en su blog Picas Forestales, quien como siempre con su corazón baquiano analiza el Llano  y nos lo muestra de la manera mas amorosa y didáctica.


   CUATRO LLANOS
 
Omar Carrero Araque
Baquiano
2014
 

¡Llano, llano, llano, llano!
Cuatro veces te he mentado
Y a ninguna has respondido
(Rómulo Gallegos en Cantaclaro)

En  expresión de copla resonaban las palabras del mítico Florentino Coronado en una de sus cruzadas por la extensa llanura, tal vez bajo los arrebatos provocados por el tabardillo. Eran coplas en tono de reclamo por el silencio que el llano guardaba ante uno de sus pedimentos. Llama la atención la alusión a cuatro llanos, que en este verso hace Florentino, “el más tarambana de los Coronado de la Concepción de Arauca”, como lo describió el Maestro Gallegos.

La mención a los cuatro llanos nos llevó a rastrear la idea que rondaría en la mente del Coplero para desagregar a ese llano de apariencia única. Se nos antoja que para un viajante empedernido como pintan al Cantador, por ende conocedor del llano total, desde el Boquerón de Banco Largo hasta Rincón Hondo y Hato Viejo o desde Santa Inés hasta El Viento, la llanura no tendría secretos. 

Esa realidad, para un llanero de espíritu observador, ya le había permitido percatarse que en una misma época, podían encontrarse sabanas aguachinadas y sabanas secas, es decir que se tendrían entonces unos Llanos Altos y otros Llanos Bajos.

Igualmente en esos recorridos, en los que sin dudas,  mantenía contacto con sabaneros de uno y otro lado, probablemente oyó expresiones como Llano Adentro y Llano Afuera, que constituían otra diferenciación del llano, en este caso, espacial. De esta manera se habría conformado en la mente del Coplero la imagen de los cuatro llanos aludidos.  

ALTO LLANO y BAJO LLANO

Foto tomada de: Elmer Barrera (@elmerbarrera)


Sabana en el Bajo Llano
Los llanos Altos y Bajos son espacios propios de la llanura aluvial, en los que el hombre llanero, en propiedad del comportamiento de las aguas invernales sobre la sabana, ha diferenciado entre aquellas sujetas y aquellas libres de inundaciones. A unas las llama Bajas y otras, Altas, en una separación que en términos topográficos estaría dada por la Cota 100. 

Esta diferenciación, que en un principio pudo haberse considerado como empírica, ha conseguido firme apoyo de la ciencia, cuyos cultores han observado e investigado la influencia de esta Altura sobre aspectos como el uso de la tierra, la productividad, el comportamiento de la vegetación y de los animales o en la dinámica del poblamiento humano, encontrando respuestas valederas en cada caso.

Se observa curiosamente que la separación entre el alto y el bajo llano, a nivel de bioregiones, sólo es usual para el Apure, no siendo común en ninguno de los otros estados llaneros, por lo menos en el habla popular. Se habla del Bajo Apure o del Alto Apure, en un caso singular que no se repite en otros estados.   

La separación entre el Alto y el Bajo Apure ha sido recogida en la canta folklórica en la que recordamos el viaje que hizo El Indio Figueredo hacia el BAJO APURE en búsqueda de la India María Laya, del mismo modo que en la leyenda de Quirpa se memora que este legendario coplero era “hombre del ALTO APUREÑO”. 
También se registra que el 26 de noviembre de 1925 se publica en Fantoches la versión de Florentino y El Diablo, de Manuel Mirabal Ponce, en una de cuyas estrofas dice:  
Llaneros del Alto Llano,
Llaneros del Llano Abajo,
Ahora mirarán, hermanos,
Al Diablo pasa trabajo

LLANO ADENTRO y LLANO AFUERA

En lo concerniente a la diferenciación espacial, los llaneros  divisan dos situaciones acatando a la posición geográfica de un punto del llano. 

Así se tiene que los lugares situados hacia la periferia de la llanura son considerados como del “llano afuera”, mientras que se califican como del “llano adentro” a aquellos situados hacia el centro. Poblaciones como Santa Bárbara, Barinas, Guanare, Acarigua, San Carlos, Tinaco, El Sombrero, Valle de La Pascua, Altagracia o Zuata, entre otras, estarían en el ámbito del  “LLANO AFUERA” o “LLANO ARRIBA”. 

En San Fernando, por ejemplo, se refieren a los guasdualiteños y a todos los habitantes de los pueblos situados al oeste de Guasdualito, como los “llaneros de arriba”. Por el contario, a los pueblos como Achaguas, Elorza, El Yagual, San Fernando, La Unión, Camaguán o Cazorla, se les distingue como del “LLANO ADENTRO”.

En la canta folclórica, esta última particularidad del llano estaría insinuada en el poema “Aquí estoy llanura mía“, de Don Julio César Sánchez Olivo, escrito  en La Pascua en 1954. Este Poeta, nacido y criado en el Bajo Llano (cerca de Guachara, en  el Cajón de Arauca), expresó en esa oportunidad:

Por aquí llanura mía
tengo algunos enemigos
porque no pueden decir
lo que en el arpa yo digo
cantando un zumba que zumba
la quirpa o el pajarillo
pues cantar como yo canto
no se aprende en ningún libro
eso se aprende en el llano
comenzando desde niño
como se aprende a enlazar
media cabeza un novillo”*

El mensaje del poema podría interpretarse como que “por aquí en La Pascua, un pueblo del llano arriba, algunos me ven con recelo porque no pueden cantar como yo lo hago, de esta forma que sólo se aprende en el Llano, es decir en el Bajo Llano, al que yo considero el llano auténtico”

Es en este “llano adentro” donde se cuajan los conceptos expresados al respecto por el General Páez, por Aquiles Nazoa y por el Barón de Humboldt.

El General Páez escribió:
“el llano es una  gran extensión de territorio, que, como la vasta superficie del océano, presenta alrededor un inmenso círculo cuyo centro parece estar en todas partes”.


En una aproximación similar el Poeta Nazoa señaló:
“el llano es aquel sitio donde uno se siente el eje de un gran círculo”

Mientras que el Barón Alexander Von Humboldt manifestó que:
“un llanero no es feliz sino cuando puede ver hacia todas partes alrededor de él“.

Todas estas apreciaciones dibujan sin duda al Llano Adentro, en donde la visión sobre los 360º no es estorbada por serranía alguna.

SI FLORENTINO VOLVIERA!
Seguramente agregaría a su lista de “tipos de llano” por lo menos dos más: Llano Viejo y Llano Nuevo.

Arreo de ganado - Imagen en el llano nuevo

Ese llano viejo sería ese que él conoció, un llano caracterizado por lo agreste y lo duro, pero regio y portentoso. Ese llano que fielmente retrata Fernando Calzadilla Valdés en sus memorias que llamó POR LOS LLANOS DE APURE. 
Foto tomada de: es.wikipedia.org

Un llano en el cual los llaneros andaban descalzos o cuanto más en alpargatas y no con botas vaqueras; se vestían con calzones confeccionados en dril color kaki, por lo general de tipo Tucos, y franelas de cotón crudo, cuello redondo y manga tres cuartas y no con jeans y camisas vaqueras (léase texanas); se tocaban con sombreros de fieltro o con un “gorro” y no con gorras con emblemas alusivos a equipos deportivos; andaban a caballo o en buey y no en jeep 4x4 o en motos; usaban el Cacho de beber y no el kooler, y se comunicaban mediante Lecos, Cachos o Guaruras y no con guoquitoqui (walkie talkie) o celulares. 

Un llano en el que las sabanas estaban atestadas de reses cimarronas, cachonas  y de pelaje de diversos colores.

El llano nuevo sería este que ya no es abierto y libre pues está enclaustrado entre alambradas; los caminos y terraplenes se han cambiado por carreteras y autopistas; las chipolas de aceite de tártago ya no alumbran el rancho del peón pues han sido reemplazadas por bombillos eléctricos; la palma de los techos ha sido reemplazada por láminas de cinc o acerolit y, las lanchas a motor que ahora surcan a caños y ríos dejaron atrás a las canoas a canalete y palanca y a los bongos. En los potreros se manejan técnicamente  los rebaños que ahora no necesitan ni de tripulaciones de arreo, ni de madrineros, ni de cantos o silbidos. 
El ganado “criollo” se ha remplazado por  el cebú y sus variedades y por los búfalos.  

En este llano nuevo se presenta un escenario tan cambiado al llano de Florentino, que seguramente ahora, no habrían condiciones propicias para una nueva Porfía.   

·      *Este poema se lo cedió Don Julio César a su gran amigo Ángel Custodio Loyola, quien lo grabó con el nombre de Sentimiento Llanero


GLOSARIO

Bongo: Canoa grande impulsada  a tracción humana con el concurso de varios hombres
Cacho de beber: Cacho (cuerno) especialmente trabajado al que se ata un cordel para obtener agua de los caños o ríos si necesidad de apearse.
Cachonas: Reses de “raza criolla” de cachos (cuernos) grandes y muy abiertos
Canalete: Remo
Cimarrón: Res que por haberse criado en libertad se muestra salvaje
Gorro: Sombrero viejo de fieltro al que se la recortado las alas
Guarura: Especie de caracol cuya concha, al soplarse de un modo especial, emite un sonido fuerte que se oye a los lejos.
Lecos: Ecos. Gritos fuertes
Madrinero: Res mansa que se utiliza para guiar a otras bravías
Palanca: Vara larga de hasta 3 m que se usa para impulsar a las canoas
Porfía: Duelo a coplas improvisadas entre dos cantadores
Tripulación: Equipo de hombres que conduce al ganado
Tucos: Pantalones de mangas cortas que cubren hasta media pierna, por lo general de color kaki 

30 de enero de 2016

A 78 años del nacimiento de Adelis Soto Valera

Copiamos texto enviado gentilmente por Alirio Acosta, cronista del municipio Esteller del estado Portuguesa:
Semblanza de ADELIS SOTO VALERA
(En la palabra de cinco poetas portugueseños)

Juan Torrealba*
Foto cortesia de Alirio Acosta
Adelis Soto Valera. (Mata de Caña, 30-01-1938 - Píritu, 31-10-2011). Poeta nativista, compositor, creador de más de cuatrocientas (400) composiciones entre poemas y canciones, llanero a carta cabal, de verbo y trato sencillo, cronista oficioso de su pueblo, portador de un rico anecdotario y de una singular vena humorística. Estas fueron algunas de las honorables virtudes de este portugueseño que lo hicieron acreedor de un profundo afecto popular en su tierra llanera.
De una rica y extensa creación artística, de la cual; alrededor de doscientas (200) composiciones, han sido grabadas en la voz de distintos intérpretes de la música llanera, a lo largo de más de cincuenta (50) años que transitó su poesía, por los infinitos caminos del llano, exaltando con su pluma los valores más genuinos de la llanura colombo-venezolana. Entre los tantos interpretes que llevaron a los estudios de grabación sus composiciones, podemos mencionar al maestro Simón Díaz, Rogelio Ortiz, Armando Martínez, Ángel Custodio Loyola, José Catire Carpio, Cheo Hernández Prisco, Miriam Salcedo, Luis Escalona, Flavio Serrada, Jesús Moreno, Nelson Morales, Héctor Hernández, Luis Lozada “El Cubiro”, Sexagésimo Barco, El Carrao de Palmarito; entre muchos otros, y hasta el reconocido canta-autor apureño Jorge Guerrero, quien junto a Cheo Hernández Prisco grabara la letra de un contrapunteo, escrito especialmente por el poeta Soto Valera para ambos cantadores.
Mantuvo una cercana amistad con el maestro Simón Díaz, con quien trabajo en Caracas, a principios
Adelis Soto y Graterolacho. foto cortesía de Alirio Acosta
de los años 70, en programas radiales como “Rumbos, Coplas y Canciones” (Radio Rumbos) y en programas de televisión como “Mi llanero favorito” (Televisora Nacional), escribiendo las letras de infinidad canciones, joropos y galerones para estos programas de corte criollo. Experiencia que le permitió cultivar la amistad de infinidad de importantes figuras de la radio y la televisión de la época, y de personajes representativos de la llaneridad, como lo fueron: Don José Romero Bello, Julio Cesar Sánchez Olivo, Augusto Braca, Ignacio “Indio” Figueredo, Germán Fleitas Beroes, de músicos como Hugo Blanco, Amado Lovera, Cándido Herrera, cantantes como Alfredo Sadel, Luis D´Ubaldo, Adilia Castillo, entre tantos otros.
Como reconocimiento a su tesonera labor como poeta y compositor, fue galardonado en diversos e importantes festivales nacionales. Ganador del Festival “El Florentino de Oro” (en dos ocasiones), la “Garza de Oro” y el “María Lionza de Oro”. Recibió en vida un sinnúmero de condecoraciones, siendo distinguido como “Patrimonio Cultural del estado Portuguesa” (Concejo Legislativo del estado Portuguesa), “Patrimonio Cultural del Municipio Esteller” (Concejo Municipal del Municipio Esteller) y premiado en el Festival Internacional “El Silbón” (Guanare); además: fue objeto, en vida, de innumerables homenajes y recibió infinidad de placas y diplomas; a lo largo de su fructífera carrera artística.
Hijo de Doña Lucrecia Valera de Soto y de Don Francisco “Pancho” Soto Palacios, ambos de tradicional estirpe llanera, quienes se radicaron en Piritu, provenientes del caserío Mata de Caña, en la década de 1940. Allí cursaría el poeta la educación primaria en la Escuela Rural denominada “Palo Grande” y allí mismo, como él lo confesara, aflorarían sus primeros versos e improvisaciones, bajo la influencia de la recia figura de su padre.
Gran parte de su obra permanece aún inédita. No obstante, para redescubrir un tanto el contenido de su legado artístico y acercarnos un poco a las dimensiones humanas del poeta, revisaremos algunos aspectos de su vida y obra, reseñados magistralmente por otros baluartes de la poesía portugueseña; conocedores del transitar poético y humano de Adelis Soto Valera. Ellos son: Arjuna Castro Castillo, Joel Hernández, Luis Mendoza Silva, Yorman Tovar y el periodista y poeta Luis Bazán García.
Con la anuencia de estos cinco bardos de la poesía llanera, y tomando prestada su prolífica pluma, podemos dibujar de manera sucinta, un perfil de la vida y obra de este personaje popular.

Acerca de la familia Soto Valera, el poeta piriteño Arjuna Castro Castillo, escribe:
“Los padres de Adelis, eran llaneros de cepa. Nacieron y se criaron en ese ambiente templado, de constante peligro, de toro volantón, caballo, soga y llano abierto. Según comentarios, los Soto Palacios, nacieron en ese paño de sabana que baja de los cerros de Ospino, buscando la vecindad con el Municipio Esteller. En cambio, los Valera (eran dueños del Fundo La Esperanza), son nativos de ese cajón de llano que comparte históricamente su extensión entre los linderos de los Municipios Papelón y Guanarito.”

En esta misma tónica, el compositor portugueseño Joel Hernández, reseña lo siguiente:
“Su padre Pancho Soto, era una leyenda en este llano. Hombre llanero de a caballo, de soga buena y certera. Diestro y fino enlazador en cimarroneras, cantador, coleador de toros en su caballo vaquero, debió trasmitir genéticamente y también por formación, a su descendiente, el amor por la llanura, sus costumbres, tradiciones y vivencias. Y especialmente, su querencia amatoria hacia el caballo, unido al cual, su padre era autentico centauro de la pampa… Pancho Soto, convertido en juglar de la llanura, desgranaba como maíz en mazorca, los versos en coplas, cantando al pie del arpa sabanera en los contrapunteos, en la porfía cantada frente a ardorosos copleros, en cuyo duelo sobresalía como triunfante vencedor…”
A finales de la década de 1960, el poeta Soto Valera conforma una trilogía artística junto al arpista y compositor piriteño Rigoberto Ramírez y el cantante y cuatrista Cheo Hernández Prisco. Unidos por una entrañable amistad, emprendieron un trabajo artístico-musical, con el cual, gracias a la constancia y al talento creador, logran cosechar, después de años de trabajo, la semilla del reconocimiento nacional como compositores e intérpretes de la música llanera. Hilvanado versos octosílabos, se va tejiendo la poesía nativista de Adelis Soto Valera, lo cual le permite participar como autor en el renombrado Festival de música llanera “Florentino de Oro”, en San Fernando de Apure, y obtiene el preciado galardón con los temas “Pergamino llanero” y “El bastardo” (en los años 1974 y 1984, respectivamente), con la interpretación vocal de Cheo Hernández Prisco y los acordes y arpegios del maestro Rigoberto Ramírez. Su perseverancia y capacidad creadora lo llevaría, como compositor, a ubicarse entre los autores más reconocidos de la canción llanera en el ámbito nacional, sin perder jamás su sencillez, humildad y la profunda identificación con su tierra y su gente.

El Dr. Joel Hernández (El viejo soguero), acerca de la poesía de Soto Valera, refiere:
“Soto Valera le da rienda al caballo de la inspiración y cabalga al pasitrote por las trochas del octosílabo, que es el verso que identifica al poeta llanero, no solo al bardo culto, sino también al poeta popular.”
Con relación al Romance, como una modalidad de poema característico de la tradición española, cultivado por Soto Valera, Joel Hernández, indica que el poeta:
“…canta a las costumbres, tradiciones y vivencias de nuestra llanura y también; a las recias faenas del llano, en donde el caballo y la soga de rejo se hermanan con el peón llanero para la enlazada del toro bravío. A esa llanura tradicional que la moderna tecnología, los avances y logros de los nuevos tiempos van dejando atrás, para quedarse en el recuerdo y en la nostalgia, a los cuales, se ha han referido muchos escritores de la “llaneridad”, como el barines José León Tapia. Rememora los tiempos antiguos del llano, cuando Florentino venció en un célebre contrapunteo, y en noche de recio aguacero, al mismo Satanás. Considero, que uno de sus romances de mejor calidad poética, lo constituye el titulado “Camilo Pérez”, cantado por Jesús Moreno en son de “Seis Corrido” y perfectamente adaptado a la estructura de la trama de esta modalidad o forma poética antigua.”
Al referirse a los motivos de inspiración y musa del poeta, agrega Joel Hernández:
“Adelis conoce bien su llano portugueseño. Lo ha recorrido. Lo ha transitado por sus caminos y trochas. Comprende todo cuanto concierne a la vida del hombre llanero: Su manera de amar, de sentir, de esperar por la redención social, pero también comprende sus momentos de dicha y alegría, volcadas en el tañido del cantador sabanero y en el zapateo y escobilleo del arrogante joropo. Conoce de la ternura y rudeza de la mujer llanera, de la amante y compañera fiel, de la novia o concubina. Todo eso lo sabe. Por eso, cuando canta a la tradicional faena del coleo, plasma poéticamente en el tema “La novia del coleador”, a la mujer llanera que engalana la manga con sus encantos femeninos...”
Otros aspectos de la poesía de Adelis Soto, referidos por Joel Hernández, se relacionan con la temática del desamor o el despecho, en el pasaje llanero escrito por el poeta, señalando lo siguiente:
En la canción (pasaje) “Llanto de amor”, Soto Valera aborda la embarcación del desamor o despecho. Canta a un tema muy humano en donde el canalete y la palanca lo conducen por corrientes, remolinos, desparramaderos y vueltas fluviales que pueden trambucar la canoa de la existencia. El poeta canta al despecho en este pasaje “guayabero”, expresa que al llanero se le descompone su existencia humana por efecto de haber perdido a su amada mujer.

Por otra parte, el periodista y poeta Luis Bazán García, pincela la semblanza poética de Soto Valera, con las siguientes palabras:
“No es difícil seguir la huella de Adelis Soto Valera. Basta con acercarse a la pulsación de sus palabras para llegar hasta la fuente donde se alimenta su intimidad y la poesía que sirve como instrumento de comunicación. Esa huella y esa palabra tienen fragancias a llanura abierta y de todo cuanto trasciende de esta geografía física y humana que ha sido su cuna de nacimiento, de formación y sobre todo de profunda fidelidad. En consecuencia, todo el caudal de vivencias acumuladas en su vida pueden encontrarse en los poemas y canciones que ha venido creando como testimonio de identidad y referencia de su tierra.”
En cuanto a la sensibilidad y sentimiento que se percibe en la poesía de Soto Valera, Luis Bazán, agrega:
“Siguiendo esa huella, repetimos, nos deleitamos en el paisaje del llano venezolano, no por la vía de la imaginación, sino por la realidad que Adelis Soto Valera perfila en cada verso, en toda metáfora, en los personajes que penetran su sensibilidad de poeta y que él revierte en poesía y música. El llano cabalga en las palabras, con destreza de baquiano en los rumbos y espejismo de la llanura, sin dejarse influenciar por otros espejismos literarios que tratan de abrir nuevos caminos, generalmente imprecisos y oscuros, en la poesía y en el arte en general. Es asombrosa y prolífica su capacidad creadora y la facilidad para trasladar a la escritura todas las vibraciones exteriores y las generadas por su propio espíritu, que han ido conformando una obra valiosa por el contenido y amor sustentador.”
Adelis Soto Valera, falleció en su pueblo, Piritu (Portuguesa), el 31 de octubre de 2011, dejando una extensa obra poética, que en su mayoría permanece aún inédita, y la cual representa un invaluable aporte para el acervo cultural de la tierra que lo vio nacer.

Tras su partida física, Luis Mendoza Silva, poeta, escritor y Cronista Oficial del Municipio Boconoito, estado Portuguesa, escribió:
“Con su alforja repleta de cantares, leyendas, mitos y un exquisito anecdotario recogido por todos los caminos de la patria que le vieron pasar con sus sueños y nostalgias amanecidas, se marchó por los rumbos azules del silencio, quien fuera uno de los más exquisitos y apreciados poetas de la llanura colombo venezolana, Adelis Soto Valera. … nos consolamos en la amistad practicada, en la solidaridad que se hizo eterna, en la fidelidad y el recuerdo de las sustanciosas tertulias, a la cual acudían sus innumerables amigos, para abrevar esperanzas en ese pozo de alegrías, disfrutar de los chistes más sabrosos y de su exquisita conversación, que era como abrir un libro del más puro humor criollo,… Pues, eso fue este gran venezolano, portador de excepcionales valores humanos y, por ende patrimoniales de su comunidad.”

Así mismo, Yorman Tovar, poeta y escritor, destaca el ejemplo cívico y el legado artístico de Adelis Soto, en los siguientes términos:
“Adelis nos transfiere el orgullo portugueseño, la palabra empeñada del llanero y la dignidad de un ejemplar ciudadano, digno de reconocimiento. Murió pobre pero rico de vergüenza, a diferencia de muchos “cultores-folkloristas” que medran a la sombra de la adulación, vendiendo el talento al primer postor politiquero. “El hombre del potro bayo” se ha ido. Los cascos de su corcel quedaron estampados en los caminos que transitó su sencilla poesía. A diferencia del Rey Atila, que dijo: “Donde pisa mi caballo no vuelve a crecer la yerba”, el (caballo) de Adelis seguirá sembrando de cantares los surcos del tricolor patrio. En su humilde hogar quedan las paredes forradas de reconocimientos, y en sus amarillentos cuadernos los versos madrugadores, productos óptimos de un soñador; y en un cacho de venado reposa su inconfundible sombrerón de paño, custodiando los octosílabos que no tuvo tiempo de exteriorizar.”

El poeta Arjuna Castro Castillo, paisano piriteño de Adelis Soto, resalta la identificación profunda que el poeta mantuvo con su tierra, de la manera siguiente:
“En el caso de Adelis Soto Valera, se hace palpable el dolor colectivo de un pueblo que lo hizo suyo y él así lo entendió hasta el punto de declararse públicamente piriteño: Veamos su versos: “Yo soy un fiel piriteño/a la prueba me remito/ como será que al nombrarlo/ hasta el sombrero me quito”. Así cumplió Adelis lo que plasmó en su copla. Amó entrañablemente a Piritu; le sirvió en lo individual, con amor y franqueza y, de esa misma manera, en su condición de funcionario público y, por si fuese poco, dejó un legajo poético-cultural que al parecer sobrepasa de las cien piezas. Era un artista de resonancia interior. Todas estas razones, me obligan a citar, del gran Atahualpa Yupanqui, poeta argentino, los siguientes versos: “Cantor que cante a su pueblo/ ni muerto se ha de callar/ pues; donde vaya a parar/ el canto de ese cristiano/ no ha de faltar un paisano/ Que lo haga resucitar”.

Así era la dimensión humana del poeta Adelis Soto Valera. Un personaje popular arraigado en la memoria colectiva de su pueblo. Un genuino creador, quien nos legara una obra artística fecunda que rebasó con creces las fronteras de su tierra llanera, para germinar, como fértil semilla poética, en los surcos de la vasta geografía cultural de la patria.

(*) Abogado, Economista, poeta.
Correo: juanetor18@gmail.com 

Les  coloco un play list  de canciones de Soto Valera interpretadas por reconocidos artistas llaneros
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Fuentes consultadas:
Luis Bazán García: Reseña publicada en: “Antología de poeta piriteños.” (2001). Compilador: Francisco Gallegos. Edición particular del compilador.
Joel Hernández. Discurso pronunciado en ocasión de Primer Encuentro de poetas “Adelis Soto Valera”. Piritu, 30 de agosto de 2014.
Arjuna Castro Castillo: “El Adelis que yo conocí”. Diario Última Hora. Acarigua, 20 de enero de 2012.
Luis Mendoza Silva. “Con su alforja de cantares se marchó Adelis Soto Valera”. Tinta y Papel. Noviembre de 2011. Publicación digital en: http://poetaluismendozasilva.blogspot.com/
Yorman Tovar. “El hombre del potro bayo.” Diario Última Hora. Acarigua, Domingo, 6 de noviembre de 2011.

26 de enero de 2016

Enlazando Orejanos en Canoa

Esta entrada fue publicada por primera vez el 07/06/2011, pero vale la pena volver a leerla

El relato que a continuación colocamos, está basado en la narrativa de Don Julio César Sánchez Olivo (1984), en  su libro "Bongos y Canoas".

Al entrar las aguas en Apure, o sea al arreciar el invierno, ya en el mes de junio, el llanero cambiaba el caballo por la canoa; sus viajes eran embarcados por todas partes. No había más vías que los ríos, los caños y las aguas de las sabanas anegadas que eran centenares de leguas en el Cajón de Arauca, y el único medio de transporte eran las embarcaciones, bongos y canoas. Aquel Apure carecía de carreteras y de pistas de aterrizaje, porque no había carros a motor ni aviones.

"Los que vivíamos en zonas anegadizas, como las de la margen derecha del río Arauca, cogíamos la res que necesitábamos para comer, embarcados. Esta actividad se realizaba de la manera siguiente: regularmente la res pertenecía a los ganados llamados  de "rochela", que eran esos rebaños mas salvajes, que huyen y se esconden en los montes al ver o sentir que se acerca la gente. Cuando estos ganados salían a comer a la sabana limpia, o sea sin  bosques, uno se iba en canoa por el lado del monte y sorpresivamente le llegaba al lugar donde estaba comiendo, con el agua a la costilla o mas arriba. El lote de ganado corría entre el agua hacia el monte de su escondite, pero los veteranos llaneros que iban en la canoa, dos de ellos adelante, empujando rápidamente la embarcación con las palancas y otro detrás de patrón con un canalete, velozmente se incorporaban dentro de los animales y enlazaban la res mas gorda y así se iban con el animal enlazado hasta llegar a la parte seca del monte y allí la mataban y descuartizaban. Pero desde el sitio donde la habían  enlazado hasta el lugar donde la mataban, regularmente ocurrían momentos de peligro que solamente los veteranos llanero podían sortear, como reses que furiosas embestían contra la canoa; en ocasiones enormes toros, y todos los que iban en la embarcación se lanzaban al agua, pero sin soltar el animal apresado.

Quiero hacerles saber que nosotros los Sánchez Olivo éramos de los especialistas del llano en estos trabajos de cazar ganado embarcado. Mi hermano Teodoro  era siempre uno de los dos que adelante iban en la canoa impulsándola con las palancas y listos para enlazar la res escogida con la soga que ya se tenía hacia la proa de la canoa; yo siempre era el patrón. Al descuartizar la res, toda la carne era echada dentro de la canoa, y partíamos con la carga para nuestra casa en donde llegábamos en varias ocasiones ya entrando la noche. En ese viaje teníamos que atravesar un brazo del Arauca llamado "El Garzón", que era casi un  río, de fuerte corriente y muchos caimanes. Para atravesarla, mi hermano y el otro marinero sacudían las palancas contra la canoa, yo la golpeaba con el canalete y al mismo tiempo tenía que introducirlo en el agua para que la embarcación no perdiera la dirección y no fuera dominada por la corriente: simplemente cumpliamos con nuestro deber de tripulantes y de espantar los caimanes con los golpes en la canoa, pues a estos animales los atraía el olor a carne fresca. "