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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

5 de enero de 2016

Leyendas sobre la presencia del Diablo en los Cantos a Porfía. Omar Carrero A.

Las Leyendas relacionadas con la Porfía entre "cualquier" Florentino y el Diablo, siempre han sido de sumo interés para mí. Y digo "cualquier Florentino" porque nada más en Venezuela, hay varias historias creadas sobre esa historia, donde el cantador tiene otros nombres. Este tema apasionante lo he compartido en muchas oportunidades con el profesor Omar Carrero Araque, amigo de mi altísima estima, muy docto en materia llanera como ya nuestros lectores conocen. 

En esta oportunidad copio una de las entradas relacionadas con este tema, publicada en su Blog, Picas Forestales:

LAS LEYENDAS SOBRE LA PRESENCIA DEL DIABLO EN LOS CANTOS A PORFÍA 
Omar Carrero Araque 
Baquiano 2014 

Las leyendas en las que El Diablo asume la figura de hombre para enfrentar verso a verso a cantadores populares que hayan adquirido renombre de invencibles en el canto a porfía o contrapunteo, parecen tener su origen en las fiestas paganas medievales. Con estas fiestas se intentaba, entre otras cosas, anular el temor al Diablo que las religiones promovían a fin reprimir las orgías. En este acontecer el pueblo “hizo hombre” al Diablo para poder combatirlo y tener posibilidad de vencerlo en el plano humano, con armas religiosas o paganas tales como rezos, letanías o conjuros. 

Numerosas leyendas de este género están esparcidas por los pueblos americanos. Entre estas vale citar la leyenda de “La Carnavalización del Diablo” que muestra como el propio Dios enfrenta al Diablo y lo derrota en un contrapunteo, decretando así el fin del Demonio, tal como lo apuntó el poeta Daniel Meneses, en 1896:  
“Al fin el último día 
se acabará tu castigo 
 y así te vendrás conmigo 
a gozar de la alegría. 
Estando en mi compañía 
disfrutarás del placer 
cesará tu padecer 
y vas a ser muy feliz 
 cuando a mi reino tú entrés 
 no serás más Lucifer”. 

 En otra historia se presenta un trance parecido pero esta vez en Colombia en donde el Diablo se le aparece a un personaje-emblema del canto vallenato, en la costa caribeña: Francisco El Hombre. Se cuenta que una noche en que Francisco regresaba a su casa tocando el acordeón, e improvisando coplas para distraerse en el camino, se dio cuenta que alguien que lo seguía sin mostrarse, le respondía magistralmente cada copla. También se dio cuenta que el desconocido le estaba ganado “la piqueria”. En ese trance, un relámpago le permitió ver que el juglar desconocido era el mismísimo Diablo, entendiendo entonces que ese duelo sería definitivo para su existencia por lo que en un esfuerzo superior sacó lo mejor de su melodía y cantó el Credo al revés, en coplas que el Diablo no pudo responder, huyendo despavorido. Francisco El Hombre es uno de los personajes de Cien años de soledad en donde se le presenta como «un anciano trotamundos de casi doscientos años que pasaba con frecuencia por Macondo divulgando las canciones compuestas por él mismo». 

Ya en Venezuela, las leyendas más conocidas de los enfrentamientos del Hombre con el Diablo las encontramos en la serranía coriana, en los valles de Aragua o en los llanos. Para la tierra falconiana, Luis Arturo Domínguez en una recopilación de leyendas escrita en 1983, menciona el encuentro que sostuvo Nepomuceno Guerrero con el Diablo. Nepomuceno era invencible entre los cantadores de Polo para lo cual estaba dotado de gran capacidad improvisadora. Después de haber vencido a cuanto cantador se le enfrentaba señaló arrogantemente que ni siquiera el Diablo podría ganarle: 

“Malhaya el diablo saliera 
a ver como se arremacha 
un cantador de carretera 
luna tan clara, caracha”. 

 Entonces un hombre de pequeña estatura que calzaba alpargatas, le responde fuertemente: 

 “Yo vengo con la esperanza 
de cantar con vos, Guerrero 
ya mío te considero 
si me cantás con tardanza”.

Al darse cuenta que el hombrecito tenía una memoria clara, mejor improvisación y una voz cada vez más grave, comienza a presentir del origen sobrenatural de su rival, quien se revela en una copla atemorizante: 

“Yo solo vine a buscarte 
con mi sombrero bolero
– y vine para buscarte 
Nepomuceno Guerrero”.

El aludido ante semejante perspectiva entra en pánico pero en una suprema inspiración suelta una copla que surte el efecto de una plegaria: 

“Yo solo salí a coger 
 un gran dolor de cabeza 
 Amigo, si es Lucifer 
¡Magníficat y es grandeza! (3). 

Ante la mención de La Magnificat, el cántico y oración católica reconocida como la sinopsis de las enseñanzas de María, el hombrecito huye intimidado. Un día después de este encuentro, hallaron en Médano Blanco el cuerpo de Nepomuceno en condiciones cercanas al desfallecimiento, justamente un día Viernes Santo, cuando según la tradición Mandinga anda suelto por el mundo. 

También en Villa de Cura se conoce la leyenda de Nicanor y El Diablo, en la cual se presenta a Nicanor como un esclavo de buen porte, discreto y “leído” que un Domingo de Gloria fue visitado por un hombre extraño, de color blanco y vestido de rojo paño, quien lo reta a probar su conocida habilidad en el canto y la improvisación. Nicanor no rehúye el reto pasando toda la noche en un “te digo y me dices” hasta que a punto del amanecer, habiéndose Nicanor dado cuenta del misterioso origen de su rival, describe en coplas la pasión de Cristo y sus oraciones en el Huerto de Los Olivos con lo que pone en huida al rival. La versión musicalizada de esta leyenda anónima fue grabada primeramente por Mario Suárez y tiempo después, por Raquel Castaños. 

Por último se presenta la más conocida de estas leyendas difundida a lo largo y ancho de la tierra llana venezolana-colombiana, gracias a la versificación del poeta Arvelo Torrealba, quien en más de un millar de versos, crea en 1940 la primera versión de la más grande obra laudatoria de la poesía llanera: Florentino y El Diablo, un poema que relata la porfía entre el coplero araucano y el maligno, en Santa Inés de Barinas, aunque la leyenda popular ubica a este singular duelo en el Paso Real de Arauca. 

La primera noticia documentada de esta leyenda se tiene en un discurso pronunciado por José Eustaquio Machado el 11 de mayo de 1924 en la Academia Nacional de la Historia al momento de su incorporación como Individuo de Número, en cuyo oratoria, este escritor menciona a una porfía escenificada por un bardo rustico de nombre Florentino y El Maligno. 

Un poco más tarde, el 26 de noviembre de 1925 aparece en Fantoches una versión firmada por Manuel Mirabal Ponce, cuya información coincide con la de Machado, en la cual, Florentino con dos coplas pone en fuga al Diablo. Los orígenes de esta leyenda según Julio García Díaz periodista de Fantoches (que escribía bajo el pseudónimo de Ño Águedo) los sitúa en un duro contrapunteo que sostuvo un coplero cazorleño de nombre Florentino Lovera con un personaje desconocido. 

Allí cuenta que en 1900 cuando él apenas contaba con 10 años de edad, le oyó este relato a una anciana de Camaguán. Ño Aguedo al recordar la versión de la anciana hace mención a “dos grandes bosques de alcornoque” que ubica, “uno en la parte alta y otro en la parte de bajíos, o del río”, este último llamado “alcornocal del río o del Frío”. Aquí debe señalarse que los nombres Alcornocal y El Frío ya aparecen registrados en 1571, en los mapas del cosmógrafo Juan López de Velasco (1535 – 1598) hechos públicos en 1787. En estos mapas estos dos nombres se repiten en dos lugares diferentes; unos hacia los lados de Mantecal y Elorza (el Alcornocal del Frío?) y los otros, hacia Cazorla (el Alcornocal de abajo?). Los mapas actuales sólo registran a El Frío, entre Mantecal y El Samán de Apure y, El Frie, a unos 15 kilómetros al oeste de Cazorla. 

También vale acotar que la ausencia del Alcornoque en los bajíos confirmada por la revisión de información fitogeográfica y por observaciones de campo efectuadas en Cazorla, Guayabal, San Bartolo, Garcita y Paso Aguaro lleva a pensar que el topónimo, antes que por la presencia de estos árboles, se debió más bien a un acto de “trasplante toponímico” impulsado por la añoranza de los conquistadores por sus lares, tal como ocurrió con Guadarrama y Cazorla. 

Se sabe que en España hay tres sitios con el nombre de Alcornocal, uno de ellos precisamente en la Sierra de Guadarrama. Ante estas consideraciones se presume que el relato de Ño Águedo se inclina más hacia el campo de la inventiva. 

La leyenda de Florentino ya había sido magistralmente escrita por Don Rómulo Gallegos en Cantaclaro (1934), tal vez la obra suya más consustanciada con el llano y a la llanería. Llama la atención la discrepancia entre los autores para señalar el desenlace de la contienda, pues mientras que la versión popular cuenta que Florentino quedó mudo después de su encuentro con el Diablo; Arvelo Torrealba, Machado y Mirabal, lo muestran victorioso, pero Gallegos tal vez acercándose más a la leyenda sabanera, señala que “a Florentino se lo llevó el Diablo”. 

Esta obra fue musicalizada y grabada inicialmente por Don José Romero Bello y El Carrao de Palmarito y, más tarde por César Bernal y Alexis Unda. Para finalizar se copian parte de las versiones de Machado y Mirabal .

El Diablo 
Zamuros de la barrosa, 
Del alcornocal del Frio 
Señores, les pido albricias 
Pues ya Florentino es mío 

Florentino 
Zamuros de la barrosa 
Del alcornocal de abajo 
Miren ahora, señores, 
Al diablo pasá trabajos 
(Machado) 

Florentino 
Llaneros del Alto Llano, 
Llaneros del Llano Abajo, 
Ahora mirarán, hermanos, 
Al Diablo pasá trabajo 
Válgame la virgen pura, 
Santísima Trinidá. 
El Santo Niño de Atoche, 
San Pedro de Bogotá 
(Mirabal)


 La Piqueria es el duelo cantado entre dos o más personas, en el cual las armas de los contrincantes no son otra cosa que la inteligencia y su natural disposición para desafiar y responder en cuartetas o décima.

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