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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

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12 de enero de 2016

Mas Leyendas sobre el diablo cantador

Es realmente interesante ver como en  distintos países se han escrito leyendas relacionadas con cantos de Porfía en los que el Diablo, en rol retador, pretende derrotar al cantador de más fama del lugar. En algunos casos, el Diablo triunfa como se ve en Cantaclaro, y en otros, la mayoría, es vencido por el contrincante aunque éste último, no siempre sale ileso.

Además de las leyendas  mencionadas por el Profesor Carrero en la entrada anterior, tales como "La Carnavalización del Diablo", de origen chileno y  "Francisco El Hombre" de la cultura colombiana, y Florentino, Nepomuceno Guerrero y Nicanor, venezolanas; podemos mencionar al muy famoso gaucho Santos Vega, payador de las pampas que también se enfrentó al “maligno” representado por un personaje llamado Juan Sin Ropa y resultando vencido. Esta historia, ha sido llevada al cine y teatro y varios poetas se han inspirado en ella.  Se dice que Santos Vega existió, era oriundo de la provincia de Buenos Aires, y  vivió alrededor de 1830.

En nuestra Venezuela tenemos también a Federico y Mandinga, escrito por José Jimenez, el Pollo de Orichuna, en la cual Federico y Florentino eran amigos y habían contrapunteado juntos, pero Mandinga  quería  llevarse a uno de los dos. Federico también venció al Diablo, pero después lo encontraron, como a Florentino Lovera, medio muerto y "asombrao" para el resto de su vida.

Florentino Coronado deja la leyenda a su espalda:

"A Florentino se lo llevó el Diablo"

En el caso de Francisco el Hombre, no hubo un desafío directo, sino que "alguien" respondía la música que Francisco interpretaba con su acordeón mientras hacía una travesía. En este caso Francisco venció al recitar el Credo al revés, como único recurso que tuvo a la mano. El Diablo en este caso, sencillamente desapareció sin daño para Francisco.

El Diablo cantador tiene en cada leyenda un aspecto diferente,  lo cual es perfectamente entendible en su condición de "diablo". Florentino se enfrenta a un "indio de grave postura", Federico a un indio Guahibo, Germán Fleitas Beroes en su Majada, pinta un "negro dientes de oro con la lengua colorá", Florentino Lovera y Nepomuceno, cantan con un hombrecito al principio insignificante, tal como Juan Sin Ropa, el retador de Santos Vega.

Santos Vega es vencido :
Ni aún cenizas en el suelo
de Santos Vega quedaron
y los años dispersaron 
los testigos de aquel duelo
pero un viejo y noble abuelo
así el cuento terminó:
-Y si cantando murió 
aquel que vivió cantando
fue, decía suspirando
porque el Diablo lo venció

En la mayoría de las versiones, el Diablo es un cantor a la altura de los copleros, pero en el caso de Santos Vega, la voz, presuntamente muy hermosa, superaba la del payador .

En fin, cada leyenda tiene  una imagen de cada personaje y un final diferente. 

Para Arvelo Torrealba:
En compases de silencio

Negro bongo que echa a andar

¡Salud, señores! El alba

Bebiendo en el paso real

Para Fleitas Beroes:
"Con el perfil de la luna
se volvió una llamará
era el Diablo compañeros
esa es la pura verdá"

Para Gallegos, a pesar que presenta la imagen del Diablo en forma difusa, plantea una escena antes del encuentro final, donde  la alborada hace que se retire:

 "Se oye un alarido espantoso, de rabia y de quemadura de brasa viva en la carne, ruedan por el suelo las maracas y en el rincón, junto al arpa, donde estaba el catador ( sic), se desvanece en el aire una humareda de azufre .Y la concurrencia exclama:-¡Ten cuidado Cantaclaro! Era el Diablo y se ha ido porque escuchó el canto del gallo que anuncia la hora en que empezó la Pasión del Señor; pero ya volverá a buscarte en cuanto los sayones apeen a Jesucristo de la Cruz!


 Para El Pollo de Orichuna y Federico:
 
No volveras a cantar
ni serviras para nada
me miraras en tus sueños
y donde quiera que vayas
sueña con el retador 
de la oscura madrugada
el que te dio la paliza
el hombre de las uñas largas
Para Nepomuceno Guerrero, luego de mencionar "la magnificat", desaparece en medio de una humareda, dejando impregnado el lugar, con un fuerte olor a azufre..... 



3 de mayo de 2014

La Rubiera: Su Origen



Imagen tomada de ESTADOS DEVENEZUELA: GUARICO

 Casi cuatro distritos del estado Guárico abarcaba en los más lejanos tiempos el legendario hato de “La Cruz Rubiera” o “La Rubiera”, como se le conoce con mayor claridad. Está ubicado en las inmediaciones de Cazorla. Fue fundado en 1775  (en esa fecha confirman la propiedad de la tierra) por Don Sebastián Sánchez Vélez, cuya genealogía se ubicaba en Mier, aldea de Oviedo, y Terán , aldea de Santander, al norte de España.

Hasta las primeras décadas de este siglo (XX), cuando era propiedad del último rubio, el doctor Francisco Mier y Terán, el hato La Rubiera abarcaba 180 leguas cuadradas de sabanas, que iban “empezando en el morichal de Herrera y terminando sobre el Apurito, en Macanillal y en Aruaca, con dominio sobre la zona de Golfo Triste, desde la desembocadura del  Aguaro en Apurito a la Punta de Manapire.  Además ,  Cara, en la isla de Apurito,  comparadas estas últimas por el Dr Francisco Mier y Terán a Luis Rivero en 1886”, según testimonio de Horacio Cabrera Sifontes.

Así  se refiere Oldman Botello al Legendario Hato La Rubiera, en artículo publicado en una revista  denominada  ESTADOS DE VENEZUELA: GUÁRICO,  publicada  en septiembre de 1980, por el Banco Mercantil y Agrícola.

Creo que nunca se perderá el interés por este hato dada su trascendencia en la tradición y cultura popular llanera, no solamente por las dimensiones que llegó a alcanzar, sino por las historias que se tejieron a su alrededor.

Hace aproximadamente un mes, leí con avidez el libro de Horacio Cabrera Sifontes, llamado La Rubiera, donde describe, muy a su estilo de  ir al fondo de las leyendas,  la historia de la creación de este inmenso hato que llegó a ser el más grande del país.

Y precisamente un poco de ese  libro, quiero ofrecerles en esta entrada, ya que se trata de una obra que no se consigue con facilidad, y que nos describe mucho llano.

Don Sebastián Sánchez,  creador del hato, consiguió  tener una propiedad donde nunca faltaba el agua y que se convirtió en un paraíso para los animales propios de la región que andaban libres por esas sabanas, constituyendo  uno de los encantos y riquezas  del mismo.

19 de enero de 2014

La Leyenda del Primer Lunes de Agosto (Leyenda de El Yagual)


El hato Matapalo, antes de ser adquirido por una compañía inglesa, perteneció a Jesús María Hernández de quien se dice que tenía poderes sobrenaturales y que había hecho un pacto con el diablo.

 Esta creencia se tiene por un hecho ocurrido un primer lunes del mes de agosto cuando todos los llaneros del hato habían amadrinado un rodeo con aproximadamente 200 terneros, de pronto divisaron a un jinete vestido de blanco que entró en el hato de don Jesús María, quien se aproximó a hablar con aquel hombre. 

Pasadas dos horas, regresó al lugar donde se encontraban los peones, dio la orden de que soltaran al ganado asegurándoles que ese era un día de fiesta y que nadie trabajaría, argumentó que era el cumpleaños de su socio y que esa noche en el hato iba a estar dedicada al baile con arpa, cuatro y maracas. 

Más tarde ocurrieron sucesos inexplicables como la muerte de dos caporales y la negación de los llaneros a trabajarle, situación que lo llevó a la venta del hato y a su misteriosa desaparición. Luego de esto la comunidad comenta que ese día fue el nacimiento del diablo, considerando esta fecha supersticiosa. 

Tomado de los cuadernos del IPC, Apure, mun Achaguas.

26 de septiembre de 2013

Las Cadenas del El Baúl, estado Cojedes

Freddy Escalona Rangel, perteneciente al grupo  de amantes de las crónicas, leyendas e historia de nuestros llanos, publicó en su portal facebook en el día de hoy un texto relacionado con  las cadenas que han permanecido por años en la carretera hacia El Baúl frente al Hato El Socorro. Las han asociado con leyendas de ánimas aunque existe la versión "terrenal"  basada en el uso que antiguamente para deforestación.
Pero como leyenda o como vestigio del pasado, las consideramos  de interés para Vivencias Llaneras, por lo que les ofrecemos las explicaciones y algunos de los comentarios publicados en facebook
.


"En el lado derecho de la carretera, aproximadamente a 9 kilómetros antes de llegar a El Baúl, hay dos enormes cadenas de más de 100 metros de largo cada una, que atraen la atención y despiertan la curiosidad de quienes transitan por estas tierras llaneras. Sobre el origen de las cadenas se escuchan diversas leyendas... pero dicen igualmente esas leyendas que quienes saben la verdad sobre las cadenas no la puede contar, porque les cae “la maldición de las ánimas de las cadenas” con todo su peso, y vivirán la eternidad encadenados con grillos en sus pies.
Cuidado!!! Las misteriosas cadenas se encuentran exactamente en el Hato El Socorro, a 25 metros del borde de la carretera que va de la población de Tinaco hasta El Baúl, en el estado Cojedes. Cuenta la leyenda que una expedición de los conquistadores españoles por el año 1740, encontró en los cerros de esa región un inmenso cajón de madera con dos cadenas colosales. Los conquistadores pernoctaron una noche guarnecidos dentro del cajón y con las bestias amarradas a las cadenas. Al día siguiente continuaron la marcha y llegaron a la confluencia de dos ríos donde había una comunidad indígena. Allí se quedó un sacerdote con algunos españoles y el resto continuó hacia el sur. El sacerdote fundó un pueblo católico y para construir las primeras casas utilizaron la madera de aquel gran cajón o baúl que estaba con las dos cadenas. El nuevo pueblo se llamó “La Misión de San Miguel del Baúl” y con el transcurrir del tiempo el nombre quedó reducido a El Baúl solamente. Hoy en día sólo quedan las dos cadenas y esta leyenda que forma parte del folclore llanero. Cada eslabón pesa 70 kilos y está hecho de acero macizo, sin empates o soldaduras visibles. Como dato curioso, las cadenas de célebre Titanic son idénticas a las Cadenas Misteriosas o Milagrosas de El Baúl”. OSWALDO JOSÉ OROPEZA CARPIO
Alirio Acosta Ese es el cuento que he oido siempre de los habitantes más viejos (edad) de El Baul... Sin embargo estas cadenas no dejan de ser un misterio para todo mundo en vista de que su verdadera historia se esfumó con el correr del tiempo... y solo queda el legado de "Leyenda"...

 Jose Arvelaez Anzoategui Trabaje por año y medio en el Baúl, según anécdotas de muchos pobladores, estas cadenas fueron traídas por una compañía extranjera para desforestar una gran extensión de bosques. Estas cadenas eran sujetas a dos D-8 (por cada punta) y arrastradas para deforestar.

Antonio J. González-Fernández Las cadenas están del lado derecho de la carretera yendo hacia El Baúl, exactamente frente a la entrada del hato El Socorro.

Convecar Carne La historia es otra, y se tiene que ver con los años de progreso y de crecimiento de la ganadería venezolana en la década de los 50 y 60. Esas cadenas fueron empleadas para deforestación con maquinaria pesada cuando C.A. INVEGA fundo los poteros del hato El Socorro, hoy lamentablemente invadido y expropiado. La cadena se enganchaba a varios Caterpillars y, literalmente, se arrancaba toda la vegetación que se encontraba en el área cubierta con gran eficiencia...

  • Antonio J. González-Fernández Eso es correcto... pero la leyenda crece y atrae a muchos que por curiosidad quieren conocer las cadenas. Lo que sí es cierto es que son idénticas a las cadenas del ancla del Titanic.






15 de septiembre de 2013

Paulino y Custodio Quendo

Esta leyenda, en la misma tónica de nuestro ícono nacional Florentino y el Diablo, plantea un contrapunteo entre un cantor llanero llamado Paulino el Turupial (coplero) y Custodio Quendo personificando al  Diablo,  musicalizado y escrito por José Romero Bello con la voz del  Carrao de Palmarito, con cambios entre Pajarillo y Chipola tal como se grabó el famoso Florentino y el Diablo.
El autor usa algunas expresiones del poema de Arvelo y en  general se maneja en forma similiar, salvo el final en que ambos copleros desaparecen.


 

Llama nuestra atención que en un poema de la pluma de Victor Vera Morales, Custodio Quendo es mas bien el coplero. Les copiamos el referido poema:



CUSTODIO QUENDO Y EL DIABLO

Mi nombre es Custodio Quendo
Y vengo de Tucupido
Y me siento complacido
Que ustedes me estén oyendo
Alma que te vas durmiendo
Dale tono a tu alegría
Que se acerca la porfía
Y el Diablo espera sufriendo,
Aquí le estoy repitiendo,
Yo soy de Santa Lucía

Yo soy de Santa Lucía
Y la voz quedó en suspenso,
En usted Custodio pienso
Habló el Diablo en alegría
No creo en la valentía
Que en estos rumbos le han dado
Y mil veces he cantado
Con otros que tienen fama,
Acérquese: mi voz lo llama
Para dejarlo plantado

Para dejarme plantado
Y lo dice con desprecio
A mí no me asusta necio
Ni Diablos enmochilados
Perro que ladra amarrado
No muerde ni de cerquita,
Y aunque su piel es negrita
Y su mirada es candela,
No me asusta su manera:
Yo tengo una virgencita

El Diablo salió corriendo
Rumbo al infierno lejano
Y esta conseja en el llano
Todavía está viviendo
Pero un traidor fue siguiendo
A este Custodio valiente,
Y en El Socorro, vilmente
Lo esperó una madrugada
Y de cuatro puñaladas
A Custodio le dio muerte

2 de junio de 2013

Leyendas de Barinas: El Espanto del Foco

El Espanto del Foco
(Leyenda de Torunos, estado Barinas):
 
Cuenta la leyenda que en el poblado llamado vía La Luz existe un espanto que aparece a los pobladores y visitantes que transitan por un lugar llamado Mojayepero, que atañe al alma en pena de un hombre llamado José Yépez, quien fue hallado muerto al lado de una mata de mango. La causa de su muerte no ha sido aún esclarecida, pero existe la suposición de que se encontraba enfermo por lo que pudo ser una muerte natural. Sin embargo los pobladores comentan que el difunto fue sepultado con todas sus pertenencias e incluyendo en ellas su linterna que, según comentan, cuando se aparece el espanto muestra un foco que pasan muy cerca del lugar donde fue enterrado. A pesar de ello los barineses no le temen al ánima porque en sus apariciones nunca ha dañado a nadie y no sienten temor ante su presencia, razón por la cual le piden milagros, pero hasta los momentos no hay testimonio de que haya concedido alguno. 

Tomada del cuaderno de Patrimonio Cultural IPC Barinas

25 de abril de 2013

Nicolás Llovera, Mito y Leyenda de Guardatinajas

Nicolás Llovera
 Un criador de mucha fama 
Sobre el pié de un merecure
 El caballo lo amarraba 
Aguardiente para todos 
Y así el otro día cancelaba 

Guardatinajas-Dámaso Figueredo

 En el maravilloso libro de relatos del poeta Luis Alberto Crespo, denominado Llano de Hombres, se incluye algo de la historia de este famoso personaje que se convirtió en una leyenda. Nos encanta la prosa del poeta Crespo, por lo que copiaremos textualmente casi todo su relato: 

“Entonces el viejo comenzó a morirse. Esta vez era verdad. Sus herederos revolotearon sobre sus tierras vacías como zamuros, pero allá en El Rastro, en las galeras del Pao, en los montes de Cojedes y en los caños y costas del Portuguesa, los llaneros no saben todavía como llamarlo en este mundo y se enredan al hablar de él con el presente o el pasado en que se convirtió su vida de 92 años y los otros muchos que le regaló la leyenda. Así lo nombran ahora en Guardatinajas y lo vuelven a ver llegar de “Tigrito”, el hato de los Landaeta, donde apareció como caballericero. De allá venía o viene con un puño de reses, un rucio renco y una yegüita, corrido de esos montes porque se llevaba todo el ganado alzado en el aro de su soga. 

No duró mucho en las sabanas guardatinajeñas. No le gustó el punto, decía un negro Orozco. Y salió Manuel Sandoval, el compadre suyo, y se lo llevó para donde dicen “Ojo de Agua”. Ahí se paró un tiempo y de “Ojo de Agua” tuvo también que irse. No lo quería su vecino Francisco Llamozas porque su ganado mostrenco y cachilapo no escapaba a su pericia de enlazador. Y cogió ala y tocó la puerta del hato de los Loreto. Vino pidiendo un cuarto de tierra para él, su ganado y su gente. Don Ángel Miguel le facilitó la sabana que llaman San Miguel, en la costa de Caño Rico, cerca de Chirgua, ese río tigrero que pasa por Los Araguaneyes, el hato que fue de Juan Vicente Gómez. 

El cuerpo de Nicolás Llovera en esos años era así: alto, duro, la mirada rayada como el ojo del tábano, las manazas de templar el chicote, de barrear y guayuquear en los rodeos y siempre en un caballo ligerísimo, duro e´lomo, buena rienda, especial lo que se dice un caballo para encaramárselo a un toro cachalero en un poquito de sabana o para cortarle el barajuste en el monte más cerrado. Zamarro, lámparo, astuto, ya era considerado la mejor soga de esas soledades. 

Desde los corrales de San Miguel, miraba ávido las tierras gomeras y no tardó mucho en colarle su soga de cuero a los torazos y a las vacas del Dictador, sin temerle a sus obreros y matones. Apenas se subía la luna, allá iban él y su gente. Años y mas años vivió así. Un día le llegó a un señor Borrego. Cargaba los bolsillos hinchados, gordos de real, dice la vocesota de Simón Loreto, que lo conoce desde cuando todavía no había cogido ala, y le compró legua y media de sabana a ese hombre. La llamó “La Fe”. Lejos, por “La Guacharaca”, por “Oreja e´ ratón” y se mete una legua de tierra que va a dar al Chirgua. Un gran rumor llega hasta las casas de ese hato: son los palmares que flanquean sus potreros. 

 Hasta “La Fe” vino un campesino de las costas del Portuguesa. Llegó como alucinado en busca de Nicolás Llovera. Que había encontrado un tesoro, le dijo, que le facilitara un buey para cargar el cajón. Y Nicolás Llovera le pide detalles, tú estás loco chico. Y esa misma noche se fue solo hasta donde estaba el tesoro, lo desenterró y lo escondió más allá. En la mañana fueron juntos al lugar, ¿te fijas, que tú estás loco, que aquí no hay nada?. Desde entonces su fortuna fue una confusión de cachilapos gomeros y dinero enterrado y traspuesto. Con esa historia anduvo en boca de los llaneros del Guárico, de Cojedes, por ahí, por todo eso. El ganado cogido se apretaba en los corrales de su hato. Tanto, que el hombrón y el ganadaje no cabían en las tierras de “La Fe”. 

Un día supo que Gómez había muerto. Sus caballos conocían de memoria los lambederos y los chiribitales del dictador. “Esta vez atravesó las sabanas de Gómez sin riesgo alguno, llevando el lazo abierto bajo el sol de las doce. Desde siempre le tenía el ojo puesto a “Los Araguaneyes”. Le gustaban esas sabanas y esos montes donde su arrojo y su precisión de enlazador habían cargado con miles de reses. Y fue suyo. Y también “Las Mercedes” y “Santa Cruz” y “Corralito” y “Matagorda”. Más de 40.000 hectáreas y más de 30.000 cabezas pastando en ellas, cogidas a punta de soga, de ambición y de insomnio. 

Pero su casa era “Los Araguaneyes”, era su sueño realizado: como si fuera todavía un simple caballericero y quesero de “Tigrito” colgaba su chinchorro afuera, en los corredores, entre las espuelas, los aperos y los látigos, en medio de ese olor a cochinera y cuero crudo, sin preocuparse de sus enemigos y salteadores de caminos. Y comenzó su nombramiento. Desde El Tinaco hasta El Rastro, desde Calabozo hasta el Paso del Caballo, desde Cazorla hasta El Baúl. Su poder estaba en la vista y en la memoria. 

Los peones decían que “adivinaba lo que estaban haciendo o lo que iban a hacer”. “O sabía apenas asomaba el polvo por el camino, a qué venían los visitantes, aquel viene a pedirme prestado, a quitarme los chuzos, ése es un hipócrita, ése de allá viene a pedirme carne. Se rodeó de incondicionales, crió a 14 muchachos para que fueran sus peones de confianza. Nunca promovió entendimiento entre ellos y cada uno era el espía del otro. Se unió a varias mujeres, que jamás lo hicieron feliz. 

 Sabía que todos aguardaban su muerte para heredar su fortuna, Pero nunca se moría. Nunca lo mató un caballo, ni un toro. Cuando se le trancó la orina pensaron que era el fin. Y se salvó. Lo curaron dándole un remedio, un poco de patas de grillo metidas en agua hirviendo. Compró brandy por cajas. Se bebía dos litros diarios. Se acostaba borracho, se despertaba a la una de la tarde, comía desaforadamente carne pisada, grasa de cerdo, mantequilla de queso, frijoles y hueso de venado y terrones enteros de papelón y volvía a beber. 

Tuvo 40 años, tuvo 70, llegó a los 80 y siguió y bebía igual e igual era adivino y más y más rico, sin confiar en nadie, sabiendo que todos sus millones se volverían sal y agua en las manos de los suyos. Y así fue. Su hijo adoptivo, Ramón, liquidó el ganado y sus otros familiares se disputaron zamureando hasta el último centavo de sus millones. 

De esa inmensa fortuna, solo queda la sabana sola, esos montes de “Sabana Grande”, “El Cachal”, “Los Quemaitos” y los coñales del Chirgua. Tuvo 200 gatos. Sacrificaba vacas para alimentarlos. Sus cochinos tenían inmensos colmillos. Los peones se los arrancaban a martillazos y los capaban a sangre fría. Sangrantes y ululantes los echaban en charcas pestilentes porque el viejo decía que la inmundicia era una gran medicina. “El Viejo” comenzaron a decirle en esos días. 

"Se le fue yendo la vista de sus ojos rayados, entre azules y verdes, con los que había reunido tantos millones y tanta leyenda. Ya no se subía a los caballos. Le nació una barriga de sapo y unas pecas que parecían escupitazos. Se compró un Cadillac negro que lanzaba por esos barriales y polvaredas". "Le gustaba tanto la carne que se llenaba los bolsillos de asaduras cuando salía a la sabana.” “Ciego, imaginaba a su familia detrás de sus 90 millones de bolívares y sus tierras pero lo único que le interesaba era el brandy y los menjurges que le devolvieran su perdida vitalidad viril. 

"Así lo vi, en su chinchorro, allá en “La Fe”, tratando de quitarse la ceguera con un pañuelo de tela de algodón. Esa tarde confesó que le gustaba estar solo, que no quería a la gente, que no necesitaba ni de hombres ni de nada. Y recordó al muchacho que había sido, vendedor de pan de hornos y leña en El Rastro, hijo de un general de Castro, de esos de antes, Feliciano Llovera, a quien conoció en una gallera. "

El poeta Crespo cuenta los recuerdos de Nicolás: “Yo fui coleador, arreador, quesero, enlazador. Yo enlazaba hasta el diablo. Mientras los otros dormían, yo andaba cachilapeando”. “En Caño él medio le pequé una soga a un bicho. La Yegua en que yo andaba me coleó y me cayó encima. Me di duro en la cabeza. Estuve loco. Después me mordió un zorro que tenia mal de rabia en el brazo. Me prendieron fósforos en las heridas. También enlacé a un tigre. Uno lo enlaza como si fuera ganado. Me bajé del caballo y cuando fui a matarlo me baboseó. Le dejé el cuchillo dentro” 

Yo quiero a toda vaina del llano, a todo animal. El día que yo me despierte a las 9 de la mañana estoy listo

9 de febrero de 2013

La Leyenda de Apure

LA LEYENDA DE APURE

LECTURAS DEL APURE LEGENDARIO
Francisco Castillo Serrano

La luna de abril inundaba de claror la sabana, las ribazones de coporos borboteaban en el majestuoso padre río, la playa repleta de tortugas simulaba cuentas de un rosario silencioso en oración al Dios grande de las aguas, nubes de garzas y corocoras pincelaban el cielo azul, infinito y prístino, jugueteando con los rayos del amanecer, embelleciendo la sabana en su esplendor. 

La brisa fresca de la mañana acariciaba el tostado rostro de Apur quien sobre la barranca del padre ünibe, río, dominaba la llanura perdida en el horizonte. Desde lejos la imagen del guerrero deslumbraba por entre los rayos del sol naciente, mientras el canto de alcaravanes quebrantaban la melodía silenciosa de aquella inmensa soledad. Guayuco de lienzo resinoso, una manta terciada hecha de palma de moriche teñido con savia de paraguatán, cubrían el hermoso cuerpo otomaco de Apur, rojizo, por la unción ritual del onoto, y rigurosamente adornado con dientes de caimán, conchas, caracoles, huesecillos de mono, semillas, esqueletos de coleópteros y “la quiripa”, multitud de cuentas cruzadas a medio lado. 

El estoico Apur lucía imponente sobre la torrentera, pensativo, melancólico, perdida la mirada, mientras un corro de canoas surcaban las aguas terrosas tras el huidizo valentón, fácil presa para el arpón y la flecha. 

El espíritu del agua, de las cosas, de los animales, de las plantas, de las piedras, de los bosques, de ánimas benéficas, transmutaron como en la evolución mitológica en Dioses maléficos y vinieron con la noche hace muchas lunas. Kerre, la luna de su culto divino les mostraba en sus movimientos la regulación del tiempo, las bases de su cronología, y su legendario origen indígena en las pléyades y demás constelaciones siderales. 

En el último culto a la madre luna, Apur y sus hermanos achaguas, cuibas, taparitas, guahibos, chiricoas, guamos , sálivas, yaruros y otomacos, tomaron arrebatadamente sus armas, corrieron y gritaron sin compás, aporrearon sus flechas contra los arcos en señal de indignación, rogaron y pidieron a la madre luna que no muriera; y por más súplicas, por mas llanto ella iba menguando, decreciendo sensiblemente sin darse por entendida, huyeron a sus chozas , lloraron la enfermedad de luna; las mujeres ofrecieron clamores y cantos, para que luna se alentara y no feneciera. Conjuros, dádivas, alhajas, cuentas de azabache y vidrio, collares y preseas; ruegos y mas ruegos, y como hechizada, la luna se conduele y va recobrando su luz mientras prosiguen las plegarias, quedando entonces entera y clara, y agradecido Apur celebró con sus hermanos cuya voz poderosa enterneció y movió a luna a volver sobre sí y no morirse. 

 En el último culto, turbonadas, truenos y centellas visitaron el erial de Apur, la madre luna se ocultó tras la bruma por siete soles, siete días tenebrosos que impedían ver su luz, Apur armado de arco y flechas lanzó retos a erre, el sol, por la libertad de su madre kerre , la luna, las mujeres arrojaban a la luna brazaletes para invitarla a volver de su eclipse, vertiendo lágrimas infinitas a fin de enternecerla, APur lanzaba cuchilladas al aire en ademán de rasgar el velo de la luna, cavó la iba, tierra, y extrajo las semillas que sería desafortunadas y no germinarían sin la presencia de la madre; turbó el sueño de los niños para que no les saliesen paños lunares en el rostro, porque la opacidad de la luna consiste en un derrame de sangre. Apur siguió desconsolado por la muerte de su madre luna, tomó el arco y su carjac y corrió desesperado hacia las altas montañas guiado por el oripopo y el viento fresco de la sierra, subió la empinada cresta e imploró a la madre luna, retornara a su llano, a su vida; luna no escuchó el lamento y Apur gritó desesperado sobre los riscos de los páramos y lloró desconsolado con dolor lacerante; lágrimas copiosas rodaron por su rostro fluyendo entre las rocas de la hermana tierra; aún solloza Apur y su llanto alimenta el torrente de los chamas, los torbes, uribante y caparo, que inundan la sabana con su pena, portadora de muerte y soledad, y cuando la hermosa kerre, luna, para calmar la aflicción de su hijo, muestra su hermoso rostro en algunas noches de invierno, Apur, convertido en espejo de sabana inundada refleja su claridad indicando a su pueblo el retorno de la madre esquiva y eterna. 

Nota: las palabras indígenas son lengua Achagua

27 de enero de 2013

La Caimana de Faoro

El musiú José Faoro, de origen italiano, hombre trabajador y bondadoso, se estableció en el viejo San Fernando hasta su muerte ocurrida en 1972. 

La caimana que crió desde pequeña y que fue la atracción local por más de 60 años, constituye parte del anecdotario sanfernardino del siglo XX La caimana fue “adoptada” por José Faoro con tan solo 3 días de nacida. 

Según la investigación efectuada por Manuel Abrizzo, y publicada en el libro APURE ADENTRO, a la caimana le pusieron como nombre “El Negro”, pensando que era macho, pero después, al comprobar que era hembra, se llamó “La Negra”. 

La caimana dormía en el pecho de su dueño y andaba a su antojo por la casa. En el patio de la casa, le construyeron un estanque con rampas para su disfrute y solaz. Cuenta don Manuel Abrizzo:

 “Don José Faoro, había nacido en Brescia, Italia en 1897. Se vino a Venezuela a la edad de 15 años y se radicó en Los Teques, donde conoció a un paisano apellidado Danello, quien lo lleva a San Fernando. Aquí montaron una joyería. Luego Faoro compró una casa en la calle 24 de Julio y allí instala su famosa joyería”.

Se casó con la apureña Ángela Filomena Estévez con quien, a pesar de no tener hijos propios, criaron doce. Al parecer, Don Faoro se dedicaba además a elaboración de medicinas naturales para tratar el cáncer, hongos, asma entre otros y se hizo famoso con un preparado llamado “Felisbesta”, recetado para el ganado. Igualmente realizaba actividades de comercio con plumas de garza y pieles de caimán. Faoro era amante de la fauna. 

Nos cuenta a su vez don Francisco Serrano Castillo en “El Último Violín”: 

Imagen Manuel  Abrizzo
“Entre aquellas curiosidades se contaban una grulla, que Faoro peinaba en su regazo al amanecer, para luego volar libre y elegante por el cielo de San Fernando; un casar de puerco espines, compañeros inseparables de sus diarias caminatas por la plazoleta Sucre; dos cunaguaros y un enorme tigre, fieras amaestradas a tal extremo que sus necesidades las cumplían en el sitio destinado a los humanos y, como creado por la fantasía, la no menos sorprendente domesticación de una caimana de unos cinco metros la cual llamaba El Negro. El animal comía en sus manos y muchos curiosos posaron tendidos sobre ella; por las noches abandonaba su estanque, dirigíase a la habitación de la pareja y descansaba su descomunal cabeza en el lecho donde yacían. 

Recorría la estancia con mansedumbre, apostándose en el negocio para asombro del vecindario, exhibía algunos colmillos de oro que el orfebre implantó en sus fauces.” 

 El animal se convirtió en una atracción y era visitado por gente proveniente de otros destinos. Se comía diariamente tres kilos de pechuga o muslo de pollo, que podía sustituirse eventualmente por carne o pescado de mar, nunca de río. Cuentan que jamás la alimentaron con animales vivos. 

Don Faoro murió en julio de 1972. Contó doña Ángela que cuando trajeron el ataúd con el cuerpo de Faoro y lo colocaron en el salón, Hernán Falcón, uno de los muchachos criados por la pareja, se fijó que la caimana se dirigía hacia ellos; por lo que colocaron el cajón en el piso. El animal dio entonces un salto y se montó sobre la urna, lo cual fue interpretado como una manifestación de dolor.

 Muerto Faoro, la caimana pasó cuatro meses sin comer. El animal durante cuatro años no volvió a entrar en la habitación de la pareja. 

La Negra, de 67 años, murió en 1992 y su cuerpo fue embalsamado con las fauces abiertas, colocado en un cajón de vidrio y ubicado a la entrada de la casa de la familia. 

Para darle el toque pintoresco propio del llanero, colocamos a continuación unos versos informales del poeta Fleitas Beroes, dedicados a su sobrino.

Pablo, como estas en Guayabal 
Y el tiempo se está pasando 
Me buscas en San Fernando 
Un joropo instrumental. 
Compra el toro de El Moral 
Y para botar mi pava 
Si no encuentras una baba 
Metida entre una macolla, 
Me le robas a Montoya 
El Caimán de Boca Brava.

DUDA. 
Ese caimán bolas de oro 
No debe ser tan jembrero, 
Ya hubiera puesto un ñemero 
la caimana de Faoro.


Y hablando de Francisco Montoya y de caimanes, aquí está  "El Caimán de Boca Brava"

   

Fuentes Consultadas: Apure Adentro, Ministerio de Planificación y Desarrollo, con textos de Manuel Abrizzo y El ültimo violín de Francisco Serrano Castillo.