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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

4 de octubre de 2011

Mas de Eladio Tarife

De la pluma llanera del poeta Barinés Guillermo Jiménez Leal, queremos hacer también un pequeño homenaje a la Pluma de Oro del Llano, Don Eladio Tarife. Este artículo fue publicado recientemente en la revista Llano record y me encantó por su poesía y sensibilidad:

"Una garúa deja caer sus hilos finísimos y frescos, como primas de arpa sobre la mañanita, en pleno llano. El olor a bosta se confunde con los efluvios de hierbabuena y mastranto que despiertan las gotas de agua. Cantos de chenchenas y alcaravanes, alternan, acentuando la polifonía. Con suaves bramidos, casi con música de cobres graves, se escucha la becerrada inquieta, esperando el viaje hacia el mamanto. Alguna vaca, levantando el hocico, también brama como de consuelo para su recién nacida cría, allá en el corral, esperando el ordeño. Un muchacho zagaletón, se rasca la cabeza en la puerta del rancho y se aprieta el gorrete; la camisa abierta y los pantalones chupulunes, cortados de uno viejo y mas grande, apenas conservan la bragueta cerrada, abajito del mecate que los sostiene a la cintura. El muchacho ya decidido se lanza hacia el corral, rejo en mano y pies descalzos, sumiéndose apenas en la tierra recién mojada. El chaclán del barro lo delata y algún becerro se espanta. Un cantío de gallos se orquesta con los ronquidos espaciados de algún araguato, en una mata cercana. De tiempo en tiempo, un tábano zumba junto al ganado. Al lado, en el chiquero, un marrano se barajusta. En la cocina, voces de mujer murmuran rutinas del fogón, mientras le arriman las tusas, soplando, a las topias donde se refugia la candela de ayer. Había comenzado otra jornada para Eladio, el becerrero de Las Moritas, fundo ubicado al otro lado del río Guanare y del Guanare Viejo, donde había nacido un 7 de junio, allá por 1931. Genaro Yajure, también peón de fundo, supo enamorar a Gregoria Tarifa, ya así la tierra arismendeña recibió a su eximio cantor".

"Cuando de fundó la primera escuela de Arismendi, la Escuela Graduada “Unión”, Doña Gregoria mandó a su hijo al pueblo, casa de su hermana. El maestro de la recién creada escuela era Ramón Villegas Izquiel, personaje de una remarcable cultura, amante de las letras y las Bellas Artes; además poeta, aficionado a la música y animador cultural. Fue él quien trajo a esas apartadas regiones, la primera guitarra que Eladio vio. Eladio había visto en esos predios sabaneros, bandolas y cuatros, con los que se animaban los bailes y las fiestas casuales, y siempre mostró una viva inclinación por la música. Becerrero al fin, le cogía gusto a las coplas madrugadoras con las que le tocaba llamar a las vacas y hasta improvisaba algunas. En una ocasión, el maestro Ramón Delgado, viendo su curiosidad, le fabricó un cuatrito de Caracaro, y se lo encordó con tripa de Puerco Espín, animal al que los lugareños llamaban Runche, dicen que por el fuerte olor de la orina. Pero Eladio apenas logró sacarle al instrumento uno que otro acorde. Su hermano o mayor, el coplero Luis Hernández, se lo quitó y lo regaló a otra gente, arguyendo que todos los “cuerderos” paraban en borrachos; tendría nuestro muchacho unos siete años.

Sin embargo, un acontecimiento inesperado acentuó a aún mas el apetito musical de Eladio Tarife: De lo lados de Cunaviche, en Apure, llegó al hato un llanero llamado Bernardino Raya, con un arpa terciada y arte para tañerla. Eladio cuenta que a la hora que el maestro afinaba el instrumento, él se acercaba, sigilosamente, por el otro lado de la pared, a escuchar los registros.

La musicalidad de Eladio se refugió entonces en la guitarra que el maestro, cuando no la tocaba, guardaba en la Dirección de la Escuela. Bastantes años más tarde, la recordaría con acendrada emoción cuando escribió:

ven acá guitarra mía
Ven a hacerme compañía
Cantemos una canción
Tú que fuiste la testigo
La que siempre va conmigo
Y sabes bien como fue….

"Como en muchas escuelas de la época, en las fechas conmemorativas se realizaban actos culturales con la participación de los alumnos y del Maestro. Allí tuvo Eladio la oportunidad de dar rienda a sus talentos literarios, componiendo coplas para situaciones y personajes que el maestro le indicaba".

"Pero este extraordinario maestro (Ramón Villegas Izquiel) “hizo otros aportes al hirviente mundo interior de nuestro poeta barinés. Nunca olvidará Eladio, las ocasiones , cuando su preceptor empuñaba las seis cuerdas y, una vez afinadas, cantaba viejas y nuevas canciones, de esas que se escuchaban en la Radio, momentos en que el embeleso se apoderaba de aquellos balbucientes espíritus. Y un punto excepcional en aquella invalorable heredad: un librito recién editado, que el maestro guardaba como un tesoro: “Glosas al cancionero” del también barinés y poeta Alberto Arvelo Torrealba. El maestro solía terminar sus clase con la recitación de poemas de su afecto, siendo aquel librito uno de sus preferidos. Desde los primeros versos, aquellas décimas produjeron una tan especial intensidad en Eladio que se convirtieron en su alimento diario; hasta tal punto que se sintió impelido a -en sus propias palabras-robarse el libro, para, a la luz de una vela, releer y copiar los pasajes que más le llamaban la atención. Así comenzaba una amalgama de palabra, llano y canto que mucho ha nutrido el repertorio del compositor de Linda Barinas".

"Entre llano y lecturas nuestro eximio artista fue cultivando su musa y fraguando lo que llegaría a ser la hermosa obra que hoy el mundo disfruta y admira. De la escuela a la Prefectura, como escribiente, y luego a La Victoria, estado Aragua, como soldado, nunca le faltaba una guitarrita para armonizar sus inquietudes. Precisamente, en el cuartel, por voluntad del oficial de turno, le fue cambiada la última vocal de su apellido; de Tarifa a Tarife, a la hora de elaborar sus primera cédula de identidad".

Al Salir del cuartel, como dice la canta, “se sintió faculto y dueño de su albedrío” para formar un conjunto criollo con los hermanos Florentino y Leonardo Carvajal, al arpa y cuatro; y Antonio Encinosa en las maracas”.

Precisamente “Barinas"se llamó el recién formado conjunto musical. Por aquella época se grabaron sus primeras composiciones: “Provincianita”, llevada al acetato por Juan Navarro y “Marisela”, por Edith Salcedo. Luego formó parte de “Los Juancheros Polar”, donde compartió con los artistas famosos de la época, y en 1963, graba por primera vez Linda Barinas y de allí en adelante su creación musical de alta poesía siguió recorriendo el país en la voz de connotados artistas venezolanos, hasta merecerle el nombre de “La Pluma de Oro” del Llano. “Dé el se comenta como compositor y en buen criollo; “no tiene desperdicio”

Como aporte adicional a este artículo a mi juicio muy hermoso, colocamos a continuación,  algunos de los temas de Eladio Tarife, cantados por él mismo.



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