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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

22 de junio de 2016

El agua de Junio y los Garceros

Una de las cosas mas hermosas del Llano durante los meses de lluvia y especialmente en Junio, son las aves y los garceros. En los cursos de agua, esteros y lagunas podemos ver muchas especies compartiendo el espacio.  Cotúas, garzas de colores gabanes  inician su proceso de reproducción. Las aguas les proveen abundante alimento y en cierto modo las protegen  de los depredadores.

Ver un atardecer en el Llano cerca de un garcero, es una de las experiencias mas impresionantes y sin duda "divinas" que podemos experimentar. Es como comprobar la existencia de Dios porque lo ves en los rayos del sol ocultándose y en los impresionantes arreboles que van cambiando de intensidad y color sobre el horizonte infinito,  lo ves en el cielo que se oscurece con el vuelo de estas aves que se dirigen en perfecta formación hacia su refugio nocturno: las rojas, las blancas, las negras...... y una vez que llegan al árbol que las acogerá en la noche buscan la mejor rama, se acicalan las plumas, levantan vuelo de nuevo ante cualquier ruido y vuelven a posarse. Todas piando a la vez. Levantar los ojos y ver por ejemplo, un sin número de corocoras volando sobre tu cabeza es algo muy impresionante. 

El poeta Jorge Guerrero expresa a la perfección el sentimiento que producen estas visiones y aunque se refiere a cualquier atardecer llanero y no específicamente a uno de Junio, es muy ilustrativo para esta entrada.

"Las aves surcan el cielo mientras que hacen un derroche, de colorido en su vuelo porque ya viene la noche. Ya el sol se va zambullendo sobre la cresta del monte y el arrebol va extendiendo su magia en el horizonte y yo inspirado me plazco mientras canto al pasitrote con la música del casco del rucio en el gamelote" 


Otros versos relacionados con los garceros, estan presentes en la canción del mismo nombre de Germán Fleitas Beroes:

"De lo que estoy recordando el alma se me conmueve, las garzas vienen llegando, con su vuelo triste y leve, los árboles van  quedando como cubiertos de nieve" Los Garceros, German Fleitas Beroes

Un poco al margen del tema principal de esta entrada queremos recordar que no siempre los garceros fueron lugares de paz y protección para las aves.  Ya desde 1884 el comercio de la pluma de garza, también llamado "oro blanco" producía muchísimo dinero pues era vendido a altísimos precios en Europa donde la moda exigía el uso de plumas en sombreros y otros atuendos. Y así como en su momento fueron las pieles de caimán o de las reses, la sed por el "oro blanco" desencadenó el casi exterminio de varias especies de garzas. Los hombres  entraban a los garceros con sacos,  unos simplemente iban recogiendo las  plumas provenientes de la muda natural (entre el mes de julio y el de noviembre) pero otros las mataban a tiros.


Pero volvamos al agua que Junio trae consigo y a la inspiración que la misma produce. Jorge Plaz dice en su almanaque llanero refiriendose a este mes:

¡Llegó el mes mojado! ¡Llegó Junio!
El mes de los juanes cachaperos;
El mes en que se sueltan las queseras
Debido a los grandes aguaceros


Con su mañana fría y lloviznosa,
Crecen más las aguas de los ríos,
Son aguas cristalinas y se esparcen
Por cañadas, esteros y bajíos



Caminos sabaneros que antes eran
Grandes y resecos tostadales,
Se están llenando de aguas inverneras
Y solo quedan secos medanales.



Noches de tempestad, de grandes truenos,
De brisas que azotan los maizales,
Grandes crecientes anuncian este año
Indefensos se hunden los pajonales



Junio es bello; pero ya el llanero
Esta demasiado ocupado:
Tiene que largar sus queseras
Y quedar atendiéndole al ganado



Sacando los ganados a lo seco
Puños de reses que quedan en aislamiento,
Sacarlos hacia los médanos altos
Atenderlos en caso de alimento



Vienen las garzas, vienen los gallitos
En el silencio de la noche se oyen cantar
En el aire cuando van de paso
Alegre y lindo tuturear



Y mientras tanto..... 

Llueve,llueve, llueve! Hace días que no sucede otra cosa. Ya los llaneros que estaban fuera de sus casas han regresado a ellas, porque los caños y los rios se desbordaron por las sabanas y pronto no habrá caminos transitables. ¡Ni necesidad de recorrerlos! Ya es tiempo de tapara, mascada y chinchorro, y con estas tres cosas bajo el techo de palma, el llanero se siente feliz, mientras afuera se van desgajando las nubes en un llover obstinado y copioso. Doña Bárbara, don Rómulo Gallegos
 
Pero el llanero ve encanto e inspiración  en cualquier época del año, no importa si el calcinante sol veranero resquebraja la tierra o si el agua lo aísla obligandolo a llevar su ganado a tierras altas, porque en todas las épocas, el llanero disfruta su tierra: 

Las alas del viento, mi vida, sacuden las sombras; arrecia la lluvia nocturna, se escucha tronar; se mueven las flores, callados se mecen los nidos; se van las estrellas en fuga del viejo palmar; florecen de nuevo en las aves los trinos dormidos, la sabana tiene destellos de mar; aromas de flores van cruzando los caminos, noche de oscuro destino, tempestad en el palmar. Germán Fleitas Beroes

Y Sánchez Olivo (1984) escribe: “al entrar las aguas en Apure, o sea al arreciar el invierno, ya en el mes de junio, el llanero cambiaba el caballo por la canoa; sus viajes eran embarcados por todas partes. No habían más vías que los ríos, los caños y las aguas de las sabanas anegadas”. Se capturaba la res “embarcado”, reses de rochela, que al salir a comer a la sabana limpia, el llanero le entraba en canoa por el monte y la enlazaba, a veces espantando caimanes.





En junio llueve por toda Venezuela, por lo que comúnmente se le conoce como el "mes del invierno" o "de la entrada de las aguas". Muchas especies de peces aprovechan para desovar y cuando  las aguas vuelvan a sus cursos originales, la misma corriente llevará los alevines a las corrientes principales para continuar su ciclo de vida. 

Pero así como en junio el agua trae vida, también trae muerte, pues el Llano es así, bravío, intenso, poderoso, extremo.... es un constante "resistir y florecer" como dijo el poeta Humberto Febres en su obra "En Negra Orilla del Mundo" y como refleja De Armas Chitty en su poema denominado Junio:



Río lento, impasible, tierra en fuga
Caneyes como garzas entre el fango,
Caobos con el herido torso al aire,
Roble en cruz, apamate de rodillas
Creciente: llama en pié, ubre ardida del cielo

Yo he mirado los ríos combatiendo los montes
Yo he visto el agua con la selva al hombro cortando el llano
Yo he visto los conucos navegando,
El niño triste, el rancho a la deriva
He visto como sudan por días las nubes y las selvas
Rebaños con los ojos cosidos por el miedo
Y barrancos sombríos que se hunden agrietando la noche
Y el médano en marcha y el turbión amarillo
Empujando samanes y algarrobos como negros cadáveres.
Gesta del día, caos al galope, cólera de la nube
El hombre aquí, tallado en horizontes
Raíz de soledad, hoja y color, página herida
Centra su meridiano y en sus puños los caminos del fuego.

Y el gran poeta Alberto Arvelo Torrealba, en su inolvidable poema de Florentino y el Diablo, también pinta un invierno llanero:




No lejos asoma el río
Pecho de sabana sucia
Inmóviles carameras
Pávidos brazos desnudan
Escombro de minas lóbregas
El trueno arrastra y derrumba
Mas allá coros errantes
Ventarrón de negra furia
Y mientras se duerme al son
En las cuerdas vagabundas
El rayo a la palma sola
Le tira señeras puntas.

Junio es entonces, la puerta a  la otra cara del Llano, la cara violenta y a la vez melancólica, la época en que miríadas de mosquitos atormentan los cuerpos de la gente que arrebujada en sus chinchorros resisten estóicamente el "ataque" vespertino y nocturno. La época en que algunas familias se quedan aisladas en sus casas porque la inundación no les permite salir y muchas veces muere el ganado si no se le saca a tiempo de las zonas inundables. Pero todo esto  solo representa una incomodidad pasajera, es así, es el ciclo de la vida y el llanero está preparado no solo para hacerle frente, sino  para adaptar su vida y disfrutar lo que cada temporada trae consigo.
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