Buscar este blog

....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

Mostrando entradas con la etiqueta La Medicina Rural. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Medicina Rural. Mostrar todas las entradas

6 de julio de 2017

Vivir y Sobrevivir en el medio rural

Quiero compartirles un interesante y como siempre sabio artículo del profesor Omar Carrero, publicado en su blog Picas Forestales. Leerlo me hizo recordar los cuentos del abuelo en sus vivencias en el campo  y confirmar aquellos versos del poeta Germán Fleitas Beroes " con pastillas de  ah malaya, con oraciones de ensalmos y con zumo de  "quien quita", cura el llanero sus males". Sin embargo en el relato se plasman las medicinas naturales del medio rural resultado del saber popular demostrándose entonces que además de la fe para curar, también existían conocimientos empíricos, además de la  fortaleza, resistencia e inmunidad física innata del hombre de campo. Esas curas o remedios naturales siguen siendo efectivos aún hoy, a pesar del avasallamiento de la industria médica y farmaceútica y seguramente siguen en aplicación en muchos lugares aislados del territorio nacional. Con los años, luego de su casi desaparición, la medicina natural ha tomado nuevamente impulso y a nuestro entender, sigue siendo la mejor opción acompañada de una buena nutrición.


SOBRE LA FORTALEZA QUE DA EL ENTORNO RURAL 
Omar Carreo Araque
Baquiano

 A mediados del pasado siglo, muchos caseríos vivían en un aislamiento casi total dentro de su espacio rural, sin servicios públicos y sin asistencia sanitaria integral. El contacto diario, en este caso unidireccional, con las ciudades capitales lo tenían sólo a través de la radio. En mi condición de morador de uno de esos aislados parajes intentaré revivir aquellos escenarios para mostrar someramente cómo el ambiente urbano nos ha hecho más vulnerables y dependientes. 

Para señalar las condiciones de vida de ese entonces comenzaré por decir que nuestra casa seguía las líneas de construcción típica de las viviendas llaneras, con un techo de palma a “dos aguas”, de alto caballete sobre el envigado montado en una fuerte horconadura. Las paredes de bahareque lucían blancas gracias al frecuente encalado. El alumbrado nocturno se lograba de lámparas de fabricación casera llamadas “Chipolas” que funcionaban con aceite de tártago. 

La casa, como todas las de la comunidad seguía la línea de un Caño que además de suministrar el agua de uso doméstico, cumplía con las funciones de traslación, baño y lavadero. En unidades como esta se levantaban las familias, por lo general numerosas, pues cada núcleo de no dejaba de estar conformado por una docena de personas. 

Estos núcleos se repetían en trechos de aproximadamente dos kilómetros, aunque esta separación no impedía la vecindad. Allí en esos conglomerados estaban todos los elementos necesarios para la sobrevivencia: la alimentación basada en carne y pescado, leche, queso o cuajada, todo acompañado de arroz, yuca, ocumo, plátanos o topochos; si la situación se ponía difícil es decir “si la canoa se ponía alta” entonces se recurría a la cacería para solventar la mengua. 

El azúcar se remplazaba por melao preparado en grupo o “cayapa” por la misma comunidad en tiempos de molienda. Los niños se criaban a punta de teta, complementando su alimentación con atoles preparados con leche de vaca, sin temor alguno a la “intolerancia a la lactosa”. Pese a esas “limitaciones”, “la selección natural” no apretaba tan fuerte pues eran pocos los “velorios de angelitos”. 

Además de la autosuficiencia en productos de la dieta diaria, se contaba con los “prestadores de servicios” que ayudaban a la persistencia del grupo: El Jefe de Aldea o simplemente Aldea, que representaba a la autoridad civil y mantenía el orden; el Maestro o Maestra, que también hacían las veces de enfermeros o enfermeras, atendían hasta tercer grado a los jóvenes de “edad escolar”, que por lo general se iniciaba a los 14 o 16 años. Existía además un Ensalmador-Sobandero quien con sus conocimientos "ocultos" curaba toda clase de afecciones incluyendo las “picadas” de culebras y alacranes, y con las Sobas, sanaba los males de las Gomas (nódulos) y Tronchaduras (esguinces); la Partera que atendía la llegada de nuevos miembros a la comunidad; el Enterrador que se encargaba de enviar los difuntos al más allá, en un oficio que además de la confección del Cajón, incluía velorios sin muchos rezos ni llantos, apertura del hoyo y colocación de la cruz. 

También estaban los Vaqueros que hacían los trabajos de llano y los Vegueros que cultivaban la tierra en las vegas de los ríos, a escala de Subsistencia. Entre estos vecinos destacaban algunos músicos y cantadores. 

En época de verano, cuando los “Yips” y Camiones podían atravesar la sabana baja, llegaban también los comerciantes de ganado y los “mercachifles” que traían objetos como baldes, poncheras, radios, pilas, espejos, telas o medicinas. En este mundo aparte se vivía feliz sin mucha necesidad de la ciudad. 

Los viejos se morían de viejos sin saber nada de su próstata o de su colesterol, y las viejas, después de doce partos, morían de viejas sin saber nada de ginecólogos, psicólogos o gimnasios. Se les decía Tísico a los enfermos de tuberculosis pulmonar o Cardiacos (así sin acento) a los enfermos del corazón. Cuando una persona moría inesperadamente, el diagnóstico se encuadraba en la expresión “murió de repente”. 

Las medicinas más comunes se vinculaban con males más comunes como el “ataque de lombrices”, contrarrestado con bebedizos de pasota; los catarros para los que se recomendaba el aceite de Seje o de Cajaro o la manteca de Raya; las heridas que se trataban aplicando un chorro de alcohol y aceite de Cabima, que en el caso de los animales, el alcohol se cambiaba por creolina; para las mordeduras de culebra, además del Ensalme correspondiente, el tratamiento se complementaba con 30 gotas de Extracto de Curarina, una medicina considerada una panacea pues se usaba para tratar cualquier tipo de mal como los generados por la picadura de insectos, fiebres, dolores de oído, de cabeza o de muelas, entre otros. 

Las diarreas se trataban con pastillas de enterobioformo. Los dolores de cabeza o la congestión nasal se frenaban con una embadurnada de Mentol. El yodo se aplicaba sobre los dientes cariados para calmar los dolores, además de la colocación de cataplasmas de almidón con alcohol sobre los cachetes. 

El graso animal empapado en alcohol curaba los “corrimientos” o inflamación de las encías. Los antibióticos que eran llamados Combióticos se usaban sólo en caso de heridas graves, en este caso, las pastillas también podían pulverizarse para aplicarlas en polvo directamente sobre las heridas. Se recuerda a la Dicristicina como el combiótico más usado. 

Las paperas se trataban con un apósito de hojas de tártago fritas en aceite, pero, en el caso de los varones, si el mal ya había “bajado” y estaba afectando a las turmas (testículos), entonces se colgaba al enfermo por los pies, manteniéndolo así por una hora. Las fracturas de los huesos se trataban entablillando el miembro afectado o recubriéndolo con una tira de tela embebida en leche de higuerón mezclada con cal, la que al secarse adquiría la consistencia de yeso. 

Cada tres meses los funcionarios de la campaña antimalárica, llamados popularmente “los pastilleros o repartidores”, recorrían los campos a lomo de mula repartiendo pastillas de Aralén o Quinina; estos pastilleros, que también portaban bombas espalderas, rociaban DDT en las viviendas para eliminar a los insectos trasmisores de enfermedades, principalmente a los zancudos. 

La conexión con Dios, en el caso de los católicos se establecía a través de La Virgen del Carmen o de El Señor, entre los evangélicos. Se invocaba a San Pablo para protegerse de las culebras. 

Ahora cuando nos hemos convertido en urbe-dependientes, si vale el término, no podemos vivir alejados de los supermercados, farmacias, gimnasios, acueductos, electricidad, televisión, teléfonos, internet, pero sobre todo de los profesionales de la salud, y como consecuencia colateral, de las farmacias. 

 En el caso de los profesionales de la medicina nos sentimos tan dependientes de su auxilio que no podemos concebir la vida sin estos facultativos, mucho de los cuales han alcanzado tal grado de especialización que ahora podemos tratarnos por separado los males de los huesos, con especialistas en rodilla, brazo, cadera, hombro, muñeca, mano y codo, en un insólito despliegue de ciencia que ahora, lejos en el tiempo y cerquita en la dependencia, se nos hace difícil entender como un curandero de pueblo sanaba a los quebrados, con tablillas de cubarro y leche de higuerón.

14 de enero de 2016

Los Remedios del Campo

Mientras más vivo, más me acerco a lo natural, a lo que nuestras abuelas daban por cierto y aplicaban en nosotros. La vida más cerca de la naturaleza, el aire puro, el sol, el agua, los remedios naturales y el maravilloso uso de  herbolaria, son conocimientos tan antiguos como la historia del hombre. Volver en este siglo a Hipócrates o a  Galeno  está muy lejos de significar un  atraso, es volver a la verdad. No quiero decir con ésto que la medicina  actual sea ineficiente, pero sin duda alguna,  se concentra en la enfermedad y no en la salud, busca el alivio de los síntomas y no se enfoca en el origen del problema. Y ésto sin mencionar los intereses económicos que  en el ámbito de medicamentos, clínicas y honorarios mueve la mal llamada salud. Como nada puede generalizarse, he de decir que habrá sin  duda muchos profesionales  que buscan mas allá, que complementan sus conocimientos universitarios con la medicina natural, que buscan la causa real de la enfermedad, que se aseguran que el medicamento que recetan no acallará un síntoma a costa del buen funcionamiento de algún otro órgano. Pero lamentablemente éstos no son la mayoría.

Así como nuestras abuelas nos mandaban a hacer reposo ante los malestares, o nos aliviaban  con  sus guarapos; en el campo, es aún muy frecuente el uso de montes para tratar las enfermedades comunes, aunque en éste ámbito entran también creencias, superchería e ignorancia, que pueden ser ineficientes o empeorar la situación. Recuerdo en este momento el poema de Germán Fleitas Beroes, Llaneradas:

"Con pastillas de ah malaya!
con oraciones de ensalmos
y con zumo de quién quita
cura el llanero sus males....

Quiero compartir un texto de Francisco Castillo Serrano ensu libro El Último Violín relacionado con "los tratamientos" que se aplicaban en Apure para algunos males:

"La ciudad contaba con boticas surtidas para expendio de medicinas de industria nacional y extranjera. A pesar de ello, el patron sanitario refería -en la mayoría de los casos-al uso de medicina casera: efectiva y económica, razón para encontrar un curioso petitorio de remedios de uso y aplicación común.
Por ejemplo:
Para fortalecer los miembros y estimular la marcha en niños con deficiencias musculares: arena de hormiga negra, espuma de sancocho de cogote o cáscara de huevo molida. Cualquiera de ellas,  frotada sobre las piernas varias veces por día, mejoraba aquella condición.
En fiebres altas: almidón y canela en polvo, o el graso de riñón de res derretido y disuelto en aguardiente de caña, usados en unciones corporales baja instantáneamente la fiebre.
Las hemorroides se trataban confeccionando un taburete cuya sentadera correspondía a la parte ventral del carapacho de un morrocoy, utilizado como silla de rutina surtía increíbles efectos sobre el desagradable mal.
Contra vahídos, desmayos y mareos, se daba a oler tintura de valeriana o plumas de gallina chamuscadas.
Útil para dejar las bebidas alcohólica: tomar en ayunas una copita de aguardiente claro en la que se ha disuelto tuétano de zamurita.
Las inflamaciones se trataban: introduciendo la parte afectada en agua tibia, donde previamente se habían hervido hojas tiernas de mango.
El mal de ojo se aliviaba con baños de ruda y sobando al afectado con hojas de escobilla.
La emulsion compuesta por aceites de oliva, higuereta ( ricino), cristal de sábila y miel de abejas, en idénticas proporciones, administrada en la noche por cucharadas, esun remedio efectivo contra el asma.
Para molestias en la garganta: tocamiento con sangre de drago  o gárgaras del fruto del dividive ( Caesalpinia coriaria).
La hernia umbilical desaparecía ubicando un árbol de ciruelo (Spondeas purpúrea) o indio esnú (Bursera simaruba), tomaban la medida del chichón y hacían una marca idéntica en el árbol, rasgando su corteza, hacia el oriente, pidiéndole permiso al elemental de la planta.
Una hepatitis era tratada con raíz de onoto hervida y consumida como agua común.
Verrugas o cadillos se extirpaban atándolos con un pelo de bestia.
Los dolores de muelas se aliviaban colocando, en la cavidad de la carie, un algodón impregnado con leche de túa túa (Jatropa gossypifolia).
A tales conocimientos apelaban al momento de enfrentar fatigas y afecciones propias de la región, donde la distancia era el primer adversario al momento de tratar dolencias y hacer frente a los designios dela fatalidad."

Probablemente algunos de estos "tratamientos" no son efectivos pero forman parte de la creencia popular y me hacen recordar la canción de El Cubiro, Mi última Travesía:

MI ULTIMA TRAVESÍA
Interpreta: Luis Lozada - El Cubiro.

Ah cosa rara yo ví
en mi última travesía
en el monte San Camilo, primo
ví a palma de dos guías
la culebra voladora
la mariposa encendía
perfume de zorro guache, chico
pa la mujer resistía
y rabadilla de iguana
pa la que está entumecía
en donde el mono tití
no carga mucho a su cría
para el hombre sesentón
con la vergüenza caía
consomé de puerco espíno
con 3 gotas de lejía
y el caldo e´chencheno macho
que da la fuerza perdía
manteca de araña mona
para la gente tullía
la sangre del rey zamuro
y que cura la bebía
corazón de gavilán
mejora la puntería
si no me vengo ligero
me pulo en la brujeria
con lo poco que aprendí
ya monté una pulpería
y ya tengo un consultorio
y abierta una enfermería
Mas allá de la frontera
hay cosas que no creía
y me tocó que aprendé, pariente
lo poco que no sabía
la gente de aquí no es mala
sino que nace aprendía
son personas cariñosas
y de una gran simpatía
la mujer es un panal
y con la sangre encendía
son de un querer malicioso
y un mirar de picardía
son fieles en el amor
cuando son correspondías
pa una señora mayor
con poca fuerza en la encía
caldo de sapo amarillo
sangre de rata curía
este verano que viene
voy a echá otra correría
ya tengo el mocho ensillao
y la región escogia
de bastimento me llevo
el puño e bellaquería
que aprendí por la frontera
mi última travesía

6 de julio de 2014

Medicina Indígena en el Guarico

Así titula el Dr Edgardo Malaspina uno de sus artículos relacionados con la Historia de la Medicina en el Llano Venezolano. Les ofrecemos el texto completo, publicado previamente en su Blog Historia de la Medicina UNERG.

MEDICINA INDIGENA EN EL GUÁRICO

Edgardo Malaspina

Todos los pueblos indígenas en sus sistemas filosófico – religiosos tiene una concepción ligada a la salud. No obstante esas nociones con respecto a la medicina dependen del grado de desarrollo cultural alcanzado por determinado grupo indígena. 

 Según J.A. De Armas Chilty la parte occidental del Estado Guárico (Calabozo, San Juan de los Morros) fue ocupada por Caribes, denominados apones, cumanagotos, aoriguires y otomacos. Estas eran tríbus que vivían de la caza y de la pesca. Los apones practicaban la poligamia. 

Zaraza, Tucupido, Santa María de Ipire, El Socorro, Valle de La Pascua y Chaguaramas fue zona de los palenques, cumanagotos, guamos y guamonteyes. Altagracia de Orituco, Macaira y Guaribe fue habitada por indios guaiquiries, güigüires, ipares y guaribes. El Alto Orituco fue territorio de los tomuzas y quiriquires. Palenques y cumanagotos vivieron en la Selva Tamanaco. En el siglo XVII fueron llevados por los colonizadores indios caribes, güires, atapaimas, chinos y amaibas a Calabozo, Camaguán, Cabruta y Guardatinajas. 

De Armas Chilty define dos corrientes indígenas en el Estado Guárico: “la que proviene desde el oriente, norte y noroeste con palenques y cumanagotos. En este grupo también se incluye los Quiriquires y Tomuzas de los Valles del Orituco. La otra corriente se divide en otomacos y abaritocos que suben desde Guayana hacia Cabruta; los amaibas, guamos y apones que llegan desde el Apure y el Portuguesa y alcanzan en sus correrías hasta el Guárico medio.” T

ribus nómadas de guires, palenques, guaiquiries y píritus merodearon por el Valle de Ortiz en las temporadas de lluvia. 

En Tiznados vivieron los guaiquiries o guamonteyes. Dormían en ranchos armados en cuatro palos, se acostaban sobre cueros de venado que después arrastraban cuando viajaban. También los guires habitaban la región. Eran nómadas y recolectores. 

Oldman Botello narra la persecución que hizo Garci González de Silva en 1576 a los indios Caribes Guárico. Encontró en las orillas del río Tiznados cerca de 200 cabezas de indígenas. Oviedo y Baños interpretó el hecho como producto de borracheras y festines que terminaban en sacrificios “para saciar con sus cuerpos la bestial inclinación de hartarse de carne humana.” Sin embargo a la luz de la etnología moderna ese acto se interpreta como antropofagia ritual. 

 Las tribus que habitaron el Guárico fueron nómadas. Iraida Vargas Arenas hace una descripción de esos grupos, los cuales pasaban la mayor parte del año errantes y descansaban en un asentamiento o base central. Tenían una densidad de población muy baja. Los grupos no pasaban de 25 familias emparentadas unas con otras. Recolectaban raíces silvestres, cazaban y pescaban. No conocían la agricultura. Se embriagaban con chicha. Los guamos comían caimanes, aborrecidos por otros indios. Los guamonteyes usaban arcos, flechas y fisgas, este último instrumento es un arpón de tres dientes. Los otomacos en su fase estable cultivaban el maíz de dos meses, el cual en ese tiempo crece, echa mazorca y madura. Los betoyes se cubrían el cuerpo desde las axilas hasta la ingle con una corteza de árbol. La mayoría de los estudiosos coinciden con que los indios del llano andaban desnudos. Pero los guamos usaban un ceñidor ancho de algodón tan bien hilado que los españoles los adquirían. Estos mismos indios se pintaban antes de ir a la guerra y practicaban un tipo incipiente de cirugía: se separaban el filo exterior de sus orejas por una incisión en la cual se colocaban pequeños objetos que no querían perder o traer en sus manos. 

 Los guaiqueríes y guamonteyes gozaban de aparente buena salud. Son descrtitos como altos, morenos y de mucha fuerza. Los guamos hacían festines, bebían y bailaban. A la hora de dormir lo hacían en el suelo. Eran buenos alfareros y hacían jarras de dobles asas para beber agua. Utilzaban contra sus enemigos hechizos y venenos, aunque se desconoce la naturaleza de estos últimos. 

Iraida Vargas Arenas presenta un cuadro cultural de los Yaruros del Estado Apure y los otomacos por su parecido al que existía en el Estado Guárico en la época prehistórica.

 Los Yaruros andan errantes por el río Capanaparo y Sinaruco. Transportan sus pocas posesiones. Fuman y tiene un Shaman que describe imágenes religiosas y explica la existencia y hace preparativos para la comunión con los dioses. No practican la agricultura. El perro es el único animal que domestican. Carecen de viviendas: colocan ramas en la arena para protegerese de los vientos, los insectos, el sol y la lluvia. Durante la noche duermen en huecos cavados en la arena.

 Los otomacos eran cazadores y pescaban. Preparaban aceite extraído de los huevos de tortugas. Recolectaban semillas, raíces, frutos, cera y miel de abejas. Cultivaban yuca, pero práctiamente no preparaban cazabe. Consumían una arcilla especial de color gris amarillento quemada al fuego. Lloraban a los muertos al iniciarse el día. Jugaban a la pelota. Después de la caza, comían y se bañaban en el río. Luego cantaban y bailaban hasta la media noche. Adoraban a la luna. Eran buenos tejedores. Hacían pabellones para protegerse de los mosquitos. 

En 1780 el obispo Martí visitó Guardatinajas. Allí vivían indios cumunagotos, los cuales hicieron una exhibición para distraer al dignatario religioso con arco y flecha. Fray Joseph Francisco de Caracas registró el hecho de esta manera: “Con estas armas (arcos y flechas) cazan, pescan, se defienden y matan, untando sus lancetas con un veneno que llaman curare, tan activo que lo mismo es tocar la sangre, que infeccionar toda su masa y causar la muerte; sin embargo, como en el mismo acto de recibir la herida, se acierta a tener un grano de sal en la boca, puede el paciente escapar la vida.” (5) Es decir conocían este importante veneno, usado en la farmacología moderna, y trataban de aplicar un posible antídoto.

 José Gumilla (1686 – 1750) hizo importantes apuntes en sus libros para entender el desarrollo de la medicina de los indios del llano. En su obra “El Orinoco Ilustrado” se refiere constantemente a tríbus indígenas que a través del Orinoco se desplazaban hasta las tierras del Guárico. José Rafael Fortique hace el estudio del aspecto médico en la obra de Gumilla (7) y de allí a continuación hablaremos. 

 Los indios del Orinoco practicaban la circuncisión, la poligamia, y se bañaban tres veces al día. Tenían buena dentadura. Algunas tríbus practicaban el infanticidio en las niñas para evitar el sufrimiento futuro seccionando el cordón umbilical para que se desangraran. Comían abundantemente, excepto los otomacos que hacían una sola comida en el atardecer y tenían como regla higiénica enterrar sus excretas. Eran geofagos, enterraban los granos y luego los extraían y amasaban con la tierra. Practicaban autoescarificaciones. Las mujeres guamas se traspasaban la lengua con un hueso amolado y bañaban con su sangre los niños enfermos. Los guaiqueries aislaban a las muchachas cuando presentaban la menarquía, para evitar que perjudicaran las cosas y a los demás. Estos mismos indios encerraban a las jóvenes que contraían matrimonio, por 40 días con una dieta de cazabe y agua. Las indias parían solas y luego se lavaban en el río. El parto gemelos era castigado: se comparaba al de los animales como ratones o cachicamos de partos múltiples y se sospechaba infidelidad. Se reconocía un solo hijo y el otro era asesinado. Practicaban la eugenesia: los niños defectuosos eran inmediatamente enterrados vivos. Las indias amamantaban a sus hijos por largo tiempo. 

11 de junio de 2014

Algo de la Medicina Llanera


Tal y como comentábamos en una entrada anterior, el hombre de campo aprende por observación o por tradición oral de su entorno, a atender sus emergencias con  las herramientas de que dispone.La intención de esta nueva etiqueta que estamos iniciando, es acercarnos un poco a ese conocimiento empírico tan efectivo en la mayoría de las veces.
Me vienen a la mente entonces,  los versos de Don Germán Fleitas Beroes en su poema Llaneradas donde plasma en dos versos esta realidad: “Porque aquí todo se cura con ¡Ah Malhaya! Y ¡Quien Quita!.
Propicia es pues, la oportunidad para transcribir parte de El Llanero, donde precisamente el autor se refiere a ese conjunto de creencias y aprendizajes que permiten al llanero  sobrevivir en esas soledades:


No es menos curiosa la ciencia que el llanero pone en actividad para curar sus dolencias. Alejado de los centros de las comodidades y los adelantos, el llanero a fuerza de inteligencia y perseverancia ha logrado hacerse de una ciencia suplementaria que los pones en capacidad de combatir los múltiples enemigos de su salud.

La vegetación profusa y llena de savia y lozanía qué lo rodea, ofrécele un seguro apoyo.

Esta empírica ciencia no es, por cierto, menos eficaz que la alta ciencia que da el estudio de los libros de texto, y la práctica en las salas anatómicas.

La fiebre, que es uno de los mayores azotes en aquellas regiones, es combatida fácilmente por medio de purgantes y astringentes vegetales, de los que existen silvestres en gran profusión.

Hay en las orillas de caños y ríos una planta llamada tártago, de cuyos frutos se extrae unlubrificante de color amarillo topacio algo más licuado que el aceite común de oliva.

Este aceite lo mezcla el llanero con leche de yegua o de burra y obtiene una medicina preciosa como efecto laxante.

La planta llamada onoto sirve para su medicina, produciéndole efecto sedante para los dolores de cabeza y administrándose las hojas pegadas en las sienes. Esta planta da unos destuches roñosos, de color rojo obscuro; cuyo interior esta lleno de granos purpurinos.

Pulverizados éstos y frotados en la cabeza a los individuos de raza caballar, les combate el tabardillo.

La escorzonera así como ciertas yerbas de raíces blancas y menudas llamada malojillo préstales grandes servicios para los dolores reumáticos, los casos de agotamiento medular y de secreciones morbosas.

Con el zumo de la cocuiza (fique) y los cristales de la sávila, se proporcionan dos agentes medicinales que no le van en zaga a los antes citados. Los cristales de la sávila diluida en la leche de vaca, puesta al fuego y bien cocida, es de propiedad maravillosamente rápida para el catarro pulmonar, y para toda suerte de afecciones en las vías respiratorias. La cocuiza facilítale por medio de su fibra una multitud de cuerdas y tejidos; el zumo de esta planta es de efecto profiláctico y cicatrizante en toda suerte de heridas, erupciones cutáneas y lujaciones. En muchos de los grandes establecimientos agrícolas y pecuarios del llano era muy cultivada esta planta.

Cuando apaleaban los esclavos era sometida su piel a la acción del zumo de cocuiza; éste le producía efecto adormecedor en los dolores y le restablecía rápidamente la circulación de la sangre.



Hay otra especie de esta planta llamada cocuyo en los estados del centro de la República, que es también preciosa: produce un aguardiente deliciosamente agradable al paladar, el cual posee, racionalmente administrado, excelentes virtudes curativas.



A más de estos elementos medicinales que ofrece la vegetación de los llanos, hay otros no menos virtuosos y que prestan al hogar llanero no pocos servicios. Ellos son el berro, planta acuática que conservada en aguardiente, es vermífuga; la yerbabuena, como tónico; la espadilla, el yantén, el quemapezuña, la raíz de mato, la quina, una parásita de flores preciosas llamadas flor de Mayo, el

sangre de drago, el indio-desnudo, la yerba santa, las palmeras mapora, moriche, abanico. La zarzahueca, carrubia, pasote, longina, limoncillo, calcanapire, yerba mora, cariaquito, jobo,

carrizo, caña brava, lubina y otras muchas que se escapan a la imaginación. Sólo puedo asegurar que pasan de dos mil.



Tanto Humboldt, como Bompland, clasificaron muchísimas en sus trabajos de botánica; pero puede decirse que el reino vegetal llanero aún permanece desconocido para la ciencia.

Después de los trabajos de estos eminentes naturalistas, en 1800, se han llevado a cabo otros tantos mas no los ha caracterizado el detenimiento que debe imprimirse a estudios de esta índole.



La flora llanera posee hasta dos mil ejemplares autóctonos, por decirlo así, de la tierra llana, que no constan en ningún tratado de Botánica.



En el cuido y conservación de las razas caballares y vacunas tiene el llanero también su veterinaria especial. Todo instintivo, todo sacado a fuerza de perseverancia y laboriosidad de la práctica y de la experiencia.

La peste por antonomasia, temible en los llanos, puesto que en cuarenta y ocho horas acaba con rebaños enteros, es la deslomadera. El llanero ya sabe, que esta enfermedad es de una actividad

inexorable, y que es sumamente difícil curar un animal atacando de ella.

El llanero en este caso aísla inmediatamente aquel animal, se lleva el rebaño lejos, y el sitio donde comenzó la epidemia lo somete al fuego.

Con procedimientos mecánicos, armando parapetos y cuerdas, restablece las bestias que se despaletan en el trabajo. Despaletar éste es el término suyo, y consiste en que la bestia, ya por una caída, por una pisada en falso, o por un salto excesivo, se le disloca el omóplato. Átala los remos delanteros con una soga, y lo iza a lo alto de un árbol; de este modo va el miembro dislocado a su sitio.

El recrecimiento de la piel en la mandíbula superior, que estorba a la bestia las funciones de la masticación, las sider por medio de un hierro candente que frota con la parteafectada.

El muermo o catarro nasal, combáteselo, aplicándole el humo de un trapo untando en grasa de riñón de res.

Hay también una enfermedad en el ganado caballar, llamada mazamorrón. Consiste ésta en, una úlcera en forma de surco que rodea el casco del animal, hasta destruírselo: esta afección la hace desaparecer el llanero por medio del hierro candente.La cocuiza antes citada también le presta no poco apoyo en las enfermedades del ganado caballar: aplícasela en toda suertede heridas, luxaciones, quebrantamiento de huesos

7 de junio de 2014

La Rosa de Montaña en la Medicina Rural



La medicina rural, producto del conocimiento empírico de la gente de los pueblos, definitivamente puede ser muy efectiva. Se basa con frecuencia en simples creencias sin fundamento, pero en muchas ocasiones es considerablemente acertada, pues es producto de la observación en un medio hostíl y desasistido. En la ciencia formal, muchas de estas prácticas no tienen asidero y los médicos mantienen su posición académica ordenando el  tratamiento estudiado en una universidad, pero muchas veces, especialmente  en los campos, donde la gente vive aislada, la medicina rural es la que salva las vidas.
Queremos por tanto, darnos un paseo por esos conocimientos tan valiosos, constatados o no por la ciencia, pero que constituyen  herramientas de supervivencia fundamental para la gente del campo.

Nuestro amigo y colaborador Freddy Páez, estudioso de la  flora llanera, nos hizo llegar este escrito sobre las propiedades de la Rosa de Montaña:


Yoors


Imagen:Latin wife.com

Popularmente se le conoce también como “ Palo de Cruz ”, “ Rosa de Venezuela” y “ Rosa de Monte“, se diferencian generalmente dos especies la  “ rosa de montaña roja “ y “ la rosa de montaña blanca ”, cuya identidad botánica corresponde a: Brownea grandiceps Jacq. y Brownea leucantha Jacq., sin embargo García B., cita 12 especies para el género Brownea. Las especies anteriormente señaladas son árboles autóctonos,  cuya altura está entre  10 y 15 metros, con una floración espectacular que lo transforma en uno de los arboles más hermosos del país, siendo la “roja” la especie más conocida dada su amplia distribución en los bosques húmedos del territorio nacional, mientras que la distribución de la “blanca” está restringida principalmente a   zonas del estado Miranda, siendo el árbol emblemático de ese estado.

Se reproduce por semillas, las cuales germinan entre los  50 y 80 días, su crecimiento es lento, requiriendo  sombra parcial especialmente en sus etapas juveniles, su sistema radicular es profundo y es un árbol de larga vida, recomendándose su uso como ornamental en parques, plazas y avenidas sombreadas.

Como medicinal ha sido conocido por sus propiedades hemostáticas y antihemorrágicas,  Fray Antonio Caulin señala en su obra lo siguiente “...lo más maravilloso de este palo es que aplicado a una cortadura por profunda que esta sea, luego estanca la sangre y separado vuelve a correr como antes corría y por lo tanto lo aplican a los flujos inmódicos de las mujeres colgado a las caderas, descubriose esta virtud en el año 27, en que un mozo de Don Juan Melero se cortó con un hacha un pie que tenía sobre un trozo de este palo y al ver que no echaba sangre lo retiraron y corrió en abundancia, volvieron a aplicar el trozo y repentinamente se detuvo, de este suceso se siguió después de hacer varios experimentos en copiosos flujos de narices y en otras partes y se ha encontrado tener virtud astringente en sumo grado...”.

 En la medicina popular esta propiedad antihemorrágica es atribuida a las flores (aun secas), hojas, corteza y madera, recomendándola los médicos populares en forma local para las heridas  o en decocción o infusión en las  hemorragias internas especialmente en casos de menstruaciones abundantes, la decocción de los pétalos  es usada en las hemorragias postparto,  bastando 2  tomas para que la hemorragia desaparezca por completo. También es usada la corteza en decocción contra la ictericia y como laxante, la decocción o infusión de las flores es recomendada   en casos de disentería. Es usada como Ornamental en parques y plazas

Bibliografía


1 Garcia Barriga, Hernando.1992.Flora Medicinal de Colombia

2 Observaciones en Vivero, Jardín Botánico UNELLEZ, Barinas
3  Hoyos J. 1976, Los Arboles de Caracas, Sociedad de Ciencias Naturales La Salle.
4 Caulin, Fray Antonio. Citado en Manual de las plantas usuales de Venezuela. 1978
5 Base de Datos sobre plantas medicinales.  Jardín Botánico UNELLEZ. Barinas

 Publicado en Marará, apuntes etnobotánicos, N°2 1996.Jardín Botánico UNELLEZ