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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

11 de junio de 2014

Algo de la Medicina Llanera


Tal y como comentábamos en una entrada anterior, el hombre de campo aprende por observación o por tradición oral de su entorno, a atender sus emergencias con  las herramientas de que dispone.La intención de esta nueva etiqueta que estamos iniciando, es acercarnos un poco a ese conocimiento empírico tan efectivo en la mayoría de las veces.
Me vienen a la mente entonces,  los versos de Don Germán Fleitas Beroes en su poema Llaneradas donde plasma en dos versos esta realidad: “Porque aquí todo se cura con ¡Ah Malhaya! Y ¡Quien Quita!.
Propicia es pues, la oportunidad para transcribir parte de El Llanero, donde precisamente el autor se refiere a ese conjunto de creencias y aprendizajes que permiten al llanero  sobrevivir en esas soledades:


No es menos curiosa la ciencia que el llanero pone en actividad para curar sus dolencias. Alejado de los centros de las comodidades y los adelantos, el llanero a fuerza de inteligencia y perseverancia ha logrado hacerse de una ciencia suplementaria que los pones en capacidad de combatir los múltiples enemigos de su salud.

La vegetación profusa y llena de savia y lozanía qué lo rodea, ofrécele un seguro apoyo.

Esta empírica ciencia no es, por cierto, menos eficaz que la alta ciencia que da el estudio de los libros de texto, y la práctica en las salas anatómicas.

La fiebre, que es uno de los mayores azotes en aquellas regiones, es combatida fácilmente por medio de purgantes y astringentes vegetales, de los que existen silvestres en gran profusión.

Hay en las orillas de caños y ríos una planta llamada tártago, de cuyos frutos se extrae unlubrificante de color amarillo topacio algo más licuado que el aceite común de oliva.

Este aceite lo mezcla el llanero con leche de yegua o de burra y obtiene una medicina preciosa como efecto laxante.

La planta llamada onoto sirve para su medicina, produciéndole efecto sedante para los dolores de cabeza y administrándose las hojas pegadas en las sienes. Esta planta da unos destuches roñosos, de color rojo obscuro; cuyo interior esta lleno de granos purpurinos.

Pulverizados éstos y frotados en la cabeza a los individuos de raza caballar, les combate el tabardillo.

La escorzonera así como ciertas yerbas de raíces blancas y menudas llamada malojillo préstales grandes servicios para los dolores reumáticos, los casos de agotamiento medular y de secreciones morbosas.

Con el zumo de la cocuiza (fique) y los cristales de la sávila, se proporcionan dos agentes medicinales que no le van en zaga a los antes citados. Los cristales de la sávila diluida en la leche de vaca, puesta al fuego y bien cocida, es de propiedad maravillosamente rápida para el catarro pulmonar, y para toda suerte de afecciones en las vías respiratorias. La cocuiza facilítale por medio de su fibra una multitud de cuerdas y tejidos; el zumo de esta planta es de efecto profiláctico y cicatrizante en toda suerte de heridas, erupciones cutáneas y lujaciones. En muchos de los grandes establecimientos agrícolas y pecuarios del llano era muy cultivada esta planta.

Cuando apaleaban los esclavos era sometida su piel a la acción del zumo de cocuiza; éste le producía efecto adormecedor en los dolores y le restablecía rápidamente la circulación de la sangre.



Hay otra especie de esta planta llamada cocuyo en los estados del centro de la República, que es también preciosa: produce un aguardiente deliciosamente agradable al paladar, el cual posee, racionalmente administrado, excelentes virtudes curativas.



A más de estos elementos medicinales que ofrece la vegetación de los llanos, hay otros no menos virtuosos y que prestan al hogar llanero no pocos servicios. Ellos son el berro, planta acuática que conservada en aguardiente, es vermífuga; la yerbabuena, como tónico; la espadilla, el yantén, el quemapezuña, la raíz de mato, la quina, una parásita de flores preciosas llamadas flor de Mayo, el

sangre de drago, el indio-desnudo, la yerba santa, las palmeras mapora, moriche, abanico. La zarzahueca, carrubia, pasote, longina, limoncillo, calcanapire, yerba mora, cariaquito, jobo,

carrizo, caña brava, lubina y otras muchas que se escapan a la imaginación. Sólo puedo asegurar que pasan de dos mil.



Tanto Humboldt, como Bompland, clasificaron muchísimas en sus trabajos de botánica; pero puede decirse que el reino vegetal llanero aún permanece desconocido para la ciencia.

Después de los trabajos de estos eminentes naturalistas, en 1800, se han llevado a cabo otros tantos mas no los ha caracterizado el detenimiento que debe imprimirse a estudios de esta índole.



La flora llanera posee hasta dos mil ejemplares autóctonos, por decirlo así, de la tierra llana, que no constan en ningún tratado de Botánica.



En el cuido y conservación de las razas caballares y vacunas tiene el llanero también su veterinaria especial. Todo instintivo, todo sacado a fuerza de perseverancia y laboriosidad de la práctica y de la experiencia.

La peste por antonomasia, temible en los llanos, puesto que en cuarenta y ocho horas acaba con rebaños enteros, es la deslomadera. El llanero ya sabe, que esta enfermedad es de una actividad

inexorable, y que es sumamente difícil curar un animal atacando de ella.

El llanero en este caso aísla inmediatamente aquel animal, se lleva el rebaño lejos, y el sitio donde comenzó la epidemia lo somete al fuego.

Con procedimientos mecánicos, armando parapetos y cuerdas, restablece las bestias que se despaletan en el trabajo. Despaletar éste es el término suyo, y consiste en que la bestia, ya por una caída, por una pisada en falso, o por un salto excesivo, se le disloca el omóplato. Átala los remos delanteros con una soga, y lo iza a lo alto de un árbol; de este modo va el miembro dislocado a su sitio.

El recrecimiento de la piel en la mandíbula superior, que estorba a la bestia las funciones de la masticación, las sider por medio de un hierro candente que frota con la parteafectada.

El muermo o catarro nasal, combáteselo, aplicándole el humo de un trapo untando en grasa de riñón de res.

Hay también una enfermedad en el ganado caballar, llamada mazamorrón. Consiste ésta en, una úlcera en forma de surco que rodea el casco del animal, hasta destruírselo: esta afección la hace desaparecer el llanero por medio del hierro candente.La cocuiza antes citada también le presta no poco apoyo en las enfermedades del ganado caballar: aplícasela en toda suertede heridas, luxaciones, quebrantamiento de huesos

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