Buscar este blog

Cargando...
....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

23 de mayo de 2012

Nuestra Señora del Real, Patrona de los Barineses


Así titula Abraham Quintero, administrador del Blog Lecturas, Yantares  y otros Placeres, espacio que dicho sea de paso, recomendamos ampliamente, el artículo que les ofrecemos a continuación en casi su totalidad:

"Nos dice Tulio Chiossone en su Diccionario Toponímico de Venezuela (Monte Avila, Caracas, 1992): que las primeras  referencias  cartográficas de la población de El Real fue como parroquia de El Cantón de Obispos de la provincia de Barinas en 1832 y así lo fue hasta la división político territorial de 1873 en que pasa a ser distrito del departamento Obispos del estado Zamora y, acotando a Virgilio Tosta García, agrega: "Nuestra Señora del Rosario de El Real fue uno de la primeros pueblos fundados por los frailes de la Orden de Predicadores en la jurisdicción de Barinas. Fue establecido  en tierras del hato de Santo Domingo de las Palmas, en el mismo lugar donde apareció, en la segunda mitad del siglo XVII, la llamada Virgen de El Real, que le dio nombre al pueblo." y también que los orígenes de El Real están vinculados a las misiones de capuchinos en los llanos de Venezuela. En 1956 el pueblo fue trasladado a donde hoy se encuentra.

El hato de Santo Domingo de las Palmas, cercano a Barinas y Obispos, fue fundado en 1680 por don Domingo Bragado y luego cambió su nombre por El Real en razón del culto a Nuestra Señora del Rosario del Real.
Según la tradición, los indios que formaban parte de la peonada del hato eran tributarios en el sostenimiento anual del culto a Santo Domingo de Guzmán, monto que era recolectado por una anciana de nombre Ana. Uno de los peones, de nombre Francisco pagó su contribución con dos reales sencillos, siendo una de las monedas una "bamba" (llamada así por tener en una de sus caras la efigie del rey visigodo Wamba, pronunciado Bamba). Ana guardó las dos monedas en una cesta o petaca que colgaba de una horqueta o troja de su rancho. A la hora de pagar el misionero dominico la misa para Santo Domingo encontró que la cesta estaba vacía y lo atribuyó  a un abuso de su marido o de su hijo, Juan Gonzalo, y por supuesto, les reclamó.
Posteriormente abrió su petaquita y halló el dinero. Notó que la Bamba tenía más relieve y que la figura que observaba se parecía más a San Antonio de Padua que a un rey visigodo, opinión que compartieron el marido y el hijo. Con los días Wamba ya no se asemejaba a San Antonio sino que se parecía cada vez más a María Santísima sedente con el rostro vuelto hacia el Niño que está en su regazo, sobre un fondo de rayos de luz en forma de hojas. Los dominicos pronto la identificaron con Nuestra Señora del Rosario, pero el pueblo la designó como "de El Real". La relación del portento se debe al padre Felipe de Tovar, quien investigó el caso hacia 1710 y sitúa los hechos entre los años 1680 y 1690. Posteriormente, el Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, Fray Francisco del Rincón, dejó constancia ante la Santa Sede de los méritos de la Santa Madre de El Real y de la obra cumplida por los misioneros dominicos.
Imagen,Blog  ya señalado
El primer portento ocurrió en el mismo rancho de Ana, donde la aplicación de la moneda curó inmediatamente a un peón que sufría de una seria afección bronquial. La fama de Nuestra Señora de El Real se extendió hasta el Nuevo Reino de Granada, a cuya jurisdicción eclesiástica pertenecía la provincia de Barinas (junto con Táchira, Mérida y Maracaibo). Pero otro suceso importante que consagró su fama fue lo que sucedió con la horqueta del rancho de Ana, que era de curadito o araguaney.
El tronco de curadito (araguaney), que no se reproduce por estacas sino por semillas, ya estaba descortezado por los años de uso y sin embargo, en poco tiempo reverdeció, cargó hojas y luego las flores de oro de la primavera criolla. La tradición dice que la horqueta creció frondosa en forma de cruz y numerosos pájaros anidaron en su extendida copa. Sus hojas tenían propiedades medicinales sea en infusión o cataplasmas como lo aplicó Fray Ignacio Ordóñez para curar sus piernas llagadas.

Hay una versión que dice que el Catire José Antonio Páez, Centauro de los Llanos, se contaba entre sus devotos y se encomendaba a ella como a la Virgen del Carmen y a la ánimas benditas". Blog. Lecturas, Yantares y otros Placeres 
Publicar un comentario en la entrada