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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

23 de abril de 2010

El llanero es del tamaño del compromiso que se le presenta

Pero cuando ese hombre – que se dice llanero con el pecho henchido de justificado orgullo- se yergue y domina los cientos de ríos que surcan su suelo; y domeña al toro salvaje, y al caballo cerrero; y en el día reta al sol ardoroso y en las noches solitarias conversa de tú a tú con las estrellas…….. entonces, digamos la verdad, aprendemos a amar a nuestros llanos y a ese hombre que es del tamaño del compromiso que se le presenta, rudo y espiritual, generoso y de formidable temple, como es el llanero” Vinicio Romero Martínez

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