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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

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31 de mayo de 2015

Viajando en las patas de un Garzón

Este cacho está ubicado en el cuaderno 19 del Diario de un Llanero  y está acompañado de otros a cual mas simpáticos que se los compartiré en una próxima entrada. Protagonistas: Agamenón como oyente y su tío Justo Matute como narrador de su propia experiencia.

"Cuando ya iba cerca del hato ya dicho, me jayé con uno que venía y me dijo que en el hato había revolución y me tendí afuera. Ahí me agarró la noche y me metí en un monte, a decí verdá, no se cuál era: lo cierto es que antes de oscurecé, vi muchas aves viajeras en una laguna. Cuando vi garzones, garzas, gabanes, paletas, etc., se me alegró el corazón. 

Esa noche, como dije, entré en una selva espesa. Cuando fui a colgar, no veía, no había luna, era creciente. Cuando andaba corgando el chinchorro, lo hice fue a tientas pero, cuando puse los colgaderos, me di cuenta exacta que los había puesto en dos varas iguales hasta con un nudito un poco mas debajo de donde había puesto los corgaderos, como venía bastante molesto, puse la cobija por encima, metí el posiacaso en el chinchorro, comí y cuando no quise más, lo puse en la malla del chinchorro, cogí la tapara de agua, bebí, recé mis santas oraciones y me quedé dormido. 

Por ahí, no se a qué hora, sentí una terrible sacudida en toda la corgadura, después sentí un frío y sentí un brisote como no había sentío otro en mi vida. Saqué la mano, agarré la cobija que había puesto por encima, me arropé lo mejor que pude y me quedé dormio de nuevo. Cuando desperté, me sorprendí porque vi to´clarito y hasta el sol más cerca de mí. Levanté el mosquitero con cuidado, saqué la cabeza pa´fuera y quedé almirao cuando me vi en los aires. ¡Qué panorama mas lindo que esos que vi ese día, sobrino!. Los ríos los miraba angosticos, los pueblos como ganao majadiao, chiquitos y coloraítos, las casas, las lagunas, bien bonitas las vi, que parecían colchas extendía en el suelo. Yo, al principio, tenía miedo pero después fue desapareciendo hasta que me acostumbré; entonces me senté para ver mejor. Cuando pasé por encima de San Fernando, lo conocí por su río y la torre en forma de aguja; después vi a San Juan de Payara, el Paso Arauca con su saladero, las piaras de caballos cerreros corrían en la sabana. 

Cuando pasamos El Cántaro, me dio miedo porque creí que iba pa´ Brasil, pero el bicho fue bajando y bajando hasta que cayó al suelo, me tiré ligeramente al suelo y solté mis corgaderos de las canillas de un garzón que era el pájaro que me trajo. 

-Dónde lo soltó, tío?
-En el Rincón de los Negritos, por aquí por el paso de Los Yopos, cerquita de mi casa. 

Agamenón soltó la risa de oir a su tío con tan colosal mentira y seguidamente le dijo: 

 -A mi me habían dicho, tío, que usté era el hombre de las raras aventuras. No las había creído hasta que usté mismo me las refiere. 

-Sí, hijo y supieras que he dejado de referirlas porque muchos han tenido la desfachatez y audacia de decirme en mi cara que son mentiras."

10 de noviembre de 2014

Conversas de Hato - Omar Carrero Araque



Como siempre, el material que nos envía el Profesor Carrero, es de primera calidad. No dejen de leer este relato que encierra no solamente el hablar del llanero, sino su chispa y sentido del humor

CONVERSAS DE HATO
Omar Carrero Araque
Baquiano
2013
  
En una de mis estadas en una fundación ganadera de la bajura apureña tuve la oportunidad de compartir vivencias y conversatorios con el peonaje y con algunos caporales de sabana en una actividad que me llevó hacia una experiencia única por lo enriquecedor que resultó el  contacto. 

Desde la quietud del chinchorro de mosquitero coliao pude escuchar, antes que intervenir,  la conversa que sostenían los peones, referidas a su participación en los trabajos de ese día, casi siempre cargada de picardía y chalequeo, una conversa que me llevó a las coplas guerrereñas de “al café y a los caballos” en las que el cantador y poeta elorzano  hace  una bonita apología  de la faena llanera.

Lo curioso del caso se refiere a los vocablos especiales que manejan los  llaneros de hato, un vocabulario restringido y las más de las veces incomprensible para todo aquel ajeno a la vida hatera. Parte de estas conversaciones pasaron a rellenar algunas páginas de mi cuaderno de anotaciones, las cuales transcribo para su lectura y ensayo de comprensión por parte de los legos de la llanería auténtica:

Peón 1: Mire parientico, déjame asegurá el jico para guindá y tratá de enderazá este chinchorro que me salió con tanta pierna que se me dificulta pegá el ojo. Esta madrugá yo entuavía  estaba finito, con los ojos pelaos como bocachico en nevera y vide cuando apareció becerrero más brillante que nunca  poallá encima de aquel Toco viejo.

Peón 2: Está bien familia, yo también voy a guindá pa´ vé si pongo los chíscanos de pa´ rriba y dales un reposito porque ya llevo una semana metiéndoles la mocha en estos barriales que me han puesto las ñaras taquiás de sabañón y de seguí así, segurito primo que me cae hormiguillo.

Hoy voy a pegá el ojo bien contento porque me rindió la brega, moví bien los guarales y pegué 20 chifles y encima deso maté de un chaparrazo a una bocafría de esas que mi agüelo nombraba palpo que por poco me malogra.

Peón 3: Yo tampoco me puedo quejá porque de vuelta vide un  aguaje en el pozo de las chenchenas y apenas lancé el albarico y ahí mismito atravesé a un buen chereco.  Chacá la toca le dije al Sute, mi compinche de siempre,  pa´ raspá y relajá este bocao. Un poco más abajo, en el pozo de las caramas, revisé el chirare y ahí enrredao en sus propias barbas estaba el bastimento pa´ los barrigones, un pijoleto rayao empeñao en meté retroceso para juyí, pero que vá.

Peón 4: Esa es la suerte que nos da El Viejito cámara, que nunca le falta a naiden, en mi conuco la macuca y los topochos están pidiéndole al chocotero que los saque y los ponga a jerví  y que revise el agaje pa´ que los junten en el plato con un buen pedazo de queso pumé  de ese  concha negra, jecha de bosta fresca y baba e´guamacho.

Peón 5: Bueno Catire a dormir tempranero porque en la mañanita te tienes que ajilá a cebá el molino del rincón pero no se te olvide llevarte un ñaure por si te encuentras con los báquiros y también te cargas el murrial porque los jobales están soltando mucha marapa y así podrás traerte  un buen bojote pa´ los chuzos enchiqueraos, que así tendrán como  chasquiar por unos días. Endemás  deja ya de está chalequeando al  guate Leonidas  porque tú sabes que ese niguatoso así con lo jipato y to, es muy corisco y de ná se pone como chinata cuquiá y lo más jodío  es que tira pata y manga sin piedá y de verdaita te digo que nunca le falta una pico e´loro empretiná.

Mira Rafelinacio, tu que estás más cerca del mecho,  apágalo pa´llamá sueño, pero antes nos suelta un buen cacho pa´pegá los ojos entre chacotas y así dormí como pijita con teta. 

Peón 6: Ahorita Ñerito no estoy pa´cachos porque entuavía ando con un tembleque por todo el cuerpo y asustao  por el topetazo que me di con manomota, frente a frente en la pica del caujaro. Allí de sopetón me jayé en la boca de ese animalón pintao y bigotú con la capotera subida  que me mostró los de rompeñervo casi a medio metro de las chingas. Yo me entregué a  matasilva y entre chorros de miao le imploré por mis suticos, que me sacara de la desgracia. Ahí mismito vi  un puntico de luz por entre las agallas del tigre y por ahí mismo, sin dilatá un segundo, metí  la zurda por ese hueco con tal juerza  que me salió pal otro lao y sin mucho  dilatá le agarré el rabo y con la misma templé con toda la gana que pude y en ese trance voltié al animal que quedó con el costillar pa´fuera.  Así parienticos que por esta esta vez me  discurpo  pero les prometo que en la primera los cacheo!!  Buenas noches y que sueñen con Yo!!    

Al desdibujarse el alba,  puntero apaga su fulgor y el amago  de un caballorucio alborota las carrizas que entre chiflidos sienten el frescor del riego que baja del cielo, que de gota en gota enchumba los lambedorales del fangurrial.  

3 de mayo de 2013

Cachos con Tigres

           "Zamuro no cae en trampa, ni tigre come ligero"
El llanero siempre imaginativo, no pierde la oportunidad de "sacar punta" a historias y cuentos de sus experiencias o de lo que ve a su alrededor. Hemos venido hablando de la cacería de tigres y no podemos dejar de incluir en el tema algunos cachos relacionados con estos felinos
Aunque estas historias ya estaban publicadas, las traigo de nuevo para complementar y darle un toque adicional de buen humor al tema que venimos desarrollando. 

ESTABA COLGADO DE UN TIGRE!!

"Llegamos a un sitio que era una quesera que llamaban Rito Requena. Llegamos oscuro. A mí se me había quedado un colgadero (cuerda para guindar el chinchorro). Le digo: papá, se me quedó un colgadero. Me dijo: Chico, busca por ahí falsetas que los llaneros hacer y dejan por ahí. Yo, buscando en lo oscuro, hallé una broma suavecita y colgué. Cuando me acuesto que me estoy meciendo me jaló una broma pa´rriba. Ajá, le digo, papá aquí está un muerto.
-No chico, muerto no sale- respondió el papá
Me quedé quieto. Al rato cuando me estoy quedando dormido me volvió a jalar pa´rriba, ahí fue cuando vi…….. era un tigre!!!! ¡Yo estaba colgado del rabo de un tigre! Entonces el animal se zumbó arriba de la troja. En lo que se zumbó, se llevó el chinchorro. En lo que amaneció me fui por el rastro del animal. Encontré el chinchorro metido en una mata e topocho, y cuando lo agarro, veo en la malla un pedazo pero con pintas. No chico, si yo estaba colgado del rabo de un  tigre. Cuando le cuento al viejo le digo: mira papá, yo no estaba colgado de una falseta
-¿Y por qué no me dijiste? Yo no veo en lo oscuro. Respondió el papá.

Cacho tomado de Apure en Cuerpo y Alma. Cuenta Régulo Tovar, llanero de Arichuna 
TIGRE REGAÑAO:
Este es otro cacho del Sr, Régulo Tovar de Arichuna, tomado de Apure en Cuerpo y Alma:

"Un domingo en un bongo andábamos cargando madera. Nos vinimos aguas arriba, en lo que íbamos remontando estaba un chigüire en la barranca del río. Le dije, mire papá, un chigüire. Me dijo, hijo, brinque para afuera y lo agarra; pero yo no me estoy imaginando que el chigüire es matao de tigre. Brinqué y le puse la mano por la pata de atrás. En lo que lo traigo para la canoa, sale el tigre del bosque detrás de mí. Ese chigüire me lo como yo frito, me dije. Le quité la cacería al tigre. El animal se vino para donde estaba el viejo. Mi papá le echó dos regaños y el tigre se fue, corrió, echó dos ronquidos allá y se devolvió. En lo que llegó, el viejo lo volvió a regañar y se volvió a ir; no volvió mas"

EL TIGRE Y LA TAPARA

Hay ventaja en ser pequeño de estatura, para salvarse de la ferocidad de un tigre..... Tomado de La Vida en los Llanos de Venezuela - Ramón Páez

Después de un largo dia de pesca, me acosté a descansar en mi chinchorro. Como yo tenía la costumbre de dormir con un ojo abierto y uno cerrado, me percaté que un tigre se me venía encima, salté del chinchorro para defenderme y entonces me dí cuenta que no traía mi cuchillo. " Entonces, ví cerca de mí una tapara de un tamaño como pocas veces se ve por estos lugares, y me metí dentro de ella cuando ya el tigre me iba a coger".

"El tigre lleno de rabia por mi brusca desaparición, empezó a atacar con dientes y uñas la tiesa y lisa tapara, sin otro resultado que el de echarla a rodar conmigo dentro y lejos de él, y mucho me divertía mirando la táctica del enemigo. Cuando la echaba a rodar un poco, se echaba sobre el suelo a poca distancia y se quedaba mirando el misterioso objeto, como el gato mira al ratón"

En eso, la tapara empujada por el tigre, cayó dando vueltas al río que estaba abajo y "me encontré navegando rio abajo seguido por una banda de caimanes hambrientos que me miraban con ojos llenos de rabia y abiertas sus bocas, hasta que mi santo patrón, bajo la forma de una tonina, vino a socorrerme espantando a los hambrientos demonios, y recibiéndome sobre su lomo, me soltó en una playa desierta".

TRAS LA PISTA DEL TIGRE

Cuando un tigre se ceba, pierde todo respeto por el hombre y sus bienes, y se acerca frecuentemente a los corrales a cobrar sus presas. Cuando esto ocurre, se reúnen los vecinos para darle caza en su guarida:

“No tardamos mucho en caer sobre el rastro del pintado en una mata vecina, guiados por las huellas frescas de sus patas sobre el húmedo fango. Al llegar al sitio donde presuntamente se escondía, la gente, armada con sus lazos me mandó a soltar los perros. Hice esto con las debidas precauciones y los fui siguiendo. En ese momento me dió un olor fuerte, parecido a cuero mojado y que llenaba el aire por doquiera que me llevaban los perros y poco después sus ladridos me avisaron con quién me había metido: junto con el latido de los perros, oí un bramido ronco parecido al de un concierto de araguatos cuando va a llover, y juzgando por el ladrar de los perros, me figuré que el enemigo se retiraba al escape y que había a llegado el momento de demostrarle mi valor.
Pero ¡ay! apenas había avanzado unos pasos, cuando ¡Ave María!, señores, el tigre lanzó un rugido tan fuerte que hizo temblar la tierra y las matas. No sé que hicieron los perros y el tigre en aquel momento; pero por mi parte, todo lo que puedo decir, es que sin ocuparme en ellos, me encontré al instante al lado de mis compañeros, y lo que fue peor todavía, en presencia del mayordomo, quien como para advertirme, me cayo a chaparrazos por las costillas.
No tengo para qué decir, que después de eso creí que era mejor para mi, quedarme con los perros que podían tener lejos de mí a la fiera, que como se comprende, era el tigre. Bajo mi palabra compañeros, y con el debido respeto para mi comandante aquí presente, les aseguro que de todas las fieras, ninguna es mas terrible que un mayordomo bravo……”

“Notando que el tigre persistía en no cambiar de posición, me dije –“ ahora con él, muchacho, enséñale tus dientes!” -  mientras yo daba dos o tres pasos con la intención de clavarlo con la lanza contra la mata.
Pero ¡ay!, tiempo perdido, pues con un manotazo el tigre me quitó la lanza de las manos, me tiró por el suelo “largo a largo” y me dió al mismo tiempo por el pescuezo esta terrible herida que ustedes pueden ver. Pero no fue solo eso, porque el canalla, despreciando todas las reglas de la decencia y de la cortesía, se me sentó tranquilamente sobre la cara, sofocándome con todo el peso de su cuerpo y con la “jedentina” que le salía.
Por fortuna el tigre como el gato, rara vez acaba con su victima con tal que ésta se quede perfectamente inmóvil, mientras tanto algunos de mis amigos que estaban lejos de allí, no escuchando los gritos con que yo animaba a los perros y temiendo que hubiera pasado algo serio, se fueron sobre el lugar de donde salía el latido de los perros y me salvaron de mi peligrosa situación……"

Fuente: La Vida en los Llanos de Venezuela

27 de octubre de 2012

Cachos y más cachos

Entre los Blogs que sigo, que por cierto sorprende  la cantidad de venezolanos que escriben  "pro-Venezuela" en  sus distintos aspectos, me gusta mucho Letras de Cojedes, que hace un importantisimo aporte literario y cultural de autores y temas de ese estado.

Acaba de publicar allí Isaias Medina, su creador,  un simpático artículo sobre los cachos llaneros, tomado del libro LA MAGIA DE LA PALABRA POR TIERRAS DE BARINAS de María Josefina Villegas (1998).  Pensamos que vale la pena colocar casi en su totalidad el artículo pues su lectura fresca, lo hace muy agradable.
 
"Por los caminos del llano el hombre generalmente anda sólo a caballo, de la dura brega que representa los trabajos de llanerías y de enfrentarse a lo duro del medio. Es la risa y la imaginación lo que sirve de vía de escape. Así mismo, al enfrentarse con una naturaleza exacerbada en sus manifestaciones se identifica con ella, dominando su ambiente y todo lo rodea con una excepcional capacidad de conocimiento y de clasificación de la fauna y la flora de las cuales se siente como una parte más. 

El estrecho contacto con la naturaleza le permite al llanero tener una seguridad propia y sentirse además como poseedor del dominio sobre el medio, todo lo cual le va permitir desarrollar un gran sentimiento de libertad, que solo será coartada por la presencia sobrecogedora de la inmensidad de la llanura con su horizonte en fuga perenne. “Es la ingrimitud, sentirse ante la inmensidad”. Ante lo cual con su carácter fantasioso dispuesto a la exageración y a la experiencia mágica, magnífica los hechos y fenómenos que de una u otra forma desarrolla en estrecho contacto con el medio. 

 Se llama cacho aquellos cuentos, generalmente cortos, que expresan un vuelo fantástico de la imaginación, el cacho no hay que confundirlo con el chiste, es una actividad corriente donde algunos llaneros expresan una gran fantasía y una buena dosis de malicia en un lenguaje coloquial. El cachero jura y perjura que lo contado es la “purita verdá”, “sin naita e mentira”. Pero es de tal magnitud lo que cuenta que arranca risa entre los oyentes, y se establecen suerte de competencias para ver quién es el más exagerado en sus cachos. –“Si otro puede inventar tanto yo puedo hacerlo mejor, esos es inteligencia que tiene uno”- dice Don Tulio, un cachero de Libertad de Barinas que disfruta y hace disfrutar a sus vecinos con sus cachos. 

Constituye ésta una forma de distracción que permite intercambiar vivencias y evidenciar el ingenio de los que lo practican. Flora Ovalles recogió en Libertad de Barinas esta muestra de cachos llaneros que Don Tulio le contó, así como sabe hacerlo uno tras otro, con un despliegue de su gran ingenio y poder de fabulación. “Con la “purita verdá”, “Sin decir ni una sola mentira”, “Porque es un poder de la inteligencia”. 

De seguida oigamos a Don Tulio contar: 
El viaje de los Pavos 
"Voy a contarles lo que una vez nos pasó, sin naita de mentira. En aquel tiempo, tenía yo que llevar a Valencia una maná de doscientos pavos a pie, desde acá de Libertad de Barinas, sí pariente, a pie hasta allá, hasta valencia. Así los fuimos arreando con un bejuco por toítas esas carreteras. Pero sucede que ya cuando íbamos por San Carlos toítos esos pavos tenían esas patas peladas de tanto caminar, sí, tenían ampollas y ya no podían andar más. ¡Bueno pues qué gran problemón!, nos estaban esperando con los pavos y esos bichos que ya no querían caminar por las patas hinchadas y peladas ¡Ah bueno!, pero usté sabe que el llanero es del tamaño de la circunstancia que se le presente y sin esperar mucho yo fui y le compre un par de alpargatas para cada pavo y así fue como pudimos llegar a Valencia."

Los Científicos no Creen 
"Los científicos no creen, pero en las nubes hay pescaos, si señor hay pescaos, que se los digo yo que lo vi, sin ninguna mentira, como que me puedo morir mañana, por mi madre santa. Ese fue un día que llovió mucho. Umju, llovió mucho, mucha, mucha agua cayó. 
De por los laos de Arismendi había venido una nube grande. Era que se formaron nuevas lagunas. Caía tanta agua que la laguna que se formó iba desde acá hasta los laos del Cinaruco. Eso era agua bastante. Y yo estaba ahí con mi compadre. Mire, cámara, mi compadre atajó una cachama así, así de grande, casi tan grande como él, una cachama que cayó de esa nube inmensa. Y caían coporos y palometas que no alcanzábamos a recogerlos todos. Toda la gente pudo recoger pescao ese día y llenábamos tobos de pescao; estuvimos comiendo ese pescao por cuatro meses, umju, porque el quedó lo salamos. Sí, camarita, los científicos no creen, ellos dicen que saben y no creen, pero en el cielo, allá en las nubes hay pescao."

 El Día que Sopló un Gran Viento 
"Yo tenía como quince años, estaba así como muchachón. Mire, pariente, al lado de aquel caney grande, allí cerquita había un árbol tan grande ese árbol que no se le veía la copa y los pajaritos se cansaban tratando de llegar pa´ allá arriba tan alto. Bueno pues, sucede que un día amaneció soplando un viento muy juerte que cada vez que soplaba más juerte y los arboles se doblaban barriendo el piso con sus ramas. En la noche todos nos acostamos a dormí, así como todos los días lo hacíamos pues, y el viento que silbaba fuiiiu, fuiii, toda la noche y nosotros adentro de la casa, pero con ese frío muy, muy grande. De repente que empieza a sonar como un rumor, así uuuh, uuuh, y nos acostamos todos arropados hasta la cabeza. El viento fue tan fuerte que levantó el techo completico y lo dejó allá arriba sobre la copa del árbol muy alto. Pero lo que más nos impresionó, fue que las mujeres que estaban durmiendo cada una en su hamaca, estaban allá arriba, si pariente, seguían colgando en sus hamacas del techo que voló. Allá arriba tan alto que casi no se las veía. ¡Umju! estaban en sus hamacas en la copa del árbol grande. 

 El Viaje en el Caimán 
"Ahora lo que les voy a contar. Esta es la impresión más grande que me he llevado. Eso sí, sin mentira ninguna, con la purita verdá. Caminado que iba yo por la orilla de una caño, y que zás me caigo al agua e´ golpe. Allí como esperándome estaba un caimán tan grande, mire que la cabeza estaba aquí donde está mi pie y la cola estaba allá como dos a tres leguas de largo. Si, un enorme caimán con su bocota abierta y que me traga completico con todo lo que yo llevaba conmigo. Eso adentro estaba muy oscuro, pero yo prendí mi lámpara y busqué donde poner los colgaderos y colgar mi hamaca, así es que saqué mi cuchillo y le abrí en una costilla del caimán. Sí, colgué mí hamaca en las costillas del bicho aquel, porque ya estaba cansado y tenía sueño. Sin mentira ninguna, esta fue la purita verdá. En mí porsiacaso llevaba comida y así me pude mantener mientras que sentía que el caimán iba rápido por esos ríos y yo no me podía salir de su barriga. El bicho iba tan rápido que sentía que el agua pasaba por fuera. Había pasado más de una semana, cuando e´ pronto siento que el caimán se va saliendo el agua y que se echa a dormir en la orilla. Ah bueno pues, como esos animales duermen con la boca abierta y que veo que entraba una luz desde afuera y yo que sigo la luz hasta la boca del caimán. ¡Pija saben dónde estaba! el caimán me había llevado hasta onde sale el Orinoco al mar, si allá onde mientan el Delta y jue allí en ese vainón tan grande onde entra el agua pa´ el mar, jue allí onde me le logré salir de la barriga al caimán y escaparme."

30 de octubre de 2011

Tigre Regañao

Este es otro cacho del Sr, Régulo Tovar de Arichuna, tomado de Apure en Cuerpo y Alma:

"Un domingo en un bongo andábamos cargando madera. Nos vinimos aguas arriba, en lo que íbamos remontando estaba un chigüire en la barranca del río. Le dije , mire papá, un chigüire. Me dijo, hijo, brinque para afuera y lo agarra; pero yo no me estoy imaginando que el chigüire es matao de tigre. Brinqué y le puse la mano por la pata de atrás. En lo que lo traigo para la canoa, sale el tigre del bosque detrás de mí. Ese chigüire me lo como yo frito, me dije. Le quité la cacería al tigre. El animal se vino para donde estaba el viejo. Mi papá le echó dos regaños y el tigre se fue, corrió, echó dos ronquidos allá y se devolvió. En lo que llegó, el viejo lo volvió a regañar y se volvió a ir; no volvió mas"

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16 de octubre de 2011

La Coleada de Baldomero

Baldomero es un personaje que se hizo popular en el oriente de Guárico, a causa de sus exageraciones. Tomado de "Un Andaluz del Llano Alto" V.M.Ovalles

"Era yo un mocetón que en cuestión de juerza y brío no había mas que pedí.
En unas coliadera en Chaguaramas, los coliadores estaban retardaos y la gente empezó a sirvalos
Me empiné sobre los estribos y miré por encima del coso, a vé que toro me gustaba y me enamoré de un borcelano y lo mandé a echá.
El toro era un relámpago, pero al brincá el tranquero, antes de que pusiera las patas en el suelo, yo ya le había cogido el rabo.
Mi compae me cerró el toro, y la yegua se abrió, pero yo iba con la sangre tan caliente, que levanté el toro en el aire y le dí güertas por encima de mí.
Mi compae Avelino me gritaba: tire el toro que se va a malográ la yegua!!!
Pero yo no podía tiralo, porque cuando intentaba hacelo, de toos los tablaos me gritaban:
Aquí no! Aquí no!
Y tuve que llegá, dandole güertas al toro en el aire, hasta la punta de la empalizá, y alli lo tiré po encima y el bicho estaba tan asustao, que no tuvo ganas de ná.
Y el pueblo me llevó en procesión y me daba vivas y de los tablaos las niñas me tiraban ramos...
-¡Eso si que fué un palo e coleada, Baldomero!!

15 de octubre de 2011

El Tigre y la Tapara

Hay ventaja en ser pequeño de estatura, para salvarse de la ferocidad de un tigre..... Tomado de La Vida en los Llanos de Venezuela - Ramón Páez

Despues de un largo dia de pesca, me acosté a descansar en mi chinchorro. Como yo tenía la costumbre de dormir con un ojo abierto y uno cerrado, me percaté que un tigre se me venía encima, salté del chinchorro para defenderme y entonces me dí cuenta que no traía mi cuchillo. " Entonces, ví cerca de mí una tapara de un tamaño como pocas veces se ve por estos lugares, y me metí dentro de ella cuando ya el tigre me iba a coger".

"El tigre lleno de rabia por mi brusca desaparición, empezó a atacar con dientes y uñas la tiesa y lisa tapara, sin otro resultado que el de echarla a rodar conmigo dentro y lejos de él, y mucho me divertía mirando la táctica del enemigo. Cuando la echaba a rodar un poco, se echaba sobre el suelo a poca distancia y se quedaba mirando el misterioso objeto, como el gato mira al ratón"

En eso, la tapara empujada por el tigre, cayó dando vueltas al río que estaba abajo y "me encontré navegando rio abajo seguido por una banda de caimanes hambrientos que me miraban con ojos llenos de rabia y abiertas sus bocas, hasta que mi santo patrón, bajo la forma de una tonina, vino a socorrerme espantando a los hambrientos demonios, y recibiéndome sobre su lomo, me soltó en una playa desierta".

9 de octubre de 2011

Ataque de Caribes

Muchas historias nos cuentan de los peligros de vadear los ríos. Pedro García, personaje legendario en Los Vencidos, de José León Tapia, cuenta su experiencia:

"Caballo rucio blanco es el mejor nadador del mundo- decía con certeza- además no lo muerde caribe nunca. En cambio, el castaño colorado parece sangre y es peligroso para vadear las aguas. Y ese día se me olvidó el asunto cuando, a todo apuro,  tuve que cruzar el Arauca. Me tiré sin pensarlo a la corriente mansa; y, al no mas entrar en lo profundo, escuché el burbujeo, una musiquita ronca que hacía rizos en el cauce. El castaño avanzaba a lo que daban sus fuerzas, pero después fué perdiéndolas como si estuviera desmayándose y al llegar a la orilla contraria, me di cuenta de que estaba montado sobre un esqueleto, al desarmarse de pronto, dejándome la silla entre las piernas."

29 de septiembre de 2011

Estaba Colgado de un Tigre!!!

"Llegamos a un sitio que era una quesera que llamaban Rito Requena. Llegamos oscuro. A mí se me había quedado un colgadero (cuerda para guindar el chinchorro). Le digo: papá , se me quedó un colgadero. Me dijo: Chico, busca por ahí falsetas que los llaneros hacer y dejan por ahí. Yo, buscando en lo oscuro, hallé una broma suavecita y colgué. Cuando me acuesto que me estoy meciendo me jaló una broma pa´rriba. Ajá, le digo, papá aquí está un muerto.
-No chico, muerto no sale- respondió el papá
Me quedé quieto. Al rato cuando me estoy quedando dormido me volvió a jalar pa´rriba, ahí fue cuando…….. era un tigre!!!! ¡Yo estaba colgado del rabo de un tigre! Entonces el animal se zumbó arriba de la troja. En lo que se zumbó, se llevó el chinchorro. En lo queamaneció me fui por el rastro del animal. Encontré el chinchorro metido en una mata e topocho, y cuadno lo agarro, veo en la malla un pedazo pero con pintas. No chico, si yo estaba colgado del rabo de untigre. Cuando le cuento al viejo le digo: mira papá, yo no estaba colgado de una falseta
-¿Y por qué no me dijiste? Yo no veo en lo oscuro. Respondió el papá.

Cacho tomado de Apure en Cuerpo y Alma. Cuenta Régulo Tovar, llanero de Arichuna

27 de septiembre de 2011

EL General Zaraza en su encuentro con un "Pintao"

Suceso ocurrido en una cacería de tigres donde participaban el General Páez y el General Zaraza, actividad muy frecuente en la época ya que estos animales producían grandes pérdidas en el ganado. Tomado de Las Sabanas de Barinas-Capitán Vowel

En realidad no estoy segura que esta historia sea un cacho. Aparece plasmada en el libro mencionado, como un suceso en cierto modo "humillante" para el General Zaraza, que para la época era un  hombre de edad y muy respetable.

"Salen simultáneamente del monte dos panteras , Páez y Zaraza, se lanzan en su persecución con sus respectivos lazos. Páez lanza el suyo y atrapa el primer animal por el cuello y el hombro inmovilizándolo, pero Zaraza ciñó al suyo por el lomo, dejándole libres las piernas. La fiera, se volvió inmediatamente contra su perseguidor y antes de poder hacer nada, saltó por encima del pajonal y cayó en la grupa del caballo, detrás del atónito cazador. Por suerte, los desesperados corcoveos del caballo en medio de su espanto impidieron que el animal atacara al jinete. Sin embargo el peligro de Zaraza era grande, pues de detenerse el movimiento del caballo, podría ser presa fácil de la fiera. Tampoco era posible que se apeara pues quedaría igualmente vulnerable.
En tan crítica situación, salvó al general la destreza del ayudante de Páez, quien muy diestro con el lazo, logró bajar al animal de la grupa del caballo, de un solo tirón.

Esta historia con visos de veracidad, probablemente fue posteriormente comidilla entre los soldados,  pues en realidad fue un cómico suceso muy vergonzoso para el General Zaraza.

22 de septiembre de 2011

Ah Llaneros pa´resabiaos!!!

"Dos dueños de hato que, además de cordiales y buenos vecinos, eran compadres "de sacramento". Ambos poseían rebaños de ganado vacuno en cantidad considerable, al extremo de no saber con precisión, ni el uno ni el otro, el número de cabezas que tenían, cosa ésta muy frecuente en los Llanos, donde no hay empalizadas ni ninguna otra clase de cerca.
Uno de ellos, que se preciaba de hombre travieso, solía llevar al desolladero de su casa, y para sus gastos de alimentación, reses orejanas pertenecientes a la posesión de su compadre y colindante.
Las reses ajenas que mataba, por un raro escrúpulo de conciencia, las anotaba, no en un libro, que el buen hombre no sabía escribir, pero sí en una tira de cuero. Con un cuchillo le hacía un piquete a la tira por cada res muerta. Llegaron a tantas las reses, que al cabo de años la correa de cuero crudo parecía una sierra de puro dentada.
Y se presentó el trance final: la muerte se le venía encima al pobre llanero Mas no podía morir tranquilo: el cargo de conciencia de haber hurtado tantas reses a su compadre bienamado le hacía terrible la agonía.
Resolvió enviar a buscarle para suplicar su perdón: no quería él presentarse a San Pedro sin aquel pasaporte para la eternidad.
-Compadre -comenzó a decirle con voz apagada-, yo me he comido una porción de orejanos suyos. No puedo morir en paz del Señor con este cargo de conciencia si usted no me perdona.
El interpelado se puso a reflexionar contando con los dedos y como haciendo cálculos. Luego abordó al moribundo:
¿Y ha llevado usted la cuenta de esas reses, compadre?
El moribundo sacó la correa de debajo de la almohada con que tenía aderezado el chinchorro, Y se la extendió al interesado. Éste contó los picos y sumaban unos doscientos, suma redonda; sonrió y respondió con desparpajo:
¡Muera usted tranquilo, compadre!...
En la correa en que yo llevo, la cuenta de las reses que me he comido suyas, se miran doscientos. . . y diez picos! ¡A padrote viejo no le relinchan potrancos!

4 de septiembre de 2011

Engañando al Caimán

Régulo Tovar-Fotografía Manuel Abrizo
Régulo Tovar es un llanero de Arichuna, famoso por sus cuentos y cachos. Con sus historias suele entretener a la muchachada del pueblo que acude a su casa en Arichuna. Estas reuniones suelen durar hasta la medianoche o la una de la madrugada, donde la chispa llanera y la risa que provoca en su auditorio hacen una escena digna de referirla, tal como lo hicieron un grupo de venezolanos coordinados por Elisenda Vila y Lisandro Solórzano, en el maravilloso libro titulado APURE EN CUERPO Y ALMA,  editado por la Gobernación del Estado Apure, lamentablemente en  muy pocos ejemplares.
Con fotografias de Manuel Abrizo y co-autoría del Dr. Argenis Mendez Echenique, tengo la oportunidad de contarles estas historias, gracias a la cortesía del Historiador Eduardo López Sandoval, que me prestó el libro del cual  hablaremos mas detalladamente en otra entrada.
Sin más, les contamos uno de los cachos de este Personaje del Pueblo Arichunero:
"Estaba en el llano cuando me mandó mi papá y me zumbé a un caño con todo y caballo. Fíjese lo que yo hice: cuando me zumbe al caño, el caballo me sacó de la silla, pero yo soy bueno para nadar. Cuando voy nadando, oigo una ola que viene detrás de mí, ¡era un caimán! Entonces me zambullí y le zumbé una pancá y le tapé los ojos de agua. El bicho cerró la vista y  cuando la volvio a abrir, no me vió. Ya yo iba por debajo del agua, zumbándole, hasta que subí a una explanada y rompí pa´fuera. El animal llegó también a la explanada y se regresó porque no me vió mas"

"Don Régulo, un hombre delgado y pequeño, montado sobre un travesaño de madera colocado en el patio, echa el fantástico cuento como si se tratara de una historia verídica, ocurrida en aquellos tiempos de aventuras cuando andaba por esos montes  y llanuras de Guárico y Apure. Habla en un tono bajito y uno espera que detrás de aquella seriedad reviente repentinamente una carcajada, sin embargo su rostro se mantiene grave y esa seriedad le agrega mas humor al "cacho", palabra con que en el llano se identifica al cuento. Estos cachos forman parte de las tradiciones orales y del folclore del pueblo" Tomado de Apure en Cuerpo y Alma.


Nota: hemos recibido autorización de Argenis Mendez Echenique para utilizar algunas  fotos del libro, siempre que se coloque la fuente.

5 de junio de 2011

Los Cachos de Pajarote

Fragmento tomado de Cantaclaro de Don Rómulo Gallegos:
Candela fea la que vi una noche, navegando por el Meta. Asina, sobre un ribazo, miramos de pronto unas luces, y creyendo que eran casas, nos acercamos a la orilla para ver si se encontraba algo de comer, porque se nos había acabado el bastimento y el hambre nos llevaba trozados. El ribazo era un médano, y las luces ¿Qué creen ustedes que eran? Un solo rollo como de mil culebras - ¡Ave María Purísima!-que se estaban restregando unas con otras en el arenal. Era asina como cuando se frota un fósforo entre los dedos.
-No sea ponderativo, vale-dícele Maria Nieves
-¡Ah caramba! ¡Es que usted no ha visto nada, indio! Métase por esos ríos para que vea cosas raras. Eso es lo mismo que el pasaje que les he contado otras veces, de cuando estuve trabajando en la pesca de la tortuga en el Orinoco.
-Como es eso?-pregunta uno de los peones nuevos
-¡Guá! Que un día del año, ahora no recuerdo cual, al punto de medianoche, pasa un viejito en una curiara , íngrimo y solo y sin que nadie haya podido descubrir todavía quién es ni de dónde sale. Algunos dicen que es nuestro Señor Jesucristo en persona. Lo cierto es que se para en una punta de playa y pega un leco, que lo oyen todas las tortugas del Orinoco, desde las cabeceras, allá mas arriba del Roraima, hasta las bocas. Esa es la señal que esperan las tortugas para salir a poner sus huevos en la arena de las playas. Ahí mismito se empieza a oir el trueno de los millones de carapachos tropezando unos contra otros.Y esta es tambien la señal que esperan los que saben, para salir a cazarlas mansitas.
Y antes de que se rompiese en risas el momentáneo silencio de credulidad:
-¿Y de lo del Dorado que vieron los españoles? Yo también lo he mirado. Ese resplandor que algunas noches se distingue desde aquí, por los lados donde cae el Meta.
-Esas son las quemazones de la sabana, Pajarote
-No, señor, vale Antonio. Yo le aseguro a usted que ése es el Dorado que mientan esos libros que usté me leyó una vez. Sobre el Meta se ve clarito y grande como una ciudad de oro.

Como ilustración a este cacho, colocaremos una foto perteneciente a la iconografía de Rómulo Gallegos. Pajarote es el hombre acostado sobre la cola del caimán. La imagen fue tomada del libro Los Paisajes Llaneros de Rómulo Gallegos AL Porvenir, de Pedro Cunill Grau.

26 de mayo de 2011

Pajarote Prisionero

Fragmento tomado de Cantaclaro de Don Rómulo Gallegos

Habíamos caído en manos de los revolucionarios del gobierno,  y como nosotros les habíamos dado mucho que hacer en dondequiera que nos tropezábamos - y Pajarote carga la fama- a mí me habían colgado las mías y las ajenas, y ya estaba resuelto que me iban a fusilar. Eso fue cerca de las bocas del Apure y estaba el río de monte a monte. La gente que me cargaba preso se llegó hasta la orilla, para que bebieran las bestias. Todos íbamos cubiertos de barro hasta las narices y al capitan de la compañía le dieron ganas de bañarse; pero en la orillita, porque no era bueno de agua. Se me ocurrió mi idea y dije, de modo que él me escuchara:
“-Ah capitán para tener bríos! Yo en el pellejo de él no me estaría bañando ahí tan tranquilo, con la caimanada que hay en ese río”
-Me oyó el hombre y como cuando uno empieza a hacer la diligencia para salir de un mal paso, ahí mismo está Dios haciéndose cargo de lo demás, se le ocurrió también al capitan su idea, que  no era muy bendita, y me preguntó:
-Y usted no es llanero, pues?
-Si, señor mi capitán-le respondí mansito-llanero soy pero de a caballo, que no es la misma cosa. A mí, búsqueme usted en la tierra, pero en el agua no me encontrará nunca, ni en la orillita.
Me lo creyó el hombre, porque estaba de Dios que así sucediera, y para divertirse conmigo, o para no tener que pasar el mal rato de fusilarme, mandó a que me quitaran el cabo e soga con que me tenían amarrado y me echaran al agua para que me bañara, diciéndome:
-Acérquese amigo,para que se lave las patas, no vaya mañana a ensuciar el cielo cuando San Pedro lo mande a pasar adelante
-Los soldados echaron a reirse, y yo me dije; “Te salvaste Pajarote” y seguí haciendo mi papel:
-¡No, mi capitan! ¡Por vida suyita! Yo prefiero que me fusilen, si esa es mi suerte, antes que morir comido por un caiman
-Pero él le gritó a los soldados:
-Echen al agua a ese cobarde!- y me zumbaron al río para que me ahogara. Eso fue del lado allá del Apure. Hice como si me hubiera ido de cabeza….
Pajarote deja en suspenso el cuento y uno del auditorio reclama:
¿Que hubo, pues , vale?¿Va a dejar el cacho sin punta?
-Pero ¿no me está viendo del lado de acá?. Vine a sacar la cabeza en la otra orilla y les grité :-No dejen de hacerme pasar un susto como este otro día! - Me hicieron que se yo cuantos tiros, pero ¿Quién alcanza a Pajarote cuando es hora de decir: ¡Pata ¡ ¿pa qué te quiero?

31 de enero de 2011

Cuentos de Vaquerías. Entrada 2/2

Este es otro de los pasajes que se contaba en el concurso de "cuentaembustes" citado en la entrada anterior:

"¡Señoras y doncellas y caballeros todos! ¡ejem! He de alvertil, antes de rompé con el cuento, que en el mes de éste sin igual…..no florean sino los caramacatales y los guaterales, que como todos sabemos, la flor del primero jiede, mas que güele, a cuero seco y a lo de los segundos….. a no se diga.

Esto que voy a referil fue – según la cuenta que tengo llevá en una tarja, allá en casa, donde mañana todos los aquí presentes lo pueden comprobá – hace veintidós años, tres meses, catorce días y diez horas , a la de ésta, poco mas o menos.

_Yo salí como si a matá un venao, en junto con mi compae Agapito, el de Méano Carmonero, que en esos dias paraba con nosotros en el Paso. Cogimos un bongo, rio arriba y empezamos a canaleteá: ¡Ruás, Ruás! ¡Ruás, Ruás! ¡Ruás, Ruás!

-Basta viejo – interrumpe uno de los peones- suelte el canalete y acabe de atracá que se le va a dí el venao.

-je je Yo con mi escopeta maquiritana Y el compae con un machetico tocó y asina nos internamos por el monte del costo, pa dí a reventá a una culata e sabana donde se majadeaban muchos venaos. ¡Ah! Se me olvidaba decir que el venao que yo iba a matá, era uno blanco que y que estaba apareciéndose por aquellos comederos, no siendo un venao propiamente, sino un cristiano encantao. Por la trocha de monte que cogimos llevábamos como si a la derecha el caramacatal y como si a la zurda el guateral susodicho sin que nos pasara por las totumas de los embustes la idea de que por allí pudiera habé un tigre, como en efecto lo había y cebao por más señas, y cuando acordamos, se estremece el monte que llevábamos a la derecha y se nos barajusta, encima esa profundidá de animal. Yo que iba alantico, cuando cato de verme cara a cara con él, no pude sino decirle: - ¡Tigre el c…..! - ¡je, Je! Y sigo mi cuento antes que se me vaya el tigre. Yo que digo como queda sobreentendío y mi compae Agapito que empieza a escobillá, como si asustao, zarandeando su tocón y preguntándome:

-¿Ande está el tigre, compae que no lo veo? Yo lo que siento es que el guateral como si ha floriao toitico de un golpe.

Bueno pues, empezamos a bregá con el bicho y gastamos catorce horas. Fíjese señor perito. Dos mas, sin contá los minutos, que las del caimán de mi compae Dimas. Pero esa maquiritana se portó. ¡Si niño! No falló un tiro."   Cantaclaro. Rómulo Gallegos

24 de enero de 2011

Cuentos de Vaquerías. Entrada 1/2

En Cantaclaro, Don Rómulo Gallegos coloca un capítulo llamando CUENTOS DE VAQUERIAS, donde la peonada de El Aposento, previo al baile, canto y joropo, hacía una especie de concurso de cuentos, a cual más fantástico, pero que reflejan la imaginación y  la naturaleza picaresca del llanero. Se deja ver en la costumbre de aquellos tiempos, la jovialidad y espíritu juguetón de esos hombres recios, que abiertamente ponían en duda el testimonio del “cuentaembuste” que estuviera narrando su historia. En dicha obra, estos cuentos los llaman “pasaje”

Se transcribe a continuación uno de ellos, obviándose algunos diálogos para no hacer muy larga la entrada: 

“Esto fué en el mes de febrero. Cuando florece el masamoso de la flor rosada en forma de campana y a lo lejos se distinguen los méanos de la sabana, que con el reverberar del sol, parecen grandes montones de oro.

El mes en que el veguero del Orinoco lo obliga el frío a abandonar el chinchorro y acostarse en la arena de las playas. Él al levantarse, se para dándole el frente al río, bosteza, se rasca la barriga por encima de la franela, ve la Cruz del Sur, suspira y piensa en el mes de marzo. No por el mes propiamente, sino por los terecayes, que ya saldran a poner sus sabrosos huevos en la caliente arena de las playas. En una ocasion se fue un veguero orinoqueño a velar unos terecayes en una boca seca que por allí daba al Orinoco. El veguero no encontró ná, por mas que agujereó toa la playa con su puya y viendo que estaba perdiendo su tiempo, aunque ná de mayor provecho tenía que hacé, se acostó en la playa.

Tan profundamente dormío se quedó, que cuando dispertó creyó que tenía una pesadilla, porque sentía un gran peso sobre la boca del estómago, pero al pelá los ojos cató de vér que era un caimán que le estaba pasando por encima.

Él no se asustó, pa que vean, sino que se quedó quietecito hasta que el caimán le acabó de pasá. Pero lo grande es que serían como las doce y minutos del día cuando el veguero abrió los ojos y se vio con tan terrible fiera encima…… y cuando dejó de sentí el peso sobre la boca del estómago, ya las cabrillas estaban serenitas donde en denantes estuvo el astro encandilador.

-¡Doce horas pasándole por encima! – prorrumpió el auditorio- ¡Ave María Purísima! Asina sería de largo ese caimán.
-Tres leguas por lo menos tendría
- Y la flor de masamoso y los montones de oro, qué tenían que vé con el tamaño del caimancito ése, compae Dimas?
- Eso lo van a ilucidá los peritos, compae Tereso. Ca uno se adorna a su manera".

28 de noviembre de 2010

Cachos con Tembladores

Los cachos, pasajes o cuentos, son también una forma de tradición. Dicen que el llanero es exagerado y por ende embustero. Sin que ello me conste, allí va un cuento enmarcado en una especie de concurso que se desarrolla en Cantaclaro, para ver quien echa el mejor pasaje. Entendíendo por el mejor, aquel que aunque sea fantástico, sea plenamente sostenido por el narrador:


-¡Ah caramba viejo! Ese amigo suyo está deletreando en materia de tembladores. Oigame este pasaje”… "En una ocasión iba yo para la Urbana, acompañando a un amigo del costo del Orinoco a quien se le había muerto la mujercita ya para darle a luz su primer hijo, y la iba a enterrar sin mas acompañamiento que el de mi persona.


Ibamos en una curiara y como el viudo no hacía sino contemplar en silencio el cadaver acostado en el fondo de la embarcación, yo, por distraerme, me puse a contemplar el agua y en eso caté de ver, como el amigo de su cuento, un aguaje de tembladores; pero no de uno solo, sino de un camboto de ellos. Cojí el arpón, que usté no me va a preguntar donde lo llevaba, lo lancé a salga la que saliere y salió un tembladorcito pequeño, de esos barriga blanca que llaman joveritos. Pero el arpón estaba enmachado y al suspenderlo por la guaica, se le rompió al gimnoto –como usté dice que se llama, que no me consta, pero su palabra vaya adelante- el pellejito por donde estaba prendido y se cayó en el cadaver ya mencionado sobre el vientre. No hizo sino tocarla cuando la muerta se enderezó en la curiara, se pasó la mano por el pecho, exclamó - ¡Ay mi madre!- soltó lo que tenía en la barriga, que era un varoncito y se volvió a acostar, quedándose otra vez muerta del todo


Prorrumpieron en carcajadas los oyentes, ninguna mas regocijada que la de juan Parao, y entre ellas la del propio Hinojoza, quien luego dijo:


-¡Vaya pues! Me mató usté el gallo en la mano, catire. Ya me habían dicho que usté era un gran contador de embustes…”

21 de noviembre de 2010

Cacho: Cómo se inició el Incendio de la Sabana

A propósito de los incendios que arrasan la sabana durante el verano, Florentino Coronado les estaba contando esta historia a los peones:

-Y pensar que fueron mis manos las que prendieron esa candela en cada una de las cuatro puntas del mundo de que habla El Profeta

-Y cómo fue eso, Cantaclaro

-Tal como se los voy a contar. Yo había salido de Cordoncito, junto a El Limón, como a las cuatro de la madrugada del dieciocho del mes pasado, que, como ustedes recordarán, cayó en Jueves Santo. Iba a pescar tortugas en el charco de Cuajarito, me amaneció junto a los Mautes y recuerdo que estaban esos dragales amarillitos de flores”…..” cuando llegué a Cuajarito tiré mis fondas y ya llevaba dos horas y treinta y siete minutos sin que hubiera aparecido una tortuga por todo aquello, cuando de pronto se forma un aguaje que por poco me trambuca la concha y asoma a flor del charco una tortuga careta, como no la había visto mas grande en toda mi vida. -¡Mae Santa! – exclamé yo, al ver aquella profundidad de animal. Pero nada era el tamaño, sino que en la cabeza, tenía una gran cresta en forma de peineta y tan resplandeciente que parecía de oro.

-Ya está!- ¡Tortuga con peineta!¿iba pa un baile, Cantaclaro? ¡Mire que usté si inventa!

-Para un baile no sería, compañero, pues ya le he dicho que era Jueves Santo; pero sí a visitar los monumentos-

-¿Y no se asustó de ver tan grande rareza?

-Ya le dije, pero a usté se le ha olvidao. Cogí el arco, me lo llevé al sobaco, lo volví a bajar y lo volví a subir, sin atreverme a largar el flechazo, porque aquella enormidad y rareza de animal me tenía fascinado.

-¡Mae Santa!- seguía yo diciéndome,-¿Si estaré soñando?- Pero estaba despierto y por fin me decidí a largar el flechazo. Lo puse donde había puesto el ojo, que era en la peineta que me tenía deslumbrado, pero el clavo chaflanió y produjo un cispero que fue a hacer para ambos costaos del río Urtaleña.

-Y se prendió la Sabana – intervino el peón malicioso

-¡Tú lo has dicho zambo! Las chispas que cayeron hacia el naciente, fueron las que abrieron el fuego en las sabanas de Arauquita, Las Mocitas, Araguaquén, Borjas y Buscaruido. Y fíjense que estoy nombrando sitios que no me dejarán mentir.

Soltaron la risa los peones y, haciendo de su amoscamiento socarronería, el viajero interrogó:
-Y las que cayeron hacia el poniente, que estrago hicieron?

-Esas abrieron el potrero de Santa Rita de Urtaleña, Santa Rita Torrealbera, Las Topias, Burrón, Santa Rufina, El Milagro, Palambra, San Rafael de Cunavichito….

-¡Párese ahí Cantaclaro!- prorrumpieron los peones entre sus carcajadas –Abrale un contrafuego a esa candela, que vamos a achicharrarnos toítos!

14 de noviembre de 2010

Las Lágrimas de Cocodrilo

"Cuéntase que los cocodrilos cuando han devorado a un hombre, como no pueden tragarse la cabeza, la llevan a un apartado lugar de las orillas, donde lloran y lanzan quejas sobre ella, en tanto que lamentan su incapacidad para tragársela, con gritos que llenan de pavor la noche….."

7 de noviembre de 2010

Ese Tigre Resabiao

Continuando la historia anterior, y considerando que nuestro narrador escogiendo de los males el menor, volvió al ruedo en pos del tigre,  siguió el relato:

“Notando que el tigre persistía en no cambiar de posición, me dije –“ ahora con él, muchacho, enséñale tus dientes!” -  mientras yo daba dos o tres pasos con la intención de clavarlo con la lanza contra la mata.
Pero ¡ay!, tiempo perdido, pues con un manotazo el tigre me quitó la lanza de las manos, me tiró por el suelo “largo a largo” y me dió al mismo tiempo por el pescuezo esta terrible herida que ustedes pueden ver. Pero no fue solo eso, porque el canalla, despreciando todas las reglas de la decencia y de la cortesía, se me sentó tranquilamente sobre la cara, sofocándome con todo el peso de su cuerpo y con la “jedentina” que le salía.
Por fortuna el tigre como el gato, rara vez acaba con su victima con tal que ésta se quede perfectamente inmóvil, mientras tanto algunos de mis amigos que estaban lejos de allí, no escuchando los gritos con que yo animaba a los perros y temiendo que hubiera pasado algo serio, se fueron sobre el lugar de donde salía el latido de los perros y me salvaron de mi peligrosa situación……"

Fuente: La Vida en los Llanos de Venezuela