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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

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3 de septiembre de 2012

Los Entierros y "Aparatos"

Seguimos ofreciéndoles uno de los múltiples trabajos preparados por el  profesor Hugo Arana Páez, denominado  APURE: TIERRA DE LEYENDAS, CREENCIAS, FANTASMAS, ENTIERROS, APARATOS Y CUENTOS. 

LOS ENTIERROS:
Son tesoros ocultos, consistentes en monedas de oro, plata o alhajas, las cuales son depositadas en una botija, pimpina o tinaja. Dichos envases eran enterrados en el patio, en algún aposento de la casa, otras veces al pie de un árbol (preferiblemente una ceiba, samán, mamón, mango, tamarindo, merecure o algún otro árbol), pero frecuentemente los sepultureros de tesoros preferían los traspatios abandonados de las viejas casonas. 

Refiere la tradición que el enterrador no informaba a sus allegados el ocultamiento del entierro, por lo que al morir se llevaba consigo el secreto y se convertía en un ánima en pena, que algunas veces se aparece a los beneficiarios en sueños, otras sale por las noches (preferiblemente) produciendo ruidos de cadenas arrastradas, golpeando, abriendo o cerrando puertas violentamente (portazos), celajes y a veces se oyen pasos arrastrados o una luz muy brillante que va desde algún lugar de la casa hasta apagarse en el sitio donde se halla oculto el entierro. Esto lo hace el muerto, para indicarle al beneficiario elegido (preferiblemente un allegado) la ubicación del tesoro; comprometiéndose el beneficiario por su parte a hacerle misas y rezos al difunto; en cambio si el convenio es con Satanás, hay que empeñarle el alma o los hijos que se tengan. 

También existen muchos timadores, que sabedores de la existencia de ingenuos interesados en sacar entierros, buscan a esas potenciales víctimas para venderles la idea de sacar uno, que se halla oculto en determinado paraje, pero que necesitan recursos (económicos) para la consecución del proyecto. 

En ese sentido vale mencionar el tema El Muerto de las tres Matas, del cantante Hipólito Arrieta, en que relata el chasco que le pasó al negro Zenón Rapia, quien engañado por un “vivo” y un indio (de seguro el Diablo) vestido de cura, perdió todo el dinero que había invertido en su anhelado proyecto de conseguir un Entierro. 




Las historias sobre entierros de morocotas y tesoros, tienen su origen en la costumbre generalizada de las personas que vivieron durante la época colonial y el período republicano, de enterrar o tapiar en las paredes de sus casas, todos aquellos objetos de valor y muy especialmente sus riquezas en morocotas de oro, perlas y diamantes. En torno a ello se fueron creando relatos de espantos y apariciones de animales que custodiaban el lugar donde se hallaba el escondite. Se dice que muchas personas, para evitar el saqueo de sus entierros, lanzaban conjuros en el lugar para impedirle extraer los tesoros a quien osara acercarse.Si por ventura algún saqueador quería llevarse la riqueza, debíaenfrentar a los seres mágicos que estarían cuidando el sitio. Los entierros pueden manifestarse, mediante  braseros incandescentes o luces que bailan de un lugar a otro. Cuentan los abuelos que los jueves y viernes a mediodía o a la medianoche, estos tesoros están a flor de tierra listos para que algún afortunado los encuentre. De querer encontrar uno de estos, se debe ir al lugar con una moneda de plata debajo de la lengua y agua bendita. Si logra vencer el espanto, sacará el entierro, pero no debe romper la múcura o abrir la bolsa de cuero de inmediato, ya que el óxido de los metales podría envenenarlo. Revista IPC Barinas


LOS TESOROS Y LOS ESPANTOS (VULGO ENTIERROS)
Las fosforescentes llamas que por la noche se divisan en algunos puntos de la superficie terrestre y que la física denomina fuegos fatuos, han dado entre nosotros origen a la más rara y peregrina preocupación popular. Cree la gente sencilla y aun muchas que no lo son tanto, que esas luces errabundas son siempre indicio cierto de la existencia de algún tesoro escondido en el sitio donde el fenómeno de la combustión se verifica. A este respecto, se cuentan innumerables historias, como la de un humilde peón, que de la noche a la mañana se convirtió en respetable señor. Don Fulano, verbigracia, que hasta no ha mucho era un pobre jornalero, cuyo trabajo escasamente le producía lo necesario para la subsistencia de su numerosa prole; el pobre diablo, de la noche a la mañana se transformó en un hombre acomodado. Esta inesperada riqueza le permitió comprar una lujosa casa, abrir una empresa y a ahora a su nombre se le precede el clásico Don (De origen noble), heredado de nuestros antepasados, los españoles. Pues esa metamorfosis se debió, decían, al hallazgo de un entierro que el limpio desenterró. El peón fue guiado por una luz misteriosa que en el fondo del corral de su casa se percibía de noche. Este pobre, pero hábil buscador de tesoros, parece que señaló con una marca el lugar donde la luz se ocultaba y al siguiente día, por la madrugada, cavó allí la tierra y encontró un cuantioso caudal de monedas de oro y plata. Pero hay más. Lo que desde tiempo atrás traía preocupado a Don Fulano, era una visión que de vez en cuando aparecía en la casa y que casi siempre iba acompañada o precedida de golpes sordos, cuya dirección no era posible distinguir; circunstancia que, unida a la visión de la luz, fue para él la revelación de hallarse en la pista de uno de esos entierros de real (dinero) de que tantas anécdotas había escuchado referir desde su infancia. 

 Concluyendo, todas esas historias pueden resumirse así: dondequiera que había o hay algún entierro -porque todavía los hay, el trabajo es encontrarlos-, se perciben ruidos terribles, extraordinarios, misteriosos: ora suenan cadenas arrastradas a lo largo de las habitaciones y pasadizos, sin distinguirse quien las mueva; ora gritos lamentables, proferidos por algún alma en pena; ya estrepitosos golpes en las ventanas, techos y paredes; ya espectros de diferentes formas y tamaños que, mostrando su blanco sudario, se pasean por los corredores y patios de las casas en silenciosa actitud. La luz nunca falta: ella es la señal característica de esta compleja visión. Entierro sin su correspondiente luz no es ni siquiera concebible; será cualquier otro aparato -como dice el vulgo- , será un alma que está penando o cosa por el estilo, más no será un Entierro. 

APARATOS.
Los Aparatos son apariciones malignas que tienen diversas versiones, de acuerdo a la región del país donde se manifiestan, como las leyendas de Juan Machete, El Burro del Bucaral, Federico y Mandinga, La Silbona, El Espanto del Troncón, El Hachador perdido, El Muerto de las tres Matas, La Majada del Diablo, El Canoero del Caipe, entre otros, que en el llano delinean figuras de la Conquista, de la Emancipación o narran en su pintoresco lenguaje los hechos que en ellas se manifiestan. 

En Apure existen dos Aparatos; uno es La Bola de Fuego. Fenómeno con la que se topan los llaneros de tabaco, toro, soga y caballo, en su trajinar por las solitarias sabanas, la cual con su atemorizador estruendo y su brillante luz trata inútilmente de espantarlos y el otro, es La Sayona, la cual se presenta a los mujeriegos en los caseríos y pueblos apureños; primero como una agraciada mujer vestida con una saya blanca y después se transforma en una horrible criatura, que los deja enloquecidos, pegando más lecos que una paría en medio de la inmensa sabana o en las solitarias y polvorientas calles de los pueblitos apureños. 

La Bola de fuego en Apure:  La explicación que dan los entendidos, es que este Aparato no es más que la presencia de fuegos fatuos, que de noche recorren de un lado a otro la solitaria sabana; pero el caso es que la presencia de esta aparición maligna está enraizada en el alma del apureño, donde La Bola de Fuego, tiene su particular expresión, como se evidencia precisamente en el romance La Bola de Fuego, en la que el bardo popular llanero atribuye la aparición de este aparato a la figura histórica y trágica del Tirano Aguirre (Lope de Aguirre) y su hija Elvira, en los llanos de Apure. 

En las sabanas de Apure 
Cuando está la noche oscura 
En forma de bola de fuego
Sale ardiendo una criatura
Aquella es un alma en pena
Y su estado lastimoso
Le causa mucha tristeza
Al corazón que es piadoso
Ya se estira, ya se encoge, 
se hace larga y es redonda,
y se mete en una mata,
y entra y sale muy oronda. 
Es el alma de un tirano 
Que nació cuando la guerra 
Les quitó a los pobres indios
Sus mujeres y su tierra 
En castigo de sus culpas
 anda por estas sabanas 
con las costillas ardiendo 
y doblando una campana

Lo cierto es que la Bola de fuego en Apure, no puede ser el alma en pena del Tirano Aguirre y su hija Elvira como reza el corrío, quienes en medio de la sabana salen a espantar a los viandantes, por cuanto, Lope de Aguirre y sus Marañones, en sus correrías desde el Cuzco hasta Barquisimeto, no anduvieron por tierras apureñas, ya que este Príncipe de la Libertad, como lo nombró Miguel Otero Silva, en la novela epónima, navegó por el Amazonas y de allí al Atlántico, la isla de Margarita, Borburata y finalmente Barquisimeto. Es decir, nuestra Bola de fuego, será otro Aparato, pero jamás el Tirano Aguirre. 

LA SAYONA
 Cuentan los apureños que el espanto de la Sayona es un ánima endemoniada que persigue a los hombres parranderos y mujeriegos como consecuencia de una maldición que le hiciera su madre antes de morir. Al parecer se trataba de una mujer extremadamente celosa de nombre Casilda, que vivía con un hombre parrandero y mujeriego llamado Severiano. Casilda tenía un vecino que la pretendía a quien apodaban Burro Tusero, quien para conquistarla malponía a Severiano, con el fin de ella lo abandonara y se quedara con él. El mujeriego Severiano pretendía a la negra Timotea, mujer buenamoza y fiestera que no se pelaba un baile. Estando ambos en un parrando, Severiano contrapuntea con otro admirador de la bella Timotea, al final ambos galanes, terminan dándose unos tanganazos y mientras Severiano somete al contrincante, la negra Timotea se le viene encima en defensa del otro peleador, lo cual causa en Severiano terrible indignación y de un golpe la lanza contra el suelo, con la mala suerte que la muchacha se golpea la cabeza contra una piedra, falleciendo instantáneamente. 

El comisario del pueblo, que también se hallaba en la fiesta, aprehende a Severiano. Por su lado Burro Tusero, aprovechando la ausencia del marido de Casilda, da su estocada final, sin considerar las graves consecuencias que su chisme acarrearía. El intrigante Burro Tusero, le dijo a la celosa Casilda que su marido no la amaba y que además, desde hacía tiempo la traicionaba hasta con su propia madre y que en el pueblo todos los vecinos conocían esta relación. Esto molestó a Casilda de tal modo que el cobarde y perverso Burro Tusero, al ver la expresión de odio en su rostro, presuroso se alejó aterrorizado. 

A la mañana siguiente, Casilda como todas las mañanas esperaba ansiosa la visita de su madre que acostumbraba llevarle el cafecito mañanero; cuando la buena mujer llegó, Casilda incendia el rancho con el hijo adentro e inmediatamente hiere mortalmente con un cuchillo en tres ocasiones a su progenitora. Sin embargo la madre moribunda, atina a proferir la siguiente maldición. … “Me has quitado la vida Casilda. Me has quitado la vida sayona; le has quitado la vida a tu propia madre que te trajo al mundo ¡Maldita serás toda la vida! Sin Dios y sin Santa María andarás vagando por todo el mundo y penando andarás en busca de los hombres mujeriegos para aliviar tus pecados. Pero no lo lograrás porque te acordarás de este momento y perderás al hombre que te acompañe. Permite Dios que así sea”... Al escuchar estas palabras, Casilda se fue transformando físicamente. Los ojos se le enrojecieron, los pómulos se le contrajeron, su ropa se le desgarró y le brotaron enormes colmillos de su boca; por otro lado su tamaño aumentó descomunalmente. Unos ancianos vecinos que veían lo ocurrido, comenzaron a hacerle rezos y a echarle agua bendita; al caerle el agua lanzó un alarido aterrador y huyó despavorida, perdiéndose en el camino. 

Desde entonces se le aparece a los hombres mujeriegos, presentándose al principio como una hermosa mujer, esbelta y elegante. A los cuales atrae con su exótica belleza, éstos entusiasmados con la hermosa sayona, la siguen al bosque donde ella los ha ido llevando, hasta que se voltea rebelándose como el monstruo demoníaco que es y entre terroríficos alaridos les muestra los enormes colmillos, los ojos brotando fuego y agitando de un lado a otro sus manos huesudas, de donde brotan unas largas y filosas uñas, a la vez que acercándoseles insinuante les dice, ¡anda bésame como besaste a fulana y a zutana!, el pobre mujeriego sale despavorido gritando por los solitarios caminos o por las desoladas calles de algún olvidado pueblo o caserío. Es que La Sayona, escoge para sorprender a los trasnochados mujeriegos, aquellos lugares solitarios para hacerles sus sensuales invitaciones. Una vez que cautiva a la víctima, se transforma en un espanto, desquiciando totalmente al idiotizado galán.

Finalizamos esta entrada con el video de "El Muerto de las tres Matas" con Hipólito Arrieta:
 


  APURE: TIERRA DE LEYENDAS, CREENCIAS, FANTASMAS, ENTIERROS, APARATOS Y CUENTOS. 



6 de agosto de 2012

Las Creencias Apureñas (2)

Continuamos con las Creencias plasmadas por el profesor Hugo Arana Páez en su trabajo denominado: APURE: TIERRA DE LEYENDAS, CREENCIAS, FANTASMAS, ENTIERROS,  APARATOS Y CUENTOS. 
          
¿Con quién vamos? 
Creencia popular de los bongueros y  Chicharroneros apureños de mediados del siglo XX, quienes invitaban  a Dios para que los acompañara en  sus travesías y poder enfrentar exitosamente los riesgos a que se exponían. Los que no lo hacían corrían con la mala suerte de sufrir serios percances.

Se nos quedó El Viejito
No es casual que el primer capítulo de la novela Doña Bárbara su autor lo haya  titulado  ¿Con quién vamos? y es que hasta mediados del siglo veinte, los bongueros y chicharroneros apureños cuando se aventuraban en las aguas de los bravíos ríos llaneros; los marineros o bogas  preguntaban al patrón o espadillero:
 ¿Con quién vamos?  
Y éste les respondía:
  –Con Dios y la virgen-  
 En pocas ocasiones, cuando se les olvidaba formular la pregunta de rigor y habiendo navegado algún trecho; alguno de los marineros o el patrón, se acordaba del Viejito y súbitamente exclamaba ¡Muchachos vamos a regresarnos, que se nos quedó el Viejito!   Inmediatamente enrumbaban la nave al puerto de origen, para  hacer la acostumbrada pregunta y reiniciar el viaje, confiados esta vez en que la providencia los conduciría a su destino sin ningún inconveniente. Es que el Viejito era Dios, el pasajero más importante de la embarcación.  

En Apure hasta finales de la década de los años cuarenta del siglo veinte, había la creencia de que los marineros y el patrón debían solicitar la compañía de Dios en sus  embarcaciones, a quien apodaban respetuosamente El Viejito,  en caso contrario, la nave, su tripulación y pasajeros podían naufragar. El patrón del bongo que llevaba a Santos Luzardo de San Fernando, navegando por el Apure hasta el río Arauca; conversaba con el patiquín, cuando repentinamente fue interrumpido por  uno de los palanqueros, para advertirle:

 …   “¡Vamos solos, patrón!  
-Es verdad, muchachos. Hasta eso es obra del condenado Brujeador. Boguen para tierra otra vuelta.
-¿Qué pasa? – inquirió Luzardo.
-Que se nos ha quedado el Viejito en tierra.
Regresó el bongo al punto de partida. Puso de nuevo el patrón rumbo  afuera, a tiempo que preguntaba, alzando la voz.
-¿Con quién vamos?
-¡Con Dios!- respondieron los palanqueros.
-¡Y con la Virgen!- agregó él. Y luego a Luzardo -. Ese era el Viejito, que se nos había quedado en tierra. Por estos ríos llaneros cuando se abandona  la orilla, hay que salir siempre con Dios. Son muchos los peligros  de trambucarse y si el Viejito  no va en el bongo, el bonguero no va tranquilo. Porque el caimán acecha  sin que se le vea ni el aguaje  y el temblador y la raya  están siempre  a la parada  y el cardumen de los zamuritos  y de los caribes, que dejan a un cristiano en los puros huesos, Antes De que se puedan nombrar las Tres Divinas Personas”… (1) 
            ____________________
(1)     GALLEGOS, Rómulo   Doña Bárbara, Págs. 43-44.

¿Con quien vamos?
¡Vamos con Dios!

Sobre un río de recuerdos
cruza mi bongo de versos,
el "Viejito" va en la borda
¡Aguáitelo, compañero!
Germán Fleitas Beroes 

 
El Bongo del Diablo
Rómulo Gallegos en Cantaclaro, en el capítulo nombrado Al Abrigo de las matas, pone en labios de Florentino Coronado  narrar a Crisanto Báez, apodado El Baquiano,  lo que le ocurrió a un enfurecido bonguero, que sin razón empezó a blasfemar y cómo fue víctima de los designios del maligno…. “Una vez que se me había mancado el caballo en una bomba de medanal y no llevaba remonta, como iba costeando el monte del Arauca  al paso cojitranco de mi bestia, escuché que venía un bongo remontando. Atravesé el monte  y caí a la playa junto a una vuelta del río. Era punto de mediodía, estaba la playa silencia bajo el reventadero de sol y solo se escuchaba, detrás de la vuelta, el ruido de los pasos de los palanqueros del bongó:      tam.....tam....tam..... -Cuentan que un día un bonguero maldiciente, al separarse de la orilla en aquel sitio, cuando los palanqueros le preguntaron   -¿Con quién vamos?-     y que en vez de responderles: -Con Dios- les contestó:   -Con el Diablo—Y dice el cuento que allí mismo empezó a hundirse el bongo, como si llevara un gran peso a bordo, al mismo tiempo que los palanqueros no encontraban fondo y la espadilla no le obedecía a la mano del patrón, que no por eso dejaba de maldecir, hasta que reventó a bordo una gran carcajada de un pasajero invisible, que era el Diablo, con cuyo peso se estaba hundiendo la embarcación, como allí mismo se trambucó y desapareció en el agua, con todo patrón y palanqueros. Y como esto y que sucedió a punto de mediodía, a esa hora se escuchaba siempre el bongo del Diablo  remontando detrás de aquella vuelta. Yo entonces no conocía el pasaje y allí estaría todavía esperando el bongo, si una voz no me dice, cuando ya me disponía a quitarle el apero al caballo:   -“No desensille joven”.  Volví la cabeza, busqué  por todas partes y no vi a nadie por todo aquello, ni en la playa, ni en el monte. A mí no me asustan los espantos cuando se me aparecen de noche, pero si me salen de día todo el cuerpo se me descompone. Sin embargo, haciendo de tripas corazón, comencé a aflojarle la cincha al caballo, para soltarlo allí mismo, ya que para nada me servía y seguir mi viaje en el bongo. No había hecho sino agacharme cuando vuelvo a escuchar  entonces ya no como quien aconseja, sino como quien manda:    -“No desensille, le digo”.           (2)
____________________
(2)        GALLEGOS, Rómulo    Cantaclaro,  Págs. 24-25



19 de julio de 2012

Las Creencias Apureñas

Hoy empezamos a desarrollar en  Vivencias Llaneras del Abuelo, otro trabajo de nuestro colaborador Prof. Hugo Arana Páez, denominado APURE: TIERRA DE LEYENDAS, CREENCIAS, FANTASMAS, ENTIERROS,  APARATOS Y CUENTOS.            
El Profesor Arana es uno de esos venezolanos que ha dedicado su vida a hurgar en las costumbres, y en la historia de los pueblos de su Apure natal y especialmente ha dedicado una buena parte de su espíritu investigador, a conocer precisamente los elementos que conforman el título de este nuevo trabajo que les ofreceremos.
Buscando testimonios, recordando sus propias vivencias y leyendo la literatura que existe al respecto, ha elaborado varios trabajos que hemos ido publicando en Blog. Es de resaltar que nos ha dado libertad para escoger el orden de los temas que conforman su trabajo y por esa razón, hoy empezaremos por las CREENCIAS  que ha recopilado, por parecernos sumamente originales las que presenta.

Nos dice el Profesor Arana: 
 
"Referirse al Estado Apure es querer decir la tierra de más lejos de más nunca…   es el espacio donde las Leyendas, las Creencias, los Fantasmas, los Entierros, Aparatos y Cuentos, recorren azarosos de un lado a otro el pajonal, el medanal o el mastrantal. Es la oralidad que la mayoría de las veces  atraviesa  caños y Madreviejas o  exhausta vadea lagunas, hasta  esconderse  en las Matas  o patios de las casonas de hatos; donde celosas se hallan las ánimas cuidando ancestrales  Entierros...... 
  
CREENCIA:  Viene de la palabra creer. Tener por cierto,  tener fe lo que se cree. En Venezuela y particularmente en Apure las supersticiones y creencias populares más difundidas y excéntricas involucran objetos, animales, flores, plantas astros, elementos, colores, piedras preciosas y minerales, números, elementos del zodiaco. Cada una tiene una historia muy particular. En Apure aún perviven sobre todo en Semana Santa el Mito de la tonina, el de la piedra de azabache contra el Maldiojo  y todavía se  rememora con nostalgia la antigua creencia del pasajero más importante en los bongos, El Viejito.

El Mito de  la Tonina
El mito es una narración oral que se ha transmitido de generación en generación, en la que se da una explicación no científica de uno o varios aspectos de la realidad. Hay mitos que explican por qué un pájaro tiene el pico largo, por qué el sapo salta, cuál es el origen de una montaña, del rayo o la lluvia, cómo los seres humanos descubrieron la agricultura; entre otros. El pueblo apureño tiene entre sus mitos  la creencia de que  la tonina era una mujer  que se fue a bañar a un río en Semana Santa  y se convirtió en este mamífero. La Tonina es conocida también como  delfín de agua dulce,  que habita en los ríos y caños apureños. Pesa entre ochenta y noventa kilogramos, su piel es de color azulado degradando a gris  y su abdomen blanco. Sus dientes son afilados  y las mamas son similares a las de la mujer, de donde se deriva posiblemente el mito de que era una mujer.  De jóvenes gimen como los niños, por ello cuando un niño recién nacido llora a la orilla de los ríos o cuando lo llevan en una embarcación, aparecen las toninas cerca de la nave o próximas a la costa. Algunos individuos inescrupulosos las cazan para  usar su grasa  como remedio y sus huesos  para rituales mágicos; motivo por el cual esta especie se halla en franco proceso de extinción. Cuentan viejos apureños que las  toninas,   cuando naufraga una embarcación y oyen el llanto de un niño en el agua, lo empujan suavemente con la trompa o la cola hasta la orilla, donde gracias a ellas el inocente es salvado.

 
La Piedra de Azabache y  El Maldiojo (Mal de ojos).

El Maldiojo, es una enfermedad producida por la influencia que ejerce la mirada cargada de malas energías por parte de una persona; sobre todo, ese mal influjo atenta contra la salud de los recién nacidos. De ahí, posiblemente haya surgido el viejo refrán Hay miradas que tumban cocos…  Para contrarrestar este dañino efecto, la madre de la criatura  debe golpearle las nalguitas un par de veces, para que al llorar expulse el maleficio. En los bebés, el Maldiojo se manifiesta con fiebre y diarrea continua. Otra manera de curarlos es con ensalmes o infusiones, pero lo más efectivo es colocarle una Contra (Empírica medicina preventiva), consistente de una Manito de azabache, la cual es atada con un hilo rojo a uno de los antebrazos de la criatura. En ese sentido, se escuchaba en San Fernando: Misia, póngale una Manito y así a ese muchachito no le entrará ni coquito;  queriendo decir que ese recién nacido estaría  inmunizado contra todo mal.  

En el verano, en las playas y en las riberas de los ríos apureños,  eventualmente surgen   azabaches.  El azabache es un tipo de madera ennegrecida (De allí que algunos llaneros nombren a sus caballos Azabache, como lo hizo nuestro Antonio José Torrealba, en su novela Azabache y donde el personaje era un caballo llamado así. Demás está decir que Torrealba fue el personaje Antonio Sandoval del Hato Altamira en Doña Bárbara y autor de la obra cumbre de la apureñidad como fue Diario de un Llanero), que al ser arrastrada durante muchos años,  por las aguas de nuestros ríos, se convierte en una especie de piedra negra, que los indígenas  emplean para hacer tallas: Collares, sortijas, amuletos (Manito de azabache) y pulseras que representan la artesanía apureña; la cual tiene  gran demanda entre los creyentes. En Apure, se cree  que la piedra de azabache posee propiedades curativas  y de protección contra conjuros y maleficios.  Asimismo existe en Apure la creencia en semillas milagrosas como la Peonía, la Macanilla y la Pepa de zamuro.

Prof Hugo Arana Páez