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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

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9 de diciembre de 2018

Las Pulperías, Francisco Castillo Serrano

Tiempos de Transhumancia quiere compartir en el día de hoy un poco de historia de las pulperías venezolanas, de la mano de Francisco Castillo Serrano, quien ha dedicado su vida a recuperar la historia oral de San Fernando de Apure, quedando plasmadas dichas crónicas en varios libros.
Las Pulperías fueron las precursoras las bodegas y posteriormente abastos. Eran lugares de gran importancia para los pueblos pada abastecerse de lo necesario. 



Ya que tienes pulpería,
véndeme un poco de afecto;
¡mándame un real de miradas!,
 ¡dame la ñapa de un beso!

Ernesto Luis Rodríguez

PULPERÍAS 

Francisco Castillo Serrano

Foto tomada del artículo original de Francisco Castillo Serrano
"El historiador Manuel Pinto afirma, que el origen de la palabra "pulpería" viene de la corrupción de "pulquería", es decir, puesto donde en Nueva España o México se vendía "pulque", una bebida fuerte destilada del cogollo del maguey. Otro grupo sostiene que deriva de "pulpa", conocido como el interior de las frutos tropicales y el dulce que de la misma se hacía, era artículo que se expendía en comercios menores, siendo esta versión la más aceptada. 

La pulpería se componía de rejas, trojas, mostradores y armaduras de madera y según viejas ordenanzas debía tener dos o tres puertas hacia la calle y mejor si estuviese situada en una esquina.  El peso o "la romana" para pesar debía ubicarse en el centro del negocio a la vista del público. La pulpería como medio de distribución de productos a la comunidad jugó un rol importante en casi todos los ámbitos locales y llegó a convertirse en: sitio de tertulia, espacio cultural y lugar de referencia, pues las esquinas de los pueblos llegaron a reconocerse por el nombre de la pulpería que las ocupaban. 

En San Fernando la pulpería tuvo un importante rol en su desarrollo y hubo pulperos famosos en distintos sectores de la localidad como: don Miguel Siso y su pulpería "La Fortuna", "La Colmena" de don Delfin Ramírez, "El Alambique" de don Plácido Díaz, "El Roble" de Rafael Pérez H., "El Cuji" de doña María Luisa Pérez, "Las Palmeras" de don Lorenzo Marchena, "La Época" de doña Luisa Osio y "La Sultana" de don Melesio Travasilo, por mencionar solo algunas. 

La pulpería fue la "casa de abasto" de épocas pasadas, la modernización, los nuevos sistemas de compra, venta y despacho, fueron borrando lentamente esa tradición que viene desde la colonia, algunas de ellas quedan en los barrios pero sin las características y el ambiente que en un tiempo fue privilegio de estos negocios. "

Fuente: CASTELLANOS., R. (1988). Historia de la pulpería en Venezuela. Caracas. 
CRÓNICAS DE FRANCISCO CASTILLO SERRANO

2 de diciembre de 2018

La Gripe Española de1918 en Guasdualito

Tiempos de Transhumancia agradece la incorporación de un nuevo colaborador, Aljer Chino Ereú, quien viene compartiendo hace varios años a través de sus redes sociales,  reseñas y crónicas del Llano especialmente en Guasdualito, estado Apure. Son reseñas de aquel Llano antiguo de caballo, soga y sombrero, de las historias sencillas y la gente sencilla que dejó su siembra de recuerdos para que hoy los conociéramos.  En esta oportunidad, el tema elegido es el de la terrible Peste Española y cómo azotó nuestro país. Mas adelante en la historia, el paludismo también diezmó la población dejando sólo "Casas Muertas". Hoy recordamos una de esas épocas de dolor y miseria que el llanero finalmente logró vencer.


LA GRIPE ESPAÑOLA 1918 EN GUASDUALITO

 Por: Aljer Chino Ereú 

Para 1918, Venezuela estaba gobernada por el general andino Juan Vicente Gómez, quien implantaría en el país una forma de regencia que se asemejaba en no poco al manejo de sus haciendas y fincas. Es bajo su mandato cuando formalmente se inicia la explotación de los yacimientos del llamado oro negro, esta actividad supuestamente impulsaría el desarrollo nacional; no obstante, el hecho de ser otorgadas las principales concesiones a grandes transnacionales como la Royal Dutch-Shell y la Pan American, conllevaría a que un considerable porcentaje de los recursos petroleros terminaran depositados en cuentas personales y compañías testaférreas, descuidándose en parte las precarias condiciones de los habitantes de las provincias, cuyas características comunes reflejaban nulos o deficientes servicios sanitarios, altísimos índices de analfabetismo, salubridad en deplorable situación y propagación alarmante de enfermedades como sarampión, paludismo, tifoidea, tétano, viruela, neumonía, disentería y tuberculosis, que afectaban sin contemplación a una huérfana población civil. 

El anterior escenario sería propicio para que lo clasificado por la historia médica mundial como Pandemia de 1918 o Gripe Española, causara estragos a lo largo y ancho de la geografía nacional, sin encontrar resistencia inmunológica que frenara su transmisión, al menos al inicio de la misma. Antes de entrar al país dicha epidemia traía como antecedentes alrededor de unas 40 millones de defunciones en todo el mundo, siendo España, Portugal, Italia y Grecia los países más afectados. 

En el contexto, el eminente galeno caraqueño Luis Razetti creador de la Junta de Socorro del Distrito Federal (organización dedicada a combatir la enfermedad) referiría en sus notas médicas: “El primer registro de la gripe española en Venezuela se presentó el 16 de octubre en el puerto de La Guaira, cuando se contabilizaron más de 40 soldados venezolanos infectados con este virus. Al día siguiente, el Gobierno Nacional había totalizado más de 500 casos tan sólo en el estado Vargas. La gripe rápidamente llegó a Caracas, tal vez viajando por el ferrocarril Caracas-La Guaira. Los primeros casos se manifestaron en la parroquia La Candelaria y luego se extendieron a lo largo de la ciudad”. (34:1918) 

La entrada de la peste mortal en el estado Apure seria el 21 de octubre de 1918, para una mayor comprensión de lo que significó la gripe española o peste negra en este estado llanero se trae a referencia el texto de Ramón Díaz Sánchez: “San Fernando no dejó de ser vulnerable a la pandemia de gripe más terrible y pavorosa que haya azotado a la humanidad a lo largo del tiempo. Se considera que fue este el flagelo causante del mayor número de muertes en el siglo veinte, y el que más espanto causó, no solo por sus efectos mortíferos, sino por la forma dolorosa y singularmente sucia de destruir a quienes atacaba. Aquel padecimiento se propago desde Mantecal a todas las poblaciones de esa provincia, con tal furia que familias enteras desaparecieron y casi no hubo en el llano una vivienda sin víctimas.” (43: 1939).

Investigador sobre lo tratado es el profesor y premio nacional de historia Oldman Botello, en consulta nos refiere: "En comparación como en otros estados, en Apure no hubo exceso de muertes. El presidente del estado general Vicencio Pérez Soto contrató al Dr. Aaron Benchetrit, judío criado en Caracas, autor del libro La Pandemia del año 1918, quien gracias a sus investigaciones había descubierto una medicina contra el mal. Se utilizó el aceite de tártago como medicina. En Apure la epidemia fue mínima, solo el 1% o menos se calculó la mortalidad. El general Pérez Soto puso la estación de cuarentena en Puerto Miranda, y el engripado no pasaba para el otro lado. El 1° de octubre de 1918 se comenzaron a tomar medidas, hubo una junta principal y juntas subalternas en barrios y pueblos lo que frenó la propagación en la capital del estado llanero" (Fin de la referencia) .

 Pero la realidad del alto con el bajo Apure contrastaba significativamente. En lo que respecta a Guasdualito, un segundo informe del Concejo Municipal del Distrito Alto Apure, reflejaba para 1918 las precarias condiciones de vida de los habitantes de esa geografía apureña, en donde la ausencia de médicos y de un centro sanitario era cubierta por el boticario Silverio Agüero, quien se ocupaba de atender a domicilio los casos más apremiantes. Unos 4900 habitantes conformaban la totalidad de la jurisdicción, de los cuales 2010 habitaban en la nueva población, mudada años anteriores desde el sector conocido como Pueblo Viejo a las costas ribereñas del turbio Sarare. Este contexto seria propicio para el azote inescrupuloso de la pandemia. 

Las noticias que recibían los pobladores por los transitantes de los caminos de recuas sobre la peste de Apure, alarmó a la mayoría, unos optaron por emigrar ante la llegada inminente de la apocalíptica peste. No faltó quienes recordaran los vaticinios desesperanzadores del profeta Enoc, hombre de mundo o supuesto predicador de la teología cristiana cuyo nombre real era Laureano Ojeda, quien años atrás vestido con batola blanca pasaría por el pueblo profetizando entre otras desgracias la llegada de una pestilencia negra, en alusión a la gripe española. 

Los primeros casos de gripe española en Guasdualito, aparecerían con la llegada de un grupo de vendedores de ganado provenientes de La Concordia (Táchira). El 03 de noviembre el jefe civil Victorino Rivero, enviaría una comisión a la intendencia del Arauca, con la finalidad de dirigir un telegrama (para la fecha aún en Guasdualito no funcionaba el telégrafo) directo al gobernador Pérez Soto, informándolo sobre un extraño virus caracterizado por la brusca aparición de fiebre, malestar general, dolor de cabeza y dolencias en el cuerpo; el mismo ya aquejaba a unas 50 personas, con 3 defunciones recientes. Conociendo las implicaciones del caso, la máxima autoridad del estado mediante decreto dispuso de 50 mil bolívares para atender y mitigar la enfermedad en el Alto Apure. 

El 10 de noviembre saldría del Puerto de Los Barbaritos (San Fernando), el steam boat Arauca con un cargamento de medicinas, y una comisión médica integrada por Francisco José Machado, hijo de otro médico con el mismo nombre, con amplia trayectoria en las luchas contra las epidemias febriles, y que llegaría a ser jefe de la Comisión Sanitaria Nacional; Vicente de Milita, galeno de origen italiano que optaría por quedarse en la enfermiza zona alto apureña. Arribada la comisión, el diagnóstico y la evaluación clínica recomendarían además de la cuarentena y el lenitivo de aceite de tártago, jarabe de ipecacuana y las infusiones de tilo con cebada diluida en agua. No obstante, la desconfianza de los pobladores, su renuencia a la prescripción científica y el arraigo a los remedios caseros con rezanderos incluidos, triplicaría en poco tiempo la cantidad de decesos. Se improvisaron fosas y zanjas para la sepultura de los fallecidos. Los sobrevivientes en su mayoría desalentados por la tragedia y las constantes refriegas guerreristas optarían por nuevos horizontes. Pasarían 5 largos meses para que la parte médica erradicara por completo la pandemia en Guasdualito. A nivel nacional el registro oficial reflejaría más de 20.000 muertos, incluyendo a Alí Gómez, hijo del general y presidente de la republica Juan Vicente Gómez.

21 de octubre de 2018

Andrés Eloy Blanco en Apure

Hoy por distintas vías nos llegó información interesante sobre Andrés Eloy Blanco y su relación con el estado Apure. Tiempos de Transhumancia les comparte otra crónica de Francisco Castillo Serrano


 CRÓNICA DE APURE
No. 447
Por: Francisco Castillo Serrano. 



Andrés Eloy Blanco Meaño (Cumaná 1897-México 1955), escritor y político venezolano, conocido como: "El poeta del pueblo", hasta los 40 años su vida estuvo marcada por la oposición a los regímenes dictatoriales y la represión, ya a los 8 años vivió en Margarita donde su familia había sido confinada por el gobierno de Castro, en 1910 se mudaron a Caracas donde estudio Derecho en la UCV y en 1918, a los 21 años, ya estaba preso en "La Rotunda" por ordenes de Gómez. Posteriormente fue confinado en: Timotes, Valera y Apure.
 
En San Fernando se desempeñó como abogado exitoso llegando a ser el defensor de los derechos de Doña Pancha Vázquez, mujer adinerada y de porte varonil, que serviría a Gallegos como prototipo para su "Doña Bárbara".


Andrés Eloy se compenetró con Apure y Apure con el poeta, hizo una intensa vida cultural y social que lo llevó el 13 de agosto de 1920 a iniciarse de Masón en la Respetable Logia "Candor No. 27" de esta ciudad junto al Br. Miguel Lorenzo Muñoz, estuvieron presentes en esa importante ceremonia, entre otros, los también masones: Dr. Verracochea Briceño, Dr. Diego Eugenio Chacón, Ramón Araujo, Rafael Mayora, Leonte Olivo, Dr. Rafael Pérez Flores, Luís Lleras Codazzi, Eduardo Hernández C., Manuel María Mendible, Ramón Fernández, José Faoro, Blas Papaterra, Pedro María Gamboa, Juan Luís Ochoa, Francisco Pildaín, Mateo Sarli y como dato curioso el general Vincencio Pérez Soto, Presidente del Estado (1915-21) y quien hacía de carcelero de Andrés Eloy en su confinamiento apureño, con quien se dice hizo buena amistad el poeta por su vasta cultura personal y su perfecta ejecución del violin.
Fuente: Archivo de la Logia "Candor" No. 27. Acta extraordinaria No. 31. Del año 1920. San Fernando de Apure.

Doña Bárbara y Andrés Eloy


Nuestro apreciado y muy respetado amigo, Argenis Méndez Echenique, Cronista de San Fernando de Apure, nos envía su más reciente ponencia presentada en el marco del encuentro de Cronistas e Historiadores de Venezuela realizado en Calabozo en Septiembre 2018. Vivencias Llaneras del Abuelo se complace en compartirles a través de su nueva etapa Tiempos de Transhumancia, la referida ponencia, llena de historia y personajes que entre la realidad y la leyenda, adornan la historia de Apure.

CON ANDRÉS ELOY Y DOÑA BÁRBARA VAMOS EN EL BONGO DE LA PORFÍA

Argenis Méndez Echenique
Biruaca, Julio de 2018
armendezeche@gmail.com
                                                                                                                                     Cel 04144783318 


MARÍA DE JESUS VÁSQUEZ, SOBRINA DE DOÑA PANCHA VÁSQUEZ,
CON EL MAESTRO DON RÓMULO GALLEGOS
(Elorza, 19 de marzo de 1964)
ARCHIVO MENDEZ ECHENIQUE
Se tiene entendido y como hecho cierto, el que nuestro eximio novelista Don Rómulo Gallegos tomó los personajes de sus obras literarias de la vida real, moldeándolos magistralmente para representar la Venezuela de su época. En el caso concreto de las novelas referidas al Llano venezolano, se dice que el Dr. Juan Crisóstomo Payara, uno de los personajes entrales de Cantaclaro tuvo su encarnación en el Dr. Roberto Vargas, el famoso y atrabiliario “”Tuerto Vargas”, que se conoció aquí en Apure por sus levantamientos y correrías contra la tiranía gomecista. Así mismo, se dice que el personaje principal de la inmortal Doña Bárbara tiene su basamento real en la vida y actuación de una señora dueña de hatos altoapureños, en los primeros años del siglo XX, y de la cual el fabulador tuvo noticias cuando vino por primera vez a estos lares en 1927. Esta señora era FRANCISCA VÁSQUEZ DE CARRILLO, más conocida como “Doña Pancha Vásquez”. Uno de los principales informantes del Maestro Gallegos fue Andrés Eloy Blanco, que en su pasantía apureña la conoció de cerca por haberla asistido en asuntos jurídicos, como lo asentó el poeta en uno de sus escritos.

    
Bien, en el presente ensayo nos vamos a referir a los herederos materiales de esta señora y a su relación con Andrés Eloy, donde además actúan otros personajes bastante conocidos por la gente de Apure. Aquí se evidencia la íntima relación que existe entre la realidad y la ficción.

     
 Resulta que Doña Pancha  le adeudaba a Andrés Eloy la cantidad de Dos Mil Ochocientos Bolívares por honorarios  profesionales (recuérdese que el poeta era abogado). Así consta en documento asentado el 10 de Junio de 1921 en el Juzgado de Bruzual, capital del Distrito Muñoz. Allí se establece que la deuda debía ser cancelada en un plazo de ocho meses improrrogables, a partir de aquella misma fecha, pagando un interés  a la rata de 1%  mensual. Doña Pancha ponía como respaldo a su deuda sus bienes habidos y por haber y en especial sus bienes pecuarios que poseía en el Distrito Muñoz; es decir,  el hato “Mata de Totumo Lemero”. Los gastos originados por este contrato y los de cancelación y cobranza judicial o extrajudicial, si los hubiere,  como en efecto los hubo, correrían por su cuenta. Este hato lo había heredado Pancha Vásquez de su padre, quien a su vez lo había comprado a Juan Manuel Acosta en 1866 y éste al general Antonio Batalla en 1864, que con anterioridad lo había adquirido de Basilio Lemus, heredero de Gregorio Lemus y Bárbara Matea Blanco. De allí el apelativo de “Lemero”.

       
 Doña Pancha, aún cuando estaba llena de una montaraz malicia, no sabía leer ni escribir, por lo que pidió a un señor de su plena confianza llamado José Antonio Páez, nativo de Calabozo,  presunto nieto del Centauro Llanero de ese mismo nombre, y con quien ella hacía vida marital, que firme el documento en su nombre, lo que así queda asentado en el mismo al ser presentado en el Juzgado de Bruzual para su registro, actuando como su asistente jurídico el abogado Manuel Vargas Rivas. De tal hecho son testigos los señores Carlos J. Hernández y Francisco Montero, vecinos de la misma población.

       
 Este homónimo del general Páez, quien también se titulaba  “general”, se decía hijo de Ramón Páez, uno de los vástagos del homérico prócer independentista,  quien se habría residenciado en Calabozo luego de trasladar los restos mortales de su ilustre padre desde Nueva York a Caracas (aquí, en esta ciudad llanera, Calabozo, habría fallecido Ramón Páez, octogenario, a finales del siglo XIX).      

      
Posiblemente todo lo dicho  sea cierto, pues este nuevo personaje,  el José Antonio Páez II, figura entre los  invitados especiales a los actos conmemorativos del Centenario de la Batalla de El Yagual (8 de Octubre de 1916), momento en que el general Vincencio Pérez Soto, Presidente del Estado Apure, inauguró un monumento alusivo a este heroico hecho de armas, hoy conocido como “El Brazo de Páez      

        
Volviendo a Pancha Vásquez tenemos que transcurre el tiempo y Doña Bárbara se olvida del compromiso contraido con Andrés Eloy. En el año de 1922 la sorprende la muerte en el Hato “La Trinidad de Arauca”, en jurisdicción del Municipio Rincón Hondo, Distrito Muñoz, cuando viajaba en bongo por el río Arauca rumbo a San Fernando a someterse a un chequeo médico. Allí quedaron sus restos, bajo la custodia de otro gran cultor de la naturaleza llanera: el poeta José Natalio Estrada Torres, el del “Cristo de la Sabana”. 

Había nacido nacido Doña Pancha el 27 de Abril de 1878, en Elorza (según Partida de Nacimiento N° 5, asentada el día 29 de Abril de 1878, siendo Primera Autoridad Civil el Coronel Balbino Ramón Primera); bautizada por un sacerdote adscrito al Vicariato Apostólico de Santa Bárbara de Arauca, donde reposa el original de su Fe de Bautismo, debido a que esta zona del Alto Apure fue atendida por esa entidad eclesiástica por muchos años (hasta la quinta década del pasado siglo). De allí que algunos autores hayan señalado el posible origen colombiano de Pancha Vásquez.

9 de julio de 2013

El Ángel del Río Apure - Cuento

 Fallecíó Trina Omaira, célebre apureña por haber cruzado a  nado el río apure cuando tenía 10 años.


EL ANGEL DEL RIO APURE (Fragmento)

Soledad Moreno de Cortez 

Había una vez una niña, de piel canela, cabellos castaños, grandes ojos de color almendra, abundantes pestañas, cejas pobladas, que destacaba entre todas las niñas por su belleza. Era la admiración de sus amiguitas en el colegio. Sus trajecitos arruchados, de variados colores, los lacitos que lucía en cada ocasión, lo bien combinado de sus medias y zapatos con la vestimenta de turno; y sobre todo, su perenne y contagiosa alegría.

 Su padre, José Salerno, a quien cariñosamente llamaban “Pipo”, la consentía mucho, pero al mismo tiempo era muy exigente con ella. L a enseñó a nadar en el propio rio Apure. Su madre, dama muy distinguida, alta muy delgada, llena de bondades, sencilla y honesta a carta cabal, dedicada con su esposo a la educación de sus hijos. María Adelaida, se llamaba ella, Tenían residencia en Puerto Miranda, a orillas del caudaloso Apure.

Un día la niña, rendida por el cansancio del diario quehacer, subió a su habitación y se quedó dormida. Soñó que estaba nadando. Al salir del agua se encontró en un jardín pleno de flores de taburín, tan avcogedor que se acostó en él.  Los gallitos de la laguna le llevaban alimento y ella en agradecimiento les sonreía. Más tarde se le acercó un tucusito que le susurró algo al oído. Acto seguido, la niña se lanzó al agua y comenzó a nadar velozmente hasta llegar a la playa donde se encontró con dos toninas que la saludaban cariñosamente y se sentaron con ella en la playa. 
-Mira niña - dijo una de las toninas - sabemos muchas cosas de ti. Tú eres el “Ángel del Río”. Tu padre va a cazar una apuesta con un señor colombiano que pasó el río hace como tres días, y que quiere encontrar a alguien que repita su hazaña. Y tú, mi pequeña niña, vas a realizar esa proeza, nosotros te vamos a ayudar. Acepta el reto.  

-Mira a tu alrededor - dijo la tonina
 -¡Que cosa más bella! –exclamó la niña
 -Esas son corocoras, sus alitas abiertas indican que te están ofreciendo amistad; esas otras son cotúas, garzas paletas, aquel grande junto al garzón es un gabán. Ellos te brindarán protección. Mas allá se divisa el tío babo y el tío caimán. Abren su boca para expresarte su apoyo. Cuando vayas a pasar el río, no temas, todos te cuidaremos.

 Repentinamente las aves levantaron vuelo, quedando el lugar completamente oscuro, La niña, apoyándose en las toninas se levantó y se sacudió el traje de baño. Cuál sería su sorpresa cuando miles de peces salieron del traje.

 La muchedumbre gritaba sin cesar: 
-¡Viva Trina Omaira! 
-Viva el Ángel del Río! 

 Este cuento sucedió en parte, Trina Omaira a la edad de 10 años se hizo famosa en San Fernando por cruzar a nado el río Apure, complaciendo a su papá quien había apostado que lo haría. Fue un acontecimiento en el pueblo y todos fueron a verla. Trina Omaira ya no vive en San Fernando, pero quedó su recuerdo en la leyenda y la representacion de su imagen en un monumento a la Mujer.
Trina Omaira en el 2010


 Fotografías: Manuel Abrizo

25 de abril de 2013

Nicolás Llovera, Mito y Leyenda de Guardatinajas

Nicolás Llovera
 Un criador de mucha fama 
Sobre el pié de un merecure
 El caballo lo amarraba 
Aguardiente para todos 
Y así el otro día cancelaba 

Guardatinajas-Dámaso Figueredo

 En el maravilloso libro de relatos del poeta Luis Alberto Crespo, denominado Llano de Hombres, se incluye algo de la historia de este famoso personaje que se convirtió en una leyenda. Nos encanta la prosa del poeta Crespo, por lo que copiaremos textualmente casi todo su relato: 

“Entonces el viejo comenzó a morirse. Esta vez era verdad. Sus herederos revolotearon sobre sus tierras vacías como zamuros, pero allá en El Rastro, en las galeras del Pao, en los montes de Cojedes y en los caños y costas del Portuguesa, los llaneros no saben todavía como llamarlo en este mundo y se enredan al hablar de él con el presente o el pasado en que se convirtió su vida de 92 años y los otros muchos que le regaló la leyenda. Así lo nombran ahora en Guardatinajas y lo vuelven a ver llegar de “Tigrito”, el hato de los Landaeta, donde apareció como caballericero. De allá venía o viene con un puño de reses, un rucio renco y una yegüita, corrido de esos montes porque se llevaba todo el ganado alzado en el aro de su soga. 

No duró mucho en las sabanas guardatinajeñas. No le gustó el punto, decía un negro Orozco. Y salió Manuel Sandoval, el compadre suyo, y se lo llevó para donde dicen “Ojo de Agua”. Ahí se paró un tiempo y de “Ojo de Agua” tuvo también que irse. No lo quería su vecino Francisco Llamozas porque su ganado mostrenco y cachilapo no escapaba a su pericia de enlazador. Y cogió ala y tocó la puerta del hato de los Loreto. Vino pidiendo un cuarto de tierra para él, su ganado y su gente. Don Ángel Miguel le facilitó la sabana que llaman San Miguel, en la costa de Caño Rico, cerca de Chirgua, ese río tigrero que pasa por Los Araguaneyes, el hato que fue de Juan Vicente Gómez. 

El cuerpo de Nicolás Llovera en esos años era así: alto, duro, la mirada rayada como el ojo del tábano, las manazas de templar el chicote, de barrear y guayuquear en los rodeos y siempre en un caballo ligerísimo, duro e´lomo, buena rienda, especial lo que se dice un caballo para encaramárselo a un toro cachalero en un poquito de sabana o para cortarle el barajuste en el monte más cerrado. Zamarro, lámparo, astuto, ya era considerado la mejor soga de esas soledades. 

Desde los corrales de San Miguel, miraba ávido las tierras gomeras y no tardó mucho en colarle su soga de cuero a los torazos y a las vacas del Dictador, sin temerle a sus obreros y matones. Apenas se subía la luna, allá iban él y su gente. Años y mas años vivió así. Un día le llegó a un señor Borrego. Cargaba los bolsillos hinchados, gordos de real, dice la vocesota de Simón Loreto, que lo conoce desde cuando todavía no había cogido ala, y le compró legua y media de sabana a ese hombre. La llamó “La Fe”. Lejos, por “La Guacharaca”, por “Oreja e´ ratón” y se mete una legua de tierra que va a dar al Chirgua. Un gran rumor llega hasta las casas de ese hato: son los palmares que flanquean sus potreros. 

 Hasta “La Fe” vino un campesino de las costas del Portuguesa. Llegó como alucinado en busca de Nicolás Llovera. Que había encontrado un tesoro, le dijo, que le facilitara un buey para cargar el cajón. Y Nicolás Llovera le pide detalles, tú estás loco chico. Y esa misma noche se fue solo hasta donde estaba el tesoro, lo desenterró y lo escondió más allá. En la mañana fueron juntos al lugar, ¿te fijas, que tú estás loco, que aquí no hay nada?. Desde entonces su fortuna fue una confusión de cachilapos gomeros y dinero enterrado y traspuesto. Con esa historia anduvo en boca de los llaneros del Guárico, de Cojedes, por ahí, por todo eso. El ganado cogido se apretaba en los corrales de su hato. Tanto, que el hombrón y el ganadaje no cabían en las tierras de “La Fe”. 

Un día supo que Gómez había muerto. Sus caballos conocían de memoria los lambederos y los chiribitales del dictador. “Esta vez atravesó las sabanas de Gómez sin riesgo alguno, llevando el lazo abierto bajo el sol de las doce. Desde siempre le tenía el ojo puesto a “Los Araguaneyes”. Le gustaban esas sabanas y esos montes donde su arrojo y su precisión de enlazador habían cargado con miles de reses. Y fue suyo. Y también “Las Mercedes” y “Santa Cruz” y “Corralito” y “Matagorda”. Más de 40.000 hectáreas y más de 30.000 cabezas pastando en ellas, cogidas a punta de soga, de ambición y de insomnio. 

Pero su casa era “Los Araguaneyes”, era su sueño realizado: como si fuera todavía un simple caballericero y quesero de “Tigrito” colgaba su chinchorro afuera, en los corredores, entre las espuelas, los aperos y los látigos, en medio de ese olor a cochinera y cuero crudo, sin preocuparse de sus enemigos y salteadores de caminos. Y comenzó su nombramiento. Desde El Tinaco hasta El Rastro, desde Calabozo hasta el Paso del Caballo, desde Cazorla hasta El Baúl. Su poder estaba en la vista y en la memoria. 

Los peones decían que “adivinaba lo que estaban haciendo o lo que iban a hacer”. “O sabía apenas asomaba el polvo por el camino, a qué venían los visitantes, aquel viene a pedirme prestado, a quitarme los chuzos, ése es un hipócrita, ése de allá viene a pedirme carne. Se rodeó de incondicionales, crió a 14 muchachos para que fueran sus peones de confianza. Nunca promovió entendimiento entre ellos y cada uno era el espía del otro. Se unió a varias mujeres, que jamás lo hicieron feliz. 

 Sabía que todos aguardaban su muerte para heredar su fortuna, Pero nunca se moría. Nunca lo mató un caballo, ni un toro. Cuando se le trancó la orina pensaron que era el fin. Y se salvó. Lo curaron dándole un remedio, un poco de patas de grillo metidas en agua hirviendo. Compró brandy por cajas. Se bebía dos litros diarios. Se acostaba borracho, se despertaba a la una de la tarde, comía desaforadamente carne pisada, grasa de cerdo, mantequilla de queso, frijoles y hueso de venado y terrones enteros de papelón y volvía a beber. 

Tuvo 40 años, tuvo 70, llegó a los 80 y siguió y bebía igual e igual era adivino y más y más rico, sin confiar en nadie, sabiendo que todos sus millones se volverían sal y agua en las manos de los suyos. Y así fue. Su hijo adoptivo, Ramón, liquidó el ganado y sus otros familiares se disputaron zamureando hasta el último centavo de sus millones. 

De esa inmensa fortuna, solo queda la sabana sola, esos montes de “Sabana Grande”, “El Cachal”, “Los Quemaitos” y los coñales del Chirgua. Tuvo 200 gatos. Sacrificaba vacas para alimentarlos. Sus cochinos tenían inmensos colmillos. Los peones se los arrancaban a martillazos y los capaban a sangre fría. Sangrantes y ululantes los echaban en charcas pestilentes porque el viejo decía que la inmundicia era una gran medicina. “El Viejo” comenzaron a decirle en esos días. 

"Se le fue yendo la vista de sus ojos rayados, entre azules y verdes, con los que había reunido tantos millones y tanta leyenda. Ya no se subía a los caballos. Le nació una barriga de sapo y unas pecas que parecían escupitazos. Se compró un Cadillac negro que lanzaba por esos barriales y polvaredas". "Le gustaba tanto la carne que se llenaba los bolsillos de asaduras cuando salía a la sabana.” “Ciego, imaginaba a su familia detrás de sus 90 millones de bolívares y sus tierras pero lo único que le interesaba era el brandy y los menjurges que le devolvieran su perdida vitalidad viril. 

"Así lo vi, en su chinchorro, allá en “La Fe”, tratando de quitarse la ceguera con un pañuelo de tela de algodón. Esa tarde confesó que le gustaba estar solo, que no quería a la gente, que no necesitaba ni de hombres ni de nada. Y recordó al muchacho que había sido, vendedor de pan de hornos y leña en El Rastro, hijo de un general de Castro, de esos de antes, Feliciano Llovera, a quien conoció en una gallera. "

El poeta Crespo cuenta los recuerdos de Nicolás: “Yo fui coleador, arreador, quesero, enlazador. Yo enlazaba hasta el diablo. Mientras los otros dormían, yo andaba cachilapeando”. “En Caño él medio le pequé una soga a un bicho. La Yegua en que yo andaba me coleó y me cayó encima. Me di duro en la cabeza. Estuve loco. Después me mordió un zorro que tenia mal de rabia en el brazo. Me prendieron fósforos en las heridas. También enlacé a un tigre. Uno lo enlaza como si fuera ganado. Me bajé del caballo y cuando fui a matarlo me baboseó. Le dejé el cuchillo dentro” 

“Yo quiero a toda vaina del llano, a todo animal. El día que yo me despierte a las 9 de la mañana estoy listo”