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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

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9 de diciembre de 2018

La Parapara

Nuestra tierra venezolana tiene una biodiversidad muy vasta. Muchas veces lastimosamente desconocermos los usos y aplicaciones de la farmacia viviente que crece silvestre en todo el territorio. Hoy, en tiempos de transhumancia queremos dedicar este espacio para hablar  de una planta muy común y conocida que tiene distintos usos en el Llano.  Se trata del Paraparo ( Sapindus saponaria)


Nuestro  amigo y colaborador Francisco Castillo Serrano nos define su fruto como  una semilla muy dura, resistente y comestible su parte interior ( previamente tostada al fuego)  con  múltiples usos en el llano, entre los que destacan:
  •  Uso ornamental  para la confección de  collares, pulseras y adornos  en general  por parte de los indígenas.
  •  Uso  como detergente para lavar y como champú, para el aseo del cabello, a través de su cáscara pegajosa.
  • Como pegamento escolar (la cáscara).
  • Como cicatrizante para tratar las quemaduras de la piel, o laxante fuerte.
  • Sus hojas machacadas y tibias son usadas para tratar  las mordeduras de serpientes. 
No cuenta Franco Castillo que "Los muchachos apureños utilizaban aquellas semillas a manera de metras, en juegos colectivos o para cazar animales pequeños con fondas o gomeras." En su libro El Ultimo Violín describe varios juegos infantiles de la época y nos menciona: "El rayo de parapara. Una marca en el suelo cubierta de semillas simulando metras y los diestros jugadores se esforzaban, para tomar de él la mayor cuantía. 

-¡Pepa..! (jugada simple) 

-¡Pepa y palmo…! (cobraba doble) . Alardeaban antes de cada turno....


La semilla del Paraparo,  es completamente esférica y de color negro intenso, de allí una de las expresiones populares de Venezuela como "Tiene los ojos como dos paraparas", queriendo significar ojos grandes y oscuros.

El poeta Arvelo Torrealba versó en Florentino y el Diablo:

"Desde cuando yo jugaba 
paraparas del Rayuelo
vide con la noche oscura
la cruz de mayo en el cielo" 

El profesor Omar Carrero Araque nos contó en una oportunidad que el Rayuelo era un juego antiguo de muchachos, antes de la llegada de las  metras, canicas o pichas, que consistía en trazar "un círculo en  la tierra de unos 40-50 cm de diámetro marcando en éste dos diámetros en cruz sobre el que cada jugador colocaba  un número acordado de paraparas; después se trazaba un raya y desde cierta distancia cada jugador lanzaba una semilla  hacia la raya para ver quien la ponía más cerca, lo que definía el turno de las jugadas, siendo el primero aquel que acercaba más su picha a la raya.  Este jugador, utilizando los dedos medio y pulgar impulsaba su parapara hacia el círculo tratando de “volar” (sacar) el mayor número de paraparas ubicadas en el mismo, Repetía esta operación hasta que fallara, dando entonces  paso al siguiente jugador. 

Por su dureza, la parapara salta en pisos sólidos, lo cual no escapó de la sabiduría popular del pueblo creando el refrán que menciona  Ernesto Luis Rodriguez en el  Contrapunteo de los Refranes:

Se la bendice San Pablo / que es de la misma colmena;
no hay cantadores con pena / si a puro verso les hablo.
cuando canté con el diablo / lo vi parado en el viento;
después quedó sin aliento, / y a flor de rudos ahincos
se fue pegando mas brincos, que parapara en cemento. 
La oscura semilla del paraparo está envuelta en una cáscara suave y de textura pegajosa que cuando está madura luce de color amarillo. De allí que nuevamente Ernesto Luis Rodriguez lo mencione en el compendio de coplas que denominó "Cantares"

Tu fina piel de cochano 
la parapara no envidia; 
ella negrita por dentro 
tiene la concha amarilla. 

Desde el punto de vista botánico, el Profesor Carrero nos da la siguiente explicación:

El Paraparo es un árbol grande de copa ancha muy común en los llanos centrales y occidentales. En algunas partes lo llaman Jaboncillo porque la pulpa que recubre las semillas puede usarse como jabón. Sus semillas, llamadas Paraparas son de un color negro intenso, duras, redondas y lisas, que los niños utilizan a manera de metras o canicas. Cuando alguien tiene un comportamiento atolondrado se le dice que “da más brincos que parapara en cemento".
Como topónimo encontramos pueblos y caseríos con el nombre de Paraparo o sus derivaciones en Cojedes, Guárico, Portuguesa y Barinas, en donde aparecen Paraparo, Parapara y Paraparito. En el pueblo de Parapara del municipio Roscio (Estado Guárico) se ambienta parte de la novela Casas Muertas de Miguel Otero Silva. La historia señala también que en 1800 estuvo en este pueblo en científico alemán Alejandro de Humboldt.



Freddy Páez en su trabajo de investigación sobre la Flora reflejada en el Diario de un Llanero, también nos aporta algo más sobre el paraparo:
  
PARAPARA (Sapindus saponaria L)
Sinónimos:Pepo, Zapatero.
Usos: Industrial, Medicinal y Alimentación animal Domestico 
Árbol mediano, originario de América Tropical, Torrealba (4-85) ubica esta planta en las selvas del Orinoco, e indica que sus frutos lo consume el Venado (Odocoileus virginianus). Pitier,1978, (p-331) señala "... todas las partes del árbol contienen un principio saponificante amargo, las semillas son venenosas y reducidas a polvo sirven como insecticida, el aceite extraído de la raíz se usa en la medicina y en la fabricación de jabones, la infusión de las hojas contra mordeduras de serpientes y picaduras de rayas...". Sus semillas negras y redondas son usadas como sustituto de las metras en los juegos infantiles.
Finalmente y como ya mencionamos, es difícil hablar de Paraparas sin relacionar la palabra con la historia de ese pueblo aniquilado por el Paludismo y hecho célebre en la obra Casas Muertas, de Miguel Otero Silva:
“En el rincón oscuro de los ranchos, nacidos con el instinto alevoso de ocultarse para el asalto, voraces filamentos alados, las hembras acechaban al hombre, a la mujer y al niño. Avidas agujas de la noche, caían sobre los cuerpos dormidos, clavaban los empuntados estiletes y sorbían la primera ración de sangre. El silencio se cruzaba de agudos zumbidos y una pequeña voz gimoteaba en el catre: -¡Mamá, que me pica la plaga! Se hundía el aguijón aquí y allá, una y mil veces, en la piel del niño sano y del niño enfermo, en la choza del hombre sano y del hombre palúdico.”
Les invitamos a conocer más de este pueblo en los siguientes enlaces:


 PARAPARA DE PARAPARA O PARAPARA DE ORTIZ

ORTIZ, LA FLOR DE LOS LLANOS



Las Pulperías, Francisco Castillo Serrano

Tiempos de Transhumancia quiere compartir en el día de hoy un poco de historia de las pulperías venezolanas, de la mano de Francisco Castillo Serrano, quien ha dedicado su vida a recuperar la historia oral de San Fernando de Apure, quedando plasmadas dichas crónicas en varios libros.
Las Pulperías fueron las precursoras las bodegas y posteriormente abastos. Eran lugares de gran importancia para los pueblos pada abastecerse de lo necesario. 



Ya que tienes pulpería,
véndeme un poco de afecto;
¡mándame un real de miradas!,
 ¡dame la ñapa de un beso!

Ernesto Luis Rodríguez

PULPERÍAS 

Francisco Castillo Serrano

Foto tomada del artículo original de Francisco Castillo Serrano
"El historiador Manuel Pinto afirma, que el origen de la palabra "pulpería" viene de la corrupción de "pulquería", es decir, puesto donde en Nueva España o México se vendía "pulque", una bebida fuerte destilada del cogollo del maguey. Otro grupo sostiene que deriva de "pulpa", conocido como el interior de las frutos tropicales y el dulce que de la misma se hacía, era artículo que se expendía en comercios menores, siendo esta versión la más aceptada. 

La pulpería se componía de rejas, trojas, mostradores y armaduras de madera y según viejas ordenanzas debía tener dos o tres puertas hacia la calle y mejor si estuviese situada en una esquina.  El peso o "la romana" para pesar debía ubicarse en el centro del negocio a la vista del público. La pulpería como medio de distribución de productos a la comunidad jugó un rol importante en casi todos los ámbitos locales y llegó a convertirse en: sitio de tertulia, espacio cultural y lugar de referencia, pues las esquinas de los pueblos llegaron a reconocerse por el nombre de la pulpería que las ocupaban. 

En San Fernando la pulpería tuvo un importante rol en su desarrollo y hubo pulperos famosos en distintos sectores de la localidad como: don Miguel Siso y su pulpería "La Fortuna", "La Colmena" de don Delfin Ramírez, "El Alambique" de don Plácido Díaz, "El Roble" de Rafael Pérez H., "El Cuji" de doña María Luisa Pérez, "Las Palmeras" de don Lorenzo Marchena, "La Época" de doña Luisa Osio y "La Sultana" de don Melesio Travasilo, por mencionar solo algunas. 

La pulpería fue la "casa de abasto" de épocas pasadas, la modernización, los nuevos sistemas de compra, venta y despacho, fueron borrando lentamente esa tradición que viene desde la colonia, algunas de ellas quedan en los barrios pero sin las características y el ambiente que en un tiempo fue privilegio de estos negocios. "

Fuente: CASTELLANOS., R. (1988). Historia de la pulpería en Venezuela. Caracas. 
CRÓNICAS DE FRANCISCO CASTILLO SERRANO

2 de diciembre de 2018

Doña Dominga Ortiz


No se habla mucho de las heroínas de la historia, bien sea por su participación directa en las luchas independentistas o por sus sacrificios en tiempos de crisis. En todo el mundo ha habido mujeres que destacaron de una u otra forma en los aconteceres de su época, quedando luego casi en el anonimato. En la historia de Venezuela ha habido muchas mujeres recias, dedicadas y mártires. Han existido las que iban al frente de batalla,  las que se ocupaban de organizar y también las que sufrieron calladas los mayores horrores. Hoy Tiempos de Transhumancia comparte un escrito del cronista Ferlipe Hernández, sobre la esposa del General Páez,  Doña Dominga Ortiz, en un momento específico de la lucha independentista .

 
DOÑA DOMINGA ORTIZ ESPOSA DEL GENERAL J.A. PÁEZ, EN VALLE DE LA PASCUA... Año 1816; 


Felipe  Hernández  G. 

* Doña Dominga Ortiz de Páez (1792-1875) oriunda de Canaguá, estado Barinas, quedó huérfana muy joven, heredó de sus padres un hato importante y a los 17 años se casó con José Antonio Páez, que en esa época trabajaba como peón en el hato La Calzada de don Manuel Antonio Pulido, un rico ganadero barinés, futuro prócer de la Independencia. Al año de matrimonio, Páez se alista en el ejército patriota donde gana el renombre que todos conocemos. Doña Dominga, mujer rica y con cierta educación, dueña de tierras y ganado de los que se había ocupado desde siempre, consciente de sus deberes de esposa, en las campañas, no vaciló en acompañar y compartir con su marido los riesgos y rigores propios de los campamentos instalados provisionalmente en una mata de sabana o a cielo abierto en la llanura para descansar y pasar la noche... “Dominga siempre lo seguía acompañada de un grupo de troperas... encargadas de la logística y atención de los soldados heridos y enfermos” (E. Fuguet Borregales, 2009). 

El panorama político y militar a comienzos 1816 no podía ser más desalentador para el ansia de independencia de los pueblos venezolanos. En España, el rey Fernando VII había restablecido la monarquía absoluta. Asimismo, lejos de aceptar las explicaciones de los americanos, tomó la determinación de someter a sus dominios de ultramar por la fuerza de las armas. En Venezuela, el general español Pablo Morillo desató una guerra feroz… Por su parte, José Antonio Páez al mando de sus huestes llaneras realizó importantísimas operaciones militares para liberar la región central del país. Entre los años 1816-1818 se convierte en el “Centauro de los Llanos”, su autoridad y fama crecen a la par de sus triunfos en el campo de batalla. En febrero de 1816 en Apure destruye varias columnas de las fuerzas realistas en los combates de Mata de la Miel (16/02/1816) y Mantecal (15/06/1816). Páez se crece como caudillo de los llaneros. El 16 de septiembre de ese año, la tropa y los oficiales de la guarnición de Guasdualito lo nombran Jefe del Ejército en los Llanos. Posteriormente vence al enemigo en Paso del Frío, el Yagual, San Antonio, Banco Largo, San Fernando de Apure, Mucuritas, Guayabal, y La Cruz. 

La estructura económica social caracterizada por un sistema de clases y de castas que la clase mantuana dominante se empeñaba en prolongar e institucionalizar... ello fue determinante para que en los llanos estallaran rebeliones de peones libres que no creían en el mando político de los que hasta entonces habían sido sus señores, lo que determinó que en Valle de la Pascua entre 1810 y 1821 al igual que en otros lugares del territorio del Guárico y de Venezuela se suscitaran hechos de gran trascendencia, especialmente a partir del terrible año catorce, cuando acontecieron una serie de sucesos lamentables, entre los que merece señalarse: La batalla de Valle de la Pascua (25/05/1814), la llegada al poblado del Dr. Miguel Peña disfrazado de orate en procura de protección del Gral. Pedro Zaraza (1814), el asesinato cerca de sitio de Las Campechanas del padre Pedro Ruiz en manos del bandido Centeno o Beomont en 1814, aunado a que ese año la pequeña comunidad sufrió las consecuencias de un terremoto que destruyó la casi totalidad de la pequeña aldea, a lo que se suma, que el 31 de enero de 1815 José Félix Ribas fue apresado en el sitio “Las dos palmas” cerca de Valle de la Pascua. 

Como puede apreciarse, en los sucesos narrados se detecta un hilo de continuidad histórica entre las rebeliones o insurrecciones que entre 1814 y 1816 ocurren en las poblaciones del interior del territorio, aunado a los desastres naturales. En marzo de 1816, el pueblo nuevamente fue escenario de la guerra que se libraba en todo el territorio, y los patriotas Pedro Zaraza, Julián Infante y Basilio Belisario ganaron nuevamente la batalla a las fuerzas realistas, sin embargo, la iglesia y el poblado fueron quemados hasta sus cimientos. Al respecto escribió el sacerdote realista Félix Yépez, al arzobispo Narciso Coll y Prat lo siguiente: "Luego que nuestro ejército salió de este pueblo de Chaguaramas, en persecución de los insurgentes, y se apostó en Jácome, territorio de Valle de la Pascua, no quise perder la oportunidad que se me presentaba para pasar por este último. Como en efecto me transferí a él, pero no encontré más que los vestigios del antiguo pueblo, que había sido incendiado y reducido a pavesas, en uno de los combates horrorosos de que fue teatro. Su antigua iglesia [construida por el padre Francisco Roque Díaz en 1790] había sido destruida del todo por el gran terremoto. Y una ermita de bahareque y cubierta de paja construida posteriormente se halla en el estado más deplorable amenazando su total ruina. Los pocos habitantes que han sobrevivido por el furor de la guerra se hallaban dispersos y sepultados en las montañas o en los retiros, huyendo de las terribles convulsiones que todavía agitan estos parajes. En el pueblo casi nadie habita, en una u otra chocita que ha quedado, (Archivo Episcopal, 1816). 

Esa es, grosso modo, la panorámica de Valle de la Pascua en 1816, un villorrio arrasado al que llegó doña Dominga Ortiz con sus troperas a organizar un grupo de mujeres para que actuaran como enfermeras para atender a los heridos, lisiados y enfermos aquejados de las secuelas de la guerra y de los desastres naturales (Violeta Rojo, 2008). En ese orden, señala el historiador Virgilio Tosta (1974), doña Dominga, consciente de sus deberes de mujer casada, no vaciló para compartir con el marido los riesgos del vivac y los horrores de la guerra. Fue leal compañera del caudillo en algunas de sus campañas, y prestó a la causa republicana tan abnegados servicios que, en forma justiciera, ha sido considerada como la primera enfermera del ejército patriota (Luis B. Guerrero, 1973, citado por V. Tosta)... "La primera enfermera efectiva de la naciente República de Venezuela, va a organizar en 1816, en Valle de La Pascua, un grupo de samaritanas para atender a los heridos de las huestes llaneras que luchaban por la emancipación" (Antonio Reyes, "Dominga Ortiz y Barbarita Nieves", El Universal. Caracas, 19 de febrero de 1973, citado por V. Tosta). El cronista Henry Nadales (2006), en sus escritos expone que “por amor a la causa de la Independencia y a su marido, participó Dominga en algunas campañas por la liberación de Venezuela del yugo español, y prestó servicios a la causa revolucionaria. En 1816 organizó a un grupo de mujeres en Valle de la Pascua para atender y curar a los heridos del ejército de llaneros que luchaban por la emancipación... Dominga fue una mujer modesta y profundamente bondadosa”... Sobre la bondad y el compromiso con la causa patriota de doña Dominga Ortiz, F. González Guinán (1954) señala: “Es que Doña Dominga era en el ejército republicano un consuelo para todos los que sufrían heridas o enfermedades. En la epidemia de fiebre que en el año 1817 diezmó al ejército patriota, fue una verdadera hermana de la caridad, asistiéndolos a todos, especialmente a su esposo, con asiduidad y afecto dignos de los mayores encomios". Y así fue siempre... una bendición para la muchedumbre que emigraba de los pueblos por el horror a la guerra que producía el acoso de los realistas. El propio Libertador Simón Bolívar, cuando llegó a Apure en 1818, hizo públicas y oficiales manifestaciones de gratitud a esta dama sin igual. 

Doña Dominga Ortiz murió en Caracas el 31 de diciembre de 1875. Pero vive como heroína en el recuerdo de las generaciones. Imborrable es su ejemplo de mujer extraordinaria que en el momento más aciago vino a Valle de la Pascua a formar samaritanas que dieran aliento y consuelo a los sobrevivientes de las epidemias y la guerra que sobrevivían en los vestigios de aquel pueblo arrasado... Con doña Dominga Ortiz los vallepascuenses tienen una eterna deuda de gratitud. 

REFERENCIAS ARCHIVO ARZOBISPAL. Episcopales. Carpeta de Coll y Prat. Caracas. Año 1816. BRITO FIGUEROA, Federico (1987): Historia Económica y Social de Venezuela. Caracas. Universidad Central de Venezuela. Ediciones de la Biblioteca. Colección Historia. Tomo IV, pp. 1227, 1228 y 1287. FUGUET BORREGALES, Eumenes. (2009): Doña Dominga Ortiz, esposa del Gral. Páez. Historia y Tradición. Valencia: Diario El Carabobeño, 20 de noviembre de 2009. GONZÁLEZ GUINAN, Francisco. (1954): "Historia Contemporánea de Venezuela". Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República. Tomo V. HERNÁNDEZ G. Felipe. (2016): La batalla de Valle de la Pascua. Valle de la Pascua: Diario Jornada, 23 de mayo de 2016. p. 04. NADALES, Henry. (2006): Dominga Ortiz de Páez. Crónicas de Pedraza. 26 de diciembre de 2006. En: http://cronicasdepedraza.blogspot.com/…/dominga-ortiz-de-pa… NAVARRO GARCÍA, Luis. (1988): José Antonio Páez caudillo de Venezuela. Madrid: Ediciones Anaya. Biblioteca Iberoamericana N° 94. pp. 33-42. ROJO, Violeta. (2008): “Mujeres antes, durante y después de la Guerra de Independencia: El caso de Dominga Ortiz y Josefa Camejo”. Caracas: Universidad Simón Bolívar. Trocadero (20) 2008. pp. 155-160. TOSTA, Virgilio. (1974): La heroína Dominga Ortiz. Caracas: Colección Temas Barineses. pp. 2, 6 y 19. USLAR PIETRI, Juan. (1962): Historia de la Rebelión Popular de 1814. Madrid: Editorial Edime. pp. 7, 8 y 9. Testimonios: Dr. Franklin Santaella Isaac. Chaguaramas, 05 de octubre de 2018. Prof. Henry Nadales. Cronista del municipio Pedraza, estado Barinas, 13 de julio de 2013. Valle de la Pascua, miércoles 31 de octubre de 2018 * UNESR //


28 de octubre de 2018

¿Matar al Centauro que Llevamos Dentro?


Revisando varios escritos que nos envió  Don Argenis Méndez Echenique, me llamó especialmente la atención el que compartimos a continuación, pues a pesar de que está datado en 1977, es totalmente vigente. El tema es la necesidad de despertar precisamente a ese centauro dormido que es el llanero apureño, para que vuelva a correr por la sabana con toda su fuerza y gallardía, levantando a su pueblo de la apatía en que se ha sumido.  San Fernando de Apure fue una ciudad progresista, importante desde el punto de vista comercial,  cultural y económico entre otros. El estado Apure como tal brilló en un pasado con la luz de su historia y su cultura. Es la cuna de muchos poetas, escritores y hombres de letras. Muchas historias se han perdido o permanecen empolvadas en el recuerdo o en libros antiguos. Apure debe renacer con el ímpetu de los centauros independentistas, con la fuerza de la historia forjada por ellos y por  sus siguientes generaciones. 

¿DEBEMOS REALMENTE MATAR EL CENTAURO QUE LLEVAMOS POR DENTRO?
Por Argenis Méndez Echenique
      
 Aun cuando hay quienes opinan que ya está todo dicho sobre la vida del maestro Gallegos, y que debemos velar única y exclusivamente por el cumplimiento de sus ideales, yo particularmente opino que hay que seguir escudriñándolo para conocerlo e interpretarlo correctamente. Así que en una reciente releída de la novela Doña Bárbara encontramos que el autor hace el planteamiento de “matar al centauro” que todos los llaneros llevamos por dentro; matar a la bestia, al salvaje, al ser inculto que los llaneros (y todos los humanos en general) presentamos como si fuese una segunda naturaleza: “El centauro es la barbarie y, por consiguiente, hay que acabar con el”. La barbarie es Doña Barbara, es Pernalete, es Balbino Paiva, pero también lo es, o lo fue, el indómito centauro de la epopeya patria, de cuando se luchaba contra la opresión imperial española. Ese centauro ya no tiene cabida en el mundo de hoy, donde aspiramos impere la justicia, el orden y la solidaridad en todas sus manifestaciones.
      
 Esa barbarie ciega y destructora es la que hace que Lorenzo Barquero, hombre débil y dominado por las pasiones más oscuras, sea tragado por el tremedal, después de “oír la llamada del centauro”, o de la llanura que es lo mismo. Solamente bastó que su madre lo llamase para que acudiese a vengar al padre asesinado cuando lo vemos abandonar el brillante provenir que le ofrecía la sociedad citadina donde estaba cómodamente engarzado; esa sociedad que representa la civilización, el progreso, lo noble, lo bueno. Pero Lorenzo Barquero cae y se convierte en un ex – hombre, en una piltrafa humana. La barbarie vence a la civilización.
           
Ahora analicemos a Santos Luzardo, que representa lo justo, lo bello, lo culto, lo ciudadano. Inmediatamente caemos en cuenta que él tampoco supo matar al centauro como pretendía, porque éste permaneció adormecido, agazapado, en su sub-conciente. Llegó un momento en que Santos Luzardo también tuvo que darle rienda suelta a sus pasiones y enfrentarse, resolver en mano, al “Brujeador”, representante de todo que era la barbarie, el caciquismo, el latifundio, la superstición y todo lo que significa atraso cultural: “al atropello, con el atropello. Esa  es la ley de esta Tierra”. Si el tiro que mató al “Brujeador” fue de Santos Luzardo o fue de “Pajarote” es lo de menos, puesto que la intención era la misma: ¡Matarlo!
        
Esto hace pensar que Santos Luzardo lo que había hecho hasta ese momento era domeñar al centauro que llevaba por dentro. Eso de matar al centauro no es tarea fácil;  yo diría que imposible, porque sería matarnos a nosotros mismos. Ya lo dije antes: el centauro es nuestra segunda naturaleza; es nuestro otro yo (“Homo Humini Lupus”: el hombre es un lobo para el hombre). En todo caso, lo que podemos hacer es domarlo, moldearlo, hacer que nos obedezca mediante la educación y canalizar así sus bríos para lograr provecho loable de sus naturales ímpetus.
      
Esa tarea de domesticar al centauro está pendiente todavía en Apure, en Venezuela, en Latinoamérica, en el mundo entero, como  lo demuestran las injusticias de todos los días que conocemos a través de los medios de comunicación de masas o directamente en contacto con nuestros medios sociales y políticos. Pero creo que para la gente de Apure es más urgente que para más nadie, porque aquí todavía se vive casi exclusivamente de las glorias pasadas ganadas por el centauro valiente e invencible de la epopeya independentista. Ese mitológico ente, brillante y audaz fue nuestra salvación en aquél momento. Pero en los tiempos venideros ha permanecido marginado e inculto, transitando por los caminos del olvido. Haciendo necesario el conquistar nuevos laureles, que sean producto del trabajo creador de un centauro diferente, un centauro letrado, intelectual, científico, conocedor de sus propios valores e idiosincrasia; un centauro estudioso y analítico de su propio devenir histórico, de su propio destino, que sepa de donde viene, donde está parado y hacia donde debe encaminar sus pasos para alcanzar sus verdaderas redenciones socio – económicas y culturales.

21 de octubre de 2018

Doña Bárbara y Andrés Eloy


Nuestro apreciado y muy respetado amigo, Argenis Méndez Echenique, Cronista de San Fernando de Apure, nos envía su más reciente ponencia presentada en el marco del encuentro de Cronistas e Historiadores de Venezuela realizado en Calabozo en Septiembre 2018. Vivencias Llaneras del Abuelo se complace en compartirles a través de su nueva etapa Tiempos de Transhumancia, la referida ponencia, llena de historia y personajes que entre la realidad y la leyenda, adornan la historia de Apure.

CON ANDRÉS ELOY Y DOÑA BÁRBARA VAMOS EN EL BONGO DE LA PORFÍA

Argenis Méndez Echenique
Biruaca, Julio de 2018
armendezeche@gmail.com
                                                                                                                                     Cel 04144783318 


MARÍA DE JESUS VÁSQUEZ, SOBRINA DE DOÑA PANCHA VÁSQUEZ,
CON EL MAESTRO DON RÓMULO GALLEGOS
(Elorza, 19 de marzo de 1964)
ARCHIVO MENDEZ ECHENIQUE
Se tiene entendido y como hecho cierto, el que nuestro eximio novelista Don Rómulo Gallegos tomó los personajes de sus obras literarias de la vida real, moldeándolos magistralmente para representar la Venezuela de su época. En el caso concreto de las novelas referidas al Llano venezolano, se dice que el Dr. Juan Crisóstomo Payara, uno de los personajes entrales de Cantaclaro tuvo su encarnación en el Dr. Roberto Vargas, el famoso y atrabiliario “”Tuerto Vargas”, que se conoció aquí en Apure por sus levantamientos y correrías contra la tiranía gomecista. Así mismo, se dice que el personaje principal de la inmortal Doña Bárbara tiene su basamento real en la vida y actuación de una señora dueña de hatos altoapureños, en los primeros años del siglo XX, y de la cual el fabulador tuvo noticias cuando vino por primera vez a estos lares en 1927. Esta señora era FRANCISCA VÁSQUEZ DE CARRILLO, más conocida como “Doña Pancha Vásquez”. Uno de los principales informantes del Maestro Gallegos fue Andrés Eloy Blanco, que en su pasantía apureña la conoció de cerca por haberla asistido en asuntos jurídicos, como lo asentó el poeta en uno de sus escritos.

    
Bien, en el presente ensayo nos vamos a referir a los herederos materiales de esta señora y a su relación con Andrés Eloy, donde además actúan otros personajes bastante conocidos por la gente de Apure. Aquí se evidencia la íntima relación que existe entre la realidad y la ficción.

     
 Resulta que Doña Pancha  le adeudaba a Andrés Eloy la cantidad de Dos Mil Ochocientos Bolívares por honorarios  profesionales (recuérdese que el poeta era abogado). Así consta en documento asentado el 10 de Junio de 1921 en el Juzgado de Bruzual, capital del Distrito Muñoz. Allí se establece que la deuda debía ser cancelada en un plazo de ocho meses improrrogables, a partir de aquella misma fecha, pagando un interés  a la rata de 1%  mensual. Doña Pancha ponía como respaldo a su deuda sus bienes habidos y por haber y en especial sus bienes pecuarios que poseía en el Distrito Muñoz; es decir,  el hato “Mata de Totumo Lemero”. Los gastos originados por este contrato y los de cancelación y cobranza judicial o extrajudicial, si los hubiere,  como en efecto los hubo, correrían por su cuenta. Este hato lo había heredado Pancha Vásquez de su padre, quien a su vez lo había comprado a Juan Manuel Acosta en 1866 y éste al general Antonio Batalla en 1864, que con anterioridad lo había adquirido de Basilio Lemus, heredero de Gregorio Lemus y Bárbara Matea Blanco. De allí el apelativo de “Lemero”.

       
 Doña Pancha, aún cuando estaba llena de una montaraz malicia, no sabía leer ni escribir, por lo que pidió a un señor de su plena confianza llamado José Antonio Páez, nativo de Calabozo,  presunto nieto del Centauro Llanero de ese mismo nombre, y con quien ella hacía vida marital, que firme el documento en su nombre, lo que así queda asentado en el mismo al ser presentado en el Juzgado de Bruzual para su registro, actuando como su asistente jurídico el abogado Manuel Vargas Rivas. De tal hecho son testigos los señores Carlos J. Hernández y Francisco Montero, vecinos de la misma población.

       
 Este homónimo del general Páez, quien también se titulaba  “general”, se decía hijo de Ramón Páez, uno de los vástagos del homérico prócer independentista,  quien se habría residenciado en Calabozo luego de trasladar los restos mortales de su ilustre padre desde Nueva York a Caracas (aquí, en esta ciudad llanera, Calabozo, habría fallecido Ramón Páez, octogenario, a finales del siglo XIX).      

      
Posiblemente todo lo dicho  sea cierto, pues este nuevo personaje,  el José Antonio Páez II, figura entre los  invitados especiales a los actos conmemorativos del Centenario de la Batalla de El Yagual (8 de Octubre de 1916), momento en que el general Vincencio Pérez Soto, Presidente del Estado Apure, inauguró un monumento alusivo a este heroico hecho de armas, hoy conocido como “El Brazo de Páez      

        
Volviendo a Pancha Vásquez tenemos que transcurre el tiempo y Doña Bárbara se olvida del compromiso contraido con Andrés Eloy. En el año de 1922 la sorprende la muerte en el Hato “La Trinidad de Arauca”, en jurisdicción del Municipio Rincón Hondo, Distrito Muñoz, cuando viajaba en bongo por el río Arauca rumbo a San Fernando a someterse a un chequeo médico. Allí quedaron sus restos, bajo la custodia de otro gran cultor de la naturaleza llanera: el poeta José Natalio Estrada Torres, el del “Cristo de la Sabana”. 

Había nacido nacido Doña Pancha el 27 de Abril de 1878, en Elorza (según Partida de Nacimiento N° 5, asentada el día 29 de Abril de 1878, siendo Primera Autoridad Civil el Coronel Balbino Ramón Primera); bautizada por un sacerdote adscrito al Vicariato Apostólico de Santa Bárbara de Arauca, donde reposa el original de su Fe de Bautismo, debido a que esta zona del Alto Apure fue atendida por esa entidad eclesiástica por muchos años (hasta la quinta década del pasado siglo). De allí que algunos autores hayan señalado el posible origen colombiano de Pancha Vásquez.