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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

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7 de noviembre de 2016

La Migración de Zamuros en Noviembre

Publicada originalmente el 20/11/11
A continuación un interesante artículo escrito por el Profesor Omar Carrero, donde se mezcla una conducta estacional de estas aves carroñeras, con las creencias populares de nuestro llano, que tratan de justificarla:

LOS ZAMUROS CAMBIAN EL PICO
Omar Carrero A.

El Zamuro negro es una de las aves carroñeras más comunes en Venezuela. Se le identifica en el campo científico como Coragyps atratus cuyo significado en español podría asimilarse a buitre vestido de negro. Seguramente, la especie más abundante en el territorio venezolano corresponde a Coragyps atratus brasiliensis, también presente en Centroamérica, todo el norte de Suramérica, en la región costera de Perú y en las llanuras bolivianas. Al zamuro por lo general se le asocia con la muerte y con lo tétrico porque, dada su función de “limpiador del ambiente”, siempre se le ve en aquellos sitios donde hay cadáveres o inmundicias. 

Es un animal de carácter sociable por lo que es común observarlo en bandadas. Es tan sociable que hasta se ha hecho amigo del hombre por lo que sin mucha malicia, frecuenta basureros urbanos. Su vuelo ascendente y en círculos lo ejecuta valiéndose de las térmicas, mostrándose en este ascenso como un excelente planeador pues solo bate sus alas para estabilizarse.

Aunque estas aves pueden considerarse como estacionarias es común avistar en el llano occidental ciertos desplazamientos que quizá correspondan con movimientos migratorios. Es frecuente observar en los campos de Apure y Barinas, sobre todo durante el mes de noviembre, bandadas de zamuros volando en círculos a gran altura que van desplazándose hacia el noreste. Estos grupos de aves se distinguen de los otras que se congregan en torno a los animales muertos porque su reunión no termina en “festín”. 

Los zamuros en “migración” no bajan a tierra sino que siguen moviéndose a gran altura, por días enteros, convirtiendo este viaje en un espectáculo para los hombres y mujeres de la sabana. Este movimiento no pasa desapercibido para el ojo observador de los llaneros, quienes poniendo a funcionar su ingenio, explican tal fenómeno a través de interpretaciones fantasiosas. Cuentan los abuelos en sus noches de tertulia, que los zamuros viajan a cambiar su pico en una gran piedra que está en el medio del mar. 

Sobre esta piedra todos los zamuros debían dar un picotazo, resultando que los animales más jóvenes
o más fuertes podían sacar el pico de la piedra, dejando en ésta el cascarón viejo, para lucir entonces un pico nuevo y fuerte; mientras que los animales viejos y sin fuerza no podían hacer lo mismo quedando pegados a la piedra en donde morían de hambre. Se seleccionaba de este modo a los zamuros jóvenes y fuertes encargados de mantener una población viable que sería la encargada de regresar a su territorio a cumplir con su función limpiadora. 

Algunos de los zamuros que regresan a sus predios traían en su pico fragmentos de la piedra marina los cuales depositan en sus nido por lo que algunas personas se dedican a buscar tales fragmentos, sobre todo el viernes santo, porque existe la creencia popular que quien posea “la piedra del zamuro” tendrá consigo muy buena suerte, por lo que siempre saldrá airoso en los negocios, el amor, el trabajo y en las ganancias de dinero. Esta piedra debe “cargarse” para que sus poderes sean efectivos, acción que se logra al rezarle la oración de la piedra del zamuro.

Fuentes Consultadas:
Amuletos y Talismanes
www.scribd.com/doc/33453184/AMULETOS-Y-TALISMANES
El Gallote o El Gallinazo negro o Zamuro Negro (Coragyps atratus).
www.aeronautica.gob.pa/paviario/not070808.html
Coragyps atratus - Wikipedia, la enciclopedia libre es.wikipedia.org/wiki/Coragyps_atratus

7 de octubre de 2016

La Naturaleza en Octubre

Publicado Originalmente 06/10/2011, Modificado  07/10/2016

 
Muy descriptivo es el paisaje de Octubre plasmado en los versos del Almanaque Llanero de Jorge Plaz:
 Con cantos de carraos en noche triste
se presenta octubre bondadoso;
halla todo anegado,verde, mustio
reina el invierno, aún majestuoso.
 Se pasea por los médanos y bancos
y por el monte seco que quedó
ve hambreados los ganados y sufriendo
un puñado de reses que se aisló.

 La Guía Ecoturística Miró Popic, nos completa el paisaje del mes donde acaba  el invierno llanero y empieza la salida o bajada de aguas:

Nuevos nidos decoran el paisaje , mientras algunos pichones abren sus ojos a la vida:


El Alcaraván elabora su nido limpiando el piso de gramíneas en el "banco". Usualmente dicho nido contiene dos huevos de color kaki con puntos oscuros.

Retratos del Mundo.blogspot.com



Se observan los últimos nidos de Chenchena (o Hoatzin) a lo largo del bosque de galería de los ríos de la cuenca del Orinoco



Ocurre el pico de nidación del Tautaco, mientras que el del Gabán Pionio ya está adelantado.
Gabán Pionío
Se pueden observar pastoreando las sabanas cercanas al nido en grupos de hasta ocho adultos y más de once juveniles.



 

Yaguazo Cariblanco


Gallito Azul










El Yaguaso Cariblanco se encuentra en época de nidificación y el Gallito Azul se desplaza en el boral con hasta cinco pichones, los cuales tienen un plumaje marrón opaco con puntos amarillentos en la cara.



Comienzan a eclosionar los huevos de las Babas y también los de las Anacondas y comienza el período de cortejo y apareamiento del Caimán del Orinoco.
Es la máxima parición de chigüires y venados





En este mes se empiezan a vislumbrar cambios tendentes a la salida o bajada de agua. Al reducirse los aguaceros, abunda el pantano por doquier. A fines de mes, empiezan a sentirse los vientos de verano y las aguas que aniegan la  sabana empiezan a secarse, corrompiéndose y produciendo enfermedades en los cascos de los animales. 

Dice la Silva Criolla en su primera Estancia:

Torna a soplar del Este
El viento alegre y zumbador. Ondea
Cual agitada veste
El sedoso follaje. El sol orea
La charca pantanosa,
Y por el reino de la luz pasea
Legión de garzas de plumaje rosa
Florecer es amar… Sobre la falda

Y dice Alberto Arvelo Torrealba:
....El lodo que lo empantana viene después, cuando la tierra se ablanda y se “empichaca” con la llovedera. Cuando retornan con los pastores emigrados, el trajín de las vacas, toros y novillos, cerdos, caballos, burros, arreos de mulas y la hilera de vacilantes carretas, batiendo hasta después de los últimos chaparrones, los bordes de los esteros y el agua empozada de los caminos.

....Y es que cuando  empieza la salida de aguas,  las lagunas y esteros se van recluyendo a su centro, concentrando la vida acuática, en la cual, las garzas encuentran un verdadero festín. "Por eso es tan frecuente  que cuando el bajante empieza, las encendidas bandadas de corocoras, crucen vastos sectores del cielo guariqueño.   AAT
  
Gran cantidad de peces nacidos o no en el invierno, forman ribazón en los ríos, hecho aprovechado por los llaneros para la pesca y para coger tortugas. Grandes cardúmenes de coporos, cachamas y palometas se trasladan por las corrientes de agua.

Al disminuir las lluvias, se reducen los coros de los anfibios, aquellos coros que en agosto y septiembre 

“en tono triste, quejumbroso y grave brota doliente canto en la llanura”Silva Criolla
Y nuevamente el poeta Arvelo nos explica: "Un doliente coro suele oírse las noches de los días lluviosos en las calles de las aldeas y junto a los charcos de los caminos. (..) Codazzi describió esta misma experiencia: “otra particularidad no menos notable se advierte en estos sapos y la de cantar en coros compuestos de 46 o más individuos; y parece que hay uno que hace de maestro de capilla, según la igualdad con que empiezan o terminan su concierto, no verificándose el oír a uno solo antes o después del expresado coro que dura de seis a ocho minutos”
 
La “plaga “ se intensifica, arrecia el calor con alta humedad. El tábano, el jején, el zancudo, el puyón, etc, aprovechan esta época para acosar al ganado y a las personas: 

Jején
El tábano verde azota los ganados
jején y puyón azota a la gente
el mosquito y el zancudo hacen conjunto
con el cual forman gran contingente. Jorge Plaz



 El barinés y los vientos de verano, generalmente se presentan a fines de octubre o principios de diciembre. La luna creciente se ve con la punta “gacha”, amarillean los bancos que estuvieron anegados. Abunda el lirio de agua en las sabanas aún inundadas. Intenso calor, alta humedad y poca brisa. Miró Popic

curujujul
Pero la flora también engalana el paisaje:

De las toscas malezas entreteje
La parásita en flor, áurea guirnalda;
Cuelga, blanco vellón, de su costado             
El nido comenzado;
Regio collar de abiertas campanillas
La trepadora mazamaza enreda,
Y en dos porciones la corteza rota,
Despide el aura leda,
Del nevado cairel de su bellota
Trenza brillante el orozul de seda
Tras la menuda flor cuaja el uvero
Maya
Su gajo tempranero;
Sus nacarados frutos en el limo
El punzador curujujul engendra;                        
La maya erige colosal racimo
Y desprende el merey sabrosa         
almendra;
Señuelo de su copa en lozanía,
Encendidos granates el orore
En mil estuches cría;
Emulando la escarcha
El espinito su jazmín estera,
En el aire, en la luz, en cuanto vive,
Amor su aliento exhala;
Y su aliento febril-tras el espeso
Merey
Ramaje que es baluarte y es escala-

Silva Criolla, Estancia I
Espinito










13 de marzo de 2016

La Vida Animal del Llano en Marzo

 Publicada originalmente el 19/03/2011
El Llano no solamente muestra sus hermosos colores en marzo, también nos ofrece  importantes ciclos en la vida de los animales llaneros: en algunas especies aflora la vida y otras se preparan para ello.  El Calendario de la Naturaleza  de la Guía Ecológica de Venezuela (Miropopic.net), nos ofrece sus pinceladas:

.- En las playas arenosas del Orinoco desova la Tortuga Arrau (Podocnemis expanda)

.-Por estos días salen de sus huevos las tortuguitas Terecay (Podocnemis unifilis). 
Baba
.-Las Babas (Caiman crocodilus) van de un lado a otro buscando los pocos machones de agua que quedan. A veces, si no lo consiguen, se entierran en algún lodazal para evitar la deshidratación y se quedan allí varios días.

.-Por las noches aparece el Zorro Guache (Eira barbara) buscando
Eira Barbara (metazoa.es)
 presas acompañado de sus crías.

.-Los juveniles de Gabán (Mycteria americana) y Garzón Soldado, que dejaron su nido en febrero, se concentran en los esteros para alimentarse junto a los adultos.

.
gabanes huesito jovenes.
 (wildstockphotos)
garzón soldado juvenil (flickriver.com)


-El Rey Zamuro (Sarcoramphus papa), que construye su nido en las grandes ramas de los árboles del bosque
llanero, ve nacer sus pichones.


Entre las costumbres del llanero en este mes, está la de “sabanear huevos de tortuga o morrocoyar. El galápago pone los huevos entre noviembre y febrero y eclosionan en la entrada de aguas, los terecayes nacen entre febrero y marzo. Muchos depredadores, (incluyendo el hombre), estan pendientes de estas tortugas tanto al desovar, como al eclosionar los huevos.

TortugaTerecay

21 de septiembre de 2015

El Tordito - (Dedicado a Angel Custodio Loyola) Germán Fleitas Beroes

Este pajarito, tan común en todo el país, se ha caracterizado por su facilidad de adaptación a distintos climas y hábitat. Es muy común en las ciudades, donde anda generalmente en grupos que en la noche se refugian  en los árboles.

El macho, de un espléndido negro con reflejos morados y tornasolados, se distingue fácilmente de la hembra cuyo plumaje es color pardo sin mayor gracia. Es común que en un vuelo rápido se acerquen a la cabeza de los transeúntes y les arranquen algún cabello, supongo que para hacer su nido. También se cree que esta conducta es mas bien una agresión hacia algún caminante que  pase cerca del nido .

El tordito macho luce presumido y se esponja cuando canta, tendiendo la cabeza hacia adelante, con el pico entreabierto, erizadas las plumas del cuello y agitando las alas, para llamar la atención de la hembra. Es frecuente también ver a dos machos enfrentándose  con saltitos, levantando el pico.

A diferencia de otras aves que avanzan en tierra con pequeños saltos, el tordito "camina" elegantemente, lo cual refuerza su apariencia de presumido. 

Al momento que se estaba eligiendo el ave nacional, hubo quien propuso este pájaro por su abundancia a lo largo de toda Venezuela, lo cual lo hace realmente típico de este país.
Fuente consultada:  Manara, Bruno. Aves del Ávila. Monte Ávila Editores Latinoamericana. Fundación Cultural Chacao.

Ahora bien, como para todas las cosas el llanero tiene una canción,  pondremos una nota graciosa al referirnos a  la canción El Tordito, compuesta por Germán Fleitas Beroes para su amigo Angel Custodio Loyola, a quien según la tradición oral, consideraba pretencioso y altanero:


El Tordito
Música de autor anónimo
Arreglo Musical : Juan Vicente Torrealba
Letra: Germán Fleitas Beroes

Tordito del limonero
te voy a dar un consejo:(bis)
todo el que es faramallero
tiene el porvenir muy lejos (bis)

Canta con canto sencillo
como buen venezolano (bis)
para que le des mas brillo
a tu color africano (bis)

No te esponjes en la rama
que no te queda bonito (bis)
canta como el saucelito
cuando de tarde me llama (bis)

Canta con gracia y con arte
derecho como el jilguero (bis)
¡anda negrito coplero!
cántame sin esponjarte. (bis)



* Se transcribe la canción tal como sale en el libro del poeta "Paseme acá la Guitarra",

26 de abril de 2015

La Maravillosa Vida Natural de Nuestros Llanos

La vida natural ofrece al observador un mundo de conocimientos y experiencias que a la mayoría pasa desapercibido. Al llanero, observador por condición y por necesidad, no se le escapan las señales y aprendizajes que ofrece el medio. 

Hojeando El Diario de un Llanero en su tomo 2, encontré una interesante narración sobre la conducta de los perros de agua (nutrias), los monos y las garzas, que quiero compartir. Lo bonito de la información de los cuadernos de Antonio José Torrealba, es la cantidad de información que ofrecen sobre el medio llanero con su fauna y flora y sobre la forma de expresión verbal del hombre.

Los hechos se dan en un río, cuando navegando en un bongo de tres bogas, Agamenón y sus compañeros, en una parada, observan la fauna del entorno. 

 “Loreto estaba fijado en la margen del otro lado, viendo unas nutrias o perros de agua que sacaban los hijos de una cueva, los traían en la boca hasta llegar al agua, ahí los ponían en lo hondo, los animalitos comenzaban a dar vueltas en el agua y a tamborear, como que se iban a ahogar; pero seguidamente los padres los tomaban en la boca para suspenderlos y no se ahogaran. 

-Usted está viendo cómo enseñan los perros de agua a nadar a los hijos? 
-Sí, los estoy observando a ellos y al mismo tiempo, unos monos que vienen a beber agua. Ahora fíjese en aquel babo que viene a cogerles el perrito a los viejos, él pensará que la tarea es más mansa, ya lo van a embromar los viejos. 

Foto: subirimagenes.net


En efecto, el babo venía a coger el perrito para comérselo, sin reparar en que el animalito estaba defendido por sus padres. Cuando llegó cerca, se paró como para estudiar el punto, porque él no sabe coger por debajo como lo hace el caimán negro, él tiene que agarrar es por encima. Después que vio un momento, se abalanzó sobre el perrito; la perra cuando vio el peligro, agarró el animalito y se zambulló con él. El macho se abalanzó contra el babo, lo agarró por el rabo y lo hizo retroceder. La perra salió en la puerta de la cueva y se metió con el bichito en la boca, mientras el macho revolvía las aguas luchando con el babo hasta hacerlo salir del agua. 

-Que le parece, compadre Loreto! ¿No le dije que le iba a salir el macho mal capado al babo? Ya está decidido. Ahora fijémonos en los monos a ver que es lo que van hacer ellos, si van a beber agua, tienen que dejar un vigía, después que beban los primeros, queda uno de los que bebió y baja el que no ha bebido. "

Foto Cristóbal Alvarado

 …En otro árbol cercano había un pájaro vaco con huevos en su nido de chamizas, otros monos querían apoderarse de los huevos, pero no hallaban cómo. El vaco, cada vez que se le arrimaban, tiraba unos picotazos que si el mono fuera sido alcanzado por uno de ellos, le fuera agujereado profundamente en el cuerpo. El mono se le arrimaba muy de cerca, le meneaba las ramas, le pelaba los dientes y chillaba fuertemente; el pájaro no se movía. El pájaro había fabricado su habitación en un bejuquero de cacaíta que estaba enredado en un carutillo. El mono veía que el vaco no le tenía miedo y que no dejaría el nido solo. Se
Foto: Treck nature
montó en una rama más alta en la dirección donde estaba el nido, enseguida que llegó al punto, empezó a despegar carutillos del árbol y dejarlos caer en dirección al nido. Así hizo esta operación varias veces sin conseguir su intento. Visto que así no le servía, entonces se pudo a despegar bastantes frutas hasta llenarse los brazos y hasta en la boca llevaba una. Cuando no le cupieron mas, se llegó al punto directo donde estaba el pájaro en su nido; entonces descargó las frutas de un solo viaje. Las frutas bajaron en todas direcciones, derechas unas, haciendo ruido en lo que bajaban, pegando en las ramas. Una de las frutas pegó en un ramo y brincó y le dio en la cara al vaco, el cual, al sentirse golpeado en la cara, se asustó y salió volando; pero todavía no era bien ido cuando el otro mono, que se había quedado más cerca, se había apoderado de uno de los huevos y dejó el otro en el nido, el cual tomó el mono que había trabajado, y se fueron a la selva espesa. 

Siguen observando los llaneros, después de contar 47 ejemplares en la manada, en otro árbol descubren otros monos  castrando un matajey. 

"Los monos hacían la operación siguiente; se orinaban, con el pelo erizado; orinaban en la mano y se untaban por todas partes del cuerpo; después barajustaban para donde estaba el avispero, le meneaban la rama donde tenía la casa el bicho, esto lo hacían con una agilidad prodigiosa y pasaban corriendo, seguidamente pasaban otros y hacían la misma operación, cuando una avispa lograba picar uno, daban chillidos, un manotazo a la avispa, la agarraban y se la metían en la boca para comérsela. Cuando calculaban que de tanto menear las ramas las avispas habían dejado la casa sola, entonces pasaban corriendo como en el principio, le metían la mano a la casa del matajey, llevándose un pedazo para más adelante registrar lo que tenía de comer; ellos le comen al matajey los hijos de las avispas y la miel. Así fueron quitándole pedazos hasta dejar una mitad de la casa, después dejaron quieto el avispero. Esta operación la hacen los monos en matajeyes pequeños y que estén posados en ramas donde pueden pasar corriendo para menearle la rama, de lo contrario no se meten con él. 

-Que animal tan vivo son ésos, compadre Loreto! Una vez estaba yo con Estanislao Romero en el garcero de Merecurote, en una canoa, estábamos metidos bajo un mogote de bejuco de caimito, recogiendo unas garzas que mataba un gavilán buitre. El gavilán estaba posado en la rama más alta que tenía un caramacate negro, más elevada que el follaje del mismo caramacate. Ahí estaba el aguilucho, tapado por la espalda por otra rama. Era de tarde, las garzas regresaban de la sabana al dormitorio en gran abundancia, la que llegaba por aquel lado, que se paraba en frente del gavilán, lo que hacia era estirar el pescuezo ¡táqui!, una media agarrá con el pico y quedaba la garza completamente con el pescuezo estrangulado. Las garzas buscaban el puesto porque lo veían desocupado y no veían la fiera oculta en el follaje. Cuando estábamos engreídos recogiendo las víctimas del buitre, llegó una bandada de monos, en ellos venia uno chucuto, sin cola. Así en frente de nosotros estaba un matajey muy grande, los monos estaban regados por todas partes. Cuando esto, vimos uno que quería apoderarse de unos pichones de garza; el mono chuto se llegó donde estaba el matajey, se para en las paticas y levanta los brazos y le da tres palmadas morochas en la costilla al matajey. ¡Mire compadre! El pobre mono chuto no supo ni cuando se murió. Se puso negrito de avispas y echó a correr en todas direcciones pero no veía con la cantidad de avispas, en uno de estos saltos y manoteándose por todas partes, peló el equilibrio y ¡chupúm! Al agua, el mono quiso enderezarse y coger el nado para montarse por un ramo de totumo de agua que estaba muy cerca de él, pero los caribes no lo dejaron, devoraron el pobre mono chuto que terminó su vida dando gritos y chillidos. 

Los demás monos quedaron embelesados viendo como los caribes se comían el compañero. Nosotros también; pero de golpe vimos una sombra negra como una silueta que partió del copo del caramacate hacia abajo y ¡zás! otro mono muerto; el buitre se había dado cuenta que los monos estaban ahí y aprovechó el descuido para apoderarse de uno de ellos que es su comida predilecta.

Los garceros posados en anegadizo son muy peligrosos, por la abundancia de caribes cebados que siempre hay devorando todos los despojos que a menudo botan los pichones, los pescados que vomitan, los que caen de los nidos, los huevos que caen, todo esto pone a los caribes cebados que ve usted las aguas grifitas de millares de mondongueros con el oído atento para acudir al lugar donde oyen el más leve ruido. Día y noche, siempre recorren el lugar donde habitan las garzas. Cuando el garcero está en lo seco no, porque la recorría es distinta, de día son los zamuros, caricares y ciertos gavilanes, de noche son los zorros y rabopelados, titirijí y lechuzas. La garza es un animal muy flojo para hacer nido, apenas pone unas chamizas, muy pocas y muy mal puestas; por esta razón es que se le caen los huevos y los pichones recién nacidos al suelo o al agua. La garza morena hace sus nidos casi lo mismo, pero los palos son más gruesos y rara vez se le caen los huevos o los pichones, el chicuaco cucharón, la garza chiquita chusmita, la corianita azul, el chicuaco azul jovero, el chicuaco blanco, espizan azul de plumas finas y el chicuaco marrón pajizo y la chusmita azul, son de un género que de casualidad no ha desaparecido de la fauna por lo mal hecho de sus nidos; pájaro vaco y chenchena, con mucha frecuencia, se les desbaratan los nidos. Yo he visto pegar un vendaval en un garcero, en época en que todavía tenía huevos y al amanecer los huevos en el suelo y los nidos desbaratados en la parte alta del monte, y ninguno sano porque son demás de blanditos 

 … pero si las garzas hicieran sus nidos como lo hace la cotúa marbella, la que llamamos cotúa gira y cigarra, y también le decimos cotúa blanca, la cotúa negra mergansar (a ) zamura, esta si hace un nido bien hecho que pudiéramos decir sólido, bien tejido de bejucos entretejidos, como si fuera de mimbre y bien mullido por dentro, en forma de olla; no cayeran los huevos ni los pichones porque a las cotúas no se le caen ninguna de las dos cosas por mas bravo que sea el vendaval. Ahora otra cualidad tienen, que antes de dejar el garcero con sus hijos, refuerzan el nido para el año entrante. Esto mismo hace el garzón, el gabán y el pionío.

23 de marzo de 2014

Para la Garcita Veranera - Hugo Estrada Castillo

Nuestro colaborador y amigo Hugo Estrada Castillo, escribió este poema en honor a la garcita  veranera que figura muy poco en imágenes, poemas y canciones, al compararla con otras garzas, pero que tiene características especiales de resistencia, comparables solo con el propio llanero.
Imagen  propiedad de Ricardo Mollen Jensen


A TI GARZA EMBLEMÁTICA 
 La garza real pinta de blanco la llanura 
Cuando se viene de lejos a disfrutar la sabana. 
Y el horizonte pierde su toque de blancura 
En el invierno cuando parte a tierra lejana. 

La preciada chusmita de pluma elegante 
levanta vuelo cuando arrecia el invierno.
 Se va la pluma blanca con su toque brillante 
Pues los aguaceros parecieran eternos. 

La chusmita azul sigue el mismo camino 
Y pierde la sabana sus toques de alegría. 
Las garzas en vuelo buscan otra lejanía 
Pues la lluvia le ordena cambiar el destino. 

La siempre impetuosa garza morena 
Con los chaparrones busca tierras sureñas. 
Ya la tierra plana no se perfila amena 
Pues el adiós aparece con el cambio de seña. 

También prepara viaje la rosada paleta 
Cuando se hace sentir el gran chaparrón. 
Se torna un tanto triste el poeta 
Pues el cielo es un inmenso nubarrón. 

Prepara maleta la rojiza corocora 
Ante lo que anuncia ser un fuerte diluvio. 
El cielo abierto se torna algo turbio 
Y la corocora se lleva el color de la aurora. 

Todas son hermosas garzas de verano, 
Pero infieles cuando se percibe peligro. 
Aferrado a la tierra yo ni marcho ni emigro
 Pues mi corazón permanece bajo el cielo del Llano. 

Aparece la alegría con un canto que enamora 
Y atestigua que algo queda en el mundo de ensueño. 
Noble y fiel permanece la garza silbadora 
Y regresa al poeta la musa inspiradora de un sueño. 

Ella canta y silba en el mundo del Llano invernal 
Porque cuida por siempre su universo de estero.
 Compite por ser la emblemática ave de Llano Total, 
Por ser símbolo eterno del orbe llanero.

Hugo Estrada Castillo 

11 de diciembre de 2013

Loa al Caballo Llanero (2)


Les ofrecemos la segunda parte de estas entradas en homenaje a ese noble animal que es nuestro caballo llanero. En la primera parte colocamos un artículo del poeta Luis Alberto Crespo, relacionado con la evolución del caballo hasta llegar al que puebla nuestra llanura. Ese caballo de poca alzada, muchas veces de apariencia tosca, pero que se adaptó como ninguno a las inclemencias del clima de nuestro llano. En esta entrada les ofreceremos un cuento que ya publicamos anteriormente de Julio José garbi Olivo, pero que encaja en estas líneas, así como algunos de los poemas dedicados al caballo llanero: 


"Era un día de asueto en la mansión de los Dioses y los Dioses-niños se fueron todos a jugar. Pero el Dios-niño más pequeño no tenía con quien jugar y se sentó sobre un rayo de luz a pensar. Pensó primero en jugar con las espirales concéntricas de las coordenadas del tiempo; luego en crear galaxias y estrellas, o en las relaciones de las infinitas paradojas de infinitos mundos paralelos; pero al Dios-niño le fastidiaban las cosas sencillas. Por eso se puso a pensar en algo que verdaderamente no existiera y pensó en la palabra más bella que pudiera dictar su fantasía.


Finalmente dio con ella.

La palabra era.... ¡caballo!
Sí eso era.... caballo.

Y una vez que tuvo la palabra, pensó en un caballo.

Lo hizo fuerte y noble.
 

Los ollares amplios para sorber el viento.  con hebras de plata o de sol, o de noche, le hizo las crines, la cola larga y sedosa, el pecho ancho y poderoso, y en cada pata le puso una luna en creciente y lo hizo ágil.

Y cuando tuvo el caballo, no encontró lugar mejor  donde ponerlo que una llanura.

El Dios-niño, cerró las manos para aprisionar todos los universos del cosmos infinito para tomar elementos de su quimera. Al arcoiris le arrebató los colores para pintar la llanura. Pintó la sabana verde, los cielos azules y las nubes blancas. Pintó los morichales, los ríos y las lagunas. Y pintó los borales en los esteros. Pintó garzas blancas y corocoras rojas. Pintó venados y hierbas y árboles de toda clase: un algarrobo, un mango y un  tamarindo. Pintó pájaros y trinos y olores y lluvias para que mojaran la tierra y la hicieran fértil.

Puso en su llanura un amanecer con aromas de sabanas y un cielo oscuro azul turquesa con arreboles y frescura en el aire. Y toda clase de animales. Por último con sus deditos, pintó horizontes por todas partes para que su caballo pudiera verlo todo.

Y en esa llanura recién pintada, el Dios-niño puso a su caballo para que galopara como el viento. Y el caballo galopó y galopó... y el dios-niño fue feliz por corto tiempo.

Pero algo faltaba.  y el Dios-niño se sintió triste de nuevo hasta que tuvo la idea de amasar con sus manos regordetas, color de auroras y esperanzas, el barro de los esteros y las arenas de los ríos. Y tomando también un poquito de esas cosas que había pintado en su llanura, hizo un compañero para el caballo. Y lo hizo sencillo, franco, honesto, valiente, noble y generoso. Y le dio manos para que pudiera hacerlo todo. Y una frente altiva para que no fuera esclavo y una mente para pensar y fantasear. Y una voz para decir lo que pensara y, sobre todo, un corazón para que pudiera amar.

Y el Dios-niño estuvo contento porque, por aquellas extensas llanuras que había creado su fantasía, corría libre y sin trabas, jineteando en el potro de la ilusión, un llanero."


MI CABALLO
José Natalio Estrada Torres

En un fino galope rasgando la sabana
mi caballo y yo somos dos canciones de gloria;
El relincha  a los vientos una historia galana
y yo siento qeu hierve de pasión esa historia.

So yo digo en camino mi canción rusticana,
y celebro lo bello de esta vida ilusoria,
en su sangre florece la leyenda pagana
y es Pegaso abrumado de una vida expiatoria

Aún en lo más penoso del trabajo sin tregua
es cumplido y galante cuando mira una yegua
y un relincho estremece su cuello poderoso;
y como recompensa de su vida tan dura,
le acompaña el fantasma de muerte prematura
Y cualquier clado día se me va silencioso.

 
CABALLO
Hugo Estrada Castillo

Aquel caballo bayo de cuerpo musculoso
se paseaba orgulloso en la sabana
y destacaba su figura en la mañana
caracoleando y galopando siempre brioso.

En el horizonte galopaba aquel coloso
cortando el viento con filo de obsidiana
y con la delicadez de la plana en filigrana
decoraba el mitológico monte del Parnaso

Sus crines danzaban en el viento con prestancia
Mientras su cuerpo corría con fuerza y arrogancia
y cedía a los manejos del recio amansador .

Su porte salvaje, arropado de elegancia,
se perdía entre lejanía y la distancia
con el caminar seguro de un conquistador



SU  ORGULLO
Luis Alberto Crespo

Su orgullo era ser imaginario
yo lo tocaba
y tocaba lo inalcanzable

Atado ahí
Bajo el árbol
sigue huyendo

La única sombra que le guta es el horizonte

Le quito el freno
ensangrentado de tanto desbocarse por dentro
y un jinete invisible le atormenta el ijar

Yo  lo llamo caballo
porque lo sueño y está frente a mí

Por solo
por piafar y vivir
así
en lo terrible



MI CABALLO
Luis Barrios Cruz

Mi caballo es alazán. ¡Vuelvan caras!
Alazán como el sol desbocado sobre las palmas
Alazán como las polvaredas llameantes de la tarde

Mi caballo es alazán . ¡Vuelvan Caras!
cría de la nube mañosa ,
Yegua rucia piafante en la pampa de arriba,
Y del viento mostrenco,
Padrote zaino embozalado de horizonte.

Mi caballo es alazán.

Con él hice todo el camino de Santiago
En mi campaña de constelaciones

¡Vuelvan Caras!

Mi caballo es alazán. Entero. Y mío

3 de diciembre de 2013

Loa al Caballo Llanero (1/3)

SOY 
Luis Alberto Crespo

Soy zaino cerrado 
Cuando me ensimismo 
Y me inclino ante lo que me destruye 

 La raya blanca del alazán 
En la cara 
Cuando me anuncian infortunio 

 Soy cebruno con un zarpazo en el costado 
Cuando padezco de mí 
En lo más mío de las doce 

 Soy ruciomoro viejo en el rictus 
Cuando mueres y la hierba sabe a más nunca 

 Soy castaño lucero
 Cuando oigo un grito en lo que digo 
Y el absoluto es una soga en la garganta 

 Soy bayo cuando tiemblo si la tierra me toca 

Y soy ruano 
Ruano pálido 
Asombrado por su espíritu que es la tórtola

 “Sabanero” fue el nombre que finalmente pudo encontrarle su dueño al pequeño y vainero rucio azulejo traído de los llanos quebrados y ondulantes de Monagas hasta Fila de Mariches. Tenía buenos aplomos y desde la cruz hasta donde se afirmaba sobre la tierra humosa en la que ahora pastaba no excedía del metro cuarenta y cinco de alzada. Debió sacudirse duro en el amanse."

“Es a mi juicio el prototipo del caballo criollo”, me dice entusiasta mientras se arrellana en su butaca, Don José Giacopini Zárraga.” Así encabeza Luis Alberto Crespo, su relato denominado José Giacopini Zárraga y el Animal del Alba, publicado en Llano de Hombres. El poeta Crespo, ha sido un enamorado del caballo criollo, al que ensalza en muchos relatos, poemas y  conferencias, pues se ha propuesto difundir a todos los vientos, la nobleza y fortaleza de este animal, demostrada de mil maneras en la historia, en el coleo y en el día a día del llanero venezolano. Tuve la oportunidad de asistir a una conferencia del poeta en el Celarg, Caracas, donde con una pasión conmovedora abordó el tema sobre el caballo criollo y nos paseó por la historia del mismo desde la mitología. Por ello hemos elegido fragmentos de este relato donde el poeta se remonta a los ancestros de nuestro caballo criollo: 

De alguna manera su biografía comenzaba en las arenas del Norte de África, en esas comarcas que los romanos bautizaron Libia, habitadas por gente barbari, beraber, berber o berebere y cuyo menospreciado calificativo habían heredado sus ancestros, cuando sobre sus lomos generaciones de guerreros devoraban las soledades de la arena y entraban a saco lo que vivía bajo su barajuste, trocando aquel afrentoso nombre de berebere por el de hidalguía equina. 


Cualquier noticia sobre su aparición comienza con el vuelo de un pájaro, un puñado de viento, una luz y un estruendo de centella, una ola, una fuente, un monstruo decapitado, el sol, la luna, el deseo, la muerte, el bien y el mal, pero don José Giacopini Zárraga prefiere historiar su vida terrestre (“no era más alto que un zorro”) en las estepas del Missisipi, hace 60 millones de años, antes de dejar el misterio de su desaparición en las nieves de Behring, terminada la cuarta glaciación, mientras en las estepas de Mongolia y en los bosques, las colinas y los valles de Europa sus descendientes prosperaban, prefirieron el pasto al tubérculo y al fruto, cambiaron sus dedos por el casco del solípedo transformando su aspecto zorruno por el del tarpán y el prejewalski, los primigenios ancestros del caballo. 

Así, al final de tan desmesurada errancia a través de sí y de los tiempos, “sabanero” regresaría un día a la tierra de su más lejano abuelo, el oeipus o “caballo del alba”, con las manadas que desembarcaron de las 17 naves españolas en 1493, revuelto entre la sangre de los padrillos y las yeguas bereberes, traídos de la Hermandad de Granada, sin contar sus jinetes, sus “20 lanzas jinetas” como llamaban en España a esa manera de estribar corto que tenían las tribus xenetas del Norte de África cuando ocuparon la península sobre sus caballos de capa de ceniza y vasco de roca, esos mismos que habrían de correr por los suelos de América desbaratando el mar y los montes de Santo Domingo, Puerto Rico, Jamaica, Cuba, Florida, Nicaragua, México y más tarde asombrarían y asolarían a los pobladores de Venezuela o de Colombia, durante las incursiones infructuosas de Alonso de Ojeda y las avanzadas de Rodrigo de Bastidas en 1509 y en 1538, porque es mentira – asevera enfático el gran arabista Profesor Castejón- que los españoles trajeran a la Conquista el caballo árabe pues los abencerrajes “llegaron a pié” y no en ilusorios trescientos mil corceles de cola de fuente y perfil ondulado como se empeñan en hacer creer muchos mitómanos. “No hicieron importación masiva alguna mientras ocuparon España”, insiste el profesor. Antes bien, exportaron a las cortes del Norte de África hermosos ejemplares encontrados en la cuenca de Guadalquivir.” 

“Vinieron primero por Oriente. Los trajeron Gonzalo de Ocampo y Jácome Castejón, Antonio Cedeño y Diego de Ordaz. Luego, por Occidente, Juan de Ampíes y los welsares en gran cantidad” Nos dice don José Giacopini Zárraga. Que eran rústicos, el perfil de carnero, la grupa derribada, todo reciedumbre, el plantaje y la lámina del berebere y del númida, la otra estirpe del Norte de África que nombrara Virgilio en la Eneida (“los númidas y sus corceles negros te rodean”)” 

 Tuvieron que transcurrir los primeros veinticinco años del siglo XVI para que el hijo del caballo berebere y númida venciera las ingratitudes de los climas tropicales, el acoso de las plagas y la pobreza de los pastos. Abandonaron sus islas natales de Santo Domingo, Puerto Rico, Jamaica y se dieron a galopar por las sabanas y charcos de Tierra Firme, expuestos al vendaval, a la sed, al hambre, a las fieras. Perdieron el donaire de los ancestros pero ganaron en resistencia y orgullo. 

Un señor que amaba con amor desmedido al caballo berebere, Monsieur Mercier, viajó a Argelia en 1847 en busca de los más puros descendientes de la raza de los corceles que en una muy incierta leyenda asevera fueron traídos por los Egeos a Libia y que luego Aníbal y su hermano Asdrúbal, llevaron a España en los tiempos de las guerras púnicas. Mercier distinguía en ellos la capa gris, la testera ligeramente convexa o acarnerada, el cuello de cisne – que algunos apurados confunden con el del árabe - la cruz elevada, las largas articulaciones, la grupa redonda, el pecho robusto. Y la impaciencia. En cambio, en el númida destacaba la oreja grande, el lomo de mula, la grupa flaca, las cañas descarnadas, la cuartilla larga del caballo veloz. Y la altivez. 

 No me dice don José Giacopini Zárraga cómo es la conformación de “Sabanero”, pero oyéndolo biografiar al caballo criollo de nuestros llanos de Oriente y de Apure (“los de la isla de Guara, los de las sabanas de Maturín y el Delta”) uno imagina los rasgos que aún conservan -¡cuatro siglos después!- las manadas que huyen mostrencas por los infinitos del país llano. Acaso son iguales a los rucios blancos que prefería Páez por ser buenos nadadores rápidos en la arrancada, en las escaramuzas de pique y juye que permitieron las hazañas de Mucuritas, Las Queseras del Medio o a aquél cuya muerte vengó en el combate de Mara de La Miel; a los de Carabobo; a los “40 mil empotrados y listos para la campaña” de 1816; a los 611 que jineteaban en Arichuna los soldados o los que corcoveaban cerreros bajo las piernas de los indios de Tame , betoyes y macaguanes. Acaso entre ellos se encuentre todavía el cebruno que perseguía Bolívar el 28 de enero de 1817 en una carta al Presbítero Coronel Eduardo Hurtado “pues no tengo en que hacer la guerra” o son los mismos que cruzaron seiscientos kilómetros de llanos enlodados y bajo el agua hasta Casanare , hasta los riscos helados del Páramo de Pisba en 1819. ¿Será todavía como el caballón ruciomoro de Zamora en las sabanas barinesas de Matasazules, al que lo alebrestaba la pólvora y el clarín del General del Pueblo Soberano? 

 “Es un sobreviviente”, me contesta don José Giácopini Zárraga, “perdió la alzada y cobró resistencia. Perdió belleza y ganó una increíble capacidad de aguante. Hubo de soportar las peores inclemencias, morir y volver a nacer durante su dramático proceso de adaptación a un medio que le era extraño a su hábitat natural: las tierras de los climas templados. Los malos pastos, el descuido, no parecen hacerle mella. Pero hay que rescatarlo. Por razones históricas y sentimentales. Es uno de nuestros más grandes patrimonios. Es el caballo de la conquista, la colonización, la independencia. Es un héroe. Basta verlo de sol a sol, en las vaquerías , flacucheto, soportando a su jinete, halando toros de 12 arrobas, los ijares sangrientos, tragando distancias de lodo y polvo, listo para recomenzar al día siguiente”