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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

8 de septiembre de 2015

Cuando Loyola no quizo apambicharse - Omar Carrero Araque

Compartimos un escrito del Profesor Omar Carrero sobre el inolvidable Angel Custodio Loyola

CUANDO LOYOLA NO QUISO “APAMBICHARSE”

Hoy cuatro de septiembre de 2015 se cumplen 89 años del nacimiento de Ángel Custodio Loyola, en  Mata Arzolera, un rincón guariqueño que comparte, según el caso, anegamientos o candelorios con Barinas y Cojedes. Se recuerda un incidente de este Coplero, tal vez uno de los más grandes que han salido de llano auténtico.


CUANDO LOYOLA NO QUISO “APAMBICHARSE”

Omar Carrero Araque
Baquiano

2015
 
Foto: vivencias llaneras del abuelo
 
En 1951 el Maestro Juan Vicente Torrealba ante la necesidad de un cantante del género musical llanero contrató al guariqueño Ángel Custodio Loyola, un joven casi desconocido fuera de su ámbito natural, un ámbito restringido a rincones del bajo llano que configuraban un espacio al sur de Guárico y Cojedes y al este de Apure y Barinas. 

Con la llegada de Loyola a la Capital, llegó también el joropo “gritao”, un estilo que él había creado tal como se lo confió al poeta Luis Alberto Crespo “…en esa época lo que se cantaba era puro contrapunteo, la discusión cantada improvisando. El pasaje, por ejemplo, casi no se cantaba. Los cantantes de antes no cantaban joropos. Era muy raro oír a un hombre cantar, pongamos, un pajarillo…el que trajo a Caracas el grito del pajarillo fui yo. Eso es muy mío…”(1).

La luna de miel entre el Maestro y el Coplero duró poco porque el carácter arisco de este último no aceptó las imposiciones de Juan Vicente en el sentido de “suavizar” el joropo para ajustarlo al gusto de los turistas: “Loyola con sus gritos corre a los turistas” expresó el Maestro en una entrevista”.

El pedimento de Juan Vicente hace recordar una situación similar acaecida en República Dominicana con la llegada de los Marines en 1916 a raíz de una invasión del Imperio contra la isla de Quisqueya. Este Cuerpo militar permaneció en la isla un tiempo suficiente como para que los naturales bautizaran a sus integrantes como los Pambiches, en un acomodo del inglés Palm Beach al español caribeño. 

Los soldados portaban en sus uniformes una etiqueta con la inscripción West Palm Beach que señalaba el nombre de la fábrica que los confeccionaba. Estos Pambiches solían visitar a los centros nocturnos donde bebían y bailaban, pero como no lograban coger los rápidos pasos del merengue, un baile hecho para el oído y las caderas de los afro-antillanos, los músicos, a pedido de los propietarios de los Clubes, se vieron en la necesidad de “suavizar” este ritmo para ajustarlo al oído de los gringos. Nació así el “merengue apambichao” (2).

De haberse Loyola sometido a esta exigencia ahora tendríamos sus canciones en tono “perfumao” como Él las llamaba y nos hubiera privado de ese tañío altanero, agreste y tan cuajado de sentimiento como jamás ha retumbado en la llanura venezolano-colombiana.


Consultas en:

cellunerg.blogspot.com/2009/09/angel-custodio-loyola-el-cantor-del.html

2.- Música folklórica - Republica Dominicana, Dominican ...

www.dominicanaonline.org/portal/espanol/cpo_folklorica.asp

Cuenta el Abuelo

Vivencias sigue adelante y la mejor manera es  trabajar un poco sobre  el origen de esta pagina, recordando los cuentos del abuelo, su infancia campesina y su adolescencia citadina.

                             "Y todo lo que del Llano tuve, se me quedó en el Llano"

En realidad el Abuelo no nació en el Llano, pero como dice el poeta Luis Alberto Crespo, "No basta con nacer en la llanura. Es que no se nace en la llanura. Uno nace llanura. Viene de ella o va hacia ella." Y así fue el Abuelo, nacido en un campo mirandino, nació llanura.


"Yo nací por  allá..... en un caserío llamado Rio Grande, en una hacienda por allí. Mamá venía de Valle de Guanape, estado Anzoátegui, con sus padres, por esos montes........Venían a trabajar en una hacienda, como peones.
Ella tenía 16 años, raza india, cabello lacio y muy largo. Conoció allí a papá : Musiú, catire de ojos azules, de cultura,  faculto, con labia ".

Esa es una historia común, la mujer desde muy joven se enamora  o "se la lleva " el  hombre. Después vienen  los hijos, uno tras otro. No importa las razas: indio - blanco, indio - indio, indio - negro o cualquier combinacion posible.  La vida del campesino humilde es la misma, la supervivencia como prioridad, el conocimiento de la naturaleza y su máximo aprovechamiento, la desasistencia, la muerte escondida en cada  matorral, la vida con lo mínimo a veces o con abundancia en otras, el instinto a flor de piel, la lucha, el trabajo duro.
Así empezó todo, la familia se residenció en una vivienda típica campesina.

"Las casas del campo, son casi siempre iguales. Piso de tierra, paredes de bahareque. ¿sabes cómo se hace el bahareque? Primero se abre un hueco en la tierra y allí se echa bastante barro mojado, se le añade mucha paja cortada en pequeños trozos y se meten unos cuantos hombres en el hoyo para pisar el barro hasta que esté bien mezclado. Previamente se hace una armazon con palos y verada, para las paredes. El barro se lanza hasta rellenar los espacios de la armazón. El bahareque es muy fresco, es ideal para el clima del llano.
El techo es de Casupo, una hoja larga que se va colocando superpuesta a manera de tejas y se va amarrando con mecatillo. Esas hojas se secan y quedan tostadas por el sol, es un techo totalmente impermeable y fresco.
Las casas del campo tenían una troja (especie de mezzanina), que se hacía con la intencion de protegerse de las crecidas de los rios y se usaba exclusivamente para dormir, sobre esteras. Se subía  por una escalera de palo y cuando toda la familia estaba arriba, se retiraba la misma para quedar protegidos.
En la parte de abajo, estaba el fogón, que permanece siempre prendido, en la noche se apartan los leños, pero se deja la brasa. A veces no se consigue leña seca y hay que usarla verde, que ademas de picar en los ojos, ahuyenta la plaga.
Las necesidades fisiológicas se hacían en el monte.
No habia luz eléctrica. El campesino se levantaba a las 4 de la mañana y montaba la olla de café y a las 7 de la noche se iba a dormir. En las  horas de oscuridad se alumbraban  con mechurrios de cera de abeja.
Esos mechurrios son efectivos, aunque echan mucho humo. Para hacerlos se agarra un trapo de cualquier tamaño y se embadurna con la cera de abeja caliente; después se enrolla como una vela y se deja secar. Eso es todo. Si el trapo es largo, se puede colocar el rollo en forma de espiral, para ir jalando un poco a medida que se consume. 
Vivíamos bien, en una casa en un alto como a 500 mts de la orilla del río, una casa que tenía un frente para un camino real, de ese lado estaba la cocina. El frente opuesto era un barranco y luego una colina donde papá tenía un conuco, al fondo una quebrada; atrás un naranjal y para el frente principal, hacía el río, allá abajo  y la casa tenía hacia ese lado una solera. Allí vivíamos felices.
Papá tenía de acopio unos 4500 kg de café trillao, unos 4000 kg de maíz y mucha gente venía a la casa a buscar ayuda."
Ese es el ambiente de la infancia del abuelo y  a través de las entradas que hemos publicado sobre sus primeros años, podemos conocer cómo es la vida -aún en estos tiempos- de un  muchacho campesino, para quien  los dias transcurren entre trabajo, diversión y aprendizaje natural.

El abuelo nos  contaba siempre de sus incursiones en familia o en solitario pues un niño pequeño  criado en "el monte" aprende a cuidarse muy bien.

La familia encontraba su sustento básicamente en la cosecha del conuco, en la pesca durante el verano, en cazar alguna lapa o acure, en las frutas que naturalmente daba la tierra. Aqui transcribo otra de las entradas publicadas en Cuenta el Abuelo:


Cuenta el abuelo que durante el verano, el río aportaba el principal sustento y apoyándose con nasas o barbasco,  la familia se alimentaba a base de pescado y verduras cosechadas en el pequeño conuco.¡Todo un día comiendo pescado por carecer en esa época de medios para refrigerarlo o salarlo! (la sal era muy costosa).

En el invierno, el alimento estaba en la montaña: lapas, conejos, acures,  y creciendo silvestres, naranjas, cambures, topocho, mangos, aguacates, entre otros.

Cuenta el abuelo que a veces se internaban en la montaña buscando frutas. Caminaban medio día y encontraban matas de cambur cargadas. Si estaban verdes los racimos, abrían un hoyo entre las raíces de un arbol y cubrían las paredes con hojas verdes de cambur, luego separaban los racimos en “manos” y llenaban el agujero, lo tapaban con más hojas, le ponían una especie de rejilla hecha de palos y le colocaban piedras encima de forma que el peso impidiera a los rabipelaos o demás roedores, -que les encanta el cambur - apoderarse del botín. Aparentemente, las mismas bacterias que están en las hojas, crean una reacción exotérmica, generando calor que madura el fruto.

A los tres días, regresaba la familia al sitio, destapaban el “entierro” y los cambures o topochos ya estaban maduros. El festín duraba el resto del día: comían todo lo que podían, jugueteaban y al rato comían más. 

Al final del día regresaban con lo que podían cargar para los que se habían quedado en la casa.
Y cuando había tormenta y caía algún árbol, la emoción de pensar que pudiera haber una colmena al alcance de la mano (con mucha frecuencia de abeja Guanota) hacía que empezaran la búsqueda apenas escampaba si era de día.

La miel en el campo de antaño era muy apreciada, pues no se contaba con azúcar común, sino con panela (papelón) que también era costoso para una familia sin recursos. Por tal motivo, la miel además de endulzante natural era un tesoro para los muchachos. El muchacho campesino, saca los panales enteros y los chupa, teniendo buen cuidado de no ahogarse con la miel. Los panales, además de la miel, tienen la cera y el “Guateguán” (sustancia ácida). El consumo indiscriminado de estos componentes, ocasionan fiebre muy alta, incluso con delirio. Una buena colmena, puede dar para llenar más de 10 taparas de miel.
No faltaban los peligros, especialmente representados por culebras, por las crecidas del río o por la misma geografía. Pero el niño campesino aprende a estar alerta inconscientemente. Contamos con muchas anécdotas de El Abuelo y las iremos compartiendo poco a poco.

A vivencias Llaneras del abuelo y al Sr. Armas - Hugo Estrada Castillo



Hoy están de luto el cielo,
el palmar y los esteros.
Ha partido la inspiración
de vivencias del abuelo.

Hoy la tierra plana se enmudece,
y las aves no emiten trino.

Ha partido un vocero
de la sabana y sus esteros,
dejando en su vacío
solo ríos de silencio.

Su esencia seguirá viviendo,
aunque las palmas porten llanto.
Nunca se han marchado del todo,
aquellos que han aportado tanto.

Los versos que hoy entrego
volarán con las palmeras.
La luna obsequiara su reflejo
al alma que se ganó en el cielo
un espacio de eterna primavera. 

Quedan preguntas en el cielo,
buscando las respuestas ofrecidas.
Vivirá por siempre el abuelo
en las enseñanzas de Maylida.

-- Hugo Estrada Castillo --

Palabras al Abuelo


Y te fuiste caballo viejo….
Pues al que se merezca la sabana, pues que se la den…

Un bongo remonta el Arauca….
… Cuantas veces nos llevaste por ese, tu llano adorado
…Cuantas veces nos hiciste amar a esta bella tierra con tu aprendida poesía
Esa tu memoria fabulosa era necesaria para viajar sin detenerse,
Y ahora no estás…
Pero sembraste ese amor entre tus hijos y
En todo aquel que te escuchaba
Amor por el llano, amor por la música, por sus canciones, su poesía,
El amor por el conocimiento y la sabiduría a profundidad de todo tema sin exclusión…
Mas alla del Sinaruco, mas alla del Meta…
… pero el amor llega asi de esta manera..
Y asi, el Señor  con su divino amor hoy te llevo a su lado
Descansa Alejandro

Carlos Cárdenas

23 de agosto de 2015

Se Marchó el Abuelo de Vivencias Llaneras

Amigos de Vivencias Llaneras del Abuelo, mi padre Alejandro Armas, inspirador de este espacio, falleció  esta semana, a sus 80 años recién cumplidos,  consecuencia de una penosa enfermedad. En  parte su salud era el motivo por el que no estabamos escribiendo. Pero él se quedó en estas páginas, en estas historias, aquí está su esencia,  como verán en los videos que coloco en esta entrada......

VIVENCIAS ESTA DE LUTO
VIVENCIAS ESTA DE DUELO
SE MARCHÓ DE MAÑANITA
NUESTRO MUY QUERIDO ABUELO

YA ESTARÁ PASILLANEANDO
EN LAS LLANURAS DEL CIELO
VISITANDO A FLORENTINO
A LOYOLA Y SU PAÑUELO
AL CARRAO Y AL CUBIRO
TAMBIEN A ROMERO BELLO.

SEGURO ESTA DECLAMANDO 
LA HILANDERA, VACA BLANCA
Y NEGRA DEL MARAQUERO
Y PIDIENDO UNA BANDOLA
Y UN BUEN JOROPO LLANERO
CON RECIO CUATRO Y MARACA
Y EL ARPA DE FIGUEREDO
PA ZAPATIÁ UN PAJARILLO
CATIRA Y SEIS POR DERECHO
NUMERAO Y UN GABAN
CARNAVAL, QUITARESUELLO

GRACIAS POR SER UN GRAN PADRE
GRACIAS POR SER EL ABUELO
Y GRACIAS POR QUERER TANTO
NUESTRO MUY AMADO SUELO
POR DARME LA INSPIRACION
PARA ESCRIBIR CON DENUEDO
SOBRE ESE LLANO INFINITO
SOBRE ESE SUELO LLANERO
SUS HISTORIAS, SUS PAISAJES
SUS LEYENDAS, SUS COPLEROS
SUS PALMARES , SUS GARCITAS
SUS RIOS Y SUS ESTEROS

TU ALMA ENTERA ESTA ALLI
SIEMPRE ENSEÑANDO Y RIENDO
AL RECORDAR AQUEL NIÑO
EN LOS CUENTOS DEL ABUELO

VIVENCIAS SIGUE ADELANTE
EN TU HONOR Y CON DESVELO
PUES AUNQUE LA NOCHE SEA OSCURA
Y MUY CRUDO SEA ESTE INVIERNO,
VOLVERÁ LA PRIMAVERA
CON LAS FLORES DEL RECUERDO.

26 de julio de 2015

Entrevista a José León Tapia por Jesús Enrique Guédez


A
sesorada por un comentario anónimo dejado en la entrada del escritor y médico José León Tapia, les dejo este video, en el cual nuestro admirado barinés habla se sus sentir y de cómo fueron escritos sus libros.



Agradecimiento a sus comentarios!

Amigos de Vivencias Llaneras del Abuelo,  queremos agradecer su constancia y los  comentarios que ultimamente han efectuado a algunas de las entradas de este  Blog, todas muy enriquecedoras.  
Hemos  dejado temporalmente de hacer actualizaciones, motivado a  que razones familiares apremiantes han demandado  tiempo y dedicación. Pero cuando leo sus comentacios,  o asuntos relacionados con el Llano, se enciende  en mí esa chispa de amor y deseos de seguir con esta tarea hermosa que me propuse hace ya 5 años.
Por ello, les pido esperarme un poco más para reanudar este trabajo que como el Llano mismo, es infinito. Por lo pronto me estaré apoyando en escritos que nuestro maravilloso colaborador Prof Omar Carrero, viene publicando en su Blog Picas Forestales, cuya visita periódica les recomiendo ampliamente.
Muchas Gracias

 

31 de mayo de 2015

La Marinela: ¿Otra Fantasía de Rafael Bolívar Coronado? - Omar Carrero A



La Marinela: ¿Otra fantasía de Rafael Bolívar Coronado?
Omar Carrero Araque
Baquiano
2014

La Marinela es una planta señalada por Daniel Mendoza (1823-1867) en su obra “El Llanero”, a cuya flor, de la que hace una ligera descripción, la califica como la  “más linda del llano”. Destaca también su fragancia exquisita que la convierte en “un pomo de aromas”. La ubica en medios lindantes con los cuerpos de agua, en los que soporta largos periodos de sumersión. Según la reseña, esta planta no acepta domesticación pues es “esquiva y zahareña” por lo que no se encuentra en los patios caseros. 

La planta de porte erecto puede alcanzar hasta 3 metros de altura, sostenida por un tallo que encierra “una madera gris y áspera”.   Las hojas grandes, de forma acorazonada con bordes dentados, son de un color verde claro pero la inundación las torna oscuras, siendo también portadoras de un perfume “casi tan suave y delicado como el de la flor”. Cuando las aguas se retiran, la planta se viste con “un traje lujosísimo que llega hasta el pie”. Después aparecen las flores  a las que califica de bellas, semejantes a “ánforas plegadas y rizadas hacia afuera” que por su delicada hermosura hacen las delicias del observador que, aprecia en éstas, seis pétalos de color “amarillo encarnado” dispuestos alrededor de una “una especie de saeta de color anaranjado, cuya cabeza es un botón amarillo encendido”. 

La flor de la Marinela sólo aparece mencionada en la citada obra de Daniel Mendoza publicada en 1846 y, un siglo después en  “La Catira” de Camilo José Cela (1955), autor éste que sin duda la copió de la primera, cuando buscó la información necesaria para escribir en Palma de Mallorca, esta novela auspiciada por el gobierno de Venezuela. Llama la atención que una persona tan observadora y curiosa como Antonio Torrealba no la registrara en el extenso listado de plantas que presenta en el  “Diario de un Llanero”.

Ahora  en el tiempo presente  nadie en el llano conoce a esta planta, por lo menos con este nombre, tal como lo demuestra la ignorancia que sobre la misma tienen los baquianos consultados en  Guanarito, El Baúl, Guadarrama, Calabozo, Elorza, Guasdualito, San Fernando, Las Mercedes, La Unión, Cazorla, Garcita, San José de Tiznados, Cunaviche, Puerto Páez, Dolores, Ciudad de Nutrias, Maporal, Caparo, San Camilo, Santa Bárbara de Barinas, Pedraza, Maporal y Boca de Anaro.

Este desconocimiento se presenta como un hecho extraño pues los nombres comunes de plantas y animales se trasmiten de una generación a otra, manteniendo su vigencia a lo largo del tiempo, registrándose en artículos, crónicas, poemas o canciones. Esta extrañez se afianza aún más para la Marinela, referida como la más flor “más linda del llano”.

Por otro lado se tiene que los intentos que hemos realizado para ubicar botánicamente a la Marinela, basándonos en las características señaladas por el autor han sido infructuosos, encontrándose que las señas dadas se reparten más bien entre plantas diferentes, por ejemplo: las hojas y las “la saeta” de la flor se asemejan a las del Rábano, así como el hábitat en el que medra; el “ánfora” al androceo de algunos Nenúfares o Taburíes; el tallo al del espinito y el aroma al del lirio mayero.    

Ahora bien, teniendo casi la certeza de que el autor de El Llanero no fue Daniel Mendoza sino Rafael Bolívar Coronado, tal como él mismo lo reconoció en el prólogo del “El Parnaso Boliviano” que firmó con el nombre de Luis Felipe Blanco1, podría asegurarse que la Marinela, como flor no existe y que sólo es un producto de la mente fantasiosa de este autor, quien como asegura Oldman Botello, escribía sobre el llano desde su hogar villacurano basado en las informaciones que recibía de viajeros procedentes de Apure, estado al que nunca visitó.    

Responderá La Marinela más bien al nombre de una dama con quien se hace una bonita analogía?
Tendrá relación esta Marinela (que en realidad apareció en 1919 y no en 1846 como se hizo ver, para ajustarla a la autoría de Daniel Mendoza) con la Marisela de Gallegos aparecida una década después? Esta Marisela galleguiana que vive a orillas de un estero es huraña y esquiva, con una oculta belleza que sólo surge cuando se alejan las aguas (es decir cuándo se va de Palmar de La Chusmita para Altamira). Allí Santos la educa y le hace cambiar sus andrajos por bonitos ropajes que podrían equipararse a “un traje lujosísimo que llega hasta el pie”. Se referiría a sus labios cuando señala “lo encarnado de sus pétalos”? Y el amarillo adorno del seno sería una metáfora?

De todas maneras y para efectos de la lírica, la Marinela seguirá siendo la flor más linda del llano!!      
Consultas en:
Alvarado, L.  Repertorio de los Obras Completas citadas en Glosario de Voces Indígenas de Venezuela. La casa de Bello 1984Marisela (personaje de Doña Bárbara) - Wikipedia, la ...
es.wikipedia.org/wiki/Marisela_(personaje_de_Doña_Bárbara)
Muere Rafael Bolívar Coronado : Efemérides Venezolanas
www.efemeridesvenezolanas.com/sec/his/id/166/?show=10
Oldman Botello. Bolívar Coronado escribió el Alma llanera inspirado en www.correodelorinoco.gob.ve › Avances


Nota: El nombre de Luis Felipe Blanco es uno de los 500 pseudónimos que usó Bolívar Coronado para firmar sus escritos, tal como se destaca en las investigaciones realizadas por Oscar Sambrano Urdaneta, Oldman Botello y  Rafael Ramón Castellanos. Vale también señalar la aclaratoria que hace Don Lisandro Alvarado quien “al citar El Llanero de Daniel Mendoza  se refiere a la obra del mismo nombre escrita y publicada en 1920 por Rafael Bolívar Coronado, quien además ocultó su paternidad suscribiendo su obra con el pseudónimo Daniel Mendoza”.



Huellas- Omar Carrero Araque


Les comparto un escrito de nuestro gran amigo y colaborador, el profesor Omar Carrero. El que ha ido al Llano y apreciado su inmensidad y energía, podrá revivir en cada palabra de estos versos la emoción  de estar en ese territorio.


No se retorna del llano sin recordaciones!



La perspectiva que se tiene de los 360º de ese vasto redondel cubierto de tierras alisadas, libres de colinas y cerros, sacude no sólo a la vista sino también al espíritu. Quien haya puesto su planta en las sabanas de ese llano auténtico, sin duda que ha cobrado en reciprocidad una marca indeleble, pues en su alma, por siempre, se guardarán las….



HUELLAS
Omar Carrero Araque
Baquiano, 2014



Del imponente paño de sabana que cubre al Cajón de Arauca, desandado por Florentino y engrandecido en el canto loyolero.


De la grandeza del estero, centro de reunión de las aguas y de revuelos multicolores, dentro de un paisaje reflejado de manera inversa en la lámina luciente.


De los hileros, que en el aniego,  entrelazan en atajos las aguas del Arauca y del Apure.


De una prosa y una versación cundidas de llanería, nacidas de la convivencia con las faenas del hato y de la alianza con el entorno.


De los ruidos que rompen la calma nocturnal como el desafiante mugir del cachalero, el retumbo del trueno octubreño o el reclamo del carrao  en tono lastimero.


Del caballo y la soga, la silla y el mandador, la carpeta y la espuela,   esencia  del trabajo de llano de otros tiempos, vivientes en el ah malaya de los llaneros que fueron.


Del corral, el botalón y el tranquero, inventivas del vaquero para el manejo de los rebaños, cuyos quehaceres trocaron en musa.


Del mastranto, el espinito y el estoraque que con efluvios desbordan la  anchura de bienolientes pulsaciones.


Del corozo y la mapora, columnas vegetales que desde su arraigo en el banco o en el bajial, esquinan con la verde horizontalidad.

 Esas huellas que describe el profesor Carrero, están en el alma  de todo el que se ha compenetrado con el Llano, pues en esas sencillas palabras está contenida la inmensidad de una tierra que  se introduce para siempre en la mente y sentimiento. del llanero de nacimiento y del llanero de corazón.


Viajando en las patas de un Garzón

Este cacho está ubicado en el cuaderno 19 del Diario de un Llanero  y está acompañado de otros a cual mas simpáticos que se los compartiré en una próxima entrada. Protagonistas: Agamenón como oyente y su tío Justo Matute como narrador de su propia experiencia.

"Cuando ya iba cerca del hato ya dicho, me jayé con uno que venía y me dijo que en el hato había revolución y me tendí afuera. Ahí me agarró la noche y me metí en un monte, a decí verdá, no se cuál era: lo cierto es que antes de oscurecé, vi muchas aves viajeras en una laguna. Cuando vi garzones, garzas, gabanes, paletas, etc., se me alegró el corazón. 

Esa noche, como dije, entré en una selva espesa. Cuando fui a colgar, no veía, no había luna, era creciente. Cuando andaba corgando el chinchorro, lo hice fue a tientas pero, cuando puse los colgaderos, me di cuenta exacta que los había puesto en dos varas iguales hasta con un nudito un poco mas debajo de donde había puesto los corgaderos, como venía bastante molesto, puse la cobija por encima, metí el posiacaso en el chinchorro, comí y cuando no quise más, lo puse en la malla del chinchorro, cogí la tapara de agua, bebí, recé mis santas oraciones y me quedé dormido. 

Por ahí, no se a qué hora, sentí una terrible sacudida en toda la corgadura, después sentí un frío y sentí un brisote como no había sentío otro en mi vida. Saqué la mano, agarré la cobija que había puesto por encima, me arropé lo mejor que pude y me quedé dormio de nuevo. Cuando desperté, me sorprendí porque vi to´clarito y hasta el sol más cerca de mí. Levanté el mosquitero con cuidado, saqué la cabeza pa´fuera y quedé almirao cuando me vi en los aires. ¡Qué panorama mas lindo que esos que vi ese día, sobrino!. Los ríos los miraba angosticos, los pueblos como ganao majadiao, chiquitos y coloraítos, las casas, las lagunas, bien bonitas las vi, que parecían colchas extendía en el suelo. Yo, al principio, tenía miedo pero después fue desapareciendo hasta que me acostumbré; entonces me senté para ver mejor. Cuando pasé por encima de San Fernando, lo conocí por su río y la torre en forma de aguja; después vi a San Juan de Payara, el Paso Arauca con su saladero, las piaras de caballos cerreros corrían en la sabana. 

Cuando pasamos El Cántaro, me dio miedo porque creí que iba pa´ Brasil, pero el bicho fue bajando y bajando hasta que cayó al suelo, me tiré ligeramente al suelo y solté mis corgaderos de las canillas de un garzón que era el pájaro que me trajo. 

-Dónde lo soltó, tío?
-En el Rincón de los Negritos, por aquí por el paso de Los Yopos, cerquita de mi casa. 

Agamenón soltó la risa de oir a su tío con tan colosal mentira y seguidamente le dijo: 

 -A mi me habían dicho, tío, que usté era el hombre de las raras aventuras. No las había creído hasta que usté mismo me las refiere. 

-Sí, hijo y supieras que he dejado de referirlas porque muchos han tenido la desfachatez y audacia de decirme en mi cara que son mentiras."