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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

8 de marzo de 2010

El Canoero del Caipe - Alberto Arvelo Torrealba

Es un poema hermoso y trágico a la vez, donde definitivamente se cruzan el amor y la pérdida, la tristeza y la incapacidad de renunciar al ser amado. Refleja el contraste de sentimientos entre la feliz, armónica y cooperadora convivencia doméstica, versus la soledad después de la ruptura; llevando al personaje a la pérdida del raciocinio y a actuar con los bajos instintos. Una vez más, el gran maestro Alberto A Torrealba, hace gala de su letrado arte y logra que el lector, además de imaginar con claridad el escenario, viva y sienta la historia. Acompañamos la entrada con el audio del poema, musicalizado e interpretado por Guillermo Jiménez Leal (Se han resaltado en negrilla, los versos incluidos en el tema)

Al canoero del Caipe, que era un catire apureño
Le quitó el amor de golpe, quien lo quiso tanto tiempo.
La que le arrulló el mutismo, y fue aljibe en su desierto.
Tan cerquita ayer Maruja, y hoy tu cariño tan lejos.

La que a los rotos de su alma, zurció una gasa de afecto,
Y a su pantalón raído, el alivio del remiendo.
La que a veces lo llamaba, para anunciar los viajeros
Poniendo a ulular suspiros, entre las curvas del cuerno.

La que al regreso con lluvia, calentó en cuido hogareño
La vida a sopa y cariño, el traje a plancha y brasero.
La que Venus alumbró, en noches de atarrayeo,
Raspando la rubia escama, del lomo de los chechecos.

Y cuando de monte a monte, iba el Caipe turbulento,
Le enrumbaba la canoa, hacia el desembarcadero.
El canoero está solo, hundido en su sentimiento,
Orilla del pozo mustio, sin atarraya ni anzuelo.

El cañaveral tremola, como regando un secreto:
“Maruja jugó el cariño”, dice el capacho del viento.
El canoero se clava, la ponzoña del recuerdo
Maruja, Maruja, “¡uja!”, se mofa lejano el eco.

Ninguno que mire al Caipe, diría que está creciendo:
Son afluentes del río, los ojos del canoero.
La pena se volvió loca, cautiva entre su cerebro;
Con un machete en la noche, vase camino del pueblo.

Su bulto corta la sombra, como un filo de silencio:
Junio soltó las garúas y anda apagando luceros.
Después desanda el camino, como quien suma a lo inverso,
Y llama al compadre Braulio, tocándole en el tranquero.

-Acompáñeme compadre, al paso de Peñón Negro,
Para que cuente mañana, que rumbo cogen los muertos.
El viejo Braulio se asoma, arrebujado en el sueño
Y mira en la empalizada, el bulto del canoero.

-¿De dónde viene, compadre?
-Compadre, vengo del pueblo.
Y a la respuesta se pone, imaginativo el viejo.

Hay un diálogo sombrío, en la pata del urero.
Suspiran en las lejuras, voces del Caipe y del viento.
Después se alejan callados, unas varas de por medio:
Con los talones desnudos, van espinando el silencio.

Viene adelante el catire, baja al desembarcadero
Y hunde un bulto en la canoa, como sangrando el recuerdo.
La palanca de araguato, afíncasela en el pecho,
Y un golpe de agua salpica y ondula en la orilla trémulo.

El viejo Braulio está solo, en el pié del Peñón Negro,
Cuando sacude las sombras, el grito del canoero:
-Para Apure voy compadre y a Maruja me la llevo:
Usté contará mañana que rumbo cogen los muertos.

Que en las aguas del Apure, dí el palancazo primero,
Y por eso en ese río, quiero sepultar mis sueños.
Muchos la han visto pasar: canoa sin canoero,
Solita en mitad del río, con la zamurada adentro.



Chechecos: Son los pescados menudos que se recogen en la tarraya. Están compuestos por coporitos, sardinas, palometas, mijes, etc. Dice el Prof. Frank Pérez Contreras en su libro "Caminos del Desamparo, donde analiza la versificación del poeta Arvelo: "En la copla: La que Venus alumb/ en noches de atarrayeo/raspando la rubia escama/del lomo de los chechecos/; fuertes aliteraciones de los fonemas r,ch, producen sonidos repetitivos de alta emisión musical. Inicialmente ro-ra, unidos a los rápidos ras-ru, remeda el sonido del manejo del cuchillo raspando las escamas. Se "escucha" el relajar del pescado (NoCHES, CHECHECos); cortes verticales y parejos que se dan en el lomo del pez para su posterior limpieza y salazón. Relajamiento rápido y certero sobre una piedra a orillas del río.
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