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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

5 de diciembre de 2013

Acento de Cabalgadura: La Travesía

La Travesía

Acento de Cabalgadura
Enrique Mujica


Lo que nos costó pasá ese ganao. Trecientos novillos de dos cargas que le traíamos a Fernando Aquino. Ya habían cogío agua las sabanas y andaba uno entre el barro. Veníamos con un aguacerito ventiao y agua a punta e´coraza cuando llegamos a la orilla el Apure. El río estaba de banda a banda. No le quedaba ni una cejita e´ playa. Diez sogueros traíamos el ganao, que venia cabeciando entre el agua, en un solo rollo. En veces se salía una res, pero ai mismo le caía arriba un soguero y la metía entre el arreo. Yo me acordaba del viejo Aquino que siempre decía: "El buen soguero es el novato, porque ese cuando se sale un bicho, ai mismo le cai en los cachos. El veterano se confía y lo deja í. Ese revienta mas alante, dice. Así se pierde la res". 

 Yo llegué primero al rio. Me quede viendo la corriente, que traía jileras de espuma y carameros grandes. Pasó un masaguaro completo, después un drago con las ramas verdes, después paso un caramero seco. "Cuanta barranca se trajo este año el río... " pensé y me quedé viendo el aguaje sucio del rio que era jondo en ese paso, como veinte brazás. Ai me quedé un rato. Los otros venían llegando con el rollo e ganao. Entonces pasó un caramero blanco, de palo seco, y me acordé de la noche que nos embarcamos en Camaguán en una canoíta que llevaba una carga e panela. Un hermano mío y yo nos embarcamos esa noche. Cuatro deos ajuera el agua traía la canoa. El canoero iba atrás, agarrando el timón. En la punta, que iba alta en lo oscuro, otro hombre alumbraba hacia alante con una linterna. El de atrás, que no veía, le decía al otro: "°Pélele el ojo a un caramero". Ai fue que yo le dije a mi hermano, que venía bañao de agua y rezando: "Chucho, si esta vaina se junde, en un caramero desos es ande nos vamos a i". Ai pasó un caramero grande y ya la gente estaba en la orilla con el rollo e ganao. Lo aguantamos un rato mientras venían los madrineros, cuatro toros mansos, enseñaos, que tenían porai cerca del paso. Al rato llegó Miguel Castillo con los toros. Un hombre los traía, los paró en la orilla. Yo escuché el grito: "¡Madrinero, al agua!". Y vi los cuatro toros cayéndole al agua. Las otras reses empezaron a caile también al agua y cogieron el rumbo atrás dellos. Nosotros y los caballos cruzamos el río en unas canoas grandes. 

El ganao pasó completo pa este lao. De ai, desde la orilla por entre unos claros de monte, cogimos un banco e sabana que estaba anegao. Las reses brillaban entre el aguazal. Como cinco leguas anduvimos buscando los potreros de Fabián Martínez. Esa tardecita llegamos a los corrales de Las Cruces, ande íbamos a dejá el ganao encerrao. Ai metimos los novillos entre las corralejas, que no eran muy grandes. Esa noche había que velá el ganao, de caballo ensillao, cantándolo y conversándolo por las orillas. "¿Por qué habrá que quitale los misterios a la noche pa que la res no tenga miedo?" me quede pensando. Porque la verdá es que un bicho que pille, un gavilán, un lechuzo que pase, espanta un corral entero si la noche está en silencio. 

 No sé por que ese día traía yo un presentimiento. A Urbino Román le dije: "Mira, vale ese ganao ahora es que tiene brío. Venía poco a poco y con la fresca, entre el agua". El me dijo: "Que va, ese ta bien cansao, a ese no lo espanta ni un trueno". Yo no le porfié.

Comimos temprano en la casa del hato. Yo colgué el chinchorro entre unos taparos. Ai me acosté un rato, esperando que me tocara el turno de ile a da vuelta al corral. El Renco Patricio y Urbino trajeron leña seca y prendieron como tres fogones. Los otros conversaban sentaos en los tramos de Palma. El Sute Rogelio hasta se puso a rajuñá un cuatro viejo. Yo seguía pendiente el ganao, y seria porai como a la media noche cuando vi que unas reses se pararon. Entre la luz poquitica de los fogones vi el rebulicio. Unos dijeron que fue un lechuzo. Otros dijeron que fue un tábano. Yo lo que vi fue el tropel y los corrales de la palma trabá que volaron como unos bejucos. No tuvimos tiempo e ná. Los que siguieron el rollo e ganao se devolvieron. Las reses cogieron un banco e sabana, hacia el monte, con la agua a la paleta. Se llevaron los corrales. Bien seguro que a tres leguas había Palma regá.. Porque el ganao corre en pilas, apretao, y en la mesa e los lomos se lleva los corrales. 

Por la mañana, ensillando el caballo, me quedé viendo los corrales vacíos, las palmas quebrás como si fueran varas de juajua. Entonces a Urbino, que estaba cerca, le dije: "Parece vaina e gente. Hasta el bicho amontonao se asusta".
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