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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

5 de mayo de 2013

Dulce de Pepa y Chicha de Piña

 Les ofrecemos a continuación dos recetas tradicionales de Chaguaramas, estado Guárico, tomadas del Cuaderno del Instituto Nacional de Patrimonio del estado Guárico, de este pueblo.


DULCE DE PEPA:  
Se hace con  la pepa o semilla de mango, y lleva el siguiente procedimiento:

Primero se lavan los mangos maduros y se les quita la piel o cáscara, posteriormente se colocan en una olla grande o un caldero y se monta éste en un fogón, una vez montado en el fuego se le agrega el azúcar o el papelón según se disponga de uno u otro, los clavitos dulces y la canela. 

Una vez haya hervido la preparación se le retira la leña al fogón y se dejan sólo las brasas hasta que el agua que el mango haya soltado se convierta en un melao con el azúcar.

CHICHA DE PIÑA:
En la población de Chaguaramas vive la señora Norma López Lasaballeth, quien junto a su familia
elabora la chicha de piña. Desde pequeña ha elaborado esta receta, lo aprendió de su madre, quien se la dejó como herencia. Los ingredientes que se utilizan son los siguientes: arroz, concha de piña, azúcar y clavos de especies. Primero se cocina el arroz con las conchas de piña y los clavos de especies en abundante agua, cuando ya se ha puesto blando el arroz, se retira del fuego. Luego se deja reposar y se licúa; se agrega el azúcar al gusto y se sirve fría. Esta tradición se ha hecho un legado familiar, pues todas sus hermanas que vienen de otras partes del país la preparan y la señora Norma trasmite a su vez el conocimiento a todas aquellas personas que lo requieran.

La Voz del Pueblo Barinés: Refranes oídos en los llanos de Barinas (11)

SOBRE LA ADULANCIA

• Jala mas que un parcho poroso
• Está mas atendío que perro en misa
• Tiene mas amigos que una paca e´billetes
• Es mas solicitao que morrocoy en tiempo e´ Semana Santa  

 SOBRE LOS CAMBIOS, LA MOVILIDAD, LA RAPIDEZ Y LA BREVEDAD

• Se muda más que un cagón
• Está como pepa e´mamón en boca e´vieja
• Está como perro en patio e´bola
• Está más atrasao que el día de San Andrés
• No me apure que Apure está muy lejo.
• Está brincando más que parapara en cemento
Fuente:La voz del Pueblo Barinés. Rafael Cartay 

3 de mayo de 2013

Cachos con Tigres

           "Zamuro no cae en trampa, ni tigre come ligero"
El llanero siempre imaginativo, no pierde la oportunidad de "sacar punta" a historias y cuentos de sus experiencias o de lo que ve a su alrededor. Hemos venido hablando de la cacería de tigres y no podemos dejar de incluir en el tema algunos cachos relacionados con estos felinos
Aunque estas historias ya estaban publicadas, las traigo de nuevo para complementar y darle un toque adicional de buen humor al tema que venimos desarrollando. 

ESTABA COLGADO DE UN TIGRE!!

"Llegamos a un sitio que era una quesera que llamaban Rito Requena. Llegamos oscuro. A mí se me había quedado un colgadero (cuerda para guindar el chinchorro). Le digo: papá, se me quedó un colgadero. Me dijo: Chico, busca por ahí falsetas que los llaneros hacer y dejan por ahí. Yo, buscando en lo oscuro, hallé una broma suavecita y colgué. Cuando me acuesto que me estoy meciendo me jaló una broma pa´rriba. Ajá, le digo, papá aquí está un muerto.
-No chico, muerto no sale- respondió el papá
Me quedé quieto. Al rato cuando me estoy quedando dormido me volvió a jalar pa´rriba, ahí fue cuando vi…….. era un tigre!!!! ¡Yo estaba colgado del rabo de un tigre! Entonces el animal se zumbó arriba de la troja. En lo que se zumbó, se llevó el chinchorro. En lo que amaneció me fui por el rastro del animal. Encontré el chinchorro metido en una mata e topocho, y cuando lo agarro, veo en la malla un pedazo pero con pintas. No chico, si yo estaba colgado del rabo de un  tigre. Cuando le cuento al viejo le digo: mira papá, yo no estaba colgado de una falseta
-¿Y por qué no me dijiste? Yo no veo en lo oscuro. Respondió el papá.

Cacho tomado de Apure en Cuerpo y Alma. Cuenta Régulo Tovar, llanero de Arichuna 
TIGRE REGAÑAO:
Este es otro cacho del Sr, Régulo Tovar de Arichuna, tomado de Apure en Cuerpo y Alma:

"Un domingo en un bongo andábamos cargando madera. Nos vinimos aguas arriba, en lo que íbamos remontando estaba un chigüire en la barranca del río. Le dije, mire papá, un chigüire. Me dijo, hijo, brinque para afuera y lo agarra; pero yo no me estoy imaginando que el chigüire es matao de tigre. Brinqué y le puse la mano por la pata de atrás. En lo que lo traigo para la canoa, sale el tigre del bosque detrás de mí. Ese chigüire me lo como yo frito, me dije. Le quité la cacería al tigre. El animal se vino para donde estaba el viejo. Mi papá le echó dos regaños y el tigre se fue, corrió, echó dos ronquidos allá y se devolvió. En lo que llegó, el viejo lo volvió a regañar y se volvió a ir; no volvió mas"

EL TIGRE Y LA TAPARA

Hay ventaja en ser pequeño de estatura, para salvarse de la ferocidad de un tigre..... Tomado de La Vida en los Llanos de Venezuela - Ramón Páez

Después de un largo dia de pesca, me acosté a descansar en mi chinchorro. Como yo tenía la costumbre de dormir con un ojo abierto y uno cerrado, me percaté que un tigre se me venía encima, salté del chinchorro para defenderme y entonces me dí cuenta que no traía mi cuchillo. " Entonces, ví cerca de mí una tapara de un tamaño como pocas veces se ve por estos lugares, y me metí dentro de ella cuando ya el tigre me iba a coger".

"El tigre lleno de rabia por mi brusca desaparición, empezó a atacar con dientes y uñas la tiesa y lisa tapara, sin otro resultado que el de echarla a rodar conmigo dentro y lejos de él, y mucho me divertía mirando la táctica del enemigo. Cuando la echaba a rodar un poco, se echaba sobre el suelo a poca distancia y se quedaba mirando el misterioso objeto, como el gato mira al ratón"

En eso, la tapara empujada por el tigre, cayó dando vueltas al río que estaba abajo y "me encontré navegando rio abajo seguido por una banda de caimanes hambrientos que me miraban con ojos llenos de rabia y abiertas sus bocas, hasta que mi santo patrón, bajo la forma de una tonina, vino a socorrerme espantando a los hambrientos demonios, y recibiéndome sobre su lomo, me soltó en una playa desierta".

TRAS LA PISTA DEL TIGRE

Cuando un tigre se ceba, pierde todo respeto por el hombre y sus bienes, y se acerca frecuentemente a los corrales a cobrar sus presas. Cuando esto ocurre, se reúnen los vecinos para darle caza en su guarida:

No tardamos mucho en caer sobre el rastro del pintado en una mata vecina, guiados por las huellas frescas de sus patas sobre el húmedo fango. Al llegar al sitio donde presuntamente se escondía, la gente, armada con sus lazos me mandó a soltar los perros. Hice esto con las debidas precauciones y los fui siguiendo. En ese momento me dió un olor fuerte, parecido a cuero mojado y que llenaba el aire por doquiera que me llevaban los perros y poco después sus ladridos me avisaron con quién me había metido: junto con el latido de los perros, oí un bramido ronco parecido al de un concierto de araguatos cuando va a llover, y juzgando por el ladrar de los perros, me figuré que el enemigo se retiraba al escape y que había a llegado el momento de demostrarle mi valor.
Pero ¡ay! apenas había avanzado unos pasos, cuando ¡Ave María!, señores, el tigre lanzó un rugido tan fuerte que hizo temblar la tierra y las matas. No sé que hicieron los perros y el tigre en aquel momento; pero por mi parte, todo lo que puedo decir, es que sin ocuparme en ellos, me encontré al instante al lado de mis compañeros, y lo que fue peor todavía, en presencia del mayordomo, quien como para advertirme, me cayo a chaparrazos por las costillas.
No tengo para qué decir, que después de eso creí que era mejor para mi, quedarme con los perros que podían tener lejos de mí a la fiera, que como se comprende, era el tigre. Bajo mi palabra compañeros, y con el debido respeto para mi comandante aquí presente, les aseguro que de todas las fieras, ninguna es mas terrible que un mayordomo bravo……”

“Notando que el tigre persistía en no cambiar de posición, me dije –“ ahora con él, muchacho, enséñale tus dientes!” -  mientras yo daba dos o tres pasos con la intención de clavarlo con la lanza contra la mata.
Pero ¡ay!, tiempo perdido, pues con un manotazo el tigre me quitó la lanza de las manos, me tiró por el suelo “largo a largo” y me dió al mismo tiempo por el pescuezo esta terrible herida que ustedes pueden ver. Pero no fue solo eso, porque el canalla, despreciando todas las reglas de la decencia y de la cortesía, se me sentó tranquilamente sobre la cara, sofocándome con todo el peso de su cuerpo y con la “jedentina” que le salía.
Por fortuna el tigre como el gato, rara vez acaba con su victima con tal que ésta se quede perfectamente inmóvil, mientras tanto algunos de mis amigos que estaban lejos de allí, no escuchando los gritos con que yo animaba a los perros y temiendo que hubiera pasado algo serio, se fueron sobre el lugar de donde salía el latido de los perros y me salvaron de mi peligrosa situación……"

Fuente: La Vida en los Llanos de Venezuela

2 de mayo de 2013

Glosa para Pedro Emilio Sánchez, José Vicente Rojas

GLOSA PARA PEDRO EMILIO SANCHEZ  



Payador del pueblo mío 
Martín Fierro de mi llanto 
Te traigo un rejo araucano 
Prendido aquí en mi corrío 
Aurora Díaz de Sanchez

 I
 Pampero de la llanura 
Juglar de cielo y sabana
Hombre de copla temprana 
Y de versos con ternura. 
No supiste de amargura 
Porque en tu canto bravío, 
Echabas en el corrío, 
El pasaje y la tonada. 
La pena que te embargaba, 
Payador del pueblo mío 

II 
De Tinaquillo al Arauca 
De Palo Seco al Gamero 
Tu estampa de fiel coplero 
Llenó de orgullos el arpa. 
El cuatro con las maracas, 
Fueron tu rumbo baqueano. 
Cojedeño, zamorano, 
Patriota nacionalista, 
De mi folclore un artista 
Martín Fierro de mi llano 

III 
El que formó la parranda 
Con el arpa de Valera 
En una noche llanera 
Cerca de Puerto Miranda. 
Revoloteaba una zamba, 
Briceño tocaba ufano. 
Para que enlaces cien llanos, 
Le dijo un recio vaquero, 
De un toro candelariero 
Te traigo un rejo araucano 

IV 
De los llanos luzarderos 
Cerquita de los cañitos 
Que se ahorcó en un marinito, 
Por bravo y por cachalero. 
Lo cantaron los copleros, 
Por pueblos y caseríos 
Y en el eco de un tañío, 
Más puro que un blanco lirio, 
Lo cargaba Pedro Emilio 
Prendido aquí en el corrío 

ENLACES RELACIONADOS:  PEDRO EMILIO SANCHEZ; JOSÉ VICENTE ROJAS

Diálogo entre Tigres: El Tigre de Matanegra, El Tigre de Payara, El Tigre de la Nietera y el Tigrito de Matanegra

Seguimos hablando de tigres.....




 Así era que yo quería
tener la gente reunía
Y escucharles la gritata
Lo esperaba de hace tiempo
Lo que al folclore le hacía falta
El diálogo de los tigres
Que no le temen a lanza
Empezaré con Montoya
El General de la canta
Tigre viejo de experiencia
Llanero de recia estampa
Cruzador de ríos y caños
Con el agua a la coraza
Se crió comiendo becerros
en ese cajón de Arauca

Eso fue en aquellos tiempos
que el grito de Mata Negra
que la vida era barata
junto con Ramón Castillo
recorrimos esas pampas
tigre que roncaba duro
hoy en el cielo descansa
recorrí to esas llanuras
donde se quedó mi infancia
por la costa e´Cañafístola
 en una mula amaranta
cómo olvidarte mi tierra
con tus corrales de trancas
donde se encierra el hatajo
para amansar las potrancas

 Llano viejo legendario
tiempos que no volverán
solo en el canto resalta
cuando viene __ mañoso
hombre de sombrero y manta
de pantalón enrollao
 mas arriba e´la batata
con los talones cuartiaos
de tanto trochar a pata
con la punta de un cuchillo
se sacaban una guaica
 no volverán esos tiempos
ni tampoco se arrebiata
como arrebiataba yo
aquella soga araguata

Claro que sí Mata Negra
Hijo ilustre de Zamora
Tigre que no cae en trampas
Como el tigre e´la Nietera
Cunavichero de casta
Paisanito de Montoya
Apureño hasta la cacha
También fui candelariero
Anduve en esa comarca
Escuartizando novillos
Por esas sabanas rapias
En el hato San Gregorio
Donde Bolívar descansa
Y en el río Cunavichito
Dejé mis huellas intactas

Yo me considero un tigre
Señor Francisco Montoya
Quiero demostrar mi raza
Soy de la parroquia Páez
 Del municipio Pedraza
Allí también hay ganao
Que corre de mata en mata
Me lambía los bigotes
Comiéndome la sanguaza
Y el hueso e cadera y chícano
De las reses cachilapas
Solo dejaba en el monte
La cabeza con las patas
Porque el librillo, Montoya
Yo me lo llevaba a rastras

Me gusta escuchá ese tema
Se me alebrestó la oreja
El colmillo se me ensancha
Antes comía carne roja
Ahora como carne blanca
 Yo si soy de aquellos tigres
Con la malicia bellaca
Pendiente en la costa ´l monte
Donde volara una garza
Ahí no faltaba una res
Fuera gorda o fuera flaca
Comía hasta que dejaba
Se me llenaba la panza
El resto yo lo escondía
Tapado con la hojarasca


La sangre se me acelera
José Francisco y Castillo
Y el corazón me salta
Yo no quisiera llorar
Las lágrimas se me escapan
Me salen de la alegría
Porque la emoción no aguantan
Orgulloso de mi hijo
Aunque viva en una guata
Una tigra mariposa
De envergadura y de raza
Aunque mi tigre está viejo
Ahora es cuando ronca y canta
Le dejaré como herencia
Mi nombre por todo el mapa

Tigrito usté está muy nuevo
Nosotros ya estamos viejos
Gallos jugados de lata
No te vamos a dejar
Diamante, oro, ni plata
Pero en nombre de los tigres
Te entregamos esta placa
Pa que seas un tigre más
En el folclore de mi patria
Montoya confiará en ti
Y yo en mi palabra santa
Seré tu padre adoptivo
En compañía de tu papa
Mata Negra está contento
Pues le nació otra esperanza

Gracias Antonio Castillo
Por concederme tu escudo
Y Mata Negra tu capa
Y la espada de Montoya
Que con los versos impacta
Voy a cazar para ustedes
 Pompilio Vega en el arpa
Hoy les traje pa que coman
En los tiples una mauta
En los tenoretes un burro
Y en las primas una vaca
En la melodía un venao
Y en los versos una danta
Pa usté general Montoya
También le traje una lapa

Quisiera seguir cantando
De lo que estamos hablando
Lo digo sin arrogancia 
Oyeme Jesús Daniel
No puedes negar la mancha
Las pintas del tigre viejo
Las llevas en tu semblanza
Es la misma melodía
Casi la misma garganta
De los hijo e los cantantes
A usté ninguno lo empata
Amigo saco la copia
Puedo decir que es exacta
A ese viejo sabanero
Tigre de la Negra Mata

Ya me voy a despedir
Al estilo refranoso
Sin perder la consonancia
Tigre no se come a tigre
Burro viejo no se espanta
Caballo de buena cría
Da muy buenas las potrancas
El perro sute se afana
Cuando la perra es bien alta
Con esto quiero decir
Que mi tigre tiene raza
Al hijo mío en el canto
Lo aconsejo con constancia
Que nunca cambie su estilo
De sombrero por corbata

Estuvimos dialogando
Los tres tigres que quedamos
Y un tigrito que resalta
En la música llanera
Con arpa, cuatro y maracas
Nos vamos como agua e´río
Saludando a la barranca
Montoya se está bañando
En las ondas de Atamaica
Y Mata Negra se casa
Porque es novio del Arauca
Y el Tigre de la Nietera
Está siguiendo a la muchacha
Que cuando vuelva a mi llano
 Le voy a pará una casa





































































































































































































ENTRADAS RELACIONADAS:  LA CACERIA DE TIGRES EN EL LLANO VIEJO (1); (2); (3); LOS FELINOS DEL LLANO

30 de abril de 2013

La Cacería de Tigres en el Llano Viejo (3)

Tigre no come tigre y si lo come vomita. (Refrán popular)
Continuamos la narración de la Cacería de Tigres descrita por el Capitán Vowel en Las Sabanas de Barinas.

En la entrada anterior, se contó cómo los llaneros de Páez,  dirigidos por él mismo, y en compañia del General Pedro Zaraza,  enfrentaron varios tigres y panteras que estaban azotando el sector donde habían refugiado civiles para protegerlos de los realistas. inalizó la misma cuando un lazo mal soltado por parte de Pedro Zaraza, lo puso en serio peligro de ser atacado por el tigre.

En esta tercera parte, sigue siendo  protagonista  el Gral Pedro  Zaraza en una aventura poco afortunada:

"El  veterano, picado por el regocijo y fingida lástima de sus camaradas más jóvenes, resolvió ocurrir al expediente usual en semejantes circunstancias, es decir, el de señalarse por alguna atrevida proeza que borrara el recuerdo de su cómica aventura. Y observando que ya no salían fieras de ninguna especie, pero que los mastines se mantenían aún latiendo de modo incesante en diversos puntos del bosque, dedujo que tendrían acosado a uno o más de sus feroces enemigos. 

Apeóse, pues, del caballo y cogiendo una lanza de manos de uno de sus asistentes, volvióse con mirar iracundo hacia los que habían sido más tenaces en darle vaya y retó a cualquiera de ellos para que lo siguiera al bosque. En realidad aquello constituía una empresa tan arriesgada que casi todos vacilaron en aceptar el desafío y permanecieron silenciosos, mirándose unos a otros, como en duda de si hablaba o no en serio ; pero al ver que en efecto iba avanzando sólo hacia la espesura, Páez saltó de su caballo, diciendo que Taita Cordillera no correría nunca un peligro, sin tener quien lo auxiliara, mientras el pudiese manejar una lanza, y su ejemplo fue emulado por todos los de su guardia que estaban junto a él, aunque no permitió que lo acompañase nadie, excepto Carvajal, Silvestre Gómez y a muchos ruegos, Andrés Castro, el sobrino de Gómez. 

Entregaron sus caballos a los asistentes y provistos de cortas y solidas lanzas, por ser mas fáciles de manejar entre los árboles, siguieron a Zaraza, a quien ya habían perdido de vista. La maleza no era tan tupida que les vedara abarcar con la vista, el terreno en torno de ellos, pues la única vegetación que allí crecía era la que suele brotar de las raices de los arboles caídos. Guiábalos en la busqueda del viejo general el recio latir de los perros mas próximos, y en breve comprendieron la causa por que los mastines no se habían lanzado de una vez sobre el objeto de su persecución. Una tigre con dos cachorros, casi en pleno desarrollo, amparábase en el fondo de un espeso breñal, donde los árboles secos yacían atravesados en el suelo, uno sobre otro, formando un refugio casi impenetrable, constituido por cuatro grandes fragmentos de sus despedazados troncos, que se entrelazaban mediante una especie de fortísima red forjada por los bejucos trepadores. Semejante cubil solo ofrecía un angosto acceso, donde la fiera se mantenía en guardia para recibir al primer intruso, respaldada por los cachorros, cuya presencia enardecía su furor y desesperación, y los cuales en realidad, no eran niños de pecho. 

Zaraza había avanzado hasta allí, pero parecía algo perplejo cuanto al modo' de proceder. Bien que los mastines estuviesen exasperados, casi hasta la locura, por la resistencia que ya se le había opuesto -varios de ellos desangrábanse copiosamente por los profundos desgarrones con que la enfurecida madre castigara a sus más osados asaltantes- y por la presencia y los gritos de los cazadores que los azuzaban, no era posible obligarlos, mediante ningún estímulo ni amenaza, a penetrar dentre de la estrecha boca del antro. 

Resumiendo la acción, uno de los ayudantes, se trepó rápidamente por un árbol cercano, quedando por encima de la guarida de los tigres y colgado de una mano, manejando su lanza con la otra atacó a los cachorros, lo cual desconcertó a la madre que dejó la entrada libre y la partida de caza dio cuenta de la familia. Sin embargo, seguían escuchándose ladridos, los excursionistas ubicaron un caujaro rodeado por los perros y en sus ramas descubrieron una pareja de tigres. El mismo ayudante buscó dos lazos, con ellos colgados al hombro se trepó a un árbol vecino y los enlazó desde arriba, luego arrojó los cabos a sus compañeros, pasando las sogas por sendas ramas en horqueta. Así dieron cuenta igualmente de la pareja de tigres. El resultado final fue de cinco tigres y ocho panteras."

Comenta el capitán Vowel que estos perros eran descendientes de feroces mastines utilizados en la conquista para reducir a los indígenas y que posteriormente fueron criados con esmero. 


 NOTAS CURIOSAS:
Cuando Angel Custodio Loyola  sacó la canción El Tigre de Masaguarito,  El Carrao sacó otra llamada La Muerte del Tigre en donde contaba que el animal había caminado hasta Barinas y allí lo habían matado porque había alguien con el valor para hacerlo. Entonces Loyola se  "picó"  y le replicó con otra canción de fuerte tono, llamada  El Tigre Ronca en Aragua ( palabras más, palabras menos),  aludiendo a su residencia en Cagua,  en donde decía que ese coplero resentido había visto un cunaguaro y que culpa de sus nervios a un tigre se le había parecido!!. 
Loyola posteriormente sacó otra que se llamaba El Tigre en La Rinconada (hacía alusión a un tigre que una vez se apareció por los lados del hipódromo). 
 Apure dió otro tigre famoso: Antonio Castillo que se hacía llamar El Tigre de La Nietera. Tiene una canción con ese nombre  que igualmente menciona al tigre Masaguarito y otra llamada La Huella del Tigre.

Como nota musical, les ofrecemos LA MUERTE DEL TIGRE con el Carrao de Palmarito y EL TIGRE DE LA NIETERA, con  Antonio Castillo. (Como siempre dejamos el espacio en algunas palabras que no entendemos, por lo que agradecemos dejar un comentario las identifica.)

LA MUERTE DEL TIGRE 
El tigre Masaguarito 
Era un pinta menudita 
Atravesó por El Rastro 
Y salió a Guanaparito 
Y siguió sabana arriba 
Por el hato Santo Cristo
Pasó cerca e´Catalina
Y llegó al Vegón de Nutrias 
Ya era muy de nochecita 
Como iba tan hambreado 
Se comió un lechoncito 
Tigre tan caminador 
Que cuando iba amaneciendo 
Ya estaba por Pagüecito
Y mató un toro padrote 
La vaca y el becerrito 
Tigre Masaguarito 
Tenía la muerte cerquita 
Porque dijo a caminar 
Y llegó a Suripaita 
A costa de Caimán Flaco 
Acabó una cría enterita 
Pero en Barinas hay un hombre 
Que mata tigres solito 
Un hombre no muy alto 
Su estatura es pequeñito 
Es que las tiene bien puestas
Y se llama Miguelito 
Él fue quien pudo matar 
Al tigre Masaguarito 
Le puso una palanqueta
Que lo dejó anidaito
El tigre más peligroso 
Que en Venezuela se ha visto 
Vino a encontrarse la muerte 
 A costa e Suripaita
Aquí termina la historia 
De este pinta menuíta

  




 EL TIGRE DE LA NIETERA
El tigre Masaguarito
Corría en la pampa llanera
Por ese llano infinito
Su nombre era una leyenda
Un gigante menudita
Al tigre de la Nietera

De Caracas Germancín 
Hacia Barinas despega
En busca de Miguelito
Muy nombrado en Venezuela
Y al tigre Masaguarito
Lo mató en su madriguera

Germancín al fin le dijo 
En pabellón no se espera
Don Goyo ______mi amigo
Baquiano de la pradera
Marco Flores y Carlo Emilio
Hombre de lanza certera

Marco Flores en el Cedral 
Al que le tira le pega
Con horqueta y punta e´lanza
Ya ciento cuarenta lleva
Una mañana de abril
Es que la comisión llega

 Con el deseo de acabar 
Con el terror de esas tierras
Veintitrés perros de caza
Había matado esa fiera
Como ciento ochenta vacas
Cochinos y muchas yeguas

El paisano José Gómez
Que es el dueño que gobierna
Nos dice que ese animal
Casi lo tiene en la quiebra
Pa´l que termine con él
Hay whisky y buena ternera












Un día primero de mayo
Una garúa nos hostiga
En El Setenta buscamos
 A esa fiera tan temida
Y en el troco e´un matapalo
Toda la gente lo mira

Allí peleaba acostao
Con los perros sin salida
Como trabuco y hormiga
Cangrejo tiene una herida
Tiembla el corazón del llano
Al ver que el hombre peligra

Salíle tu Marco Flores
Con tu lanza o carabina
No dejes que se acomode
Cuidao si te brinca encima
Andemos con precaución
Y defendamos la vida

Germancín aunque muy joven 
Como un celaje lo tira
El tigre corre unos metros
Y cae echado de barriga
Y su sangre a borbotones
Riega el Apure y Barinas

Germancín es pequeñito
Con tabaco en la vejiga
Para el peligro es mansito
Poco le importa la vida
En su avión siempre le he visto
Dos lanzas y tres carabinas

Los perros quedan heridos
Marcos Flores se aproxima
Le pregunta a Germancín
Con la carabina encima
Vamos pollo y Miguelito
A la tercera ofrecida

Pero como por traición
No hay ternera ni bebida
El del hato se escondió
Otro dia para la huida
Del Nietero y Masuaguarito
Todo el llano quedó libre
Germancín y Miguelito
Mataron a esos dos tigres























































ENTRADAS RELACIONADAS:  LA CACERIA DE TIGRES EN EL LLANO VIEJO (1); (2); (3); LOS FELINOS DEL LLANO;

28 de abril de 2013

Manjar de Coco

El manjar de coco es un dulce muy usual en el estado Portuguesa, sin embargo el postre denominado "Manjar", diría que es tan común en todo el país como puede serlo un majarete o el pan de horno, por poner ejemplos generales.

Se emplean 2 cocos frescos, ½ kg de azúcar blanca, ½ l de agua, 2 cucharadas de maicena, una cucharadita de clavos de olor y canela en polvo. Se coloca la pulpa del coco rallada en una olla y se le agregan los ingredientes restantes. Se revuelve durante 20 minutos, o hasta que la mezcla espese, siempre removiéndola con una paleta de madera. Al terminar de cocinarlo se sirve en tazas de vidrio individuales y se come con canela recién espolvoreada por encima. 

Las variantes de este postre,  tienen el uso de otras frutas o frutos como la naranja, limón, parchita, etc. 

La Voz del Pueblo Barinés: Refranes oídos en los llanos de Barinas (10)

SOBRE LA MALDAD, LAS MALAS COMPAÑÍAS Y LAS CONDUCTAS PELIGROSAS

• Más peligroso que una hallaca fría
• Mas peligroso que una aguja en un sancocho
• El que entre rencos vive, al fin renquea
• Una mala res pierde al rebaño
• Quien con lobos anda, a aullar aprende
• Todo renco es malicioso
• Es mas malo que tabaco verde en cachimbo
• Es mas malo que guardajumo

Fuente:La voz del Pueblo Barinés. Rafael Cartay
Sobre Guardajumo, pueden seguir este enlace: MAS MALO QUE GUARDAJUMO

25 de abril de 2013

Nicolás Llovera, Mito y Leyenda de Guardatinajas

Nicolás Llovera
 Un criador de mucha fama 
Sobre el pié de un merecure
 El caballo lo amarraba 
Aguardiente para todos 
Y así el otro día cancelaba 

Guardatinajas-Dámaso Figueredo

 En el maravilloso libro de relatos del poeta Luis Alberto Crespo, denominado Llano de Hombres, se incluye algo de la historia de este famoso personaje que se convirtió en una leyenda. Nos encanta la prosa del poeta Crespo, por lo que copiaremos textualmente casi todo su relato: 

“Entonces el viejo comenzó a morirse. Esta vez era verdad. Sus herederos revolotearon sobre sus tierras vacías como zamuros, pero allá en El Rastro, en las galeras del Pao, en los montes de Cojedes y en los caños y costas del Portuguesa, los llaneros no saben todavía como llamarlo en este mundo y se enredan al hablar de él con el presente o el pasado en que se convirtió su vida de 92 años y los otros muchos que le regaló la leyenda. Así lo nombran ahora en Guardatinajas y lo vuelven a ver llegar de “Tigrito”, el hato de los Landaeta, donde apareció como caballericero. De allá venía o viene con un puño de reses, un rucio renco y una yegüita, corrido de esos montes porque se llevaba todo el ganado alzado en el aro de su soga. 

No duró mucho en las sabanas guardatinajeñas. No le gustó el punto, decía un negro Orozco. Y salió Manuel Sandoval, el compadre suyo, y se lo llevó para donde dicen “Ojo de Agua”. Ahí se paró un tiempo y de “Ojo de Agua” tuvo también que irse. No lo quería su vecino Francisco Llamozas porque su ganado mostrenco y cachilapo no escapaba a su pericia de enlazador. Y cogió ala y tocó la puerta del hato de los Loreto. Vino pidiendo un cuarto de tierra para él, su ganado y su gente. Don Ángel Miguel le facilitó la sabana que llaman San Miguel, en la costa de Caño Rico, cerca de Chirgua, ese río tigrero que pasa por Los Araguaneyes, el hato que fue de Juan Vicente Gómez. 

El cuerpo de Nicolás Llovera en esos años era así: alto, duro, la mirada rayada como el ojo del tábano, las manazas de templar el chicote, de barrear y guayuquear en los rodeos y siempre en un caballo ligerísimo, duro e´lomo, buena rienda, especial lo que se dice un caballo para encaramárselo a un toro cachalero en un poquito de sabana o para cortarle el barajuste en el monte más cerrado. Zamarro, lámparo, astuto, ya era considerado la mejor soga de esas soledades. 

Desde los corrales de San Miguel, miraba ávido las tierras gomeras y no tardó mucho en colarle su soga de cuero a los torazos y a las vacas del Dictador, sin temerle a sus obreros y matones. Apenas se subía la luna, allá iban él y su gente. Años y mas años vivió así. Un día le llegó a un señor Borrego. Cargaba los bolsillos hinchados, gordos de real, dice la vocesota de Simón Loreto, que lo conoce desde cuando todavía no había cogido ala, y le compró legua y media de sabana a ese hombre. La llamó “La Fe”. Lejos, por “La Guacharaca”, por “Oreja e´ ratón” y se mete una legua de tierra que va a dar al Chirgua. Un gran rumor llega hasta las casas de ese hato: son los palmares que flanquean sus potreros. 

 Hasta “La Fe” vino un campesino de las costas del Portuguesa. Llegó como alucinado en busca de Nicolás Llovera. Que había encontrado un tesoro, le dijo, que le facilitara un buey para cargar el cajón. Y Nicolás Llovera le pide detalles, tú estás loco chico. Y esa misma noche se fue solo hasta donde estaba el tesoro, lo desenterró y lo escondió más allá. En la mañana fueron juntos al lugar, ¿te fijas, que tú estás loco, que aquí no hay nada?. Desde entonces su fortuna fue una confusión de cachilapos gomeros y dinero enterrado y traspuesto. Con esa historia anduvo en boca de los llaneros del Guárico, de Cojedes, por ahí, por todo eso. El ganado cogido se apretaba en los corrales de su hato. Tanto, que el hombrón y el ganadaje no cabían en las tierras de “La Fe”. 

Un día supo que Gómez había muerto. Sus caballos conocían de memoria los lambederos y los chiribitales del dictador. “Esta vez atravesó las sabanas de Gómez sin riesgo alguno, llevando el lazo abierto bajo el sol de las doce. Desde siempre le tenía el ojo puesto a “Los Araguaneyes”. Le gustaban esas sabanas y esos montes donde su arrojo y su precisión de enlazador habían cargado con miles de reses. Y fue suyo. Y también “Las Mercedes” y “Santa Cruz” y “Corralito” y “Matagorda”. Más de 40.000 hectáreas y más de 30.000 cabezas pastando en ellas, cogidas a punta de soga, de ambición y de insomnio. 

Pero su casa era “Los Araguaneyes”, era su sueño realizado: como si fuera todavía un simple caballericero y quesero de “Tigrito” colgaba su chinchorro afuera, en los corredores, entre las espuelas, los aperos y los látigos, en medio de ese olor a cochinera y cuero crudo, sin preocuparse de sus enemigos y salteadores de caminos. Y comenzó su nombramiento. Desde El Tinaco hasta El Rastro, desde Calabozo hasta el Paso del Caballo, desde Cazorla hasta El Baúl. Su poder estaba en la vista y en la memoria. 

Los peones decían que “adivinaba lo que estaban haciendo o lo que iban a hacer”. “O sabía apenas asomaba el polvo por el camino, a qué venían los visitantes, aquel viene a pedirme prestado, a quitarme los chuzos, ése es un hipócrita, ése de allá viene a pedirme carne. Se rodeó de incondicionales, crió a 14 muchachos para que fueran sus peones de confianza. Nunca promovió entendimiento entre ellos y cada uno era el espía del otro. Se unió a varias mujeres, que jamás lo hicieron feliz. 

 Sabía que todos aguardaban su muerte para heredar su fortuna, Pero nunca se moría. Nunca lo mató un caballo, ni un toro. Cuando se le trancó la orina pensaron que era el fin. Y se salvó. Lo curaron dándole un remedio, un poco de patas de grillo metidas en agua hirviendo. Compró brandy por cajas. Se bebía dos litros diarios. Se acostaba borracho, se despertaba a la una de la tarde, comía desaforadamente carne pisada, grasa de cerdo, mantequilla de queso, frijoles y hueso de venado y terrones enteros de papelón y volvía a beber. 

Tuvo 40 años, tuvo 70, llegó a los 80 y siguió y bebía igual e igual era adivino y más y más rico, sin confiar en nadie, sabiendo que todos sus millones se volverían sal y agua en las manos de los suyos. Y así fue. Su hijo adoptivo, Ramón, liquidó el ganado y sus otros familiares se disputaron zamureando hasta el último centavo de sus millones. 

De esa inmensa fortuna, solo queda la sabana sola, esos montes de “Sabana Grande”, “El Cachal”, “Los Quemaitos” y los coñales del Chirgua. Tuvo 200 gatos. Sacrificaba vacas para alimentarlos. Sus cochinos tenían inmensos colmillos. Los peones se los arrancaban a martillazos y los capaban a sangre fría. Sangrantes y ululantes los echaban en charcas pestilentes porque el viejo decía que la inmundicia era una gran medicina. “El Viejo” comenzaron a decirle en esos días. 

"Se le fue yendo la vista de sus ojos rayados, entre azules y verdes, con los que había reunido tantos millones y tanta leyenda. Ya no se subía a los caballos. Le nació una barriga de sapo y unas pecas que parecían escupitazos. Se compró un Cadillac negro que lanzaba por esos barriales y polvaredas". "Le gustaba tanto la carne que se llenaba los bolsillos de asaduras cuando salía a la sabana.” “Ciego, imaginaba a su familia detrás de sus 90 millones de bolívares y sus tierras pero lo único que le interesaba era el brandy y los menjurges que le devolvieran su perdida vitalidad viril. 

"Así lo vi, en su chinchorro, allá en “La Fe”, tratando de quitarse la ceguera con un pañuelo de tela de algodón. Esa tarde confesó que le gustaba estar solo, que no quería a la gente, que no necesitaba ni de hombres ni de nada. Y recordó al muchacho que había sido, vendedor de pan de hornos y leña en El Rastro, hijo de un general de Castro, de esos de antes, Feliciano Llovera, a quien conoció en una gallera. "

El poeta Crespo cuenta los recuerdos de Nicolás: “Yo fui coleador, arreador, quesero, enlazador. Yo enlazaba hasta el diablo. Mientras los otros dormían, yo andaba cachilapeando”. “En Caño él medio le pequé una soga a un bicho. La Yegua en que yo andaba me coleó y me cayó encima. Me di duro en la cabeza. Estuve loco. Después me mordió un zorro que tenia mal de rabia en el brazo. Me prendieron fósforos en las heridas. También enlacé a un tigre. Uno lo enlaza como si fuera ganado. Me bajé del caballo y cuando fui a matarlo me baboseó. Le dejé el cuchillo dentro” 

Yo quiero a toda vaina del llano, a todo animal. El día que yo me despierte a las 9 de la mañana estoy listo

Los Hijos de Guárico: Pedro Oropeza Volcán

Lamentablemente no hemos podido conseguir información mas amplia sobre este importante hijo de Guardatinajas. No siquiera una fotografía podemos ofrecerles. Sin embargo es importante que quede algo de su notable trabajo musical en Vivencias Llaneras del Abuelo.

Pedro Oropeza Volcán nació en Guardatinajas el 16 de Agosto de 1872, hijo de Ramona Volcán y Pablo Oropeza, de quien aprende el oficio de carpintero y ebanista.  

A los veinte años ejecutaba perfectamente el violín, el arpa, el cuatro, la guitarra y el bandolín, su instrumento preferido. 

Ingresó en la Escuela de Música José Angel Lamas donde estudió con los profesores Lorenzo Llamozas y Teofilo León. Más tarde forma parte de la Orquesta del Circo Metropolitano y del Teatro Capitol. 

En el año 1915 se residencia en Villa de Cura donde dirige la Banda Zamora y en 1917 escribe su primera obra, el vals Claros de Luna.

Su repertorio musical comprende alrededor de ciento treinta piezas de carácter popular: danzas, joropos, marchas, merengues, pasodobles, pasajes, valses, etc., y cerca de ciento treinta y siete de contenido religioso. 

Fue un músico popular de raíz tradicional, que se inspiró en los giros folklóricos, pero que al mismo tiempo fue permeable a las expresiones llegadas de otras latitudes. La primera escuela oficial de música del Estado Aragua fundada en 1959 llevó su nombre pero más tarde al convertirse esta escuela en Conservatorio le fue cambiado. 

En Guardatinalas, hay una biblioteca pública con su nombre. Falleció en La Victoria Estado Aragua, el 27 de julio de 1959.

Tomado de  bibliotecaspublicasguarico/blogspot.com