Buscar este blog

Cargando...
....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

28 de octubre de 2012

Loa al Caballo (2/3): Un Cuento para Niños- Julio José Garbi Olivo

Los temas que se van colocando en Vivencias Llaneras del Abuelo,  son seleccionados tratando de generar un equilibrio en los diversos aspectos que abarca este blog, y muchos estan programados con  mucha anticipación. Sin embargo, a veces en nuestras lecturas e investigaciones aparecen textos tan inspiradores que sentimos la necesidad de romper la planificación y publicarlos con urgencia. 

Este es el caso de hoy. Estaba leyendo El Ultimo Violín, escrito por nuestro colaborador Francisco Castillo Serrano, y me encontré con esta poesía hecha cuento que quiero compartir con ustedes.

Escrito por  Julio José Garbi Olivo, escritor y poeta apureño nacido en Elorza el 29 de septiembre de 1923, a continuación Un Cuento para Niños, donde tomando las palabras del señor Franco: "solo la pluma se interpone  entre la inocencia, la creación y la leyenda....."

Era un dia de asueto en la mansión de los Dioses y los Dioses-niños se fueron todos a jugar. Pero el Dios-niño más pequeño no tenía con quien jugar y se sentó sobre un rayo de luz a pensar. Pensó primero en jugar con las espirales concéntricas de las coordenadas del tiempo; luego en crear galaxias y estrellas, o en las relaciones de las infinitas paradojas de infinitos mundos paralelos; pero al Dios-niño le fastidiaban las cosas sencillas. Por eso se puso a pensar en algo que verdaderamente no existiera y pensó en la palabra mas bella que pudiera dictar su fantasía.

Finalmente dio con ella.

La palabra era.... ¡caballo!

Sí eso era.... caballo.

Y una vez que tuvo la palabra, pensó en un caballo.

Lo hizo fuerte y noble.

Los ollares amplios para sorber el viento.  con hebras de plata o de sol,, o d enoche, le hizo las crines, la cola larga y sedosa, el pecho ancho y poderoso, y en cada pata le puso una luna en creciente y lo hizo ágil.

Y cuando tuvo el caballo, no encontró lugar mejor  donde ponerlo que una llanura.

El Dios-niño, cerró las manos para aprisionar todos los universos del cosmos infinito para tomar elementos de su quimera. Al arcoiris le arrebató los colores para pintar la llanura. Pintó la sabana verde, los cielos azules y las nubes blancas. Pintó los morichales, los ríos y las lagunas. Y pintó los borales en los esteros. Pintó garzas blancas y corocoras rojas. Pintó venados y hierbas y árboles de toda clase: un algarrobo, un mango y un  tamarindo. Pintó pájaros y trinos y olores y lluvias para que mojaran la tierra y la hicieran fértil.

Puso en su llanura un amanecer con aromas de sabanas y un cielo oscuro azul turquesa con arreboles y frescura en el aire. Y toda clase de animales. Por último con sus deditos, pintó horizontes por todas partes para que su caballo pudiera verlo todo.

Y en esa llanura recién pintada, el Dios-niño puso a su caballo para que galopara como el viento. Y el caballo galopó y galopó... y el dios-niño fue feliz por corto tiempo.

Pero algo faltaba..  y el Dios-niño se sintió triste de nuevo hasta que tuvo la idea de amasar con susmanos regordetas, color de auroras y esperanzas, el barro de los esteros y las arenas de los ríos. Y tomando también un poquito de esas cosas que había pintado en su llanura, hizo un compañero para el caballo. Y lo hizo sencillo, franco, honesto, valiente, noble y generoso.. Y le dio manos para que pudiera hacerlo todo. Y una frente altiva para que no fuera esclavo y una mente para pensar y fantasear. Y una voz para decir lo que pensara y, sobre todo, un corazón para que pudiera amar.

Y el Dios-niño estuvo contento porque, por aquellas extensas llanuras que habia creado su fantasía, corría libre y sin trabas, jineteando en el potro de la ilusión, un llanero.

Tomado de El Último Violín de Francisco Castillo Serrano
Publicar un comentario en la entrada