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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

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7 de octubre de 2018

El Ánima del Bandolero

Nuestro amigo Hugo Arana Páez destaca por su dedicación en el estudio de las tradiciones apureñas, las cuales adereza siempre con humor. Tiene predilección por los cuentos fantasmales. Su trabajo de inestimable valor es parte del acervo cultural del estado Apure. Tiempos de Transhumancia les ofrece uno de sus cuentos fantasmales:

 
El Ánima del Bandolero
Hugo Arana Páez HARPA
San Fernando 20 de agosto de 2018

A finales del siglo XIX, en una lluviosa madrugada de invierno, el joven camaguanense, José Antonio Fleitas, rumbo a su casa, transitaba a pie por una solitaria calle de Camaguán, cuando observó que en la Esquina La Osoriera, tres individuos atacaban a golpes y patadas a un indefenso joven, quien inmisericorde, recibía un fuerte castigo de sus agresores. José Antonio, que era un hombre amante de la justicia, no podía aceptar el ventajismo de aquellos cayaperos. Enfurecido, se abalanzó contra los atacantes; a uno lo derribó de una trompada en la nariz, a otro de un fuerte codazo le fracturó la quijada y al tercero lo derribó de una patada en los testículos, dejándolo privado en la calzada. Al observar a los tres matones tirados en el suelo; presuroso se dirigió adonde se hallaba tendida la víctima, quien inútilmente trataba de levantarse. Como pudo, José Antonio, lo ayudó a ponerse de pie. El agredido era un joven de rostro aindiado de unos veinte años de edad a quien jamás había visto.
-¿Cómo te llamas?
Le preguntó el agredido a su inesperado salvador
-¿yo?
-¡Sí usted!
-José Antonio Fleitas
Respondió el osado José Antonio.
-¿Y tú?
-¿Yo? Juan Nicolás Ochoa
Contestó la aporreada víctima.
-¿Valecito, pero tú no eres de por aquí, porque ya te hubiera reconocido?
Preguntó José Antonio
-¡Yo soy de Calabozo camarita y vine a vé un ganao!
Atinó a responderle el maltrecho Juan Nicolás, quien agradecido le expresó a su benefactor.
-Sepa, amigo que como usted me salvó la vida, yo también estaré dispuesto, en todo momento a protegerlo de cualquier peligro.
Mientras Juan Nicolás hablaba, José Antonio, buscaba con la mirada a los agresores, quienes huían despavoridos. Al voltearse, para ayudar a subir a su cabalgadura a Juan Nicolás, se percató que misteriosamente se había esfumado.
Ante la extraña visión y en medio de la solitaria calle, donde apenas, una suave brisa movía las ramas de un viejo tamarindo que de la tapia de una vieja casona salían por la barda; el solitario y temeroso andante, reanudó el camino rumbo a su vivienda, donde ansiosa lo esperaba su familia.
Transcurrieron los días y una lúgubre noche, cuando José Antonio Fleitas, iba rumbo a su casa, de improviso le salieron al paso cuatro forajidos, quienes cuchillos en mano lo conminaron a que les entregara sus pertenencias. Sorprendido, el asustado muchacho quedó impedido de defenderse; cuando extrañamente apareció un jinete, quien con la intención de salvarlo de la agresión y llevarlo sano y salvo a su vivienda, embistió con su cabalgadura al galope, arrollando a los agresores, a la vez que invitaba a montar en la grupa al atemorizado José Antonio.
Con los dos jóvenes encima, la bestia se desplazaba veloz por las solicitarías calles de Camaguan, rumbo a la casa de José Antonio Fleitas, ubicada en la Esquina de Pancho Hurtado. Al llegar a la vivienda, José Antonio se apeó del animal, mientras que su inesperado salvador le decía.
-Bueno amigo, hasta aquí te trajo el río.
-¡Gracias, muchas gracias, amigo!
Atinó a responderle José Antonio a su oportuno benefactor, quien en la penumbra de la noche y con el miedo de compañero, no se había percatado que su bienhechor era Juan Nicolás Ochoa, a quien hacía meses atrás él había salvado del ataque de tres malhechores.
Sorprendido por la extraña coincidencia de encontrarse de nuevo con Juan Nicolás, José Antonio, agradecido lo invitó a entrar a la casona donde se tomarían un café cerrero. En su caballo, Juan Nicolás, sonriente esperaba a que la familia abriera el portón de la ancestral vivienda.
-¡Mamá! ¡Carmelita! Abran la puerta y salgan para que conozcan a mi amigo, Juan Nicolás Ochoa, quien acaba de salvarme la vida! Apúrense, vengan pa´ que lo conozcan y sepan lo que me ha ocurrido esta noche.
A esas altas horas de la madrugada, las mujeres se despertaron y ante los alaridos del muchacho, amodorradas se levantaron y nerviosas abrieron la puerta; cuando extrañadas observaron al eufórico José Antonio, profiriendo entusiasmado.
-¡Vean, conozcan a Juan Nicolás Ochoa! ¡Él me acaba de salvar la vida! ¿Qué pasa por qué no saludan a Juan Nicolás? ¿Por qué se quedan ahí paradas como unas muertas? ¿Qué pasa es que ni siquiera saludan a mi amigo? ¡Él va a pensar que ustedes son unas mal educadas, no jile con ustedes!
-¡Hijo!
Le respondió la madre
-¡Aquí no hay más nadie que tú! ¡Mira como está de sola la calle! ¿No será que estás rascado?
-¡No mamá, que va! ¡Yo no estoy ningún rascado! ¿Acaso no ven que él está detrás de mí montado en su caballo? ¡Lo que pasa es que ustedes todavía están dormidas! ¡Estrújense los ojos pa´ que lo vean! ¡Abran los ojos carajo!
Carmelita, su mujer, corroboró la opinión de la anciana
-¡Mi amor!, tu mamá tiene razón, aquí no hay más nadie que tú y nosotras. ¿No será que estás viendo visiones?
-¿Qué visiones del carajo? ¿Van a estar creyendo en esas pendejadas?
Esta vez, las mujeres no hicieron más comentarios y ante el silencio de ellas, el hombre se volteó para solicitarle al jinete que se apeara del caballo y les narrara lo acontecido. Cuando sorprendido se percata que el acompañante otra vez se había esfumado misteriosamente. Temeroso el muchacho, las conmina a entrar presurosas a la morada, donde el hombre pasó la madrugada tratando de convencerlas que realmente él había conocido a su misterioso salvador. Lamentablemente no le creyeron y al escuchar el canto solitario de un gallo, anunciando la alborada, las señoras atinaron a expresarle.
-José Antonio, vamos a dejar de hablar pendejadas y vamos a aprovechar las pocas horas que nos quedan para dormir un ratico.
Años más tarde, un viejo camaguanense, le refirió a José Antonio, que su extraño benefactor, no era otro que un zambo nacido en la Misión de arriba de la población de Calabozo, conocido como Juan Nicolás Ochoa, apodado Guardajumo, quien en el año 1800, fue condenado en la Villa de todos los santos de Calabozo a morir en la horca. Guardajumo era un joven asaltante de caminos, que en épocas de la Colonia tenía perreados a los comerciantes como a José Tomás Boves, El Taita y a los hateros de los llanos centrales.
-¡Bueno Don! Y si Guardajumo era un malhechor ¿Por qué me salvó la vida?
-¡Guá, muy sencillo de responderte esa pregunta hijo! Ocurre que el hombre era una especie de Robín Hood, porque refieren mis bisabuelos que él y que robaba a los ricos para darles a los pobres y fueron los hateros y los terratenientes, dueños de grandes extensiones de tierra y amos de esclavos, quienes regaron la versión que él era un salteador de caminos, es decir un bandolero; por cierto, ellos fueron los que crearon el refrán Ese tercio es más malo que Guardajumo, queriendo significar que el individuo en cuestión era peor que Mandinga. Lo cierto, es que Guardajumo no era malo, porque como dice el aforismo Ladrón que roba ladrón, tiene cien años de perdón y por eso es que el señor lo mandó al Purgatorio, para que expiara sus culpas, dejara de andar penando y finalmente pudiera entrar a la gloria.
-¡Gracias viejo! ¡Muchas gracias!
-De nada joven, de nada.
Desde entonces, José Antonio Fleitas, le pedía a su misterioso protector, Juan Nicolás Ochoa Guardajumo, lo ayudara a superar cualquier situación de riesgo y así le ocurrió en muchos peligros que le tocó afrontar. Desde esa noche, José Antonio, dejó de andar en malos pasos, parrandeando detrás de esas muchachas malas que hacen cosas buenas, muy buenas por cierto y por si acaso, se hizo devoto de las ánimas benditas, tanto es así, que en un rincón de uno de los aposentos de la casona, cada sábado le encendía una vela a su misterioso amigo Guardajumo.
A finales del siglo XIX, en una lluviosa madrugada de invierno, el joven camaguanense, José Antonio Fleitas, rumbo a su casa, transitaba a pie por una solitaria calle de Camaguán, cuando observó que en la Esquina La Osoriera, tres individuos atacaban a golpes y patadas a un indefenso joven, quien inmisericorde, recibía un fuerte castigo de sus agresores. José Antonio, que era un hombre amante de la justicia, no podía aceptar el ventajismo de aquellos cayaperos. Enfurecido, se abalanzó contra los atacantes; a uno lo derribó de una trompada en la nariz, a otro de un fuerte codazo le fracturó la quijada y al tercero lo derribó de una patada en los testículos, dejándolo privado en la calzada. Al observar a los tres matones tirados en el suelo; presuroso se dirigió adonde se hallaba tendida la víctima, quien inútilmente trataba de levantarse. Como pudo, José Antonio, lo ayudó a ponerse de pie. El agredido era un joven de rostro aindiado de unos veinte años de edad a quien jamás había visto.

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28 de mayo de 2016

Espantos del estado Portuguesa

El tema de los espantos siempre tiene buena acogida pues es la esencia de cada pueblo. El estado Portuguesa es rico en leyendas de este tipo.
Hemos publicado varias de estas leyendas por lo que colocaremos mas abajo el link de las mismas. En esta oportunidad les compartimos otras mas sencillas nacidas en Ospino, seguramente en las veladas chinchorreras después de la faena del día. Las copio tal cual aparecen en el  Cuaderno de Patrimonio Cultural del estado Portuguesa

Leyenda del amo del monte
Máximo era un hombre que salía todas las noches a cazar. Dicen que no cazaba por hambre sino por entretenimiento y que aunque en su casa no le faltaba la carne y la comida, de todas formas insistía en salir a cazar. Una noche mientras intentaba alcanzar a un animal, divisó a lo lejos a un venado echado en el monte, el hombre disparó una vez y lo alcanzó. El animal trató de escapar avanzando un corto pedazo del camino, el cazador fue en su búsqueda y para cerciorarse de matarlo dio otro disparo. En
 ese momento el venado se escondió entre los matorrales y Máximo decidió ir detrás. 
¡Cuál sería la sorpresa de este hombre cuando al adentrarse en el monte  vio la silueta de un hombre con larga barba y echando fuego por los ojos!
El cazador corrió despavorido a casa,  no podía hablar del miedo y cayó en cama con una fiebre que duró mucho días. Después de esta experiencia, Máximo no salió a cazar nunca más.


Leyenda de los aparecidos de la carretera:
Los pobladores de Ospino hablan de algunas apariciones en
la carretera que conduce hasta  la parroquia La Estación. En torno a esto se tejen varias historias como la del padre de Norma Colmenares, quien se dirigía desde La Estación a Ospino, cuando observó una mujer de cabello muy largo que flotaba casi al ras del piso,quiso acercarse para mirar su rostro y fue entonces cuando se dio cuenta que era una calavera. Esta historia coincide con la de otros pobladores que hablan de la misma mujer e incluso ella se monta en los carros que transitan por la carretera, haciendo que pierda velocidad y hasta que el espanto no desaparece, no pueden retomar la normal.

Leyenda del hachador
Según los testimonios de los ospineros, había un leñador que solía levantarse muy temprano a cortar palos secos para venderlos en la población y que su alma quedó penando por las calles de Ospino. En las noches se oye el sonido del hacha cortando los árboles. Muchas personas dicen que este hombre siempre subía a cortar la leña a la montaña para hacer su propia urna

Leyenda de la urna del paso de Cardoncito
En la vía de la carretera que va hacía La Estación, se escucha entre los pobladores la leyenda de la urna que pertenecía a un hombre llamado Pedro Elías Rodríguez. El día de su entierro decidieron cambiarlo a otra que habían comprado e hicieron el cambio justo en la carretera, continuaron su camino y dejaron la otra urna en ese lugar. Desde entonces la gente dice que cuando pasan los vehículos ven una cajón y al acercarse se dan cuenta que es una urna que luego aparece dentro del carro asustando a quien maneja.

Espantos del cementerio de Sabana Seca
Esta leyenda es de Guanarito y dice que  el cementerio de Sabana Seca fue clausurado en la primera década del siglo XX -sus tumbas más recientes están fechadas en el año 1917-, y se dice que después de las seis de la tarde, ocurren apariciones de espectros y almas en pena. Los habitantes de la zona
cuentan que un vecino de la comunidad llamado Francisco Hernández, un albañil que vivió a principios del siglo XX, murió loco en las ruinas de la iglesia del pueblo, porque para construirla utilizó madera tallada que extrajo de las tumbas de este camposanto y que su locura fue un castigo por su profanación.
Existen tantas historias relacionadas con espantos, aparecidos y fantasmas que incluso actualmente las personas que viajan hacia El Mamón y que deben pasar por La Hoyada, donde está ubicado este antiguo cementerio, se abstienen de hacerlo después de las seis de la tarde. Cuentan que incluso, antes del amanecer, se escuchan ruidos de cadenas que son arrastradas por el piso y quejidos lúgubres
que estremecen al más valiente.

El espanto de la media noche (Leyenda de San Genaro de Boconoíto)
Según cuenta la familia Manzanilla, que  en las noches llegaba un ente desconocido a su casa, se montaba encima de los perros, los golpeaba con un chaparro hasta matarlos y luego se marchaba dejando un olor a azufre. En vista de esta situación el dueño de la casa se lo comentó al párroco que accedió a regar agua bendita para ver si lo espantaban, pero aún así seguía apareciendo. Los comentarios sobre el suceso se propagaron por el pueblo hasta que los ancianos de la localidad le recomendaron al hijo menor de la familia que cuando el espanto llegara en la noche le disparara con balas benditas por el párroco. Cuando llegó la noche y se apareció el espanto, el muchacho le disparó y al instante se escuchó un chillido parecido al de un cerdo y se percibió un olor a azufre que desapareció inmediatamente. Desde ese entonces nunca más volvieron a saber de aquél espanto.

Leyenda del ánima de Ño Quemao (Leyenda de Guanarito)
Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo, cerca del poblado de Guanarito, en el rancho conocido como Sabana Seca, vivía un hombre llamado Silvestre que era inválido a causa de un accidente. Un día la casa en la que vivía Silvestre se incendió y no pudo escapar del fuego. Mucha gente se lamentó
de su muerte y en el lugar donde falleció colocaron una cruz hecha de palos de camaruco.
Alguien echó agua en la base de la cruz y ésta retoñó. Aquella manifestación sobrenatural hizo que la
gente se congregara en torno a la cruz y le pidiera milagros al ánima de Silvestre, que como había muerto en un incendio pronto empezaron a llamarle el Ánima de Ño Quemao. La cruz se convirtió en un árbol que todos los años florece y desde entonces mucha gente se acerca a pedir favores y a pagar promesas. Por eso todos los años la comunidad se reúne para observar la cruz revestida de hojas de la que cuelgan cada vez más cruces como ofrenda por los favores recibidos.

Leyenda de la Llorona de la plaza Bolívar de Paso Real (Leyenda de Papelón)
En la calle 2 de Paso Real, al lado del templo Nuestra Señora del Rosario, se encuentra la plaza Bolívar. Se dice que en ella durante las noches de Semana Santa, muy de madrugada, se ve el espectro de un ánima en pena. Cuentan que es una mujer vestida de blanco a quien no se le puede ver el rostro. Hay quienes dicen que han escuchado en medio de la noche y la oscuridad su grito escalofriante. Existen muchas versiones sobre el espíritu de la llorona, una de las más difundidas es la de una aparición con forma de mujer que lleva un niño a cuestas y vaga llorando por los caminos. Según esta versión, la Llorona pide a las personas ayuda para cargar al niño y si alguien accede el espíritu se libra del castigo y la persona que lo ha recibido se convierte en laLlorona. Se dice que un pedazo de tabaco tipo rollo en el bolsillo evita la aparición de este espectro.


Otras entradas relacionadas con los espantos del estado Portuguesa:
JUAN DEL MORRO; LA COCHINA PARIDA Y EL ENCADENADO DE PIRITU;
EL HACHADOR Y LA BOLA DE FUEGO; EL CARRETÓN Y EL AMO  DEL AGUA; LA VACA ESOCADA Y EL DUENDE DE LA CARAMA,

11 de mayo de 2016

Mayo, mes de espantos

 "Era el mes de mayo, mes de espantos y de aparecidos, época de lluvia, cuando la sabana se viste de flores y el terronal se remoja. Llano en mayo con sus noches oscuras y caminos llenos de agua"

El mes de mayo siempre se ha relacionado en el Llano con la aparición de espantos. No significa ésto que sólo aparezcan en este mes, sino que se acentúa su presencia con la llegada de las lluvias. Pareciera que la llanura anegada, el cielo oscuro relampagueante y las "noches de fieros chubascos", son muy propicias para su aparición.

Indiscutiblemente después del Diablo cantador, el mas resaltante de los espantos es el Silbón, que aunque dicen que no pasa al estado Apure porque  el río le  moja el saco de huesos que siempre lleva consigo, igualmente se le nombra por esas tierras.

Sin embargo hay otros fantasmas muy famosos como la Sayona, la Llorona y la Bola de Fuego, que son conocidos a nivel nacional e incluso internacional, especialmente las dos primeras que tienen su representación en distintos países.

Pero además de estos espantos  tan conocidos,  en cada rincón llanero, en cada pueblo, hay algún ánima, espanto, aparecido o aparato que forma parte del folclore de ese lugar.

En esta materia, la profesora Carmen Montero, hace una clasificación interesante en su libro Mitos y Leyendas del estado Portuguesa. Colocaremos el enlace en aquellos que hemos  mencionado anteriormente en estas páginas.

.- Los que adquieren forma humana: Son los que se  oyen y se ven y tienen características pavorosas como ojos de fuego, dientes largos y afilados, cuerpos esqueléticos. Se pueden citar entre ellos: El Silbón de Guanarito, El Ahorcado de Turén, El Amo del Agua de Chabasquén, El Hachador de Ospino, El diablo, la Sayona, la Llorona, el Cazador, entre otros.

.- Los que adquieren forma animal: La Cochina Parida de Píritu, que se convierte en bandada de zamuros o manada de monos. La Culeca de Mesa de Cavaca, El Venado de Piedra de Agua Blanca, La Burra Maniada de Papelón, La Culebra Gigante de la Represa de San Rafael de Onoto, El Tigrito de Píritu.

.- Los que se manifiestan con luces y resplandores: como la Bola de Fuego y luces que indican tesoros o entierros.

.- Los que se anuncian con ruidos: como El Carretón de Acarigua, El Encadenado de Píritu, y los silbidos de las animas.

Además de estas clasificaciones de acuerdo a la forma en que se manifiestan, hay una terminología que identifica el tipo de espanto. Tomaremos como fuente para esta clasificación parte de la recopilación hecha por Isaias Medina López y Duglas Moreno, del libro El Llano en Voces: Antología de la narrativa fantasmal cojedeña y de otras soledades. El diccionario completo de espantos y aparecidos, lo publicaremos en otra entrada.

 Ánimas: Pobladores del más allá que invocan los llaneros en procura de bienestar. Práctica de la etnia indígena   Pumé (Montiel Acosta,1995). Los favores que provee el ánima deben pagarse con el cumplimiento cabal de lo que se haya ofrecido a cambio; dado que el llanero es hombre que muere por su palabra, no es de extrañar que cualquier desobediencia con dichos espíritus se pague con la vida.   

Aparatos: Fantasmas y Misterios que siendo “nacionales” tienen diversas versiones según cada comunidad o región del país, como las interpretaciones de las leyendas de Juan Machete, El Burro del Buracal, Federico y Mandinga y la Historia de la Sayona (José Alí Nieves y José Jiménez “el Pollo de Orichuna”); La Silbona (Carrao de Palmarito); El Espanto del Troncón (Francisco Montoya); El Hachador perdido y El Muerto de Las Tres Matas (Hipólito Arrieta);  La Muerta de Las Galeras del Pao (Dámaso Figueredo y Winston Leal) (....).

Aparecidos: En el año 896 el papa  Bonifacio VI, ordena que se “exorcicen y eliminen las apariciones malignas del camino", pero el anti papa Bonifacio VII en mayo ( mes de los espantos y aparecidos) de 978, les elimina el carácter de "malditos" y los salva al declararlos "almas en pena", a quienes se les puede rezar y hasta pedir favores. Los llaneros, pese a tener tanto espacio  disponible, entierran o dejan recordatorios de sus muertos en los caminos, facilitando la residencia de los aparecidos; ésta práctica se hizo nacional e incluso internacional con las marchas de los llaneros durante la Guerra de Independencia, las otras guerras civiles y los legendarios arreos de ganado. Estas marcas y aparecidos del camino sirven de compañía y hasta de prueba de fe.

Celaje: Combinación arbirtraria de "celeridad"  e "imagen". Señal, presagio, manifestado en sombras o en una luz. Dada su velocidad casi imperceptible se dificulta su interpretación. Puede significar el fin de un agobio o un desenlace fatal. Si el celaje pasa con ruido seco y veloz el asunto es de gravedad. Los animeros dicen que si el celaje  además de ruido viene con una brisita fría, es que a uno lo va a agarrar la "pelona"; viene segura la muerte.

Entierros: Botija repleta de morocotas y joyas enterrada en sabana abierta o en una casa, a quien éste le toque se le aparece una luz azul señalándole la ubicación del botín. en ocasiones un muerto indica el lugar del entierro, pero hay que ofrecerle rezos.
Espanto: de espantar. Derivación latina de expavere (temor) y de pavere (pavor) . de pavor provienen: pávido ( miedoso): imávido ( sin miedo a nada); pava (mal asunto); pavoso (de mal presagio); payar (cantar con valentía) y payador (cantador valiente) como lo fue Santos Vega, el gaucho argentino (...)

3 de mayo de 2016

Dámaso Delgado escribe sobre El Silbón

Hoy 3 de mayo, según la leyenda, Juan Hilario se encontró con el Silbón, por lo que compartimos nuevamente  la percepción de Don Dámaso Delgado sobre la famosa grabación de esta leyenda.

Tomado del Blog de Dámaso Delgado
Publicada originalmente el 15/11/11
Este es el llano... Abierto..., inmenso...! Horizonte extendido por caminos polvorientos... Tierra generosa, donde la leyenda es copla y donde la copla es sabana!
 Portuguesa, Barinas, Cojedes, Guárico, Apure forman nuestro inmenso llano con sus sabanas inmensas y pajonales abiertos, con sus arrieros de versos, con baquianos de la conversa...

..."Salud, amigo ¿pa' onde va poray...?

Siempre llano...! Con su pregunta escueta a veces tímida, a veces bravía, retadora, andariega... Y sobre ese llano, el llanero, con la voluntad por delante y la copla pasitrotera espigándole en el alma para adornar el camino, la jornada: "Allí mismo...", "más allá..."

Y el corrío se hace presente en los bailes... Y la leyenda va polvoreando caminos... Camino largo..., trocha honda..., terronal reseco... Siempre llano...! Y por ahí anda, de boca en boca, con su característica escalofríante:
- "Epa, compañero, pero eso fue cierto...?
- "Sí, compa, ciertico!; dicen que nació en Guanarito, o en Bijae...; lo cierto es que en Portuguesa y Barinas se ha criao..., y Cojedes lo ha visto pasá..."
Llano inmenso..., de pecho abierto y corazón sencillo, que nunca termina de decir lo que lleva por dentro...
Por eso he querido recoger en este álbum a una de las más ricas y genuinas leyendas de los llanos portugueseños y barineses, como lo es ésta de El Silbón.
Me he dado a esta tarea, seguro que es mismo pueblo llanero - que es también mi pueblo - sabrá sentirse plenamente identificado con el contenido de esta obra, que no es otra cosa que un pedazo de él mismo, impregnado de su propio sentir, costumbres y creencias.
El Silbón es un espanto de sabana, que persigue y "asombra" a las mujeres solas y a las que están en estado de gravidez - cuentan que hasta las asesina, para descansar en el alma inocente de sus criaturas - pero, mas perticularmente, el Silbón persigue y selecciona a aquellos hombres parranderos que tienen por costumbre abandonar a sus mujeres para marcharse a bailes y parrandas, regresando a sus hogares a altas horas de la noche, o al día siguiente... Esto podría parecer una contradicción: pero es así como lo pinta la creencia popular.
No se sabe exactamente el origen de El Silbón; unos dicen que nació en Guanarito, otros que en Bijao, otros, que más allá... Con respecto a lo genuino de su leyenda, el pueblo comenta que es el ánima en pena de un hijo que mató a su padre para comerle la azadura y que, maldecido por la madre, fue condenado a vagar eternamente sin descanso por parajes y caminos solitarios.
El notable periodista y doctor en derecho Rafael R. Gavidia, hombre constantemente preocupado por el estudio de nuestro Folklore y taltento, inquieto por remover y rescatar estos valores escondidos en los cimientos de nuestro pueblo (a él debo importantes datos que me fueron sumamente útiles para la elaboración de esta obra), con relación al Silbón, ha logrado recopilar, ente otras cosas, lo siguiente: "No atraviesa el río Apure, porque el agua le da por la cintura y se le moja la mochila de huesos"..., lo que revela claramente que según el dicho popular éste es un espanto exclusivo de las llanuras de Portuguesa, Barinas y Cojedes...
Cuentan que, en las noches oscuras, cuando el relámpago ilumina la extensidad de la sabana y los aguaceros arrecian inclementes, por todo lo ancho del llano, se siente llegar hasta el alero de los ranchos y deja caer la mochila de huesos sobre el suelo, para acampar allí los aguaceros.. Y cuando cesa la lluvia, lo oyen que levanta el saco de huesos - su eterno cargamento - y, dejando escuchar su escalofriante silbido, se aleja..., camina largo..., noche oscura, trocha sin rumbo.
Así es el llano..., surco abierto poblado de leyenda, donde aquel "más allí..." o "más allá..." va siempre acompañando del enigma: "tenga cuidado...., allá alante..., al pasar aquella mata..."
Tierra hermosa, donde el "cuatro", la soga, la novia y la copla forman parte del alma misma - supersticiosa o no- del hombre que allí se forma y por allá muere, "como todas las cosas de la sabana".

Escrito por: Don Dámaso Delgado


Para finalizar, les comparto el corrío del Silbón.

9 de junio de 2013

Leyendas de Barinas: Las Ánimas Benditas del Purgatorio

En realidad esta creencia existe a nivel nacional. Sin embargo está registrada en los Cuadernos del Patrimonio Cultural del IPC como característica del estado Barinas:

Ánimas benditas del purgatorio
 La comunidad cree que las ánimas son espíritus de difuntos que se encuentran en pena por no haber cumplido su ciclo de vida, o por no haber muerto por causas naturales. Por este motivo son almas que andan a la caza de iluminación por parte de devotos particulares que responsablemente deben encender una vela diaria por el descanso de su alma; de romper ese compromiso, la gente que se hace devota a ellas por algún favor concedido, se expone a ser perturbada por las ánimas. Aparecen vestidas de negro y a la distancia se escucha el murmullo de sus rezos que normalmente tienen que ver con la gente que tropieza. 

Copiamos una entrada anterior relacionada con este tema:
“El rosario de las animas era también un visión aterradora. En las altas horas de la noche, los enfermos y los que por algún motivo se hallaban en vela, dícese que oían un cántico fúnebre, monótono, modulado por voces que parecían salir de las entrañas de la tierra y al que luego sucedía la recitación del rosario, que como todo el mundo sabe, es un rezo en honor a la virgen, compuesto del Padre Nuestro y el Ave María, repetidos alternativamente cierto número de veces. Añádase además que algunos imprudentes, que encontrándose a esas horas en la calle, tuvieron suficiente valor para investigar de dónde venían aquellos cantos y oraciones, pagaron caro semejante atrevimiento, pues la sangre se les heló en las venas al contemplar una legión de sombras, tal lo parecían, las cuales llevando sendas hachas encendidas marchaban procesionalmente repartidas en filas de cada lado de la calle y todas al parecer revestidas de túnicas mas blancas que la nieve; indicio cierto que eran ánimas benditas, que habían salido del purgatorio a hacer penitencia” Teófilo Rodríguez Tradiciones populares. 

 "Serían segundos, acaso minutos, nunca pudo saberlo, al despertarse de pronto con el miedo carcomiéndola por dentro. A través de la ventana, por el patio negro que se prolongaba en la sabana titilante de cocuyos, oyó el coro de voces como murmurando una oración de difuntos: - Padre nuestro que estás en los cielos... Entonaban el rosario interrumpido en un quejido de llanto, que se perdía con la brisa silbante de los pajonales. En ese instante, recordó con terror que el rezo derogativa se lo había ofrecido, esa noche, a las ánimas benditas del Purgatorio" Jose León Tapia. La Música de las Charnelas.

3 de noviembre de 2012

La Llorona de Gorrín, cuento fantasmal del Municipo Camaguán.

A continuación otro de los relatos fantasmales del Profesor Hugo Arana Páez. HARPA Miembro investigador del Centro de Estudios Histórico-Sociales del Llano Venezolano. San Fernando. Estado Apure.

 Contexto Geohistórico 
 La locación de esta ficción, se sitúa en las inmediaciones del Puente Gorrín, un viaducto que se halla en la carretera nacional que comunica a las poblaciones de Camaguán y San Fernando de Apure. El nombre Gorrín se origina del jefe realista, Teniente Coronel, Salvador Gorrín, quien además tenía un hato en ese lugar y quien, procedente de Calabozo venía a reforzar las tropas que comandaba el general realista José María Quero, que defendía la plaza de San Fernando, la cual era asediada por el General José Antonio Páez y quien el 6 de marzo del año 1818, finalmente logra tomarla. 

El sitio a San Fernando y el enfrentamiento de Páez contra el Teniente Coronel Salvador Gorrín. (Año 1818)  lo describe el propio Páez, en su autobiografía: … “Continué estrechando la plaza por el lado del Sur, y con el objeto de cortar sus comunicaciones con la capital y los llanos de Calabozo, dispuse que el comandante Rangel atravesara el río por la boca del Coplé con ochenta hombres de la Guardia y sorprendiera al pueblo del Guayabal, situándose luego en el camino que conduce a Calabozo y Caracas. Allí interceptó una comunicación que Correa dirigía al Teniente Coronel Don Salvador Gorrín, contestándole un oficio fechado en Camaguán, que dista siete leguas de San Fernando, en el cual le participaba que venía con fuerzas suficientes para darle auxilio. Impuesto yo de que Gorrin había salido de Calabozo con quinientos hombres de infantería, trescientos de caballería y quinientos caballos para remontar los ginetes (sic) que tenía a pie en la plaza, me propuse salir a batir a aquella fuerza, pues si entraba en ella daría a los sitiados grandes ventajas sobre mí. A la cabeza de dos escuadrones marché hacia la hacienda del Diamante y después de caminar toda la noche, llegué a dicho punto al amanecer y por allí crucé el río. Dos o tres horas después pasamos también a nado el Apurito y por el camino del Guayabal fui a reunirme con Rangel que me esperaba en el lugar del Palital. En aquel momento estaba empeñada la descubierta de carabineros de éste con la de Gorrín, apresuré la marcha para llegar a tiempo de auxiliar a los míos. Apenas había formado mi fuerza, aumentada con los ochenta hombres de Rangel, cuando Gorrín rompió el fuego. Carguéle yo por el frente y el flanco y logré poner en fuga su caballería y apoderarme de los caballos de remonta que traían (500 bestias)”… 

A principios de la década de los años ochenta del siglo veinte, en pleno invierno y debido a las crecidas del río Portuguesa, sus aguas se desbordaron en el sector Gorrín (entre la población de La Negra y San Fernando), llevándose por delante una porción de la carretera, produciendo una enorme boca (cauce de agua) de aproximadamente doscientos metros. A raíz de ese desastre se formaban en ese tramo interminables colas de vehículos, esperando que alguna improvisada balsa los trasladara de un lado a otro. Este evento, incomunicó a la capital apureña con el centro del país, obligando a que las autoridades construyeran un puente de guerra, que se conocería como Puente Gorrín, que funcionó hasta el año 2009. 

Haciendo antesala a una balsa, estaba yo, donde pude observar que en ese sector había un hermoso caserío llamado Gorrín. El paisaje natural y humano, amén del hecho histórico acaecido allí en la Guerra de Independencia, me inspiraron para crear un cuento fantasmal, al que nombré La Llorona de Gorrín. 

 Dos jóvenes amigos, vecinos de San Fernando decidieron asistir a las fiestas patronales de Camaguán, que se celebran el mes de septiembre de cada año. Muy entusiasmados se marcharon a tierras guariqueñas. Al llegar, se fueron a las riñas de gallos que con tal motivo se efectuaban; luego en la tarde asistieron a los toros coleados donde conquistaron a dos muchachas, las cuales invitaron a la fiesta que esa noche se celebraría en el club de dicha población. Con las damas bebieron cervezas y bailaron todos los ritmos. Al llegar la madrugada, el club fue quedando solo y sin desearlo tuvieron que despedirse de las mujeres. Es decir, como decían los viejos y viejas apureñas, ese día los muchachos gozaron un puyero. Extenuados de tanta juerga y medio borrachos, decidieron regresar a San Fernando. Contentos y hablando más que un perdido cuando aparece, tomaron la carretera nacional rumbo a su lar nativo. El vehículo se desplazaba raudo. Cuando pasaron por La Negra, no respetaron los reductores de velocidad (policías acostados) que se hallan en esa población y así a alta velocidad continuaron el viaje. Finalmente llegaron al puente Gorrín, donde también existen otros reductores de velocidad y donde inesperadamente una gandola que venía en sentido contrario, los encandiló, obligando al conductor a frenar en el puente; fue en ese instante que de la nada salió una hermosa joven, que se les acercó llorando, solicitándoles que la subieran al vehículo, que tenía que llevar a su padre urgentemente a San Fernando. 

Los amigos se extrañaron de tan repentina aparición, el conductor pensó en un momento en subirla al automóvil, pero su acompañante le suplicó que no lo hiciera, que esa mujer era una visión, que no era real, que siguiera, que acelerara. Mientras que por la ventana del chofer, la muchacha llorando insistentemente, suplicaba a éste que la subiera al vehículo. Tal vez, el conductor, atendiendo al pedido del amigo, reanudó velozmente la marcha, sin percatarse que la mujer inesperadamente se había colocado frente al vehículo, impidiendo cualquier maniobra que el conductor pudiera hacer para evitar arrollarla; todo fue inútil. Lamentablemente el asustado chofer se la llevó por delante. De inmediato el parabrisas se tiñó de un espeso carmesí que le impedía continuar viaje. A raíz del impacto el carro dejó de funcionar y ante la imposibilidad de ver, los amigos se bajaron para cerciorarse qué le había ocurrido a la mujer. 

Ambos caminaron alrededor del carro y cosa extraña, no tenía ninguna abolladura, tampoco había ninguna persona atropellada debajo del mismo y lo más sorprendente fue cuando dirigieron la mirada al parabrisas; el cristal permanecía limpiecito como si una extraña mano lo hubiera lavado, es decir, como si nada hubiera ocurrido; a la vez el motor ronroneaba, como si algún extraño chofer de pronto lo hubiera encendido. Allí fue cuando los atemorizados borrachos se subieron al carro y continuaron raudos rumbo a San Fernando. Al fin llegaron a la alcabala que se halla en el cruce de la carretera que conduce a la población de Guayabal, donde hay un puesto de la Guardia Nacional y donde también se hallan varios reductores de velocidad. Ante la presencia de unos guardias nacionales que estaban sentados en unos bancos que se hallaban a la entrada de la caseta, los muchachos se calmaron. 

No habían pasado el ultimo reductor, cuando súbitamente se les apareció nuevamente la extraña mujer, con su lastimoso llantén, suplicando una cola para San Fernando, por supuesto, como los amigos nuevamente se negaban a dársela, la mujer repentinamente se embarcó en el automóvil, de inmediato, los jóvenes presurosamente se apearon del carro, dejando en el mismo a la tenebrosa mujer. Profiriendo horribles alaridos, los muchachos corrieron hacia la caseta donde estaban los guardias. -¡Auxilio! ¡Auxilio! Por favor ayúdennos que en el carro se metió una muerta, véanla, allá está sentada en el asiento de atrás. Los guardias al ver a los muchachos venir hacia ellos dando alaridos, se pusieron de pie, agarrando sus fusiles, por si acaso. Por cierto, cuando los jóvenes llegaron al puesto, los funcionarios pudieron ver a la luz de los bombillos que los dos jóvenes estaban mas blancos que una parcha y nerviosos no dejaban de gritar. 

-¡Vean! ¡Vean! ¡Vayan al carro pa que la miren! Les gritaba uno de los muchachos a los funcionarios. -¡Vayan al carro! Para que vean a una muerta metida en él. 

 Los gritos despertaron al jefe del puesto. Un guardia con muchísimos años de servicio. Éste presuroso se levantó y vistiéndose decía. 
 -¡Que vaina estará pasando! ¿Cuál es el motivo de tanto alboroto? Voy a ver qué vaina está pasando. 

Los muchachos al ver al viejo, se dirigieron a él, para decirle casi gritando.
 -¡Mire la mujer que está allá en el carro! Esa mujer es una muerta que se nos apareció en el Puente Gorrín, pidiéndonos la cola para San Fernando y ahora se nos metió en el carro, véala y óigala como llora. 

Extrañado el viejo, les preguntó a los angustiados muchachos.
  -¿Cuál mujer? ¿Pero dónde está esa mujer? Yo veo el carro solo y prendido, allí no hay nadie. 

Inmediatamente invitó a los jóvenes a que lo acompañaran hasta el vehículo.
 -¡Vean! Les decía a los temblorosos muchachos. -¡Miren que no hay nadie! Lo que ocurre es que ustedes están rascados. 

Ciertamente, en el carro no se veía a nadie, solo se escuchaba el ronroneo del motor. Todos constataron que ciertamente ninguna persona. Ya calmados los ánimos, el viejo guardia, invitó a todos a la caseta, donde muy sosegado les dijo, miren muchachos yo les voy a contar lo que ha ocurrido. 

 -¡No jile! No son ustedes los únicos a los que se les ha aparecido la Llorona de Gorrín. Yo llevo en este puesto más de veinte años y no son ustedes los únicos que han llegado aquí echando el mismo cuento. 

-¿Y qué sabe usted lo que ha pasado? -Preguntó uno de los guardias. 

Ahí fue cuando el viejo, lanzó una sardónica carcajada. -¡Bueno! Vamos a contarles lo que sucede. Hace más de veinte años estando muy joven y recién llegado a este puesto, ocurrió una lamentable tragedia en el Puente Gorrín. Se dice que una muchacha tuvo que salir desesperada de su casa a las tres de la madrugada, a pedir una cola para que llevaran a su anciano padre al hospital de San Fernando y ocurrió que en el carro que iba pasando en ese instante, iban dos borrachos procedentes de las fiestas patronales de Camaguán y no se percataron de la presencia de la mujer en la vía y lamentablemente la arrollaron. Ella quedó triturada bajo las ruedas del automóvil, a la vez que el parabrisas se impregnó de tinta sangre. Mientras el cuerpo de la joven quedó tendido en el pavimento, los irresponsables continuaron su viaje rumbo a la capital apureña, como si nada hubiera ocurrido. Se dice que desde entonces, cuando se celebran las fiestas patronales en Camaguán, se les aparece a los conductores borrachos que se dirigen a San Fernando, una bella joven que llorando desesperadamente les pide la cola. Aquí a este puesto, son muchos que como ustedes han llegado dando gritos; asustados porque se les ha aparecido La Llorona de Gorrín. 

Seguidamente el viejo guardia instruyó a sus subalternos que dejaran a los muchachos arrestados en el puesto, hasta que se les pasara la rasca y que continuarían su viaje por la mañana, para evitar que se les fuera a aparecer La Llorona más adelante. Inmediatamente los asustados viajeros le agradecieron al viejo guardia.

 -¡Encantados de quedarnos arrestados aquí hasta que amanezca! Contentos, los muchachos pasaron el resto de la madrugada sentados en los bancos del puesto, hasta que la aurora anunciara la llegada del nuevo día. Mientras que La Llorona de Gorrín, con su llantén, se quedaría allá, esperando a que otros borrachos, procedentes de las fiestas patronales de Camaguán atinaran a pasar por el lugar.

14 de septiembre de 2012

Los Cuentos Fantasmales Apureños

A continuación les ofrecemos otro  de los temas tratados por el Profesor Hugo Arana Páez, en su escrito APURE: TIERRA DE LEYENDAS, CREENCIAS, FANTASMAS, ENTIERROS,  APARATOS Y CUENTOS. 

EL CUENTO:
 El cuento es un texto narrativo que se caracteriza por ser breve. Su trama es sencilla, los personajes no son descritos detalladamente, sino en forma esquemática. Está estructurado en tres partes: 
  • Inicio: en el que se presentan los personajes y se plantea un problema, 
  • Desarrollo o Nudo: donde la acción llega a su máxima intensidad y 
  • Desenlace: parte en que se resuelve el problema.
 En el cuento fantasmal llanero destacan cuatro venezolanos (un caraqueño, un barinés, un oriental y un apureño): Rómulo Gallegos, Alberto Arvelo Torrealba, Miguel Otero Silva y Antonio José Torrealba. 

RÓMULO GALLEGOS
Florentino, Don Manuel Mirabal y el muerto del rancho a orillas del Cunaviche:
El baquiano le pregunta a Florentino…“¿Conoce a Don Manuel Mirabal?
 -De referencias
 -Entonces ya habrá oído decir que ese viejo no es amigo de conversar zoquetadas, ni de los que se les enfría el guarapo así como asina. Sin embargo, yo le he escuchado este pasaje. Venia él de Cunaviche arriba, en bongo, con la señora y dos de sus hijas y en llegando a una vuelta del río donde se veían unas fundaciones, que eran las de Hato Viejo Payareño, ya abandonao pa´ entonces y que le dijo al patrón que atracara pa´ pernoctar allí. El patrón y que le respondió, que mejor era seguir más alantíco, pero él y que se empeñó en quedarse allí.

Bueno. Desembarcaron, hicieron su comida y cuando oscureció del todo, se acomodaron donde ya habían colgao, que era una casa desocupá y medio en ruinas. Apenas y que estaban pellizcando el sueño cuando y que pegan un leco las muchachas. Corre pa allá don Manuel y ellas le explican que un hombre, alto él, blanco, de barba negra muy cerrá, bien vestido y calzao y con espuelas de plata, les había sacudido el chichorro por las cabuyeras. Don Manuel y que las regañó y les dijo que eso lo habrían soñao porque estando a oscuras no habían podido verlo como lo pintaban y después de haber registrado el cuarto por si acaso, se volvió pa el suyo y se acostó. No había pasado media hora cuando y que fue la señora la que pegó el leco. Vuelta a levantarse don Manuel, vuelta la misma explicación que habían ya dao las muchachas y vuelta a acostarse. Bueno ya estaba cogiendo el sueño cuando y que le tocan a la puerta:

Tun, tun. ¿Quién es?
-Yo, don Manuel, El patrón
-¿Qué se le ofrece? 
 -Decirle que ya estamos listos. 
 -¿Cómo listos? Si le dije que saldríamos de madrugada y no es medianoche siquiera. 
 -¡Guá, Don Manuel ¡ ¿No fue usted mismo a despertarnos para que saliéramos en seguida? 
-¿yo?
 -Usté, don Manuel. Me jamaquió el bongo y me dijo “! Aleee arriba, arriba, patrón, que nos vamos ya! 
Don Manuel Mirabal al oír esto ya no le quedaron ganas de esperar a que amaneciera, sino que allí mismo dispertó a la familia y siguió su viaje, Cunaviche abajo. 
-No era para menos- observó Florentino, aunque sin haberle hallado mayor interés a la conseja y el baquiano concluye:
-Y como ese, muchos otros pasajes de un blanco que y que se aparece por allí cuando llegan forasteros y los hace seguir su marcha sin dejarlos descansá. Y todos dan las mismas señas: un blanco, alto él, de buen plantaje, barba negra cerrá, pero no larga, bien vestío y calzao, con polainas de patente y espuelas de plata”… Cantaclaro, Págs. 16-28 6.2. 

ALBERTO ARVELO TORREALBA
 El Recién Nacido que Comía Carne :
Escribe su hijo, Alberto Arvelo Ramos, quien transcribió el cuento hasta ahora inédito: “Le gustaban la forma, la contundencia oscura, el deleite del miedo. Jamás los contaba de día. Jamás sin la correcta escenografía: un corredor de una casa o casucha -preferiblemente si estaba en ruinas- con coro de hombres y mujeres, puesto las sillas contra la pared, “para proteger las espaldas”. …"Esa vigorosa manifestación del arte popular, que yo sepa, nadie ha intentado recopilarla. Le propuse que hiciésemos una antología de cuentos de muertos. En fin de cuentas, con la enorme memoria de mi padre, ya la investigación estaba hecha. Tenía grabado en su disco duro, como un centenar de cuentos de este género. Negó rotundamente considerar esa “chata antología”. No fue por falta de tiempo. Su gusto era decirlos en voz baja, silbar y ulular, en los momentos justos del escalofrio. Me arrepiento de no haberlos grabado. Este cuento lo garrapateé en una bolsa de papel en la casa de Plinio Musso en Barinas. 

En los tiempos de mi abuelo, al sur del Paguey, había un gran hato, que tenia de longitud como siete leguas. En los tiempos de los trabajos, se iban algunos llaneros con un caporal, a un ranchito deshabitado, casi en ruinas, que queda como a siete horas de distancia de la casa mayor del hato. Allí permanecían algunos días. Una noche, tras un día de mucho trabajo, mala comida y ninguna mujer, les despertó: un ñeee, ñeee, el llanto de un niño recién nacido. Tuvieron escalofríos de miedo. No vivía nadie en muchas leguas a la redonda. ¿Quién podría haber llegado, sigiloso, a traer el niño, sin alborotar los perros? .  A la luz tenue de las lámparas de querosén, encontraron a un niño recién nacido, envuelto en sabanas blancas. De inmediato los llaneros lo metieron al en la choza, lo acostaron en un chinchorro. Y, en grupo, en torno suyo, se pusieron a buscarle parecido. A imaginarse a la madre o al padre. El llanto seguía ininterrumpido, desesperado.
 -Se está muriendo de hambre.
 -Hagamos los preparativos para que esta misma noche alguien se lo lleve hasta donde haya mujeres. -La casa más cercana con mujeres está a seis horas de camino. 
-Se puede morir en el camino........ Hay que ordeñarle alguna vaca, darle algo de leche antes de que se vaya. 
El niño los miro uno a uno. Los ojos suyos comprendían todo. Abrió la boca de par en par, mostró dos filas de colmillos agudos y dijo, en voz baja y nasal: -¿Leche con estos dientes?”…  ARVELO RAMOS, Alberto Entrevista a Alberto Arvelo Torrealba, El Nacional. Papel literario, 16-9- 2006. 6.3. 

ANTONIO JOSÉ TORREALBA
 El Ánima que salvó a Ño Magdaleno 
Este cuento del cunavichero Antonio José Torrealba, está referido a un personaje mítico, que el autor nombró Ño Magdaleno, a quien le suceden cosas extrañas como le ocurre a todo personaje fabuloso. 

A este personaje, siempre lo salva la providencia de los innumerables peligros, al que la bravía llanura constantemente pone a prueba su valor y su malicia. …. “Aquí terminó Ño Magdaleno uno de sus famosos cuentos. Que todos sabemos que son verdad como es cierto también que todas estas aventuras venían contra su vida y en la única vez que estuvo más lejos de la muerte fue en esta vez.

La primera vaina que llevó Ñó Magdaleno, la llevó en el Banco de Jobito el mismo día que Don Bonifacio mató a Juan Montezuma. La batalla empezó en Palmarito y en Jobito se engrosó tanto que Ño Magdaleno recibió un tiro de trabuco en la cara y otro en la espalda y cayó boca abajo en un lado del camino. La batalla cesó; los godos perdieron y cuando salieron a recorrer el campo, los federales que iban pasando por el camino, por donde estaban los cadáveres, le pegaban un lanzazo, cuando llegaron donde estaba Ño Magdaleno cada uno lo fue hiriendo para ver si estaba muerto, sí estaba en ese momento porque no se movía nada, todo el que pasaba lo hería con la lanza y así hasta que pasó el último. Cerró la noche volvió a la vida, pero tenía la cara hinchada y los ojos completamente hinchados por el Sol y el tiro. 

Él refiere lo siguiente: Cuando volví en mí me habló una voz femenina y me dijo, toma la punta de esta varita, quiero llevarte a lugar de salvamento, ponerte en lugar seguro, tu eres muy bueno con nosotras y quiero serte útil por esta vez. No le quiso decir su nombre, dice que a pesar de haber botado tanta sangre por las cincuenta y tres heridas de lanza, sin contar los dos trabucazos recibidos en la cara y en la espalda, se sentía fuerte y con ánimo para caminar, aquella noche, así no estaba tan herido, recorrió una distancia de tres leguas, en el camino dice que le dio agua porque la sed lo mataba, no supo por donde fue que lo trajo porque el camino real no tiene laguna en su trayecto; él dice que ni en lo que le dio agua le pudo tocar ningún dedo, le dio de beber en unas ollitas de mono, después sintió que desviaron el camino un poco, siguieron al lado derecho, no anduvieron muy lejos sin encontrar una cerca de alambre; la mujer le dijo hasta aquí te traigo Magdaleno, no te sueltes de esta empalizada porque puedes perderte, no tardarán en venirte a buscar. Yo le aclaré que me acabara de hacer el servicio de llevarme al poblado pero no lo conseguí, me dijo que la era prohibido pasar por el pueblo , era un ser inexistente y no podía pasar más adelante, aquella empalizada era la del cementerio y allí estaba su casa que ella había hecho aquello porque él era devoto de las ánimas y de la cruz, que no tuviera miedo porque nada le pasaria; terminó diciéndole que ella era el ánima de un cadáver que él había recogido en estado de putrefacción de una mujer ahogada. Y que había hecho todos los gastos hasta darle cristiana sepultura, por eso y tantas cosas se le había dado permiso para venirlo a ayudar en aquel trance que tanto lo necesitaba. La mujer se despidió para siempre, al cabo de una hora vino al cementerio un entierro acompañado de mucha gente y todos eran amigos de él. Magdaleno fue recogido, lo llevaron a su casa donde fue curado, en las heridas de la cara tenía gusanos pero todavía muy pequeños. Las heridas las tenía de las corvas para arriba; si vamos a decir verdad, debemos decir que las heridas de la espalada, las más profundas eran las de las nalgas, así fue que en menor tiempo del que él necesitaba para curarse lo puso bueno Don Dámaso Estanca. Torrealba Antonio José Diario de un llanero, Cuaderno 11, Tomo 1, Pág. 187.