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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

11 de diciembre de 2013

Apure: Evolución Histórica y Socio Cultural (4) Sociedad Ganadera - Comercial -Argénis Méndez Echenique

Continuamos relatando los hechos históricos y sociales que nos llevan al Apure de hoy. 
En las entradas anteriores, el autor y cronista de San Fernando de Apure, Argenis Méndez Echenique, nos ha paseado por la época prehispánica, la sociedad llanera colonial y la tradicional. Nos ha contado sobre las repercusiones en territorio apureño por la Colonia y el poblamiento de las tierras infinitas del estado Apure; también nos ha contado sobre la participación del llanero en las guerras que azotaron las tierras apureñas por décadas, y con todo ello ha estado perfilando o delineando el apureño de hoy. 

En esta cuarta etapa del análisis, nos referiremos a la forma como se fue desarrollando la sociedad ganadera, actividad por excelencia del estado Apure.

Tal como hemos plasmado en las entradas anteriores, hemos tomado fragmentos del escrito original, tratando de mantener el sentido del mismo y sólo nos permitiremos hacer unos breves comentarios para enlazar los párrafos. Recordamos a los lectores, que podemos enviarles el análisis completo del prof Méndez, si están interesados en conocerlo en su totalidad. 

 IV- SOCIEDAD LLANERA GANADERO - COMERCIAL (1890 - 1960).

Para este período ( 1890-1960), en general mejoraron las condiciones económicas del Estado, fortaleciéndose el comercio mediante exportación de productos llaneros por la vía fluvial. San Fernando de Apure se nos muestra principalmente en las primeras décadas del siglo XX, como  un importante puerto comercial que a través del río Apure se comunica con el Orinoco, Las Antillas y Europa, generándo empleo a la gente humilde del pueblo como marineros, carpinteros, calafateros, caleteros y leñadores (cuando se inicia la navegación a vapor), más sin embargo la incidencia social en todo este auge, es mínima: “El pueblo sigue palúdico y hambriento”.

“Una valiosa opinión respecto a las excelentes perspectivas de desarrollo regional la emite el General Cipriano Castro, cuando, en gira presidencial por el país, visita a San Fernando de Apure (Laya, 1979: 382-383): “Esta es la tierra de la verdadera libertad y del porvenir de Venezuela la grande. San Fernando está llamado por su posición topográfica, su riqueza y cultura social bien entendida, a ser en lo porvenir una ciudad de las más importantes de la República. Sus destinos serán muy grandes (…). San Fernando es, en mi concepto, un gran corazón por cuyas arterias fluviales se comunica directamente con todo el universo…” (Telegrama enviado desde San Fernando por el General Castro al General Juan Vicente Gómez, Vice-Presidente de la República, en fecha 25 de Abril de 1905). 

Ya en el año 1800 Humboldt (1985: III, 274 - 275) lo señalaba: “La posición de San Fernando sobre un gran río navegable, cerca de la boca de otro que atraviesa la provincia entera de Barinas, es harto ventajosa para el comercio. Todos los productos de esa provincia, cueros, cacao, algodón y añil del Mijagual que es de primera calidad, refluyen por esta ciudad hacia las bocas del Orinoco. En la estación de las lluvias remontan grandes navíos desde Angostura hasta San Fernando de Apure, y por el río Santo Domingo hasta Torunos, puerto de la ciudad de Barinas. En esa misma época, las inundaciones de los ríos, que forman un dédalo de brazos entre el Apure, el Arauca, el Capanaparo y el Sinaruco cubren una región de cerca de 700 leguas cuadradas”. 

Esta actividad comercial es aupada desde las grandes metrópolis del capitalismo internacional, que se nutre con las materias primas de países con economías depauperadas como el nuestro, que cada día se hacen más dependientes. En San Fernando se instalan casas comerciales exportadoras e importadoras de mercancías que tienen sus casas matrices en Londres, París, Roma, Frankfurt o Nueva York; así sucede con empresas como las de Barbarito, Bezara, Codazzi, Dalla - Costa, Fernández, Hernández, Jaua, Ligerón, Lleras Codazzi, Papaterra, Perruolo, Pulido, Rodríguez, entre otras. Son los tiempos de la oficialización del canto “Vuelvan Caras”, de Amadeo Garbi (letra) y César Ramírez Gómez (música), como Himno del Estado Apure (1913). 

Rafael Bolívar Coronado presenta en Caracas (1914) su zarzuela “Alma Llanera”, ambientada en los llanos apureños, logrando un éxito inesperado por su autor y que con el correr de los años la canción insertada en la misma se convertirá en el Himno Popular de Venezuela. 

El auge comercial es tal que algunas casas optan por utilizar “fichas”, para pagarle a sus empleados y relacionados, intentando controlar la economía regional; ejemplo representativo de ello es la ficha utilizada por la Casa Fernández, del tamaño de una moneda de un bolívar (Bs 1), grabada en el anverso una figura de “caletero, con dos sacos sobre la cabeza. 

Es la época en que comienzan a llegar a Apure muchas familias de origen extranjero: colombianos, españoles, italianos, franceses, alemanes, árabes y chinos, estableciendo honorables hogares. El progreso intelectual también se manifiesta en Apure y trae la imprenta y con ella las encendidas polémicas a través de la prensa local (los agitadores de la década del cuarenta, siglo XIX, como Manuel María Betancourt, Rafael Agostini y Juan Esté, que enviaban sus escritos a Caracas, Valencia, Ciudad Bolívar y Cumaná, quienes posteriormente son acompañados y reemplazados en el propio terruño por personalidades como Daniel Mendoza, Manuel María Mendible, Diego Eugenio Chacón Arévalo, Víctor Segovia Peña, Juan Félix Carstens, Pablo María Echenique, Cástor C. Rodríguez, Agustín Lleras Codazzi, y otros que aparecen y desaparecen sin dejar huella perenne. 

Un analista de la llaneridad apureña expresa una opinión que refleja con gran objetividad la actividad intelectual regional: “en el caso llanero la intelectualidad se combina con lo ideal, con la sublimidad, con el amor del hombre hacia su terruño, hacia las cosas de su ambiente natural, hacia sus faenas cotidianas, hacia las circunstancias alegres o trágicas que le depara la vida en su tránsito por el Llano, hacia el amor de la mujer de sus sueños, etc.” (Méndez Echenique, 2000: 14). 

 El primer periódico aparece en 1854, “El Apureño”, pero los que van a perpetuar su nombre van ser “El Araucano” (1880-1890) y “Letras”(1913 - 1936). Es el tiempo de las veladas literarias y artísticas, con representaciones teatrales, juegos florales, zarzuelas, que le daban lustre a la vida cultural de San Fernando: A principios del siglo XX no era extraño encontrar allí a Abelardo Gorrochotegui, Leonte Olivo, Diego Córdova, Diego Eugenio Chacón, Juan Vicente Torres del Valle, José Lorenzo Muñoz, José de la Paz Suárez, Miguel Ángel Granados, Agustín y Luis Lleras Codazzi, Amadeo Garbi, José Manuel Sánchez Osto, entre otros. El poeta Andrés Eloy Blanco bautiza en San Fernando de Apure, la noche de Navidad de 1921, su primer poemario: Tierras que me oyeron, donde inserta su famoso “Canto al Apure”. 

 El 19 de Diciembre de 1913 es oficializado, mediante Decreto del Consejero de Gobierno Juan Bautista Esté, el canto “Vuelvan Caras”, escrito por Don Amadeo Garbi y musicalizado por Don César Ramírez Gómez, que había sido previamente seleccionado en concurso abierto en 1910, y cuya letra es la siguiente: 

 Coro 
“¡Vuelvan Caras!... Al grito potente 
El poder colonial sucumbió!. 
Y en las extensas pampas de Apure 
Se oye el eco vibrar de esta voz.

 I 
Como el águila cruza el espacio 
 Sin que nadie detenga su vuelo, 
 Cruza libre el llanero este suelo 
Que su lanza y valor libertó, 
 Y si ayer a la voz de Bolívar 
Respondieron los bravos centauros, 
Ceñiremos de nuevo más lauros 
 Si se alzare un tirano ante nos. 

 II 
Son los timbres de gloria 
Que ostentamos en nuestras banderas, 
Mucuritas, Yagual, Las Queseras! 
Y otros campos de fama inmortal! 
 Y a los nobles y heroicos varones
 Que de Apure ilustraron la historia, 
Venerando su augusta memoria, 
 Batiremos la palma triunfal!. 

III 
Y hoy unidos con nuestros hermanos 
De Orinoco a la cima del Ande, 
A la paz que sus frutos expande, 
 Sostendrá nuestro altivo valor; 
 Y teniendo por norma las leyes, 
 Escudados en nuestros derechos, 
 Latirán de contento los pechos 
A los nombres de Patria y Honor. 


Son los tiempos del auge y caída de la explotación y comercialización de la pluma de garza, que se reflejó directamente en la economía regional apureña. Una canción popular llanera refleja la dramática situación de estas aves (Maurno, 1993: 61):

Llegan de Europa ciertas noticias, 
que buenos precios van a regir
 por las plumas de las garcitas 
que por millones van a morir. 
Garcitas blancas de la llanura 
 a otras regiones tienen que huir 
para salvarse de los matones, 
de aquellos hombres sin corazones 
 que nuestra especie van a extinguir. 
Esta masacre de muchos años 
que ni el Gobierno pudo prohibir 
y unos ganaron y otros perdieron 
y más que todo nuestro país” 

Adelina Rodríguez Mirabal (1994) analiza los últimos tiempos del auge económico: 
 “La actividad que había comenzado con el impacto de la moda en los salones europeos comienza su declive, fundamentalmente, por la austeridad característica del período de post-guerra. Al reducir el uso de plumas de adorno la cotización bajó considerablemente y la pluma como rubro significativo de importación progresivamente fue declinando con la misma efervescencia que caracterizó sus orígenes. El capricho de la moda europea, que había engendrado “el gran auge de las plumas en la década de 1890 fue también responsable de su desplome […] cuando al estallar la Primera Guerra Mundial, el traje femenino adoptó una nota de sobriedad: los materiales son más sencillos, las faldas más cortas y se descartan los grandes sombreros, reduciendo el uso de plumas a una sola”.

En consecuencia, la caída de los precios de la pluma y la acción de las sociedades protectoras de animales favorecieron el cierre de un significativo ciclo de la historia comercial de Venezuela: “El Ciclo de las Plumas de Garzas”. 

Esta situación económica tan crítica la retrata también otro historiador regional, planteando que “…el número de establecimientos comerciales disminuyeron en forma considerable como efecto de ella, puesto que fueron muchos los negocios que se vieron en necesidad de cerrar sus puertas en virtud de la crítica situación en que se encontraban, sobre todo los que giraban con poco capital y mantenían créditos con sus clientes” (Paredes, 1988: 142). 

En un estudio que presentó el cronista Argenis Méndez Echenique como ponencia en 1997 (sobre la presunta formación de una élite socioeconómica en San Fernando de Apure), ante el Primer Congreso de Ciencia y Tecnología del Estado Apure, retrata la realidad regional durante esta etapa, que se caracterizó por: 

1º- Una economía agropecuaria, latifundista y desarticulada.
2º-Los productos básicos eran derivados de la explotación pecuaria: cueros, queso, sebo, tasajo y la llamada “carne de monte” (cacería de animales silvestres). 
3º- La tenencia de la tierra bajo el sistema latifundista le daba una gran rigidez a la estructura socioeconómica regional: había escasa movilidad social.
 4º- El aumento de los ingresos no está inducido por una modernización del sistema productivo, sino por una mayor demanda del mercado mundial que tiene carácter coyuntural: la moda parisina que demanda la utilización de la pluma de garza en los atuendos femeninos y militares. 
5º- La economía regional estaba sometida a los vaivenes de la demanda internacional (Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, principalmente). 
6º- Penuria fiscal crónica: deficitarios ingresos, deudas agobiantes, etc. 
7º- Burocracia ineficaz y corrompida (causada por el crónico atraso de los sueldos, entre otras razones). 
8º- La política de obras públicas, adelantada durante la administración de Raimundo Fonseca (período guzmancista) no respondía a una motivación de índole económico, ya que estuvo dirigida al saneamiento y embellecimiento de la ciudad de San Fernando de Apure: el Palacio de Gobierno, la Iglesia Parroquial, el Templo Masónico, las Plazas Bolívar y Libertad, el Cementerio de Jobalito, el Hospital de Caridad. 
9º- En cuanto a la acción del sector privado: las obras, aún cuando figuraban en la prensa como construidas exclusivamente por el gobierno, se llevaron a cabo con fuertes aportes económicos de particulares: el Ejecutivo del Estado elaboraba una lista de contribuyentes y se le fijaba a cada uno la cantidad que debía donar. Ninguno se negaba por temor a ser encarcelado, cuando menos, pues hasta se exponía a perder la vida. Este sistema de contribución fue heredado luego por los representantes del gomecismo.

Es a partir de la cuarta década del siglo XX, ya muerto Juan Vicente Gómez, cuando se observa un cambio en la actividad regional, consecuencia del derrumbe financiero de la bolsa de Nueva York en 1929 y que afectó de inmediato a todos los mercados internacionales, pero que en Apure se reflejó tardíamente: el ganado, principal fuente de ingresos, baja violentamente de precio, las grandes casas comerciales comienzan a cerrar sus puertas, desaparecen las pequeñas industrias por falta de insumos, dejan de venir con regularidad los vapores desde Ciudad Bolívar y las Antillas. Todo es desolación. La economía se contrae de tal manera que se vuelve casi de subsistencia. Y se produce el aislamiento cultural de Apure con respecto al quehacer nacional. 

Sin embargo, el llanero “canta y se lamenta”, pero no desmaya en sus actividades de sobrevivencia, e incluso, inicia la ocupación de las zonas ubicadas al sur del séptimo paralelo: el Capanaparo, el Sinaruco y el Meta, son ocupados, aún pasando, muchas veces, por encima de las cenizas de las chozas y cadáveres de sus ancestrales habitantes; lo que viene a agregar un elemento bastante inhumano y negativo en el desarrollo de nuestra sociedad apureña: los cazadores de indios. Todavía, en pleno siglo XXI, se oyen las historias sobre las excursiones a “guajibiar”, practicadas por ganaderos criollos invasores de esas apartadas regiones del Estado.

Al iniciarse la quinta década del siglo XX se produce un movimiento positivo para la deprimida economía pecuaria de Apure, cuando el Banco Agrícola y Pecuario, a través de una empresa ganadera (la GANACO), establece un acuerdo con algunos hateros apureños para comprarles, en sus propios predios, la carne de sus reses y distribuirla en los mercados caraqueños. 

El Doctor Hugo Estrada Ripari, experto apureño en zootecnia, informa que para esa época se construyeron catorce (14) salas de matanzas en varios hatos de Apure, con sus respectivas pistas de aterrizaje, porque la carne era transportada diariamente por vía aérea, hasta el Aeropuerto de La Carlota, inicialmente, y luego, por congestionamiento de este terminal, se estableció como punto de llegada el Aeropuerto de Maiquetía: 
1º- Matadero de “El Fuentero”, propiedad de los hermanos Fuentes Gilly, en Elorza.
 2º- Matadero de “La Arenosa”, cercano a La Estacada, de los Hermanos Hernández Vásquez. 
3º- Matadero de “La Victoria”, en jurisdicción de Mantecal, propiedad de los Hernández Vásquez. 
4º- Matadero de “El Progreso” (antiguo Hato “Jumito”), de un señor de apellido González Ortiz, en jurisdicción de Guachara. 
 5º- Matadero de “Coco de Mono”, de José “Pepe” Rodríguez, en Guachara. 
6º- Matadero de “San Leonardo”, de Diego Heredia, en jurisdicción de Guachara. 
7º- Matadero de “Buenos Aires”, de José Ángel Hurtado, en Guachara. 
 8º- Matadero de la “Fundación Layera”, de los Hernández Vásquez, en Guachara. 
9º- Matadero de “La Gloria”, en El Yagual, de José Garbi Sánchez. 
10º- Matadero de “El Piñal”, de Carlos Chávez, en El Yagual. 
11º- Matadero de “Santa Rita”, de los hermanos Bezara Angulo, en Achaguas. 
12º- Matadero de “Santa Elena”, de Gilmer Urdaneta, en Cunaviche. 
13º- Matadero de “Santa Rita de Cunaviche”, de Esteban Vivas, en Cunaviche. 
14º- Matadero de “Los Cañitos”, en el Hato La Candelaria, en jurisdicción de Cunaviche. 

 De esta forma se incentivó la distribución del principal producto de Apure. En la siguiente entrada hablaremos del período siguiente, también enfocado desde el punto de vista de la ganadería como principal actividad económica del estado. 

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8 de diciembre de 2013

El Baúl, La Cuna de los Arpistas de Venezuela

Cruzando por Venezuela,
me topé con las bauleñas,
perfumadas y trigüeñas,
como la flor de canela.
Me pasé la noche en vela,
contemplando las estrellas,
y al compararlas con ellas,
de inmediato comprendí
que las muchachas de aquí
son más puras y más bellas.
Germán Fleitas Beroes*

 "La misión de El Baúl lleva su nombre por la región en que se halla, rodeada de ríos por todas partes: el río Tinaco, el río Pao, el río Cojedes y el Portuguesa, a causa de lo cual formando un largo cuadrado, se asemeja a un baúl". Karl Ferdinand Appun

El Baúl como otros tantos pueblos de los ayeres del llano, fue un punto de relevancia del estado Cojedes  que gozó de mucha prosperidad y  servía de enlace comercial con otros pueblos importantes. El comercio se practicaba por los ríos Portuguesa, Cojedes, Apure y Orinoco y enlazaba a Ciudad Bolívar, San Fernando, Puerto Nutrias y el Baúl. 

Las principales casas comerciales del país tenían sucursales en El Baúl, pues constantemente llegaban por los ríos antes mencionados productos europeos y desde allí salían al exterior los del llano como reses, queso, cuero, etc . 

Este comercio se daba también con otros pueblos o ciudades como Tinaco, Valencia, Puerto Cabello, San Carlos, Acarigua, entre otros.  En tiempos de verano, el traslado de mercancía se hacía por tierra con animales de carga.  El ganado y cochinos se llevaban arreados o en camiones que llegaban a la zona.

Contamos con los recuerdos del Sr Carlos Loreto Toscano, quien en su juventud tripulaba un bongo que hacía la ruta El Baúl - San Fernando:

Los encargados de arrear el ganado a pié llevaban de bastimento la carne salada de una res y un bulto de casabe ( 30 tortas). En aquellos tiempos llevar el ganado a San Fernando,  requería de 18 días en verano y 15 o 16 días en invierno, porque se podía cortar camino navegando por la sabana. 
 La ruta por río a San Fernando, cubría los siguientes puntos: El Baúl, Zanja de Lira, Guadarrama, El Socorro, Hacienda Santo Domingo, la Boca de Roque, la Unión, Camaguán y de allí se bajaba por las Bocas de Guariapo, donde se unen los ríos Portuguesa y Apure y de allí a Puerto Miranda y San Fernando. 
Los bongos en los que se hacían esas travesías eran de caoba o cedro y medían hasta 30 mts de largo y una “vara” de ancho. El borde del bongo le llegaba a la cintura a una persona que estuviera dentro. Estas embarcaciones conducidas por una tripulación de 3 marineros y un patrón . 
Cuenta también el Sr Loreto que con frecuencia, viajaban juntos varios bongos, formando una especie de comparsa que estaba constituida por cinco o seis bongos. En los tres días que permanecían en San Fernando, compraban sal en grano, café, ajo en ristra, panela, cerveza, refrescos y otros víveres y regresaban a El Baúl con la embarcación pesada, lo cual, aguas arriba, obligaba a que navegara “orillada” para prevenir volcamientos por el oleaje. Llegando al pueblo se anunciaban con un repique o zapateo y el sonido de la guarura.....   Tomado de Camino al Orinoco Apure, Artículo: Bonguero de Tiempos Idos, Manuel Abrizo

Los registros históricos de El Baúl, sitúan su fundación el el 1º de mayo 1744 por el Padre Capuchino Fray Pedro José de Villanueva, con el nombre "San Miguel Arcángel de la Boca del río Tinaco", alias El Baúl.

La Fundación se llevó a cabo con un grupo de 150 indígenas de las etnias guaiquires, mapoyes, guamos y tamanacos. La población del pueblo fue creciendo con los años pero se mantuvo predominantemente indígena, sin embargo ya para 1776, en los alrededores del mismo, se establecieron 60 familias de blancos, negros y pardos que desarrollaban actividades de labranza y ganadería. 

Para 1781, según los registros de Mariano Martí, el pueblo contaba con una iglesia en el cerro Morrocoy y el pueblo tenía dos sectores donde habitaban por separado los españoles y los indios. Para ese año El Baúl tenía 538 habitantes: 168 indios, 201 blancos, 51 mulatos, 112 negros libres y 6 esclavos. Según testimonia Martí, el pueblo originalmente había sido fundado en otro lugar, ubicado río Tinaco arriba, como a un cuarto de legua (1 Km), en la margen izquierda del río, terrenos de la familia Tovar. Luego fue trasladado al lugar donde hoy se encuentra, y esta  familia ayudó a construir la iglesia. 

La geografía de El Baúl  tambien tiene sus particularidades, está  ubicado en el Municipio Girardot del  Estado Cojedes, en las cercanías de las galeras de El Baúl, conformadas por un conjunto de elevaciones naturales de no más de 400 m de altitud,  pertenecientes al período paleozoico y que se caracterizan por ser de tipo granítico (Carbonífero a Pérmico) . En su mayoría están compuestas por rocas ígneas y metamórficas.

El Baúl en la Historia:  El Baúl se mantuvo fiel a la corona durante los años de la Independencia y no fue mayormente afectado por la guerra. Sin embargo presenció, para 1846 el alzamiento de  "Las Empalizadas", a orillas del río Portuguesa, que fue controlado por las fuerzas gubernamentales al mando de José Laurencio Silva. 
 Durante la Guerra Federal las calles de El Baúl fueron escenario de varios combates; uno de los más célebres ocurrió el 7 de octubre de 1859, cuando tropas del gobierno atacaron las de las fuerzas federales acantonadas en el pueblo, 500 contra 300 respectivamente, siendo la desventaja numérica de los federales la que marcó su derrota, con una cuenta de aproximadamente la mitad de las tropas fallecidas. Durante la misma guerra, se dieron otros sucesos similares en esas tierras con victorias de uno y otro lado. 



 El Comercio en El Baúl: Como ya se mencionó, este pueblo tuvo una época floreciente donde era un punto importantísimo para el comercio fluvial y terrestre. Existen registros que indican que entre febrero y octubre de 1844, 543 embarcaciones entraron al puerto fluvial de El Baúl. 
Este movimiento trajo consigo mejoras en las condiciones de vida muchas personas que ejercían trabajos relacionados con comercios, trabajadores, campesinos y ganaderos. 
En 1856, llegaron los primeros vapores por el río Cojedes, iniciada con la llegada a El Baúl del vapor Meta, el 20 de septiembre de ese año, procedente de Ciudad Bolívar ; una nave de 44 metros de largo por 14 de ancho, capitaneada por Juan Hammer. Llegada la embarcación a El Baúl, paseó 200 personas durante un viaje de aproximadamente 6 horas. Al regreso se realizó una fiesta a bordo y al día siguiente regresó a su puerto de origen, iniciándose así el comercio entre las dos ciudades a través de dicha embarcación.
 Todo este esplendor trajo nuevos habitantes al pueblo que en su mayoría establecieron comercios y se quedaron. 

Para1849, el científico alemán Karl Ferdinand Appun, discípulo de Humbolt, llegó a El Baúl y escribió una descripción interesante de la cual trascribimos unos fragmentos: 

“El pueblo en que me hallaba consistía en muchas casas que eran pulperías en su mayoría y presentaban un aspecto muy agradable por la pintura blanca de las paredes de adobe y por sus rojos techos de tejas. Delante de ellas una gran plaza abierta, sombreada en parte por un gigantesco tamarindo, se extendía hasta el río, en cuya ribera, allí plana, se hallaba una multitud de bongos, barcas, curiaras o como se llamen los botes de menor tamaño. Detrás de las casas se levantaban desnudas colinas cubiertas solo de vez en cuando por matas aisladas. De una de esas colinas bajaba saltando alegremente por su lecho rocoso un bello arroyo claro, para saludar de prisa, con graciosos murmullo, el tamarindo colosal, y luego afluir velozmente al río. Las riberas rocosas del arroyo, desde la cumbre de la colina hasta su pie, ofrecían a mis ojos un extraño espectáculo: en fila continua se encontraban allí viejas y jóvenes lavanderas, vestidas de blanco,

...con la falda recogida en alto. ... Bajo el tamarindo había muchísimo movimiento: vendedores de carne fresca o seca, de chigüire y pescado, de frutas, de casabe y maíz exponían allí sus mercancías que en parte colgaban y en parte yacían sobre esteras en el suelo. Algunos arrieros, entre ellos el mío, esperaban con sus bestias descargadas, la barca de la orilla opuesta, a la sombra del tamarindo a fin de llevar a la misión las cargas, amontonadas en el suelo; vendedores de vajilla, loros vivos, monos y pollos se encontraban allí con el mismo propósito: todo

ofrecía pues el espectáculo de un vivo mercado. Con sus trajes pintorescos, llaneros y ganaderos, hateros y peones, los caballos o mulas atadas a las rejas de las pulperías, se hallaban en su interior tomando guarapo y ron, sus bebidas favoritas. Cuando entramos todos nosotros a la barca larga y ancha para pasar a la otra orilla, esta se hallaba lista y sobrecargada de pasajeros. Mis compañeros de pasaje eran un gran número de aquellas lavanderas ocupadas en la colina, que regresaban a la misión con su ropa... Había entre ellas muchachas trigueñas muy lindas y desarrolladas, que me hicieron formar el mejor juicio sobre las bellezas femeninas de El Baúl. Las bestias de carga, así como la mula del arriero, tuvieron que nadar a la otra ribera, lo que en realidad era un riesgo, ya que había muchos caimanes en el río; pero como se atravesó este ininterrumpida y ruidosamente, estando los botes llenos de gente y el ganado se hallaba nadando, no era de temerse un ataque de aquellos reptiles a las bestias. También aquí, en el desembarcadero de la ribera derecha, había mucho movimiento y pronto fuimos rodeados por una gran cantidad de gente trigueña. La casa a la que "el Sabio" (baquiano) me condujo se hallaba al principio de una calle muy ancha y larga, no lejos de la orilla. Tenía una notable longitud, aunque era solamente de un piso, como los otros edificios... Detrás de la casa había una plaza grande y libre, rodeada por algunos edificios pertenecientes a la dueña.... En el centro de la plaza se levantaba un gran cocotero de 80 pies de altura, en el mejor desarrollo y recargado de frutas, un fenómeno rarísimo en esta región. Fue este el lugar mas lejano de la costa, en el interior de Sudamérica tropical, donde viera un cocotero. 
En la comida fui sorprendido por muchos platos exquisitamente preparados, acompañados de varias delicadezas europeas: sardinas, ciruelas pasas, frutas conservadas en vinagre, olivas, etc, y finalmente un excelente dulce de guayaba. No faltaban ni el vino ni la champaña y lucían en la mesa sardinas "a l´huile", langosta, "clams" (almeja de carne comestible), queso holandés, salchichas envueltas en papel de estaño, etc. 
El comercio del pueblo es activo, tanto con San Fernando de Apure como con la costa, llevando con esta el intercambio de ganado, queso, pescado seco y chigüire. Especialmente en tiempo de Cuaresma, grandes cantidades de estos dos últimos artículos son enviados a todas partes del país, pues al venezolano le está permitido comer como plato de ayuno la carne de chigüire. 
 Abrazado por ambos lados por el río, que exactamente aquí se vuelve resueltamente desde el Oeste hacia el Sur, el pueblo, situado en una considerable colina, se extiende a través de una serie de pintorescos ranchos y edificios a lo largo del río. Por último, el sabio alemán señala: "La misión de El Baúl lleva su nombre por la región en que se halla, rodeada de ríos por todas partes: el río Tinaco, el río Pao, el río Cojedes y el Portuguesa, a causa de lo cual formando un largo cuadrado, se asemeja a un baúl". 
Situado en la confluencia de los ríos Tinaco y Cojedes, el pueblo es de notable tamaño y consiste principalmente en dos largas calles anchas y rectas, donde se encuentran las blancas casas al estilo rústico venezolano, gran parte de las cuales son pulperías."

El Paludismo en El Baúl: Las plagas y epidemias también azotaron a El Baúl, su población fue víctima de la epidemia de cólera de 1854. El paludismo fue inmisericorde con las gentes de este pueblo, comparándose este territorio con la triste historia de Ortiz y Parapara. Se había hecho sentir desde 1870 y se fue agudizando con los años diezmando notablemente la población. Al respecto Pablo Perales Frigols señala: "En veinte años la población quedó reducida a menos de la tercera parte, lo cual quiere decir que de cada tres personas subsistía una, apenas". La población del Distrito Girardot en 1920 contaba con 9.163 habitantes, en 1926 disminuyó a 6.376, en 1936, bajó a 2.808, en 1941 llegó a 2.954, y en 1950 subió a 3.130 habitantes. 

El paludismo penetró en Cojedes precisamente por la vía de El Baúl, y allí hizo verdaderos estragos, desapareciendo caseríos y poblaciones enteras, quedando únicamente el nombre del centro poblado. Otras enfermedades que también ocasionaron mucho decesos fueron la pulmonía, disentería, tuberculosis, tifoidea, sífilis, corazón, etc .

El Baúl es también llamado “La cuna de los arpistas de Venezuela”. Entre esos grandes arpistas que le merecieron el nombre al pueblo están Cándido Herrera, Amado Lovera, Silvio Cancines, Inés Carrillo,  Lionzo Vera, Prisco Sulbarán, El Indio Zapata. Entre los poetas destaca Ramón Villegas Izquiel, de quien haremos una breve reseña en otra entrada.
Documentaremos esta entrada con imágenes de nuestro amigo y colaborador Antonio González Fernández, cuya querencia está ligada a tierras cojedeñas y portugueseñas.
Macizo rocoso de El Baúl. Foto: Antonio González Fernández

Lomas y Calcetas de Mataclara, El Baúl. Antonio González Fernández

Palmares del Igüez, al sur de El Baul. Imagen Antonio González Fernández

Llanuras de El Baúl desde la cueva del Ermitaño.Foto: Antonio González Fernández

Cueva del Ermitaño, El Baúl . Foto: Antonio González Fernández

Y como no puede faltar la nota musical, les colocamos las siguientes canciones llenas de emoción por El Baúl:

 FIESTA COJEDEÑA
                                                                     Autor : Lionso Vera 
Intérprete: Reynaldo Armas
                                                            
Me invitaron pa' una fiesta
en la tierra cojedeña
con muchachas a granel
música criolla y ternera
tarde de toros coleados
con retreta y bailadera
me cuentan que Inés Carrillo
y Silvio Cancines
llevarán su muchacheras
que de media noche pa'l día
todito el Baúl
será purita candela

Purita candela
el Baúl es un pueblito
de gente buena y sincera
arraigado a sus costumbres
un pedazo de leyenda
es un surco de esperanza
de futuro una cantera
riachuelo de aguas tranquilas
donde se ahogan las penas
donde el llanero se inspira
en noche de luna llena
un lucero en el camino
que va alumbrando la huella
el caminante sin rumbo
que abrió la primera senda
pa' que los demás llaneros
caminen y no se pierdan

Sabanas ríos y esteros
ríos y esteros
refugio de mil estrellas
vámonos para el Baúl
paisano mío
las fiestas están bien buenas

!! Nos vemos en el Baúl !!
este año y todos los años

Yo me voy para el Baúl
aunque mi negra no quiera
claro como va a querer
sabiendo lo que me espera
de bastimento me llevo
un cuatro y una botella
un gallo y unas barajas
un par de dados
y unas alpargatas nuevas
mi cinta de Pedro Infante
de José Alfredo
y unas cuantas Montoyeras

Hay quién me viera
zapateando bien sabroso
al son de las treinta cuerdas
con el arpa legendaria
del Gran Amado Lovera
bauleño de pura cepa
igual que Cándido Herrera
arpa de oro de los llanos
orgullo de Venezuela
quiero escuchar un pasaje
en la voz de Leoncio Vera
tardecitas del Baúl
o la mujer tiriteña
que vengan desde San Carlos
del Tinaco y de las Vegas
Y Don Eladio Tarife
con su gente Arismendeña

El Baúl es un pueblito
que está escondido
en las pampas cojedeñas
vamonos para el Baúl
paisano mío
las fiestas están bien buenas
  
TARDES DE EL BAÚL

 Rogelio Arvelo, Silvio Cancines 
y Ramón Díaz
Intérprete: El Carrao de Palmarito

Sobre la inmensa llanura
A orillas del río Cojedes
(bis)
Está mi pueblo querido
Cuna de lindas mujeres
(bis)

Cuando el sol muere en ocaso
del viento por las palmeras
(bis)
 Baila mi amigo Gallardo
Al pié de su arpa llanera
(bis)

Llegué una tarde al Baúl
Me puse a mirarlo lejos
 (bis)
Me palpitó el corazón
Recordando tiempos viejos.
(bis)

Las tardes en nuestro pueblo
 Cuando la aurora es risueña
(bis)
Salen a pasear sonrientes
Aquellas lindas bauleñas
(bis) 

EL BAÚL: MI MÁS BONITA HERENCIA
Letra y Música: Lionso Vera

Que lindo se ve mi pueblo (mi lindo pueblo),
cuando comienza el invierno,
y en el paso San Miguel,
el río Tinaco se abraza con el Cojedes.  
Las aguas siguen bajando (Negro Zapata),
cargamentos de recuerdos,
y allá en la orilla del río,
los pescadores acomodan los anzuelos.


Y en las noches se reúnen
para contar sus andazas,
que desde niños tuvieron,
y así se pasan los días…
para ellos es alegría,
volverla contar de nuevo.


El Baúl es para mí,
la más bonita herencia que me dieron,
y por eso donde voy,
mi gran orgullo es decir,
que yo soy bauleño.


En el Manire nací,
un caserío lleno de amor y recuerdo,
donde mis ojos allí,
una mañana, por primera vez , se abrieron.


Y si estoy lejos de ti,
me llevan un puño e tierra,
el día en que yo me muera;
lo riegan dentro e mi fosa,
para sentir que me entierran
en mi pueblito llanero.
  









* Tomamos este párrafo del Blog La Poesía y los Dias, que administra el poeta Miguel Pérez:
" Me contó Vicentico Rodríguez que Germán Fleites Beroes, encontrándose el 8 mayo de 1969, en el club Social Girardot, en compañía de Santiago Colmenares, Manuel Gómez, Antonio Silva, Fidel Díaz y Vicente Rodríguez, padre, escribió como de un soplo, lo que después Jesús Moreno, grabó y llamó Cruzando por Venezuela"

Fuentes Consultadas: Camino al Orinoco-Apure, Min Planificación y desarrollo. Artículo Bonguero de Tiempos idos, Manuel Abrizo; 
El Baúl, Apuntes, Historia, Argenis Agüero
La Poesía y los Días, Blog


5 de diciembre de 2013

Acento de Cabalgadura: La Travesía

La Travesía

Acento de Cabalgadura
Enrique Mujica


Lo que nos costó pasá ese ganao. Trecientos novillos de dos cargas que le traíamos a Fernando Aquino. Ya habían cogío agua las sabanas y andaba uno entre el barro. Veníamos con un aguacerito ventiao y agua a punta e´coraza cuando llegamos a la orilla el Apure. El río estaba de banda a banda. No le quedaba ni una cejita e´ playa. Diez sogueros traíamos el ganao, que venia cabeciando entre el agua, en un solo rollo. En veces se salía una res, pero ai mismo le caía arriba un soguero y la metía entre el arreo. Yo me acordaba del viejo Aquino que siempre decía: "El buen soguero es el novato, porque ese cuando se sale un bicho, ai mismo le cai en los cachos. El veterano se confía y lo deja í. Ese revienta mas alante, dice. Así se pierde la res". 

 Yo llegué primero al rio. Me quede viendo la corriente, que traía jileras de espuma y carameros grandes. Pasó un masaguaro completo, después un drago con las ramas verdes, después paso un caramero seco. "Cuanta barranca se trajo este año el río... " pensé y me quedé viendo el aguaje sucio del rio que era jondo en ese paso, como veinte brazás. Ai me quedé un rato. Los otros venían llegando con el rollo e ganao. Entonces pasó un caramero blanco, de palo seco, y me acordé de la noche que nos embarcamos en Camaguán en una canoíta que llevaba una carga e panela. Un hermano mío y yo nos embarcamos esa noche. Cuatro deos ajuera el agua traía la canoa. El canoero iba atrás, agarrando el timón. En la punta, que iba alta en lo oscuro, otro hombre alumbraba hacia alante con una linterna. El de atrás, que no veía, le decía al otro: "°Pélele el ojo a un caramero". Ai fue que yo le dije a mi hermano, que venía bañao de agua y rezando: "Chucho, si esta vaina se junde, en un caramero desos es ande nos vamos a i". Ai pasó un caramero grande y ya la gente estaba en la orilla con el rollo e ganao. Lo aguantamos un rato mientras venían los madrineros, cuatro toros mansos, enseñaos, que tenían porai cerca del paso. Al rato llegó Miguel Castillo con los toros. Un hombre los traía, los paró en la orilla. Yo escuché el grito: "¡Madrinero, al agua!". Y vi los cuatro toros cayéndole al agua. Las otras reses empezaron a caile también al agua y cogieron el rumbo atrás dellos. Nosotros y los caballos cruzamos el río en unas canoas grandes. 

El ganao pasó completo pa este lao. De ai, desde la orilla por entre unos claros de monte, cogimos un banco e sabana que estaba anegao. Las reses brillaban entre el aguazal. Como cinco leguas anduvimos buscando los potreros de Fabián Martínez. Esa tardecita llegamos a los corrales de Las Cruces, ande íbamos a dejá el ganao encerrao. Ai metimos los novillos entre las corralejas, que no eran muy grandes. Esa noche había que velá el ganao, de caballo ensillao, cantándolo y conversándolo por las orillas. "¿Por qué habrá que quitale los misterios a la noche pa que la res no tenga miedo?" me quede pensando. Porque la verdá es que un bicho que pille, un gavilán, un lechuzo que pase, espanta un corral entero si la noche está en silencio. 

 No sé por que ese día traía yo un presentimiento. A Urbino Román le dije: "Mira, vale ese ganao ahora es que tiene brío. Venía poco a poco y con la fresca, entre el agua". El me dijo: "Que va, ese ta bien cansao, a ese no lo espanta ni un trueno". Yo no le porfié.

Comimos temprano en la casa del hato. Yo colgué el chinchorro entre unos taparos. Ai me acosté un rato, esperando que me tocara el turno de ile a da vuelta al corral. El Renco Patricio y Urbino trajeron leña seca y prendieron como tres fogones. Los otros conversaban sentaos en los tramos de Palma. El Sute Rogelio hasta se puso a rajuñá un cuatro viejo. Yo seguía pendiente el ganao, y seria porai como a la media noche cuando vi que unas reses se pararon. Entre la luz poquitica de los fogones vi el rebulicio. Unos dijeron que fue un lechuzo. Otros dijeron que fue un tábano. Yo lo que vi fue el tropel y los corrales de la palma trabá que volaron como unos bejucos. No tuvimos tiempo e ná. Los que siguieron el rollo e ganao se devolvieron. Las reses cogieron un banco e sabana, hacia el monte, con la agua a la paleta. Se llevaron los corrales. Bien seguro que a tres leguas había Palma regá.. Porque el ganao corre en pilas, apretao, y en la mesa e los lomos se lleva los corrales. 

Por la mañana, ensillando el caballo, me quedé viendo los corrales vacíos, las palmas quebrás como si fueran varas de juajua. Entonces a Urbino, que estaba cerca, le dije: "Parece vaina e gente. Hasta el bicho amontonao se asusta".

La Batalla de Araure, 5 de diciembre de 1813

Hoy 05 de diciembre, se conmemora la Batalla de Araure, triunfo patriota acaecido en el año 1813. Esta batalla fue dirigida por el Libertador Simón Bolivar, contra las tropas españolas de Ceballos. Tiene una significación muy importante pues en ella, como pueden apreciar en las líneas que siguen, tomadas del Blog Historia de Acarigua, Araure y Venezuela, de nuestro amigo y colaborador, Juan Manuel Alvarez, un Batallón al que Bolívar no le había dado nombre como castigo por no haber jugado un buen papel en una contienda anterior,  se reivindica logrando la victoria sobre los realistas.

"Al fracasar las fuerzas patrióticas en Barquisimeto el 10 de noviembre de 1813, Bolívar se retira a Valencia, rehace sus fuerzas. Días después salía para San Carlos y reuniría una fuerza de 3000 combatientes que la dividiría en cuatro batallones para atacar la ciudad de Araure. En esta ciudad, se habían reunido los jefes realistas para proyectar estrategias castrenses y enterado Bolívar de estos planes y de la presencia de las fuerzas realistas, sale de San Carlos y a marchas forzadas, al atardecer del día 3 de diciembre, llegaban hasta el poblado de Agua Blanca, donde pernoctarían aquella noche."

 "El día 4, acampaban en las inmediaciones de Araure, cerca del río Acarigua, para estar dispuestos a la cometida en cuanto se presentara la ocasión. El 5 de diciembre de 1813, realistas y patriotas estaban dispuestos a medir sus fuerzas y se daba la batalla de Araure, donde las tropas de Bolívar vengaban el desastre de “Tierra Blanca” en Barquisimeto. En la batalla librada en tierras araureñas, que se escenificó en el paraje conocido como “La Laguna de los Muertos” las fuerzas patrióticas derrotaron por completo a las fuerzas realistas en las inmediaciones de la ciudad de Araure."

"Así describe Tomas Montilla lo sucedido: “Nuestra descubierta que temerariamente empezó la acción con todo el ejército español, fue auxiliado por el Batallón de Valerosos Cazadores, que de improviso se halló flanqueado y cortado por mil hombres de caballería, sufriendo además el fuego de la artillería e infantería enemiga; su excesiva intrepidez le hizo perecer (...) El batallón entero quedó en el campo, y apenas se salvaron algunos oficiales. Entre tanto nuestras Divisiones se acercaron, y la línea de batalla se formó (...) Nuestra infantería sufriendo impávidamente repetidas descargas de artillería rompió el fuego y atacó la línea enemiga (...) El enemigo al vernos atacar a la bayoneta hizo marchar su caballería por nuestra derecha con intento de distraernos, o desordenarnos, pero habiendo cargado nuestra reserva rápidamente sobre ella, le dispersó y persiguió, lo que decidió la victoria (...) La derrota de los españoles fue tal cual debía ser; sus más aguerridas tropas fueron completamente destruidas”... (Escritos del Libertador, Vol. IV: ps 320 – 321).”"

La derrota en Araure del General José Ceballos y el realista José Yánez fue la derrota del ejército español. En el campo los enemigos dejaron 500 muertos, entre 300 y 800 prisioneros que fueron pasados por las armas, 10 cañones, 1000 fusiles, 6 sacos de plata y 5 banderas. Una de ellas, el orgulloso estandarte de Numancia, fue entregado por Bolívar al Batallón Sin Nombre, comandado por Florencio Palacios, bautizándole con el título de “Vencedor de Araure”.

Aquí peleó el batallón que en la pasada jornada de Barquisimeto fue castigado por el Libertador, negándole el nombre y el derecho a llevar bandera. Pero tan valientemente se comportó en la acción, que Bolívar dijo a los soldados al día siguiente:

«Vuestro valor ha ganado ayer en el campo de batalla, un nombre para vuestro cuerpo, y aún en medio del fuego, cuando os vi triunfar, le proclamé del Batallón Vencedor de Araure. Habéis quitado al enemigo banderas que en un momento fueron victoriosas; se ha ganado la famosa llamada invencible de Numancia».

Para Araure quedó la gloria y el campo. Un viejo árbol, donde la tradición oral afirma que El Libertador dirigió la batalla sirvió de referencia para levantar un monolito conmemorativo. El monumento fue inaugurado por el gobierno del Gral. Juan Vicente Gómez el 19 de Diciembre de 1933 y en 1996, doscientas hectáreas fueron declaradas por el Instituto del Patrimonio Cultural como “Campo de la Batalla de Araure”. Desde entonces la Fundación CAMBAMITAR ha tratado de dignificar el escenario de la batalla aprovechando su valor histórico y su condición de Zona Protectora.

EL CAMPO DE LA BATALLA DE ARAURE, es un bien de interés cultural de la Nación, por resolución Nº 010-96 del 15 de Noviembre de 1996 (Gaceta del 21 de Febrero de 1997 y según decreto Nº 1727), emitida por el Instituto de Patrimonio Cultural. Debe su importancia a que sirvió de escenario a la Batalla de Araure, ocurrida el miércoles 5 de Diciembre de 1813 y es el único lugar de Venezuela donde El Libertador Simón Bolívar peleó cuerpo a cuerpo en medio de un campo de batalla. Su extensión es de un poco más de 200 hectáreas y está ubicado al oeste de la ciudad de Araure y Acarigua, en él se encuentra la Laguna de los Muertos, espejo de agua donde ocurrió la toma de los cañones españoles por parte del ejercito patriota. Durante muchos años sirvió de potreros comunales, hasta que en 1962 fue sembrado de árboles por el yugoslavo Mitar Nakichenovich. En 1994 fue intervenido con máquinas y se le extrajo tierra de la Laguna de los Muertos para rellenar una avenida, removiendo huesos y armas de la época de la Independencia. Se inició una defensa pública por la conservación de éste sitio histórico hasta que el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) lo declaró como Campo Batalla de Araure.


Entregad ela bandera de Numancia al Batallon sin  nombre
Batallón Sin Nombre: Un castigo impuesto por Bolívar a un grupo de soldados que por su falta de coordinación e indecisión causaron que el ejército patriota perdiera una batalla que ya estaba casi ganada, le . En un acto de disgusto, Bolívar ordenó reunir a los sobrevivientes del accidentado combate de Barquisimeto donde el referido Batallón por falta de coordinación ocasionaron la pérdida de la batalla que ya estaba casi ganada y como castigo no les dio nombre ni bandera, tampoco los dotó de armamento, solo poseían unas lanzas para defenderse. Durante la Batalla de Araure, el Batallón sin Nombre bajo el mando del Coronel Florencio Jiménez, se convierte en una pieza fundamental para la victoria de los republicanos.

3 de diciembre de 2013

El Joropo: Historia y Evolución (17) : Angel Custodio Loyola (Década del 50)

En nuestro análisis sobre la evolución del joropo, necesariamente tenemos que hacer un alto para hablar de El Cantor del Llano, Angel Custodio Loyola, quien sin duda marcó un hito en esta materia.
El Tigre de Masaguarito, como también se le llamó, se convirtió en un artista inolvidable por su autenticidad y sentimiento al cantar.  Siempre recordado en un lugar especial en los corazones de  sus admiradores, es un artista totalmente vigente y  punto de referencia en la música llanera a pesar de los muchos años que hace de su muerte.
Ya hemos escrito sobre este artista en entradas anteriores, por lo que en esta ocasión transcribiremos parte de una cronología de su vida artística, tomada de su grupo face book y que me parece recordar es de la autoría del Profesor Elvis Barreto:

 "Eran los años en que el contrapunteo era el género de canta llanera más popular. Como Loyola le dijo a Crespo: “…en esa   época lo que se cantaba era puro contrapunteo, la discusión cantada improvisando. El pasaje, por ejemplo, casi no se cantaba. Los cantantes de antes no cantaban joropos. Era muy raro oír a un hombre cantar, pongamos, un pajarillo…el que trajo a Caracas el grito del pajarillo fui yo. Eso es muy mío…”
        

"En una ocasión, Loyola declaró que sus descubridores fueron Germán Fleitas Beroes, Pedro Azopardo, Rafael y Mariano Hurtado Rondón, todos ellos vinculados a la canta y poesía llanera guariqueña. Pero es Juan Vicente Torrealba quien llevado por recomendación de Antonio Abraham – musiú Abraham – fue al encuentro de Loyola en Calabozo, en la casa de Raquel Jaén, para proponerle que se integrara a la agrupación Los Torrealberos."

"Entre 1940 y 50, en Caracas habían intérpretes de un joropo muy peculiar: era de ritmo rápido y ejecutado con bandolín, guitarra, maracas, entre otros instrumentos. Era un joropo distinto al que se escuchaba en el llano adentro. Ese joropo caraqueño-mirandino contaba con artistas de la talla de César del Ávila, Juan del Ávila, Magdalena Sánchez, Josefina Rodríguez, Lorenzo Herrera (padre e hijo), Adrian Pérez (autor de El muñeco de la ciudad), Vicente Flores, Heriberto Escobar, entre otros. 

 Juan Vicente (Torrealba)  se va a las sabanas en busca de una voz representativa del autóctono cantar llanero, encontrándose con Loyola, quien se va con él a Caracas, en 1951. Al llegar a Caracas, Loyola se consigue con una realidad musical desconocida por él. Iniciando una despiadada crítica a ese joropo caraqueño-mirandino y a los estilos musicales caribeños – mambo y guaracha – que eran muy populares en aquellos ambientes citadinos. En uno de sus pasajes, se escucha: 


Cantando al pie del arpa, óyelo bien,
 yo vine y no supe cuando
 porque supe que en Caracas
 lo que reinaba era el mambo. 
 El joropo es sentimiento, 
alma y dan ganas de cantar, 
no es un mambo escandaloso, 
ni una Guaracha vulgar. 

Loyola se presentó ante el público como un representante del joropo puro, el del llano adentro; con un estilo vernáculo que fue causando interés y admiración en el público caraqueño y del interior del país. Convirtiéndose en una especie de apóstol de lo que calificamos como la ética del llanero, cuestionando todo lo que a su parecer la pudiera corromper. 

Loyola finalmente se separa de Los Torrealberos,  y empieza a cantar con otro  gran artista del momento: El Indio Figueredo, cuya arpa era mas representativa del joropo sabanero. Loyola fue cantor y compositor de letras sencillas, llenas de poesía y sentimiento llanero. Su atuendo para presentarse al público  y que siempre lo caracterizó, estaba conformado por un liqui liqui almidonado, sombrero de ala ancha,  un mandador y un pañuelo en la mano.

"Al respecto, escribió Crespo: “El hombre que en los años cincuenta trajo la voz y el quejido del llanero y propuso la canción auténtica de los arrieros y los amansadores de potros, había comenzado a brillar con luz propia en la Caracas de entonces…" 

Loyola logró hacer oír el contrapunteo vivaz y pícaro del que llegó a ser maestro insuperable. La gente lo oía por la Radio Nacional y miraba su porte de hombre asoleado y aguerrido en las pantallas de Televisa…” Separado de El indio Figueredo, Loyola creó su propia agrupación en 1954: Los Guariqueños.

Fue el 24 de septiembre de 1985 cuando dejó de existir físicamente Ángel Custodio Loyola. Un infarto al miocardio le cortó el hilo de la vida en su casa de la Urbanización La Segundera, próxima a Cagua, en el estado Aragua. Esta vez, las amplias sabanas se quedaron en silencio por el dolor de haber perdido a uno de sus ejemplares hijos. 

 


El 4 de septiembre de 2005, la Cámara Municipal de Calabozo, por sugerencia del Alcalde Teófilo Rodríguez Díaz y del pueblo calaboceño, decidieron darle el nombre de Ángel Custodio Loyola al Terminal de Pasajeros de aquella localidad. 







Estuve en el terminal de Calabozo hace una semana y busqué el busto de Loyola que no había visto personalmente. Me costó ubicarlo  pues en la plazoleta en que está, han crecido unos arbustos que ocultan el pedestal  y parte del busto, lo cual tristemente hace que pase desapercibido.

Loa al Caballo Llanero (1/3)

SOY 
Luis Alberto Crespo

Soy zaino cerrado 
Cuando me ensimismo 
Y me inclino ante lo que me destruye 

 La raya blanca del alazán 
En la cara 
Cuando me anuncian infortunio 

 Soy cebruno con un zarpazo en el costado 
Cuando padezco de mí 
En lo más mío de las doce 

 Soy ruciomoro viejo en el rictus 
Cuando mueres y la hierba sabe a más nunca 

 Soy castaño lucero
 Cuando oigo un grito en lo que digo 
Y el absoluto es una soga en la garganta 

 Soy bayo cuando tiemblo si la tierra me toca 

Y soy ruano 
Ruano pálido 
Asombrado por su espíritu que es la tórtola

 “Sabanero” fue el nombre que finalmente pudo encontrarle su dueño al pequeño y vainero rucio azulejo traído de los llanos quebrados y ondulantes de Monagas hasta Fila de Mariches. Tenía buenos aplomos y desde la cruz hasta donde se afirmaba sobre la tierra humosa en la que ahora pastaba no excedía del metro cuarenta y cinco de alzada. Debió sacudirse duro en el amanse."

“Es a mi juicio el prototipo del caballo criollo”, me dice entusiasta mientras se arrellana en su butaca, Don José Giacopini Zárraga.” Así encabeza Luis Alberto Crespo, su relato denominado José Giacopini Zárraga y el Animal del Alba, publicado en Llano de Hombres. El poeta Crespo, ha sido un enamorado del caballo criollo, al que ensalza en muchos relatos, poemas y  conferencias, pues se ha propuesto difundir a todos los vientos, la nobleza y fortaleza de este animal, demostrada de mil maneras en la historia, en el coleo y en el día a día del llanero venezolano. Tuve la oportunidad de asistir a una conferencia del poeta en el Celarg, Caracas, donde con una pasión conmovedora abordó el tema sobre el caballo criollo y nos paseó por la historia del mismo desde la mitología. Por ello hemos elegido fragmentos de este relato donde el poeta se remonta a los ancestros de nuestro caballo criollo: 

De alguna manera su biografía comenzaba en las arenas del Norte de África, en esas comarcas que los romanos bautizaron Libia, habitadas por gente barbari, beraber, berber o berebere y cuyo menospreciado calificativo habían heredado sus ancestros, cuando sobre sus lomos generaciones de guerreros devoraban las soledades de la arena y entraban a saco lo que vivía bajo su barajuste, trocando aquel afrentoso nombre de berebere por el de hidalguía equina. 


Cualquier noticia sobre su aparición comienza con el vuelo de un pájaro, un puñado de viento, una luz y un estruendo de centella, una ola, una fuente, un monstruo decapitado, el sol, la luna, el deseo, la muerte, el bien y el mal, pero don José Giacopini Zárraga prefiere historiar su vida terrestre (“no era más alto que un zorro”) en las estepas del Missisipi, hace 60 millones de años, antes de dejar el misterio de su desaparición en las nieves de Behring, terminada la cuarta glaciación, mientras en las estepas de Mongolia y en los bosques, las colinas y los valles de Europa sus descendientes prosperaban, prefirieron el pasto al tubérculo y al fruto, cambiaron sus dedos por el casco del solípedo transformando su aspecto zorruno por el del tarpán y el prejewalski, los primigenios ancestros del caballo. 

Así, al final de tan desmesurada errancia a través de sí y de los tiempos, “sabanero” regresaría un día a la tierra de su más lejano abuelo, el oeipus o “caballo del alba”, con las manadas que desembarcaron de las 17 naves españolas en 1493, revuelto entre la sangre de los padrillos y las yeguas bereberes, traídos de la Hermandad de Granada, sin contar sus jinetes, sus “20 lanzas jinetas” como llamaban en España a esa manera de estribar corto que tenían las tribus xenetas del Norte de África cuando ocuparon la península sobre sus caballos de capa de ceniza y vasco de roca, esos mismos que habrían de correr por los suelos de América desbaratando el mar y los montes de Santo Domingo, Puerto Rico, Jamaica, Cuba, Florida, Nicaragua, México y más tarde asombrarían y asolarían a los pobladores de Venezuela o de Colombia, durante las incursiones infructuosas de Alonso de Ojeda y las avanzadas de Rodrigo de Bastidas en 1509 y en 1538, porque es mentira – asevera enfático el gran arabista Profesor Castejón- que los españoles trajeran a la Conquista el caballo árabe pues los abencerrajes “llegaron a pié” y no en ilusorios trescientos mil corceles de cola de fuente y perfil ondulado como se empeñan en hacer creer muchos mitómanos. “No hicieron importación masiva alguna mientras ocuparon España”, insiste el profesor. Antes bien, exportaron a las cortes del Norte de África hermosos ejemplares encontrados en la cuenca de Guadalquivir.” 

“Vinieron primero por Oriente. Los trajeron Gonzalo de Ocampo y Jácome Castejón, Antonio Cedeño y Diego de Ordaz. Luego, por Occidente, Juan de Ampíes y los welsares en gran cantidad” Nos dice don José Giacopini Zárraga. Que eran rústicos, el perfil de carnero, la grupa derribada, todo reciedumbre, el plantaje y la lámina del berebere y del númida, la otra estirpe del Norte de África que nombrara Virgilio en la Eneida (“los númidas y sus corceles negros te rodean”)” 

 Tuvieron que transcurrir los primeros veinticinco años del siglo XVI para que el hijo del caballo berebere y númida venciera las ingratitudes de los climas tropicales, el acoso de las plagas y la pobreza de los pastos. Abandonaron sus islas natales de Santo Domingo, Puerto Rico, Jamaica y se dieron a galopar por las sabanas y charcos de Tierra Firme, expuestos al vendaval, a la sed, al hambre, a las fieras. Perdieron el donaire de los ancestros pero ganaron en resistencia y orgullo. 

Un señor que amaba con amor desmedido al caballo berebere, Monsieur Mercier, viajó a Argelia en 1847 en busca de los más puros descendientes de la raza de los corceles que en una muy incierta leyenda asevera fueron traídos por los Egeos a Libia y que luego Aníbal y su hermano Asdrúbal, llevaron a España en los tiempos de las guerras púnicas. Mercier distinguía en ellos la capa gris, la testera ligeramente convexa o acarnerada, el cuello de cisne – que algunos apurados confunden con el del árabe - la cruz elevada, las largas articulaciones, la grupa redonda, el pecho robusto. Y la impaciencia. En cambio, en el númida destacaba la oreja grande, el lomo de mula, la grupa flaca, las cañas descarnadas, la cuartilla larga del caballo veloz. Y la altivez. 

 No me dice don José Giacopini Zárraga cómo es la conformación de “Sabanero”, pero oyéndolo biografiar al caballo criollo de nuestros llanos de Oriente y de Apure (“los de la isla de Guara, los de las sabanas de Maturín y el Delta”) uno imagina los rasgos que aún conservan -¡cuatro siglos después!- las manadas que huyen mostrencas por los infinitos del país llano. Acaso son iguales a los rucios blancos que prefería Páez por ser buenos nadadores rápidos en la arrancada, en las escaramuzas de pique y juye que permitieron las hazañas de Mucuritas, Las Queseras del Medio o a aquél cuya muerte vengó en el combate de Mara de La Miel; a los de Carabobo; a los “40 mil empotrados y listos para la campaña” de 1816; a los 611 que jineteaban en Arichuna los soldados o los que corcoveaban cerreros bajo las piernas de los indios de Tame , betoyes y macaguanes. Acaso entre ellos se encuentre todavía el cebruno que perseguía Bolívar el 28 de enero de 1817 en una carta al Presbítero Coronel Eduardo Hurtado “pues no tengo en que hacer la guerra” o son los mismos que cruzaron seiscientos kilómetros de llanos enlodados y bajo el agua hasta Casanare , hasta los riscos helados del Páramo de Pisba en 1819. ¿Será todavía como el caballón ruciomoro de Zamora en las sabanas barinesas de Matasazules, al que lo alebrestaba la pólvora y el clarín del General del Pueblo Soberano? 

 “Es un sobreviviente”, me contesta don José Giácopini Zárraga, “perdió la alzada y cobró resistencia. Perdió belleza y ganó una increíble capacidad de aguante. Hubo de soportar las peores inclemencias, morir y volver a nacer durante su dramático proceso de adaptación a un medio que le era extraño a su hábitat natural: las tierras de los climas templados. Los malos pastos, el descuido, no parecen hacerle mella. Pero hay que rescatarlo. Por razones históricas y sentimentales. Es uno de nuestros más grandes patrimonios. Es el caballo de la conquista, la colonización, la independencia. Es un héroe. Basta verlo de sol a sol, en las vaquerías , flacucheto, soportando a su jinete, halando toros de 12 arrobas, los ijares sangrientos, tragando distancias de lodo y polvo, listo para recomenzar al día siguiente”

1 de diciembre de 2013

Muestra de Cine Apureño José Natalio Estrada

El pasado sábado 23 de noviembre, tuve la oportunidad de acercarme a la Biblioteca en San Fernando de Apure y ví con gran satisfacción, parte de un evento que se estaba realizando desde el 21, relacionado con el cine apureño.

La  excelente inciativa  contó con talleres de realizacion audiovisual, proyecciones, conversatorio a cargo del profesor Hugo Arana, muestra gastronómica llanera, teatro y fotografias. En fin, se dió un espacio para la valoración e impulso del arte del estado, lo cual  celebro con mucha alegría y esperanza pues nos hacen falta  mucho de estos trabajos que apoyen el desarrollo de la identidad regional y nacional.

El evento tuvo el honroso nombre  "José Natalio Estrada", reconocido poeta apureño pionero en el cine regional con sus películas Llano Adentro, Séptimo Paralelo y María del Llano. Películas que no hemos tenido el privilegio de ver pero que sentimos que muy pronto estarán al alcance del público, pues se ha generado en los últimos tiempos, un gran interés por la vida y trabajo del poeta Estrada, hecho que también es muy relevante pues manteniendo vivo su recuerdo y trabajo, estamos fortaleciendo la historia y potencial del estado Apure y por ende de la cultura llanera.
Mis felicitaciones pues a los organizadores y participantes del evento: Gabinete de Cultura Apure, Universidad Nacional Experimental de los Llanos Ezequiel Zamora Apire, Zona Educativa del estado Apure, Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, Proyecto Ciudad Compartida Núcleo Apure, INATUR, IDENA, Gobernación del estado Apure.