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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

29 de mayo de 2016

La Santa Patrona de Portuguesa y de Venezuela




|El agua baja del cielo
Y es bendita en tierra llana
En donde el Guanaguanare
Al Tucupido se abraza.
El agua es agua bendita
Y es bendita en la quebrada
A donde llega el cacique
De tribu coromotana.
El espíritu de Dios
Flotaba sobre las aguas,
En el libro de los libros
Cuentan voces milenarias.
Y la Virgen mas hermosa
Aparece en la quebrada
Donde se abreva el cacique
De tribu coromotana.
Luis Barrios Cruz
Romancero de La Coromoto


La devoción a la Virgen de Coromoto es una de las tradiciones católicas más importantes de nuestro país. Guanare,
sitio donde tuvo lugar la aparición de la Virgen, rinde especial tributo a esta imagen. Cada 8 de septiembre se celebran
las festividades en honor a Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela.

La historia  se remonta al siglo XVII y está enmarcada en la época de la colonización y la resistencia indígena. Muchas versiones existen sobre este hecho tan importante para el culto católico en Venezuela.

Antes de la llegada de los españoles, en la región de Guanaguanare, hoy llamada Guanare, habitaban los indígenas cospes que pertenecían a uno de los grupos étnicos que habitaban la zona. Al llegar los conquistadores se esparcieron por la selva y otros lugares aledaños donde se mantuvieron durante un tiempo, hasta que se convirtieron en católicos gracias a la intermediación de esta Virgen. 

Cuenta la tradición católica, que a comienzos de 1652, año de aparición de la Virgen, el cacique de nombre Coromoto y su mujer que caminaban cerca de un curso de agua vieron a una bella señora que se les acercó caminando sobre las aguas. La señora, en lengua cospe les dijo: "Vayan a la casa de los blancos y pídanle que les echen agua en la cabeza para poder ir al cielo" 
Maravillado, el cacique accedió y poco después pasó por su territorio en un  encomendero de nombre Juan Sánchez a quien le contó lo sucedido. Juan Sánchez los condujo con su tribu a un lugar donde se intersectaban las aguas de los ríos Guanare y Tucupido y allí les dió tierras e incentivó el cultivo, mientras los preparaba para el bautizo. El lugar fue llamado Coromoto.

 A medida que trabajaban la tierra, los indios fueron bautizados, pero el cacique se negaba y añoraba sus montes donde era libre por lo que decidió volver a su tierra.  El 8 de septiembre de ese año se apartó de la reunión pautada por Juan Sánchez y se fue muy enojado hacia su bohío, en el cual se encontraban su esposa, su hermana Isabel y su sobrino de 12 años de edad. Pocos minutos después de su llegada, hizo presencia la majestuosa y brillante silueta de la Santísima Virgen, pero el cacique consumido en su ira quizo herirla con una flecha, pero  la virgen entró a la choza y cuando Coromoto se dió vuelta, la vió dentro, entonces se abalanzó sobre ella tratando de atraparla pero la imagen desapareció. Luego de un instante el hombre pudo ver en su mano la diminuta imagen de la virgen, que es la venerada actualmente en el Templo Votivo erigido en su honor.


El cacique la escondió en una hoja de plátano entre la paja del techo del bohío, con la posible intención de quemarla posteriormente.  Acto seguido, el sobrino del cacique se fue corriendo a avisarle a Juan Sánchez acerca de lo sucedido, y cuenta la tradición que como si corriera a la velocidad de la luz, a medianoche transitó de Tucupido a Soporo en un santiamén.

Al relatar lo ocurrido a  Juan Sánchez, éste  no le creyó y mandó a buscar dos mulas para poder ir a ver a lo que él no daba crédito. El pequeño agarró las mulas en pocos minutos, por lo que los presentes al fin dieron crédito a su historia y partieron hacia Coromoto. El indígena entregó la pequeña imagen a Sánchez, quien la llevó a su casa en Soporo y la colocó en un altar junto con un cabo de cera negra que ardió durante casi tres días, para luego ser alumbrada por una lámpara que duró un año y cuatro meses encendida y donde la Virgen era venerada por todos los pobladores.

Un día después de este hecho, el 9 de septiembre, el cacique fue picado por una serpiente venenosa al intentar huir hacia los montes. Fue entonces cuando se arrepintió y pidió que le administraran el bautismo, lo cual hizo posible un buen cristiano, oriundo de Barinas de la familia Ochoga Vies. Antes de morir, Coromoto pidió a su gente que se mantuviera con los blancos y se bautizara.

Desde ese momento se conoce como Nuestra Señora de Coromoto a esta advocación de la Virgen.

Tiempo después, dejando en el olvido el sitio donde apareció la Santísima Virgen, mudaron sus rancherías a las conocidas Llanuras de San José, gracias a la intervención del reverendo padre capuchino José de Nájera, quien se encargara de la instrucción y civilización de los indígenas hasta 1698, año en el cual regresaron al pueblo donde tuvo lugar la aparición. En marzo de 1698 fray Diego de Olaya arriba a Guanare en busca de colaboraciones económicas para seguir con el culto a Nuestra Señora del Topo, en una imagen que representaba a la Santísima Virgen en el descendimiento de su hijo de la Cruz y que era venerada en la Catedral de Santa Fe de Bogotá.

Fray Diego de Olaya se encontraba recorriendo todas las casa del sector para recoger limosna y junto a él se hallaba Marcos Paredes de San Nicolás, que le fue adjunto por el vicario para realizar la misma labor ya que estaba en Guanare para pagar una promesa a la Virgen de Coromoto. Se trasladaron hasta Tucupido realizando la colecta y de regreso a Guanare, mientras rezaban a coro el santo rosario, la tradición católica afirma que los presentes observaron que la cara de la Virgen se volvía amarilla y luego de unos colores vivos como los de una persona animada. Los asistentes, que en total eran 128, sorprendidos por el hecho, continuaron el rezo con mucho más fervor y repentinamente, el rostro de la virgen se vio palidecida por una sombra, que se disipó al colocar una cruz en el mismo sitio donde se oscureció la imagen. Posterior a ello, la cara de la Virgen retomó sus colores naturales.

Marcos Paredes al llegar de nuevo a Guanare, relató los acontecimientos al vicario y le pidió permiso para construir en ese lugar una ermita en honor a la Virgen, a lo que el vicario respondió: Usted ha venido aquí a Guanare a cumplir unas promesas de novenas ofrecidas a Nuestra Señora de Coromoto por los favores y beneficios que recibió de su benéfica mano; ahora bien, debe honrarla y cumplir con sus promesas buscando el sitio exacto donde se apareció en 1652, pues en quince años de mi curato en esta ciudad no ha habido quien pueda indicarlo

Entonces Paredes se dispuso a buscar el lugar, pero los habitantes de la zona no lo conocían y afirmaban que sólo los indígenas lo sabían y que sería casi imposible saberlo, pues se encontraban internados en las montañas. Sin ninguna esperanza, Marcos Paredes se dispuso a la construcción de una capilla para honrar a la Virgen y además para contar con un lugar donde hacer las misas.

El 26 de agosto de 1698, mientras se cortaban los troncos para la edificación de la capilla, se presentaron en aquel lugar varios indígenas a caballo, quienes gustosos fueron a buscar el lugar del hallazgo. Al encontrarlo, llenos de júbilo, afirmaron que el lugar donde había sido colocada la cruz hacía algunos días, era el lugar exacto donde el cacique presenció la bajada, pues ella misma, había indicado dónde había aparecido para que no se olvidara tan hermosa manifestación.

Es entonces cuando Marcos Paredes construyó la ermita y los indígenas, sus rancherías alrededor de ella, formando así lo que luego sería nombrado como Aparición de Coromoto de Tucupío, o lo que se conoce hoy como Tucupido. Su fundador se trasladó a Caracas para registrar la fundación del poblado y en su camino hacia la capital se encontró en Camoruco, cerca de San Carlos a la indígena Isabel, cuñada del cacique y testigo ocular de la aparición de 1652, quien le confirma los hechos. Marcos llegó a Caracas y le presentó al obispo Diego de Baños y Sotomayor todas las pruebas y documentación auténtica, con lo cual el ministro de la iglesia aprobó la tradición de la aparición, autorizó la formación del pueblo y le permitió la recolección de limosnas para reemplazar la ermita por una iglesia.

Igualmente el gobernador, Nicolás de Ponte ordenó la formación del pueblo Aparición de Coromoto.
La reliquia permaneció en una pequeña iglesia hasta el 1 de febrero de 1654, fecha en la que fue trasladada solemnemente a la catedral de la ciudad para su veneración pública, hasta el año 2000 cuando fue erigido el Templo Votivo Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto a escasos metros del lugar donde se dice que apareció la Virgen.

Si se mira con certeza
En altar pleno de flores
Una lámpara encendida
Por Juan Sánchez desde entonces,
Y su llama no se extingue
Pues arde en los corazónes
A Guanare va la Virgen
Y a Guanare llega plácida,
Gloriosa con sus promesas,
Con sus flores y su lámpara
Gloriosa como la fruta
Cuando madura en la rama,
Como la aurora gloriosa
Cuando las sombras aclara,
Gloriosa como la nube
Si el viento corre sin pausa
Pues todo viene a su hora
Según el Creador lo manda
 
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