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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

12 de diciembre de 2010

El Cristo de la Sabana - José Natalio Estrada - 2/4


En el Libro María del Llano, se incluye este poema, escrito por Don José Natalio Estrada y dedicado a Francisco Salazar Martínez. Hemos actualizado la entrada original con fotografías del Cristo de la Mata , tomadas por Manuel Abrizo y publicadas en el libro Apure en Cuerpo y Alma:

El Cristo de la Sabana

Fotografía Manuel Abrizo


Blancura de Cristo bien
El se trajo de Carrara,
Magia de cincel asceta
Con inspiracion pagana;
Ritmo la figura toda
Euritmia las manos blancas,
Y un cantar el corazón
De solo verle la cara

Pero el sol curtió sus manos
Y luego la brisa franca
Le esta poniendo en el rostro
Pátina de la sabana;
Y sueño que vino al llano
En montura caribaya
Trayendo la nueva fe
A horcajadas sobre el anca.





Fotografía Manuel Abrizo
Serenidad en la frente
Que en el perfil se le amarga;
¿Por qué descubres , Señor,
Ante la fiereza humana
Como una rosa encendida
En penumbrosa ventana
Tu corazon que en las horas
De recordación aún sangra?

¿Y si viniera en el viento
A destrozarlo otra lanza,
Si alguien acuña en silencio
Treinta monedas de plata,
Si alguno forja en la sombra
De oro y acero una daga,
Si alguien afila su enojo
En la piedra de su saña?

Cristo de las cosas vivas
Lo que sufre y lo que canta,
Señor del fruto en sazón
Madurando la abundancia,
Cristo que va de baquía
Rumbeando por la esperanza,
Y es siete rosas de luz
Quebrándose en una lágrima

Cristo de la mano abierta
Y de la sonrisa huraña,
Que por no ser de abolengo
Lleva desnudas las plantas,
Cristo del hombre en la ruta
Y de la vela en la rada,
Del ¡Ay, que me estoy muriendo!
En la soledad tan larga

Con el alerta en la oreja
La cabalgadura blanca,
Alba la ropa talar
Bajo una luna de nácar;
Siento que marcha en el sueño
A mi lado en la sabana,
Perdida en la lejanía
Como ausente la mirada.

Cuando lo admira la gente
Oye humilde la alabanza,
Pero que no escuche el canto
Del ordeño en la mañana,
O el tono del cabrestero
Cuando la punta va en marcha,
O el viento en los pajonales
O la lluvia en la cañada.
Bullicioso está el caney
Donde los peones acampan,
Porque alguien cuenta la historia
De lo que fue la jornada;
Se ilumina el corazón
Pero la brisa se apaga;
Como escuchando en silencio
Allí esta la Forma Blanca

Adentro hay música y canto
Está alegre la enramada,
Un aire de Nochebuena
Juega con lunas de plata;
Como de presentimiento
Enmudecen las maracas,
Y El observa distraido
Con ojos de piedra blanca.

Aquí no hay hiel con vinagre,
Tampoco hay tarde enlutada,
Y no hay venganza fallida
Ni torcedor en el alma,
De quien derramó la sangre
Y no acalló la Palabra,
Aquí no hay erial de olivos
Ni cuervos en lontananza.

Viajero que hirió la noche
Con su enlunación sagrada
Si oyes por esos caminos
Un leve batir de alas,
Son los ángeles que siguen
El signo de tus pisadas,
Cuando se va por las lunas
El Cristo de la Sabana
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