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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

5 de marzo de 2014

Es Tiempo de que Vuelvas!...Silva Criolla- Estancia X


¡Es tiempo de que vuelvas!...  ¡Sin mancilla 
te aguarda el viejo amor! Viva te espera 
 del culto del hogar la fe sencilla. 

Se fue la primavera!
 Ruge amenazador trueno lejano;
 y de soles nublados, agorero, 
la cenicienta garza del verano
 tañe, al pasar su canto plañidero. 


Es tiempo de que vuelvas….. el poema termina como empezó, con ese verso que implica tanto. Es el resultado final de esa introspección que hace el autor desde la Invitación. Es como si después de repasar en su memoria su vida y su relación con su tierra amada, concluyera que allí está su lugar y ratificara dentro de sí su necesidad de despojarse de  todo lo vanal y de volver a la esencia real de la vida sencilla. 

El poeta Arvelo, conocedor y estudioso de la vida de Lazo Martí, ve entre las lineas de los versos de la Estancia X, un llamado a volver a la patria, desde la visión del luchador que fue Lazo por sus ideales políticos. Nos dice: 

Hay un balance positivo y ferviente, síntesis del inventario de cifras austeras y desangradas que aún integran el patrimonio espiritual de la llanura: 

Es tiempo de que vuelvas!... Sin mancilla 
 Te aguarda el viejo amor. Viva te espera 
Del culto del hogar la fe sencilla 

Puros están el poeta y su pueblo. Vivos en el culto del hogar, donde afluyen, con soñares de Cristo, el fervor y la aspiración humilde de caminar sin cadenas y decir sin mordazas."

Francisco Lazo Martí revisó varias veces su obra y le hizo varias modificaciones, cuyo análisis detallado lo presenta el poeta Arvelo en su obra Lazo Martí, Vigencia en Lejanía, pero precisamente esta Estancia la mantuvo intacta en todas sus revisiones.

 “El canto final es mensaje que mana de una culminación de vivencias, compartidas la mitad para el arte, la otra mitad para la lucha quijotesca (…) contra el agravio, el entuerto y el lucro desde la personería pública. Por eso, derrotado en La Victoria, salió de allí a ganar, General en Jefe de su Llanura y de los ideales de la América Española, la batalla de su indomable poesía.” 

 La nota romántica de esta estancia, la coloca el autor en los dos últimos versos. La garcita veranera, ejemplo fiel de constancia y entrega a la llanura, ave que bien podría compararse al llanero en su arraigo por su tierra:

"La garza real es nívea, señera, airosa con un metro caso de alzada, pero no canta y cuando arrecia la invernada se va lejos. La chusmita blanca, la de la pluma mas preciada en el garcero, porta airón que valía mas que el oro en los días del poeta. La chusmita azul le va a la par en riqueza y donaire. Pero las chusmitas no cantan y por julio y agosto alzan también su vuelo hacia remotas lejanías. La garza morena, de color azul grisáceo, atalaya el sosiego palustre en íngrima contemplación. Pero la garza morena (¡Ojala tampoco cantara!) tiene bronco y desapacible el acento, y se va con las otras hacia ignorados parajes del Sur. Igual sucede con la rosada paleta y la purpúrea corocora. 

De entre ese elenco, que corresponde al de las garzas mas diferenciadas y generalmente conocidas, sólo la del verano diluye alas y silbo en el predio sin sol del mundo invernal. Se queda y canta. Su estampa es de pintura; cabeza, airón, dorso y cola de pálida ceniza. Pescuezo, pecho y muslos de paja seca, con visos grisáceos. Patas oscuras. Iris amarillo. Grandes jeras azules. Pico rosado con la punta negra. 

Cuando no queda ni una sola ala blanca, ni cerúlea, ni escarlata sobre los esteros, la garza fiel, la única que vigila su pescadero y su horizonte hasta que torna el verano, pasea en lenta ronda por los caminos del crepúsculo y estira sobre la soledad su música india, en pesarosa agorería. La azotó en marzo la seca inclemente y ahora la entumece la plomiza invernada. Su acento es impávido augur de más lluvia. Pero no se va. La hallará la salida de aguas afinando entre palmeras su silbido saludo al sol. Ve cuando enfilan hacia el Sur los pastores transhumantes. Les da la bienvenida al retorno tras las últimas candelas y las primeras brumas. Vuela ahora ululando su lánguida elegía. Pero no se va. No va a gemir por tierra ajena la nativa congoja" Alberto Arvelo Torrealba-Lazo Martí, Vigencia en Lejanía.

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