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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

24 de octubre de 2011

San Rafael, el Santo de los Pescadores. Entrada (1/3)

San Rafael o San “Rafal”, como le dicen algunos de nuestros llaneros, es el santo de los pescadores, al que se le pide por una buena pesca, es el santo de los bongueros y de los canoeros, así como de todo trabajador de las aguas.

Es un santo venerado en todo el mundo católico y en Venezuela, especialmente en el estado Apure. Elorza celebra, ya en forma tradicional, entre los días 20 y 25 de octubre, las “Fiestas del Pescao” en su honor.

El nombre de San Rafael, proviene del hebreo Rafa-El, que significa ‘Dios sana’ o ‘Dios El ha sanado’ o ‘¡sana, El!’ o ‘medicina de Dios’. (Wikipedia)

El Arcángel San Rafael, dice el Libro de Tobias del Antiguo Testamento, fue enviado a realizar dos misiones importantes: sanar a Sara de la opresión del demonio y curar la ceguera de Tobías.

Se cuenta en dicho Libro que el santo Patriarca Tobías destacaba por su virtud y temor de Dios, practicando todas las obras de misericordia y caridad, sin embargo, el Señor lo hizo pasar por duras pruebas, siendo la última, la ceguera producida por haberle caído excremento de aves en los ojos. Aún así llevó su desgracia con paciencia y sin perder la fe en Dios, a quien rogaba fervientemente el alivio de sus penas. Paralelamente, una doncella llamada Sara, también rogaba al Señor que la librara de su desgracia que consistía en la muerte de sus esposos apenas contraía matrimonio.

El anciano Tobías, creyendo cercana su muerte, envió a su hijo también llamado Tobías, a buscar un dinero que se le adeudaba en otra ciudad. Al salir el joven Tobías de la casa para cumplir el encargo, se encontró con un apuesto joven que se ofrece a acompañarlo, que era precisamente el Arcángel Rafael.

Estando a las orillas del río Tigris, Tobías decide lavarse los pies y de repente surgió un pez monstruoso que lo atacó.  Rafael le dice a Tobías que abrace al pez y lo saque del agua y una vez muerto le saque el corazón, la hiel y el hígado, para utilizarlos más adelante. El resto debía ser preparado para que sirviera de alimento durante el viaje.

En el camino pasaron por casa de Sara y Tobías se enamoró de ella y le rogó a Rafael que la pidiera en su nombre como esposa, pues siendo su corazón puro, no tendría el mismo destino de los esposos anteriores. Entonces Tobías, por indicaciones de Rafael, sacó un pedazo del corazón del pez y lo puso a asar en unas brasas en la habitación, mientras que el demonio culpable de las muertes de los anteriores esposos de Sara, era atado por Rafael y conducido a un desierto. Esa noche los nuevos esposos pasaron la noche orando para ahuyentar al demonio.

De esta forma quedó roto el maleficio sobre Sara. Después de mucho celebrar, los jóvenes  decidieron partir a la casa del viejo Tobías para llevarle el encargo que ya había sido cumplido. Cuando estaban cerca de la casa, Rafael le dijo a Tobías que se adelantara llevando algo de la hiel del pez.

Mucho celebraron los ancianos padres el regreso del hijo, quien, siguiendo las indicaciones de Rafael, untó los ojos de su padre con la hiel del pez, logrando que recuperara la vista de inmediato.

El anciano padre quería recompensar a Rafael por las bondades que había traído a la familia, trataron de convencerlo que tomara parte de las riquezas con que el padre de Sara había obsequiado a la pareja. Entonces, San Rafael develó su secreto: «Bendecid a Dios del cielo y dadle gracias ante todo, porque ha usado con vosotros de su misericordia. Yo soy el Arcángel Rafael, uno de los siete que estamos delante del Señor».

Al oír esto, los dos Tobías se turbaron y, llenos de temor, cayeron en tierra.

San Rafael les dijo  dulcemente: «No temáis, porque cuando yo estaba con vosotros, estaba por voluntad de Dios. Bendecidle y cantad sus alabanzas. Ya es tiempo de que vuelva al que me envió. Vosotros bendecid siempre al Señor y contad sus maravillas».

Dicho esto desapareció y no volvieron a verle.
Fuente Consultada:  http://multimedios.org/docs/d001433
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