Buscar este blog

Cargando...
....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

3 de abril de 2012

Grupos Indígenas Apureños: Los Otomacos

Los Otomacos formaban un grupo lingüístico único con los Taparitas. Se supone que constituían un grupo independiente Paleo-Americano y parece que tenían vínculos culturales con los pueblos prehispánicos centroamericanos y de la zona andina.

Estaban ubicados en la parte oriental del actual estado Apure, en la costa desde la confluencia del Apure con aquel gran río hasta el Meta.

A los misioneros religiosos, y a cuantos europeos se aventuraron por tierras otomacas, llamó la atención el que mientras unos se dedicaban a pescar o recoger huevos de tortuga, otros jugaban pelota, como rito favorable a la pesca, al estilo maya y azteca. Durante el juego consumían tierra (geofagia) y antes de ciertos actos, como entrar en guerra, una púa del pez conocido como "Raya", y se embadurnaban la cara y el cuerpo con la sangre que les britaba de la herida.

La mitología otomaca hablaba de que el origen de su pueblo estaba en una piedra triple situada sobre el pico Barraguán, casi enfrente de la desembocadura del río Arauca en el Orinoco, en el actual estado Bolívar; esta montaña sería su "Abuela", y su "Abuelo", otro pico frontero, a unas dos leguas del primero; las peñas más pequeñas de los dos lugares serían otros tantos antepasados suyos. Llamaban a la primera piedra "Uruana" y a sí mismos "Uruanayes (hijos de la piedra)

Acostumbraban a elevar cantos nocturnos a la luna y a llorar y gritar al amanecer. Enterraban sus muertos en dos etapas o tiempos: la primera, para que se descarnaran los cadáveres y quedaran los puros huesos, y la segunda, cuando en una urna colectiva colocaban los restos que habían quedado del primer enterramiento, a los tres años de haber sucedido éste. Cuando alguien moría, desamparaban la casa del muerto y luego la quemaban.

Creían en un ser supremo, al que daban el nombre de Yivi Uranga ("el que está en lo alto"). Este ser divino había creado el mundo, premiaba a los buenos y castigaba a los malos. Según parece, los otomacos tenían también la creencia en la existencia de un espíritu del mal, el cual llamaban Tigüi- Tigüi, nombre de un pájaro enemigo del hombre.

El matrimonio otomaco era monógamo y los jóvenes eran casados inicialmente con las viudas mas ancianas para que aprendieran de ellas los secretos del sexo y las obligaciones del hogar. Al enviudar de su primer matrimonio es que podían casarse con mujer moza, a la que transmitían su experiencia anterior

La propiedad era colectiva y el producto de la pesca y cosechas era distribuida de acuerdo al número integrante de cada hogar, pero el trabajo también era colectivo.

Se alimentaban de la pesca, algunos vegetales como el guapo, el changuango, chiga, la batata, la yuca, el maíz y algunos frutos. También algunas piezas de cacería.

Además de las flechas y macanas, usaban arpones con cuerdas "de las que usaban para apresar piraguas" porque para el siglo XVII eran llamados "Los piratas del Orinoco". Durante mucho tiempo se mantuvieron en constante lucha con Los Caribes. Sólo cuando éstos empezaron a usar armas de fuego, que les eran suministradas por holandeses establecidos en Guayana, los otomacos se vieron precisados a eludir la guerra con aquéllos. Las antiguas crónicas misioneras dicen que fueron los más aguerridos opositores de los españoles.

Los jesuitas lograron establecer algunas misiones con población otomaca: San José de Otomacos (1733), San José de Mapoyes (1740), Uruana o Urbana (1732), Cabruta (1732) San Regis( 1740), Santa Bárbara ( al norte del río Cinaruco (1735). Sin embargo todas estas misiones desaparecieron cuando los misioneros fueron expulsados por los Caribes en 1767. Los misioneros capuchinos andaluces, posteriormente, lograron estableces otras poblaciones que existen hasta hoy: San Juan de Payara, Arichuna, Camaguán, San Rafael de Atamaica, Cunaviche y Guachara.

Un famoso cacique otomaco fue
Tavacaré , que en 1647 realizó un tratado de paz con el capitán Miguel de Ochogavía, cuando éste hacia el recorrido de descubrimiento del río Apure. Tavacaré era soberano de varias agrupaciones de indígenas de la región, otomacas y achaguas: Paranoa, Tavagaya, Ajagua, Amayva. Corocata, Guaravaya, Cocoayma, Guaypara, Agauripia y Puchicamaes; disponía de más de 3000 guerreros.

Según descripción de Fray Jacinto de Carvajal, cronista del viaje de Ochogavía, Tavacaré era de elevada estatura, larga y poblada cabellera, "indicadora cierta del gran número de indios que tenía sometidos y a su servicio" y la adecuada proporción de sus miembros, le daban un aspecto de gentileza y apostura que, juntamente con las bellas cualidades morales que realzaban su persona, justificaba a los ojos de sus súbditos la gran autoridad de que estaba investido y le hacía en extremo simpático a los extraños.

Los testimonios coinciden en que los otomacos eran individuos altos, corpulentos, robustos, de piel morena. Según el padre Guilij, eran "más altos que los españoles de un talle realmente soldadesco"

No quedan ya vestigios de los otomacos, los cuales al igual que los achaguas desaparecieron diezmados por las enfermedades y abusos de los criollos terratenientes y también porque se fueron integrando a la gente de nuestros llanos. Dicen que el último descendiente directo de otomacos, fue Antonio José Torrealba, quien en su obra Diario de un Llanero, nos deja mucho de las costumbres de ese pueblo. Se puede decir entonces que los otomacos constituyen un ancestro bien cercano de nuestro llanero de hoy.
Argenis Méndez Echenique.
 Historia de Apure 

Complementaremos la información sobre los indígenas otomacos, con parte del trabajo realizado por Fernando Arellano en su Una Introducción a la Venezuela Prehispánica: Culturas de Las Naciones:

La pesca
Los otomacos eran expertos pescadores. “Sacan del profundo rio los caimanes mas formidables  y con la misma facilidad se arrojan  al agua en pos de la tortuga" (Gumilla). También eran expertos en la captura del manatí. Los otomacos utilizaban para pescar, arco, flechas y cerbatana. Los anzuelos, redes y barricadas también era muy utilizadas así como el barbasco

La vuelta de los pescadores era saludada con alborozo. “El primer muchacho de los que andan traveseando junto al rio, que descubre el convoy de canoas de pescadores, a brincos y saltos de alegría alborota a toda la gente y al punto dejan el juego de la pelota, que es de ordinario a las cuatro de la tarde. Los pescadores dejan las canoas, casi siempre llenas de pescado, y sin tomar uno, se van a descansar a sus casas; entonces las mujeres y muchachos, según  la variedad de capitanías, cargan el pescado y lo amontonan junto a las puertas de sus capitanes, estos reparten la pesca en proporción, según el mayor o menor número de hijos que tienen los padres de familia

La caza
"Los animales que se cazan eran muchos y muy variados; los mas nombrados son: el ciervo o  venado, el jabalí o cerdo montés, toda una variedad de monos, el tapir,  el armadillo, la iguana, el morrocoy, etc., también cazaban muchas aves, pero abundaban tanto los animales de tierra, particularmente los armadillos (cachicamos), que los indios se preocupaban poco de los volátiles”(Gumilla)

Recolección
Los otomacos, recolectaban los frutos que les brindaba la naturaleza, como miel silvestre, bachacos, y frutos de algunos árboles, particularmente la palma. Además recogían huevos de tortuga.

Preparación de la comida
Preparaban el casabe con la yuca amarga. Los huevos de tortuga se comían crudos o se ahumaban para conservarlos en cestos. “La gran atracción de la caza anual de tortugas era el aceite que se sacaba de ellas  y que servía  para alumbrar, para cocinar y para mezclarlo con tintes con que se untaban el cuerpo. Eran especialmente expertos en conservar grandes cantidades de carne de manatí , cortándola  en tiras y secándolas  al sol o al fuego". Los otomacos conocían las “hayacas” o “yayacas”, como consta por un texto poco divulgado del P.G ilij: “El pan de maíz me trae el recuerdo de la yayaca (así la llaman los españoles), que es un panecillo alargado de harina de maíz, que se suele hervir envuelto en hojas…. Caliente no es malo, y lo usan también muchos españoles

La geofagia de los Otomacos
 Los padres Gumilla y Gilij, nos dan datos precisos sobre la costumbre otomaca de comer una especie de panes confeccionados a base de tierra, barro o arcilla “habiendo pan, al menos para quien trabaja. Muchísimos  orinoquenses comen tierra: de cierta greda olorosa mezclada con el fruto “nega”, los desocupados otomacos hacen panecillos que se comen con mucho gusto. Estos comen tierra preparada con arte. Las otras naciones la comen por puro vicio. Es rarísimo el muchacho que para divertirse no la lleve en la boca a modo de caramelo. Las mujeres comen arcilla destinada a cacharros. Los hombres mismos no quedan lejos de ellas. Y aunque algunos digan lo contrario, no hay duda de que les hace daño, y muchos se mueren de eso, si no usan, como los otomacos, grasa de cocodrilo, que se dice es expulsiva y laxante” Gumilla comenta que le “hace provecho, no por la tierra, sino por la mucha grasa y manteca de caimán y de tortuga, que no se comen o beben. Esta grasa no les deja pasar la tierra a sus estómagos, y así, a todo seguro, para acallar las madres a sus hijos, les dan un terrón y ellos se lo están lamiendo y chupando hasta que piden otro  La faena de preparar el pan de tierra incumbía a las mujeres. Cada mujer tenía cerca del río hoyos de greda fina o barro escogido, donde enterraban maíz, frutas y otros granos, y al cabo de determinados días, hacían el amasijo que les proporcionaba cada día de pan fresco. Después de una lenta preparación de la masa, le echaban una gran cantidad de manteca de tortuga o de caimán y formaban sus panes en forma de bola. Luego los metían en el horno, “y si lleva amasijo manteca, sale del horno blando y tratable; y si no, sale poco menos duro que acá los ladrillos. Pero sea como fuere, ellos se regalan grandemente con su pan"

Pintura del cuerpo
Sobre las unturas, los hombres, dice Gumilla, se engalanaban con  plumajes de colores escogidos; “y en las piernas, a raíz de las rodillas, y arriba de los tobillos atan cuatro bolas muy esponjadas, de gran  numero de hebras de algodón; estas sirven de gala y de remedio contra infinitas garrapatas menudas…. Que se les enredan en las cuatro bolas, sin pasar a molestar lo restante del cuerpo

Además de esto, los  hombres adornan sus narices y orejas con diversas alhajas y los que pueden con planchitas de plata u oro, que ellos mismos labran  a su modo. Las mujeres usan los mismos adornos de narices y orejas, pero además “adornan  sus brazos, cuello, cintura y piernas con gran numero de sartas de quiripa; esto es, sartas de cuentas muy menudas, que labran de cáscaras de caracol con gran primor."

Casas y pueblos
Mientras otras naciones habitan en  chozas bastante cómodas, solo los otomacos tenían las suyas pequeñas y feas" (Gilij).Muchas de las chozas estaban cubiertas a medias, pero la de los “otomacos salvajes ni siquiera llegaban a tanto, “sino que fijando en tierra algunas ramas, se ponen  debajo tan tranquilos.  ¿llueve? Cogen las esteras, que…. Son muy curiosas y apretadas y no hay peligro de que se mojen sino los pies, cosa que no les molesta"

La muerte.
 El duelo por sus muertos era extremado, “Todos los días al amanecer, son llorados de manera constante los difuntos de toda la nación”. Era costumbre que los viejos, en previsión de su próximo fin, se cavaran sus propias tumbas.

Danzas y música
Terminada la rutina diaria, los otomacos bailaban hasta la medianoche. “sin flautas ni sonajas, ni cosa alguna de esas; porque  formando el primer círculo de hombres, cogidos las manos unos con otros, se sigue a las espaldas el segundo círculo, formado de solas mujeres, asidas sus manos unas con otras; después sigue el tercer círculo de  la chusma menuda. Hecho esto, entona el maestro un tono…; responden todos el eco del director; y como en la rueda primera de hombres hay tenores y bajos escogidos,  en la rueda de las mujeres, contraltos en abundancia y en la de los chicos hay tiples a montones, resulta una música digna de oírse, especialmente a distancia proporcionada. Prosiguen mudando tonos,  hasta que rendidos , se van a dormir."

Tenían otros bailes para ocasiones especiales “El baile llamado por los otomacos “maéma” es todo grave… toma su nombre del tigre, del que finge defenderse un indio sentado en  medio de un circulo. Ocho o diez indios lo bailan cantando graciosamente alrededor, apretados y juntos el uno con el otro. De vez en cuando, pero cuando menos se piensa como si hubiera venido el tigre para llevarse al indio encerrado, de las cuatro partes del circulo se dirigen otros tantos bailarines con la lanza en la mano hacia los asistentes en actitud de herir de punta”(Gilij). Acosta Saignes relaciona el “Maéma” de los otomacos con el famoso bale del Maremare
 
Publicar un comentario en la entrada