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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

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7 de octubre de 2018

José Antonio Páez , compositor.

En nuestra etapa Tiempos de Transhumancia, colocamos el extracto de una publicación efectuada hace varios años por el Profesor Juan Alvarez, de Acarigua, estado Portuguesa, en su perfil Facebook. En ella se  habla de piezas musicales compuestas por nuestro prócer José Antonio Páez en el ocaso de su vida. Sin duda un tesoro. 

La Flor del Retiro”, título de una pieza compuesta -letra y música- por el mismísimo José Antonio Páez aparentemente hacia el final de su vida, en ella se leen melancólicos versos en melodía como “Que triste es la vida, de luto cubierta, llevando en el pecho oculto un dolor…”.

Al profesor Calcaño le preguntaron qué pensaba de José Antonio Páez músico y, con su tono de voz célebre por sus charlas en la radio y la televisión, dijo: Bueno, aún cuando él no fue músico, hablando en propiedad, bien merece un puesto en nuestra historia musical por más de un respecto.

José Antonio Páez, héroe de Carabobo, debe trasladarse por razones económicas a Buenos Aires, República Argentina. Allí hace amistad con la familia Carranza, gente de muchos bienes en la zona. Páez, en un gesto de cariño, regala a Esteban Adolfo Carranza un cuaderno con piezas musicales compuestas por él.

El cuaderno se conserva y tal como dice la crónica de Oscar Yanes del 20 de mayo de 2005
“. La Orquesta Sinfónica Venezuela, bajo dirección del maestro Alfredo Rugeles, el tenor Víctor López y el Coro de Opera Teresa Carreño, bajo la batuta del maestro Jesús González, vibraron anoche interpretando “La flor del retiro”, “El Pescador”, “Escucha ¡Bella María!” y “Sanctissina” escritas por un barítono, violinista y pianista llamado José Antonio Páez.
Los jóvenes compositores Juan de Dios López Maya y el investigador Alfredo Tinoco hicieron el milagro de resucitar la música de Páez que dormía en Buenos Aires. Ellos hicieron la investigación histórica y arreglos orquestales. El profesor Alejandro Ramírez, presidente de la Orquesta Sinfónica Venezuela, también está cubierto de gloria”

Fuentes Consultadas:
Diario El universal, crónica de Oscar Yanes del 20 de mayo de 2005
@vzlasinfonica www.venezuelasinfonica.com
Héctor Cavallaro. Grupo Germina.cciones.
Apuntes sobre Las Queseras del Medio (2013) para trío de Clarinete, Guitarra y Violonchelo
eluniversal.com. Caracas, miércoles 18 de mayo, 2005. Articulo de Ana Maria Hernandez Ghttp://www.eluniversal.com/2005/05/18/imp_til_art_18312A


 ENLACE   LA FLOR DEL RETIRO (YOU TUBE)

16 de septiembre de 2012

Los Húsares de la Muerte:

Hemos escogido para el día de hoy, uno de los relatos históricos contenidos en el libro Lecturas del Apure Legendario de Francisco Castillo Serrano, denominado Los Húsares de la Muerte. Nos ha llamado especialmente la atención, por dos razones: porque habla del Catire Páez, prócer que como hemos dicho en ocasiones anteriores, siempre tiene espacio en esta página, y porque hace una descripción muy detallada de su indumentaria, quizás en una visión poco conocida, recreándonos además con el recuerdo de aquel 02 de abril de 1819, día glorioso de Las Queseras del Medio.

 El relato proviene del testimonio de un soldado realista:
"Páez detuvo su gente como a media milla del borde de la selva y se adelantó a caballo, seguido de tres o cuatro de sus guerreros, jinetes de briosos animales de los que se cogen indómitos en la sabana. Cada uno de estos oficiales llevaba una lanza con una banderola negra en la que se apreciaba, toscamente bordado en hilo blanco, una calavera y dos huesos en aspa. 

El jefe montaba un corcel rucio, con crines y cola flotantes, porque estos hombres no acostumbran desfigurar los caballos cortándoles las cerdas; su traje era similar al de sus compañeros y consistía simplemente en una camisa a rayas rojas transversales, abierta de cuello y pechera, mangas muy anchas y hecha de pañuelo inglés, calzones sueltos de algodón que le llegaban un poco mas debajo de la rodilla. Tenía las pantorrillas al aire y los pies descalzos, pero llevaba espuelas de plata maciza con agudas puntas como de dos pulgadas. Cubría su cabeza un sombrero de copa baja, tejido con hojas de palmera y provisto de una ancha cinta azul, atada bajo la barba. Su lanza se veía liviana y manejable, y el fuste hecho de una caña negra, dura y elástica que crece en la llanura, conducíasela un muchacho como de doce años, montado sobre un caballo corpulento y brioso, el chico servía siempre al jefe en calidad de asistente, era, además, muy respetado, gracias a la suma impasibilidad que mostraba ante el peligro, y a su destreza al jinetear y nadar, ambas prácticas indispensables para los habitantes de las sabanas. 

¡Páez, el temido jefe llanero, no revelaba huellas de la ferocidad que le atribuían en su franca expresión…! 

 El pelo corto y crespo le caía sobre la frente, usaba pequeños bigotes, pero no patillas; sus ojos negros, apenas descubrían indicios de los arrebatos que con tanta frecuencia lo precipitaban a ejecutar actos de excesivo rigor. Sus carrillos, algo pálidos por lo regular, se notaban ahora encendidos por causa del esfuerzo y la exaltación producida ante un inminente combate con los enemigos de su país. 

Cabalgó paso a paso reconociendo con calma las filas realistas, sentado a la mujeriega, usual posición suya en tales circunstancias, con una pierna cruzada sobre el arzón de la silla. Aunque Páez se hallaba con su Estado Mayor a unas cien yardas del bosque, una intensa curiosidad y acaso un sentimiento de respeto por su actitud tranquila y resuelta, fijaba la atención del enemigo en los movimientos de aquel hombre extraordinario. Habiendo pasado al fin frente a toda la línea enemiga, muy a semejanza de quien pasa revista a sus propias tropas, cogió su lanza a manos del chico que la conducía, y sentándose recto en la silla regresó a medio galope, agitando en alto el muy conocido y terrible símbolo de guerra a muerte, como un reto, para que la caballería española saliera del bosque que la refugiaba y se enfrentara en la sabana, mientras su guardia, que lo observaba atentamente, prorrumpía en gritos entusiastas: 

¡Viva Páez…! ¡Muera Morillo…! 

5 de septiembre de 2012

El Catire Páez y Manuelote

Mi amigo Bloguero Abraham (Lecturas, yantares y Otros Placeres.blogspot.com), acaba de publicar un artículo sobre Manuelote, basándose en la Autobiografía de José Antonio Páez y manteniendo la ortografía original. Y como “El Centauro de los Llanos”, siempre tendrá cabida en este espacio, me tomo la licencia de transcribir el artículo mencionado:

 “ (...) Tocóme de capataz un negro alto, taciturno y de severo aspecto, a quien contribuía a hacer más venerable una híspida poblada barba. Apenas se había puesto el novicio a sus órdenes, cuando, con voz imperiosa, le ordenaba que montase un caballo sin rienda, caballo que jamás había sentido sobre el lomo ni el peso de la carga, ni el del domador. Como ante órdenes sin réplica ni excusa, no había que vacilar, saltaba el peón sobre el potro salvaje, echaba mano a sus ásperas y espesas crines, y no bien se había sentado, cuando la fiera empezaba a dar saltos y corcovos, o tirando furiosas dentelladas al jinete, cuyas piernas corrían graves peligros, trataba de desembarazarse de la extraña carga, para él insoportable, o despidiendo fuego por los ojos y narices, se lanzaba enfurecida en demanda de sus compañeros en los llanos, como si quisiera impetrar su auxilio contra el enemigo que oprimía sus ijares.” 

Páez nos cuenta de seguidas cómo era la doma de un caballo y las sensaciones del peón en la faena, antes de entrar a describir su relación con Manuelote, el mayordomo, quien debió ser un esclavo de suma confianza del viejo Pulido: "El hato de la Calzada se hallaba a cargo, como he dicho, de un negro llamado Manuel o, según le decíamos todos, Manuelote, el cual era esclavo de Pulido y ejercía el cargo de mayordomo. El propietario no visitaba en aquella época su finca, por haberse quemado la casa de habitación, y todo cuanto existía en el hato se hallaba a la disposición del ceñudo mayordomo. Las sospechas que algunos peones habían hecho concebir a Manuelote, de que, bajo el pretexto de buscar servicio, había ido yo a espiar su conducta, hicieron que me tratase con mucha dureza, dedicándome siempre a los trabajos más penosos, como domar caballos salvajes, sin permitirme montar sino los de esta clase; pastorear los ganados durante el día, bajo un sol abrasador, operación que por esta causa y la vigilancia que exijía, era la que yo más odiaba; velar por las noches las madrinas de los caballos, para que no se ahuyentasen; cortar con hacha maderos para las cercas, y finalmente, arrojarme con el caballo a los ríos, cuando aún no sabía nadar, para pasar como guía los ganados de una ribera a otra. 

Recuerdo que un día, al llegar a un río, me gritó: "Tírese al agua y guíe el ganado". Como yo titubease, manifestándole que no sabía nadar, me constó en tono de cólera: "Yo no le pregunto a Ud. si sabe nadar o no; le mando que se tire al río y guíe el ganado". “Mucho, mucho sufrí con aquel trato: las manos se me rajaron a consecuencia de los grandes esfuerzos que hacía para sujetar los caballos por el cabestro de cerda que se usa para domarlos, amarrado al pescuezo de la bestia, y asegurado al bozal en forma de rienda. Obligado a bregar con aquellos indómitos animales, en pelo o montado en una silla de madera con correas de cuero sin adobar, mis muslos sufrían tanto que muchas veces se cubrían de rozaduras que botaban sangre. Hasta gusanos me valieron en las heridas, cosa no rara en aquellos desiertos y en aquella vida salvaje; semejantes engendros produce la multitud de moscas que abundan allí en la estación de las lluvias.” 

Acabado el trabajo del día, Manuelote; echado en la hamaca, solía decirme: "Catire Páez, traiga un camazo de agua, y láveme los pies"; y después me mandaba que le meciese, hasta que se quedaba dormido. Me distinguía con el nombre de catire (rubio), y con la preferencia sobre todos los demás peones, para desempeñar cuanto había más difícil y peligroso que hacer en el hato. Cuando algunos años después lo tomé prisionero en Mata de la Miel, le traté con la mayor bondad, hasta hacerle sentar en mi propia mesa, y un día que le manifesté el deseo de serle útil en alguna cosa, me suplicó como único favor que le diera un salvo-conducto para retirarse a su casa. Al momento lo complací, por lo que, agradecido al buen tratamiento que había recibido, se incorporó más tarde en mis filas. Entonces, los demás llaneros en su presencia solían decirse unos a otros con cierta malicia: "Catire Páez, traiga un camazo de agua y láveme los pies": Picado Manuelote con aquellas alusiones de otros tiempos, les contestaba:"Ya sé que Uds. dicen eso por mí; pero a mí me deben tener a la cabeza un hombre tan fuerte, y la patria una las mejores lanzas, porque fui yo quien lo hizo hombre". 

 “Después de vivir dos años en el hato de La Calzada, pasé con Manuelote al Pagüey, propiedad también de Pulido, con el objeto de ayudar a la hierra y a la cojida de algún ganado para vender. Allí tuve la buena suerte de conocer a Pulido, quien me sacó del estado de peón, empleándome en la venta de sus ganados, y como mi familia me había recomendado a él, me ofreció su protección conservándome a su lado...” 

Aquí tenemos a dos personajes importantes en la vida del León de Payara: Manuelote, que lo hizo hombre y lo enseñó a domar hombres y bestias; y don Manuel Pulido, propietario de varios hatos, quien reconoció su talento, le enseñó un oficio y luego lo instó a luchar por la patria y la libertad. 

Y para culminar con una nota musical, les ofrecemos El Lancero de los Llanos, interpretado por Benito Quiroz

EL LANCERO DE LOS LLANOS
 Son las tres de la mañana 
Levanta Catire Páez 
Ensilla bien tu caballo 
Y espérame en la majada
 Muchacho,
 Tú como que vas llorando.. 

No señor don Manuelote
Yo lo que voy es cantando 
Inspirado por la luna 
Y el paisaje de mi llano 

Como llanero soy guapo 
No conozco cobardía 
Cuando salgo a la montaña 
Le hago al tigre compañía 

La sangre corre en mis venas 
Cual la corriente del río 
Ha de llegar el momento 
 De probar que tengo brío 

Corre la voz en la pampa 
Cual la brisa en el palmar 
Es el triunfo del llanero 
En el hato de El Yagual 

Allá vienen los patriotas 
Y el lancero de los llanos 
Es el catire en vanguardia 
El Coloso de los Llanos
 ¡Vuelvan Caras! 

Manuelote se sorprende 
Pero reacciona con calma
 El confia en el valor 
Del Coloso de los Llanos

 Muchacho tú eras malcriado
 Y yo no te consentía 
Hoy vuelves a la calzada 
A probar tu valentía 

Mi muchacho tan valiente 
Yo no lo puedo negar 
Negro Primero es un tigre 
Del Mellado no hay que hablar 

Ya me despido señores
 Con mis cantares llaneros 
Recordándoles el triunfo
De las Queseras del Medio 

4 de julio de 2012

Páez: De Carabobo a La Cosiata (2/4)

Continuamos con la segunda parte del ensayo realizado por Carlos Alarico Gómez, Ph. D en historia y magister en periodismo, publicado por el Blog Venezuela de Antaño. Esta segunda parte la ha denominado el autor Páez y la Formación del estado Venezolano

Las Queseras del Medio 

"Durante el año 1819, el Congreso de Angostura (15 de febrero) sanciona la creación de la República de Venezuela y Simón Bolívar es electo presidente, cargo en el que se juramentó dos días después. Ese mismo año se reúne con Páez en el Apure y luego decide remontar Los Andes para darle la libertad a la Nueva Granada y obtiene la victoria de Boyacá (7 de agosto), con la cual sella e inicia el camino definitivo para lograr la de Venezuela. 

Mientras el Libertador concreta su proyecto, José Antonio Páez permanece vigilante en el Apure y Santiago Mariño en el oriente. Al volver a Guayana, el Libertador convoca de nuevo al Congreso y se produce, por iniciativa suya, la creación de la República de Colombia el 17 de diciembre. Entretanto, Páez sigue su lucha durante todo el año 1819, habiendo logrado triunfar en todos sus compromisos, pero el más espectacular de todos fue el de Las Queseras del Medio, batalla librada el 2 de abril en presencia de Bolívar, ocurrida después del combate del Paso Marrereño (5 de febrero) y de la Gamarra (27 de marzo). El lugar de la batalla fue en los márgenes del río Arauca. A la izquierda estaba ubicado el ejército del mariscal Morillo. 

Muy temprano en la mañana llegó el comandante Narciso López proveniente de Achaguas, al mando de un escuadrón de 6.000 hombres, de los cuales 1.000 eran jinetes. Bolívar había llegado a fines de marzo de 1819, apenas un mes después de haber sido nombrado presidente de Venezuela. Tan pronto puso pie en el Apure se reunió con Páez en el Caujaral de Cunaviche y desde ese mismo momento iniciaron el acoso de Morillo. Tan pronto Páez se enteró de la cantidad de hombres que había llegado con Narciso López a Las Queseras le aconsejó a Bolívar desistir de un ataque frontal, que seguramente perderían, pero le pidió permiso para realizar una operación comando contra Morillo a la cabeza de 150 jinetes escogidos entre sus más fieros llaneros. Obtenido el permiso cruzó el Arauca al frente de tres columnas y se dirigió decidido contra el campamento realista. Ante el inesperado e insensato ataque de Páez, Morillo movió su ejército con la caballería al frente mientras “El Catire” simulaba emprender la retirada en la dirección donde Bolívar había apostado un pelotón de infantería y ante esa situación el jefe español le ordenó a Narciso López que rodeara al batallón de Páez al mando de un escuadrón y fue en ese momento cuando “El Catire” le ordenó a sus hombres: -¡Vuelvan caras! Y de inmediato se produjo el feroz ataque contra las fuerzas de López, cuyos hombres no pudieron detener el impulso de sus caballos y fueron derecho a clavarse en las lanzas de los llaneros paecistas, sembrando el caos en el ejército realista. 

Ante el ataque de las fuerzas patriotas el resto de la caballería realista se retiró con precipitación y se echó sobre su propia infantería, la cual no fue arrollada gracias a la decisión de Morillo de trasladarla a un bosque cercano. El triunfo militar de José Antonio Páez en la batalla de las Queseras del Medio, contribuyó a acrecentar su fama. Al condecorar al grupo de llaneros que participó en la acción, Bolívar expresó: "-Soldados: Acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones. Ciento cincuenta hombres, mejor diré ciento cincuenta héroes, guiados por el impertérrito general Páez, de propósito deliberado han atacado de frente a todo el ejército español de Morillo. Lo que se ha hecho no es más que un preludio de lo que podéis hacer. Preparaos al combate y confiad en la victoria que lleváis en la punta de vuestras lanzas y de vuestras bayonetas". 

 A partir de ese momento los hechos se suceden con una agilidad vertiginosa. Bolívar se reúne con su estado mayor en el sitio de Los Setenta e inicia el Paso de Los Andes, que culmina con la Batalla de Boyacá, en la que le da la libertad a la Nueva Granada, mientras Páez permanece en el Apure y vence a los españoles en La Cruz y Apurito. Bolívar regresa a Angostura y el 17 de diciembre crea la República de Colombia, dando fin a la III República de Venezuela y luego regresa a Bogotá a darle forma al país que acababa de crear, inspirado en las ideas mirandinas. En 1820 Páez ocupa Barinas, prácticamente sin resistencia. Las condiciones parecían anunciar el pronto fin de la guerra. Bolívar emprende una fuerte acción diplomática y firma el Tratado de Regularización de la Guerra en Santa Ana de Trujillo el 26 de noviembre de 1820, pero este acuerdo muy pronto se romperá. El 28 de abril de 1821 se reinician las hostilidades. Páez sale de Achaguas hacia San Carlos el 10 de mayo, donde ya se encontraba Bolívar. Estaba cerca el día de la victoria. Carabobo estaba a solo un mes. 

Después de Carabobo 

Al producirse el triunfo, Bolívar le reconoce sus méritos a Páez y en el mismo campo de batalla lo asciende a General en Jefe. Coro había sido incorporado a la causa patriota el 3 de mayo de 1821 por iniciativa de la paraguanera Josefa Camejo, pero la causa de la libertad no se consolida hasta que Maracaibo es liberada por el almirante José Prudencio Padilla el 24 de julio de 1823 y Puerto Cabello el 8 de noviembre de ese mismo año, gracias a la efectiva intervención de Páez. Era el último bastión de los Borbones en territorio venezolano. Venció en esa acción a Sebastián de La Calzada, al que le permitió una rendición honrosa y zarpar con su bandera española izada. 


20 de mayo de 2012

Páez: El Origen de un Mito (1)

El artículo que a continuación colocaremos, es parte de un ensayo realizado por el Profesor Carlos Alarico Gómez, Ph. D, titulado Páez y la Formación del Estado Venezolano, que está siendo publicado en un excelente Blog llamado Venezuela de Antaño, el cual  recomendamos ampliamente.

Se trata de un trabajo con muchísima información que redactado en un lenguaje sencillo y de fácil comprensión, nos ayuda a leer la historia como un cuento.  El  autor  nos autorizó a  publicarlo en Vivencias Llaneras del Abuelo, lo cual es para nosotros un orgullo, ya que "El Catire Páez", es el prócer llanero por excelencia. 

El trabajo está dividido en cuatro partes, las cuales iremos publicando en la medida que lo haga Venezuela de Antaño.

 PÁEZ: EL ORIGEN DE UN MITO 
 Carlos Alarico Gómez
diplarca43@gmail.com

 "José Antonio Páez nació el 13 de junio de 1790 en Curpa, una pequeña aldea llanera adyacente al riachuelo del mismo nombre, en el hoy estado Portuguesa. Fue el séptimo hijo de Juan Victorio Páez y de María Violante Herrera, antecedido por José Francisco, José de los Santos, Ramón, Ubalda, María del Rosario (Mayota) y Ana María. Cerró el ciclo su hermana Luisa. 

Han pasado 222 años y ya no quedan vestigios de la hermosa locación de Curpa, que hoy es un suburbio urbano de Acarigua, pero el nombre del niño José Antonio siempre lo recuerdan con orgullo. Allí vivió sus primeros años, hasta que en 1798 don Juan Victorio fue designado funcionario del estanco de tabaco en Guanare por cuyo motivo se mudó a esa ciudad, aunque pronto se dio cuenta de que sus ocupaciones lo obligaban a viajar con mucha frecuencia. Por lo tanto dejó a su familia bajo la protección de su cuñado Bernardo Fernández, que poseía una bodega en Guama, muy cerca de San Felipe -lugar de donde era nativo- en donde José Antonio comenzó a trabajar a los ocho años de edad. 

Su educación no fue descuidada. Su madre lo inscribió en la escuela dirigida por la maestra Gregoria Díaz, aunque en 1805 interrumpió sus estudios para irse a trabajar a San Felipe en el almacén de su tío Domingo Páez. Su vida transcurría tranquila, hasta que un día su madre le pidió que fuera a Cabudare –cerca de Barquisimeto- a entregar unos documentos y buscar un dinero que le enviaría el abogado Domingo Perera. Era el año 1807. Después de cumplir con la encomienda regresó a Guama, pero se detuvo en Yaritagua a comer algo y cuando fue a pagar la cuenta se hizo visible la gruesa cantidad de dinero que llevaba consigo. Al marcharse fue seguido por cuatro bandoleros que intentaron despojarlo de su dinero en el sitio denominado Sabana de Piedra –en la falda de la montaña de Mayurupí- donde el joven Páez demostró rapidez y valentía, venciendo a sus asaltantes y matando a uno de ellos (Gómez: José Antonio Páez, pp. 6-7). 

 Al regresar a su casa en Guama varios familiares le aconsejaron que se escondiera por un tiempo, ya que la banda a la que se enfrentó era muy poderosa y seguramente lo buscarían para matarlo. Por lo tanto, el joven Páez abandonó el hogar y tomó camino hacia Barinas donde consiguió trabajo como peón en el hato “La Calzada”, propiedad de Manuel Antonio Pulido. La faena era dura y le pagaban tres pesos al mes. Su capataz era Manuelote, un esclavo de confianza de don Manuel que trataba con mucha rudeza al personal que tenía asignado. 

Aquel ambiente requería empezar la faena a las cuatro de la mañana y luego de un café salían a efectuar el trabajo de ordeñar, herrar y apacentar el ganado, para luego tomar un frugal desayuno. El resto del día lo dedicaban a sembrar yuca o recoger la cosecha. Fue un duro aprendizaje para Páez, que asimiló la vida del campo con todo su rigor. Solo disponía de un pequeño catre y de la comida. Carecía de todo tipo de comodidades. Para sobrevivir en aquel ambiente hostil se requería de mucha disciplina, destreza y coraje, que Páez fue adquiriendo. Día a día tenía que enfrentarse a situaciones inesperadas y a veces desconocidas. Tormentas, animales salvajes, garrapatas, bandoleros, el mal humor de Manuelote. El enfrentar tantos peligros e incomodidades lo fue dotando de una voluntad férrea, de un carácter indómito, de una fortaleza física poco común y, sobre todo, de una gran habilidad para tomar decisiones en situaciones de extrema incertidumbre. El joven peón fue superando la dura prueba a que lo sometía el destino y en forma progresiva se fue destacando en su trabajo, lo que fue observado por don Manuel, quien decidió destinarlo al hato “El Pagüey” para aprovechar los conocimientos que Páez adquirió en la bodega de San Felipe. 

En su nuevo destino fue entrenado en el negocio de ganado y a llevar las cuentas, lo que le permitió un salario mejor y la posibilidad de ahorrar. Es en esa época cuando conoce a una bella joven de nombre Dominga Ortiz, natural de Canaguá, a quien le ofrece matrimonio. La boda se lleva a efecto en Barinas el 1 de junio de 1809. Un año más tarde tiene su primer hijo legítimo, al que le da el nombre de Manuel Antonio, en agradecimiento a su patrón. El año anterior había tenido amores con María Ricaurte, una joven vecina del Casanare, con quien tuvo un hijo en Achaguas al que bautizó con el nombre Ramón, que fue criado por su esposa Dominga como si fuera su hijo. 

 Páez –de apenas veinte años de edad- se sentía realizado. Tenía esposa, hijos, casa, un trabajo edificante y una vida por delante, pero de pronto se presentaron los sucesos del 19 de abril de 1810 en Caracas, lo que cambiaría su vida por completo. En sus conversaciones con don Manuel se enteró de los sucesos acaecidos desde finales del siglo anterior, tales como la libertad alcanzada por Estados Unidos en 1784, la Revolución Francesa en 1789, la invasión de Miranda en 1806, la invasión de Napoleón a España en 1808 y la conspiración de los mantuanos venezolanos en 1808, que configuraron una situación de gran complejidad que trajo como consecuencia el golpe de Estado ocurrido en Caracas el 19 de abril de 1810. 

Primera República 
Como consecuencia se creó una Junta de Gobierno a la que se dio el nombre de “Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII”, la cual tuvo que buscar voluntarios para reforzar la tropa y Páez actuó bajo las órdenes de Manuel Antonio Pulido. Es la misma época en la que Francisco Rodríguez del Toro trata de efectuar la toma de Coro, provincia que se mantenía leal al Consejo de Regencia, al igual que Maracaibo y Guayana. Para someterla reunió un ejército de cuatro mil hombres, pero fue derrotado en Coro por el brigadier José de Ceballos el 28 de noviembre de 1810 (Gómez, ibídem, p. 8). 

Mientras esas cosas ocurrían en el norte de Venezuela, Páez permanecía atento a las instrucciones de Pulido, quien se incorporó a la lucha por la República de Venezuela, cuya acta de independencia se firmó el 5 de julio de 1811, lo que provocó la reacción de Ceballos, que dio órdenes a Domingo de Monteverde para que reconquistara la antigua Capitanía General y los venezolanos, como es lógico, toman medidas para defenderse y designan a Francisco de Miranda jefe del ejército, con poderes dictatoriales, dada la emergencia. 

23 de abril de 2012

Mata de la Miel: Me han matado mi buen caballo!

Batalla de Mata de Miel
Continuando con el trabajo Apure: Tierra de Matas y Animas, del Profesor Hugo Arana Páez, les ofrecemos en esta oportunidad, el histórico sitio apureño llamado Mata de La Miel.

 "Seguramente el toponímico Mata de La Miel, se debe a que en esta floresta habría muchas colmenas de aricas (abeja silvestre apureña, productora de exquisita miel), que sus primigenios pobladores castraban para endulzar sus guarapos. La histórica Mata de La Miel, es una mata que se halla situada en el actual municipio Páez del Estado Apure, cercana a la población de Guasdualito; fue allí donde José Antonio Páez, con 500 hombres de caballería infligió una significativa derrota a las tropas realistas (500 prisioneros y 400 muertos) comandadas por Francisco López Gorrita, quien dirigía un ejército integrado por más de un millar de combatientes. Con este triunfo el ejército patriota se surtió de importantes recursos, representados por: 3.345 caballos, amén de una considerable cantidad de lanzas y fusiles. Citando a Argénis Méndez Echenique en su obra Historia de Apure, quien toma el dato de la obra Hazañas de Páez de Héctor Bencomo Barrios, se describe fielmente esta exitosa hazaña ejecutada por el centauro llanero el 16 de febrero de 1816.. 

 “Pocos días llevaba Páez en Guasdualito cuando llegó el general Joaquín Ricaurte a ponerse al frente de las fuerzas que mandaba el Centauro y al efecto estableció su cuartel general en aquella localidad. En la noche del 15 de febrero se tuvieron noticias de que el enemigo estaba cerca, que atacaría el siguiente día y que por ser considerables sus fuerzas tenía grandes posibilidades de éxito. Ricaurte hizo reunir todos los oficiales para oír su opinión sobre la idea que tenía de retirarse a la Provincia de Casanare, al Sur del Arauca. Páez manifestó su deseo de quedarse en Guasdualito con la caballería de su mando, pues había prometido a los habitantes de aquel poblado que les brindaría toda la protección posible. Se convino pues, en que Ricaurte marcharía a Casanare y Páez continuaría en el sitio donde estaba. Fue así como quedó de comandante de una fuerza integrada sólo por 500 hombres de caballería. Noticias más concretas no tardaron en llegar al cuartel general patriota: el 16 de febrero se supo que el coronel Francisco López Gorrita, se hallaba en el sitio Mata de La Miel con fuerzas que pasaban de un millar de hombres, entre los cuales había más de 400 de caballería. Contra la opinión de muchos de sus oficiales, por estar muy avanzada la tarde, Páez se preparó a lanzar un asalto contra los realistas y en efecto formó sus tropas en dos líneas: La primera la puso bajo el mando del comandante Nonato Pérez y la segunda, a las órdenes del comandante Genaro Vásquez. Avanzaron los patriotas hasta donde empezaron a recibir el fuego de la fusilería y artillería enemigas. En ese momento cargó la primera línea tan impetuosamente que con su acción puso en fuga a más de las dos terceras partes de la caballería realista. No tuvo igual suerte Genaro Vásquez con su ataque, pues apenas avanzó fue rechazado. Intervino Páez y logró que los jinetes volvieran caras y acometieran. Tan dura fue la carga que la caballería de López no la pudo resistir y fue lanceada con bravura. El enemigo dejó en el campo 500 prisioneros, 400 muertos, 3.345 caballos y gran cantidad de lanzas y fusiles”...

Me han matado  a mi buen caballo!. Esta primera gran victoria de Páez, joven aún dejó en poder de los patriotas unos 500 prisioneros, arma y municiones y más de 3.345 caballos, indispensables para el llanero. Es en esta acción donde Páez -según narra en su autobiografía- sin darse cuenta se acercó demasiado al enemigo, quien comenzó a disparar, hiriendo mortalmente a su caballo, a lo cual «tomando entonces uno de los dragones, me reuní con mis tropas, a quienes (lo recuerdo como si fuera hoy) les dirigí la más estupenda proclama que jamás ocurrió a general alguno: " -Compañeros, les dije, me han matado mi buen caballo, y si ustedes no están resueltos a vengar ahora mismo su muerte yo me lanzaré solo a perecer entre las filas enemigas. Todos contestaron «Sí, la vengaremos». Por esta importante acción, el gobierno de Nueva Granada le concede el grado de Comandante. El historiador J.A. Cova afirma que «después del combate de «Mata de la Miel», Páez se crece como caudillo de los llaneros.Tomado de Efemeridesvenezolanas.com . Algo mas sobre este suceso, puedes leerlo en el siguiente enlace: EL LLANERO Y SU CABALLO

5 de diciembre de 2011

El Catire Páez y la Música

Nos cuenta Ño Aguedo,  esta interesante historia:

"Hace un poco mas de 50 años, estando joven todavía, viajaba yo por el río Apure en el vapor Arauca y allá en el Alto Apure trabé amistad con un anciano que para aquellos días pisaba en los 112 años, de apellido Vásquez -su nombre no recuerdo- fue sargento primero de la caballería de Páez. Odiaba al Libertador. Lo llamaba “Ño Bolívar” y adoraba al General Páez. Ellos luchaban hasta triunfar o morir por su país, esa era la consigna. Se convertían en demonios al entrar en la lucha lanza en ristre, al recordar que triunfaban o morían por su país y por Páez.

La palabra país la pronunciaban “pai” y la palabra Páez, la pronunciaban “pai”. Era igual. Para ellos su país era “pai” y “pai” era Venezuela.

Ellos creían que su país y Páez eran una misma cosa al pronunciarlo.

En las vísperas de grandes batallas, el General Páez compraba, donde estuviera más cerca, toda la existencia de aguardiente que hubiere y muy temprano empezaba la parranda, en un rancho familiar o bajo la sombra de un corpulento samán, bailaban unos con otros si no habían mujeres y cantaban “verbo a verbo” (hoy se llama contrapunteo) y Páez tomaba parte en el torneo, pues era tenor y cuatrista de primera; allí cantando se desafiaban para cuando llegara el momento del combate, quien demostraría más valor y mayor agilidad ante los españoles, entraban al combate bajo la inspiración de la música del arpa, recordando “el galerón”, “el seis por derecho”, “el seis numerao”, “la guacharaca”, o la sabrosa “chipola”. Esos cantares eran para ellos el himno de “pai”. Luchaban hasta morir o vencer porque estaban seguros que el "pai” estaba con ellos y los veía”. 

Cuando la reina de Inglaterra, mandó un comandante inglés para que le informara la causa de los grandes triunfos de los criollos sobre los ejércitos disciplinados y bien preparados de España, en su informe le decía: “ en el campamento no se sabe quién es el jefe o el subalterno, pero al empezar el combate, el superior da las órdenes y el subalterno las cumple, sin pasar a considerar las circunstancias buenas o malas que le toquen en suerte y con la presteza, el valor y la disciplina, que ojalá tuvieran nuestros soldados de Europa. Luchan como demonios. Son invencibles aún con hambre desnudos y sin dormir”. El ignoraba que todo se debía a la inspiración de la música del arpa y el supremo amor por el “pai”.

Me contó el viejito Vásquez, que el General Páez, nombró una comisión permanente para cuidar de la música, compuesta por el arpista, el guitarrero, el maraquero y dos cantadores, después de una noche de parranda y mientras el general daba las órdenes para entrar en combate, la “comisión de la música” le quitaba las clavijas al arpa y junto con las cuerdas, las guardaba en las “bolsas de la silla”, si las tenía, si no, en una bolsa de cuero a salvo de las lluvias, entonces forraban el arpa en dos cueros blandos cosidos con tiras de los mismos cueros a prueba de lluvias y de animales que pudieran deteriorar la madera y la llevaban a lo más intrincado de la selva y la escondían allí. El guitarrero envolvía su cuatro en un gran pañuelo de madrás, se lo ponía a la espalda y en el pecho hacía el nudo y así lo llevaba por todas partes; muchas veces después de un combate aparecía muerto y si la guitarra estaba en buenas condiciones, la recogían y otro ocupaba su lugar. El maraquero metía las maracas dentro del arpa y otro par llevaba consigo que recogía alguno después del combate, si aparecía muerto. Así el arpa, el cuatro y las maracas, contribuyeron en gran manera a enardecer el coraje de los hombres que dieron su sangre y su vida por la independencia de la patria venezolana y de América"

8 de noviembre de 2011

El Ejército de Páez

Hemos extraído este interesante fragmento de Venezuela Heroica de Eduardo Blanco

Lo que al principio, apenas agrupamiento de partidarios, no tarde se convierte en ejército. Ejército numeroso a cuyas filas, como atraídos por misterioso imán, corren a incorporarse los dispersos de todas armas que cruzan la llanura: el errante pastor, el astuto guerrillero, el derrotado; y con ellos, generales sin tropas, sacerdotes arrojados de sus templos, ancianos venerables, niños sin padres y mujeres sin esposos, perseguidos por la ferocidad del enemigo, hombres de ciencia, ánimos turbulentos, patriotas ilustres, y ambiciosos sin freno, a quienes las revoluciones, la guerra y el tumulto brindan siempre halagos infinitos. La muerte de Boves y el desprecio que de los vencedores en 1814 hace Morillo y sus orgullosos expedicionarios, llevan a las filas del Apure expertos jefes y aguerridos soldados. Luego, en la lucha, lo que el cañón devora, lo que merma el acero inclemente de nuestros opresores, lo rehace el prestigio, lo recupera y multiplica la popularidad,  creciente de un caudillo siempre victorioso.
Entretanto, asaltos, escaramuzas, combates y batallas se suceden sin tregua. La fama pregona hechos heroicos que embelesan y pasman.

A “Estanques” con sus Termópilas y sus proezas mitológicas, sigue la “Mata de Miel”, batalla nocturna donde las sombras velan la sangre y el estrago, no el heroísmo que hace resplandecer como verdaderas estrellas los laureles del triunfo. Luego viene “El Yagual”, con sus violentos y terribles asaltos; y “Mucuritas” con sus catorce cargas de caballería que asombran, a la vez que acuchillan a los fatigados tercios españoles; y la presa de la flotilla, en aguas del Apure, inaudito abordaje, sin ejemplo en la historia, de jinetes a nado contra barcas armadas de cañones. Después la toma de San Fernando, obra de la  tenacidad ; y “El Rastro”, tumba gloriosa de Genaro Vásquez; y la atrevida ocupación de San Carlos; y la disputada victoria de “Cojedes" y la espantosa carnicería del “Guayabal”; y “Carabobo”, pirámide de gloria; y el asalto de Puerto Cabello, prodigio de gigantes, y cien y más combates heroicos y sangrientos, sacrificios a oscuras, laureles sin brillo, proezas sin renombre, encuentros al acaso, más temibles a veces que las batallas que encarece la fama, que relata la historia. Y sobre todos ellos, sobre la lucha en las tinieblas y la victoria entre relámpagos cual si fuera el coronamiento de la elevada cima de los triunfos, un imposible de osadía y de arrogancia extrema, realizado entre aplausos: ¡Las Queseras: Duelo fantástico, deslumbramiento de águila, que sobrepuja todo cuanto la imaginación puede forjarse de prodigioso por heroico, de inaudito por aventurado."

No puedo dejar de emocionarme cuando leo fragmentos de esta apasionada obra, epopeya de Venezuela. Sí, en cada palabra está José Antonio Páez, con su fuerza, con su don de guerrero, con su estrategia nata engrandecida por el conocimiento del llano, con su sencillez como hombre, con su valor de gladiador. Páez héroe indiscutible de nuestra independencia y orgullo de los venezolanos.
Acompaño esta entrada con la letra de un tema de Melecio Betancourt en la voz de Benito Quiroz, el Rey del Galerón, denominado El Lancero de Los Llanos. Tiene un enfoque diferente pues incluye a Manuelote, en una posicion mas bien de enseñanza. Sobre el particular, los historiadores sostienen que la fuerza y entrenamiento del Catire Páez, fue la consecuencia de las exigencias y abusos de Manuelote, caporal de Manuel Pulido, donde José Antonio fue a trabajar "expatriado" de su hogar como consecuencia de haber matado un asaltante en defensa propia a los 17 años. Manuelote, lo recargaba en las faenas exigiéndole más que a los otros peones, lo cual contribuyó a formar el temple y fuerza de nuestro gran prócer. Disfruten la letra de la  canción:



ENTRADAS RELACIONADAS: EL CATIRE PÁEZ Y SU LLANO; EL NAZARENO DE ACHAGUAS ,PÁEZ Y ANTONIO MARTÍNEZ; ACHAGUAS NAZARENA Y PATRIOTA, EL INCENDIO DE SAN FERNANDO; LA PARTICIPACION DEL LLANERO EN LA BATALLA DE CARABOBO; LAS QUESERAS DEL MEDIO



14 de julio de 2011

El Catire Páez y su Llano

Guanare, Estado Portuguesa
José Antonio Páez, héroe indiscutible de nuestra lucha independentista, “El Centauro de Los Llanos” que guió nuestros llaneros ante el poderoso enemigo español, que aplicó las mas sorprendentes estrategias donde se combinaban la astucia, la inteligencia, el valor, y el conocimiento profundo de la tierra llanera y de sus habitantes. Caudillo sin igual, recio, bravío y sobre todo, padre protector de los habitantes de los pueblos llaneros a quienes protegía de la guerra. Llanero auténtico, “de colcha y cobija”, de alpargata y pantalón remangado, de caballo en pelo, de joropo y ternera, de vadeo de río y de torso desnudo ante el sol llanero. En fin, el héroe de carne y hueso, el que compartía la vida de sus soldados y sufría con ellos los mismos rigores de dormir a la intemperie, del hambre, del sol, de la lluvia.

Páez en Calabozo
¿Como ignorar esta realidad y ese pasado? ¿Cómo puede desligarse del corazón del llanero ese hombre que fue uno de ellos, se comportó como tal y logró tan importantes éxitos en pro de la independencia? ¿Cómo olvidar al centauro que los levantó, que los motivó, que los hizo poderosos en todo el país, que  elevó la estirpe del llanero al mas alto sitial de honor, valentía y coraje?

Todos los pueblos y ciudades de la tierra llanera, lo tienen como su libertador. Sin desmerecer el glorioso esfuerzo de Simón Bolívar, José Antonio Páez es el héroe de los estados llaneros y así se aprecia en todos los rincones, donde sus estatuas e imágenes lo confirman.

Hemos recopilado algunas imágenes de este gran prócer en ciudades llaneras, las cuales ilustran esta entrada.

Colocaremos algunos fragmentos del discurso pronunciado por el poeta Portugueseño Yorman Tovar, en la Plaza Páez de Acarigua, el 13 de junio de 2011, con motivo del 221° aniversario del General José Antonio Páez, y recomendamos ampliamente leer todo el artículo en el enlace que se ofrece, pues el poeta Tovar hace un análisis muy interesante de los caudillos de la época de la independencia, su relación con el pueblo y la poesía escrita al respecto: Páez, símbolo de la poesía épica hispanoamericana.

Nota: la última vez que accesé este link, me dió error, sin embargo había copiado antes el texto del discurso, así que si algún lector está interesado en leerlo completo, deje un comentario con su correo electrónico

"Entre todos los héroes de la independencia, es Bolívar, no el más cantado por la poesía popular, pero sí el más mitificado e idolatrado por la historiografía, canal por medio del cual su mítica figura ha llegado al pueblo, hasta el extremo de convertirse en una especie de semidiós o héroe divino, como los de La Ilíada homérica, incluso hasta formar parte de las potencias espirituosas de los altares esotéricos al lado de Guaicaipuro, Negro Felipe y María Lionza. Contrariamente, Pilar Almoina de Carrera sostiene que es la poesía popular -y no el modelo fijado, autorizadamente, por quienes imponen la historia oficial- el verdadero modelo, con libre desarrollo afectivo comunicante, por encima de otros códigos, para comprender e internalizar la imagen de Bolívar".

"Más allá del mito que cubre a los héroes, Páez es una realidad tangible como la de Boves. Muchos historiadores especulan que “Los Bravos de Apure” del “Catire Páez” son herencia o vestigios de “La Legión infernal” del “Catire Boves”. Es probable que muchos milicianos, luego de la muerte del “Taita Boves” se hayan pasado a las fuerzas del “Taita José Antonio”, pero en 1814, cuando muere el asturiano, ya el hijo de Curpa era un empinado Capitán que venía ensanchando su autoridad guerrera, con un ejército de hombres semidesnudos, pero, estratégicamente, organizado. A esto se le suman, fortaleza e inteligencia, que no contrarían el perfil de ningún jefe de figura excepcional. Sin ánimo de menoscabar la grandeza patriótica de Miranda y Bolívar, Páez es el caudillo por excelencia, más laureado y ensalzado por plumas universales, nacionales y regionales. Abundan los panegíricos y los poemas, versificaciones literarias o no, los inmensos caudales de canciones –sobre todo de origen llanero- donde Páez es objeto de admiración infinita por su proeza".
Páez en Acarigua
"Y así como Agamenón, en La Ilíada de Homero, era el jefe de los rubios Aqueos y no pudo brillar más que Aquiles “El de los pies ligeros”, en la narración de la gesta independentista, indudablemente, el Agamenón estratega es Bolívar, pero el Aquiles, quien brilla más es Páez."

11 de marzo de 2011

El Nazareno de Achaguas, Páez y Antonio Martínez- Germán Fleitas Beroes

Para concluir con estas entradas de historia hecha verso, trascribiremos el último de la trilogía de poemas que escribió Germán Fleitas Beroes, sobre nuestra independencia.

Antes de partir con su ejército, el cual poseía como cuartel general la ciudad de Achaguas, Páez se dedicó el 10 de marzo a orar en la iglesia de la ciudad prometiendo una solemne imagen de Jesús Nazareno si lograba la victoria en el campo de batalla, y parte ese mismo día junto con los 2.500 hombres que componían su ejército. El ejército de Apure y los de occidente y Barinas se concentraron según lo previsto en San Carlos y el 24 de Junio de 1821, obtuvieron una victoria aplastante en la sabana de Carabobo, con una participación crucial de José Antonio Páez.  La guerra sin embargo prosigue dos años más y Páez se mantiene ocupado en cargos militares y políticos hasta que el año de 1833, siendo presidente de la República, le encarga al tallista español Merced Rada, la imagen del Nazareno que es entregada a la iglesia en 1835. Wikipedia
Puedes accesar mas información en este Blog, siguiendo este enlace: Nazareno de Achaguas.
El General Páez estuvo a punto de no sobrevivir en la batalla de Carabobo, fue acometido por uno de los ataques de epilepsia que sufría antes de iniciar una batalla o ante la vista de una culebra. Estos ataques lo dejaban sin sentido, momento en que sus compañeros le ayudaban hasta que se le pasaba. En la Batalla de Carabobo, fué víctima de uno de esos ataques, encontrándose sólo en el medio del campo enemigo. Allí es donde ocurre lo improbable, quizás el milagro del Nazareno: el Comandante Antonio Martínez de la caballería de Morales,  tomó  las riendas del caballo de Páez y lo montó en él, en el anca  colocó a un teniente de los patriotas llamado Alejandro Salazar alias Guadalupe para  que lo sostuviera en la silla y así lo regresaron a las filas patriotas.
El Nazareno, Páez y Antonio Martínez.

Entonces otro catire
Bien llanero y bien hombrón
Escuchó del NAZARENO
Una hermosa predicción:
¡Vete para Calabozo,
Esta es la gran ocasión,
esos hombres serán tuyos,
recibe mi bendición…!



Cuando BOLIVAR lo supo
De inmediato aconsejó
Que el mismo padre Llamozas
Sirviera de mediador.
Una mañana de enero
Después de salir el sol,
En medio de un gran silencio,
Bajo un cielo de arrebol
El ejército de Boves
Oyó el mando de otra voz:
-¡Soldados!, me llamo Páez,
Juro en el nombre de DIOS
Que he luchado y lucharé
Contra el poder español,
Venezuela es nuestra patria,
¿vosotros, de donde sois?...
Hubo un silencio de muerte,
Después un leve rumor,
Parece que comprendieron
que el hombre tenia razón,
y aquellos dos mil demonios
en correcta formación
fueron besando uno a uno
las sedas del pabellón.
Otro grito. Más que un grito:
-el rugido de un león-
¡Para Achaguas todo el mundo,
Apure es la salvación!,
Y las aguas del gran rio
Turbias de tierra y de sol
Al paso de la bandera
Se pusieron tricolor.
¡Llegó la gente de Boves!:
-la patria lo celebró-
Con aquellas dos mil lanzas
El ejercito creció;
Después vinieron los triunfos
BOLIVAR los admiró;
Tan solo Antonio Martínez
Tenazmente se negó
A combatir contra el Rey
Porque el Rey era su DIOS;
Sin embargo, tuvo un gesto
Que ya la Historia olvidó:
Siendo un hombre sanguinario
Que con Boves se formó,
A Páez, en plena batalla
De Carabobo, salvó,
Cuando el mal que padecía
De repente lo atacó:
-¡Guadalupe, monte en ancas!,
Sosténgalo con vigor;
No le tema a los realistas
Que por delante voy yo!...
Noble gesto de una raza
Que a la América asombró.

15 de octubre de 2010

Las Queseras del Medio - Ernesto Luis Rodríguez

Para terminar el tema de las Queseras del Medio, colocaremos parte del poema con ese nombre, escrito por Ernesto Luis Rodriguez

Aquí vemos a Páez al pie de su victoria,
diezmado por sus hombres el ímpetu español!
¡Centauro de las pampas! ¡Bandera de la gloria!
¡Clarín de la epopeya bajo este bravo sol!...

Surgió del horizonte tallado de infinito
como el mejor lancero de nuestra libertad.
¿Llegó de la leyenda?... ¿Fue símbolo de un mito?
¡Con él tiene la historia vibrante claridad!

Lo vieron a caballo —su lanza de atavío—
cruzar por los caminos, indómito y viril.
¡Tumulto y polvareda! ¡Bizarro escalofrío!
¡El corazón altivo de frente y de perfil!

Por estos hondos ríos —las olas cual medallas
de sangre ya prendidas en pecho de agua fiel—
pasó, recio y valiente, sonoro de batallas:
¡volcán el heroísmo!..., ¡relámpago el corcel!

¡Aquí la gran hazaña!... Mi canto se desvela
de luz ante el asombro de aquel hecho inmortal;
contándolo se eriza la piel de Venezuela:
¡jamás vieron las guerras ninguna cosa igual!
II
Se estremece el Arauca con el pulso bravío.
A la izquierda Morillo, valeroso y tenaz.
En la margen opuesta, Bolívar. Frente al río
todo el llano apureño se ilumina la faz.

La tierra transparente su dimensión espiga
y afloran a lo lejos la palma y el caney...
¡Soldados de la patria con hambre y con fatiga!
¡Cargados de oropeles los húsares del Rey!

5 de octubre de 2010

Las Queseras del Medio - VUELVAN CARAS!!!!

El siguiente es un episodio emocionante, inflamado de heroísmo, su lectura eriza la piel, donde se pone en evidencia que el “llanero es del tamaño del compromiso que se le presenta”.

Corre 1819, Morillo intenta nuevamente someter a la llanura venezolana, 8500 realistas contra 2000 patriotas. Páez, ha venido acosando a Morillo, con grupos pequeños que avanzan preferiblemente al amparo de la noche, atacan y se retiran, una y otra vez, hacen correr caballos a los que han atado cueros que arrastran levantando polvo, haciendo creer a los realistas que se acerca un ejército, los asusta, los descontrola, los cansa.

3 de abril de 1819, llegan los realistas comandados por Morillo a orillas del Arauca. El ejercito patriota dirigido por Simón Bolívar,  lo observa en la margen opuesta del río, se miran, ninguno da el primer paso…..

Páez escoge 150 centauros, “la flor de los lanceros del Apure” y lanza su caballo al Arauca; cruzan a nado sin ser vistos por el enemigo y llegando a la orilla opuesta a unos 3 km del ejercito español, con un grito de guerra saludan a sus asombrados compañeros de la otra orilla y ellos le responden con vítores y aplausos. Se encaminan entonces,  al campo enemigo….

Los sorprendidos realistas se preparan, se alínean, se protegen las espaldas con el bosque, se colocan frente a la llanura, el silencio reina en ambos bandos.

Apenas llega Páez y sus lanceros a cien pasos de las líneas enemigas, éstas rompen fuego, los llaneros no se amilanan, avanzan, dominan sus caballos asustados por el estrépito  y avanzan.

Morillo dispone su ejército, hace que se coloquen como dos grandes alas para dar aun abrazo mortal a los insolentes llaneros. Estos, acorralados, embisten en el centro, se repliegan hacia un flanco, embisten el otro, mientras que el General Páez con 40 hombres rompe las filas de una de las alas dejando una brecha  abierta y por allí se escapan los llaneros, fingiéndose vencidos.

Morillo ordena seguirlos y arroja sobre ellos 1200 caballos. Páez divide su pequeña fuerza en siete grupos de valientes, dirigidos por Mina, Fernando Figueredo, Muñoz, Rondon, Juan Gómez, Carmona y Aramendi, los cuales se alejan a toda carrera llevando detrás la caballería de Morillo.

Los llaneros avanzan veloces lanzando gritos, insultos y amenazas. Páez, a su espalda, entre ellos y el ejército realista va “ladeado en la silla hacia el enemigo, a quien provoca y enardece con su actitud y sarcasmos”

De esta manera recorren importante distancia, el resto del ejército realista se forma nuevamente y espera. Los llaneros disminuyen la velocidad, haciendo mas corta la distancia entre ellos y el enemigo, que acelera sus caballos.

Tres cuerpos de caballo apenas los separa del codiciado instante: los brazos se extienden, los sables se levantan, la sangre va a correr. Llegó el momento.

Un grito agudo resuena de improviso, dominando el estrépito; grito imperioso y breve, que encierra orden terrible. La de Páez: todos la oyen, y simultáneamente la obedecen los suyos con la pasmosa rapidez del rayo.

Aquella orden suprema, aquel heroico grito, encerraba esta frase estupenda: “¡Vuelvan Caras!”

Lo que entonces pasó no tiene ejemplo en los fastos del heroísmo humano.

La pluma se estremece al describir aquel suceso; la razón se resiste a creerlo; pero ahí está la historia, y la tradición, y los contemporáneos, y el testimonio de Bolívar y medio siglo de incontestables alabanzas y los mismos émulos de Páez que no se atreven a negarlo.

Con la velocidad del pensamiento, los llaneros revuelven sus caballos, dan la cara al enemigo; centellean las levantadas lanzas, y un choque terrible, formidable, como el encuentro de dos rápidas nubes, de dos furiosas tempestades, hace temblar la tierra.

La primera fila de la caballería española queda por tierra revolcada; la segunda vacila; nuestros lanceros la acuchillan; en el centro, embarazado por los caballos en las filas destrozadas, replíegase en desorden; giran sin tino buscando reponerse y da el flanco a la cuchilla de aquellos diestros segadores, que cortan sin piedad”

La velocidad de los llaneros no le da tiempo a los realistas a reponerse ni a defenderse, y los que no mueren allí corren a refugiarse con el resto del ejército. Los llaneros los siguen, dejando rastro sangriento en la llanura.


Morillo los ve con preocupación y piensa que la estampida  de su caballería ocasionará daños al resto de su  ejército y decide el mal menor: "   El sacrificio de una parte, puede salvar el todo. Morillo decide. Apunta sobre ellos sus cañones, los envuelve en una nube de metralla y los fusila sin misericordia.
Pero nada detiene aquel espanto. Acribillada de frente por las balas y alanceada por la espalda, aquella mole sangrienta y palpitante persiste en su designio"   .

El ejército sin dejar de disparar a sus propios compañeros, va retrocediendo tratando de llegar al bosque, pero antes de lograrlo, la ciega caballería se estrella contra las bayonetas, rompiendo las filas y todos, infantes  y jinetes se protegen en el bosque.

"  Nuestros guerreros impetuosos, arrojando estentóreo grito de victoria, clavan sus lanzas en los primeros árboles del bosque"    


Fuente consultada: Venezuela Heroica - Eduardo Blanco