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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

15 de octubre de 2010

Las Queseras del Medio - Ernesto Luis Rodríguez

Para terminar el tema de las Queseras del Medio, colocaremos parte del poema con ese nombre, escrito por Ernesto Luis Rodriguez,  porque es bastante largo:

Aquí vemos a Páez al pie de su victoria,
diezmado por sus hombres el ímpetu español!
¡Centauro de las pampas! ¡Bandera de la gloria!
¡Clarín de la epopeya bajo este bravo sol!...

Surgió del horizonte tallado de infinito
como el mejor lancero de nuestra libertad.
¿Llegó de la leyenda?... ¿Fue símbolo de un mito?
¡Con él tiene la historia vibrante claridad!

Lo vieron a caballo —su lanza de atavío—
cruzar por los caminos, indómito y viril.
¡Tumulto y polvareda! ¡Bizarro escalofrío!
¡El corazón altivo de frente y de perfil!

Por estos hondos ríos —las olas cual medallas
de sangre ya prendidas en pecho de agua fiel—
pasó, recio y valiente, sonoro de batallas:
¡volcán el heroísmo!..., ¡relámpago el corcel!

¡Aquí la gran hazaña!... Mi canto se desvela
de luz ante el asombro de aquel hecho inmortal;
contándolo se eriza la piel de Venezuela:
¡jamás vieron las guerras ninguna cosa igual!
II
Se estremece el Arauca con el pulso bravío.
A la izquierda Morillo, valeroso y tenaz.
En la margen opuesta, Bolívar. Frente al río
todo el llano apureño se ilumina la faz.

La tierra transparente su dimensión espiga
y afloran a lo lejos la palma y el caney...
¡Soldados de la patria con hambre y con fatiga!
¡Cargados de oropeles los húsares del Rey!

Bolívar está inquieto. Morillo no se altera;
de la victoria intuye su olímpico fulgor.
Nada podrá vencerlo..., confiadamente espera:
sus armas son modernas; su ejército es mayor.

De pronto lo increíble. Con Páez a la cabeza
ciento cincuenta lanzas empinan la emoción...
¡Allí van Aramendi, Mina, Carmona, Meza,
Negro Primero, Infante, Figueredo, Rondón!

¡Allí van José Bravo, Villasana, Olmedilla,
Vargas, Muñoz, Acosta, Jiménez, Mirabal!...
¡En cada brazo tenso va una lanza que brilla
y en cada pecho heroico florece un ideal!...

III
Ciento cincuenta lanceros
se funden en agua incierta
con viva mirada alerta
de veteranos llaneros...
Al roce de los aceros
tiembla el Arauca bravío
y bajo el cielo sombrío,
como con fieros antojos,
la luz de trescientos ojos
cruza el asombro del río.

Cargan y vuelven. El manto
de la llanura resuena
mientras Morillo se llena
de confusión y de espanto.
Huyen fingiendo quebranto
de la estupenda osadía...

Del Rey la caballería
tras ellos, a campo raso,
corre a cerrarles el paso
como las sombras al día.

De pronto en acción avara
de libertad y de gloria
surge clamando victoria
el grito de «¡Vuelvan Caras!».
Gira el León de Payara
para romper el asedio,
y con la luz de su predio,
altivas las esperanzas,
crece un Apure de lanzas
en las Queseras del Medio.

El agua pulsa el anhelo
del horizonte infinito
y cada palma es un grito
de pie bajo el ancho cielo.
Se tiñe este bravo suelo
de aquella lumbre lejana
y ofrece la tierra llana
a sus valientes lanceros:
¡bronce de azules esteros
con pedestal de sabana!...

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