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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

8 de noviembre de 2011

El Ejército de Páez

Hemos extraído este interesante fragmento de Venezuela Heroica de Eduardo Blanco

Lo que al principio, apenas agrupamiento de partidarios, no tarde se convierte en ejército. Ejército numeroso a cuyas filas, como atraídos por misterioso imán, corren a incorporarse los dispersos de todas armas que cruzan la llanura: el errante pastor, el astuto guerrillero, el derrotado; y con ellos, generales sin tropas, sacerdotes arrojados de sus templos, ancianos venerables, niños sin padres y mujeres sin esposos, perseguidos por la ferocidad del enemigo, hombres de ciencia, ánimos turbulentos, patriotas ilustres, y ambiciosos sin freno, a quienes las revoluciones, la guerra y el tumulto brindan siempre halagos infinitos. La muerte de Boves y el desprecio que de los vencedores en 1814 hace Morillo y sus orgullosos expedicionarios, llevan a las filas del Apure expertos jefes y aguerridos soldados. Luego, en la lucha, lo que el cañón devora, lo que merma el acero inclemente de nuestros opresores, lo rehace el prestigio, lo recupera y multiplica la popularidad,  creciente de un caudillo siempre victorioso.
Entretanto, asaltos, escaramuzas, combates y batallas se suceden sin tregua. La fama pregona hechos heroicos que embelesan y pasman

A “Estanques” con sus Termópilas y sus proezas mitológicas, sigue la “Mata de Miel”, batalla nocturna donde las sombras velan la sangre y el estrago, no el heroísmo que hace resplandecer como verdaderas estrellas los laureles del triunfo. Luego viene “El Yagual”, con sus violentos y terribles asaltos; y “Mucuritas” con sus catorce cargas de caballería que asombran, a la vez que acuchillan a los fatigados tercios españoles; y la presa de la flotilla, en aguas del Apure, inaudito abordaje, sin ejemplo en la historia, de jinetes a nado contra barcas armadas de cañones. Después la toma de San Fernando, obra de la  tenacidad ; y “El Rastro”, tumba gloriosa de Genaro Vásquez; y la atrevida ocupación de San Carlos; y la disputada victoria de “Cojedes" y la espantosa carnicería del “Guayabal”; y “Carabobo”, pirámide de gloria; y el asalto de Puerto Cabello, prodigio de gigantes, y cien y más combates heroicos y sangrientos, sacrificios a oscuras, laureles sin brillo, proezas sin renombre, encuentros al acaso, más temibles a veces que las batallas que encarece la fama, que relata la historia. Y sobre todos ellos, sobre la lucha en las tinieblas y la victoria entre relámpagos cual si fuera el coronamiento de la elevada cima de los triunfos, un imposible de osadía y de arrogancia extrema, realizado entre aplausos: ¡Las Queseras: Duelo fantástico, deslumbramiento de a´guila, que sobrepuja todo cuanto la imaginación puede forjarse de prodigioso por heroico, de inaudito por aventurado."

No puedo dejar de emocionarme cuando leo fragmentos de esta apasionada obra, epopeya de Venezuela. Sí, en cada palabra está José Antonio Páez, con su fuerza, con su don de guerrero, con su estrategia nata engrandecida por el conocimiento del llano, con su sencillez como hombre, con su valor de gladiador. Páez héroe indiscutible de nuestra independencia y orgullo de los venezolanos.
Acompaño esta entrada con un tema en la voz de Benito Quiroz, el Rey del Galerón, denominado El Lancero de Los Llanos. Tiene un enfoque diferente pues incluye a Manuelote, en una posicion mas bien de enseñanza. Sobre el particular, los historiadores sostienen que la fuerza y entrenamiento del Catire Páez, fue la consecuencia de las exigencias y abusos de Manuelote, caporal de Manuel Pulido, donde José Antonio fue a trabajar "expatriado" de su hogar como consecuencia de haber matado un asaltante en defensa propia a los 17 años. Manuelote, lo recargaba en las faenas exigiéndole más que a los otros peones, lo cual contribuyó a formar el temple y fuerza de nuestro gran prócer. Disfruten la canción que no es de las que se escuchan con frecuencia:

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