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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

11 de septiembre de 2012

El Joropo: Historia y Evolución (6): El Rey del Joropo y El Rey del Cuatro

 Por la misma época en que Lorenzo Herrera se hacía famoso, teníamos en Venezuela a “Dos pícaros” a decir de Don Eleazar López Contreras: Alfredito Alvarado (el Rey del Joropo) y Jacinto Pérez (el Rey del Cuatro), haciéndose también famosos. Fueron dos personajes muy especiales. El dicho "Dios los crea y ellos se juntan", es muy apropiado en este caso. 
Hemos querido hacer una reseña picaresca de estos venezolanos que hicieron época, y encontramos que la mejor manera de hacerlo es mediante anécdotas individuales y conjuntas, de las cuales hemos seleccionado algunas.

Imagen de Neuroneando.blogspot
ALFREDO ALVARADO, EL REY DEL JOROPO (1922-1988)
 Fue un bailarín nato. Desempeñaba con maestría todos los bailes de la época y su vida tenía particularidades muy especiales por su forma de ser, siempre envuelto en situaciones  jocosas e incluso peligrosas, saliendo de ellas de forma insólita. Fué un fiel representante de lo que llamamos “el vivo criollo”. Se destacó entre los años 1940 y 1950.Para bailar Joropo,  colocaba las maracas en sus alpargatas que tenían ademas, casquillos en la punta y talones. Su título como Rey del Joropo, lo ganó en una feria en la que participaban bailarines expertos.

 Encontramos un Blog donde están varias de las anécdotas de Alfredito Alvarado, escritas por su hija, son cuentos de muy agradable lectura, que recomendamos leer en su totalidad en el siguiente enlace: ALFREDITO ALVARADO (NEURONEANDO.BLOGSPOT). Gran parte de sus anécdotas fueron recopiladas en un libro titulado  LOS CUENTOS DE ALFREDO ALVARADO, EL REY DEL JOROPO, escrito por Edmundo Aray. También su vida fue reflejada en el film "Alias, El Rey del Joropo". Colocaremos algunas de estas anécdotas:

Contaba Alfredito: 
Mi papá, al observar mis cualidades, me buscó a lo mejor del baile venezolano, a Mamerto García, el rey del Joropo, el tuerto Mamerto. Lo más grande que había. Mamerto se caracterizaba por un joropo fuerte, sin floreo, brusco, dominante. En esa época los pisos de las casas eran de tabla. Cuando Mamerto bailaba se caían los floreros, las lámparas temblaban, empezaban a caer vainas de todas partes, tám, tám, pám, pám, porque mamerto usaba un joropo de tá, tá, tá, tá, tá, tá, tá, un zapateo fuerte. A mi papá le gustaba. Agarró a Mamerto por un brazo y le dijo: a este muchacho me lo enseñas a bailar joropo. Y comenzó a enseñarme. Cuando estuve listo en el joropo, le dijo a mi papá: préstame al muchacho, que me lo voy a llevar por ai, a que lo vean bailar en las fiestecitas. La verdad es que él pasaba raqueta en las fiestecitas, se guardaba los reales y a mí me daba caramelos, unos caramelos gordotes, de bola. 
Un día me llevó a casa del general Juan Vicente Gómez, en Maracay. Me acuerdo que el general tenía un sombrerote, unas bototas, con un bastón en la mano. Sentado en una sillota lo recuerdo. Allá llegamos. Mi general -le dice Mamerto- aquí le traigo al muchacho para que lo vea. Ajá, ajá -dijo-, muy bien, que baile. Y yo bailé mi joropo. El general aplaudió. Después sacó la carterota, y de ella un puño de billetes. A mí me dieron mis caramelos otra vez. Regresé a Caracas, contentísimo.

El Rey del Joropo y Xavier Cugat 
 "El presidente del club Venezuela me mandó a llamar para que bailara un joropo en la gran fiesta del club, amenizada por Cugat, Quiero que te bailes un joropo -me dice- en medio del espectáculo. Va a ser una cosa muy bonita. Viene el General (Marcos Pérez Jimenez) y la Junta en pleno. Le vas a a bailar a lo mejor de la alta sociedad. Usted se viene vestido a lo criollo, para que sea un contraste, una animación, con alpargatas y sombrero de cogollo y con una muchacha muy criolla también. Yo había enseñado a bailar a la muchacha muy bien el joropo, y cuando me tocó el turno,  Ospina se le acerca a Cugat y le dice: Cugat, le presento al Rey del Joropo venezolano. Lo hemos traído para que usted le toque el Alma LLanera y él baile. Entonces Cugat, con el mayor desparpajo, le dijo: ¡oh! carramba yo siento mucho no poderr acompañar al indio porque mi música no es para indios, es una música... Yo no oí más. Ospina se retiró, me tomó por el brazo y me llevó a la oficina, abrió la caja fuerte y le firmé un recibo por mil bolívares. Me fui a la casa. Al llegar pregunta mi padre: ¿Y cómo te fue, Alfredo? Una linda fiesta. Estaba el General, la alta sociedad, yo no bailé... ¿Cómo que no bailaste?. Le conté lo sucedido. Mi papá era un hombre atravesadísimo, le daba una tunda a cualquiera; el tuerto Alfredo -así le apodaban por una catarata en uno de sus ojos. Me dijo: ¿qué es eso? Tu no eres hijo mío, tu eres un sinverguenza. ¿Cómo es posible que ese hombre te venga a insultar y tú no le hayas dado ni siquiera un cabillazo? Te vas de la casa y no regreses si no tienes una vaina con ese hombre. Me fui. Al día siguiente estaba en radio Continente, donde tocaba Cugat. Me quedé en la puerta, esperando que saliera. De pronto un remolino de gente. Cugat venía bajando las escaleras con Lina Romay, una artista que bailaba rumba y otras cosas. La Lina tenía un ramo grande de flores enormes. Entonces me metí en el bululú, me acerqué a Cugat y lo paré: ¿Usted se acuerda que anoche me llamó indio? Pero él no se acordaba de nada. No, yo no rrrecuerrdo nada -me contestó-. Le zampé un tanganazo en la boca, ¡caraj! ¡plum! ¡pam!, y aquel labio comenzó a echar sangre, y la sangre a chorrearle por el esmoquín blanco, y gritos ¡un loco! la gente corriendo, el ramo de flores por el suelo, y aquel bochinche, la gente para un lado y pal otro, y Cugat pegado a la pared con un pañuelo en la boca, y el militar de guardia, porque en esos días la cosa estaba fea y había soldados en todas las radios, se me vino encima. ¡Un momento! -le grité-, el señor insultó a la patria y a Bolívar. El soldado se canchó su bayoneta al cinto y se fue a sentar otra vez. Pero me agarró un policía: ¡está detenido! y con la misma me metieron en una camioneta. En la mañana grandes titulares en los periódicos: "El Rey del Joropo le da una trompada a Xavier Cugat porque insultó a Venezuela". En una caricatura salía una mano así, y al pie: "La mano vengadora". La cosa se ponía difícil para Cugat y el empresario, pues había una presentación en el Metropolitano y la noticias y el bochinche de la prensa podían afectr la popularidad de Cugat. De manera que un tal Legorbu, empresario, habló con Cugat y el propio Cugat sacó la boleta de libertad para mí y se fue con todos los periódistas para 'la Modelo' (una cárcel). Entonces me llamaron: ¡Alfredo Alvarado! cuando salí del buzón de la cárcel Modelo me estaba esperando Cugat con los brazos abiertos y una gran sonrisa y un punto de sutura en un labio. ¡Venga un abrazo! -dijo- Y con el abrazo las fotos. Cerrado el impase Xavier Cugat-Alfredo Alvarado. Una simple y mala interpretación del artista criollo. 

Con el Indio Figueredo
Imagen de Neuroniando.blogspot
 "Me trajeron al Indio Figueredo para que me tocara el arpa en otra Gran Feria Exposición. A esa Feria vino Pérez Prado, y vinieron las mellizas Dolly, el hombre más grande del mundo y unas gordas. El Indio Figeredo no sabe medir: él toca muy bien el arpa pero no sabe medir. Pues salgo a bailar con el Indio al arpa... Al Indio me lo encontré en estos días por la radiodifusora Venezuela. Recordamos esa historia, el Indio tocando el arpa, tán tán tín, tiquín ti, taca tán tán tán tán, tirín, tán tán, taca, taca, triqui, taca tá... y yo cansadito, tán tán tín, el joropo se estaba haciendo largo y yo cansado, hasta que hace tá dám, y yo creo que terminó pero vuelve otra vez, tá ca, ta ca ti qui tán , ta trán, ta ta ca, ti qui ti tán, tá tran, ta tran clán, y yo creo que ha terminado, y ta cata ra ca ta ca tri, bueno, y qué vaina es ésta, y me le arrimo y empiezo a cazarlo y cuando hace tica rica rica trán, le agarré el arpa y le dije: ¡Tá bueno ya, que me estás matando! la gente aplaudió frenéticamente. Y yo con el arpa en las manos, que no la soltaba.


Imagen de Aureliano Alfonzo, blogspot
JACINTO PÉREZ, EL REY DEL CUATRO
 Muy poco se conoce sobre este artista, solo que era un hombre de pueblo de origen humilde y con una destreza nata para la música, la cual manifestó a través del cuatro. Inventó una técnica muy personal y particular, modificando la afinación del instrumento logrando así una ejecución muy especial “Jacinto era locuaz, pintoresco y algo presuntuoso. Nervioso e impresionable. La palabra “muerte” le sobresaltaba en sumo grado y le hacía gesticular con aspaviento. Cuando caminaba por los pasillos de la emisora, nunca faltaba alguien que se le acercara por la espalda para propinarle un gran susto que siempre terminaba entre risas y bromas. Todos le apreciaban y querían por su trato sencillo y gentil.Aureliano Alfonzo Blogspot 

Podemos ofrecerles información de primera mano contada por Germán Fleitas Nuñez, Cronista de La Victoria, quien lo conocíó muy de cerca y lo protegió en sus correrías.

 Nos cuenta el Dr Fleitas:
 Jacinto era un pícaro, que tenía que ser un pícaro para poder vivir. Nació en La Guaira en 1900, yo tengo todos los papeles de él.
Yo le conseguí una pensión con el Dr. Caldera que había sido mi profesor y acababa de ser nombrado presidente:
 -Mire profesor yo vengo por Jacinto Pérez 
-Y donde esta Jacinto Pérez, chico. Debe estar rascao
-Si pero yo quisiera que usted le pusiera una ayuda 
-Esta bien, yo le voy a dar 600 Bs mensuales con una condición: tú vienes todos los meses a Miraflores, retiras el cheque, lo cambias y no le des los riales porque se los bebe, vas le compras algo, le compras ropa, lo que sea. 
Y asi hicimos y eso funcionó hasta que se murió Jacinto. 

Las Pensiones
Cuando yo lo conocí, él aplicaba ésta: llegaba a una pensión y no pagaba y se justificaba diciendo:
- Es que me deben unos reales, el gobierno me debe un dinero de unos conciertos.
Entonces estaba en esa pensión como unos dos meses comía y además pedía real prestado: 
- mire adelánteme 10 bolívares, mire tengo que ir a Caracas a buscar el cheque porque me dijeron que ya salió. 
Y siempre estaba en eso hasta que llegaba un momento que la gente se obstinaba y entonces Jacinto empezaba a montar unos dramas delante de todo el mundo en el comedor:
 -yo soy un pobre viejo, soy un venerable anciano, no tienen por qué limpiar el piso con mi orgullo -Jacinto por favor no llores 
-Pero es que me han herido en el corazón 
-Bueno sr Jacinto no nos debe nada, pero váyase 
Y para cuando le decían eso ya tenía otra pensión, pero para irse a otra pensión me pedía que le diera la cola, pero era por el carro mío que tenía una placa del Poder Judicial, entonces yo le decía:
 -Bueno Jacinto vamos, pero yo cargo hoy un carro prestado de un amigo porque.. 
-No no doctor, no hay apuro puede ser mañana- me interrumpía- Cuando viene usted con su carro? Entonces yo llegaba a la pensión donde él estaba parado en la puerta con sus maletas, pero cuando llegábamos a la nueva pensión que había que subir escalera, me decía: 
-Doctor… el lumbago, déjeme respirá, me duele mucho, hágame el favor y súbame la maleta.
Y yo sabía como era la movida: yo llevaba las maletas y él adelante con el bastón, llegaba renqueando pero cuando estaba la dueña de la pensión, me decía: 
-Por aquí doctor, por aquí. Miren conozcan al Juez de La Guaira 
-Por aquí doctor, pase por aquí, póngamelas aquí .
Era para que vieran que venía llegando y el sirviente era el juez de La Guaira.

Los conciertos a dúo

El tenia una costumbre que era la siguiente: contrataba conciertos y me metía a mí. Entonces una vez me dice: -Doctor vamos a tocar en el Venezolano Americano, vamos a cobrar 6000 Bs., yo le dije a ellos que yo no cobraba porque soy un pobre cuatrista del montón, pero que el Juez si era un Doctor y el sí cobraba 6000 Bs. Y el cheque va a nombre suyo, yo le voy a agradecer que usted me lo endose y me lo dé. Entonces yo le respondía: -No Jacinto, yo lo cambio y se lo voy dando poco a poco para que se los beba en cinco partes por lo menos.

El vals de los mil nombres

Imagen: Hemeroteca de la Música Popular, Blogspot
Un dia va a la casa: -Le traigo un regalo a las niñas, un valse que les compuse. Me toca el vals y que belleza de vals! Y dice: -se llama Alejandrina. -Pero Jacinto, el problema es el siguiente, que yo no tengo ninguna hija que se llame Alejandrina. -Pero tiene dos, una que se llama Andreína y otra que se llama Alejandra y es un solo vals, que le puse Alejandrina.
Un dia bautizan una niña de una familia adinerada y cuando yo llego, veo que hay una tarima y está Jacinto y la gente está aplaudiendo y lo escucho decir: -Y ahora voy a tocar un vals que le compuse a la recién cristianada. Se llama Elenita. Y empieza a tocar el mismo vals. En eso entro yo, me paro frente a él y dejó de tocar rapidito y yo me hice el loco, me fui por ahí y él me buscó -Doctor yo tengo que hablar con usted. -Jacinto yo no tengo nada que hablar con usted. -Pero yo si doctor, yo tengo que decirle algo. -Jacinto por favor, estoy en una reunión social y no quiero hablar. Después me pregunta delante de todo el mundo: -Doctor usted me puede hacer el favor de darme la cola para Caracas, es que yo no tengo como irme y ya es tarde. No me quedo más remedio que decirle: -si como no, Jacinto. Cuando nos vamos, se monta en el carro y cuando voy cogiendo la autopista, se tira en el suelo del carro, hincado de rodillas: -Doctor por esta cruz y por la memoria de mi santa madre le juro que ese vals se llama Alejandrina, pero mire, es mucho el centavo que yo le he sacao. -Esta bien Jacinto.
Un día, después que Jacinto se había muerto, voy por una calle y escucho el vals, pregunto y me sacan un disco, busco el nombre y se llamaba…….¡ Ricardito!, y me explica el de la tienda que se lo había compuesto al nieto del sr Antor que era quien grababa los discos… 
 
Y ahora lectores, que ya conocen el tipo de personajes que eran estos “reyes”, les contaremos algunas de sus picardías conjuntas:

Cuenta Alfredito Alvarado: 
 Una noche salimos de la Feria, Jacinto y yo, y nos metimos en una bodeguita. El pulpero conocía a Jacinto. ¿Qué hubo, Jacinto, qué te trae por aquí? ¿Qué hubo compadre? Estas nuevecito. Es el Cocuy. ¿Sigues en la Feria? En la misma. El Rey tocando, y el otro Rey bailando. Conócelo. Mucho gusto. Gusto el mío. Y digan en qué puedo servirles. Se oye... ¿qué van a tomar? Un cocuy, dice Jacinto. ¿Y tú? ...Tómate un palo, hombre. Me tomé dos cocuy. ¿Por qué no tocas algo? dice el pulpero. Bueno, vamos a hacerle un registro, compai. Sacó el cuatro y comenzó a registrar. Y empezó a juntarse gente en la bodega, tiriquitín, tiriquitín, tán, y gente y gente, tiriquití, y cuando vinimos a ver la bodega estaba llena de gente. pero comenzó a llegar más porque me arranqué a bailar, ¡Baile! colega, me dijeron, déjese de profesionalismo, y yo a bailar y la gente adentro y afuera de la bodega, hasta que aquello parecía un tumulto y llegó la policía en una camioneta y un sargento con un sable. El sargento entra, se enmochila el sable y pregunta: ¿Qué es lo que pasa aquí? Esto es como un motín. No, no es ningún motín, y la gente le abrió paso. Entre, Sargento. ¿Qué es lo que pasa aquí? -grita el Sargento-. Murmullos y otros gritos. El Sargento se puso violentísimo. ¿Qué es lo que pasa? Esto es un tumulto y aquí va todo el mundo preso. Entonces se le acerca Jacinto: mire, compai, aquí no pasa nada, sencillamente estamos dando una fiesta. No -responde el Sargento-, ustedes están alterando el orden público. Sargento -le dice Jacinto- usted está equivocado. Yo estaré equivocado -grita el Sargento-, pero usted está preso. Intervengo yo: ¡Caramba! señor Agente, no sea usted tan... ¡Usted también va preso! Y uno del público que dice: esto es una injusticia. ¡Pues usted también está preso! Pero no puede ser -grita otro de la barra-. ¡Y usted también! Nos metieron en la camioneta. Sólo se oía un murmullo en la bodega. Fuimos a parar a la Jefatura. En la Jefatura el Agente le dice al guardia: alteración del orden público y oposición a la autoridad. Interviene Jacinto: ¡Escúcheme señor Agente! No lo escucho, cállese la boca, se opusieron y se opusieron, tenían un motín en la calle. Anjá, muy bien -dice el policía desde el escritorio-, déjeme tomar los datos. ¿Qué número es usted? Agente número tal. Ahora usted, diga: ¿Cédula, estado civil, profesión? Espere un momento, señor Agente -dice Jacinto-, ¿usted sabe quién soy yo? Pues yo soy Jacinto Pérez, el rey del Cuatro. ¡Anjá! -le responde el Agente-, usted es Jacinto Pérez, el Rey del Cuatro... pues vamos a meterle cuatro días de calabozo. Entonces Jacinto le contesta: ¡Caray! compai, menos mal que no soy el Rey del Arpa!. Los policías y la gente que estaba de curiosa se echaron a reír. El Sargento también rió. De pronto dijo: suelten a esta gente que dentro de un rato nos tienen montado un bochinche. Regresamos a la bodega a celebrar. 

 Ay, mi cuatro!
Fuimos a trabajar al Colegio de Abogados. Nos pagaron 500 Bs. Pero a Jacinto no le pareció suficiente Y me dice: Compai, aquí hay que sacar mas dinero. ¿Pero cómo?- le preguntó- Aguántese, ya va usted a ver. Entonces una vieja lo interrumpe: -Jacinto, que bien toca usted. ¿Porqué no nos toca unos pajarillos aquí en la mesa, fuera del espectáculo? Como no, señora! Jacinto me picó el ojo. Seguimos a la señora. Nos sentó en unas sillas situadas frente a una mesa donde estaban los mesoneros. La gente se acercaba a dejar sus vasos y tomar otros. Jacinto captó bien el movimiento. En una de esas se paró un doctor de paltó cruzado. Un presidente de un banco muy nombrado, Mientras el hombre esperaba que le sirvieran el “guisqui”, Jacinto le puso el cuatro sobre la silla. El doctor vino a sentarse y ¡cras, cras, cras ¡Ay que pasó! Y Jacinto grita ¡Ay mi madre! ¡Que desgracia! ¡Mi pan de cada día! ¡Mi cuatro de pino amarillo! ¡ Mi cuatro traído de Panamá! Y se puso a llorar. Y la gente ¡Consuélese señor! No es nada. El Doctor, todo atribulado le hizo un cheque al portador de mil bolívares. ¡el cuatro no valía más de veinticinco en Barquisimeto!

En esa oportunidad Jacinto compartió el dinero con su "socio", pero no siempre ocurría así:
Fueron invitados a tocar y bailar gratis: “Ahora vamos a tener el gusto de presentar para ustedes al rey del Joropo venezolano, Alfredo Alvarado (aplausos) y al Rey del cuatro, Jacinto Pérez (aplausos) Y cuenta Alfredito: “Yo salí a quemarme el pecho-¡ran, ran ran!- y bailé un tronco e joropo. Muchos aplausos, gritos ¡Otra, otra! Y vuelve Jacinto con otro pajarillo. ¡Arriba Alfredo! Y salgo a bailar. Aplausos y bis. Salgo, agotado, sudando por todas partes. Cuando voy de retirada veo el espectáculo más tremendo: Jacinto con el sombrero de cogollo recogiendo por todas las mesas. Al primero que recogió fue al presidente Medina: General – le dijo- eche aquí algo porque esto aquí es gratis y usté sabe como es la vaina, estamos pelando. A Jacinto se le fue llenando el sombrero de billetes. Cuando lo vio lleno, lo cerró y cogió camino de la puerta principal. El cuatro lo dejó abandonado. Cogió un  carro de alquiler y desapareció” 

9 de septiembre de 2012

La Voz del Pueblo Barinés: Refranes oídos en los Pueblos de Barinas (5)

REFRANES SOBRE LA IRA Y OTROS ESTADOS SIMILARES
  • Está mas bravo que pintamenuditas en un capurunal
  • Está mas caliente que cachimbo e´lata
  • Está mas caliente que bragueta e´herrero
  • Está mas caliente que toro renco
  • Está mas caliente que lengua e´suegra
  • Está mas bravo que un querrequerre
  • Todo palo no sirve pa´cuchara
  • Grito no mata conejo, aunque lleve puntería
  • Eso es como sembrá cocos en la quijá de una morrocoya
  • ¿Quien lo manda a sé brujo sin conocé la yerba?
  • Está mas atravesao que tres varas en el hombro

Juegos Tradicionales Apureños

Tenemos la gran satisfacción de contar con otro colaborador en Vivencias Llaneras del Abuelo, que nos ha honrado al darnos la oportunidad de publicar parte de su trabajo de investigación sobre hechos, poesía, leyendas, tradiciones y costumbres antiguas del llano apureño. 

Se trata de Francisco Castillo Serrano, farmacéutico egresado de la ULA, pero también músico, compositor y escritor, que se puso por tarea regalar a San Fernando de Apure, su lar nativo, una recopilación de relatos e historias recogidas en las calles de la ciudad, con la intención de dejar como legado “algo que nos interese como lectores y enaltezca como pueblo”. 

Nos envió dos de sus libros publicados: El Ultimo Violín y Lecturas del Apure Legendario, los cuales nos permitirán asomarnos al Apure viejo, a ese Apure lleno de historia, de trabajo y de lucha, a esa tierra inolvidable para el que allí nace o crece, porque, a sentir de Francisco Castillo: “El Apureño cuando pierde su sabana, el caudal de su vida, se queda íngrimo y distante, soñando quimeras, sabaneando recuerdos…..” 

Los domingos nos gusta publicar temas frescos, agradables y sencillos, por lo que tomaremos de El Último Violín, las remembranzas de los juegos infantiles antiguos del llano apureño: 

Imagen: uncontinuogoteo, blog
 “Ya iniciándose el siglo XX la vida sanfernardina transcurría con aceptable tranquilidad para los jóvenes lugareños, distantes de hábitos nocivos; y lo malo, no pasaba de ser travesuras u ocurrencias de adolescentes que más bien divertían a los adultos. 

Por las tardes, decenas de muchachos se agrupaban en plazas o calles, a dejar volar la inventiva, ejecutando infinidad de juegos, según la época. 

En vísperas de semana santa, desprendían un leño de guayabo o anoncillo sobre el cual labraban una sapa, artefacto propio para dar inicio a la temporada tromperil 

¡Cacho adentro y apagao…

Gritaban los topadores, cuyo premio consistía en hender el mayor número de trompos y convertirse en campeón de aquella diversión popular, verdaderas rochelas pueblerinas, donde sin discriminación participaban mozos de ambos sexos. 

Al mismo tiempo se cubría el cielo de papagayos y zamuras, provistas de luengas colas artilladas con hojillas, ingenua batalla aérea que permitía el verano con sus ventoleras. 

El rayo de parapara. Una marca en el suelo cubierta de semillas simulando metras, y los diestros jugadores se esforzaban, para tomar de él la mayor cuantía. 
¡Pepa..! (jugada simple) 
¡Pepa y palmo…! (cobraba doble) 
Alardeaban entes de cada turno. 

 Las niñas corrían al son de la concha, y otras, tal vez más apacibles se recreaban con la víbora de la mar. Los más ágiles hacían de ladrones y policías y los ya crecidos, con el célebre guatáco

Las aguadas de ríos y caños proporcionaban otro deleite: bañarse tirao. Acción que se cumplía desafiando las chorreras y profundos boquerones donde algún elevado árbol servía de catapulta para alcanzar la mas abismal hondonada. Esto, y las inundaciones , proveían de un recreo adicional, los menores desde temprano retozaban en aquellas aguas apostando al caimán bobo en las propias calles de la ciudad. 

Tal circunstancia los convertía en nadadores reconocidos, habilidad considerada como una necesidad primaria para los hijos de esta tierra obligados a la doma inclemente de la naturaleza. 

 Pancho, participó en ellas casi hasta la adultez, refería como sus pasatiempos predilectos los atribuidos a festividades locales: el sartén enmantecao, actividad que consistía en adherir con grasa a aquel objeto móvil una moneda, que debía desprender el concursante con los labios; o el otro, fundamentado en despojar algunos billetes atados en los cachos de un toro, relataba que para lograrlo jineteaba el animal a la inversa, es decir: de espaldas a la cabeza, sujetándose con una mano al rabo del vacuno para con la otra procurar el dinero en aquella suerte de audacia e intrepidez. 

Sapa: especie de trompo más abultado hacia los lados. Guatáco: Juego tradicional que consiste en asirse a una correa, mientras un juez emitía una pregunta (nombre de alguna fruta, árbol, animal, pueblo, etc) quien acertara tomaba el cuero y perseguía a los demás dándole azotes. Finalizaba la acción cuando el juez gritaba: Guatáco.

La Chiga y sus Usos en Apure

La chiga o chigo, según lengua indígena, es un árbol perteneciente al género Campsiandra distribuido a lo largo de los bosques de galería de la cuenca del medio-bajo río Orinoco del sudoeste de Venezuela, y con frecuencia crece en importante número en lugares húmedos e inundados del llano y selva, formando los llamados chigales. 

 El árbol de chiga ha sido utilizado desde hace muchos años por los indígenas localizados en los estados Apure, Bolívar y Amazonas. A partir de los frutos se extrae una harina de la cual preparan tortas, torrejas y atoles. 

Imagen Freddy Páez
 Varios estudiosos han reseñado la importancia de la chiga en la alimentación de comunidades llaneras y del alto Orinoco. Freddy Páez, en su libro Plantas Utiles del Bajo Llano Apureño, refiere: "de sus semillas (cotiledones) se elabora harina comestible de la cual se fabrica pan y atol, (Pitier,1978, p 209; Torrealba 1-08;2- 101), consumido por indígenas y no indígenas en la región. Stergios,1993 señala que de los cotiledones molidos se obtiene un almidón usado para la preparación de cachapas, atol y majarete, este autor hace un estudio completo del proceso de obtención de la harina. La madera es usada en la construcción de cercas con un tiempo promedio de duración en estas funciones de 3 años (Salazar.Barinas 1991,com pers.), en relación a esto Corothie (p 158) señala que la madera es dura y pesada y Tamayo (p 198) indica: esta madera es susceptible a ataques de Comejen y carcoma. Torrealba (2-95) le atribuye propiedades medicinales cuando en un párrafo dice
".
.. me he curado.....y la ajitera con chiga jojota...". Informaciones recogidas en la región indicaron que trozos de la corteza en agua común, es usada para combatir las diarreas (Catano Piedras azules,1992,com pers.). También Torrealba le atribuye efectos mágicos cuando lo usa en ensalmes, para ayudar a aliviar picaduras del pez conocido como raya."

Imagen FONATAP DIVULGA N° 54
 La chiga es un árbol muy ramificado, sin espinas  y de flores  muy pequeñas, de color blanco-rojizo. Su fruto  presenta dos valvas, mide aproximadamente 16 cm de largo por 5 cm de ancho; es brevemente adelgazado en su base y obtuso en el ápice. Las valvas separadas manifiestan la tendencia de torcerse en forma de espiral, contienen cuatro semillas de 4 cm de diámetro, muy chatas.

Harina de Chiga:  El fruto de la chiga es una legumbre, que es procesada en forma artesanal. Para obtener la harina de chiga es necesario realizar los pasos siguientes: 

Imagen FONATAP DIVULGA N° 54
 a.Recolectar las semillas. Cuando la Vaina comienza a presentar manchas de color marrón, esto indica el grado óptimo de madurez de las semillas y pueden obtenerse directamente del árbol o recogerlas. 
 b. Quitar el ollejo fino que recubre la semilla (pelar). 
 c. Colocar las semillas en un pilón y pilarlas hasta obtener una harina fina. 
d. Cernir con un colador fino hecho de totuma, de alambre o de manare (palma de moriche). 
e. La harina es colocada en un recipiente con suficiente agua y se cambia unas dos o tres veces para sacarle el sabor semiamargo que posee. 
f. Se coloca la harina en una bolsa o budare de arcilla, en un saco de tela fina hasta que quede bien escurrida y a la vez se ajusta o aprieta para darle forma redonda de pelota. 
 g. Se saca y se coloca en un budare de arcilla o en cualquier superficie plana con el fin de airearla para eliminar la humedad. En estas condiciones ya está apta para su consumo en tortillas, arepas, atoles o para su uso posterior. 

La Chiga tiene un alto contenido nutricional y de sus valvas y hojas procesadas, se obtiene otra harina muy utilizada para alimentar bovinos, cerdos y pollos. En Brasil, Bolivia y Venezuela se utiliza la chiga como infusión, con fines medicinales.

Ya en conocimiento general de la utilidad y uso de esta planta, a continuación les ofrecemos dos recetas a base de chiga, la primera típica de Bruzual y la segunda de Achaguas

AREPA DE CHIGA
La arepa de chiga es una comida tradicional indígena de la comunidad de Fruta e´ Burro, Achaguas. Por muchos años se ha preservado este plato, teniendo una gran significación en el tiempo. Para la elaboración de la arepa se emplea la pulpa de la chiga. El procesamiento del fruto de la chiga se realiza de la siguiente forma: se recoge en entradas de agua antes que la penca se abra, se le extraen las semillas, se desconchan y se rallan. Luego se colocan aproximadamente 15 estacas en forma de círculo y se ubica paja cola de mula, lo que va a permitir hacer un nido que ayuda a desechar lo amargo de la chiga. Posteriormente se clavan 4 estacas, junto a ellas un trapo prensado para colar y dar forma a la pelota de masa, se deja durante 10 minutos sin manipulación, luego se coloca en un budare para que absorba el agua de la pelota de chiga. Para preparar la arepa se ralla la bola de chiga, se le agrega huevo y azúcar al gusto, se pasa por harina y por aceite caliente, uniéndola posteriormente con el resto de la harina. Se amasa dándole forma redondeada y aplastada, hasta colocarla a sofreír. Esta arepa puede degustarse con queso blanco llanero. La pelota de la chiga además de ser consumida por las comunidades indígenas, se comercializa entre los visitantes.

Fuentes Consultadas: Cuaderno IPC de Achaguas, FONATAP DIVULGA N° 54, Plantas Utiles del Bajo Llano Apureño- Freddy Páez

8 de septiembre de 2012

El Pan Dulce de Achaguas

Aunque no he tenido la oportunidad de probar este pan, he escuchado mucho sobre él y como el Intenet nos permite viajar desde casa, les ofrecemos parte de la historia de esta tradición, la cual fue publicada originalmente en el cuaderno de Achaguas,  del Instituto de Patrimonio Cultural.

"La fama y el reconocimiento hacia este pan dulce están estrechamente ligados a Carlos Manuel Díaz Núñez, conocido popularmente como Patarata, quien llego al país a finales de 1969. Luego de recorrer gran parte del territorio venezolano en busca de trabajo, tuvo la suerte de encontrarse con Filipo Sindoni, empresario italiano radicado en Venezuela. Después de una larga conversación, Sindoni le encomendó trasladarse hasta Achaguas para cobrar una deuda que le debía el dueño de la panadería del lugar por la compra de harina de trigo. Por conveniencia de ambas partes y a modo de cancelar la deuda, la panadería pasó a manos de Sindoni, pero a nombre de Patarata, quien asumió sacar adelante el negocio en un poblado que no contaba con ningún servicio público para la época. 
En un primer momento el establecimiento funcionaba en una pequeña casa de barro, que luego fue remodelada hasta hacerla de bloques. Sin embargo su propietario no estaba conforme con el pan que se estaba haciendo en esta panadería, lo que lo motivó a buscar en diferentes partes del país a un panadero de confianza. 
Lo consiguió en San Cristóbal, este panadero le confió la fórmula del pan que hoy ha alcanzado la fama entre de los pobladores y visitantes de Achaguas. Posteriormente, con la llegada del tendido eléctrico al poblado, Carlos Manuel Díaz Núñez adquirió maquinarias de primera, comenzando una producción industrial para comercializar al mayor este rico pan dulce de Achaguas, hoy día se conoce y se degusta en casi todo el país, además de darle renombre a esa localidad. Los visitantes adquieren este pan para llevarlo como obsequio a familiares y amigos."

7 de septiembre de 2012

El Joropo: Historia y Evolución (5) : El Joropo de Lorenzo Herrera (1935)

 Seguimos apoyándonos en el maravilloso libro de Don Eleazar López Contreras, Estampas Musicales de Caracas, para continuar ofreciéndoles un paseo por la evolución del joropo venezolano. 
Lorenzo Herrera nació en 1896 y murió en 1960.

Andamos ya por 1935, y nos cuenta Don Eleazar:
En el Waldorf-Astoria se filmó la secuencia final de la película Joropo, producida por un grupo de venezolanos residentes en la ciudad de Nueva York dirigida por Héctor Cabrera Sifontes. En las escenas finales aparecen los personajes bailando joropo vestidos de etiqueta. Uno de ellos era Lorenzo Herrera.” 

 Ya desde hacía unos años, los venezolanos estaban emigrando a dicha ciudad afectados por las dificultades económicas que aquejaban el país. Sin embargo tenían que ganarse la vida, haciendo labores sencillas como de lavado, planchado, costura, entre otros. Así se defendió Lorenzo Herrera con su familia lejos de su hogar, en 1924, a sus 28 años. Mientras estuvo en Caracas, trabajaba de zapatero, aunque su pasión era la música. En aquel tiempo, no se consideraba la música como una opción honorable para un joven, por ser sinónimo de borracho y bohemio. Se decía entonces que “no había nada peor que ser músico o chofer”. Por tal motivo su familia no lo apoyaba en sus aspiraciones musicales. 

Cuando Lorenzo decidió probar suerte fuera de su país, “ya se encontraban allí personajes que serían sus futuros colegas, entre ellos, Manuel Briceño Y Luis Fragachán, quien pronto regresó desilusionado y escribió la guasa-protesta El Norte es una Quimera, que se puso de moda en 1928: 

 Me fui para Nueva York, 
en busca de unos centavos
y he regresado a Caracas 
como fuete de arrear pavos
el Norte es una Quimera
Que atrocidad! 
y dicen que allá se vive
como un Pachá(…)  

La letra de El Norte es una Quimera, tenía visos de realidad generalizada. Los venezolanos se iban a pasar trabajos y reportaban una abundancia total, para no preocupar a la familia. Pero Lorenzo Herrera, con su pasión por conocer e interpretar la música de Venezuela, empezó tocando en pequeños restaurantes donde cobraba apenas propinas, e iba componiendo canciones que posteriormente fueron exitosas y lo convertirían en el primer cantautor de Venezuela y máximo exponente del criollismo urbano.

Al fallecer Juan Vicente Gómez (1935), empezaron a regresar los artistas que estaban en el exterior, y entre ellos, Lorenzo Herrera, quien volvió cantando boleros. 

Durante sus años en Nueva York grabó para los sellos Columbia y RCA Víctor, y participó en otras grabaciones de música venezolana. Entre sus composiciones más famosas están La pelota de Carey, Chupa tu mamey, Mi Coletón, Canta tú Ruiseñor, Josefina y Compae Pancho. Fue llamado ”el compositor de los 500 éxitos” 

Imagen:Hemeroteca de la Musica Popular+Blog
Interpretó sus canciones tanto en Venezuela acompañado de Vicente Flores y sus Llaneros como en varios países, donde incluía guasas y joropos. Fue el primer venezolano que incursionó en la interpretación del Bolero. Lorenzo Herrera había nacido en la parroquia de Santa Rosalía, ubicada en el sector central de la ciudad de Caracas, el 2 de agosto de 1896 y murio en su ciudad natal, en 1960, a los 64 años de edad, “Durante su existencia, dedicada íntegramente a Venezuela como creador de un estilo musical único e incomparable, nació lo más sublime del sentimiento de lo venezolano, porque identificado como estaba con su pueblo, él supo con palabras y matices naturales llegar a la profundidad del sentir nacional. Toda su obra está impregnada de galanura y tiene el indiscutible crédito de haber sido el autor que, con más riqueza le cantó a la ciudad de los techos rojos, y al pueblo de Venezuela, en su totalidad.” Dra. Egly Colina Marín. 

Mientras en el llano se desarrollaba la música criolla “sabanera”, en la capital iba surgiendo un joropo mas estilizado y Lorenzo Herrera fue uno de sus exponentes.

  

 Pueden escuchar mas de su musica en el siguiente enlace: LORENZO HERRERA

5 de septiembre de 2012

El Catire Páez y Manuelote

Mi amigo Bloguero Abraham (Lecturas, yantares y Otros Placeres.blogspot.com), acaba de publicar un artículo sobre Manuelote, basándose en la Autobiografía de José Antonio Páez y manteniendo la ortografía original. Y como “El Centauro de los Llanos”, siempre tendrá cabida en este espacio, me tomo la licencia de transcribir el artículo mencionado:

 “ (...) Tocóme de capataz un negro alto, taciturno y de severo aspecto, a quien contribuía a hacer más venerable una híspida poblada barba. Apenas se había puesto el novicio a sus órdenes, cuando, con voz imperiosa, le ordenaba que montase un caballo sin rienda, caballo que jamás había sentido sobre el lomo ni el peso de la carga, ni el del domador. Como ante órdenes sin réplica ni excusa, no había que vacilar, saltaba el peón sobre el potro salvaje, echaba mano a sus ásperas y espesas crines, y no bien se había sentado, cuando la fiera empezaba a dar saltos y corcovos, o tirando furiosas dentelladas al jinete, cuyas piernas corrían graves peligros, trataba de desembarazarse de la extraña carga, para él insoportable, o despidiendo fuego por los ojos y narices, se lanzaba enfurecida en demanda de sus compañeros en los llanos, como si quisiera impetrar su auxilio contra el enemigo que oprimía sus ijares.” 

Páez nos cuenta de seguidas cómo era la doma de un caballo y las sensaciones del peón en la faena, antes de entrar a describir su relación con Manuelote, el mayordomo, quien debió ser un esclavo de suma confianza del viejo Pulido: "El hato de la Calzada se hallaba a cargo, como he dicho, de un negro llamado Manuel o, según le decíamos todos, Manuelote, el cual era esclavo de Pulido y ejercía el cargo de mayordomo. El propietario no visitaba en aquella época su finca, por haberse quemado la casa de habitación, y todo cuanto existía en el hato se hallaba a la disposición del ceñudo mayordomo. Las sospechas que algunos peones habían hecho concebir a Manuelote, de que, bajo el pretexto de buscar servicio, había ido yo a espiar su conducta, hicieron que me tratase con mucha dureza, dedicándome siempre a los trabajos más penosos, como domar caballos salvajes, sin permitirme montar sino los de esta clase; pastorear los ganados durante el día, bajo un sol abrasador, operación que por esta causa y la vigilancia que exijía, era la que yo más odiaba; velar por las noches las madrinas de los caballos, para que no se ahuyentasen; cortar con hacha maderos para las cercas, y finalmente, arrojarme con el caballo a los ríos, cuando aún no sabía nadar, para pasar como guía los ganados de una ribera a otra. 

Recuerdo que un día, al llegar a un río, me gritó: "Tírese al agua y guíe el ganado". Como yo titubease, manifestándole que no sabía nadar, me constó en tono de cólera: "Yo no le pregunto a Ud. si sabe nadar o no; le mando que se tire al río y guíe el ganado". “Mucho, mucho sufrí con aquel trato: las manos se me rajaron a consecuencia de los grandes esfuerzos que hacía para sujetar los caballos por el cabestro de cerda que se usa para domarlos, amarrado al pescuezo de la bestia, y asegurado al bozal en forma de rienda. Obligado a bregar con aquellos indómitos animales, en pelo o montado en una silla de madera con correas de cuero sin adobar, mis muslos sufrían tanto que muchas veces se cubrían de rozaduras que botaban sangre. Hasta gusanos me valieron en las heridas, cosa no rara en aquellos desiertos y en aquella vida salvaje; semejantes engendros produce la multitud de moscas que abundan allí en la estación de las lluvias.” 

Acabado el trabajo del día, Manuelote; echado en la hamaca, solía decirme: "Catire Páez, traiga un camazo de agua, y láveme los pies"; y después me mandaba que le meciese, hasta que se quedaba dormido. Me distinguía con el nombre de catire (rubio), y con la preferencia sobre todos los demás peones, para desempeñar cuanto había más difícil y peligroso que hacer en el hato. Cuando algunos años después lo tomé prisionero en Mata de la Miel, le traté con la mayor bondad, hasta hacerle sentar en mi propia mesa, y un día que le manifesté el deseo de serle útil en alguna cosa, me suplicó como único favor que le diera un salvo-conducto para retirarse a su casa. Al momento lo complací, por lo que, agradecido al buen tratamiento que había recibido, se incorporó más tarde en mis filas. Entonces, los demás llaneros en su presencia solían decirse unos a otros con cierta malicia: "Catire Páez, traiga un camazo de agua y láveme los pies": Picado Manuelote con aquellas alusiones de otros tiempos, les contestaba:"Ya sé que Uds. dicen eso por mí; pero a mí me deben tener a la cabeza un hombre tan fuerte, y la patria una las mejores lanzas, porque fui yo quien lo hizo hombre". 

 “Después de vivir dos años en el hato de La Calzada, pasé con Manuelote al Pagüey, propiedad también de Pulido, con el objeto de ayudar a la hierra y a la cojida de algún ganado para vender. Allí tuve la buena suerte de conocer a Pulido, quien me sacó del estado de peón, empleándome en la venta de sus ganados, y como mi familia me había recomendado a él, me ofreció su protección conservándome a su lado...” 

Aquí tenemos a dos personajes importantes en la vida del León de Payara: Manuelote, que lo hizo hombre y lo enseñó a domar hombres y bestias; y don Manuel Pulido, propietario de varios hatos, quien reconoció su talento, le enseñó un oficio y luego lo instó a luchar por la patria y la libertad. 

Y para culminar con una nota musical, les ofrecemos El Lancero de los Llanos, interpretado por Benito Quiroz

EL LANCERO DE LOS LLANOS
 Son las tres de la mañana 
Levanta Catire Páez 
Ensilla bien tu caballo 
Y espérame en la majada
 Muchacho,
 Tú como que vas llorando.. 

No señor don Manuelote
Yo lo que voy es cantando 
Inspirado por la luna 
Y el paisaje de mi llano 

Como llanero soy guapo 
No conozco cobardía 
Cuando salgo a la montaña 
Le hago al tigre compañía 

La sangre corre en mis venas 
Cual la corriente del río 
Ha de llegar el momento 
 De probar que tengo brío 

Corre la voz en la pampa 
Cual la brisa en el palmar 
Es el triunfo del llanero 
En el hato de El Yagual 

Allá vienen los patriotas 
Y el lancero de los llanos 
Es el catire en vanguardia 
El Coloso de los Llanos
 ¡Vuelvan Caras! 

Manuelote se sorprende 
Pero reacciona con calma
 El confia en el valor 
Del Coloso de los Llanos

 Muchacho tú eras malcriado
 Y yo no te consentía 
Hoy vuelves a la calzada 
A probar tu valentía 

Mi muchacho tan valiente 
Yo no lo puedo negar 
Negro Primero es un tigre 
Del Mellado no hay que hablar 

Ya me despido señores
 Con mis cantares llaneros 
Recordándoles el triunfo
De las Queseras del Medio 

3 de septiembre de 2012

Los Entierros y "Aparatos"

Seguimos ofreciéndoles uno de los múltiples trabajos preparados por el  profesor Hugo Arana Páez, denominado  APURE: TIERRA DE LEYENDAS, CREENCIAS, FANTASMAS, ENTIERROS, APARATOS Y CUENTOS. 

LOS ENTIERROS:
Son tesoros ocultos, consistentes en monedas de oro, plata o alhajas, las cuales son depositadas en una botija, pimpina o tinaja. Dichos envases eran enterrados en el patio, en algún aposento de la casa, otras veces al pie de un árbol (preferiblemente una ceiba, samán, mamón, mango, tamarindo, merecure o algún otro árbol), pero frecuentemente los sepultureros de tesoros preferían los traspatios abandonados de las viejas casonas. 

Refiere la tradición que el enterrador no informaba a sus allegados el ocultamiento del entierro, por lo que al morir se llevaba consigo el secreto y se convertía en un ánima en pena, que algunas veces se aparece a los beneficiarios en sueños, otras sale por las noches (preferiblemente) produciendo ruidos de cadenas arrastradas, golpeando, abriendo o cerrando puertas violentamente (portazos), celajes y a veces se oyen pasos arrastrados o una luz muy brillante que va desde algún lugar de la casa hasta apagarse en el sitio donde se halla oculto el entierro. Esto lo hace el muerto, para indicarle al beneficiario elegido (preferiblemente un allegado) la ubicación del tesoro; comprometiéndose el beneficiario por su parte a hacerle misas y rezos al difunto; en cambio si el convenio es con Satanás, hay que empeñarle el alma o los hijos que se tengan. 

También existen muchos timadores, que sabedores de la existencia de ingenuos interesados en sacar entierros, buscan a esas potenciales víctimas para venderles la idea de sacar uno, que se halla oculto en determinado paraje, pero que necesitan recursos (económicos) para la consecución del proyecto. 

En ese sentido vale mencionar el tema El Muerto de las tres Matas, del cantante Hipólito Arrieta, en que relata el chasco que le pasó al negro Zenón Rapia, quien engañado por un “vivo” y un indio (de seguro el Diablo) vestido de cura, perdió todo el dinero que había invertido en su anhelado proyecto de conseguir un Entierro. 




Las historias sobre entierros de morocotas y tesoros, tienen su origen en la costumbre generalizada de las personas que vivieron durante la época colonial y el período republicano, de enterrar o tapiar en las paredes de sus casas, todos aquellos objetos de valor y muy especialmente sus riquezas en morocotas de oro, perlas y diamantes. En torno a ello se fueron creando relatos de espantos y apariciones de animales que custodiaban el lugar donde se hallaba el escondite. Se dice que muchas personas, para evitar el saqueo de sus entierros, lanzaban conjuros en el lugar para impedirle extraer los tesoros a quien osara acercarse.Si por ventura algún saqueador quería llevarse la riqueza, debíaenfrentar a los seres mágicos que estarían cuidando el sitio. Los entierros pueden manifestarse, mediante  braseros incandescentes o luces que bailan de un lugar a otro. Cuentan los abuelos que los jueves y viernes a mediodía o a la medianoche, estos tesoros están a flor de tierra listos para que algún afortunado los encuentre. De querer encontrar uno de estos, se debe ir al lugar con una moneda de plata debajo de la lengua y agua bendita. Si logra vencer el espanto, sacará el entierro, pero no debe romper la múcura o abrir la bolsa de cuero de inmediato, ya que el óxido de los metales podría envenenarlo. Revista IPC Barinas


LOS TESOROS Y LOS ESPANTOS (VULGO ENTIERROS)
Las fosforescentes llamas que por la noche se divisan en algunos puntos de la superficie terrestre y que la física denomina fuegos fatuos, han dado entre nosotros origen a la más rara y peregrina preocupación popular. Cree la gente sencilla y aun muchas que no lo son tanto, que esas luces errabundas son siempre indicio cierto de la existencia de algún tesoro escondido en el sitio donde el fenómeno de la combustión se verifica. A este respecto, se cuentan innumerables historias, como la de un humilde peón, que de la noche a la mañana se convirtió en respetable señor. Don Fulano, verbigracia, que hasta no ha mucho era un pobre jornalero, cuyo trabajo escasamente le producía lo necesario para la subsistencia de su numerosa prole; el pobre diablo, de la noche a la mañana se transformó en un hombre acomodado. Esta inesperada riqueza le permitió comprar una lujosa casa, abrir una empresa y a ahora a su nombre se le precede el clásico Don (De origen noble), heredado de nuestros antepasados, los españoles. Pues esa metamorfosis se debió, decían, al hallazgo de un entierro que el limpio desenterró. El peón fue guiado por una luz misteriosa que en el fondo del corral de su casa se percibía de noche. Este pobre, pero hábil buscador de tesoros, parece que señaló con una marca el lugar donde la luz se ocultaba y al siguiente día, por la madrugada, cavó allí la tierra y encontró un cuantioso caudal de monedas de oro y plata. Pero hay más. Lo que desde tiempo atrás traía preocupado a Don Fulano, era una visión que de vez en cuando aparecía en la casa y que casi siempre iba acompañada o precedida de golpes sordos, cuya dirección no era posible distinguir; circunstancia que, unida a la visión de la luz, fue para él la revelación de hallarse en la pista de uno de esos entierros de real (dinero) de que tantas anécdotas había escuchado referir desde su infancia. 

 Concluyendo, todas esas historias pueden resumirse así: dondequiera que había o hay algún entierro -porque todavía los hay, el trabajo es encontrarlos-, se perciben ruidos terribles, extraordinarios, misteriosos: ora suenan cadenas arrastradas a lo largo de las habitaciones y pasadizos, sin distinguirse quien las mueva; ora gritos lamentables, proferidos por algún alma en pena; ya estrepitosos golpes en las ventanas, techos y paredes; ya espectros de diferentes formas y tamaños que, mostrando su blanco sudario, se pasean por los corredores y patios de las casas en silenciosa actitud. La luz nunca falta: ella es la señal característica de esta compleja visión. Entierro sin su correspondiente luz no es ni siquiera concebible; será cualquier otro aparato -como dice el vulgo- , será un alma que está penando o cosa por el estilo, más no será un Entierro. 

APARATOS.
Los Aparatos son apariciones malignas que tienen diversas versiones, de acuerdo a la región del país donde se manifiestan, como las leyendas de Juan Machete, El Burro del Bucaral, Federico y Mandinga, La Silbona, El Espanto del Troncón, El Hachador perdido, El Muerto de las tres Matas, La Majada del Diablo, El Canoero del Caipe, entre otros, que en el llano delinean figuras de la Conquista, de la Emancipación o narran en su pintoresco lenguaje los hechos que en ellas se manifiestan. 

En Apure existen dos Aparatos; uno es La Bola de Fuego. Fenómeno con la que se topan los llaneros de tabaco, toro, soga y caballo, en su trajinar por las solitarias sabanas, la cual con su atemorizador estruendo y su brillante luz trata inútilmente de espantarlos y el otro, es La Sayona, la cual se presenta a los mujeriegos en los caseríos y pueblos apureños; primero como una agraciada mujer vestida con una saya blanca y después se transforma en una horrible criatura, que los deja enloquecidos, pegando más lecos que una paría en medio de la inmensa sabana o en las solitarias y polvorientas calles de los pueblitos apureños. 

La Bola de fuego en Apure:  La explicación que dan los entendidos, es que este Aparato no es más que la presencia de fuegos fatuos, que de noche recorren de un lado a otro la solitaria sabana; pero el caso es que la presencia de esta aparición maligna está enraizada en el alma del apureño, donde La Bola de Fuego, tiene su particular expresión, como se evidencia precisamente en el romance La Bola de Fuego, en la que el bardo popular llanero atribuye la aparición de este aparato a la figura histórica y trágica del Tirano Aguirre (Lope de Aguirre) y su hija Elvira, en los llanos de Apure. 

En las sabanas de Apure 
Cuando está la noche oscura 
En forma de bola de fuego
Sale ardiendo una criatura
Aquella es un alma en pena
Y su estado lastimoso
Le causa mucha tristeza
Al corazón que es piadoso
Ya se estira, ya se encoge, 
se hace larga y es redonda,
y se mete en una mata,
y entra y sale muy oronda. 
Es el alma de un tirano 
Que nació cuando la guerra 
Les quitó a los pobres indios
Sus mujeres y su tierra 
En castigo de sus culpas
 anda por estas sabanas 
con las costillas ardiendo 
y doblando una campana

Lo cierto es que la Bola de fuego en Apure, no puede ser el alma en pena del Tirano Aguirre y su hija Elvira como reza el corrío, quienes en medio de la sabana salen a espantar a los viandantes, por cuanto, Lope de Aguirre y sus Marañones, en sus correrías desde el Cuzco hasta Barquisimeto, no anduvieron por tierras apureñas, ya que este Príncipe de la Libertad, como lo nombró Miguel Otero Silva, en la novela epónima, navegó por el Amazonas y de allí al Atlántico, la isla de Margarita, Borburata y finalmente Barquisimeto. Es decir, nuestra Bola de fuego, será otro Aparato, pero jamás el Tirano Aguirre. 

LA SAYONA
 Cuentan los apureños que el espanto de la Sayona es un ánima endemoniada que persigue a los hombres parranderos y mujeriegos como consecuencia de una maldición que le hiciera su madre antes de morir. Al parecer se trataba de una mujer extremadamente celosa de nombre Casilda, que vivía con un hombre parrandero y mujeriego llamado Severiano. Casilda tenía un vecino que la pretendía a quien apodaban Burro Tusero, quien para conquistarla malponía a Severiano, con el fin de ella lo abandonara y se quedara con él. El mujeriego Severiano pretendía a la negra Timotea, mujer buenamoza y fiestera que no se pelaba un baile. Estando ambos en un parrando, Severiano contrapuntea con otro admirador de la bella Timotea, al final ambos galanes, terminan dándose unos tanganazos y mientras Severiano somete al contrincante, la negra Timotea se le viene encima en defensa del otro peleador, lo cual causa en Severiano terrible indignación y de un golpe la lanza contra el suelo, con la mala suerte que la muchacha se golpea la cabeza contra una piedra, falleciendo instantáneamente. 

El comisario del pueblo, que también se hallaba en la fiesta, aprehende a Severiano. Por su lado Burro Tusero, aprovechando la ausencia del marido de Casilda, da su estocada final, sin considerar las graves consecuencias que su chisme acarrearía. El intrigante Burro Tusero, le dijo a la celosa Casilda que su marido no la amaba y que además, desde hacía tiempo la traicionaba hasta con su propia madre y que en el pueblo todos los vecinos conocían esta relación. Esto molestó a Casilda de tal modo que el cobarde y perverso Burro Tusero, al ver la expresión de odio en su rostro, presuroso se alejó aterrorizado. 

A la mañana siguiente, Casilda como todas las mañanas esperaba ansiosa la visita de su madre que acostumbraba llevarle el cafecito mañanero; cuando la buena mujer llegó, Casilda incendia el rancho con el hijo adentro e inmediatamente hiere mortalmente con un cuchillo en tres ocasiones a su progenitora. Sin embargo la madre moribunda, atina a proferir la siguiente maldición. … “Me has quitado la vida Casilda. Me has quitado la vida sayona; le has quitado la vida a tu propia madre que te trajo al mundo ¡Maldita serás toda la vida! Sin Dios y sin Santa María andarás vagando por todo el mundo y penando andarás en busca de los hombres mujeriegos para aliviar tus pecados. Pero no lo lograrás porque te acordarás de este momento y perderás al hombre que te acompañe. Permite Dios que así sea”... Al escuchar estas palabras, Casilda se fue transformando físicamente. Los ojos se le enrojecieron, los pómulos se le contrajeron, su ropa se le desgarró y le brotaron enormes colmillos de su boca; por otro lado su tamaño aumentó descomunalmente. Unos ancianos vecinos que veían lo ocurrido, comenzaron a hacerle rezos y a echarle agua bendita; al caerle el agua lanzó un alarido aterrador y huyó despavorida, perdiéndose en el camino. 

Desde entonces se le aparece a los hombres mujeriegos, presentándose al principio como una hermosa mujer, esbelta y elegante. A los cuales atrae con su exótica belleza, éstos entusiasmados con la hermosa sayona, la siguen al bosque donde ella los ha ido llevando, hasta que se voltea rebelándose como el monstruo demoníaco que es y entre terroríficos alaridos les muestra los enormes colmillos, los ojos brotando fuego y agitando de un lado a otro sus manos huesudas, de donde brotan unas largas y filosas uñas, a la vez que acercándoseles insinuante les dice, ¡anda bésame como besaste a fulana y a zutana!, el pobre mujeriego sale despavorido gritando por los solitarios caminos o por las desoladas calles de algún olvidado pueblo o caserío. Es que La Sayona, escoge para sorprender a los trasnochados mujeriegos, aquellos lugares solitarios para hacerles sus sensuales invitaciones. Una vez que cautiva a la víctima, se transforma en un espanto, desquiciando totalmente al idiotizado galán.

Finalizamos esta entrada con el video de "El Muerto de las tres Matas" con Hipólito Arrieta:
 


  APURE: TIERRA DE LEYENDAS, CREENCIAS, FANTASMAS, ENTIERROS, APARATOS Y CUENTOS. 



1 de septiembre de 2012

El Reto y La Porfía. 1ra Versión de Florentino y el Diablo

Hoy les ofrecemos la primera versión de Florentino y el Diablo, escrita por el poeta Alberto Arvelo Torrealba en 1940. Vino inserta en su libro "Glosas al Cancionero"  y allí no le dio título especial, sólo coloca subtitulos de las partes principales del poema: "El Reto" y "La Porfía".

Ya les hemos ofrecido la segunda versión (1950), que es la que se hizo inolvidable en las voces de José Romero Bello y El Carrao de Palmarito y la Tercera (1957), que estaba parcialmente publicada en este Blog, la hemos colocado temporalmente en borrador, para hacerle un análisis mas completo y poder ofrecerles un trabajo mas acabado.

Encontraremos entre las tres versiones versos comunes, pero sin duda,  es en la tercera, donde la pluma del poeta amplía y nos muestra con mas detalle, no solamente el llano, sino la personalidad de los inolvidables copleros.

EL RETO

El coplero Florentino
por el ancho terraplén
caminos del Desamparo
desanda a golpe de seis.
Las chicharras atolondran
el cenizo anochecer.
En el caño de Las Animas
se para muerto de sed,
y en las patas del castaño
ve lo claro del jagüey

El cacho de beber tira
en agua lo oye caer;
cuando lo va levantando
se le salpican los pies,
pero del cuerno vacío
ni gota pudo beber.
Vuelve a tirarlo y salpica
el agua clara otra vez,
mas solo arena sus ojos
en el turbio fondo ven

Mirada y rumbo el coplero
pone para su caney,
cuando con trote sombrío
oye un jinete tras él.
Negra se le ve la manta
negro el caballo también;
bajo el negro pelo e´guama
la cara no se le ve.
Pasa cantando un romance
sin la mirada volver:

-Amigo, por si se atreve,
aguárdeme en Santa Inés,
que yo lo voy a buscar
para cantar con usté.

Mala sombra del espanto
cruza por el terraplén,
la encobijan y la borran
pajas del anochecer.

Florentino taciturno
coge el banco de través
Parece que va soñando
con la sabana en la sien.
En un verso largo y hondo
se le estira el tono fiel:

-Sabana, sabana, tierra
que suda y hace querer,
parada con tanto rumbo,
con agua y muerta de sed,
una con mi alma en lo sola
una con Dios en la fe
sobre tu pecho desnudo
yo me paro a responder:
sepa el cantador sombrío
que yo cumplo con mi ley
y como canté con todos,
tengo que cantar con él








LA PORFÍA


Noche de fiero chubasco
por la enlutada llanura
y de encendidas chipolas
que el rancho del peón alumbran.
Adentro suena el capacho
afuera bate la lluvia.
No lejos asoma el río
pecho de sabana sucia,
y mientras teje el joropo
bandoleras amarguras
el rayo a la palma sola
le tira señeras puntas

Súbito, un hombre en la puerta:
indio de grave postura,
ojos negros, pelo negro,
frente de cálida arruga,
pelodeguama luciente
que con el candil relumbra.

Un golpe de viento guapo
le pone a volar la blusa
y se le ve jeme y medio
de puñal en  la cintura

Entra callado y se pone
para el lado de la música

Oiga vale, ese es el Diablo.
-la voz por la sala cruza-

Mírelo como llegó
con tanto barrial y lluvia,
planchada y seca la ropa
sin cobija ni montura
Dicen que pasó temprano
como quien viene de Nutrias
con un oscuro bonguero
por el paso de Las Brujas

Florentino está silbando
sones de añeja bravura
y su diestra echa a volar
ansias que pisa la zurda,
cuando el indio pico de oro
con su canto lo saluda

EL DIABLO
Catire quit-pesares
contésteme esta pregunta:
¿Quien es el que bebe  arena
en la noche mas oscura?

FLORENTINO
En la noche mas oscura
lo malo no es el lanzazo
sino quien no lo retruca
Tiene que beber arena
el que no bebe agua nunca

EL DIABLO
El que no bebe agua nunca
Así cualquiera responde
barajando la pregunta
¿Quien mata la sed sin agua
en jagüey de arena pura?

FLORENTINO
En jagüey de arena pura
el médano solitario
el ánima que lo cruza,
la noche que lo encobija
el lucero que lo alumbra
¡Que culpa tengo señores
si me encuentra el que me busca!

EL DIABLO
Ya que tiene tantas artes
déjeme que se las vea.
Falta un cuarto pa´la una
cuando el candil parpadea,
cuando el espanto sin rumbo
con su dolor sabanea,
cuando Florentino calla
y así perdió la pelea,
cuando canta la pavita
cuando el gallo menudea.

FLORENTINO
Cuando el gallo menudea
la garganta se me afina
y se me aclara la idea.
Yo soy como el espinito
que en la sabana florea:
le doy aroma al que pasa
y espino al que me menea

EL DIABLO
Espino al que me menea
¡Ah caramba! yo en quedarme
y usté Catire, me arrea.

Mire que estoy remolón
con esta noche tan fea.
Vaya poniéndose alante
pa´que en lo  oscuro me vea.

FLORENTINO
Pa´que en lo  oscuro me vea
Amigo no arrime tanto
que el bicho se le chacea.
Atrás y alante es lo mismo
pa´el que no carga manea:
el que va atrás ve pa´lante
y el que va alante voltea

EL DIABLO
El que va a alante voltea
Catire, usté canta mucho
pero quitese esa idea
de que me puede enseñar
cómo se canta un corrío.
Los perros están aullando
escúcheles los aullíos
los gallos están cantando
recuerde lo convenío.
Zamuros de la Barrosa
del Alcornocal del Frío
albricias pido señores
que ya Florentino es mío!

FLORENTINO
Que a Florentino es mío
si usté dice que soy suyo
será que me  le he vendío,
si me le vendí me paga
porque yo a nadie le fío
Yo no soy pájaro bobo
pa´está calentando nio.

EL DIABLO
Pa´está calentando nío
No sé si es pájaro bobo
pero va por un tendío...
Con el adiós de los gallos
yo cargo con los rendíos
en el anca e´mi caballo
que sabe un trote sombrío.
Y vuelvo a cambiarle el pié
a ver si topa el atajo.

FLORENTINO
A ver si topa el atajo
Cuando se fajan me gusta
porque yo también me fajo.
Zamuros de la Barrosa
del Alcornocal de abajo:
ahora verán señores,
al diablo pasar trabajo.
Déjenlo que barajuste
que yo en mi rucio lo atajo
déjenlo que pare suertes,
yo sabré si lo barajo,
alante el caballo fino
atrás el burro marrajo.
Antes que toquen la una
se lo lleva quien lo trajo.
¡Quien ha visto doro-doro
cantando con arrendajo!
Si me cambió el consonante
yo se lo puedo cambiar.

EL DIABLO
Yo se lo puedo cambiar
los graves y los agudos
a mí lo mismo me dan.
Ay catire Florentino
arrendajo y turupial,
que largo y solo el camino
que nunca desandará,
con esta noche tan negra
chaparral y chaparral,
No le valió su baquía,
ni lo salvó su cantar,
Catire quita pesares
arrendajo y turupial

FLORENTINO
Arrendajo y turupial
Zamuros de la Barrosa
salgan del alcornocal
pa´que miren a Mandinga
el brinco que va a pegar:
Sácamen de aquí por Dios
Virgen de la Soledá,
Virgen del Carmen bendita,
piadosa Virgen del Real,
Virgen de la Coromoto,
Virgen de Chiqinquirá,
sagrada Virgen del Valle,
santa Virgen del Pilar,
Niño de Atocha bendito,
Santísima Trinidá