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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

28 de febrero de 2011

Verano Llanero: La Transhumancia. Entrada 2/3

Imagen tomada de Por los Llanos de Apure- Calzadilla Valdés
Continuamos la maravillosa narración del poeta Arvelo Torrealba en Lazo Martí : Vigencia en Lejanía:

"  Sin exagerar la  natural adhesión afectiva que brota del espíritu del llanero para vincularlo a las vacadas cuya querella bramadora lo acompaña por largos caminos, acontece que los dueños de hatos, mayordomos, caporales, peones y demás integrantes de la expedición pastoril hacia el Sur, igualados por el sol, el viento y el trote de las bestias, ligaban para aquel viaje la voluntad y la querencia en estrecha, en jocunda solidaridad, Porque era frecuente que a las madrinas y hatajos mas numerosos, los del dueño del fundo, se agregaran pequeños grupos semovientes que pertenecían al peonaje, integrados  no sólo por reses y caballos, sino también por burros, cerdos, perros y demás animales de las casas temporalmente abandonadas."

...."   la partida al Sur era una fiesta"

...." Aún en los aspectos marginados de la faena misma, como los andariegos amoríos, aquel desplazamiento conlleva la mar de regocijos en la mente faramallera y humilde de los viajadores. "  Las muchachas de las islas nos preferían" , insinuaba un  viejo caporal de caravanas migratorias. Cuando inquirí del por qué de ese privilegio, me miró con pícara sonrisa. En el chispazo de los ojos le resucitaron los veinte años. " Porque las mujeres se cansan - dijo sentencioso- de comer quinchonchos y sancocho de guabina". Y agregó, alardeando de la riqueza pecuaria de su sabana abierta: "Nosotros los guariqueños, les llevábamos carne". En respaldo folclórico de su bellaca afirmación desglosó del "inculto cancionero" una vieja canta que puso en boca de las tornadizas isleñas:

Llegaron los guariqueños
y trajeron sus ganaos:
retírense de nosotras
los gediondos a pescao

Después como saeteando sus recuerdos, musitó otra copla oriunda de las islas. La de la despedida, cuando los veraneadores, a la entrada del invierno, debían tornar a la tierra nativa:

¡Adios, señorita Juana
adiós taita Bernabé!
¡Hasta el verano que viene
que nos volvamos a ver!

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