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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

19 de junio de 2011

Y un día, amaneció toda verde.....

 La "Entrada de Aguas", constituye por sí misma un curioso fenómeno. Siendo un período previo al invierno, en el que la tierra empieza a recibir el vital líquido para reverdecer, pudiera entenderse que esas primeras lluvias son leves. Sin embargo no es así. Se dan en este período grandes aguaceros que realmente desconciertan.


Este artículo debimos ubicarlo en el mes de mayo, sin embargo, como ya hemos dicho anteriormente, los períodos estacionales del llano no obedecen a un patrón estricto. En Semana Santa del presente año, temporada usual de "pleno verano" pude presenciar, por los lados de Guayabal, la fuerza y potencia de una tormenta eléctrica, después de un día de agobiante sol. Tormenta intimidante donde el cielo vespertino se ennegreció y se llenó de luces en forma de relámpagos casi contínuos y extensísimos rayos que dibujaban su  zigzagueante descarga horizontalmente a lo ancho del cielo. La gruesa cortina de agua que caía impedía totalmente la visibilidad y el ruido ensordecedor de los constantes truenos estremecían la tarde....
Ese suceso me permitió experimentar el pasaje que en Cantaclaro, Don Rómulo Gallegos describe precisamente en el capítulo denominado La Entrada de Aguas:

"La anunció el canto del carrao antes del alba y sobrevino al anochecer, con el formidable aparato de las tormentas llaneras.
Pero aquel año la electricidad acumulada en la atmósfera era enorme y su brusca descarga pronto alcanzó la grandiosidad de un cataclismo.
Sobrecogía el ánimo la visión de la llanura iluminada por aquel fulgor magnífico, un solo relámágo de cien rayos contínuos, bajo el fragor tremento del trueno sin fin que la estremecía de horizonte a horizonte
Gemían los árboles sacudidos por el viento, desgajábase el aguacero tropical  en mangas sucesivas, cada vez mas recias y copiosas, con estruendo de innumerables rebaños al galope, zigzagueaba el rayo por toda la inmensidad del cielo, cual descomunal cabellera flamígera que demelenase el huracán y muchos se hundían en la tierra, ya tan cerca de la casa de El Aposento, que a ella llegaban juntos trueno y relámpago, ensordecedor y deslumbrante"

....Cuando escampara, ya habrían empezado a formarse los esteros y poco faltaría  para que toda la sabana reverdeciese a un tiempo. Porque en el llano, la naturaleza lo hace todo a saltos"    Cantaclaro


Y ese desenlace, también lo pude apreciar: cuando al día anterior se veían los efectos de la sequía, al día siguiente, ya en la carretera hacia Camaguán, habían empezado a florecer los lirios, en un suelo todavía desnudo.
Este reverdecer instantáneo, ha quedado plasmado en poemas, canciones y obras literarias. En Doña Bárbara, Don Rómulo Gallegos nos dice:

"En efecto, al día siguiente, después de una calma sofocante, empezó a soplar el desagradable viento que baja del alto llano barinés, anuncio seguro de la entrada de aguas. Cambió el relámpago, se oyó el mugido del trueno hacia el Bajo Apure y pronto empezaron a verse plumas de aguaceros lejanos que corrían por la sabana, allá hacia el Cunaviche, donde se iban condensando y convirtiendo en chubascos acompañados de violentas tempestades. Nubarrones plomizos cubrían de un momento a otro todo el cielo, un viento huracanado los abatía sobre la sabana, se desgajaba entre ellos el árbol del rayo con un continuado estruendo ensordecedor y en obra de instantes, toda la sabana se llenaba de charcas.
Y un día amaneció toda verde. Doña Bárbara

"Y un día amaneció toda verde" ¡Cuanta profundidad y belleza hay en esa sencilla oración que es capaz de recoger la magnificencia del reverdecer del llano!

El poeta José Natalio Estrada, también encontró bellas palabras para reflejar ese  maravilloso fenómeno, en su poema María del Llano:


Sortilegios de una tarde:
el camino de su casa
con su deambular incierto,
se me anocheció desierto,
se me amaneció sabana
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