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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

20 de junio de 2011

El Origen de Nuestra Tonada

Ya hemos hablado un poco de la Tonada, sin embargo, queremos compartir el estudio sobre este tema, del Musicólogo Rafael Salazar, incluido en su obra Venezuela, Caribe y Música, publicado por PDVSA, Tradiciones Caraqueñas y  FUNDALARES, en Septiembre de 2003:

" De los antiguos cantos de al hida –ye hedia, ye hedia, ye yeda, ye yeda- lanzados al viento por los camelleros beduinos para vencer la soledad y obtener la protección de Alá en la transhumancia de los desiertos, nos viene los aires melismáticos llaneros del arreo y del ordeño, mejor conocidas como Tonadas.

Estos cantos traídos por los cabestreros andaluces extremeños y murcianos, fueron heredados de los pastores árabes provenientes del Magreb, quienes le imprimieron a su vez el carácter melismático a los cantos de recolección de aceitunas, de naranjas y de otros frutos.

Acá en nuestro llano, se enraizaron con el pentatonismo nasalizado de los guahibos, la etnia apureña del Arauca común a Colombia, para crear una canción dulce y viril basada en la copla hispana, que no sólo le sirve de guía a la vacada, sino que fecunda el horizonte con su grito de libertad.

…!Ajila, ajila, novillo
Con la voz del cabetreeeero
Que muy pronto llegaremos
A las puertas del potrero
Ay oooooh!

Y en la comunión íntima de la faena, el ordenador en la madrugada le canta a la vaquita, amorosas coplas dulces precedidas de las llamadas “a capella” que identifican cada bestia, para que una por una vayan solitas al corral de ordeño y fluya luego la leche fresca.

En el andar del tiempo, la tonada dejó el estero y su lejanía y conquistó Caracas por los años treinta del siglo XX. Ya en la capital, justo con el surgimiento de la radio,  compositores populares como José Reyna y Eduardo Serrano crearon bellísimas cantas llamadas por ellos coplas, que respondían al aire musical de la tonada como introducción temática libre para el lucimiento del coplero y seguida del desarrollo del joropo recio.

Allí nos quedan, en el acopio musical caraqueño las tonadas-joropo “Por el camino” de José Reyna, y los temas “La Vaca” y “Arpa” de Eduardo Serrano, todos de gran aceptación popular.

Pero va a ser Simón Díaz quien a partir de 1965 impone en la capital, a través de la radio y de los discos de acetato, el gusto por la tonada, acompañada de un cuatro solitario de rasgueo tenue simulando el paso del caballo en su trote natural. “Sabana”, “La tonada del cabestrero”, “Tonada de luna llena”, “Clavelito colorado” y muchas otras cunden por doquier, perfumando de bella poesía y de música raigal el campo infinito de la creación popular.

Hoy la tonada, en manso de nuestros compositores contemporáneos, de formación colectiva o de escuela, es un remanso de buena música y de fe por nuestro destino artístico y musical.

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