....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos
Esta entrada fue publicada por primera vez el 07/06/2011, pero vale la pena volver a leerla
El relato que a continuación colocamos, está basado en la narrativa de Don Julio César Sánchez Olivo (1984), en su libro "Bongos y Canoas".
“Al entrar las aguas en Apure, o sea al arreciar el invierno, ya en el mes de junio, el llanero cambiaba el caballo por la canoa; sus viajes eran embarcados por todas partes. No había más vías que los ríos, los caños y las aguas de las sabanas anegadas que eran centenares de leguas en el Cajón de Arauca, y el único medio de transporte eran las embarcaciones, bongos y canoas. Aquel Apure carecía de carreteras y de pistas de aterrizaje, porque no había carros a motor ni aviones.
"Los que vivíamos en zonas anegadizas, como las de la margen derecha del río Arauca, cogíamos la res que necesitábamos para comer, embarcados. Esta actividad se realizaba de la manera siguiente: regularmente la res pertenecía a los ganados llamados de "rochela", que eran esos rebaños mas salvajes, que huyen y se esconden en los montes al ver o sentir que se acerca la gente. Cuando estos ganados salían a comer a la sabana limpia, o sea sin bosques, uno se iba en canoa por el lado del monte y sorpresivamente le llegaba al lugar donde estaba comiendo, con el agua a la costilla o mas arriba. El lote de ganado corría entre el agua hacia el monte de su escondite, pero los veteranos llaneros que iban en la canoa, dos de ellos adelante, empujando rápidamente la embarcación con las palancas y otro detrás de patrón con un canalete, velozmente se incorporaban dentro de los animales y enlazaban la res mas gorda y así se iban con el animal enlazado hasta llegar a la parte seca del monte y allí la mataban y descuartizaban. Pero desde el sitio donde la habían enlazado hasta el lugar donde la mataban, regularmente ocurrían momentos de peligro que solamente los veteranos llanero podían sortear, como reses que furiosas embestían contra la canoa; en ocasiones enormes toros, y todos los que iban en la embarcación se lanzaban al agua, pero sin soltar el animal apresado.
Quiero hacerles saber que nosotros los Sánchez Olivo éramos de los especialistas del llano en estos trabajos de cazar ganado embarcado. Mi hermano Teodoro era siempre uno de los dos que adelante iban en la canoa impulsándola con las palancas y listos para enlazar la res escogida con la soga que ya se tenía hacia la proa de la canoa; yo siempre era el patrón. Al descuartizar la res, toda la carne era echada dentro de la canoa, y partíamos con la carga para nuestra casa en donde llegábamos en varias ocasiones ya entrando la noche. En ese viaje teníamos que atravesar un brazo del Arauca llamado "El Garzón", que era casi un río, de fuerte corriente y muchos caimanes. Para atravesarla, mi hermano y el otro marinero sacudían las palancas contra la canoa, yo la golpeaba con el canalete y al mismo tiempo tenía que introducirlo en el agua para que la embarcación no perdiera la dirección y no fuera dominada por la corriente: simplemente cumpliamos con nuestro deber de tripulantes y de espantar los caimanes con los golpes en la canoa, pues a estos animales los atraía el olor a carne fresca. "
Rebuscando en los estantes de La Pulpería del Libro Venezolano, me conseguí con La Rubiera, de Horacio Cabrera Sifontes. Siempre había querido leerlo y créanme que es apasionante. Aún no lo he terminado y cuando lo haga compartiré con ustedes un resumen de su contenido.
Sin embargo, entre sus páginas encontré una visión de las faenas llaneras, tal como se efectuaban en aquellas tierras, y es lo que quiero desarrollar en esta entrada.
Tal como acostumbramos, transcribiremos una importante porción del texto pues este espacio intenta hacer honor a nuestros escritores y poetas, dejando sus palabras tal cual fueron plasmadas en sus obras.
Empieza el autor hablando un poco del ordeño y de la importancia de cantarle a la vaca y luego habla del trabajo con el ganado cerril o de rodeo y de cómo el llanero consigue el aprecio y reconocimiento de sus compañeros:
Imagen tomada de Por los Llanos de Apure
Imagen tomada de Por los Llanos de Apure
Imagen tomada de Por los Llanos de Apure
“Naturalmente, de mucho vale el conocimiento del medio y la veteranía del llanero cuando se trata de ganados cerriles. La res hay que enlazarla en la sabana, dominarla en lucha singular, y el mismo llanero dice; “más vale maña que fuerza”. Hay que reducir la res a una pata de palma, luego cabrestearla a cola de caballo, incitándola a embestir y burlando su furia con tanta habilidad que la distancia entre el caballo y la res debe ser exactamente aquella en que la res cree que con un poquito más de ventaja podrá engañar al llanero para matarle el caballo, por lo cual lo sigue aparentemente resignada, guiada por su furia.
Esa distancia la observan llanero y caballo, para el arranque violento en caso de la carga traicionera de la res. Así caminan alerta hasta que se establece un equilibrio de engaño a engaño, que se traduce en una marcha más o menos descansaba y aparentemente voluntaria de la res, guiada por una mecánica muscular condicionada por la rabia y la desorientación. Es de advertir que la res solo pelea para buscar hacia atrás, después de cada partida a cornear el caballo, cuando no ha salido aún de sus comederos, pero al ser guiada a terrenos que desconoce, las dudas y la desorientación contribuyen a condicionar su obediencia, siguiendo al caballo que la lleva atada a la cola, como cabrestero, sin que esto excluya su furia y su malicia.
El lazo normal a caballo se ejecuta a plena carrera detrás de la res, por su lado derecho, forzando el caballo de acuerdo al terreno y las velocidades para pasar por un ángulo apropiado de acercamiento, en que se cruzan las trayectorias de bovino y caballo. Es el momento del lazo, que para el efecto, con un hábil movimiento de la mano se mantiene abierto, a la vez que con el brazo se tremola o "tramolea" en el aire para coger el impulso de lanzamiento. Una vez caído del lazo sobre la cabeza del bovino, la mano derecha de llanero vuelve al tiro de soga, cuyo último seno tiene sujeto junto con las riendas en la mano izquierda, y ajusta el lazo. A veces, si le sobra caballo, hasta lo “zapatea” o lo “remienda” si no ha calado bien en la cabeza de la res. De allí el llanero cambia de dirección para resistir el templón de la soga amarrada a la cola de su caballo, después tiene que ingeniárselas para tumbar la res, y “acomodarla” según lo que deba hacer con ella. Si se da el caso de tener que soltarla en la sabana, hace una cadeneta con la cual le junta las patas, arrebiata el “barreador” y al tirar de él, la res queda suelta de nuevo y el llanero sobre su caballo en capacidad de defenderse de la inevitable embestida y persecución que le hará la res enfurecida.
El ganado “cachalero” de los cachales, tenía su forma peculiar de comportarse. Animales cimarrones que han crecido acostumbrados al atropello de los caballos, que siempre los alcanzan. El toro viejo cuando le fallan las fuerzas, sabiendo que lo van a alcanzar, se alista para defenderse. Si se le corre desde atrás, como normalmente se hace, el cachalero se voltea y mata al caballo, porque el ángulo de encuentro es ventajoso para el toro y el sacrificio del caballo se hace inevitable.
El llanero de la sabana apureña tiene el prurito de no ponerle la mano a soga sino cuando está sobre el animal que va a enlazar, y de dar pocas vueltas al lazo antes de lanzarlo. Al novato que da muchas vueltas al lazo se le dice que “echa espuma bajo el brazo”. Pero en la Rubiera el lazo es diferente. El lazo rubiero es un lazo pequeño, que el llanero a caballo, desde que inicia la carrera sobre los cimarrones, tramolea constantemente en espera de que el toro “dé punto” para enlazarlo. No se le corre al toro por el lado derecho, sino al contrario, por el lado izquierdo, apareándosele a la res, haciendo angularmente adecuado el acercamiento, cuando el toro se ve alcanzado y busca cornear al caballo, en ese movimiento pierde un tiempo que el llanero aprovecha para enlazarlo “por delante”, o como dicen algunos “en pala de estribo”, saliendo el toro enlazado por detrás del caballo. Toros hubo que se hicieron célebres por su velocidad y matrerismo. Toros veteranos que se habían escapado varias veces, que habían matado caballos y que maliciosamente reservaban energías para sorprender al llanero en el momento de pasarle por delante; por lo cual, llaneros también muy veteranos y no todas las veces muy bien montados, les daban un pase de prueba, si el terreno lo permitía. Hubo toros que dieron origen a leyendas, y se decía que representaban “espíritus malos”. (…) La fama de estos ganados recorría los llanos, y en alguna parte se improvisó la copla del hombre de aventura que solicita el peligro:
Me vine del alto Apure
Para meterme a rubiero
Porque le escuché la fama
A los toros cachaleros
Se usaba en La Rubiera una bayeta roja llamada “manta” que el jinete “pisaba” con la pierna izquierda contra la silla. Era un artefacto de emergencia. No se amarraba nunca esta bayeta. Su función era quitarse el toro de encima o quitárselo al compañero desde el caballo; y cuando el llanero se tiraba solo a barrear su toro, la llevaba en el hombro izquierdo “pisada” con el brazo por si el toro le reventaba la soga sin que el caballo lo templara. El llanero apureño se llenaba de orgullo al calificarse de rubiero usando su “manta”.
Chicharroneros, Bongueros, Conuqueros, Cabresteros, Arrieros, Queseros, Carreteros...... Areneros. Trabajadores humildes del Llano, trabajadores que de sol a sol laboran para llevar el sustento a sus casas.
Hoy les ofrecemos un video cortesía del Profesor Hugo Arana P, donde se explica un poco el oficio de Arenero del río Apure. Sin duda, entre los que arriba mencionamos, el Arenero es uno de los oficios mas peligrosos, pues implica sumergirse una y otra vez en el río, donde habitan caribes, rayas y tembladores, además de caimanes en algunos sectores; a sacar arena del fondo para ser usada en la construcción.
Como único equipo: un tobo especial con el fondo perforado y un lado cortante. No hay más, solo la condición física del hombre llanero, sus dotes de nadador y sus pulmones de acero para sumergirse hasta 3 metros para subir con un tobo lleno. El material se va colocando en la canoa que una vez cargada, se desplaza a la orilla para descargarla allí o directamente en camiones volteo.
A los peligros naturales que existen en el río se suma la contaminación del mismo, asunto que no pareciera afectarlos.
Estos han sido trabajos u oficios que van pasando de generacion en generación, por lo que es normal que en una misma familia, el abuelo, el padre y el hijo sean o hayan sido areneros.
La arena así recolectada, pareciera ser inacabable pues constantemente el río la trae en su recorrido y se va sedimentando al fondo.
La cruda brasa solar se abatía sobre el embarcadero de El Caribe convirtiendo a las revueltas aguas de aquel caño en una fuente de reverberación. El Caribe al desprenderse del Arauca sirve de comunicante entre el vibrador río de los criollos y el Capanaparo de los Pumé.
El esplendor del firmamento, indiciaba que el frente intertropical en su viaje al sur, ya había dejado atrás al séptimo paralelo. En ese punto de El Caribe emprendimos el viaje hacia el Este, el rumbo de los ríos de la cuenca del Apure, en busca de la Boca del Tronador y de las fundaciones de El Merey, costeras del Riecito. La marcha a media máquina exigida por las características del caño puso a prueba la pericia de Joan el motorista para esquivar carameras y buscar recovecos que acortaran la distancia.
Una vez en el Capanaparo, dada la profundidad del cauce y los largos tendíos del río, pudieron soltarse los 75 caballos del Yamaha, dando al viaje la sensación de un vuelo, pues la lancha apenas rozaba la corriente como las gaviotas que a flor de agua nos acompañaban rayando el espejo. De trecho en trecho un pequeño oleaje se asomaba en la superficie haciendo las veces de saltanejas que perturbaban la quietud de la barca.
Profundos barrancos de lado y lado encajonan al río, dejando ver en su perfil la señal del movimiento de las aguas, así como decenas de agujeros en sus paredes que sirven de hogar a las Matracas. Centenares de Chiguos bordean el río como observando la procesión de la espuma, aunque en muchísimos trechos, esta tupida cortina arbórea ha dado paso a chaparrales y pajales gracias a los desaciertos del hombre.
A diferencia de lo que ocurre en el llano de aluviones, pocas aves se observan en las riberas de este río, pues sólo algunas Garzas Reales y Morenas se dejan ver en calmoso vuelo cuando el ruido del fuera e´borda las espanta. Por el contrario, se destaca la cantidad de águilas pescadoras que cruzan el afluente en arrogante vuelo, un hecho que comprueba la riqueza pesquera del río.
Al paso del tiempo, cuando ya el reloj señalaba las cuatro horas de viaje, llegamos al sitio de encuentro de dos ríos; un punto marcado por el tono bicolor del agua que por un trecho se niega a mezclar el negro guayanés del Riecito y el pardo aluvión del Capanaparo. De allí en adelante comenzamos el remonte cambiando de rumbo hacia el oeste para enfrentarnos al resplandor de un sol bajante que crea bonitos matices al conjugar luces y sombras que se reflejan en el espejo de agua.
El viaje riecitero deja ver que la barrera vegetal bordera del cauce ahora luce más compacta y prístina pues quizá la lejanía de los centro poblados mengua el impacto del hombre en el medio.
Una hora después aparecen, entre médanos y sabana, las casas del fundo que hará las veces de posada. Frente al tranquero nos recibe Don Erasmo García, el propietario, quien afablemente nos abre las puertas de su casa y presentándonos a su familia y al equipo que brega junto a él en esas soledades, entre quienes destaca el baquiano Arturo Nieves.
Dos casas conforman la morada: una de reciente construcción con amplios corredores en derredor y grandes patios con bien cuidados jardines que asoman la mano y el cariño de Doña Carmen. La otra casa, de antigua data, alberga la cocina, el comedor y la despensa. Árboles frutales sombrean los patios y decenas de gallinas, patos y pavos se pasean en sus vecindades. Tres grandes perros cuya bravura es contenida por un pesado trozo de madera atado a su cuello con una larga cadena se mueven amenazadoramente a nuestro lado. Un poco más allá está la caballeriza construida recientemente con techo de zinc y gruesos horcones de Congrio. Los corrales de tubos ocultos dentro del anticorrosivo bordean el establo. Numerosas reses pastan en los potreros, casi todas del color blanquecino propio del ganado mestizo que ha desplazado al criollo llanero. Esta uniformidad en el color del ganado hace pensar que algunos términos del léxico llanero como sardo, barcino, barroso o lebruno sólo quedarán en las letras de los joropos.
Erasmo es un llanero zamarro que conoce bien “el trabajo de llano” porque en su juventud fue hombre de toro, soga y caballo. Ahora, cuando ya monta la sexta década, la visión de una “gaza” (artificio que permite liberar desde lejos el amarre de una res embravecida) colgada de un garabato le abre la puerta de los recuerdos para soltar una especie de “preliminar” con el que da inicio a sus historias: “Esta era la gaza que usaba cuando yo era llanero”, dejando ver con esta expresión que el ser llanero se define más por un oficio y no por el sólo hecho de haber nacido en el llano.
Su vista pasa por encima de la última vara del tranquero para mirar la lejanía y desde allí, desempolvando recuerdos, acota que antes para traer el ganado cimarrón a los corrales se contrataban vaqueros diestros con el lazo y se les daba unos 2 ó 3 caballos por vaquero, unos freneros y otros potrones. El trabajo comenzaba en la madrugada, entre tres y cuatro, cuando después del pocillo de café y habiendo llenado las alforjas de panela, queso y agua, se salía a recoger el ganado que estaba disperso en la anchura de la sabana sin cercas o escondido entre las Matas o los Cachales. Una vez reunida la manada se dejaba descansar para ejecutar el Ojeo, es decir, para separar a ojo a los animales de acuerdo a ciertas particularidades o fines específicos: cimarrones, rencos (animales con lesiones en los chíscanos), vacas paridas, mautes, becerros o reses flacas (chifles).
Otras veces con el ojeo se separaban los ganados de los hatos vecinos una vez que las reses amadrinadas habían sido reconocidas por sus dueños. Después se seleccionaba a “la tripulación” encargada de arriar las manadas hasta los corrales: La tripulación se dividía en dos grupos, destacando a una mitad por un lado y la otra mitad por el otro, hasta rodear completamente al rebaño. Se asignaban los puestos de los vaqueros en función de su destreza y veteranía; así se tenía que el Cabrestero iba delante de los madrineros (animales mansos que se habían traído del hato, ya conocedores del camino hacia los corrales y que se dejaban guiar sin problemas), este Cabrestero con cantos y silbos era quien guiaba la Punta; inmediatamente después se colocaban los Punteros y Traspunteros encargados de evitar que el ganado se dispersara hacia los lados, y por último los Culateros, quienes mediante gritos y acosos se encargaban de arriar el ganado.
El Caporal de sabana era por lo general el dueño o el encargado del hato. Cuando algún toro matrero se les desgaritaba (escapaba), de inmediato partían los punteros o los traspunteros, que lo perseguían a toda carrera para enlazarlo; el primer vaquero le ponía un “cachimuela” (el lazo le queda entre un cacho y la quijada) y el segundo con un lazo más abierto le enlazaba desde el lomo hasta la cruz. Si pelaban el lazo le caían a la mota (la borla del rabo) para colearlo. A veces era necesario narizearlo y destoconarlo para dominarlo más fácilmente y llevarlo de arrebiate hasta los corrales.
Una vez que el rebaño llegaba a los corrales, se prendía un candelorio para calentar los hierros para el herraje. Los animales se enlazaban y se pegaban al botalón para inmovilizarlos mediante el “guayuqueo o verijeo” pasándole la cola entre los chíscanos traseros para que no pudieran levantarse. Una vez tumbado y maneado, el animal se herraba, se marcaba en las orejas y, en el caso de los toros, se capaban.
Las bestias cerreras se trabajaban con una pareja de 4 amansadores (en este caso “pareja” tiene el significado de equipo) y por lo general para estos trabajos se contrataban 3 parejas. Cada una de éstas debía “Pegar” (enlazar y llevar a los corrales) 20 caballos cada día, escogiéndose el tiempo de menguante para realizar dicho trabajo.
El tiempo de amansamiento podía durar hasta tres meses porque cada una de sus etapas “se llevaba con calma y no como ahora que se quiere amansar un potro en una semana”. Al potro, una vez “sueltiao” (inmovilizado a medias con suelta o manea), primeramente se le ponía el tapaojo, el bozal, un cabresto resistente y por último, la “tereca” (silla de montar rústica) bien ajustada. Para iniciar la doma se le quitaban las sueltas y se le levantaba el tapaojo dándose paso así a la fuerte lucha del potro por librarse del inusual peso que ahora sentía sobre sus lomos. La lucha se manifestaba con violentos saltos hacia adelante, fuertes corcovos y patadas al aire. A estos potros en proceso de amansamiento no se le puede poner frenos ni puyar con las espuelas. En vez del freno se usaba el Barbiquejo, que es un bozal rústico hecho con cabuya resistente que se mantiene por largo tiempo, hasta que se considere que el potro esté bien domado y haya mostrado obediencia por la cabeza. Después se le monta un freno suave para que vaya habituándose a cargar peso en la boca, y por último se monta el freno verdadero que en Apure era preferiblemente del tipo mantecaleño.
Después del amansamiento de las bestias y del ganado se realizaban los negocios con los compradores, que por lo general era gente que bajaba de la serranía andina atravesando la legendaria montaña de San Camilo. Un comprador que se hizo muy nombrado fue Francisco García Camacho, más conocido como “el Guate García”, quien cargado de morocotas bajaba del cerro acompañado de su hombre de confianza o “edecán” llamado Trinidad Castro. Las ventas del ganado se hacían únicamente en mayo y en diciembre y se pagaban en moneda efectiva.
Ahora, dice el hatero, esto se acabó porque a nadie le gusta arriar ganado, las jaulas ganaderas llegan hasta la puerta de los hatos. Las cercas, además de dividir las propiedades, sirven para mantener el ganado recogido y así ya no hace falta su búsqueda en la sabana abierta. Las reses, una vez en los corrales, se pasan por el brete y allí, sin botalón ni nada, se inmovilizan para herrarlas, vacunarlas, desparasitarlas, destoconarlas, marcarlas o caparlas. Ahora el ganado se vende en cualquier época del año.
Por estos cambios drásticos en las costumbres llaneras, señala que “el llano se murió”.
Actualmente muchas de estas experiencias se mantienen vivas gracias a los cantadores que en sus joropos o pasajes rememoran tiempos idos. Tal es el caso de Ángel Custodio Loyola en Las Vaquerías (o Faenas llaneras) y Jorge Guerrero en Al café y a los caballos. Sólo falta saber si los escuchas entienden las expresiones llaneras manifiestas en las canciones.
En el viaje de regreso a Elorza sentíamos que la barca venía mucho más pesada no sólo con el fardo de información sobre paisajes, plantas e insectos recogida en Riecito para la agenda ambiental que The Nature Conservancy (TNC) ejecuta para el Municipio, sino también con la carga de historia oral de los llaneros que fueron!!!.
Hato El Merey (Riecito - estado Apure)
Noviembre de 2012
Vocabulario:
Cachimuela (Lazo que cae sobre un cacho y media quijada)
Carameras (Grupo de troncos arrancados por las corrientes y apilados en el lecho del río)
Cimarrón (Res bravía o montaraz)
Cachal (Matorral enmarañado dominado por árboles de Cacho)
Capar (Castrar)
Chifles (Reses muy flacas)
Chiguos (Nombre vulgar de los árboles pertenecientes al Género botánico Campsiandra)
Chíscanos (Hueso largo de las extremidades y por extensión, las patas de las reses)
Destoconar (Rebajar los pitones de los toros)
Frenero (Caballo que responde bien al movimiento del freno)
Freno mantecaleño (Freno artesanal construido en Mantecal utilizando el hierro del eje de motores fuera de borda en desuso)
Gaza (Artificio que permite liberar desde lejos el amarre de una res embravecida)
Guate (Término empleado en el llano occidental para designar a los andinos venezolanos o colombianos)
Guayuqueo o verijeo (Artimaña que consiste en pasar la cola de la res entre las patas traseras, es decir entre las verijas para evitar que esta se levante)
Madrineros (Toros mansos que se ubican delante de las manadas cerreras a fin de conducirlas más fácilmente hacia los corrales)
Narizear (Perforar la nariz de la res cerril para atarla y poder conducirla dócilmente)
Ojeo (Acción mediante la cual los llaneros separan a ojo las reses de una manada de acuerdo a ciertas características)
Pegar (Enlazar caballos salvajes y llevarlos hasta los corrales)
Potrones (Potros jóvenes que aún no responder bien al freno)
Rencos (Animales con lesiones en los chíscanos)
Suelta (Especie de manea. Se coloca en los cuartos anterior y posterior de los caballos)
Tendíos (Trechos largos en los ríos encajonados, que están libres de meandros)
Tereca (Silla de montar rústica. El nombre es una corrupción de Terecay, un quelonio similar al Galápago, como también se suele llamar a estas sillas)
Continuando con la narración de Antonio José Torrealba, Juancho siguió intentando ordeñar. Siguiendo este enlace puede leer la primera parte de este escrito EL ORDEÑO EN EL DIARIO DE UN LLANERO (1/1)
Imagen: Vivencias Llaneras del Abuelo
-¿No me vas a echar otra vaca para yo seguir ordeñando? -Si quieres seguir ordeñando te puedo echar otra vaca, pero no con el ordeño tan suave como Mujerona -Bueno, echando a perder es que se aprende -Entonces vamos a echarte a Patico. Y empezó a llamarla con el verso siguiente:
¿Dónde vas pato yaguazo?
le preguntó el pato real;
a mudar temperamento,
a la laguna El Boral.
¿Dónde vas pato yaguazo?
le preguntó el carretero;
a mudar temperamento
a la laguna El Sombrero
Si fueres a la laguna
y no pudieres pasar
consuélate con que viste
a los paticos nadar
El ternero salió a las tres coplas y Juancho, ya sabiendo como era que Agamenón le había explicado, fue, enrejó el becerro, puso la vaca y empezó a ordeñar" Lo intentó de todas las formas que le habían explicado sin lograr sacar leche, hasta que dijo:
-¡Caray, quien diablos iba a creer que esta vaina fuera tan trabajosa! -Que te pasa Juancho?- le dijo Agamenón -¡Que me va a pasar, que esta vaca como que no tiene leche! -¿Como que dice que la vaca está seca o no sabe ordeñar?" (.....) Evaristo "se puso a ayudar a ordeñar la vaca de Juancho. Cuando le agarró las tetas a la vaca, se encontró con que la vaca no tenía ningún apoyo y luego dijo:
-Verdaderamente, el que no sabe es como el que no ve y el que mas sabe mas pendejo es. -¿Por qué dices así, Evaristo? -Porque ¿que leche ibas a sacar a esa vaca sin apoyo? -¿Y cómo vas a hacer para que apoye? -Largándole el becerro para que le aporree las glándulas mamarias y que la leche baje a los pezones.
-Ahora me doy cuenta por qué es que los becerros chivos al agarrar la teta o sin agarrarla, le dan esos fuertes golpes en la ubre, y debe ser con ese objeto-dijo Juancho.
Evaristo, despues de haber soltado al becerro y vuelto a enrejar, se puso a enseñar a Juancho a ordeñar, dándole las mismas explicaciones que no hace mucho le había dado Agamenón."
La historia de esa madrugada de ordeño continúa en cuatro paginas, sin embargo, sacaré unos párrafos de la parte final por parecerme especialmente interesantes:
"Y enseguida se puso a llamar a Coralito con la copla siguiente:
Tus labios son dos corales
tus labios corales son,
tus ojos son dos luceros
que alumbran mi corazón
El becerro no quiso salir y Juancho se tiró una risada. -Parece que no te va a bajar ni un zamuro con ese verso tan malo. Aunque yo no conozco nada, pero me pareció muy malo. -Entonces llámalo tú. -Peor todavía, porque o no se cantar ni galerón, que lo llame Ciriaco o Agamenón a ver si tienen mas suerte que nosotros. Agamenón les dijo: -Verás que yo llamando a uno solo, vana salir tres enseguida. Se arrimó a la puerta y llamó tres becerros con la siguiente copla:
Ahí te mando un aderezo
adornado con Coral;
en campaña e´Florecita
arrímate Pato Real.
Ahora comprendo, los becerros conocen la voz y dialecto de Agamenón como conocen el bramido de su madre, están tan acostumbrados a su nombre que, aunque los digan juntos y revueltos con otros, siempre lo distinguen y lo entienden - dijo Juancho
-De otra manera no puede ser, es necesario darle y darle hasta que el animal pone cuidado y aprende - dijo Evaristo-. Conmigo no salió Coralito porque yo rara vez vengo al corral, aunque pasen meses no olvidan el dialecto. El caballo es mas entendido, conoce a uno en el dialecto, en los movimientos que uno le ha enseñado y en el olfato, en el nombre que le ponemos."
Espero haya sido de su agrado este relato, y para terminar poniendo el toque musical, escuchen esta canción de Angel Avila, llamada LLANURA CANTO Y QUESERA:
Diario de un Llanero..... creo que el nombre de esta obra no pudo ser mas acertado y ajustado a su contenido. Dentro de su inmensa sencillez, es un caudal de información sobre el día a día de un llanero, sobre su cotidianidad. En él, Antonio José Torrealba, con una iniciativa digna de imitar, contó al detalle todas las actividades relacionadas con el llano, a través de la propia vivencia reflejada en su personaje Agamenón, tambien apodado "El Sute", hombre joven poseedor de todas las destrezas del buen llanero de la época.
Imagen: Vivencias Llaneras del Abuelo
El ordeño es una actividad muy natural en todo el mundo, pero como todo, tiene su técnica y los que como yo, crecimos lejos de esas actividades, cuando hemos intentado hacer algo "tan sencillo" como ordeñar, hemos visto al fondo del tobo, tan solo unas gotas de leche. Agamenón, nos da una clase de cómo hacer esta tarea:
"-Ponte a ordeñar y verás que con el calor de la vaca el frio desaparece.
-¿Tú piensas que en casa del señor Escalona en San Fernando, ponían a los discípulos a ordeñar?, yo de esto no conozco un pingo.
-Entonces, póngase a aprender porque de lo contrario no beberá leche en otra parte que no sea su casa, donde tiene a quien mandar; porque se ha hecho ley, casi prohibido, darle leche sacada a un hombre, por eso cuando uno llega a una quesera que el quesero le pregunta "¿Quiere beber leche?, si quiere, para echarle una vaca". No te dicen para darte leche sacada; así es, querido primo, que manos a la obra.
-Mira Agamenón, yo me he puesto a ordeñar, pero cuando aprieto la teta la leche corre es para arriba en vez de salir por el pico de la teta, huye para arriba.
-Entonces, vamos para enseñarte a ordeñar, para el efecto, voy a echar a Mujerona que tiene el ordeño blandito y muy fácil de aprender.
Agamenón se puso a llamar a Mujerona diciendo:
Las mujeres son la causa
de que mande Francisquito
porque están de cual primera
usando el traje bonito.
Cuando las mujeres quieren
jugarse con su marido
luego le salen diciendo
tengo a fulano aburrido
La mujer que anda buscando
el hombre por la moneda
el tiempo le va pasando
y escogiendo se queda
El becerro salió a los tres versos, no estaba muy adiestrado. Agamenón le dijo: -Enreje el animalito que ya tiene el apoyo necesario. Juancho enrejó el becerro, luego Agamenón se puso y le lavó las tetas a la vaca con leche de ella misma y se las secó con las cerdas de la cola, luego le preguntó a Juancho: -Tú sabes poner una vaca? -Te he dicho que yo de ésto no conozco un pingo -Entonces pon cuidado lo que yo voy a hacer para que entonces lo hagas.
Agamenón le puso la cabeza en el ijar, con la mano izquierda le agarró el jarrete de la pata izquierda, haciéndole fuerza en la pata derecha para que quede hacia atrás y la izquierda hacia adelante, quedando los pezones descubiertos.
-Vente Juancho, que ya está listo
Juancho se arrimó con el tenedor y la camaza y se puso a ordeñar, pero salió como él decía, que la leche en vez de salir por el pico de la teta, huye para arriba. Agamenón se arrimó por un lado y le dijo:
-Pon cuidado, hay varios modos de ordeñar, cuando la vaca es teta chiquita, se ordeña tallada, pero hay una circunstancia, que cuando de ordeña tallada afloja todo el apoyo y si se ordeñan las cuatro tetas el que pierde es el becerro porque no le queda leche, por eso es que es conveniente dejarle una teta sin despuntar al becerro y eso cambiándosela, un día se le deja una y al otro día se le deja otra hasta repasar las cuatro, porque si se le da una todos los días se manca. El otro modo de ordeñar es metiendo el dedo pulgar por el centro de la mano para apretar más duro la teta, pero también es dañino porque a la larga se le manca el dedo al ordeñador, el que debe usarse es éste, pon cuidado.
Agamenón agarró el pezón de la vaca y le dijo:
-Fíjate en el movimiento de los dedos, cuando el dedo índice que es el que llama la leche, en lo que la leche baja, los otros tres dedos la aprietan para sacarla para afuera, esto es un movimiento rápido; cuando esta mano afloja, ya la izquierda está trabajando con el mismo movimiento simultáneo de la otra; debes cortarte las uñas con frecuencia porque si le pellizcas la teta a la vaca, te desaparece de una patada. Debo ponerte en cuenta que hasta que no aprendas a ordeñar bien, no le sale la espuma en la camaza, lo que vas a sacar es un guarapo de leche sucia con toda la lavadura de las manos, esa leche sirve para cerditos lechones”
-¿Entonces es veneno la primera leche que uno ....?
-Si fuera veneno, no te diría que sirve para los cochinos, ¡que pendejada!. Lo que pasa es que la humanidad entera tiene mas mañas que los burros de Palacio y si esa leche la ponemos en el bote, enseguida cunde la noticia de que el queso sale puerco y la venta se hace difícil."
Dice Luis Felipe Ramón y Rivera, que los Cantos de Lavandera son uno de los ejemplos más raros e interesantes de los cantos colectivos. Habla específicamente del lavado en el río San Javier, estado Yaracuy donde grata sombra cubría el area a orilla del río donde se agrupaban las lavanderas con sus bateas llenas de ropa. Cada una tenía un espacio sobre las piedras anchas y lisas donde primero enjabonaban la ropa, para después golpearla y sacar así el sucio. El canto brotaba entonces, llenando de claras resonancias el bosque.
Adios pueblo e san Javier
Las espaldas te voy dando
Tu piensas que voy alegre
Mi corazon va llorando
Hemos encontrado un video youtube de un canto de lavanderas, para ilustrar esta entrada, recordando que sin ser específicamente un canto de trabajo propio del llano, con ser una tradición venezolana (aunque olvidada), tiene cabida en este blog. A continuación
Cantos de Lavandera, recopilados por Francisco Carreño y Luis Sojo, en San Javier, estado Yaracuy
Como ya hemos descrito en la entrada referente a la arepa, la tarea de pilar y moler el maíz siempre ha estado destinada a la mujer. En la Venezuela de antaño, el pilado se efectuaba a finales de la tarde. Incluso algunas mujeres tenían específicamente el oficio de pilar e iban a las casas a realizar este servicio a cambio de una paga.
“El pilado generalmente se efectúa entre dos mujeres, cada una de las cuales se sitúa provista de su respectiva “mano” (mazo largo de madera y de un peso aproximado de 4 kilos), frente al pilón.
Una vez colocado el maíz dentro, y convenientemente humedecido, empieza la faena que consiste en golpear con la punta de la “mano” en el fondo, sobre el maíz. El peso de la “mano”, de por sí, es suficiente para que el grano vaya soltando la piel; el trabajo y lo pesado de la actividad consiste en levantar el mazo, operación que cansa desde los primeros momentos”. La funcionalidad de este curioso canto de pilar se expresa muy bien en esa sílaba “oy”, ( a veces dicen “ay”) que acompaña el momento en que desciende el mazo. En ese momento la mujer expele con fuerza el aire, para respirar de nuevo a levantar el mazo
Oy oy viva el sol, viva la luna
Oy oy oy
Viva la mata e limon
Oy oy oy y que sigan mis amores
Con el joven asuncion
Oy oy oy
A ay que sigan mis amores
Con el joven Asunción
Fuente Consultada: Cantos de Trabajo del Pueblo Venezolano- Luis Felipe Ramón y Rivera
Generalmente el trapiche estaba dispuesto en el centro de un corredor sin paredes. Para mover el pesado molino, se uncían dos bueyes y a veces mulas o caballos, los que tiraban de una vara larga que movía las ruedas de la muela. Estos animales daban vueltas lentamente todo el día alrededor de la muela, mientras los hombres introducían la caña. Para este trabajo lento y fastidioso, los peones cantaban sus cantos de molienda, o también llamados cantos de trapiche. El que arreaba, alternando con el que metía la caña entre las ruedas cantaba coplas como esta:
Muele bueycito querido,
Que el guarapo ya salió
Ya la caña se molió
Su amo queda agradecido
No lloro porque me voy
Ni por lo lejo el camino ¡jo!
Lloro porque se me queda
El espejo donde me miro y ¡o-jo!
Uno de los productos básicos que se elaboran con el guarapo de caña, es el papelón o panela. El zumo de la caña o “guarapo” corre al salir de la muela por un angosto canal de madera hasta la primera paila, donde empieza la cocción, luego se pasa a grandes bateas para batirla y llenar las formas cuadradas o cónicas típicas: la panela en el primer caso y papelón en el segundo.
"En Mapuari, pequeño pueblo de Falcón, añadían a los tradicionales cantos de molienda, un ritmo que llamaban el "Tun tun del trapiche". Este Tun tun se lleva a cabo en el momento de batir la miel dentro de las bateas, y lo producen con las grandes palas de madera, golpeando con ellas mientras baten, dentro de la batea, y con el mango de los palos sobre el borde de la misma".
"Muchos momentos felices de nuestra infancia los debemos a esos trapiches coloniales. Cuando había molienda era casi un rito para los muchachos del pueblo acudir al trapiche a comer miel con queso, a traer "parados" (trozos de miel solidificada sin cristalizar) y todo eso coronado con el sabroso baño en el río o caño cercano al trapiche".
Fuente consultada: Cantos de Trabajo del Pueblo Venezolano. Luis Felipe Ramón y Rivera
El video que se adjunta, en su primera parte, es demostrativo del uso de trapiche en el llano viejo. Nos lo cuenta el maestro Anselmo Lopez en el minuto 30 del video. Aunque en él no hay canto, sino voces al burro, es un fabuloso ejemplo de esta faena.
Este canto de ordeño, es muy simpático también y se denominaba "ORDEÑO CRUZADO" . Era ejecutado por dos ordeñadores. “Esta modalidad es tan antigua que casi nadie en el llano la recuerda. Yo se la oí a mi padre y a uno de sus hermanos en mi casa de Camaguán cuando ordeñaban dos vacas del patio. Después de viejo, compuse esta letra” GFB.
Lo simpático del ordeño cruzado es la forma como cada ordeñador le busca otra acepción a una de las palabras que conforman los versos de la copla del primero. En este tipo de canto de ordeño, no se llama a la vaca pues se trabaja a menor escala, solo con las de la casa.
Ofrecemos este ejemplo de canto de ordeño cruzado. No nos fue posible encontrar una referencia de esta modalidad en youtube u otro medio.
GERMAN FLEITAS BEROES - CANTODE ORDEÑO CRUZADO
ORDEÑADOR 2
¡Póngase!!
Pomarrosa es una fruta
Chiquita pero sabrosa
Rebosa el balde de espuma
La leche de “Mariposa”
Rosa se llama mi novia
Que es bonita y cariñosa
Hablantinosa es la vieja
Que me tocó por esposa
Peligrosa es la culebra
Relacina y venenosa
Chismosa es la que también
Tiene fama de alevosa
Enconosa es toda herida
Que se torna caprichosa
Buenamoza es la muchacha
De cara maravillosa
¡Póngase!!
ORDEÑADOR 1
Ordeña la vaca sarda
Que yo ordeño la barrosa;
Despues del mango de hilacha
Me gusta la pomarrosa
Sabrosa es la chicha andina
Cuando el vaso se rebosa
Mariposa es la que vive
Volando de rosa en rosa
Cariñosa es la mujer
Que nunca es hablantinosa
Esposa es la que le ponen
A la gente peligrosa
Venenosa es por la lengua
La mujer cuando es chismosa
Alevosa es la navaja
Chiquita pero enconosa
Caprichosa es una fea
Que quiere ser buenamoza
Maravillosa es la vaca
Así como esta barrosa;
Mansita como un remanso
Dulce como una lechosa
Ya hemos tocado este tema en repetidas oportunidades, refiriendo la importancia del canto durante el proceso de ordeño. A continuación algunas de las entradas relacionadas con el tema:
ENTRADAS RELACIONADAS (ABRIR COMO PESTAÑA NUEVA CON EL BOTON DERECHO DEL MOUSE)
Se dice que la costumbre de cantar durante el ordeño, es propiamente llanera. La magia del proceso está en ese conocimiento y sentimiento que se crea entre el hombre y el animal. El hecho que la vaca aprenda incluso su turno para ser ordeñada, es muestra de mansedumbre y camaradería hombre-animal.
Los cantos de ordeño contribuyen a amansar y tranquilizar los animales. Para mas detalles sobre el ordeño, visitar las entradas relacionadas con las queseras, cuyos enlaces se colocan al final de esta pagina.
En la copla que se canta, va casi siempre el nombre de la vaca, como parte de la estructura de los versos o como aditamento final que el hombre repite dos o tres veces para asegurarse que se acerque la vaca de ese nombre y que el becerrero aproxime el respectivo becerro
Podemos colocar muchos audios de tonadas de ordeño, entre los que se encuentran principalmente los de Tio Simón, sin embargo, nos hemos decidido por usar las siguientes coplas, pues en nuestra búsqueda de las costumbres antiguas, hemos encontrado dos curiosas variedades de cantos de ordeño a dúo, escritas por el poeta Germán Fleitas Beroes, cuyo trabajo se ha convertido en fuente fundamental de este Blog. Nos cuenta el poeta, que esos cantos de ordeño los escuchó en su infancia al ordeñar las vacas de patio.
El primero es una suerte de palabras que forman una adivinanza cuyo resultado es el nombre de la vaca a ordeñar, lo hacían por tanto el ordeñador y el becerrero.
Canto de Ordeño donde intervienen el ordeñador y el becerrero
ORDEÑADOR
Soy la que limpia el camino
En la tarde veranera
No me digas remolino
Llámame de otra manera
Esa luna si es ingrata
Le vendí el mejor lucero
Y se fue para el estero
Con la cabuya en la pata
Tiene las patas manchadas
Tiene la cara frontina
Cinco letras del clavel
Y cuatro de la gallina
Hay una cosa que falta
Que no la puse en la lista
Anteojos para leer
Porque quisiera tener
¿Cuál es la noche del año
En que la virgen, serena,
Cubre con su manto el niño
Y lo besa con cariño
Hemos venido hablando del oficio de arrear ganado y las tonadas que se inspiran en dicho trabajo. Tonadas que calman y domestican el ganado, contribuyendo a hacerlo mas dócil. Tonadas que brotan de manera natural en el llanero, pero que tienen un dejo de tristeza, porque en realidad son una despedida. Las tonadas de arreo, le cantan a novillos, vacas y toros diciéndoles que se despidan de su sabana, de su comedero, de su paradero, pues los están arreando lejos a cumplir su destino.
En las ocasiones que se arreaba para hacer el pique de ganado (recogerlo después de pastar), era cosa si se quiere mas sencilla, pues la mayoría de las reses estaban ya domesticadas. Pero el arreo del ganado para llevarlo lejos, implicaba una serie de riesgos que podían alterar significativamente el resultado.
Atravesar la selva de San Camilo, para llevar a vender el ganado en el Táchira, por ejemplo, era una faena recia y riesgosa de la cual ya hemos hablado. Pero el canto, definitivamente, además de formar parte de la naturaleza del llanero, era su mejor herramienta para trabajar con estos animales: al ordeñar, al arrear, al velarlo en la noche, etc., la tonada o el silvo eran la mejor compañía.
Son varios los peones que comparten el oficio de arrear ganado y cada uno tiene una función específica:
Adelante de la manada va el Cabrestero, que tiene la responsabilidad de que el ganado llegue completo y sano al final del viaje, es uno de los trabajos que más ha inspirado a poetas y escritores; detrás de éste y a cada lado van los Punteros, un poco más atras los Contrapunteros y al final, detrás van los Culateros. No son menos importantes los Culateros por cerrar la manada, a pesar del triste contenido de la tonada que se coloca mas abajo, al contrario, tienen la importante labor de asegurarse que ningún animal se quede atras. El cabrestero guía, pero los demás mantienen cohesionada la manada.
Queremos finalizar el tema del Canto de Arreo y las tareas que conlleva el oficio, con lo siguiente: Una Tonada de Arreo escrita por el poeta Germán Fleitas Beroes y dos canciones: Cabrestero de mi llano, interpretada por el Carrao de Palmarito y Tonada del Culatero, escrita por Joel Hernández, cuya letra encontrarás siguiendo el enlace:
TONADA DE ARREO Germán Fleitas Beroes
¡Fuera toro colorado!
¡Fuera novillo barcino!
¡Despídanse del corral
no se pongan a llorar
pajaritos del camino!
¡Joooooo!
¡Ganadito de mi finca,
que dolorosa es la ausencia
cambiar tanto sacrificio
por un cheque de Gerencia!
¡Joooooo!
Ahílate toro negro
por la huella é tu "cabrestero",
pon frente hacia Caracas
y olvida tu comedero
que mañana estarás muerto
en manos del carnicero
y esta noche por tu ausencia
llorarán todas las vacas
que vengan al paradero,
¡Ahilate toro viejo,
sigue por últimavez
la huella´e tu "cabresteeeeeero"!
CABRESTERO DE MI LLANO Interpreta: El Carrao de Palmarito
Cabrestero de mi llano, ay de mi llano
Que vas mirando al sendero (bis)
Deja que el sol mañanero
pase sin decirte adiós (bis)
Tú y tu caballo son dos
Y tu pensamiento tres (bis)
Dale cuerda pa´ que arreen
Los alegres culateros (bis)
Tras de tí van los punteros, si los punteros
Enderezando la punta (bis) Que con el grito y la bulla
Se entretiene el pensamiento (bis)
Cabrestero de mi llano, si de mi llano
Que vas mirando a lo lejos (bis)
Con el filo de tu pecho
Vas partiendo travesías (bis)
Y atrás la vaca paría
Con su bramar te despierta(bis)
Y hace que olvides las penas
Que hay en tu corazón (bis)
Y el relincho de un potrón
Te hace suspirar profundo (bis)
Porque tu llano es el mundo Que adoras con gran fervor (bis)
En realidad no vamos a colocar otro canto de arreo en esta sección de Cantos de Trabajo, pero vamos a hablar un poco de la poesia que hay escrita en verso, prosa y canción, en torno al trabajo de Arreo de ganado.
Empezaremos pues con un bellísimo poema de Ernesto Luis Rodriguez, denominado ARRIERO:
ARRIERO
Ernesto Luis Rodriguez
Abro el camino cantando para llegar a mi pueblo, y estiro la voz alegre Cuando este viaje comienzo. Voy con mi llano de siempre bajo el azul mañanero. El claro sol de otros días alumbra cuando regreso y donde estuvo mi canto creció la palma del eco.
Amo estos hondos parajes y mi destino de arriero porque conozco la dicha de caminar con el sueño y con el pan de la copla que es el mejor bastimento. Sé de memoria los sitios que dan aroma al recuerdo: el fondo de las posadas donde florece el afecto, los nidos sobre las picas y el turupial de recreo, el júbilo de los caños con los luceros adentro, empalizadas que andan, lejuras que son espejo, y el arenal que se peina su remolino andariego.
A veces fleto amarguras, pero las llevo contento, y el silbido me acompaña cuando la canta reservo. A las estrellas más altas pregunto por el invierno, del chaparral y la brisa conozco el diálogo tierno, leguas de rumbo marchito no me quitaron el verso; afino cuatros y sones, en cada amor me detengo, y en las quebradas amigas bebo la gracia del cielo.
Así por estos caminos ya estoy poniéndome viejo, sin que me duela el corrío ni se me apague el acento. Cuando se nace en el llano se tiene que ser coplero: por aquí es donde se prueban las cosas del sentimiento y si no es en octosílabos el verso no sabe a verso.
Otros con otras palabras, nadie les quita el derecho; déjenme a mí con las mías y con mi vida en su puesto. Es ésta mi voz, amigos, y es éste mi pensamiento, y no anda solo quien anda con el cantar de su pueblo.!
Antiguamente, la conducción del ganado desde los hatos, bien sea para buscar mejores pastos o para la venta, se hacía por caminos naturales, prácticamente vírgenes, como por ejemplo la Montaña de San Camilo. No se contaba ni con puentes para cruzar los ríos, ni posadas para los peones, ni caminos cómodos; y tanto el ganado como los hombres, agobiados por la sed o empapados por la lluvia hacían la travesía acompañada de los dulces cantos de arreo con los que los peones calmaban los animales y expresaban sus querencias.
Delante de las reses, el puntero lanzaba su voz aguda y fuerte, a la que contestaban por turno, los peones que iban a los lados del rebaño o los culateros que iban al final.
Actualmente, este traslado del ganado sigue efectuándose pero a través de carreteras y todavía es posible escuchar, aunque con menos frecuencia, los cantos de arreo para conducir los animales.
Es pertinente incorporar en este tema, la importante labor que hacen los toros madrineros, para tranquilizar y guiar el resto del ganado, apoyando así sustancialmente a los peones. Dice Calzadilla Valdés en Por los Llanos de Apure: “ No se me borrará la impresión de los madrineros y su indiscutible maestría para guiar el ganado, especie de inteligente y consciente colaboración puesta al servicio del hombre de los Llanos, quien en la suprema necesidad de aligerar el fatigante trabajo, ha ideado tan sabia práctica valiéndose del mismo elemento que pretende dominar.
Para el ganado rechazado (desbarajustado) nos trajeron tres de los cinco incorporados en nuestro ganado, colocamos uno delante y los restantes revueltos con el grupo de ganado. Cayó el primero al agua, por supuesto arreado por un peón competente, y se fue; y cuando el ganado, al caer al agua enseguida intentó remolinear, los dos revueltos en el lote hicieron punta rompiendo el remolino, buscando su compañero., siguiéndolo y dirigiéndose a la ribera opuesta bramando, pero de un bramido franco, mas bien un mugido, un rezongo, especie de llamada singular acostumbrada para hacerse seguir del ganado, y efectivamente los siguió”
Todo esto es un trabajo de adiestramiento de la res, con mucha constancia y paciencia; sin embargo, se dan casos en que el novillo tiene condiciones natas de madrinero y con un corto entrenamiento, cumple su función.
Se dice que los cantos de arreo y los de ordeño contribuyen a amansar los animales, lo cual es probable, aunque también algunos estudiosos como Luis Felipe Ramón y Rivera, opinan que el canto mantiene las reses cohesionadas, pues la voz las circunda evitando el desbarajuste.
Es pertinente colocar otro fragmento de Calzadilla Valdés sobre este tema:
“Rompe la marcha el cabrestero, a quien siguen de inmediato los madrineros y luego el gran grupo de la madrina, muy bien cogida, resguardada con peones punteros, traspunteros y arreadores de la culata los mas, dándole largo desahogo, porque no es prudente estrechar o apretar en la arreada a ganados recién cogidos, irrumpe entonces en todas las bocas la canta o el silbido (subrayado nuestro), porque se hace esencial cantar o silbar los ganados en marcha, parece como si se estableciera de inmediato una especie de sugestión sobre las reses para ductilizarlas. Es una tonada melancólica, con un dejo de tristeza singular y monótono, asimismo los versos quejumbrosos y reflexivos. Indudablemente el ganado se apacigua con el canto y se deja llevar mas obediente y sumiso, como si fuera dominado por singular delectación que le distrae sus naturales ímpetus de rebeldía”.
En los cantos de arreo, el llanero adiciona a su copla expresiones como ¡jo!, ¡u-jo! .
Ajila mi novillito
Sigue el canto cabrestero ¡u-jo! ¡jo!
Que vamo pa guasdualito
Pa´ cambiate por dinero
Si supiera que cantando
Me debiera divertir
Me lo pasaría cantando
Aunque perdiera el dormir
Me lo pasaría cantando
Aunque perdiera el dormir ¡jo!
El audio que colocamos a continuación, personalmente me emociona. En la voz del Catire Carpio, les invito a escuchar este canto de arreo: