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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

2 de agosto de 2011

La Garcita Veranera

Imagen de Maria Faceira (Oderson Mendez-Flickriver)
Garza Carriza, Silbadora o Veranera (Syrigma sibilatrix o Ardea sibilatrix)

Asi llamada por el sonido que produce”. No emigra.
"La garza real es nívea, señera, airosa con un metro caso de alzada, pero no canta y cuando arrecia la invernada se va lejos. La chusmita blanca, la de la pluma mas preciada en el garcero, porta airón que valía mas que el oro en los días del poeta. La chusmita azul le va a la par en riqueza y donaire. Pero las chusmitas no cantan y por julio y agosto alzan también su vuelo hacia remotas lejanías. La garza morena, de color azul grisáceo, atalaya el sosiego palustre en íngrima contemplación. Pero la garza morena (¡Ojala tampoco cantara!) tiene bronco y desapacible el acento, y se va con las otras hacia ignorados parajes del Sur. Igual sucede con la rosada paleta y la purpúrea corocora.
De entre ese elenco, que corresponde al de las garzas mas diferenciadas y generalmente conocidas, sólo la del verano diluye alas y silbo en el predio sin sol del mundo invernal. Se queda y canta. Su estampa es de pintura; cabeza, airón, dorso y cola de pálida ceniza. Pescuezo, pecho y muslos de paja seca, con visos grisáceos. Patas oscuras. Iris amarillo. Grandes jeras azules. Pico rosado con la punta negra.
Cuando no queda ni una sola ala blanca, ni cerúlea, ni escarlata sobre los esteros, la garza fiel, la única que vigila su pescadero y su horizonte hasta que torna el verano, pasea en lenta ronda por los caminos del crepúsculo y estira sobre la soledad su música india, en pesarosa agorería. La azotó en marzo la seca inclemente y ahora la entumece la plomiza invernada. Su acento es impávido augur de más lluvia. Pero no se va. La hallará la salida de aguas afinando entre palmeras su silbido saludo al sol. Ve cuando enfilan hacia el Sur los pastores transhumantes. Les da la bienvenida al retorno tras las ultimas candelas y las primeras brumas. Vuela ahora ululando su lánguida elegía. Pero no se va. No va a gemir por tierra ajena la nativa congoja"  Alberto Arvelo Torrealba-Lazo Martí, Vigencia en Lejanía
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