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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

18 de agosto de 2011

El Comercio en el Estado Apure: La Piel de Caimán 2/2

Imagen de Por Los Llanos de Apure- Calzadilla Valdés
Nos apoyaremos en el maravilloso libro Por los Llanos de Apure donde Fernando Calzadilla Valdés, nos relata la forma como se desarrollaba la cacería de caimanes para usar su piel.

 "Fueron unos americanos, por los años de 1894 al 95, los iniciadores de la industria de pieles de caimán en Apure. Llegaron de Ciudad Bolívar por el río Arauca a El Yagual y después de investigar la región y observar la abundancia del artículo, se decidieron por algunas playas como centro de operaciones. Los cazaban con armas de fuego, ahuyentándose y mañoseándose con el ruido de las detonaciones, y como la cacería es generalmente de día, a la sola presencia de una persona se zambullían. También los cazadores se ponían al acecho bien entrada la tarde con el objeto de sorprender a los quedados en la playa. Al cerrar la noche se acercaban con precaución a cierta distancia para asestarles un certero hachazo por la nuca o entre los morrillos de los ojos. Con el sistema de tirarlos, el animal, aunque herido de muerte, en ocasiones iba a morir lejos dominado y arrastrado por la corriente y muchas veces al sangrar por la herida mortal, era devorado por los caribes y aún por otros animales. Los americanos se servían de unos botecitos metálicos plegadizos para trasladarse rápidamente de un punto a otro en persecución de los heridos, también llevaban unas grandes cajas metálicas con capacidad para treinta o mas pieles, acomodándolas después de cubrir cada una con suficiente sal y plegándolas convenientemente. Las cajas bien repletas y herméticamente soldadas, las forraban con madera para su exportación al exterior.”
Sin embargo, para esos tiempos, no era tarea fácil por lo escaso de los recursos del medio y por los altísimos costos para exportar las pieles, por lo tanto la actividad quedó paralizada por un tiempo hasta que otros empresarios franceses y alemanes la reiniciaron años después.

“El tiempo a propósito de dedicarse a la cacería de estos anfibios en cuando se ha instalado de fijo el verano, por encontrarse entonces circunscritos a los ríos, caños y lagunas, prestándose por otra parte las playas y riberas para el establecimiento de las rancherías y los varios manejos del negocio. Mientras más bajo el río, se hacen más tranquilos los remansos por la disminución de la impetuosidad de la corriente.

Imagen tomada de Por los Llanos de Apure- Calzadilla V
Las expediciones se conducen a lugares conocidos y estudiados de antemano, donde abunden, llevando embarcaciones grandes, bongos con la sal, utensilios y bastimento suficiente para los días a permanecer en donde se establecerán rancherías. Como utensilio indispensable se llevan canoas pequeñas, arpones fuertes, potentes linternas y cantidad de mecate en lugar de soga usada antes, pues aunque la soga se escurre mejor aprieta el pescuezo del caimán, es trozada más fácilmente por los caribes al engrasarse de sangre. Una vez establecida al ranchería central, partirán expediciones en las canoítas, a hora adecuada en la tarde según la distancia al punto elegido por cada una, de modo de llegar temprano en la remontada, observando bien todas las ensenadas y remansos para hacer el mismo recorrido de bajada cuando ha cerrado la noche, tomando las debidas precauciones y sobre todo en absoluto silencio.

En la canoita viajan regularmente el patrón en la popa, dirigiéndola, el arponero va en la proa con el arpón en la mano derecha en actitud hostil y la linterna en la izquierda; si la canoa es de suficiente tamaño, puede ir otro individuo de gran utilidad en el preciso momento de la brega para rematar el animal. El arponero va parado, circunstancia que requiere suma habilidad para mantenerse en equilibrio mientras el bamboleo de la minúscula embarcación, al mismo tiempo en actitud escudriñadora en las aguas de la costa alumbradas con la potente linterna hasta enfocar dos puntos rojos, brillantes, los ojos del caimán al cual también habrá avistado el patrón para enrumbar silenciosamente la canoa en esa dirección. Es indispensable mantener los ojos del saurio apresados por la luz del foco sin alterar la posición, porque pasado el encandilamiento se zambulle para no salir más. En esa forma van acercándose los cazadores paulatinamente y con gran sigilo, hasta alcanzar una distancia suficiente a no errar el golpe, uno o dos metros según la práctica del arponero, descargándole seguidamente el arponazo con fuerza e inmancable puntería en la papada; hemos llegado al momento culminante y critico porque el animal sintiéndose herido se revuelve y panquea (acción del caimán recién arponeado de revolverse en el agua, dando coletazos, mostrando la barriga de coloración mucho más clara que el dorso o lomo) con fuerza, barajustando algunos hacia la canoita y volteándola, razón por la cual el patrón procura enfrentársela colocándola ventajosamente entre el animal y la tierra para el recurso de poder alcanzarla en la huida mientras él se debate, y enderezarla en caso de ser volteada; todo ejecutado sin abandonar la linterna, ni la cuerda del arpón, ni las bogas, muchas veces además defendiéndose del arponeado y de los otros caimanes, pues casi nunca es uno solo.

Tan pronto asegurada la presa, procura cambiarse la tripulación de la canoita de cacería a otra grande o bongo capaz de resistir las acometidas del caimán

Al caimán se desuella con dos grandes incisiones una por cada costado, empezando de la papada hacia la cola, aprovechando la barriga, los costados y las extremidades.
Inmediatamente después de desprendida la piel, bien lavada y oreada sin asolearse, se cubre con una capa de sal gruesa, por la parte desollada, doblándola sobre si misma y guardándola de seis a ocho días, para al cabo de los cuales limpiarla de la sal y ponerle nueva mas menuda, reteniéndola unos quince días más, para limpiarla otra vez y definitivamente cubrirla con sal mas fina, casi molida, enrollándola hacia adentro y atando el rollo con una cuerda fuerte de manera de no permitirle desdoblarse"


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