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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

31 de agosto de 2011

El Profeta Enoch

Siempre siento curiosidad por buscar los orígenes de las cosas. La historia del Profeta Enoch en su paso por el llano venezolano, ha quedado plasmada en muchos escritos y lo ví por primera vez, en Cantaclaro:
Bajó por el Uribante, de su vida anterior nada se sabía, lo siguieron las gentes, dícese que llegó a arrastrar en pos de sí mas de ochocientas personas. Era un hombre vulgar, ya viejo, sin fulgor visionario en la mirada ni acento mesiánico en la voz. Quienes lo conocieron no se explican, cómo pudo fanatizar a tanta muchedumbre. Decía sencillamente:

“-Ha llegado la hora del apocalipsis! ¡Llanero no comas carne, abandona el trabajo que te esclaviza al hombre, ensilla tu caballo y sígueme!. Ya está prendida en las cuatro puntas del mundo la candela que lo arrasará todo, pero el que me siga, será salvado, porque solo yo conozco el lugar donde se empataran los dos cabos de esa gran culebra de fuego que viene rodeando la sabana.
Y la alarma cundía, preparándole el camino”

Jose Natalio Estrada a su vez, compuso el siguiente poema denominado EL Profeta Enoch  pasó por el Llano:
Señores les contaré
Lo que pasó en Venezuela
Vino un Profeta del Norte
De esa naciones de afuera
Él predicó en Los Corrales
Y en la manga e Periquera
Anunció que ocho naciones
Se acabarían en candela
Nueve con La Martinica
Y diez con Venezuela

Les voy a decir mi nombre
Me llamo Laureano Ojeda
Ni me mojo ni me empuerco
Lo más que presndo es candela
Y paso el rio y la mar
Con agua a la chocozuela
Pa mi no hay fango ni lago
Ni objeto que me detenga

Madres que tenían sus hijos
Al oír se enternecían
Y aquel hombre misterioso
Que dulcemente decía
“El mundo se ha de acabar
Ya se nos acerca el día
Y solo se salvarán
Si oyen palabras mías”

Pero es el escritor Guayanés, Horacio Cabrera Sifontes, quien dedica un estudio histórico sociológico en su libro denominado EL PROFETA ENOCH

Nos parece muy interesante contarles algo del contenido del libro, que aunque ubica geográficamente la historia en el estado Bolívar, se describen paisajes y costumbres típicas del llano. Asímismo, el autor narra una conducta del Profeta  un poco distinta a la que describe Don Rómulo Gallegos, en cuanto a la invitación a seguirlo.

Hemos leído que este Profeta recorrió gran parte del país con sus prédicas y sus trágicos vaticinios. La venida de este personaje, coincidió con un verano muy largo ocurrido en 1926 que también es mencionado por Rómulo Gallegos en Cantaclaro. Se llamó el “Año de la Humareda” y la angustia de la gente por la tardanza de la entrada de aguas, fue el caldo de cultivo perfecto para que el Profeta entrara en sus sencillas almas.

´Dibujo por Paul Ferricelli
Dice Cabrera Sifontes: “Durante el año 1925, no llovió como de costumbre en el interior de guayana. Se empataron los veranos en 1926, con el consiguiente disturbio meteorológico”. (…) Empezó a operarse un curioso fenómeno físico, que se generalizó, en mayor o menor grado a toda la Nación. El pueblo que todo lo patentiza lo llamó: “El año de la Humareda”.
Cúmulos de condensación aparecieron por la curvatura llamada: El Terror, donde termina la sabana y se inicia la selva infinita. El nimbo se formó sin entusiasmo de tormenta. Se convirtió en un denso techo atmosférico, a manera de espesa bruma que madrugaba contra el suelo, luego ascendía lentamente descubriendo el ganado del corral, las cercas, las casas y aveces un mezquino pedacito de horizonte. No había despejo a distancia, las nubes no se desplazaban. Una nebulosa fija, de asfixiante presencia con su secuela de irritante calor, generaba, una sed caprichosa psicológica”

Este extraño fenómeno, nos describe el autor, duró varios meses, trayendo como consecuencia cambios en la conducta de la gente, temores y angustias. “ En la conducta pastoril, el llanero dolía un pesar natural porque tenía reducido el horizonte, su innata curiosidad no podía explorar a distancia. Le recortaron la vista. No había panorama. El inexpresivo gris plomizo de la “humareda” le había robado el paisaje.”

Adicionalmente, al no caer la lluvia, la sequía causó estragos e irreparables daños en la agricultura y ganadería.
los ricos manantiales de otros tiempos se agotaron en su mayor parte. La calidad de los pastos, ya leñosos por haber concluido su ciclo vegetativos, no se veía renovada ni se vislumbraba la posibilidad de nuevos retoños. Los animales acusaban deterioro violento. Los ganados cerriles viajaban de noche grandes distancias en búsqueda de agua. Los bovinos, buscando clorofila se internaban en la selva y apoyando las patas delanteras en los árboles o bejuqueros, como lo hacen los chivos, comían las hojas a su alcance.”

La mortandad de ganado y animales en general fue notoria y los hombres tuvieron que cambiar muchos de sus hábitos de trabajo. Y en ese ambiente de desolación y desesperanza, apareció "El Profeta" vaticinando muerte y más desgracias, y aquellas mentes debilitadas por la incertidumbre y desamparo en que los había sumido el interminable verano y la desconcertante humareda, se influenciaron creyeron profundamente en la autenticidad del “santo”

Cuando este hombre apareció, vestido con andrajos, sucio, descalzo, exigiendo arrepentimiento, la gente sencilla creyó y se fanatizó. Caían de rodillas, lo seguían largos trechos, lloraban y hacían mil manifestaciones de devoción. Unos se trastornaron para siempre, otros aún creen en su santidad

El enfoque que le da Cabrera Sifontes a este personaje, es el de un hombre normal, sin rasgos de divinidad, más bien de charlatanería, que en su paso por Guayana buscaba los caminos más solitarios, dando la apariencia de hombre que huye, mirando siempre por encima de los hombros y evitando en lo posible el contacto con los hombres. Dice que aquellas personas más incrédulas, al exigirle explicaciones o someterlo a pruebas de “santidad”, encontraban un hombre huidizo y evasivo en sus respuestas. Sin embargo, tenía siempre una actitud de superioridad y de displicencia, muy alejadas de la imagen santa que se supone debía tener. Altivo, autoritario y soberbio, dejaba regados en el camino sentencias y vaticinios de desgracias

Dice Cabrera Sifontes que “Hoy nos parece mentira que el solo paso por la zona de un hombre desconocido, de respetable porte pero de aspecto sucio y maloliente en su limitado ropaje, causara un revuelo psicopático y contagioso en la cuidad. A pesar de la supuesta santidad y de su hábito apostólico, sembró desconsuelo en todo el ámbito con sus manifiestas preocupaciones. Parecía propagandista del miedo antes que cultor de la serenidad, agente de la locura en los bajos estamentos antes que consejero sensato sobre un portento inminente. Hacía oraciones y pedía que las copiaran para que le rezaran a él sus alabanzas y exigencias, nivelándose a la altura de Dios indulgente".

No tardó en circular el triunfo de sus “milagros”. La gente aseguraba que lo que dijo había sucedido y estaba sucediendo. Que lo adivinaba todo.

Circularon profusamente copias de su efigie en pintura y en creyón o carbones, realizados con genial maestría por Francisco Daza Carmona, Juez de Tumeremo, quien mucho lo admiró."
Sin embargo, cuando la gente del pueblo le hacía preguntas sobre el futuro, como por ejemplo cuándo vendrían las lluvias, el hombre contestaba de manera ambigua o diciendo que le estaba prohibido contestar con exactitud cosas que dependían de la voluntad divina. Los mas escépticos, trataban de probar a través de sus respuesta su falsa santidad, pero el profeta no perdía sus poses de enviado del cielo. Sin embargo, en ocasiones perdía sus cualidades santas, cuando por ejemplo era objeto de burlas o era tildado de loco, allí dejaba ver sus “debilidades “ humanas, lanzando odio en forma de maldiciones o profecías intimidantes.

Todo el embrujo pasó cuando llegó la entrada de aguas. Enoch dejó de ser novedad al empezar el invierno. El interés que había generado en la región se desvaneció y así los sustos de sus prédicas. Algunos que lo catalogaron como santo, guardaron su imagen en lápiz y lo conservaron como consuelo, otros aún lo veneran, considerando que fue un verdadero santo que vino a la Tierra.

Cabrera Sifontes, con su espíritu de investigador, y con testimonios incluso de familiares que tuvieron la posibilidad de intercambiar palabras con el Profeta, deja ver que fue un charlatán, que abusó de lo mas ingenuo y sano del corazón de nuestro pueblo. Incluso, al final del libro en un capítulo denominado “TREINTA AÑOS DESPUÉS”, el propio autor narra que accidentalmente volvió a saber del Profeta que vivía totalmente aislado y ermitaño en la Selva colindante con la Isla de Curiapo en el bajo Orinoco.

En esta reliquia, se representa al profeta rubio
En cuanto al aspecto del Profeta, también podemos decir que fue un poco “divinizada” unos decían que tenía los “crespos rubios que le caían de los lados sobre los hombros como en la pintura del "Sagrado Corazón”. La mirada era bondadosa; exhibía el talante de una personalidad superior y algunos llegaron a verle en las manos las marcas de los clavos con que lo aseguraron en la cruz. Se negaba a ver matar un animal, no comía carne de ningún tipo, caminaba escotero y sin maleta como pobre integral. Veía mucho a la gente pero les hablaba poco”. En la imagen superior pueden verse ofrendas de creyentes.

Otros lo describieron como hombre de mirada airada, sucio, sandalias de peregrino; batola del tipo apostólico o un sencillo pantalón y camisa con “almizcloso hedor”, pelo largo y barba descuidada. Hay coincidencia en su frugalidad y vegetarianismo. Les ofrecemos los dibujos de su persona que se hicieron en la época.

Como característica muy resaltante de este personaje, está su excelente caligrafía y redacción, lo cual lo cataloga como una persona instruída. Aprovechó estas destrezas para hacer oraciones que la gente debía rezarle para ser “salvada”:

Escribió en impecable letra de molde como lo hizo el El Manteco, en papel de estraza sin rayas, con sorprendente habilidad artística, trazo sereno y rectitud linear

A continuación transcribimos una de las oraciones que el Profeta redactó para que le rezaran:

ORACIÓN AL PROFETA ENOCH
Hermano nuestro Enoch por la gracia espiritual, con que te ha iluminado, el OMNIPOTENTE CREADOR y la naturaleza infinita y como huésped que has sido de este Planeta Tierra, os rogámoste (sic) tu bondadosa intersecion con el Altísimo,para que nunca se aleje de nosostros la buena fe en nuestras acciones, palabras y obras, y el arrepentimiento de nuestras culpas en este mundo plagado de miserias humanas, que perdure la Paz Universal y las pavorosas bestias del Apocalipsis, retrocedan al AVERNO. Hermano nuestro Enoch, tu espíritu visionario y puro, en el nombre de DIOS TODOPODEROSO, nos alentará en nuestras andanzas, en nuestros negocios, nos protegerá en nuestros hogares, afirmando El Señor para con nuestros semejantes, apartandonos de todas las malas acciones, así como de las traiciones y de las desgracias humanas. Hermano nuestro Enoch, te alabamos (borrado) para que nos defiendas de todos los peligros que nos        (borradas varias palabras).
Proteged también nuestro (borrado) por el amor de Dios y de sus divinas Leyes, apartándonos de las pasiones, despojando de las intrigas y de las dificultades (borrado). Que tu influencia espiritual penetre en nuestros corazones y en nuestras conciencias. (borrado) los frutos de la misión (borrado) son acogidos por nosotros los que palpamos elevación de sentimientos y pureza de alma. Alabado sea el Señor, tu influencia espiritual (borrado), nuestras buenas obras, en este planeta
AMEN.
La oración original tenía esta nota: (Esta oración fue escrita por el Profeta Enoch, a orillas del rio Yuruari, via El Manteco, en Guayana, el 16 de Octubre de 1926

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