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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

30 de marzo de 2011

La Montaña de San Camilo. Peligros e Inconvenientes de la Marcha. Entrada 3/8

Muchos inconvenientes podían presentarse durante el viaje, por ejemplo, un árbol caído obstruyendo el paso, lo que requería recurrir al hacha y machete para abrir picas nuevas, lo cual no era tan sencillo, pues la montaña en su fertilidad, era muy húmeda, encontrándose por doquier manantiales con terrenos de material flojo o accidentado,  con zanjas y grietas difíciles de sortear. Por ello era fundamental la baquía de los veteranos.

A veces eran los toros los que creaban el retraso. Dice Calzadilla Valdés, que generalmente los novillos son ágiles y caminadores, y pueden caminar largas jornadas, pero otros animales más pesados, a los pocos días se cansan (recordemos que atravesar la selva requería como mínimo 7 días, en terreno accidentado). El toro por ejemplo, se detiene cuando se cansa, y cuando lo hace, se convierte en un animal muy peligroso, pues “parece como si se le convirtiera en furia la fatiga de caminar” y ataca violentamente a arreadores o personas que les pasen cerca. Los arreadores, lo abandonan, pues los ataques son mortales. De hecho en los tiempos en que se arreaban grandes partidas de toros, estaba prohibido usar peones a pié para hacer el trabajo.  

El toro abandonado muchas veces pagaba caro su cansancio, pues al quedar sólo, se convertía en presa de manadas de tigres.

A veces una repentina creciente arrasaba con todo: peones, ganado, provisiones. A veces eran enfermedades, serpientes o rayas. A veces, si el caporal no era experto, el ganado era mal arreado y no podía ser posteriormente vendido por sufrir “destaponamiento”,consistente en “desgaste de la base de la pezuña por el mucho resbalar el animal en el suelo húmedo y pedregoso, debilitándose al punto de perder en veces por completo la sustancia córnea protectora de la base; al sufrir la res tal percance, es inminente su muerte porque se agota echada, presa de agudo dolor; el ganado llanero es bastante sensible a esta calamidad por lo flojo y acuoso del terreno donde se cría”.

Por todo lo anterior, aunado a eventuales ataques de bandoleros, la travesía era peligrosa y en ocasiones, dependiendo de las eventualidades que se presentaran, no se obtenían las ganancias esperadas al llegar al Táchira.

Ilustración de Edgardo Briceño, pintor de la naturaleza Apureña

Baquía: habilidad para ser guia, conocer bien el terreno y no perderse en zonas agrestes

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