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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

12 de abril de 2011

La Identidad del Llanero. Entrada 1/3

Cuando hablamos del llanero, generalmente pensamos en aquel hombre de campo, de vestir sencillo y costumbres rudas, equipado para su faena, con pocos y básicos implementos para su subsistencia. Pensamos en aquella tierra infinita, sin cercas, donde los hatajos corren libremente por la sabana, donde el lazo del llanero a caballo es parte del paisaje. Libertad, rudeza, abundancia, colores, paisaje, horizonte, palma, cielo…. Son apenas imágenes para describir el llano de antaño.

No deja de producir cierta añoranza aquel llanero de faena, como decía Loyola en Tierra Negra: "todo aquel que fue llanero, al ver sabana suspira, se acuerda de su caballo, de su soga y de su silla…."

Sin embargo el ser humano evoluciona, han cambiado los tiempos, la tecnología ha simplificado la vida, y sería absurdo pretender que el progreso no hubiera transmitido sus beneficios al llano, medio por demás duro e inclemente. Sin embargo, ese progreso paulatino, implicó y sigue implicando renuncia a muchas cosas naturales y propias de la llaneridad.

En La Música de las Charnelas, el Dr. José León Tapia, plasma en el personaje protagonista (Don Luis Alfonzo Tapia, su padre), la resistencia de un hombre a un despojo disfrazado de progreso; la resistencia de un llanero auténtico que no se dejaba deslumbrar por brillo de las “supuestas mejoras” que ofrecían los políticos del momento para esa tierra,  encubriendo en realidad el “apropiamiento” de las mismas. 

Imagen similar podemos verla en Tierra de Marqueses, donde el mismo autor, cuenta la rebeldía y resistencia José María Pumar, a los invasores extranjeros que llegaron a explotar el oro negro, envolviendo a la población en un espejismo de bienestar que se llevaba día a día sus raíces.

El mundo evoluciona y nosotros con él, sin duda debemos hacer uso de ese progreso y tecnología que cada día se nos ofrece para facilitarnos la vida. Lo que no podemos permitirnos, es que ese progreso acabe con lo que somos, con nuestras raíces, con nuestra esencia, con nuestra cultura, con nuestro folklore, con nuestra identidad nacional. No podemos permitir que las influencias extranjeras prevalezcan sobre lo autóctono. Decía Don José Romero Bello en un Zumba que Zumba: "Lo nuestro ha de ser lo nuestro aunque esté mal preparado". Esto de ninguna manera quiere decir que nos conformemos, que no aprendamos, que no mejoremos, que no tratemos de tener una mejor calidad de vida; pero sí quiere decir que debemos darle valor a lo auténtico venezolano, que debemos luchar por mantenerlo vivo, por evitar que se pierdan en el tiempo las enseñanzas y recuerdos de los viejos, que debemos aprender, difundir y enseñar lo nuestro.

En entradas posteriores nos pasearemos por estudios realizados por importantes personalidades que se esfuerzan por mantener viva la llaneridad.

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