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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

30 de mayo de 2013

Romance de Veinte Años- Manuel Graterol Santander

ROMANCE DE VEINTE AÑOS
Manuel Graterol Santander



Cuando se vino del llano
con ilusiones descalzas
dejó un pedazo de vida
en mitad de la sabana:
dejó la vaca mansita
bramando en la madrugada
que a diez pasos del caney
temprano lo levantaba
para mojarle los sueños
conla fina lluvia blanca
cayendo entre la totuma
igual que plumas de garza
con las manos que se mueven
al compás de la alborada
como un arpista que aprende
en las cuerdas ordeñadas,
que le va poniendo al viento
el hierro de su garganta
y sobre el cuero marrón
dibujados unos mapas
donde van apretaditas
coplas menudas y claras:
ponte....ponte,  Lucerito
ponte....ponte, Paraulata

Cuando se vino del pueblo
por la pica de una canta
fue recogiendo paisajes
con la vista y con el alma
y agarró veinte suspiros
en los cogollos de palmas,
en los trinos de la brisa
que va peinando las matas,
en los luceros que flotan
de noche en el agua clara,
en la canción del jagüey
silenciosa y asustada,
recogió la fantasía
que se desborda en el alba,
el girasol que voltea
cuando pasan las muchachas,
el agua del tinajero
que lo esperaba en la casa
y una cosa y otra cosa
las fue metiendo en el arpa,
Tantas flores, tantos rumbos
que el arpa llegó cargada
en las manos prodigiosas
de Juan Vicente Torrealba

Cuando llegó a la ciudad
con el sudor en la cara,
orgulloso de llevar
el sol sobre sus espaldas,
bajo el árbol del recuerdo
le quitó la colcha al arpa
y colocó las dos manos
como si fueran arañas
para tejer en el aire
toda una inmensa atarraya
y allí fue donde cayeron
los peces en las palabras
agitando poesías,
sueños y rumor de agua,
aletear de mariposas
a orillas de la mañana.
Cuatro del alcaraván,
violines de las chicharras,
recuerdos de ¡Me voy lejos!
en adiós de ¡No te vayas!
para sembrar en los surcos
del tricolor de la Patria,
con semillas de caminos,
música venezolana

Así soltó Juan Vicente
el potro de las tonadasm
el turpial de los pasajes,
la copla de tierra llana
y en el horizonte abierto
del arpa, cuatro y maracas
fueron floreciendo cantos
sobre la tierra tostada
El Carnaval y la Quirpa,
Pajarillo ... La Guayaba,
El Gabán y La Catira,
El Seis y La Guacharaca
y un Concierto en la Llanura
fue levantando las alas
con lirios de Banco Largo
y relinchos de esperanzas.
Y después de veinte años
de aquella primera estampa,
el corazón del poema
que huele a tierra mojada,
en todo el medio del pecho
me está abriendo ventana
para asomarse y brindar
con Juan Vicente Torrealba
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