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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

23 de febrero de 2012

Leyendas sobre los Aguaitacaminos

Hemos encontrado en la página de Audubón de Venezuela, algunas historias sobre las creencias y leyendas tejidos alrededor de estas aves, las cuales les ofrecemos a continuación:

"Con el Aguaitacamino pasa lo mismo que con la Pavita (Glaucidium brasilianum), que cuando canta se da por seguro que alguien muere, y si canta en casa de un enfermo de cuidado no debería caber la menor duda de que está anunciando a los cuatro vientos que al pobre no le queda demasiada vida por delante"

Leyenda recogida por el curiepeño Fernando Madriz Galindo cuando relataba que, «ya al anochecer, el viajero que pasa por el solitario camino oye un extraño canto. Un canto muchas veces repetido en la quietud de la noche. Un monótono canto de pájaro triste que dice: ¿Tú vas por ahí? ¿Tú vas por ahí? ¿Tú vas por ahí? Es el Aguaitacamino, un pájaro enfermo de tristeza desde que la Soisola deshizo con él un amor que nació en las nubes y murió en la nada. Y la Soisola se retiró también a una eterna soledad. Allí mora, allí olvida, allí canta siempre: Soisola… Soisola… Soisola… Y cuando con la aurora nace un nuevo día como un camino de esperanza, el pájaro triste se despide: Adiós Soisola… Adiós sola… Adiós solita…» (Madriz, 1964, p. 15).

Otra leyenda popular sobre el canto del Aguaitacamino, difundida con matices diferentes en toda América, la cual fue narrada en su versión venezolana por el fabulador yaracuyano Luis María Jiménez y recogida por Bruno Manara, dice que «en los buenos tiempos de antes, el Aguaitacamino poseía un hermoso bonete rojo, y el Pájaro carpintero se lo pidió prestado para ir a una fiesta. El confiado Aguaitacamino le dio el gorro; pero el carpintero, en lugar de regresar a devolverlo después de la fiesta, huyó lejos y se quedó con él. Como recuerdo de esa fechoría, se le oye todavía gritar jactancioso: Huí… Huí… Huí… En cambio, el burlado Aguaitacamino, hacia el anochecer, llama con insistencia al Pájaro carpintero, reprochándole: ¿M’hai juío?… ¿M’hai juío?… (es decir: ¿Me has huído?... ¿Me has huído?... porque a las aves les cuesta hablar como la gente). Pero el Pájaro carpintero a esas horas ya está escondido para dormir y nunca contesta a la llamada del Aguaitacamino, que de esta forma nunca pudo encontrar al carpintero para exigirle que le devolviera su gorro rojo» (Manara, 2004 [1998], p. 124).

Ha habido, por último, quienes han expresado sobre el canto del Aguaitacamino cosas muy espirituales, como lo hizo ese hombre sabio que fuera el Gran Cacique Seattle de la Tribu Dewamish en una famosa carta, muy citada por los ecologistas, dirigida al Gran Jefe de Washington en que se preguntaba, entre otras cosas, «de qué sirve la vida si no podemos escuchar el grito solitario del Aguaitacamino» (Seattle, 1855), o lo expresado por ese escritor guariqueño nacido en Camaguán llamado Germán Fleitas Beroes, cuando dijo en una glosa que «para escribir sólo quiero / oír con oído fino / las gotas del tinajero / y algún Aguaitacamino» (Fleitas, 1979), lo cual demuestra que no faltan aborígenes ni criollos que consideren que el canto del Aguaitacamino es sobre todo de buen augurio. Tengámoslo siempre presente a la hora de escucharlo. Seguir este enlace para escuchar al Aguaitacamino

 Tomado de Audubon de Venezuela , artículo de Eduardo López.
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