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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

21 de agosto de 2011

Imágenes del Invierno Llanero

Las imágenes que a continuación se muestran,  fueron tomadas esta semana en  el estado Guárico, unas en Camaguán y otras por la vía a Cazorla. Nos ofrecen  una visión muy clara de la crudeza de la vida del llanero, donde lo extremo de las estaciones, marca un modo de vida que se vuelve habitual y donde el hombre desarrolla instintos  para sobrevivir al medio. Todos hemos escuchado alguna vez que las sabanas de Guárico y Apure se inundan (aniegan, según la terminología llanera) y también hemos escuchado y lo hemos escrito aquí muchas veces, que el llanero en el invierno cambia el caballo por la canoa y que  navega las sabanas haciendo gala de su incomparable sentido de orientación que le permite guiar su embarcación por el rumbo que ha de tomar para llegar a su destino. Definitivamente no es lo mismo leerlo o escucharlo que vivirlo: Cuando las aguas desbordadas de ríos y caños se adueñan de la sabana, las plantas acuáticas a su vez se extienden sobre las mismas semejando  una infinita alfombra verde y el paisaje se vuelve tan uniforme que solo el ojo experto del llanero puede  detectar las señales que le indican "el rastro".  Errar el camino  en esa superficie sin variación, puede ser muy grave pues podria requerir muchas horas para recuperar el rumbo. Aún en las ocasiones en que la misma naturaleza modifica las señales acostumbradas, el llanero, parado en la canoa o embarcación, observa por un instante el paisaje y sin dudar, tan solo con una seña, le indica el camino a seguir a su compañero que guía el motor,  y abriéndose paso por la tupida vegetación, al poco rato se llega nuevamente al "rastro" que se estaba siguiendo. Es tan perfecto su sentido de orientación, que al navegar por la sabana sabe perfectamente los sitios en que las cercas divisorias de los hatos permiten el paso:
Agua Verde. La vía acuática oculta la carretera rural existente

Navegando en el pasto

La casa rodeada de agua. Llegamos en "Motor"
 El agua desbordada en la sabana aisla las viviendas, y así como en verano el llanero trata de llevar el ganado a sitios  mas húmedos con pasto fresco; en invierno,  debe igualmente sacarlo de los hatos pues se les dificultará considerablemente la alimentacion diaria:

Ganado en los Potreros
El Llanero utiliza los recursos naturales tal como se presentan. Acostumbrado a estas condiciones extremas, en la sabana inundada, en los ríos, caños y aún desde sus mismas casas, lanza el anzuelo o el chinchorro para aprovechar la abundante pesca que obsequian las aguas.  En  la imagen, un niño, por una ventana de su casa inundada, a la orilla del río Portuguesa, pesca un pequeño caribe. Es de resaltar, que una vez atrapado el pez, lo golpeó repetidamente  contra la pared, antes de sacarle el anzuelo.

Dulces de Topocho

El topocho es un alimento muy utilizado en los llanos venezolanos, que sustituye al plátano de otras regiones de Venezuela. Se consume generalmente sancochado o frito a modo de tostón. Maduro, tiene un sabor dulce y muy agradable y puede comerse crudo como un cambur.
Hemos encontrado en el libro de Gastronomía Apureña de Carmen Beatriz de Estrada, dos sencillas recetas con este fruto:


DULCE DE TOPOCHO MADURO:
Se utilizan 10 topochos y una taza de azúcar. Los topochos se pelan y se hace un puré, se le agrega el azúcar y se monta al fuego hasta que tenga punto, que se consigue cuando se despega de la olla.

TOPOCHOS MADUROS EN ALMÍBAR:
Como ingredientes  se utilizan 10 topochos, 1 taza de azúcar, 6 cucharadas de aceite y 1/2 taza de agua.
En un caldero con aceite, se coloca el azúcar en el centro sin moverla. Cuando comienza a dorarse el azúcar, se van colocando los topochos en ruedas o tajadas. Se doran por ambas caras, sin dejar que el azúcar se queme porque se pone amarga. Al estar dorados, se agrega el agua y se deja que espese un poco. Se puede añadir queso blanco rallado por encima al servir.


Turrón Llanero

 Cmo ingredientes para este turrón, tenemos 1 kilo de maíz tostado y molido, 1 panela (papelón) y agua. El maíz se desgrana y se tuesta en un caldero o se coloca en un recipiente en el horno, moviéndolo de vez en cuando hasta que esté tostado. Luego se muele hasta que quede como harina.
La panela se ralla, se agrega el agua y se prepara un almíbar. Este almíbar se mezcla con la harina de maíz y se monta al fuego, moviendolo con cuchara de madera hasta que dé punto. Se extiende sobre una tabla de madera dejando la mezcla con un espesor de 2 cm. Se deja enfriar y se corta en pedacitos rectangulares. Se sirve frio.

Receta tomada de Gastronomía Apureña- Carmen Beatriz de Estrada

20 de agosto de 2011

Distintas Formas de la Copla Llanera (3/3)

Ofrecemos, de la misma fuente que hemos venido trabajando: CIEN COPLAS de Germán Fleitas Beroes, otras opciones para la creación de la Copla Llanera:

Cuando consta de seis versos que el llanero distribuye a su manera: cantando primero dos y después cuatro, o viceversa; y haciendo una breve pausa para aclararse el pecho o referirse brevemente a algo que no tiene relación con lo que está cantando, para después continuar

Escuche compadre Roso
es preciso que comprenda
(pausa)
¡No vaya a decirle a Rosa
que anduve por "Santa Rosa"
ni que le llevé una rosa
a Rosa la de Rosenda...!

A mi mujer y mis hijos
les digo que cuando muera
me zumben de cualquier modo
pero me tapen con tierra
(pausa)
¡Que si he de volverme polvo
ésa es la mejor manera!

hay un indio que le afina
las luces a los luceros
y después las bordonea
con las puntas de los dedos
(pausa)
¡Apuesto hasta mi caballo
que es el Indio Figueredo!

Cuando de refiere a la familia, al amor y a la amistad:

Me llevaron el anzuelo
esos caribes del río;
¡ojalá que tú también
te llevaras algo mío!

Yo soy un hombre feliz
-aunque no tengo un centavo-
con mi guitarra, mis hijos,
mi mujer y mi caballo

Cuando va de boca en boca y de caney en caney

La mujer cuando es prudente
siempre pasa por zoqueta,
pero tiene en la palabra
mas puntas que una falseta

¿Que esta pasando en Caicara
que el Orinoco bajó...?
¡no la han visto llorar mas,
es es que el hombre volvió!

La copla se transforma en un entrevero, cuando la persona que la canta le intercala dos versos endecasílabos, casi siempre al principio del contrapunteo:

Soy Patricio Regalado
mi apelativo -no vale-
arrímate a los bordones, catire,
que quiero cantar contigo, Rosales
aunque parezca mentira
no tengo quién me regale.

Si se suprimen los versos endecasílabos, la copla sigue teniendo sentido:

Soy Patricio Regalado
mi apelativo -no vale-
aunque parezca mentira
no tengo quién me regale.

18 de agosto de 2011

El Comercio en el Estado Apure: La Piel de Caimán 2/2

Imagen de Por Los Llanos de Apure- Calzadilla Valdés
Nos apoyaremos en el maravilloso libro Por los Llanos de Apure donde Fernando Calzadilla Valdés, nos relata la forma como se desarrollaba la cacería de caimanes para usar su piel.

 "Fueron unos americanos, por los años de 1894 al 95, los iniciadores de la industria de pieles de caimán en Apure. Llegaron de Ciudad Bolívar por el río Arauca a El Yagual y después de investigar la región y observar la abundancia del artículo, se decidieron por algunas playas como centro de operaciones. Los cazaban con armas de fuego, ahuyentándose y mañoseándose con el ruido de las detonaciones, y como la cacería es generalmente de día, a la sola presencia de una persona se zambullían. También los cazadores se ponían al acecho bien entrada la tarde con el objeto de sorprender a los quedados en la playa. Al cerrar la noche se acercaban con precaución a cierta distancia para asestarles un certero hachazo por la nuca o entre los morrillos de los ojos. Con el sistema de tirarlos, el animal, aunque herido de muerte, en ocasiones iba a morir lejos dominado y arrastrado por la corriente y muchas veces al sangrar por la herida mortal, era devorado por los caribes y aún por otros animales. Los americanos se servían de unos botecitos metálicos plegadizos para trasladarse rápidamente de un punto a otro en persecución de los heridos, también llevaban unas grandes cajas metálicas con capacidad para treinta o mas pieles, acomodándolas después de cubrir cada una con suficiente sal y plegándolas convenientemente. Las cajas bien repletas y herméticamente soldadas, las forraban con madera para su exportación al exterior.”
Sin embargo, para esos tiempos, no era tarea fácil por lo escaso de los recursos del medio y por los altísimos costos para exportar las pieles, por lo tanto la actividad quedó paralizada por un tiempo hasta que otros empresarios franceses y alemanes la reiniciaron años después.

“El tiempo a propósito de dedicarse a la cacería de estos anfibios en cuando se ha instalado de fijo el verano, por encontrarse entonces circunscritos a los ríos, caños y lagunas, prestándose por otra parte las playas y riberas para el establecimiento de las rancherías y los varios manejos del negocio. Mientras más bajo el río, se hacen más tranquilos los remansos por la disminución de la impetuosidad de la corriente.

Imagen tomada de Por los Llanos de Apure- Calzadilla V
Las expediciones se conducen a lugares conocidos y estudiados de antemano, donde abunden, llevando embarcaciones grandes, bongos con la sal, utensilios y bastimento suficiente para los días a permanecer en donde se establecerán rancherías. Como utensilio indispensable se llevan canoas pequeñas, arpones fuertes, potentes linternas y cantidad de mecate en lugar de soga usada antes, pues aunque la soga se escurre mejor aprieta el pescuezo del caimán, es trozada más fácilmente por los caribes al engrasarse de sangre. Una vez establecida al ranchería central, partirán expediciones en las canoítas, a hora adecuada en la tarde según la distancia al punto elegido por cada una, de modo de llegar temprano en la remontada, observando bien todas las ensenadas y remansos para hacer el mismo recorrido de bajada cuando ha cerrado la noche, tomando las debidas precauciones y sobre todo en absoluto silencio.

En la canoita viajan regularmente el patrón en la popa, dirigiéndola, el arponero va en la proa con el arpón en la mano derecha en actitud hostil y la linterna en la izquierda; si la canoa es de suficiente tamaño, puede ir otro individuo de gran utilidad en el preciso momento de la brega para rematar el animal. El arponero va parado, circunstancia que requiere suma habilidad para mantenerse en equilibrio mientras el bamboleo de la minúscula embarcación, al mismo tiempo en actitud escudriñadora en las aguas de la costa alumbradas con la potente linterna hasta enfocar dos puntos rojos, brillantes, los ojos del caimán al cual también habrá avistado el patrón para enrumbar silenciosamente la canoa en esa dirección. Es indispensable mantener los ojos del saurio apresados por la luz del foco sin alterar la posición, porque pasado el encandilamiento se zambulle para no salir más. En esa forma van acercándose los cazadores paulatinamente y con gran sigilo, hasta alcanzar una distancia suficiente a no errar el golpe, uno o dos metros según la práctica del arponero, descargándole seguidamente el arponazo con fuerza e inmancable puntería en la papada; hemos llegado al momento culminante y critico porque el animal sintiéndose herido se revuelve y panquea (acción del caimán recién arponeado de revolverse en el agua, dando coletazos, mostrando la barriga de coloración mucho más clara que el dorso o lomo) con fuerza, barajustando algunos hacia la canoita y volteándola, razón por la cual el patrón procura enfrentársela colocándola ventajosamente entre el animal y la tierra para el recurso de poder alcanzarla en la huida mientras él se debate, y enderezarla en caso de ser volteada; todo ejecutado sin abandonar la linterna, ni la cuerda del arpón, ni las bogas, muchas veces además defendiéndose del arponeado y de los otros caimanes, pues casi nunca es uno solo.

Tan pronto asegurada la presa, procura cambiarse la tripulación de la canoita de cacería a otra grande o bongo capaz de resistir las acometidas del caimán

Al caimán se desuella con dos grandes incisiones una por cada costado, empezando de la papada hacia la cola, aprovechando la barriga, los costados y las extremidades.
Inmediatamente después de desprendida la piel, bien lavada y oreada sin asolearse, se cubre con una capa de sal gruesa, por la parte desollada, doblándola sobre si misma y guardándola de seis a ocho días, para al cabo de los cuales limpiarla de la sal y ponerle nueva mas menuda, reteniéndola unos quince días más, para limpiarla otra vez y definitivamente cubrirla con sal mas fina, casi molida, enrollándola hacia adentro y atando el rollo con una cuerda fuerte de manera de no permitirle desdoblarse"


Golpes de Joropo Llanero

Para apreciar la belleza de los golpes de joropo llanero, debemos recurrir a los instrumentales. Aún para el no entendido en la materia, al escuchar con atención la ejecucion de un arpa recia, cualquiera puede percatarse del arte y profundidad de cada uno de los golpes. 
Estos golpes han conformado la musica llanera desde muchísimo tiempo atrás, muchos de ellos se atribuyen al folclore nacional por desconocer sus autores. Las recientes investigaciones que hemos realizado,  apuntan a que el autor de la mayoria de los mismos, fue José Cupertino Ríos Viña, quien no solo fué "un mago del arpa" , sino también un gran cantante e impovisador. Se dice que era capaz de crear hasta 3 piezas nuevas en cada baile. Según las investigaciones de sus sobrinos Petra Ríos y Waldimiro Ríos,  fué el autor de golpes como El Gavilán, San Rafael, Nuevo Callao, el Gabán, el Pajarillo, la Catira, La Guacharaca, La Quirpa, Zumba que Zumba, Los Merecures, Seis  Numerao y Seis por Derecho, Unicatorce, entre muchos otros que han sido  determinados como de autor anónimo y por tanto pertenecientes al folclore nacional. Si  esto es así, Cupertino fue la primera piedra en la estructura de nuestro folclore musical.
Les ofrecemos a continuación, 14 golpes de joropo llanero, interpretados magistralmente por Urbino Ruiz, en una ejecución limpia, "sabrosa", con acento sabanero, sin excesivos adornos lo que permite apreciar la belleza de cada uno y permite su identificación. Los colocamos como un playlist, lo cual les permitirá escucharlos mientras leen o navegan por la web.


Se hace la salvedad que el golpe denominalo Los Diamantes, es de la autoría del Indio Figueredo. Si desea conocer algo mas sobre la obra de Cupertino Ríos y sobre Urbino Ruiz, les ofrecemos los siguientes enlaces:

ENLACES RELACIONADOS:
LOS HIJOS DE APURE: URBINO RUIZ

15 de agosto de 2011

Sigue Lloviendo.....

"Llovía desde la madrugada con gruesos goterones que aplastaban los techos pajizos. Un aguacero interminable, cerrado, denso, turbio, muro de plata de la mañana convertida en tarde, la tarde en noche y la noche en cielo sin luz, como si hubieran caído apagadas las estrellas.
Flores doblegadas, ramazones caídas, nidos destruidos, charcos ocres que invadían los corredores, atrayendo ranas terrosas de canto desvaído
Pozos desbordados en los patios, animales refugiados bajo los aleros, rebaños ajilados en busca del cobijo de los árboles, madrinas de caballos desbocados, levantando con sus cascos el barrizal de los esteros. Lluvia y lluvia en monótona cadencia, mientras la mujer se quejaba en los aposentos.
Mas tarde arreció el aguacero con ráfagas intermitentes de chubasco y garúa, relámpagos y truenos y al amainar lentamente, casi hasta aparecer el sol, nubes negras cerraban el firmamento para continuar lloviendo
El río acrecentado rugía entre los disparos de las centellas, árboles arrancados a raíz, chispazos y relámpagos, poblados por inmensos caramos arrastrados por la corriente y centenares de reses y bestias aboyadas en el cauce espumoso y pestilente". José León Tapia- Los Vencidos

Distintas Formas de la Copla Llanera (2/3)

Continuando el tema que venimos desarrollando, basado en análisis hechos por el poeta Germán Fleitas Beroes, ofrecemos otros tipo de rima de la Copla Llanera:

Cuando la copla termina en algún refrán o dicho popular:

Gana el que tiene dinero
Y lo hace por distracción
Pero el que juega por hambre
Pierde por obligación

Calculen como será
De tacaña mi señora
Que no se pone reloj
Para no darme la hora

Hablando con un arriero
Supe por boca de él mismo
Que es cierto que donde hay tigre
No hay burro con reumatismo

Cuando la copla es una lección para el pueblo

Al hombre que mira y calla
Nadie le pasa la cuenta
Igual cosa le sucede
Al que escucha y no comenta

¿Habrá corazón mas noble
Que el corazón del samán?
-al pájaro carpintero
Lo salva del gavilán-

Cuando contienen alguna ironía que el hombre de la sabana no tolera. ¿Cuántos bailes de arpa habrán terminado a palo limpio por culpa de una copla…?

Ah catira buenamoza
Con la pierna bien peluda
¿pregúntale al zambo tuyo
Si no necesita ayuda?

Tiene una nube en un ojo
El caporal de Avendaño
Por eso carga cobija
Los doce meses del año

Cuando se refiere a la sabana o a las cosas que están ligadas a ella

El camino nunca avanza
Cuando vienes…. Cuando vas
Se te queda, se te queda
¡Siempre se te queda atrás!

Cuando el sol tuesta la tierra
Los babos: ¿Dónde se meten?
¡deja que rompa a llover
Y verás como aparecen!

Las penas del marinero
Comienzan desde que arranca:
¡Ah! Trabajo pasa el hombre
Cuando no tiene palanca

Los Hijos de Apure. Urbino Ruiz-El Bordón de Oro del Llano

Don Urbino Ruiz, nacido en Arichuna, estado Apure, el 17 de febrero de 1949, a la edad de 7 años empezó a ejecutar el arpa, recibiendo en sus comienzos apoyo de dos importantes copleros de la época de oro de la Música Llanera: Marcelo Quinto y Ángel Custodio Loyola. Con tan solo 12 años, acompañaba al arpa al segundo en presentaciones  dentro y fuera del país. Su primer disco fue grabado cuando contaba con apenas 13 años de edad.

Urbino Ruiz, ha recibido múltiples reconocimientos entre los que se cuentan el premio como “Mejor Arpista”, ganado tres veces consecutivas en Villavicencio, Colombia, la “Bandola de Plata”, en Barinas, “Arpa de Oro”, Orden al Mérito Poeta Ernesto Luis Rodríguez, en su única clase, otorgada por el Consejo Legislativo del estado Guárico, entre otros.

Como ejecutante del arpa, ha acompañado  a los mas famosos cantantes de nuestra música criolla, como   Adilia Castillo, Marcelo Quinto, Juan de los Santos Contreras “El Carrao de Palmarito”, Luis Lozada “El Cubiro”, Francisco Montoya, Eneas Perdomo, Reynaldo Armas, Cristóbal Jiménez, Sexagésimo Barco, Santiago Rojas, Reyna Lucero, Cristina Maica, Teo Galíndez, José Romero Bello, Rummy Olivo, Rogelio Ortiz, Dennys del Río, Víctor Morillo, entre otros.

Pero también se ha destacado al realizar su producción personal, en discos grabados con su conjunto. Uno especialmente "sabroso" es el denominado Arpa Recia, en que el Maestro Urbino grabó los principales Golpes de Joropo Llanero, en una ejecución limpia  y muy clara, con los adornos mínimos necesarios, para permitir apreciar la belleza de cada uno de ellos y permitir su identificación y con ese sabor auténticamente criollo  y sabanero que nos llega a las fibras del alma venezolana. Estos golpes están ejecutados con tal maestría que los colocaremos en una entrada posterior relacionada precisamente con las variantes de nuestro joropo.

El Maestro  Ruiz vive en el Estado Monagas y recibió recientemente un homenaje en San  Fernando de Apure, organizado por José Daza Escobar y la emisora "Llanera" 94.1 FM Siete Estrellas. Lo cual celebramos en Vivencias Llaneras del Abuelo pues es importante que reconozcamos a nuestros artistas en vida, su trabajo en pro de la música y manifestaciones folclóricas y culturales del llano venezolano.

Colocamos a continuación el audio de una interpretación del Maestro Ruiz. Las versiones de su "Arpa Recia", las colocaremos en una posterior entrada.
Fuente Consultada: El Periodiquito.


12 de agosto de 2011

Furia -El Celaje de Los Llanos

Luis Alberto Crespo, con esa bellísima prosa que lo caracteriza, así como su pasión por los caballos, nos lleva en su libro LLANO DE HOMBRES,  a los recuerdos de Tedoro Heredia, el dueño de ese caballo legendario, siempre ganador en los coleos, que se llamó Furia y que mereció la composición de un famoso corrío con el mismo nombre, cantado por El Carrao de Palmarito.
El autor titula el artículo
DIEZ TIROS POR UN CABALLO



“Era un ruanito ponche crema, redondo en ancas y de pecho musculoso, que alumbraba con su crin y su pelaje el círculo polvoriento del hato. Tenía marcado el número 50 en la paleta..."

"El tropel volaba entre los palos. Teodoro Heredia buscaba con la vista al pálido potrillo en la confusión de ancas alazanas, castañas, zainas que brillaban de sudor bajo el sol. Eduardo Arreaga interrumpió la solitaria ceremonia que se celebraba en la corraleja: “-¿Va a ensillar ese caballo, compadre?- No, déjese de eso, no vaya a ser que se dé una caída de ese mochito”. Teodoro Heredia lo miró fijamente. Él no podía equivocarse. Más que un reto a su pericia de conocedor de caballos aquel acto era una revelación. Casi, sin decírselo, casi con el pensamiento, respondió “-Me gustó y lo voy a ensillar. Y preparó el lazo..."

"Dieciocho años después aquel encuentro dejó de pertenecer a la memoria de dos hombres. Un Seis Numerao, un corrío, lo eventó al espacio del mito y el potro no tuvo entonces otras distancias ni otro cielo."

"Alejandro Bolívar fue el encargado de prepararlo, lo llevó al primer encuentro con los toros.Había un ojeo cerca de allí. Los vaqueros salieron a parar un ganado. Corrieron en sus caballos mas o menos un kilómetro. Los belfos de las cabalgaduras acezaban. Estaban extenuadas. Un toro surgió de una calceta y voló por encima del pasto. Alejandro Bolívar azuzó al potro y sintió el empuje poderoso de su arrancada. En un pedacito de sabana lo alcanzó y volteó al torazo, tomándolo por la cola hasta dejarlo por tierra , patas arriba, por el “filo e´lomo” como reza el idioma del coleo. Esa fue su primera hazaña. Era un potro de bozal solamente” recuerda aún emocionado Alejandro Bolívar. Desde esa vez, el ruano que habría de ser FURIA comenzó a decirle con su estirpe a los jinetes de lo que era capaz

Se hizo famoso en las mangas de coleo, valiente, rápido y firme:un caballo como Furia no lo parirá otra yegua”, dice El Carrao en su canción. Se hizo leyenda, pues se decía que quien no coleaba en Furia, no era buen coleador. Aún en la oportunidad en que fue corneado en el vientre, el jinete pudo tumbar al toro.

Allá en las mangas de coleo, los amigos no se cansaban de ofrecerle dinero (a Teodoro Heredia), o de proponer “buenos negocios” por “Furia”.

“Vende ese caballo, Teodoro. Hay mucha gente envidiosa. Ten mucho cuidado”, oía decir después de cada tarde de toros coleados o cuando regresaba a su casa con su caballo fogoso y altivo. Los asesinos estaban en las talanqueras, en las esquinas, en los clubes de El Tinaco y Valencia.
Una noche de enero del 67, Furia y sus diez yeguas pastaban en el potrero del hato “La Palma”. Nadie oyó nada. Los asesinos (porque fueron varios, dice Teodoro convencido) sacaron el caballo del potrero, lo llevaron a la quebrada del ”El Pesquero” y le dispararon por el lado de montar diez tiros con una pistola calibre 22. Cuatro balas le apagaron la inteligencia, una quebrantó la esbeltez de su cuello, otras se abatieron sobre los poderosos músculos de sus hombros y la última buscó su corazón, su señorío. “como era un caballo noble, se regresó a la carrera” canta el Carrao. A la mañana siguiente, un amigo fue a despertar a Teodoro Heredia a El Tinaco. “Furia” estaba allá, en el potrero echado, humillado. Teodoro Heredia crispa los músculos de su cara, luego con esa reciedumbre de hombre de llano, habituado a lo terrible, recorre de nuevo el camino de 1967: “Lo encontré bajo un roble. Estaba echado. Alzó la cabeza y lanzó un relincho cuando me vio. Fui a buscar al médico. Eran diez los disparos, pero el que lo mató, se le quedó en el codillo, al lado del corazón. Duró sin embargo, ocho días, la última vez que lo vi, estaba mejor, comió bien y se arrecostó al muro. Así lo encontró Chamorra, el peón amigo que lo cuidaba, a la mañana siguiente. Murió parado”

¿Quién mató a Furia? ¿Por qué lo mataron?, continúan preguntándose en Tinaco y en los pueblos. Una extraña fatalidad y un incomprensible odio asolaron su estirpe. Las diez yeguas que había preñado desaparecieron del potrero donde las tenía Teodoro Heredia. Un hijo suyo amaneció muerto. Una hija, “Reflejo” que fue de Alejandro Bolívar, una rucia blanca, overa, murió de cáncer. Y Chamorra, el que lo cuidaba, fue envenenado con aguardiente. Lo habían oído decir que él si sabía cómo se llamaba el asesino de “Furia”.

El corrío cuenta la historia que coincide en casi su totalidad con este relato escrito por Luis Alberto Crespo, recogido de los recuerdos de sus protagonistas.

FURIA
Juan de los Santos Contreras 
Furia se llamó el caballo
del señor Teodoro Heredia
las muchachas por apodo
le llamaron azucena
el Celaje de los Llanos
el Tigre de las Trincheras
era bonito caballo
color ruano ponche crema
fue un regalo que le hizo
Arreaga en cincuenta y nueve
veinticuatro de diciembre
víspera de Noche Buena
para que fuera a colear
a las fiestas en Guarenas
porque en Guatire le hacen
fiestas a la Magdalena
fue cabalgando en su potro
a ver si tenía carrera
se portó como un campeón
se ganó las charreteras
un caballo como Furia
no lo parirá otra yegua
fue un caballo que en la cancha
Tenía sobrada carrera
todo el mundo se admiraba
hasta los mismos colegas
ganó cuatro campeonatos
en el estado Cojedes
tres diplomas en Valencia
y tres trofeos en Valera
batió record en Nagua Nagua
y en Caracas en la feria
y en Tinaquillo brindó
su primer toro a la reina
ganó toda la champaña
y tres litros de ginebra
y murió siendo un campeón
el famoso de la feria
cuando murió este caballo
no quedó quien no sintiera
hasta los niños lloraban
las lágrimas verdaderas
él perdió muchas ofertas
que le hacían adonde quiera
hasta diez vacas paridas
lo que su vista q ue tú quisieras
el que mató a este caballo
se atreve a matá a su abuela
verdugo sin corazón
no hace paz con la miseria
fue a amarrar este caballo
donde estaba con sus yeguas
como kilómetro y medio
lo cargo por carretera

lo llevó al sitio preciso
a la luz de las estrellas
a orillas de la quebrada
cerca de la carretera
le echó mano a la pistola
y le disparó con ella
a los diez tiros cayó
hincado sobre la tierra
como pidiendo perdón
a aquella terrible fiera
él no murió en el instante
ocho días se quedó en pena
como era un caballo noble
se regresó a la carrera
fue dejando marcadas
huellas por la carretera
chispoteaba de la sangre
que brotaba por sus venas
quedó parado en la reja
rogando a Dios que le abrieran
Teodoro estaba inocente
De la terrible tragedia
Iba pasando en su carro
Por la misma carretera
Como cosas que coinciden
De repente vio la huella
Y miró que su caballo
Sangraba por donde quiera
Lo llevó hasta El Especial
Que el médico le atendiera
Si garantizaba vida
Cobrara lo que quisiera
Pero era caso perdido
Según dijo la enfermera
A los ocho días murió
El día cuatro de febrero
Tengo la fecha anotada
De la noche  que lo hirieron
Día domingo por la noche
El veintisiete de enero
El veintisiete de enero
Del año sesenta y siete
Por envidia fue la muerte
Que dieron al inocente
Que dieron al inocente
Como ignoro quien lo hizo
que reclame al Dios potente
Siete año me acompañó
Y no fue lo suficiente
Y aquí terminó la historia
De aquel caballo valiente
Que la contó Chucho Torres
Del año setenta y siete
































































Ruano: Caballo de pelaje negro, bayo o castaño con una mezcla de pelos blancos (sobre, todo, en el cuerpo y en el cuello) que modifica su color.