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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

29 de noviembre de 2010

Los Hijos de Apure: José Natalio Estrada

El nombre de José Natalio Estrada Torres, además de su obra poética y cineasta, está ligado a dos historias de alta relevancia: El Cristo de la Sabana y Pancha Vasquez, la Doña Bárbara de Don Rómulo Gallegos, temas que abordaremos en próximas entradas.

No contamos con información detallada de su vida, como para seguir una plantilla de ficha biográfica, sin embargo, les ofrecemos un relato escrito por Luis Alberto Crespo, en su libro Llano de Hombres, donde relata un encuentro con el poeta, en el hato de su propiedad, denominado La Trinidad de Arauca. El relato, escrito en la poesía en prosa que lo ha caracterizado, es una hermosa manera de hacer la biografía de este hijo del llano:

“Ya no sabemos como comenzó a decir su vida: solo es posible revivir ahora la imagen de un muchacho a caballo detrás del padre fiero y austero, flanqueado por los peones del hato cada amanecer y, mas luego, su sudor sobre el zaino en busca de la res perdida y crispada bajo el lazo, durante años, aún ahora, mientras se aleja en busca de si mismo y acaricia su perro y el cabello de su hijo Picolino, que esconde bajo el brazo a su pequeño gato soñoliento.

José Natalio Estrada nos invita a seguirlo por su parque. Al fondo, al final de una vereda sombreada por la flor de montaña y los cedros, una cruz decía: “Doña Bárbara, R.I.P”. Era la tumba de Doña Francisca Vasquez “Parece que Rómulo Gallegos se inspiró en ella para inventar al famoso personaje e su novela”, nos dice Jose Natalio Estrada bajo el dividive que veía la muerte de la mujerona, antes de traer su historia a nosotros
-Yo estaba muchacho, pero me acuerdo de ella y de su vida. Era una mujer cuatriboliá. Mi padre la conoció. Ella le decía “primo”, aunque no existía parentesco alguno entre ellos. Tenia mucho dinero, mucha tierra y mucho coraje. Suyos eran tres hatos.Una inmensidad. En uno de ellos llamado “La Ceiba”, que ahora es mío, su padre enterró varias bolsas de morocotas de oro; por eso sería que antes de morir le dijo a Doña Bárbara: “No vaya a vender “La Ceiba”, pero ella no supo por qué. De todas maneras Doña Bárbara habría de morirse tiempo después. Una tarde bajó del bongo, ahí mismo, frente a la casa, y le pidió a mi papá que le diera alojamiento; que ella venía muy enferma. A los días murió y mi padre la enterró en este sitio. Doña Barbara era una mujer trigueña, de baja estatura y poseía poderes misteriosos. Cargaba siempre un medallón en el pecho con dos palmeras cruzadas”

“José Natalio Estrada interrumpe su monólogo. Mira la lejura del monte, mas allá de los arboles y las lianas. En unos instantes dirá como para sí mismo, que ya sabe donde va a ser enterrado. “Ya elegí el lugar. Cerca del río y de Doña Bárbara. Retirado, eso si, de la casa de los peones. Ellos son muy supersticiosos y no quisiera molestarlos” Un prolongado silencio nos advierte que se ha marchado otra vez lejos, en busca de su historia.”

-“Donde está enterrado el tesoro del padre de Doña Bárbara hubo siempre una luz, me compré un aparato para detectar metales y me fui a medianoche con mi caporal de sabana en busca del brillo. Era un médano. Escarbamos largo tiempo. Nada encontramos. Los médanos, usted sabe, crecen. El dinero debe estar bien abajo. Pero eso ya no me interesa.

Esa frase, dicha así, casi como un murmullo (…)nos revelaría su espíritu, su conducta de asceta, su desprendimiento por lo que un día constituyó su pasión: Traer Europa a las largas soledades del Apure. En esa frase comienzan y terminan sus escritos (….) Cuando caiga el sol conoceremos sus escritos, sus romances, sus versos al bordoneo del Indio Figueredo, su réquiem para su perro. En la mañana abriremos con él otro pasado: el de su armonio, sus piezas para tenor y piano, sus volúmenes de Rilke, Blake Baudelaire, sus tratados de religión, sus reproducciones de Rubens, en los cuartos oscuros del “Rancho Grande”, a pocos pasos de las cochineras y del criadero de los extraños morrocoyes amarillos que él atesora a manera de vivos amuletos contra no se sabe que malos augurios. 

Entonces conoceremos también su otra existencia: la de sus días en Europa, festejando “los años locos”, las de su matrimonio con una dama italiana que nunca amó el llano, a pesar que él intentó adornar sus desiertos con estatuas y libros, música, parques y casas parecidas a las moradas veraniegas de la Costa Azul para mitigar así la inclemencia de sus soles y aguaceros, su polvo y su silencio. Los años de su entusiasmo por el cine que entretuvieron su ultima juventud  y con la fortuna de su ganado, hizo posible a“Séptimo Paralelo”, “Maria del Llano” y “Llano Adentro”. Ël mismo cabalgaría en una de sus escenas al lado de la Susana Dujim de los años 60.

“Su mirada era la misma del día anterior: lejana, siempre en el horizonte por donde corría el caballo con el jinete, entre el cielo y sus lomos. Por esa misma tierra larga y caída seguimos después al viejo. Mas allá de los hatajos y los zorros, mas allá de los marceros y la mancha roja de los venados, nos mostró las estatuas de mármol de Carrara que había elevado en el centro mismo de la soledad”

De este autor dice Francisco Salazar Martínez:     
“Sobre el cerrero lomo del romance, desafiando viento y tempestades líricos, llega José Natalio Estrada, cantor del llano por su cuatro costados. Heredó la poesía directa de su cielo, bebió en fuente propia toda la savia de la tradición que enciende en los labios mestizos el tizón de la copla y se hizo poeta por derecho divino”.

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