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....Y vió que el hombre de la llanura era, ante la vida, indómito y sufridor, indolente e infatigable; en la lucha, impulsivo y astuto; ante el superior, indisciplinado y leal; con el amigo, receloso y abnegado; con la mujer voluptuoso y áspero; consigo mismo, sensual y sobrio. en sus conversaciones, malicioso e ingenuo, incrédulo y supersticioso; en todo caso alegre y melancólico, positivista y fantaseador. Humilde a pié y soberbio a caballo. Todo a la vez y sin estorbarse, como están los defectos y virtudes en las almas nuevas" Don Rómulo Gallegos

26 de noviembre de 2010

Juan el Veguero y Ufemia- Entrada 4/4

Los fragmentos que a continuación se plasman, pertenecen a la obra Cantaclaro, de Don Rómulo Gallegos, y se corresponden con un encuentro de Florentino con ésta pareja que muere un poco cada día de abandono:

“El perro era sarna y Juan, el veguero, anquilostomiasis y paludismo. Retaco, macilento, canijo, pie en el suelo, nidal de niguas, un mandil de coleta cubriendo las partes pudendas, la piltrafa de  un sombrero pelo e guama sobre la greña piojosa. Traía una mochila al hombro y un machete rabón en la diestra, y apenas contestó con un gruñido al saludo insinuante de Florentino. Ni una chispa de inteligencia brillaba en aquella mirada que se posaba sobre las cosas y allí permanecía largo rato inmóvil, inexpresiva, echada como una bestia pesante y despeada".

"   La acción embrutecedora del desierto, la vida confinada al palo de tierra de la vega perdida en la inmensidad de la sabana, siervos solitarios de la gleba que sobre aquel mal terrón de ella nacieron y en ella enterrarían sus huesos, el funesto chinchorro siempre colgado, encurvando y reblandeciendo las energías, el rudimentario alimento del topocho y de la yuca que degeneraban en la tierra sin cultivo del rastrojo , y el agua pútrida de la charca o jagüey, carato de aquellas larvas que les hinchaban los vientres y le chupaban las fuentes vitales, la miseria sin límites pero sin horizontes, como la llanura en aquella tarde brumosa, y la ignorancia absoluta, habían hecho de aquel hombre y de su mujer, duendes de sí mismos, con cenizas de alma en la mirada."

"  Yo siembro las yuquitas y cuando están buenas de comése, vienen del hato y se las llevan toas, que gracias a Dios que nos quedan las zocatas. Y si es la poquedá de plata que el amo del hato le paga a uno por cuidale la vega, toa se las llevan los frascos de cholagogue y las peslas de quinina, que apenas le queda a uno pa un piazo e´ tabaco e mascá y pa´ un poco de aguardiente lavagallo pa calentase el cuerpo cuando empieza la llovedera. Y de la pulpería del hato viene to eso, porque la plata no la mira el veguero, aumentando la palizá e palotes de la cuenta, que ya la mia no la brinca un venao".

"-Yo tenia un piacito e tierra sembrao y unos cuantos animalitos: unas cuatro vacas lecheras y dos potrancas y con eso vivia tranquilo y contento. Pero en este mundo como na es completo,   había tambien por allí na menos que un jefe civil mas malo que guardajumo, de apelativo Buitrago. Se enamoró de lo mio – a ellos siempre le sucede con lo ajeno- y hoy con una multa, porque las vacas y que andaban sueltas por la población y mañana con un arresto por unos palos de mas que pegué, como yo nunca tenía plata para pagá las multas, me jué montando una cuenta y un día jué y vino a embargarme dos vacas pa pagásela, el mismo….. vendí lo que me quedaba de lo mío y me vine a trabajá en lo ajeno, pa que otro mas soltario pudiera seguí siendo rico. Y aquí me tiene, resignao a mi suerte porque ya lo tiene dicho la copla:
El que nació para pobre
Y su sino es niguatero
Manque le saquen la nigua
Siempre le queda el agujero"

Y en esa vida de extrema pobreza y resignación, Juan el Veguero perdió sus cuatro hijos, y mas tarde a su compañera Ufemia, y fué entonces, cuando se vio solo y pudo medir la injusticia de su vida, que se rebeló contra su destino y con la decisión de la desesperación, acabó con el hombre que lo había arrastrado a su miseria.....

Hay una canción de Juan Vicente Torrealba, interpretada por Mario Suarez, que se llama El Veguero Clemente, y refleja mas o menos lo mismo que las líneas antes transcritas:

Ay cruzando montes y ríos
se escucha un grito doliente
es el Veguero Clemente
que vive un mundo perdido

Ay callado sufre el olvido
de su raza y de su gente
y a Dios le ruega ferviente
el porvenir de sus hijos

Es el veguero Clemente
hermano que vive sin ilusión
es hijo de una nación 
famosa por su grandiosa riqueza
Solo conoce pobreza 
que ablanda el mas puro corazón
y espera con devoción 
terminen con su infinita tristeza


 Cholagogue: Preparación de miel y quinina para el tratamiento del paludismo. Aguardiente Lavagallo: Aguardiente de ínfima calidad, utilizado para desinfectar las heridas de los gallos de pelea o simplemente para estimularlos con frotamiento.

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